Capítulo 1
Era increíble cómo las cosas habían cambiado a lo largo del tiempo. Y eso es todo lo que se necesita: tiempo.
El verano había quedado atrás, y la escuela secundaria había comenzado nuevamente. Muchos lo recibieron como algo bueno, muchos otros no. Pero Phineas Flynn se veía desesperado por empezar.
- La verdad es que no te entiendo, Phineas – comentaba su hermana Candace, mientras lo llevaba en auto a la escuela -. Creí que preferías el verano.
- Claro que sí. Pero Candace, ¿quién podría resistirse al encanto de la escuela secundaria, con las clases de educación física, las matemáticas y las electivas?
- No me la como, Phineas – le dijo su hermana, incrédula -. Odias las matemáticas. Además, ¿no era en verano cuando tú y Fe...?
Candace se cortó al notar la expresión entre desesperada y triste de su hermano. Regañándose mentalmente, Candace dejó el tema de lado.
Hacía dos veranos que todo había cambiado radicalmente. Ella había entrado en la Universidad de Danville para estudiar Literatura y Escritura. Su mejor amiga Stacy Hirano estaba preparándose para ser Organizadora de Eventos. Y su novio Jeremy Johnson estaba estudiando Abogacía, y trabajaba a medio tiempo con su banda en algunos locales y en el centro comercial.
Los tres eran estudiantes residentes de la Universidad. Eso significaba un miembro menos en la casa Flynn-Fletcher. Y no es todo. Sus padres habían ascendido en el negocio de ventas de antigüedades, y sus dos hermanos menores estaban estudiando en la Escuela Secundaria de Danville.
Sus hermanos menores. Candace volteó a ver nuevamente a su hermano, quien seguía viendo por el vidrio del auto con expresión perdida. La joven veinte añera suspiró. Las cosas más extrañas estaban pasando desde hace un par de años. Lo impensable había ocurrido: Phineas y Ferb no eran tan unidos como antes.
Candace trató mil veces de interpretar cuándo fue que todo había comenzado, pero le era imposible. Quizás era cuando Isabella se le declaró a Phineas, y éste pasó un tiempo sólo con ella para recompensarle la negación rotunda que le dio en cuanto a ser novios. O también puede ser luego de las remodelaciones de la casa, con la cual ambos hermanos dividieron su habitación para tener cuartos separados. O posiblemente fue que Ferb comenzara a pasar más tiempo con su novia, que era cuatro años mayor que él. Aquello no le agradaba nada a Candace, pero al parecer a sus padres no les importaba la situación. Y Candace la conocía: la joven estudiaba Biología en la Universidad de Danville.
Pero lo que más le dolía a Candace era que Phineas y Ferb no hacían las cosas que la volvían loca en épocas de verano. Ambos hermanos ya no pasaban tiempo juntos. A veces ni se trataban. Y parecía que eso sólo le molestaba a ella. Y a Phineas también, claro estaba.
Llegando a la escuela, Phineas se despidió de su hermana. Fue a paso lento hacia los casilleros, y se preparó para su primera clase.
La tristeza de la mañana no se le había pasado del todo. Phineas sentía que había decepcionado a todo el mundo. A pesar de que siempre hablaba demasiado, no estaba muy animado la mayor parte del tiempo. Sus calificaciones en la escuela no eran las mejores. En literatura y ciencias naturales era bastante bueno, pero apestaba en matemáticas.
Su relación con sus amigos no era del todo mala. En su clase tenía a Baljeet y a Buford como compañeros, mientras que su hermano Ferb se hallaba en otra clase junto a Isabella.
- Buenos días, tonto.
Phineas no se molestó en contestar. Ya estaba acostumbrado al trato rudo que Thaddeus tenía hacia él. Y sí, Thaddeus estaba en su clase, mientras que su hermano Thor estaba en la clase de otro de sus amigos: Django Brown, el pequeño artista. O así es como todo el mundo le llama. Y con razón: el joven tenía un talento espectacular al momento de hacer pinturas, esculturas o manualidades.
Otra cosa más: Isabella, luego de cansarse de la falta de atención que Phineas tenía hacia ella, logró centrar su cariño hacia Django. Phineas se alegró por ellos, no pudiendo evitar sentirse muy aliviado.
Nunca entendió por qué no podía sentir lo mismo hacia la joven futura periodista. Era como si todos esperasen que ellos dos estuviesen juntos, como si fuera cosa del destino o algo así. Muchos dijeron que Isabella tardó mucho en declarársele. Sus amigas denotaron a Phineas como insensible. El pelirrojo trató de no inmutarse ante todo aquello. Quería a Izzie, pero sólo como amiga. Y le molestaba que Buford creyera que la verdadera razón era que Phineas era un robot que el nerdo de Ferb había construido para no sentirse solo. Premisa a la que, par de años después, Thaddeus añadiría que era un robot con el cual se cansó de jugar y dejó botado a su suerte.
