Ace trato de fingir que no estaba asustado o nervioso, pero falló miserablemente.
Fue guiado junto con los otros niños hacia el castillo real.
Ocultándose entre los callejones y las alcantarillas de su comarca, había sido capaz de escapar al examen por los últimos tres años, pero este, no tuvo tanta suerte.
Mientras el, Sabo y Luffy corrían a esconderse de los guardias, el menor de todos ellos callo al piso. Por supuesto, la reacción de Ace había sido arrojarse inmediatamente hacia él, intentar levantarlo y seguir corriendo, pero los guardias se acercaron en manada y solo tuvo la oportunidad de empujar su hermano hacia Sabo y gritarles que corrieran mientras los guardias lo sostenían por las muñecas y la cintura.
Inmediatamente le habían fichado, puesto su nombre y edad en un papel, marcado con un pequeño pincelazo de tinta negra en el brazo y empaquetado en el carruaje hacia la capital con los demás niños para examinar.
En un mundo donde la magia y las criaturas míticas eran tan reales como la hierba o los árboles, había demasiadas cosas de las que cuidar.
El reino siempre necesitaba guardianes y magos para proteger a la gente y pronto la capacidad de tomar una bestia mítica como familiar, fue la manera predilecta de mantener el reino a salvo de las invasiones y magos malignos.
Sin embargo, en un reino tan grande como era Moby Dick, era muy difícil encontrar enlaces compatibles con las bestias míticas del legendario rey barba blanca y por eso se había puesto la regla, de que todos los niños y niñas entre los siete y los quince años, debían ser revisados por los magos de la capital, en busca de enlaces estables para las criaturas.
Sí alguien era compatible, se quedaría en la capital bajo el servicio del rey. Sí no, regresaría a casa con su familia y no sería buscado de nuevo para el examen.
Ace no quería ir.
Tenía demasiado miedo.
El no quería dejar su casa, su hogar, su familia, para llegar a un lugar extraño y ser enlazado a alguna criatura extraña.
Tenía miedo de ser compatible.
Por eso el, Sabo y Luffy, siempre huían de los guardias y las revisiones, ocultándose hasta que el peligro hubiera pasado. No es como si tuvieran la certeza de ser compatibles, pero el solo arriesgarse al examen era ya demasiado aterrador.
- vamos niño- dijo uno de los guardias con voz amable- come algo, no queremos que te desmayes –
Puso frente a él un plato con sopa que olía bastante bien y un pan.
El no quería la amabilidad de esta gente, solo quería volver a casa.
Los demás niños comían animadamente y charlaban sobre lo increíble que sería conocer el castillo y ver al rey, etcétera.
Ace no podía creer lo ingenuos que eran.
Por dios, ¿no se daban cuenta de que sí eran compatibles, perderían su libertad? ¿Qué quedarían atados al rey y a su ejército por el resto de sus vidas?
El pecoso solo quería ser libre. Libre como el viento. Explorar el mundo, buscar aventuras, morir sin arrepentirse de nada.
Dejo a los niños y los guardias comer, y volvió a entrar a la carroza, acostándose en la madera e intentando conciliar el sueño.
Escapar no era posible, después de todo.
Tenía en su mano un hechizo de perdida y encuentro. Era un hechizo relativamente suave, que lo único que hacía en el usuario era atarlo a un lugar, en este caso, la carroza.
Sí intentaba escapar o se alejaba más de doscientos metros, el hechizo se activaba e inconscientemente, el usuario volvería a la carroza. Era casi como caminar en círculos.
- no queremos que ninguno de ustedes se pierda camino a la capital- dijo otra guardia.
Ace rechisto y se cubrió la cabeza con el brazo. Ahora solo quedaba ser examinado y rezar a los dioses por no ser compatible.
Después de una semana de viaje, la capital se vio a la distancia. Las casas totalmente blancas, torres gigantescas, puentes arqueados y estatuas colosales, se veían desde la distancia.
Ace solo sentía repulsión, mientras los demás niños estaban demasiado emocionados por la vista.
Después de todo, sí no eran compatibles, es probable que nunca volvieran a la capital o el castillo para cualquier cosa.
No es que la gente tuviera prohibida la entrada. Es solo que en la capital era que se hacían los negocios y el comercio, no mucho de turismo o algo.
