No eran pocos los que habían tratado de ingresar a la torre Stark o a sus mansiones. Pero debía reconocer que delante de él tenía al único que sin proponérselo lo había conseguido.
Porque Tony solo se dedicaba a trabajar día y noche. Con un mal hábito alimenticio y sin mayor descanso que un par de horas de sueño en su taller. No tenía más amigos que Viernes, Pepper y Rhodey. Tampoco necesitaba más e incluso nunca había tenido pareja, a pesar de ser atractivo y con demasiado dinero en su cuenta.
Sus padres siempre insistían en que querían tener nietos y que sería bueno verlo acompañado de alguien alguna vez. Pero no era su falta de tiempo como él decía. Sino que la extrema timidez que lo hacía detenerse al momento de conocer a alguien.
Había dado su primer beso a los 15 años. Pero en todos los otros aspectos seguía siendo virgen. Antes no le importaba, pero hace unos meses eso cambió.
Un problema al corazón. Algo sin importancia para alguien con tanto dinero, pero no era tan sencillo. Porque le dijeron que tenía menos esperanza de vida que cualquier otra persona de su edad. No quería vivir sus últimos años solo y menos sintiendo que no aprovechó al máximo su vida.
-Hola-escucho una voz grave a unos metros de él.
-Hola-respondió acercándose a la cama y sentándose en el borde, las luces estaban apagadas, sentía tanto miedo a que él lo rechazará.
-Tony-dijo sorprendido y tratando de adaptar su vista a la oscuridad, sintió la sabana de seda y comprendió que estaba en la cama del hombre que hace un tiempo llenaba su imaginación en las noches solitarias-¿Qué hago…?
-Mi chofer te atropelló y te traje a la torre. Te atendió un médico y fuera de los moretones, estás bien. Lamento el accidente y me gustaría compensarte de alguna forma-lo dijo todo tan rápido que podría jurar que Tony Stark estaba nervioso, pero eso era imposible ¿cierto?
-Con haberme ayudado fue suficiente-susurró sentándose con cuidado en la cama-gracias por…-intento levantarse pero se fue hacia atrás y nuevamente quedó sentado en la cama.
-Steve estuviste dos días inconsciente. Estás débil-dijo con suavidad. Se sentía idiota por estar tan nervioso.
-Será mejor que me vaya-murmuró apoyando sus manos en sus rodillas.
-Quizás podríamos comer-dijo con una mueca, pensando por un segundo en sus problemas alimenticios, esos que le mantenían casi sin comer hace meses.
-Descuida-dijo suave y escucho un suspiro aliviado por parte de Tony, al parecer el castaño solo demostraba esa preocupación por cortesía-debo irme, estaré bien-dijo poniéndose de pie lentamente y estabilizando su respiración hasta que pudo caminar por si mismo. Buscó sus zapatos y chaqueta, tomó su maletín y salió por la puerta. Lo único que escuchó antes de desmayarse fue una voz robótica que le indicaba una baja en su presión y azúcar. Luego se fue a negro.
Nunca había agradecido tanto crear a Jarvis y una armadura en caso de emergencia, nunca había ocupado esta última, pero era la que sujetaba a Steve y eso lo era todo.
-Jarvis, llama al médico y haz un pedido de comida, para mi un café, a Steve lo que recomiende el doctor.
-Señor, debería dejar la cafeína, sus problemas al corazón aumentan cada vez que lo consume.
-Hasta ahora no le hará daño a nadie mi ausencia. No hay por qué preocuparse-dijo caminando junto a la armadura que dejó a Steve nuevamente en su cama ¿qué haría para conquistar a un hombre como ese? Estaba muy lejos de su alcance.
