Este fic se lo dedico exclusivamente a mi amiga Mayra Exitosa gracias por incentivarme a escribir más fic y dar un poco más de mí..
Yo que tantas veces te dije te amo, y que estando juntos te decía
Que serías por siempre la dueña de mi vida pero no te importo.
Y ahora causa dolor, demasiado dolor, haberte entregado mi vida y no te importo.
Pero causa dolor el perderte así estaba ilusionado contigo y nunca fue así. Dime que hice mal porque te alejas de mí.
DULCE VENGANZA
CAPITULO # 4
Por. Tatita Andrew.
Candy despertó de un cómodo y relajado sueño, al abrir los ojos vio a Albert a escasos centímetros de ella, la miraba burlonamente con sus ojos azules un poco más oscuros por el deseo.
-Hasta ahora ninguna mujer se había dormido esperándome, podrías ser muy perjudicial para mi ego.
Candy se sentó en la cama con una sonrisa falsa y brillante mirando su reloj.
-¿Ya es tan tarde? ¿Por qué no me has despertado?
Albert se rió verdaderamente divertido incluso esa sonrisa realzaba sus rasgos y su belleza era única.
Alargo una mano y la deslizo por el cabello de Candy antes de que ella pudiera apartar la cabeza.
-No te preocupes por hora – dijo con suavidad - ayer superaste con creces a cualquier mujer, la forma en cómo te libraste de mí con total maestría, salí de aquí sintiéndome una mezcla de adolescente pesado y un completo miserable, deslizo la mano a su mejilla mirando con intensidad sus ojos verdes – y luego te metiste en la cama y te quedaste profundamente dormida cuando duermes así con el pelo suelto, no pareces tener más de dieciséis años, y también parece que nunca te hubiera tocado un hombre. Su voz profunda se volvió más ronca al decir eso.
-Como si fueras una princesa de cuentos. El día que nos conocimos eso fue lo que pensé al verte tirada en el suelo con tu vestido verde de verano, entonces abriste los ojos y eran un verde tan hermoso como los del campo y los árboles. ¡Dios santo nunca había deseado a nadie como te deseaba a ti en esos momentos! La forma en que le hablaba Albert era tan sensual e hipnótica que hizo que Candy se estremeciera. Sentía la mano sobre su mejilla y tuvo que bajar la vista para ocultar su turbación.
-Hasta entonces jamás había tenido que pelear nunca por una mujer… pero me gustan los retos y tú te convertiste en un auténtico reto con tus frías sonrisas y tus heladas miradas. Yo sabía que aquella no era la verdadera Candy solo era una representación.
-¡No! Protesto Candy, tu viste algo que no era real, una mujer que creaste en tu mente que solo existía en tu imaginación.
-Sí existió aquí en mi cama, nació a la vida entre mis brazos, apasionada, valiente e irresistible y quiero volver a recuperarla.
Candy trato de apartar la cabeza pero Albert se lo impidió.
-Eres muy testaruda- dijo sujetándola por el pelo.
-Y tú eres un egoísta, que solo sabe pensar en sí mismo, no pienso darte lo que quieres. Representaré el papel de tu prometida pero el papel terminará en la puerta del dormitorio.
-Ni lo sueñes- dijo Albert sutilmente
-¿Quieres tu ración de carne? Pregunto ella furiosa, de acuerdo tómala- librándose de la mano de Albert del pelo se volvió a acostar sobre la cama. ¿Y bien? ¿Qué estas esperando?
Se puso tensa al ver la cabeza de Albert que descendía hacía ella con los ojos brillantes de desafío. Candy pensó que si su idea de diversión era hacer el amor con un cuerpo inanimado, que le aproveche.
Albert tomo su boca en una explosión de silencioso calor, bloqueando con su cabeza la luz, apoyando con firmeza las manos sobre los hombros de Candy. El calor recorrió el cuerpo de ésta como una descarga eléctrica. Aferro a Albert por los brazos frenéticamente, tratando de apartarlo pero él no la soltó.