Los guardias sonrientes los llevaron a través de las calles hacia la entrada al castillo.
En la puerta, un hombre vestido con hermosos kimonos y cabello negro largo recogido en un moño, los esperaba con una sonrisa.
- bienvenidos- pareció bastante feliz en la emoción que mostraban los niños al estar hablando con él- soy Izo el comandante de la décimo sexta división del ejército de barba blanca, y me encargare de su cuidado de ahora en adelante.
- buenas tardes señor izo- dijeron los niños a coro haciendo a Ace rodar los ojos ante lo repugnante de su meloso saludo.
- bien, síganme por favor, dentro recibirán un buen baño, algo de ropa y en la tarde podremos dar una vuelta en el castillo y saludar a su majestad.
Todos asintieron entusiasmados y Ace se quedó en la última parte del grupo mirando hostilmente a su alrededor.
Fueron llevados a los baños termales más grandes que Ace hubiera tenido la oportunidad de ver en su vida. Todos gritaron de emoción, quitándose la ropa en un instante y chapoteando en las lujosas bañeras de la habitación, las niñas separadas de los niños y vigiladas por una anciana arrugada como una pasa.
Los hombres, también siendo vigilados por otro anciano arrugado que les contaba historias acerca de los increíbles magos de la casa barba blanca.
Acerca de las increíbles hazañas y batallas que él había presenciado.
Ace se asombró. Era obvio, el desde que tenía uso de razón había admirado la fuerza y soñaba con ser más fuerte que nadie, para que nadie nunca pudiera atarlo.
Sin embargo, él no quería su fuerza ser tomada por el bien de alguien más.
El quería su fuerza para proteger lo que amaba, no para proteger el sueño de otra persona, el rey incluido.
Se quedo en el fondo de la habitación, suavemente bañándose con el agua deliciosamente caliente y restregando la mugre que había acumulado de vivir en los basureros, rodeado de ladrones y prostitutas.
Llegado el tiempo final del baño, varios sirvientes trajeron ropas a la medida de cada niño, haciéndolos presentables para ver al rey.
Claro, como sí el rey no pudiera ver las personas en su verdadera naturaleza. Como si fuera demasiado digno para ensuciarse con la plebe.
Ace fue vestido en una túnica naranja brillante, y unos cómodos zapatos puestos en sus pies.
Su cabello peinado hacia atrás, el sirviente lo dejo con una sonrisa, satisfecho con el trabajo.
En cuanto salió, Ace se alboroto el pelo.
El tipo de los hermosos kimonos volvió a entrar una vez que todos estuvieron listos y los miro con una sonrisa.
- bien, ahora vamos a dar una vuelta por el castillo antes de ver a su majestad… hay algunas cosas que seguro les agradarán-
Miro a Ace de reojo y vio su pelo alborotado, acercándose y en un movimiento rápido lo volvió a peinar.
- ahora estás más bonito- sonrió
Ace solo frunció el seño.
El hombre levanto una ceja pero no dijo nada y comenzó a guiarlos por el castillo.
Los pasillos estaban decorados por una enorme cantidad de armaduras, estatuas, pinturas… guardias. Pero nada de eso llamo la atención de Ace.
Para el, todo esto era tedioso y horrible y solo quería que se acabara de una vez. ¿Para qué vestirlos y tratarlos como príncipes? Solo quería volver a su casa, rodeado de la mugre y los bandidos de mierda a los cuales llamaba familia. Con sus hermanos.
Ignoro todas las explicaciones de los cuadros y estatuas que no le interesaban en lo más mínimo y pronto se hallaron frente a unas puertas gigantes de color dorado con dos guardas a lado y lado de la puerta.
- comandante- saludaron respetuosamente dirigiéndose al hombre de los kimonos- ¿esos son los próximos niños para la revisión?
- sí- Izo asintió- ahora mismo iba a presentárselos a pad… su majestad.
- entiendo- el hombre miro el grupo de niños y les sonrió también- bienvenidos.
Los niños saludaron y Ace se forzó para no rodar los ojos, sabiendo que podían verlo.
Las puertas fueron abiertas y un aire diferente inundo a las personas que entraron, Ace incluido. Era un aire de grandeza, de fuerza, digno de un líder.