A la hora del almuerzo, Phineas se sentó junto a Baljeet y Buford, esperando a que el resto del grupo llegara de clases.
- Sólo digo que un dinosaurio-buldog podría ganarle a tu gato-araña – comentó el robusto joven.
- No lo creo, bravucón. Mi gato-araña escaparía de las fauces de tu bestia gracias a su velocidad – comentó el joven indio.
- Lo que sea.
Phineas no les prestaba atención. Buford y Baljeet siempre tenían esas conversaciones tontas sobre criaturas extrañas que peleaban entre sí, y cuál le ganaría a cuál. Concentrado en su cuaderno de dibujo, el pelirrojo no notó cuando el resto del grupo había finalmente llegado.
Todos conversaban animadamente. Todos, excepto Phineas. Isabella se le quedó viendo extrañada, sabiendo lo que le ocurría al joven Flynn.
- Deberías hablarle.
- ¿Qué? – preguntó confundido Phineas, levantando su mirada de unos no muy agradables brócolis.
- Digo que deberías hablarle a Ferb. Hace tiempo que ustedes dos no hablan. Y están sentados prácticamente uno frente al otro.
- Qué tonterías dices, Izzie. Ferb y yo si hablamos.
Isabella decidió ocultar su gesto de fastidio al pelirrojo, y siguió comiendo su almuerzo. Mientras, Phineas miró un poco hacia su derecha, diagonal a él, donde Ferb escuchaba animadamente la conversación entre Django y Baljeet. Suspirando pesadamente, Phineas se levantó de la mesa y se fue a preparar para su siguiente clase.
Física. Qué diversión. A Phineas le encantaba la teoría y las prácticas de esta materia, a pesar de la cantidad de ecuaciones y ejercicios matemáticos que tenía.
El laboratorio de física estaba organizado en mesones, donde tres estudiantes podían sentarse cómodamente. Phineas, como siempre, se sentó junto a la ventana al lado de Buford y Baljeet, y se concentró en mirar el patio de la escuela, tratado de ignorar todo a su alrededor.
- Bueno, estudiantes – comenzó a decir la profesora de la materia -. No podré venir el resto de la semana, así que decidí darle esta clase de una vez a mis tres cursos. Traten de organizarse un poco para que todos podamos entrar.
Los otros cursos de noveno grado entraron al laboratorio. Isabella fue la primera en entrar, y se sentó junto a Django y Thor. Thaddeus se emocionó al ver a su hermano, pero tuvo que sentarse en el mesón de Baljeet, Buford y Phineas, debido a que al lado de su hermano se había sentado Ferb. Thaddeus no desaprovechó la oportunidad para insultar al joven peliverde, pero éste le ignoró olímpicamente el comentario.
- Muy bien, estudiantes. Espero que se hayan leído la lección que tocaba para hoy. Les haré algunas preguntas para verificar que lo hayan hecho.
La clase se tornó aburrida. Los estudiantes sentían la pesadez de la atmósfera debido a la cantidad de personas que había en el laboratorio. Phineas seguía mirando por la ventana mientras dibujaba vagamente en su cuaderno. Cuando de repente sintió un codazo por parte de Buford.
- Oye, cara de nacho. La profesora te preguntó algo.
Phineas se quedó sorprendido al notar la cantidad de gente que había en el salón. No estuvo pendiente cuando la profesora mencionó que tenía que darle clases a todos juntos. Es más, no estuvo pendiente de nada durante toda la clase.
- ¿Y bien, Flynn? – preguntó la profesora.
Todos en el laboratorio lo estaban viendo, pero el pelirrojo siguió estático. Thaddeus trató de contener una risa, e Isabella y Baljeet se pegaron en la frente ante el comportamiento de su amigo. La profesora suspiró.
- Otra vez distraído, ¿no, Phineas? – comentó resignada a la profesora, logrando sonrojar al adolescente -. Te pregunté si sabrías dar un ejemplo a la lección de hoy.
La lección de hoy. Phineas la había leído, claro que sí. Era bastante responsable. Sabía que la lección tenía que ver con la electricidad y el magnetismo. ¿O era solo la electricidad?
Asintiendo en silencio, Phineas se levantó de su puesto y caminó hacia la pizarra. Tomando una tiza, se quedó observando el muro verde por un par de minutos.
Todos los de su clase sabían lo que iba a pasar a continuación. El joven Flynn se quedaría un rato contemplando la pintura verde, para luego sufrir una especie de conversión en su actitud. Para ello, Baljeet se quedó viendo el reloj de su muñeca, confundiendo al resto de los estudiantes que no pertenecían a su clase, incluyendo el resto de los miembros de su grupo.
