CAPITULO TERCERO:
"EL COMIENZO DE LA GUERRA"
- ¿ Y como piensas encontrar a un mazoku?
- Eso es fácil, verdad, Xellos - dijo la chica mirando hacia la puerta de la habitación en la que estaban.
De pronto se formó un torbellino de energía negra de la cual apareció un chico bien parecido con un semblante algo nostálgico.
- Dime Lina, ¿Estas segura?
- Claro.
- Bien, entonces te llevare con mi ama.
- Me gustaría hablar con los tres Dark Lords que quedan.
- Puedo reunirlos, ¿vamos?
- Antes quiero ir a Zefilia, hay algo que debo hacer.
Lina abrió los ojos, había pasado tanto tiempo que se le escocían por las lagrimas secas.
A pesar que no dormía, no se había percatado que hacia mucho rato ya, Xellos se encontraba observándola desde un extremo de la habitación.
- Creo que no deberías haberlo hecho.
- ¿De que hablas? - dijo en tono tranquilo sin deshacer su posición.
- Lina, tu siempre haz sido buena. Quiero decir que tu naturaleza es la de hacer el bien y en tu corazón sabes que esto no es precisamente bueno.
- Xellos... Xellos se que no debí hacerlo, pero ¿Deque otra forma hubiese podido ser? Si yo no los destruyo, ¿quiénes lo harán?
- No digo que no debas luchar por lo que crees, pero quizás si hubieses escogido otra forma de hacerlo. Además hay muchos otros hechiceros y guerreros fuertes y valientes dispuestos a pelear.
- ¿Para que darle mas vueltas al asunto? Ya no puedo revertirlo. Si no te molesta, me gustaría acabar con el entrenamiento. - diciendo esto desapareció seguida de Xellos, ambos reaparecieron en la sala de entrenamiento.
- Si es lo que quieres... comencemos. - Lina asintió - lo único que tienes que hacer es inmovilizarme, con eso bastara. Pero te advierto que no será fácil.
- Eso lo veremos.
La expresión de Xellos se volvió seria, sujetó su báculo con fuerza y esperó; dejaría que Lina hiciera el primer movimiento. Por su parte, Lina se puso en guardia, su mirada denotaba la seguridad y confianza de siempre, pero faltaba algo; quizás era el brillo de sus ojos. Si, eso era, sus ojos aun eran de un rubí intenso, pero ya no despedían la vivacidad de antes y Xellos se había dado cuenta.
Lina no esperó mas y se lanzó al ataque.
Una bola de fuego fue arrojada directo al pecho de Xellos, este se limitó a bloquearla con su báculo.
- Lina, ¿hasta cuando atacaras siempre de la misma forma?- cuando el humo de la explosión se disipó, Xellos no vio a Lina.
Buscó en todas direcciones, pero no apareció. Entonces trato de sentir su aura, mas lo único que pudo sentir fue una lluvia de bolas de fuego a su alrededor, y de Lina, ni sus luces.
- ¿Es lo mejor que puedes hacer?
- No - la voz de la pelirroja vino desde arriba, Xellos no se lo esperaba. - También puedo hacer esto. - Lina sacó una daga y la puso en la garganta de Xellos.
- Bien, debo admitir que me tomaste por sorpresa. Sinceramente esperaba que te costara un poco mas.
- Entonces...
- Entonces, nada. Aun no me haz derrotado. - con estas palabras, Xellos desapareció para reaparecer a un par de metros de Lina. - te dije que o seria tan fácil.
- ¡¡Es suficiente!!
- Dynast - murmuraron ambos. Ante la voz de su amo, Lina se inclinó haciendo una reverencia a modo de saludo, Dynast sonrió para si mismo.
- "¡¡Diablos!! Ni siquiera lo pensé, es como si su sola presencia me obligara a obedecerlo"
- "Así es mi pequeña Lina, es una de las consecuencias. - Dynast pareció adivinar lo que pasaba por la mente de Lina. - Si fueses un demonio por naturaleza, no tendrías la obligación de seguir mis ordenes, pero ahora dependes totalmente de mi. Jejejeje" Es suficiente, no necesito ver mas. Ahora entiendo como pudiste vencer a Phibrizo. Pero no he venido a hablar de eso. He recibido un informe de que los dragones han rodeado Sailune, una de las ciudades mas importantes de los seres humanos, junto a Dolphin y Zelas hemos decidido aminorar sus fuerzas apoyando a los humanos que deseen luchar.