Había un hombre mayor sentado en el trono. Por su altura Ace lo compararía con lo más cercano a un gigante que jamás había llegado a ver, era musculoso y un enorme bigote con forma de medialuna se levantaba debajo de su nariz.
Sostenía un bisento y estaba cubierto por una enorme y larga capa blanca con los hombros borlados.
La imagen de un rey de leyenda.
- su majestad- dijo Izo inclinándose respetuosamente- estos son los próximos niños para la revisión.
-gracias hijo, puedes retirarte- el hombre lo miro con amabilidad, e Izo salió con una sonrisa, dándole tranquilidad a los niños que se miraban nerviosos al ser dejados a solas con el rey.
Sin idea de cómo comportarse.
- acérquense chiquillos- dijo el hombre con una media sonrisa oculta por el bigote y los niños se acercaron a paso lento, Ace en el fondo, tratando de hacerse invisible.
-¿quieren escuchar una historia?
Los niños asintieron tímidamente, entusiasmados por la idea de escuchar una historia del rey pero sin saber sí sus reacciones eran malas o sí el rey se molestaría por sus modales.
- no se pongan tan nerviosos- el hombre rio y sonaba como un gurararara extraño – vamos, siéntense aquí-
Los niños fueron tomando asiento en la suave alfombra que rodeaba el trono.
- hace mucho, mucho tiempo, la magia no existía. La gente sobrevivía con sus propias manos, sembrando la tierra, arando los campos, peleando por la supervivencia con los demás.
Ace sentía que era un mundo mucho más justo. Al menos todos empezaban en igualdad de condiciones.
- sin embargo, ese era también un mundo de oscuridad. Guerras, muerte, hambre, enfermedades… la mayoría de la gente era demasiado malvada, pisoteando a los débiles, robando la comida de los demás, gobernando con tiranía sobre los pueblos indefensos.
Bueno, ahí se acabo lo bueno de la historia. Siempre es lo mismo, el pecoso pensó con indiferencia.
- los seres humanos de entonces rogaban por alguien que los guiara, por alguien que los protegiera y los dioses escucharon sus ruegos. Un día como cualquier otro, veinte niños bendecidos por los dioses nacieron. Podían hacer que las plantas crecieran, que los arboles dieran fruto, que el agua se volviera limpia y pura, y que el viento soplara y la lluvia callera en los lugares más inhóspitos. De esos veinte primeros magos, es que se desprenden todas las líneas de sangre de los magos y hechiceras de este mundo.
Los niños en la sala del trono, temblaban de emoción al oír la historia. Algunos cuchicheaban en voz baja, acerca del relato.
-los niños crecieron y se convirtieron en grandes líderes. Gobernaban el mundo con sabiduría y todos eran felices, viviendo en paz bajo su liderato. Sin embargo, algunos de ellos fueron enceguecidos por el poder, queriendo cada vez más y peleando con sus hermanos magos por lo que ellos llamaban la cima del mundo. Utilizaron artes malvadas para ir derrotando a los demás y entonces los dioses decidieron intervenir de nuevo.
¿Aja, a esos dioses les gusta ver como todo cae en desesperación? Pensó Ace
- como los animales son criaturas sin deseos terrenales como los de los seres humanos, bendijeron algunos de ellos. Pequeños polluelos comenzaron a nacer en llamas, los lagartos crecieron hasta poder volar y escupir fuego. Las serpientes se volvieron capaces de envenenar con la mirada… en fin, miles de animales volaron libres por el mundo, en búsqueda de personas dignas de ser sus maestros.
Los niños cuchichearon en voz más alta, sabiendo que se refería a los enlaces.
- con ellos, los magos buenos fueron capaces de derrotar a los malos y el mundo volvió a ser un lugar donde se podría vivir. Los animales sagrados siempre estarán ahí, para luchar contra el mal en compañía de sus maestros.
La sala estallo en un pequeño aplauso, los niños demasiado emocionados para poder contenerse.
-entonces usted tiene animales sagrados ¿verdad?
- ¿Cómo son?
Bla, bla, bla.
Como sí una historia tan cursi como esa, pudiera convencer a Ace de que renunciara a su libertad por estar atado a algún animal al servicio del rey.
