El Fandom de InuYasha y sus personajes no me pertenecen.

Agradecimientos por los reviews a: FiraLili, Nurarihyon Kou Taisho, Onna Bugeisha T, anii anni, Jenny Heidern, Miyuki Kuran Taisho Kirryu, Faby Sama, Selajarg, Minidraculaura, Mariana Gl y Michelle-Taisho14.

Dedicado a: Sery7Seven, por su apoyo constante en todo. Sin ella... no sé qué sería de mí.

Advertencias: ¿OoC?


Recuperándote.

Día 3.

IV


—Salió bien —comentó InuYasha mientras se encontraba recostado en el piso debido al calor que se presentaba.

Clima bipolar, pensó, ayer hacía frío y hoy hace calor.

Al no tener contestación volteó a ver a su hermano que se encontraba junto al ventilador —sí, también tenía calor a pesar de no estar sudando— que estaba atento a la computadora. Quiso pedirle que le prestara atención, después de todo él la estaba haciendo de cupido gratis y ni siquiera escuchaba lo que quería decirle.

Sin embargo se dijo que su hermano debía de estar ocupado.

—¿Mucho trabajo?

Solo recibió un asentimiento, cosa que le hizo saber que su hermano le estaba prestando un poco de atención. Qué amable.

—Fue Kagome la que te convenció de irte a ese lugar —recordó—, pero tú no querías irte. No querías dejarla sola —su mente viajó a aquellos momentos, había sido divertido verlos peleando como niños pequeños diciendo "Sí" o "no".

Sesshōmaru dejó de escribir y lo volteó a ver, él también recordaba esos tiempos.

Lástima que Kagome no.

—Al final te convenció.

Sí, aquello era terriblemente cierto. Además de que antes de irse Kagome fue a verlo al aeropuerto para decirle que lo esperaría esos tres años y que cuándo volviera por ella no dejaría que nunca más se separaran.

Pero, ¿quién le iba a decir a ambos que sus planes no saldrían cómo lo habían planeado?

—¿Te arrepientes?

Aquella pregunta lo había tomado desprevenido. ¿Arrepentirse? Lo había hecho cuándo la vio en su habitación diciéndole que no lo recordaba, lo había hecho cuándo se enteró que estaba con alguien más. Sí, se arrepentía de haberse ido, pero si no lo hubiera hecho nada le garantizaba que Kagome no hubiera sufrido un accidente.

Prefirió no contestar a aquella pregunta y volvió a lo suyo.

InuYasha frunció el ceño, pero lo dejó pasar. Ya estaba acostumbrado a la forma de ser de su hermano. Además, hacía demasiado calor como para pelear en ese momento.

Mejor se iría a bañar por quinta vez en el día.


Había cosas que Izayoi sabía muy bien y una de esas era lo mucho que su hijastro deseaba hacer recordar a Kagome, también sabía que InuYasha le estaba ayudando. Se preguntó si ella podía hacer algo, pero prefirió solamente consultarlo con su hijo menor, para darle así una sorpresa a Kagome y a Sesshōmaru.

InuYasha —aún acostado en el piso— le dijo que lo mejor sería esperar a que fuera de noche e ir a algún lugar fresco o esperar hasta el día de mañana.

La señora Taishō pensó en algo que podría hacer, sin embargo las ideas se le habían esfumado en la misma velocidad en la que habían llegado hace varias horas atrás. Era increíble como el cambio de temperatura lo arruinaba todo.

¿Cómo era qué ambos se habían enamorado en primer lugar? Quiso preguntar, pero prefirió quedarse callada mientras miraba por la ventana recordando que, sin duda alguna, para ella también había sido una sorpresa que ambos salieran. Lo último que recordaba es que ambos habían empezado a trabajar juntos durante unos meses en una cafetería; siempre regresaban juntos debido a la preocupación de la señora Higurashi o a veces Kagome iba a la casa para ir junto a Sesshōmaru al trabajo como "agradecimiento" por haberla llevado a casa.

¿Aquellos momentos a solas habían hecho la diferencia?

—Todo fue de forma espontánea… —dijo y sus ojos brillaron ante el descubrimiento de algo que había sido demasiado obvio—… entonces… —volteó a ver a su hijo acostado todavía en el piso tratando de que el aire acondicionado y el piso frío le refrescaran—…sólo hay que improvisar.