El horror se apoderó del rostro de Lina, en su mente estaba la imagen de Naga, que a pesar de sus diferencias eran amigas. Y en ese momento era la única que le quedaba. Dynast le miraba fijamente y como leyendo la expresión de su rostro dijo...
- Lina, quiero que tu y Xellos vayan y dirijan a quienes luchen en contra de los dioses.
- Si. - ambos asintieron y acto seguido desaparecieron.
- Mi querida Lina, solo es cuestión de tiempo para que mis objetivos se cumplan, y con tu ayuda será mucho mas fácil. - con estas palabras Dynast también abandonó el lugar.
Tanto Xellos como Lina aparecieron sobre la ciudad de Sailune y pudieron verificar de inmediato la información que les habían dado, ya que uno de las entradas a la ciudad estaba casi totalmente destruida. Ambos se encaminaron en esa dirección lo mas rápido que pudieron pensando que ya no habría mucha resistencia para los dragones, al llegar vieron su error.
El ejercito de Sailune compuesto tanto de hechiceros como de espadachines luchaban fervientemente, a ellos se les sumaba una gran cantidad de mercenarios e incluso algunos bandidos de la zona. Todos tenían un solo objetivo, destruir a los dragones.
Desafortunadamente, ninguno de ellos era lo suficientemente poderoso para enfrentarse solo a un dragón, como consecuencia de esto por cada dragón había mínimo unos veinte guerreros tratando de derrotarlo. Y para peor, dragones había por lo menos, unos cincuenta, y de los pobres humanos que luchaban con suerte doblaban su numero, eso incluyendo a todos los que estaban heridos de gravedad o muertos.
Los dos mazokus se situaron sobre algunas ruinas de lo que fuera una de las murallas de la entrada principal al reino de Sailune. Al principio nadie notó su presencia, pero Xellos se encargó de ello invocando el mismo hechizo con el cual había destruido a cientos de dragones de una sola vez, aunque en esta ocasión solo se concentró en uno. El dragón hizo explosión esparciendo restos de sus entrañas sobre todos los que estaban cerca de él. Los soldados que se enfrentaban a ese dragón se giraron en dirección a los recién llegados y se pusieron en guardia al reconocer a Xellos como el sacerdote de Zelas Metallium, sin embargo cuando se fijaron en Lina se relajaron un poco. Si antes era conocida, ahora ya tenia fama mundial, y todo gracias a los sobrevivientes de la ciudad de Zefilia, que relataban con orgullo a todo el que pasaba por las ruinas de la ciudad; que estaban vivos gracias a la hechicera Lina Inverse y a la afortunada intervención de la nueva y legitima reina de Sailune, Naga, la Serpiente Blanca. A pesar que había aceptado su responsabilidad como sucesora del trono, no había querido cambiar su nombre.
- ¿ Eres Lina Inverse? - Lina asintió, aunque sabia que esa Lina ya había muerto, que ahora no era mas que una demonio al servicio del señor de los hielos. - Gracias a L-sama!! Por favor, venga con nosotros, nuestra reina desea hablar con usted.
- ¿Su reina? Se refieren a Naga? - el soldado asintió. - ¿Donde esta? ¿Por qué no esta luchando junto a ustedes?
- Fue herida hace un rato, nada grave, pero necesita descansar un momento antes de volver a la batalla.
- Bien, llévanos con ella. - el guardia miró con algo de desconfianza al demonio, pero se limitó a asentir.
- Síganme.
Cuando los demonios llegaron junto Naga, esta estaba terminando de alistarse para la batalla.
- ¡¡Lina!! que gusto que estés bien!
- Lo mismo digo - la pelirroja le brindó una sincera sonrisa.
- Al parecer no tuviste existo con lo que intentabas.