La obscuridad empezó a formarse cuando Candy cerró los parpados, en verdad lucho con todas sus fuerzas para alejar las sensaciones que Albert estaba despertando en ella. Pero su traicionero cuerpo fue en busca de aquellas sensaciones.
Sus pezones se endurecieron, sus muslos temblaron y todo su cuerpo se estremeció de anticipación. La excitación fue creciendo a medida que Albert penetraba con su lengua húmeda el interior de su boca. Candy enredo sus dedos en su cabello y le devolvió el beso, apasionada y salvajemente, retorciéndose debajo de él. Unas suaves manos deslizaron el camisón hacia abajo por sus brazos, aprisionándola, Candy no pudo soportarlo y lucho por liberar sus manos de la manga de su bata pero en cuanto lo logró, Albert la sujeto por las muñecas, sujetándola contra la cama por encima de su cabeza. La punta de su lengua se deslizo sobre uno de sus pezones y un torturado gemido de placer escapo de la garganta de Candy.
Los labios de Albert rodearon lentamente el pezón y ella hecho la cabeza hacia atrás con los dientes apretados.
-No gimió
-Sí dijo Albert con una voz ronca y profunda explorando con sus labios el pezón rosado con su boca, lengua y dientes hasta que Candy perdió el control y solo rogo para que el continuará. Entonces él le soltó la mano y le quito el camisón de un solo movimiento. Unos dedos largos y firmes acariciaron sus tiernos senos, jugando con ella y con lo sensibles que eran tantas las sensaciones que Albert había despertado en ella que un gemido salió de su garganta.
-Por favor…. Jadeo, ajena a todo lo que no fuera las inmediatas exigencias de su palpitante cuerpo.
-¿Me estas rogando? Susurro Albert junto a su oído.
-Albert… dijo Candy temblando bajo sus manos.
-Dime le dijo nuevamente al odio mientras encontró un punto en el lóbulo de su oreja, provocándole un ardiente deseo que se manifestó inmediatamente entre sus muslos.
-No pares por favor… Candy apenas supo que era ella la que había suplicado que la hiciera suya.
De pronto Albert la soltó y se apoyó sobre el respaldo de la cama, la observo con ojos calculadores. Totalmente desorientada Candy le devolvió la mirada sin decir nada solo sentía la excitación que recorría su cuerpo anhelando las caricias del rubio.
-No te atrevas a volver a decirme que no me deseas, murmuro Albert con suavidad Puedo hacer que me desees eres una mujer muy sensual fuiste creada para la pasión. Candy comprendió que la estaba torturando para que admitiera abiertamente que lo deseaba, se sintió avergonzada y cubrió con las sabanas su desnudez.
-No es así, dijo Candy defendiéndose por la crueldad de sus palabras.
-Sí hace cuatro años podría hacerte arder con solo una mirada.
-Eso es mentira grito Candy furiosa.
-Te ruborizabas, tus ojos parecían echar fuego y te retorcías en el asiento como una gata. Me deseabas… pero no querías admitirlo dijo Albert con furia.
Candy perpleja enterró el rostro en la almohada no quería recordar su desliz de años atrás.
-Al principio me di cuenta que todo era cierto, parecías tan inocente, tan inmaculada, supe de inmediato que eras virgen…
-Basta ya…
-Pero entonces llego esa tarde en esta misma cama… Si no hubiera sido por el ruido que oímos en la habitación contigua, te habría poseído sin que hubieras puesto la más mínima resistencia. Después de eso eres mía…
-No es cierto exclamo Candy, no quería recordar nada de aquella vergonzosa tarde.
-Ninguna mujer con o sin experiencia responde así a un hombre y se casa a la semana siguiente con otro, insistiendo en que lo ama locamente. Al menos ninguna mujer decente…
-Cállate ya Albert grito Candy dejando escapar a la vez un gemido.