- verán niños. Los animales míticos como ustedes los conocen- dijo el rey con voz suave, pero profunda haciendo que todos guardaran silencio- son bastante exigentes. No elegirán a cualquiera, y no elegirán al azar. Siempre están examinando el corazón de sus maestros, para no caer en un contrato con alguien que tenga malos deseos.
-¿Por qué están aquí en su reino?
- bueno, eso sucedió cuando eran joven. Pero es una historia que no puedo contar- guiño un ojo a la niña que pregunto- sin embargo yo no los tengo a todos. Solo algunos han decidido seguirme y proteger este reino que tanto amo. Soy demasiado viejo para sostener un enlace con cualquiera de ellos, así que tengo que pasar la antorcha- dijo al final con una sonrisa.
- ¿cómo se dan cuenta de que hay alguien compatible entre nosotros?
-buena pregunta. Mis mejores magos, se encargan de verificar en su sangre la cantidad de magia que tenemos. Luego, sí estamos bendecidos por la magia, se les llevara ante la presencia de cada una de las criaturas bajo mi cuidado. Allí, ellas decidirán si alguno de ustedes es digno de ser su maestro.
-¿y sí alguno lo es? ¿Qué pasa?
-bueno, ellas formaran un enlace con ustedes. Puede ser algo agotador pero no les hará daño a ninguno, se los aseguro.
Todos comentaron emocionados lo mucho que les gustaría ser enlazados con alguno de esos animales.
Estúpidos.
Ace gruño en voz baja, cuando los niños pidieron otra y otra historia, demasiado aburrido para siquiera prestarles atención.
Al final, otro hombre diferente del de bonitos vestidos, vino por ellos.
- bueno chiquillos – dijo el hombre- mi nombre es Satch, comandante de la cuarta división y tengo el deber de llevarlos a cenar.
Todos los niños se levantaron entusiasmados acercándose al hombre.
- su majestad lamentablemente no puede acompañarlos- dijo dando una mirada al rey que parecía que le estaba ordenando al rey no ir con ellos- porque debe descansar pero no se preocupen, que yo los acompañare.
Comenzaron a salir de la sala del trono y Ace sintió una mirada sobre el antes de salir. Trato de darse la vuelta para ver que le estaban mirando, pero los demás niños lo empujaron hacia la salida y no pudo hacerlo.
La cena fue maravillosa, Ace no pudo negarlo. Nunca había visto cosas tan deliciosas en su vida. Todo tipo de carnes, verduras, pan, sopa, jugo. Estuvo agradecido por las pocas lecciones de modales que recibió de Makino, evitando llamar la atención sobre él.
Después de ser alimentados, se les llevo a unas habitaciones llenas de camas para que descansaran, después de todo, al día siguiente serian los exámenes.
Ace no pudo pegar un ojo en toda la noche.
El miedo de ser compatible, demasiado profundo para poder conciliar el sueño.
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Al día siguiente bastante temprano, vinieron por ellos. Los niños se levantaron, perezosos y somnolientos y Ace tenía las ojeras más grandes del mundo, pero lo ocultó un poco con su cabello.
Los llevaron otra vez para un baño rápido, y luego a desayunar.
Una vez que terminaron, los llevaron hacia la parte baja del castillo, cerca de las mazmorras, donde estaban el estudio de los hechiceros y las bestias míticas.
Los niños fueron abordados por los magos que gentilmente los llevaron hacia unas camillas, pidiéndoles que se sentaran ahí.
La mano derecha de Ace fue tomada por uno de ellos y una luz blanca toco al pecoso, cubriéndolo de pies a cabeza.
- examinamos primero las enfermedades, para tratarlas inmediatamente- explico el mago- eres un chico sano, así que no hay problema. Sí la luz no hubiera sido blanca, entonces es que estás enfermo.
Luego de eso era el examen sanguíneo.
No reacciono en absoluto ante el pinchazo en el brazo, a diferencia de algunos de los otros niños que lloraron o armaron un berrinche.
Putos. ¿No tenían tantas ganas de ser examinados?
Vio como el hechicero se llevo el frasco con su sangre y luego de calmarse, todos los niños estaban reunidos para ser llevados con los enlaces libres.