Izayoi sonrió.

—¡InuYasha! —El aludido se puso de pie rápidamente. Su madre sólo ocupaba ese tono de voz cuándo necesitaba algo con urgencia y lo sabía porque desde siempre había sido el único encargado de semejantes tareas—. ¿Por qué no vas a comprar unos helados?

El peliplata hizo mala cara porque hacía demasiado calor y podía ver casi perfectamente como los rayos de sol estaban esperando a hacer de las suyas con las pobres personas como él.

—De acuerdo —respondió a duras penas y cuándo tuvo el dinero entre sus manos y estaba cerca de la puerta, su madre lo detuvo.

—Llévate a Sesshōmaru.

Y, si tenían algo de suerte, se encontrarían a Kagome.


La heladería se encontraba a tres cuadras que a ambos Taishō se le hicieron demasiado largas, pero igualmente no mencionaron absolutamente nada. Cuándo entraron InuYasha dijo que lo mejor era comprar paletas de helado, pero Sesshōmaru dijo que hubiera sido mejor comprar los botes de helado.

El menor dijo que él no caminaría más y decidieron que mejor llevarían las paletas.

En aquel lugar se escuchan algunas risas y conversaciones, Sesshōmaru posó su mirada en las mesas y una en especial le llamó la atención porque se encontraba Kagome con el tal Akashi. Los observó durante varios minutos, cómo reían, hablaban y se compartían los helados. Sintió celos, muchísimos y de nuevo se arrepintió de haberse ido.

Higurashi sintió una mirada sobre ella y volteó para buscar al que los estaba mirando. Se topó con un par de ojos ámbares que la miraban con tristeza y enojo por igual. Se sintió rara al poder reconocer aquellos sentimientos en una pupila. ¿Por qué ella era capaz de leer al mayor de los Taishō con facilidad?

Se encogió de hombros sin que Akashi se diera cuenta, ya que se había levantado para contestar una llamada de parte de un familiar. Kagome ya no quiso voltear a ver a Sesshōmaru, no le gustaba ni sentirse observada ni ser la culpable de aquella tristeza reprimida. El helado poco a poco fue perdiendo el sabor dulce y su sonrisa desapareció para darle paso a la culpabilidad.

¿Pero culpabilidad de qué? Se preguntó. Se suponía que ella y el mayor de los Taishō ya no eran absolutamente nada. Se mantuvo en su lugar, esperando de manera impaciente que volviera Akashi para ya no sentirse de esa manera, para que su atención se desviara del peliplata.

El castaño terminó su llamada y volteó a ver a Kagome, dándose cuenta de que ella se mantenía mirando a alguien más. Así que buscó a aquella persona y se topó con aquel chico que Higurashi le había descrito como su novio.

Él se mantuvo quieto en su lugar, analizando la situación. Se preguntó si Kagome se levantaría y lo abrazaría por haber recordado algo, pero esto no sucedió. Ella se mantuvo en su lugar, encogida de hombros y mirándolo. Akashi se preguntó si se habían visto antes, pero decidió que no preguntaría absolutamente nada. Dejaría que las cosas tomaran el rumbo que deberían de tomar.

Pero tampoco él sería un obstáculo. Quería mucho a Kagome desde antes del accidente y si la felicidad de ella era al lado del peliplata, entonces se haría a un lado y dejaría de ser un obstáculo. Pero en esos momentos, en los que ninguno de los dos se acercaba, decidió que permanecería actuando como si no hubiera visto nada, como si el hecho de que Kagome no le prestara atención no le entristecía y cómo si no tuviera dudas sobre lo que iba a pasar.

—Lo siento —se sentó en su silla—, era algo importante. —Se rascó la nuca en señal de nerviosismo—. Kag, ¿quieres más helado?

Higurashi se dio cuenta de que su helado se había vuelto agua.

—N-No, gracias.

—Yo si iré por más —sonrió y se levantó, pero no se topó ni con Sesshōmaru ni con InuYasha.

Ambos ya se habían ido.


InuYasha quiso decir algo, pero se dio cuenta de qué era inútil cuándo al entrar a la casa su hermano se encerró directamente en, el que años atrás, era su cuarto. El menor pudo darse cuenta de que su hermano volvía a encerrarse en sí mismo y no dejaba pasar absolutamente a nadie.