- Te equivocas. Todo lo contrario, ahora soy un mazoku, general de Dynast Grauscherra, para ser exacta.
- ¡¡¿QUÉ??!! Pero no pareces diferente.
- Aparentemente soy la misma, pero mi fuerza ha aumentado considerablemente.
- Al menos tu uniforme no esta tan mal.
- Que dices. Si me queda genial. - Lina se echó un vistazo. Objetivamente la vestimenta no era muy diferente a lo que ella vestía siempre: el color de la camisa y los pantalones había cambiado, la primera era azul oscuro, mientras que los segundos eran de un azul tan intenso que mas parecía negro. La capa, también azul, aunque de un tono bastante mas claro que la ropa, iba sujeta por un broche con las iniciales de su amo. El cambio mas notorio era que las enormes hombreras habían desaparecido completamente. Un cinturón sujetaba la única arma que portaba la hechicera, una daga, muy similar a la de antes, solo que ahora era un poco mas larga y además era mas fácil usar para guiar hechizos. Tanto las botas como los guantes seguían siendo blancos, como siempre.
- Mira, no importa que ropa lleves, yo siempre tendré mejor figura que.... - una explosión, seguida de la abrupta entrada de uno de los soldados.
- Su majestad, ha llegado el caballero de Ciphied!!!
- ¡¡¿¿Cómo??!! Pero ahora no podremos....
- Naga, escúchame, vinimos aquí para ofrecer nuestra ayuda. ¿Harías un pacto con los mazokus?
- Pero... ¿como confiar en ellos, como estar segura que no me traicionaran.?
- Yo me encargare de que se cumpla el trato que hagamos. No te preocupes por eso.
- Y que ganan ellos.
- Por ahora nuestro único interés es destruir a los dioses y dragones lo mas pronto posible.
- ¿Por ahora? Y después que.?
- Supongo que luego les tocara enfrentarse a nosotros, pero como ya te dije, el único objetivo ahora es destruir a los ryozokus. Puedes negarte si lo deseas, pero no podrán solos contra Luna. - Naga meditó un momento.
- De acuerdo. - la neo reina le tendió la mano a Lina para sellar el pacto. La pelirroja la estrechó con fuerza y luego se giró hacia Xellos.
- No hay mas que hablar. Naga reúne a tus tropas, nos encargaremos de distribuirlos para obtener mejores resultados. Xellos trae a cuanto demonio menor encuentres y organízalos junto a los soldados de Naga. Yo me haré cargo de Luna.
La mirada de la pelirroja mostraba ahora su nueva naturaleza. Sus ojos se habían tornado rojo grisáceo y reducido hasta tal punto que no había lugar para el brillo. Puños y dientes apretados a mas no poder. Una especie de aura rojiza la envolvió y antes que Xellos o Naga pudiesen decir algo, se desvaneció en el aire.
Luna se deshacía de los sus oponentes sin blandir mas que su lanza. Realmente no era rivales para ella. Se giró para ver el montón de cuerpos que yacían a sus espaldas.
Lina apareció detrás de Luna, a unos cuantos metros de distancia. El caballero de Ciphied no había notado su presencia, pero lo solucionó ordenándole a los soldados que aun quedaban en condiciones que fueran a recibir las nuevas ordenes.
Luna al escuchar la voz de su hermana se sorprendió y al mismo tiempo le dio gusto que aun siguiera con vida, pero ese ultimo sentimiento se transformó en dolor, un dolor tan puro como el agua que baja por las montañas.
- ¿Qué haces aquí? - su voz estaba llena de tristeza.
- Lo que haga o deje de ser ya no es de tu incumbencia, Luna.
- Aun soy tu hermana, y tienes mi sangre, Lina Inverse.
- Nunca haz estado mas equivocada, "Hermanita" ya no soy ni tu hermana, ni Lina Inverse.
- No comprendo. - el rostro de Luna reflejó temor e incredulidad - ¿acaso tu....? - Lina no respondió, se limitó a mirarla fijamente con rabia, con ira en sus ojos.