- primero dejaremos algo en claro. Hay una línea amarilla en el borde de la sala. No deben pasar de ahí.- el hechicero vestía de verde y tenía el cabello corto y castaño- ya que son enlaces libres, no les gusta que invadan su territorio.
Los niños estuvieron de acuerdo y abrieron la primera habitación.
Había un extraño perro negro de ojos rojos, muy grande.
Los niños se cohibieron pero no huyeron, sabiendo que estaban protegidos por los magos.
El hechicero que los acompañaba anoto unas cosas en la libreta y luego salieron de la habitación y se dirigieron a la siguiente.
Pasaron así, cinco habitaciones, nada sucedía y Ace estaba empezando a tranquilizarse, seguro de que no había sido compatible con ninguno de esos animales extraños y que podría regresar a casa con su familia y hermanos.
Entonces llegaron a la última habitación y el pelo de Ace se erizo, sintiendo la energía de lo que sea que estaba allí dentro.
Se mordió el labio inferior, y la puerta fue abierta.
Allí, dentro del cuarto, en un altar de piedra dorada, estaba el ave más hermosa e intimidante que Ace hubiera tenido la oportunidad de ver jamás.
Sus plumas oscilaban como fuego azul, y una cresta dorada se extendía de su cabeza y flotaba por encima de su cuerpo. Su cola era anillada y dorada, mesclada con plumas azules y el ave levanto la cabeza y les dirigió a los niños una mirada aburrida y tranquila.
El corazón de Ace comenzó a latir con fuerza ante la imagen del fénix.
No.
No, no, no.
Trato de hacerse lo más pequeño que pudiera, deseo ser invisible, convertirse en un sapo o una rana, algo que pudiera evitar eso.
El ave lo estaba mirando desde su altar, con sus ojos aburridos, su mirada estaba sobre él desde el mismo momento en que la levanto.
Ace comenzó a retroceder lentamente hacia la puerta, rezando que nadie hubiera visto que la mirada era para él.
Entonces el pájaro se levantó y el hechicero que se presentó como Haruta, comenzó a anotar cosas en la libreta y a mirar entre todos ellos al causante de tal reacción.
Ace.
El pájaro se bajo del altar y camino lentamente hacia ellos, los niños retrocediendo en el temor y el pecoso paralizado por la mirada.
El pájaro estaba justo en frente de él y lo cubrió con sus alas de fuego. El niño sintió que su fuerza era llamada fuera de su cuerpo, sus ojos se hicieron borrosos y la oscuridad lo reclamo, en medio de ese abrazo en llamas.
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El rey y casi todos sus comandantes estaban reuniéndose en la sala del trono, tratando algunos asuntos cuando sucedió.
Las puertas se abrieron de un portazo y un chico vestido de verde entro corriendo, tropezándose y cayendo en frente del rey que solo resoplo divertido ante la grosera entrada.
- Haruta hija, ¿Qué pasa? ¿Por qué tan apurada?
-p-papá- la chica clamo- lo encontramos
-¿encontraron que?- pregunto Izo-
- el enlace… un enlace para Marco-
Todos en la sala comenzaron a hablar al tiempo, preguntándole cosas distintas y abrumando a la pobre hechicera.
- silencio hijos míos.
Todos los hombres callaron y el rey habló.
- cuéntanos hija, ¿Qué ha pasado en las catacumbas?
-bueno, lleve a los niños a que les hicieran los exámenes y nos fuimos a los cuartos. No paso nada en los cuatro primeros y solo faltaba descartar a Marco.
Ellos sabían que Marco era el último que se mostraba ya que era quien tenía menor probabilidad de enlazar con alguien.
- entonces estaba este niño, bastante gruñón por cierto, haciéndose pequeñito con una mirada de quiero que esta mierda termine rápido…
-Haruta- dijo Satch- estás divagando… otra vez.
- lo siento- se disculpo la hechicera con una sonrisa apenada- bueno, ese niño estaba a punto de salir de la habitación cuando Marco se levanto y lo miro. Los demás niños empezaron a retroceder asustados pero este… Ace se llama, comenzó a caminar hacia Marco con la mirada perdida y nuestro fénix enlazo inmediatamente con él.
-¿así que ahora están…?
- Marco está tejiendo el vínculo ahora mismo. Saque a los demás niños y los deje a solas.