Tres años atrás, la única que podía pasar casi al cien su coraza, era Kagome. Siempre lo obligaba a decirle lo que sentía o simplemente se sentaba al lado de él y lo envolvía en un abrazo; InuYasha nunca olvidaría aquellas escenas.

Quiso decirle algo más a su hermano, pero no encontró palabra alguna. Él había visto a Kagome y a Akashi sonreír como los buenos novios que eran y eso en verdad había sido un grandísimo golpe para su hermano.

¿Acaso Kagome se estaría enamorando de Akashi?

—Fue mala idea —susurró Izayoi mientras se dejaba caer en el sillón con el ventilador al lado.

InuYasha hizo una seña con la mano, restándole importancia a eso y sacó una paleta de la bolsa —por suerte no se habían descongelado— y se lo entregó. Ella formuló una sonrisa y susurró un "gracias".


Cuándo cayó la noche y poco a poco la temperatura se fue volviendo más fresca, Kagome y Akashi descansaban sobre el césped del parque admirando las pocas estrellas que se presentaban. Aquel día era una noche sin luna.

Ambos habían pasado todo el día juntos, después de ir a la heladería fueron al cine y luego a los juegos en un lugar climatizado. Ambos lo habían pasado bien, prueba de eso habían sido las risas y las sonrisas que habían portado en su rostro todo el día.

—Fue sin duda un buen día —comentó el castaño sin despejar su mirada del cielo—. ¿Te divertiste, Kag?

La aludida volteó a verlo.

—Sí, hay que repetirlo.

—¡Concuerdo! —Sonrió aún más y se acercó poco a poco a la pelinegra—. Te quiero.

Kagome se sonrojó, todavía no se acostumbraba al hecho de que Akashi le repitiera en cada ocasión que pudiera que la quería.

—Y-Yo también —desvió su mirada otra vez al cielo, dándose cuenta de que unas nubes poco a poco se apropiaban de él.

Probablemente iba a llover.

Akashi no se alejó de ella, pero si posó una de sus manos en la mejilla femenina e hizo que ella volteara a verlo, sus ojos se encontraron y entonces él se fue acercando poco a poco a ella. Kagome sabía que la iba a besar y no se apartó.

«Eres mía» escuchó. Ella reconoció aquella voz, era la de Sesshōmaru. ¿Acaso eso había pasado? ¿Era un recuerdo? A la reminiscencia le siguió una risa proveniente de ella y las palabras: «tuya».

Cuándo Akashi la besó, no pudo cerrar los ojos, estaba completamente confundida por lo que acababa de escuchar y cuándo sus ojos voltearon a ver a Akashi, pareció ver la cara de Sesshōmaru en él.

Lo apartó.

Él se mostró desconcertado, era la primera vez que Higurashi hacía algo así, pero no preguntó nada al verla encogerse y abrazarse a sí misma. Cómo si se estuviera protegiendo de algo.

Se sentó a su lado sin decir absolutamente nada y esperando paciente que ella se relajara y, tal vez, le diera una explicación. Pero ésta nunca llegó.

—Lo siento.

Akashi le acarició el cabello. —No importa. Vamos, va a llover.

Kagome asintió y se puso de pie. En el trayecto no pudo dejar de acariciar la llave que portaba en su cuello. ¿Y si llegaba y abría aquel diario? Pero la mano de Akashi sobre la suya la sacó de sus pensamientos.

Tal vez lo que ella tenía era miedo de romperle el corazón a aquel chico que sólo había sido buena con ella.

¿Pero acaso eso significaba que prefería romperle el corazón a Sesshōmaru?


Insisto que hace falta una buena música de suspenso xD ¡Akashi! Escóndete, escóndete, te van a golpear o.ó(?). He leído que la mayoría de ustedes odia muchísimo a Akashi pero eso sólo me dice que hice una buena elección al no poner a InuYasha en su lugar. Lo siento, tengo un trauma con los oc u-u por eso poco los ocupo. En fin, espero les haya gustado el capítulo :'D Recuerden que los hago con amor y maldad casi por igual(?) Pero en el siguiente capítulo me van a amar... tal vez.

Hoy no hay anónimos D': me han abandonado... u-u Yo igual les quiero(?)

Saludines:3