Nada de eso era cierto inicialmente intento hablar con Michael para decirle que no podía casarse. Esperaba que confesándole todo él se ofendiera y comprendieran que no podían seguir juntos y menos casarse. En lugar de ello le pregunto si amaba a Albert y ella con total convicción le dijo que no, porque ella pensaba que todas esas emociones que despertaba Albert en ella eran solo puro deseo y pasión nada que ver con el amor no quería ser como su madre por eso se asustó por lo que Albert la hacía sentir y la oferta que le hizo Michael del matrimonio parecía ser un refugio seguro sus ruegos y suplicas cuando le dijo que la necesitaba no le podía hacer eso a él que hasta ese momento había sido su mejor amigo por eso había decidido seguir con el matrimonio.
Unos firmes dedos se cerraron repentinamente en torno a su muñeca haciéndole alzar la cabeza. Sin darle tiempo a reaccionar Albert quito la alianza de su dedo y la arrojó al suelo.
-No necesitas de esto nunca más en mi cama. Además Michael nunca significo demasiado para ti verdad querida.
-¿Por qué tienes que ser tan cruel?
-Porque no puedo olvidarte con tu virginal vestido blanco caminando por el pasillo de la iglesia para casarte con otro hombre grito Albert con rabia.
-¿Y porque te dolió eso? Si tú nunca tuviste intenciones de casarte conmigo.
-Y eso era lo que tu quería Candy por eso te dolió ¿verdad?
-Te odiaba ¿Cómo iba a molestarme? Y tampoco tenía la intención de convertirme en tu muñequita de compañía.
Él le prometió que la cuidaría que le daría de todo pero que lamentablemente no le podía ofrecer matrimonio, que no le interesaban los compromisos serios, porque estos nunca duraban para siempre, le dijo que a su lado la pasaría bien mientras durara su aventura nunca la amo ni se preocupó por ella ni siquiera la respeto. Ella solo era una estúpida chica de pueblo que había estado a punto de caer en sus garras.
Albert se levantó dando la discusión por terminada al dirigirse al baño.
Candy oyó como caía el agua del baño, sintiendo como poco a poco se iba calmando el deseo que él había despertado en su cuerpo. Ahora sabía con certeza que seguía siendo tan vulnerable igual que años atrás y tuvo que reconocer con amargura que Albert había demostrado su punto de vista. Lo deseaba probablemente tanto como un adicto a la droga sabiendo que era peligrosa y destructiva, pero haciendo cualquier cosa por conseguirla. Y si todo era posible lo odiaba aún más por haberla hecho darse cuenta de la verdad. Supo que los tres meses siguientes iban a ser un infierno. Un suplicio diario de verdadera humillación.
A la mañana siguiente Candy hablo con la Dra. Flammy y averiguar que su padre hubiera pasado la noche bien.
Y se reunió con Albert para desayunar. Mientras caminaba hacia él vestida con unos pantalones verdes de vestir y una blusa blanca de seda, no puedo dejar de observar la mirada furiosa que le dedico el rubio.
-Hoy vamos a Londres a comprarte un nuevo vestuario y un anillo dijo Albert en tono tajante. El jueves volaremos a Escocia.
-¿A Escocia? Pregunto Candy perdiendo por completo la frialdad que deseaba demostrar. ¿Allí vive tu padre?
Albert ignoro su pregunta.
-Eso te da tres días para que resuelvas tus asuntos pendientes aquí.
-¿Y mi trabajo? Dijo ella de repente.
-¿Acaso trabajas? Pregunto el rubio alzando una ceja.
-Soy secretaria, ahora estoy de vacaciones porque mi jefe también lo está, pero no creo que esté dispuesto a concederme tres meses de licencia.
-Dile que has encontrado un empleo más interesante.
-¿No te importa nada que pierda mi trabajo? Verdad dijo Candy dolida.
La miro con incredulidad.
-Cuando esto termine podrás tener un empleo en cualquiera de mis empresas.
-no gracias, nunca estaré tan desesperada – imaginarse la forma en que le hablaba el rubio.
