IV.

- ... Te has golpeado también la cabeza, ¿verdad?

No necesitaba una respuesta, él sabía que sí, ¿por qué, si no, su hermana le habría soltado tal palabrería?

- No me pongas esa cara, Leo – ella sonrió – Creo que es muy bueno, en realidad.

Una vez más le miró incrédulo. Tal vez el príncipe sólo buscaba cómo excusar su desagrado por lo que escuchó, o bien, Corrin no estaba en su más sano juicio hoy...Y para Leo era bastante reconfortante esto último.

- Has estado terriblemente extraña desde esta mañana – ahora era el turno de la princesa para mirar confundida al menor – Sólo puedo intuir que te has vuelto loca.

- ¿Qué dices? ¡Pero si no soy la única que piensa que Takumi y tú son como gemelos!

Y ella lo repitió, al mismo tiempo que Leo volvía a hacer un mohín, lo haría cuantas veces fuera necesario para remarcar su disgusto.

- Ni siquiera sé porqué se llevan tan mal...¡incluso podrían ser mejores amigos!

Un comentario incluso más desagradable que el anterior, pero esta vez, ni siquiera con el favor del Dragón del Ocaso, pudo permanecer en silencio mientras Corrin le causaba daño psicológico. Y no, claro que no estaba exagerando.

- ¡No tengo nada en común con ese imbécil! – Exclamó – Solo porque ambos seamos los segundos príncipes de nuestros reinos no quiere decir que nos parezcamos.

- ¡Claro que—!

- Corrin, basta.

Por un momento, la peliblanca pareció reacia a rendirse, por lo que hubo que dedicarle una mirada aún más severa para que abandonara el tema por la paz. Lo último que Leo escuchó antes de regresar su vista a los mapas en su escritorio fue un murmullo a modo de disculpa que, por algún motivo, no le hizo sentir satisfacción.

Negó para sí mismo; había asuntos más importantes que exigían su completa atención.

Pero no podía concentrarse, no cuando el tema de «los gemelos» permanecía tan latente en su mente. ¿Por qué? No estaba seguro, lo único que sabía con certeza era que todos los miembros del ejército exageraban al atreverse a compararlo con el príncipe menor de Hoshido.

Él y Takumi no se parecían en absoluto. Él definitivamente no era poco más que un dolor de cabeza, ni tan temperamental; tal vez a veces no controlaba su mal genio, pero jamás —y lo más importante— intentaría dañar a Corrin.

Por supuesto que todavía estaba resentido por el pequeño accidente que sufrió su querida hermana. Y exigía venganza. Sin embargo, aún no veía el momento más oportuno para hablar con su homólogo sobre el asunto.

... Al menos no hasta que logró avistar a cierto hoshidano amenazando con interrumpir su valioso tiempo con Corrin.

Oh, qué los dioses lo amparasen...


¡Bajen las antorchas! Que el capítulo sea tan corto tiene un motivo llamado «soy terrible mezclando puntos de vista».

Favorito y comentario. :3