Cuando una criatura mítica está enlazando con su nuevo maestro no se le debe interrumpir. Pueden comportarse severamente violentas ante cualquier intruso, ya que es un ritual muy intimo. Después de todo, están fundiendo sus almas.
- bien hecho hija. Entonces creo que debemos empezar a preparar los arreglos para que el chico se quede con nosotros- el rey reflexiono- y el examen de sangre ¿ha dicho algo sobre su casta de magia?
- le dije a los hechiceros que le dieran prioridad a la sangre del chico para que nos lleguen los informes. Mas o menos en una hora, tendremos un informe de sí pertenece a alguna casta.
- de acuerdo. Por el momento, dejemos que Marco y el niño entren en el vínculo y luego veremos qué hacer.
- sí señor- dijeron todos sus comandantes.
Haruta volvió a salir y a bajar a las catacumbas, donde los hechiceros les explicaban a los niños que era lo que pasaba con Ace en este momento.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Se sentía muy bien.
El día era tan hermoso.
Se despertó en la mañana, pateo a los bandidos para que despertaran y luego el, Sabo y Luffy corrieron al bosque para cazar el desayuno.
- hoy quiero comer cocodrilo…- dijo el más pequeño de ellos con una sonrisa
- sí Luffy- dijo Sabo- ya hemos comido mucho oso esta semana.
- ¿una carrera hasta el rio?- Ace pregunto, sabiendo ya la respuesta.
-sí- gritaron a coro los otros dos y todos comenzaron a competir.
Ace iba adelante. Su fuerza como hermano mayor, le dio la delantera y podía oír a Sabo y a Luffy gritando que los esperara.
Ja, claro que no.
Siguió corriendo, hasta que los sonidos de sus hermanos eran demasiado lejanos y se detuvo, frente al rio brillante y hermoso donde se veían los peces saltar y los cocodrilos nadar bajo el agua.
Se adelanto a sus hermanos, dispuesto a cazar dos cocodrilos antes de que ellos llegaran.
Sin embargo, ni bien entro en el agua hasta las rodillas, esta empezó a tirarlo hacia adentro.
Grito, pateo, intento morder, pero nada.
El agua iba arrastrándolo hacia su interior y pudo ver a Luffy y a Sabo en la orilla del rio, gritándole cosas e intentando sacarlo.
Ayuda…
Tengo miedo…
No quiero morir…
Cuando el agua cubrió su cabeza y pensó que estaba muerto, se encontró flotando en un mar azul. Se puso en posición fetal, desnudo, asustado, solo. Las burbujas que soltaba al respirar subían hasta una inexistente superficie, demasiado lejos del alcance de Ace y se preguntó cómo podía respirar en ese mar.
Cerró los ojos y pronto sintió alguien cerca de él, que lo abrazo y le dio confort. No importaba quien fuera, lo que sea, Ace se aferro a sus brazos con fuerza y sintió una enorme calidez en su pecho.
Se quedaron así mucho tiempo, Ace no sabía cuánto. Cuando al fin se decidió a abrir los ojos vio a un ser extraño que correspondía su mirada con una suave y cálida sonrisa.
Parecía humano, pero a la vez no.
Su rostro era masculino, barbilla fuerte, ojos azules aburridos que lo miraba con un brillo extraño.
Su cabello… no era cabello.
Hebras de pelo rubio se entremezclaban con plumas del mismo color y sus oídos eran largos, como los de los elfos. No tenia manos sí no alas y sus pies terminaban en garras aviares. Una cola anillada se desprendía de su espalda baja, pero por lo demás, su cuerpo era como el de un humano.
- Ace…
-¿c-como sabes quién soy?- se sorprendió saber que no estaba hablando, su mente era quien hablaba por el
- se todo sobre ti… así como tú sabes todo sobre mi.
Eso era mentira. El no sabía nada sobre este hombre pájaro.
Una ráfaga de imágenes lo invadió y se encontró volando en paisajes extranjeros, hablando idiomas extraños los cuales nunca había visto u aprendido. Supo que eran los recuerdos de ese hombre.
-¿Qué quieres…?
- ¿harías un contrato conmigo?
-¿eh?
- voy a conceder tu deseo… cualquier deseo que tengas…
-¿y a cambio?