De pronto sonó el teléfono y Albert se levantó Candy lo siguió con la vista llevaba un traje gris que resaltaba sus hombros y su espalda, le quedaba echo a la medida que estoy haciendo se preguntaba Candy porque siempre Albert sacaba lo peor de ella esas ganas de estar peleando constantemente y defenderse de sus palabras se mortificaba reviviendo en su mente las caricias y besos vividos unas horas antes, su piel ardía solo de recordar la forma tan sensual en que Albert la tomaba con nervios tomo su taza de café no sabía cómo podía resistirse ante su presencia sabía que la próxima vez que el la tocara ella no podría resistirse a sus besos y caricias, como le explicaría que seguía siendo virgen.
Dos horas más tardes llegaba con un camarero que traía montón de paquetes y fundas, y el anillo de compromiso un diamante tan enorme que le pesaba la mano, también unos pendientes, collares de plata, un reloj de oro, Candy recordaba cómo se había sentido humillada en cada una de las boutiques había tenido que desfilar cientos de vestidos y hasta ropa interior modelando una vulgar amante, mientras Albert la observaba y le daba su aprobación cada vez que le gustaba un vestido, y de los precios ni quería hablar le parecía un desperdicio gastar tanto en ropa miles de dólares por un pequeño trozo de tela. Recuerda que estaba tan irritada que cuando se sintió enojada le dijo con sarcasmo.
-Me alegro que te guste no me quisieras comprar también un grillete para los tobillos.
Pero al parecer a Albert la idea le encanto sus ojos brillaban mientras la miraba y su boca se curvo sensualmente.
-Creo que eso lo comprare por mi cuenta murmuro con voz aterciopelada y sexy. Era peligroso mostrarse sarcástica con él.
-Esta noche cenaremos fuera fue lo dijo antes de marcharse
Una hora y media después viajaba en la limusina el vestido azul tan ceñido al cuerpo resaltaba todas sus curvas su caderas, era un vestido para hacerse notar, y se recordó así misma que estaba interpretando un papel, si tan solo lograba demostrarle a Albert que lo podía hacer tan bien, este se olvidará de llevarla a la cama. Pero todos sus buenos pensamientos se esfumaron cuando recordó como la persiguió cuatro años atrás. Al día siguiente del accidente se empeñó en llevarla personalmente de la clínica a la casa. Ya había avisado a sus padres sin que ella lo supiera.
Y este recibió a Albert como si la hubiera salvado de las garras de la muerte y su madre se lo comía con la mirada. Albert se quedó a comer con ellos y en seguida congenio con su padre en asuntos de negocios. Su madre saco a relucir su matrimonio con Michael y Albert había dicho resuelto.
-No creo que Candy deba casarse es muy joven
-Sí también me parece dijo su madre que no le gustaba nada su matrimonio.
Más tarde cuando Albert se hubiera ido su madre llego a su habitación.
-Por lo menos te has conseguido millonario.
-Yo no me he conseguido nada.
-A veces pienso que no eres mi hija dijo la mujer molesta y que te cambiaron cuando naciste en el Hospital. No te das cuenta que si tienes algo con ese millonario podrías resolver los problemas financieros de nuestra empresa, el hacerse socio de tu padre nos podría traer grandes beneficios.
-¿Pero qué te pasa mama? No me gusta y no voy a tener nada con él.
-Es una lástima porque ya lo he invitado a cenar con nosotros la semana que viene y más te convendría ayudar a tu padre, no te cuesta nada ser un poco amable.
La siguiente semana llegaron flores para ella a diario, con las iniciales de Albert Andrew y un día la llamó por teléfono para invitarla a cenar a lo que ella se negó rotundamente y entonces él se rió. Después el sábado lo veía a su lado en la mesa con esa sonrisa que le decía que cuando quisiera la podía tener. Después de eso todo paso tan rápido Albert se fue introduciendo en sus vidas tan de prisa se hizo socio de su padre le dio algunos consejos, en lo que se refiere a negocios, su madre era encantada, y aunque ella trato de prevenir a su padre que no se aliara con él no lo consiguió dijo que Albert era un chico muy bueno y que a su corta edad era un as de los negocios.
