—¡Oye, Ron! —gritó Harry en medio del pasillo.
Ron volteó y se quedó en el mismo lugar, esperando a que Harry llegara. Tenía cara de impaciencia.
—Ron… es urgente… —jadeó Harry—, Hermione necesita… hablar con-tigo —culminó.
—Ella y yo no tenemos nada de qué hablar, Harry —informó—, ella ya lo dejó muy claro.
—Es importante… Ron —ya estaba un poco más calmado—. Necesita decirte algo importante.
Ron miró hacia la ventana, ya el sol se había ocultado y la luna estaba brillante en el horizonte. Brillando, sabía que estaba brillando pero para él no estaba brillando. Desde el día anterior no brillaba.
—No, Harry. Ella me dejó muy claro que no quiere hablar conmigo —y sin esperar a que el chico respondiera Ron se dio media vuelta y se fue caminando lentamente.
Harry lo pensó por un momento, era quizás la última oportunidad que tendría para que Ron fuera a despedirse de Hermione. Esperaba no equivocarse.
—¡Hermione se va! —gritó.
Ron simplemente se volteó lentamente, con la cara contraída y sin saber qué decir. Miró fijamente a Harry, penetrante, como queriendo amenazarlo con la mirada que esperaba y no fuera un simple truco. Pero Harry no retrocedió, se quedó en el mismo lugar devolviéndole la mirada.
—¿Qué… qué dijiste? —cuestionó.
—Eso, Hermione se va —corroboró Harry—. Se va por un largo tiempo.
—¡¿Cómo que se va por un largo tiempo? —La cara de Ron se había puesto roja como un tomate—. ¡¿Me crees idiota o qué?
—Ron, es cierto.
La ira de Ron aumentó alarmantemente en sólo unos segundos.
No dijo nada, miraba fijamente a Harry quien no daba muestras de doblegarse, buscaba de alguna manera descubrir que todo era un engaño y que Hermione no se iría, que sólo era una treta para hacer que ambos hablaran.
Pero luego de unos minutos, le pareció que le caía un balde de agua fría.
—¿Me es-estás hablando en se-serio? —preguntó asustado.
—Muy en serio, Ron —dijo—. Hermione se va —¿no se cansaba de repetir eso, acaso?
—No… pero no. Harry, ¿cómo que se va? —la cara de Ron había pasado de un rojo sangre a una palidez extrema.
Harry lo miró por un momento, se debatía entre contarle o no. Sólo sabía que no quería que aquello terminara mal.
—Tiene que hacer algo para la Orden —informó el chico—, fue lo que me dijo.
—Pe-pero eso es imposible, Harry —Ron pasó su mano por su cabello varias veces—. ¿En serio no es una broma? —cuestionó de nuevo.
—¿Crees que me jugaría con algo así?
El pelirrojo se volteó por un momento, dándole la espalda a Harry, bajó la cabeza y miró por unos minutos el suelo, esperando a que éste le dijera algo sobre todo aquello. Pero nada pasó. Tuvo que darse la vuelta de nuevo y enfrentar la cara consternada de Harry.
—¿Cuándo se va?
—Hoy —Harry miró su reloj—, si no me equivo…
—¿Cómo que se hoy?, ¿por qué no me lo habías dicho?
—¡Porque me enteré hoy! —Respondió agitadamente Harry—. ¡Y si no me equivoco ya está por partir!
Ron llevó ambas manos a su cabeza, perfecto, justo lo que le faltaba. Miró su reloj, once y media, ¿cuándo había pasado el tiempo tan deprisa?, se volvería loco.
—Dime la hora, Harry —Harry dudó por un momento—. ¡Dime a qué hora se va!
—A-a medianoche —tartamudeó Harry.
Ron ni siquiera respondió, sólo salió corriendo a toda velocidad por el pasillo. Cuando iba varios metros más allá notó algo, con eso lo coronaría como el más estúpido. Volvió sobre sus pasos, más rápido que antes, y justo cuando entró de nuevo en el pasillo vio como Harry cruzaba hacia las escaleras.
—¡Harry!, ¡Harry!, ¡HARRY! —gritó—. ¿En dónde está ahora?
—Me dijo que en la Torre más alta
Respondió la voz de Harry.
La torre más alta, la torre más alta. En esos momentos no estaba para pensar en la torre más alta, ¡todas eran altas!
—Cálmate, Ron, cálmate —se dijo a sí mismo—. ¿Cuál es la torre más alta?
Y de pronto vino a su mente.
—¡La Torre de Astronomía! —se dijo, y miró su muñeca, necesitaba saber la hora.
Once y cuarenta y cinco.
—A ver, si entro por el pasadizo del quinto piso, luego salgo por el campo de Quidditch, entro por Herbología… —se decía así mismo, tratando de hacer un mapa mental del recorrido—. Pero qué diablos. Deja la estupidez y corre —y como si alguien se lo hubiera ordenado salió corriendo por el mismo camino de antes.