- a cambio tu concederás mi deseo.
Ace lo pensó. El solo quería salir de ahí. ¿Este sujeto podría sacarlo? Quería salir de ese fango lodoso y volar por el cielo. Sin ataduras. Para encontrar un lugar al cual pertenecer.
-¿Qué deseas?- el hombre dijo, rodeándolo con sus alas en un abrazo cariñoso.
…
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Ace intento abrir los ojos perezosamente.
Solo quería seguir durmiendo un rato más.
Sabía que estaba en el piso pero no le molestaba. No era la primera vez que dormía en el suelo. Sin embargo, también se hallaba calentito y había algo suave sobre él.
Decidido a averiguar de una vez por todas que era eso que lo cubría, el pecoso abrió sus ojos de una vez y se sorprendió con lo que vio.
Era el pájaro de la otra vez.
Estaba sobre él, dormido en su pecho.
Con un salto asustado, el ave que reposaba sobre él se despertó y lo miro tranquila bajando de su pecho.
-¿Qué…?
Esta ave tenía un parecido increíble con el hombre de su sueño. ¿Eran la misma persona…?
Se sentía el mismo, pero a la vez diferente.
Tenía mucha energía, casi podía asegurar que podía trotar desde el castillo hasta su comarca, sin parar, dormir o comer en cuatro días.
Iba a masajear su cara para despejar su mente cuando vio su mano.
En ella, un símbolo extraño como un pentagrama de alquimia, se había tatuado en su piel.
-¿eh?
Es cierto.
El no sabía mucho sobre esto… pero esa ave… esa ave ahora estaba vinculada a él.
Intento ponerse de pie, pero no tenía energías y luego calló, el pájaro inmediatamente correr hacia él y cubrirlo con sus alas.
-vaya, parece que está muy cansado.
Ace levanto los ojos del piso y vio que la hechicera de verde lo estaba mirando.
Trato de decirle que se fuera pero no tenía energías.
- Marco, ¿podrías hacerte a un lado? Debo verificar la fortaleza del vínculo…
El fénix hizo lo que se le dijo y Ace tenía ganas de decirle que se quedara sobre él. No quería que esta chica lo tocara.
Ella se acerco y puso su mano sobre su frente.
-mmm… bastante bueno, aun falta afianzarlo pero es estable… Vista, llévalo a su habitación.
Ace vio como un hombre grande vestido con sombrero de copa y un extraño bigote, entraba y lo tomaba del piso.
El fénix inmediatamente se puso sobre el hombro de este extraño, ni un minuto lejos del niño.
-está muy agotado así que lo mejor es dejarlo dormir más tiempo en un lugar cómodo, voy a informarle a padre.
El otro hombre asintió y Ace fue transportado en los brazos de este hombre musculoso, volviéndose a quedar dormido en el proceso.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-..-.-.-.-.-.-..-.-.
-¿Qué tal ha ido el proceso hija mía?- el rey pregunto a Haruta y a vista una vez que entraron de nuevo en la sala del trono.
- bastante bien, creo yo- la chica se sentó en la alfombra donde los niños se habían sentado antes- solo tiene que afianzar un poco el vinculo, por lo demás, Marco hizo un gran trabajo. Ahora está agotado, pero volverá a sentirse mejor en uno o dos días, cuando pasen los efectos.
-¿y Marco, como está él?- pregunto Izo.
- bueno, parece que está muy metido en esto. No ha querido separarse de su protegido para venir a vernos, por lo que creo que es un vínculo de sentimientos.
El rey asintió en silencio.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Cuando Ace volvió a despertar, estaba de muy mal humor.
Él lo sabía. Sabía que debía haber seguido huyendo de los exámenes hasta que fuera un adulto y ya no se interesaran en el.
Ahora iba a tener… que quedarse…
Ugh.
Se mordió el labio y se tapo la cara con una mano, sintiendo algo caliente recostado contra él.
Miro por el rabillo del ojo solo por comprobación y vio el pavo llameante enroscado en su costado.
Incluso sí esa cosa era la culpable de que ahora estaba atado a este reino, no podía odiarlo.
Estaban unidos.
Podía sentirlo.
Se levanto de la cama hasta quedar sentado y miro fijamente al ave dormida.
Tenía que volver a casa.