Una noche que se presentó a su casa cuando estaban solos le dijo sínicamente.
-Yo puedo ayudar a tu padre… dijo con sensual quítate ese anillo de compromiso y veras lo generoso que soy.
-No estoy en venta Albert y mi compromiso con Michael no es algo con lo que puedas negociar.
Albert la agarro por la cintura y la atrajo hacia él.
-En serio ¿No sabes cuánto te deseo?
-Porque no puedes tenerme gritaba Candy mientras intentaba librarse de los brazos que la tenían sujeta por la cintura. Ese es el único motivo porque el que me deseas porque represento un reto para ti. Tu ego no puede soportar que no esté interesada.
-Pero sí que lo estás dijo casi divertido. De verás crees que no sé cuándo me desea una mujer querida.
-Quiero a Michael dijo entre sus brazos.
-Michael no me hagas reír él te trata como si fueras su hermanita.
-Eso no es cierto luchaba por liberarse.
-Entonces dime cuando te beso así por última vez y antes de que pudiera reaccionar Albert presiono sus labios contra los de ella, haciéndola sentirse como en las nubes.
Candy volvió al presente teniendo a Albert sentando junto a ella, se tocó los labios temblorosamente todavía sintiendo la sensación de aquel beso, entonces se dio cuenta que en ese entonces Albert se había dado cuenta que entra ella y Michael no existía atracción sexual, pero él había interpretado todo la acusaba de usar a Michael de escudo para evitar lo que sentía por él, de estar utilizándolo y de jugar con los dos al mismo tiempo, al bajar el le dedico una mirada complacido por el vestido llamativo que le había comprado incluso llevaba su cabello suelto en ondas que caían en cascadas por sus hombros, le dio la mano y la condujo a un restaurante lujoso, cuando entraron todos se quedaron observándolos y los murmullos no se hicieron esperar.
Mientras comía Candy pregunto.
-¿No crees que ya es hora de que me cuentes sobre tu padre?
-Por donde quieres empezar dijo molesto y esa respuesta no fue nada alentadora para la pecosa.
-No podré hacer un buen papel si no tengo la información necesaria. Dijiste que estaba muriendo.
-Tienes problemas de corazón en la actualidad se halla en una silla de ruedas.
-Los médicos no pueden hacer nada por él.
-La última operación que le iban a hacer a corazón abierto falló y no está lo suficientemente fuerte como para soportar otra. Dijo fríamente.
-Sigue viva su esposa.
Inesperadamente Albert rió en forma sarcástica ella no entendía porque le causaba gracia que le preguntara por su esposa.
-Muy viva Eliza es bastante más joven que mi padre, Es su cuarta esposa.
-¿Su cuarta esposa? ¿Tienes hermanos y hermanas?
-Una hermana mucho mayor que yo, se llama Rosemary. También tuve un hermanastro pero murió en un accidente de auto hace varios años.
-Lo siento.
-No lo sientas. Era mucho mayor que yo y apenas lo conocí.
Candy permaneció en silencio Albert describía a su familia como fragmentada y eso le dolía. Siguió en silencio hasta que el continuó.
-Mi hermana Rosemary vive con mi padre en Escocia, nunca se ha casado.
-¿Tú naciste allí?
-Sí pero tras la muerte de mi madre me enviaron con una tía a Lakewood en América, y después a estudiar en Londres.
-¿Y porque tan lejos?
-Mi madrasta no me soportaba dijo Albert secamente.
Mientras hablaban una hermosa morena contoneándose se dirigió hacia Albert ignorando por completo a Candy le hablo en fluido italiano y ella no pudo entender nada, pero si entendió su gesto al colocar su mano sobre él hombro del rubio, parece que la respuesta no le gusto a la morena que puso su cara de decepción y le lanzo a Candy una mirada furiosa era evidente que estaba muerta de los celos. Y sin más volvió a su mesa.