Miró un par de cuadros buscando el del Caballero de la Noche, era el mejor pasadizo para bajar hasta Herbología. Luego se iría por el campo y entraría por una puerta lateral, tomaría un montón de escaleras, luego entraría por el pasadizo de Sir Mong y por último subiría el último tramo de escaleras.
—Cuadro, Herbología, campo, puerta lateral, montón de escaleras, Sir Mong más escaleras —se decía a sí mismo—. ¡Ya, Ron!, como sigas hablando sólo hará que te manden a una clínica —se calló, pero luego de unos minutos volvió a hablar—. ¡Y deja de hablar en tercera persona!
Miró el reloj una vez más: Once y cincuenta.
Se alarmó, apenas estaba en el primer tramo de escaleras, debía apurarse. Entonces decidido se obligó a si mismo no ver más el reloj, aunque en su cabeza los segundos sonaban como miles de campanas apurándolo.
Hermione miró por última vez las escaleras que la llevarían hasta la Sala Común. Decidida se dio media vuelta y se encaminó a la baranda de la Torre, en donde esperaba a que Remus llegara por ella.
Con la carta que había escrito en una mano, y la mochila en la otra se encaminó definitivamente hacia su destino, aceptando por fin que Ron no iría a despedirse.
Miró la puerta de la Torre por última vez.
—Hermione, ¿estás segura de eso? —preguntó Ginny.
La chica tardó unos segundos en responder, sopesando la pregunta en su cabeza. Luego de pensarlo muy bien, habló:
—Creo que sí, Ginny —respondió—. Además, ya no puedo echarme para atrás.
—Sí puedes, Hermione. Sólo debes hablar con Dumbledore —le aconsejó.
—No es así de fácil, Ginny —Hermione la miró por unos minutos—. Además, sinceramente no me como ese cuento que el profesor Dumbledore me dijo. Creo que hay algo más detrás de todo esto —informó.
Ginny la miró por un momento, sin saber muy bien qué decir. Sólo se acercó hasta la chica y de nuevo la abrazó como lo había hecho minutos atrás.
—Entonces te deseo mucha suerte —le dijo al oído—. Quiero que vuelvas cuanto antes, ¿lo prometes?
—Lo intentaré, Ginny, pero no te prometo nada.
Hermione se volteó y tomó su mochila, la asió a su hombro y miró por última vez lo que fue su cuarto.
Le dio la espalda a todo y se fue hasta la puerta, antes de salir se volteó y le dedicó una última mirada a Ginny, quien sólo atinaba a estar sentada en un mismo sitio esperando a que Hermione se fuera.
—Hasta luego —dijo antes de salir.
—Hermione, ¿y Ron? —preguntó Ginny antes de que Hermione cerrara la puerta.
La chica miró la carta que llevaba en sus manos, y luego miró la puerta que acababa de cerrar.
Todo era tan difícil.
—Ya no llegó a despedirse —dijo lentamente en un susurro mientras un lágrima caía por su mejilla—. Supongo que no quiso venir —culminó mientras caminaba por la Sala Común y le dedicaba una última mirada al fuego que crepitaba.
Caminó lentamente por ella, como queriendo que Ron llegara en el último momento, pero era algo que sabía nunca se cumpliría. Miró por última vez los cuadros y salió por el retrato de la Dama Gorda, antes de despedirse de ella se aferró a la carta y imaginó por última vez el sueño que se hizo realidad.
Imaginó por última vez a Ron pidiéndole ser su novia, imaginó por última vez a Ron queriendo ser de nuevo su amigo… imaginó por última vez al chico pidiendo disculpas.
Como pudo agarró todo eso y lo fue dejando poco a poco en su camino hacia la torre. Imaginando por última vez un romance perfecto. Olvidando la estúpida fantasía que nunca se cumpliría, olvidando todo lo que la hiciese sufrir.
Olvidando su pasado con aquel chico.
—Hermione, ¿estás lista? —preguntó Remus mirándola a los ojos.
—Eh… sí, un momento —dijo Hermione.
Se volteó y dejo la carta en medio de la Torre, esperando a que el viento se la llevara consigo y no volviera nunca más. Esperando que la separación de esa carta la aliviara de todo el dolor.
—Ahora sí, vamos —dijo Hermione montando en el Thestral.
Remus no dijo nada, sólo asintió e hizo que la criatura emprendiera vuelo, mientras una lágrima caía lentamente y el viento la llevaba de vuelta a su origen. La llevaba de nuevo a la carta, en donde se posó para siempre.
El caballo recorría el inmenso paisaje mientras Ron llegaba jadeante a la Torre de Astronomía y veía con pesar que la chica ya se había ido, había llegado muy tarde.
Se tiró al suelo y se dispuso a llorar, pero antes si quiera que una lágrima saliese vio el pergamino con una gota.
Secándose las lágrimas lo tomó y lo abrió cuidadosamente, mientras un fuerte viento que arrasaba casi se lo desprendía de la mano.
Espero y les haya gustado.
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