- Y... – empezó a mencionar el indio, recibiendo una mueca por parte de Thaddeus -. ¡Ahora!
- ¡Es bastante sencillo! – explotó Phineas, haciendo que todos en el salón dieran un salto de sorpresa -. Lo único que hay que hacer es tomar en cuenta los factores y aspectos de...
Y así fue por unos diez minutos, hablando sin parar, dando el ejemplo que la profesora tanto quería. Thaddeus trató de ignorar la situación, mientras que el resto de los estudiantes miraban la situación con admiración.
Los que más se emocionaron, sin demostrarlo demasiado, eran Isabella y Django.
- Hacía tiempo que no lo veía así – comentó el joven artista,
- Ese es el Phineas que conocemos... – susurró Izzie, volteando su rostro para ver a Ferb.
Éste estaba inexpresivo como siempre, pero Isabella lo conocía bastante bien como para notar el ligero temblor de mejillas que el peliverde tenía en aquel momento. Era obvio que estaba anonadado por el comportamiento de su hermano.
- Y si colocamos esta tracción aquí, entonces podremos...
- ¡Phineas, Phineas, Phineas! – exclamó la profesora, logrando acallar al pelirrojo, que se la quedó viendo inexpresivo -. Lo estás haciendo otra vez.
- ¿Qué cosa? – preguntó incrédulo el joven, haciendo que los de su clase ahogaran una ligera risa.
- Te estás emocionando demasiado, y no paras de hablar.
- Ah... Lo siento... – dijo con vergüenza el joven Flynn.
- Bueno... – siguió la profesora, viendo con atención las ecuaciones, gráficos y dibujos realizados por el estudiante -. Creo que está bien tu ejemplo. Y bastante... completo, debería decir – la profesora se volteó a mirar al resto de sus estudiantes -. ¿Alguien está en desacuerdo con lo planteado por Flynn?
Phineas se quedó viendo la pizarra tratando de buscarle algún error a su trabajo, sin tener mucho éxito. Ignoró el sonido de una silla al moverse y de unos pasos acercarse hasta donde él estaba. Momentos después, saltó de sorpresa al notar que cierto joven peliverde tomaba una tiza y comenzaba a corregir unos pocos números por uno y otro lado.
Phineas comenzó a respirar con dificultad, sintiendo cómo su garganta se cerraba. Hacía bastante tiempo que se sentía así cada vez que estaba cerca de tener una oportunidad de convivir con Ferb. Supuso que se trataba simplemente porque tenía miedo de empujar aún más a su hermano, alejándolo más de él.
Ferb terminó las correcciones, y se quedó parado mirando expectante al pelirrojo. De la nada, Phineas comenzó a saltar nuevamente, dando indicaciones a Ferb de nuevos cálculos y posibilidades dentro del ejemplo. A su vez, Ferb daba propuestas en su modo silencioso.
- Eh... ¿Chicos?
- ¡Shhh! – acalló Isabella a la profesora -. Déjelos un momento. Esto es genial, y hacía tiempo que no lo hacían.
- ¡Y gracias a esta palanca se puede lograr el efecto con éxito! ¡Genial, Ferb! ¡Creo que ya sé lo que va...!
El pelirrojo se cortó repentinamente. No terminó la frase. No quería terminarla. Era simplemente muy doloroso para él. Hacía más de dos años que no la decía, y se había acostumbrado a ello.
En tiempo justo, sonó la campana que indicaba el final de las clases. Todos los estudiantes comenzaron a salir. La profesora felicitó a los hermanos, y Ferb tomó sus cosas y salió apresurado del salón. Baljeet se fue a sus cursos de estudios avanzados y Buford a la práctica de football. Los únicos que se quedaron en el salón haciéndole compañía a Phineas fueron Isabella y Django.
- ¡Oh, Phineas! ¡En verdad lo siento! – comentó la joven judía.
- Si, amigo. Sentimos mucho esta situación.
- Está bien – les comentó el pelirrojo, forzando una sonrisa en su rostro -. Todo está bien.
Más tarde, Phineas entró a su casa saludando a sus padres. Se fue directo a su habitación, y cerró la puerta. Tiró su bolso a una esquina de la habitación, y se tiró en la cama hecho un ovillo.
Momentos después, entro su mascota Perry. Al escuchar unos sonidos ahogados, el ornitorrinco se subió a la cama de su dueño, llevándose una ligera sorpresa: Phineas estaba llorando.
No era la primera vez que Perry veía a Phineas llorar, y sabía perfectamente la razón. Le dolía ver cómo un joven tan alegre como su amo se había vuelto tan triste y callado. Perry odiaba ver a Phineas llorar. Acercándose a su rostro, el ornitorrinco se acurrucó junto a su amo, tratando de calmarlo. Phineas lloró y lloró hasta la hora de la cena.
No, no era verdad. Había mentido. No todo estaba bien.