-¿Y quién era esa? Pregunto Candy sin poder evitarlo.
-Nadie que deba preocuparte dijo secamente.
Candy podía sentir la mirada de la morena en su espalda, incomoda se concentró en su comida, después de un rato en la limusina volvió a preguntar.
-¿Quién era esa? Por algún motivo que no lograba explicarse no conseguía pensar en otra cosa.
-¿Celosa Candy?
-¿Celosa yo? En tus sueños
Antes de que pudiera apartarse Albert la tomo por los hombros y la miro al rostro con sus ojos azules.
-Eres tú la que estás loca murmuro sobre sus labios – Nunca he deseado a ninguna mujer como te deseo a ti. Y ella se quedó sin respiración.
-¿Lucharías por mí como yo lo haría por ti? Debí secuestrarte hace cuatro años.
-Basta…Albert por favor. Dijo Candy percibiendo la amenaza latente en su actitud sorprendiéndola, Albert deslizo las manos hasta su cintura y la alzo en brazos. En el mismo instante, cubrió los labios de Candy con los suyos, casi como si fuera a devorarla.
Ella sintió la respuesta de su cuerpo y lucho contra ello con todas sus fuerzas.
Pero él ya la tenía en brazos y después de bajar de la limusina entro con ella en el dormitorio, y la dejo en la cama, sobre la que caía la luz de la luna.
-No quiero esto Albert protesto Candy
-Eso no es suficiente para mí. Mientras se quitaba la chaqueta y la corbata y fue a sentarse junto a ella.
-¿Qué sería suficiente Candy? Pregunto rudo, y antes de que ella pudiera apartarse la sujeto de las manos contra la cama. ¿Qué tenía él que yo no tengo? ¿Qué podía darte que yo no te doy?
Aturdida por la evidente rabia que había provocado Candy lo miro a los ojos.
-No me refería a eso. No podrías comprender
-Entonces trata de hacerme comprender. ¿Era mejor amante que yo?
Sintiéndose desgarrada de dolor giro la cabeza a un lado, tratando de evitar la mirada.
-Albert por favor…
-Quiero saber insistió él mientras la tomaba por la barbilla y haciéndola volver el rostro. Así que cuéntame de una vez que tenía Michael de especial.
-No quiero hablar de él. Dijo Candy con lágrimas en los ojos.
-Pero yo quiero que hables te ofrecí todo lo que tenía y me rechazaste dijo con rabia. Y sin embargo me deseabas….
-No murmuro la pecosa.
-Sí, murmuro Albert.
-Desear no es suficiente grito ella repentinamente.
-Pero sin el deseo no hay nada indico el rubio.
La realidad de aquella afirmación la golpeo en su corazón cuanto había añorado haberse entregado a Albert durante el tiempo que duro su absurdo matrimonio.
-No llores…. Albert deslizo una mano por su mejilla y ella apoyo la mejilla contra su cálida mano. Tomo conciencia que estando junto a él no podía controlar los impulsos y la necesidad de entregarse sin reproches, después de todo tal vez no era muy diferente a su madre que se entregaba a los deseos del cuerpo, pero muy en el fondo sabía que ella no podría ser igual, tal vez todavía no se había dado cuenta pero sospechaba que sus sentimientos hacia Albert eran más profundos de los que quería admitir.
Albert le paso una mano balo la espalda para alzarla y ella al mismo tiempo coloco sus dedos en el fornido pecho de inmediato percibió el calor de la piel bajo su camisa, Albert tembló y por algún motivo que desconocía, Candy quiso volver a provocarle el mismo efecto. Él murmuro contra algo contra su pelo y ella empezó lentamente a acariciar los músculos a través de la camisa, escuchando como se aceleraba su respiración y el latido de su corazón contra la palma de su mano. El ambiente era explosivo Candy extendió y contrajo los dedos sobre el pecho nuevamente y este gimió provocándole a ella una descarga de excitación.
-Maldición murmuro Albert volviendo a apoyarla sobre la cama. Contigo tengo menos control que un adolescente. Albert temblaba lo sentía a través de su mano, por un momento se sintió una sensación de poder por causarle ese efecto.
Albert nuevamente asalto la boca de Candy hambrienta de deseo, su cuerpo empezó a temblar y a palpitar por todas partes, y todo pensamiento racional la abandono, durante no sabe qué tiempo, el aroma a maderas de Albert era tan doloroso y familiar para ella era como un afrodisíaco. Su camisa estaba entreabierta y metió sus dedos encontrando suave su piel blanca Albert se estremeció contra ella, pecho contra senos, muslo contra muslo, es una incontrolable explosión de excitación. De pronto, se alzó sobre ella y le arrancó violentamente el vestido. Pudo escuchar cómo se desgarraba. No le importo nada. Con un ronco gemido de placer Albert se inclinó sobre sus senos desnudos. Acariciándolos tocándola por todo el cuerpo. Candy cerró los ojos, y se perdió en un mundo de sensaciones más poderosas y primitivas que nada que hubiera experimentado nunca. Deslizo las manos por su espalda, deseando tocarlo por todos lados a la vez, ardiendo por explorar su cuerpo con tanta intimidad como él exploraba el suyo. Clavo sus uñas contra su camisa y Albert gimió contra su boca, mordiéndola eróticamente en los labios, como castigo. Con manos impacientes Candy tiró de la camisa de Albert para acariciar tocar la piel que tanto anhelaba. Cuando el introdujo su mano en la humedad que palpitaba en medio de sus muslos, Candy dejo escapar un salvaje grito. La necesidad de tenerlo dentro, era una mezcla de éxtasis y agonía.
-Eres mía…murmuro Albert – De ahora en adelante eres mía. Candy abrió los ojos y se encontró con la oscura mirada azul a través de la luz de la luna. Noto que la boca se le secaba y recuperaba la lucidez de lo que estaba a punto de hacer, su cuerpo se tensó en repentino rechazo.
Entonces él inicio una lenta caricia entre sus piernas, volviendo a provocarle un loco deseo. De pronto, se oyó un molesto sonido desde el fondo de la sala. Candy intento ignorarlo pero después de varios minutos Albert se puso tenso alzo la cabeza y maldijo entre dientes por la interrupción, mientras se levantaba a contestar el teléfono.
Después de varios minutos el volvía la miro furioso y salió de la habitación nuevamente sin decir nada, Candy no entendía que le pasaba tal vez recibió malas noticias sobre la salud de su padre, rápidamente tapo su desnudez con una bata y salió de la cama necesitaba consolarlo que él supiera que ella estaba allí para consolarlo y darle su apoyo incondicional, cuando se dio cuenta de esa necesidad en su interior cayo en la cama bruscamente y se cubrió el rostro con las manos, no puede ser todos estos cuatros años me he jurado a mí misma que odiaba a Albert sin embargo lo sabía tenía la necesidad de demostrarle consuelo, y quería en verdad estar a su lado, no podía ser que le estaba pasando se preguntaba una y otra vez no supo cuánto tiempo estuvo allí hasta que alzo la mirada y vio a Albert nuevamente parado en la entrada de la puerta mirándola con reproche. Ella se asustó por su actitud.
-¿Qué sucede Albert?
-¿Por qué no me has dicho que tu padre está en una casa de reposo?
-¿Cómo te has enterado? Pregunto Candy desconcertada.
-Mi abogado Johnson ha tratado de ponerse en contacto con él esta tarde. Han llamado para avisarme y acabo de hablar con la Dra. Flammy por teléfono. Candy se puso inmediatamente pálida. ¿Por qué no me lo has dicho? Porque no me dijiste que se encontraba tan mal.
-No pensé,… Candy se sintió mal por la furia de Albert.
-¿Qué pensaste? Que me daría lo mismo, Eso es lo que piensas de mí, ¿Crees de verdad que me resultaría indiferente haber conducido a un hombre al suicidio?
Otra vez Candy se sentía culpable pensándolo de esa manera lo había juzgado muy mal.
-Sólo pensé que no considerabas importante…
-Importante…. Repitió Albert incrédulo.
-Mi padre insistió que no trato de hacerse daño.
-Anoche no trataste en ningún momento de decirme que tu padre se hallaba en esta situación No mencionaste en ningún momento que tu padre se hallaba en peligro..
-No creí que te importará.
Albert se puso pálido y apretó los puños con fuerza.
-¿Cómo te atreves a decir que creíste que no me importaría? Y pensar que estuve a punto de hacerte el amor. ¿Qué te he hecho para que me tengas en tan bajo concepto?
Candy agacho la cabeza, repentinamente confundida y avergonzada era evidente que él estaba muy molesto por lo que había averiguado.
Yo…Yo… si tan solo hubiera sabido cuál era el estado de tu padre, habría hecho todo lo posible para aliviar su tensión. Todo recalco mirando con furia a Candy - ¿De verdad creíste que mi deseo por ti era más grande que la vida de un hombre? O incluso el más mínimo riesgo de que se quitara la vida.
-No… dijo Candy temblorosa mientras él la miraba con desprecio.
-¿O solo estabas buscando una excusa para volver a mí? Sin sacrificar tu precioso orgullo.
Ella no respondió cuando había transformado a Albert en su mente en la viva imagen de la corrupción ¿Cuándo y con qué argumentos? Lo había desposeído de toda emoción humana decente. Porqué se había engañado a sí misma de esa forma. Porque ahora se daba cuenta de que se había engañado le resultaba más fácil culpar a Albert por todo antes de aceptar su propia culpabilidad y peor aún tal vez lo había hecho para evitar enfrentarse a lo que sentía por él.
-Tú mismo dijiste que no había sentimientos en los negocios trato de defenderse. – Dijiste que no tenías interés en mi padre excepto como medio para alcanzar un fin y que ese tema te aburría.
-No sabía nada de la depresión de tu padre. No había oído hablar del divorico de tus padres ni de la muerte de tu madre.
Candy no podía pensar con claridad se sentía enferma debió haberle dicho desde un inicio pero ella estaba tan concentrada en verlo como un sádico que permaneció en silencio.
-Debería habértelo dicho susurro, pero él no la escuchaba.
-Mañana me reuniré con tu padre y tratare de tranquilizarlo. No quiero llevar esa carga en mi conciencia lo dijo con ojos recriminatorios. También le diré que te he ofrecido trabajar como mi secretaria…
-Eso era lo que yo…
-Créeme – dijo Albert interrumpiéndola – Si ayer hubiera sabido lo que se ahora, ni siquiera se me habría ocurrido tocarte. Solo pensar en ti tumbada en mi cama apiadándote de ti misma y pensando que te estabas sacrificando por la vida de tu padre…. Apretó los dientes movió las manos en un gesto de rechazo – Me asquea la idea, pero también hace que me den ganas de abofetearte.
-Ni se te ocurra exclamo Candy.
Albert alargo una mano y la atrajo hacia sí sin previa advertencia sus ojos estaban llenos de furia.
-No eres ninguna mártir, querida… eres una cobarde dijo con desprecio- Me deseas tanto como yo te deseo a ti, pero no tienes el valor de admitirlo.
-Suéltame exigió. Y Albert la soltó bruscamente sobre la cama.
Giro sus talones y salió de la habitación bruscamente, Candy se levantó cerró la puerta de un portazo. Sus ojos se llenaban de lágrimas no lograba comprender porque el desprecio de Albert le dolía tanto…
CONTINUARÁ….
Hola chicas un nuevo capítulo esta ocasión no les dejaré un comentario individual sino uno grupal, debido a la insistencia de algunas chicas y más de mi mana Mayra dueña del fic pues estoy actualizando este cada vez que me lo pide, por eso solo les dejare un breve saludo grupal, porque hoy mismo subiré el siguiente capítulo… así que a celebrar ja ja