- Déjame presentarme formalmente ante ti, caballero de Ciphied. - a Lina no le hacia gracia estar gritando a los cuatro vientos lo que era ahora, un sucio demonio. Pero si con eso podía destruir a la traidora de su hermana, su orgullo y los sentimiento que pudiese tener acerca de su nueva condición, poco importaban. - Mi nombre es Lina Grauscherra, general de Dynast Grauscherra, señor de los hielos eternos. - Luna no lo podía creer, su hermana ahora era un demonio. Pero una parte de Luna se alegraba, ahora ya no tenia que luchar en su contra, ya no era un humano.
- No puedo creer que hayas cometido un error tan grande. ¡¡¿¿Por qué lo hiciste???!!! ¿¿Por qué??!! - los ojos de Luna estaban humedecidos por las lagrimas que se negaban a caer.
- ¿Y todavía preguntas? - la vos de Lina era cansada, resignada; aunque su mirada llena de odio aun no había desaparecido.
- No peleare contra ti.
- ¿Qué? ¿ahora te remuerde la conciencia el haber matado a mis amigos? Es un poco tarde para eso.
- No es eso. Ya no eres un ser humano, así que ya no tengo por que acabar contigo.
- Ah, que bueno escuchar eso. Tal vez a si me sea mas fácil destruirte. - el rostro de Lina se desquició, lo único que había en su mente era vengar a Gourry y a los demás. Y el poco amor, cariño y respeto hacia Luna que pudiesen haber quedado estaban siendo comprimidos fácilmente por su parte mazoku, eso al igual que el remordimiento de lastimar a la persona que le había enseñado lo que sabia.
Nota de mi para ustedes: les gusta?? Vamos, díganme que les parece el fic, va quedando bien? no? Plis!!
Sugerencias, criticas constructivas, reservas mentales, etc a Rinita_Inverse@yahoo.com
PD: También pueden dejarme un review, o las dos cosas, no me molestaria ^______^.
"EL COMIENZO DE LA GUERRA"
- ¿ Y como piensas encontrar a un mazoku?
- Eso es fácil, verdad, Xellos - dijo la chica mirando hacia la puerta de la habitación en la que estaban.
De pronto se formó un torbellino de energía negra de la cual apareció un chico bien parecido con un semblante algo nostálgico.
- Dime Lina, ¿Estas segura?
- Claro.
- Bien, entonces te llevare con mi ama.
- Me gustaría hablar con los tres Dark Lords que quedan.
- Puedo reunirlos, ¿vamos?
- Antes quiero ir a Zefilia, hay algo que debo hacer.
Lina abrió los ojos, había pasado tanto tiempo que se le escocían por las lagrimas secas.
A pesar que no dormía, no se había percatado que hacia mucho rato ya, Xellos se encontraba observándola desde un extremo de la habitación.
- Creo que no deberías haberlo hecho.
- ¿De que hablas? - dijo en tono tranquilo sin deshacer su posición.
- Lina, tu siempre haz sido buena. Quiero decir que tu naturaleza es la de hacer el bien y en tu corazón sabes que esto no es precisamente bueno.
- Xellos... Xellos se que no debí hacerlo, pero ¿Deque otra forma hubiese podido ser? Si yo no los destruyo, ¿quiénes lo harán?
- No digo que no debas luchar por lo que crees, pero quizás si hubieses escogido otra forma de hacerlo. Además hay muchos otros hechiceros y guerreros fuertes y valientes dispuestos a pelear.
- ¿Para que darle mas vueltas al asunto? Ya no puedo revertirlo. Si no te molesta, me gustaría acabar con el entrenamiento. - diciendo esto desapareció seguida de Xellos, ambos reaparecieron en la sala de entrenamiento.
- Si es lo que quieres... comencemos. - Lina asintió - lo único que tienes que hacer es inmovilizarme, con eso bastara. Pero te advierto que no será fácil.
- Eso lo veremos.
La expresión de Xellos se volvió seria, sujetó su báculo con fuerza y esperó; dejaría que Lina hiciera el primer movimiento. Por su parte, Lina se puso en guardia, su mirada denotaba la seguridad y confianza de siempre, pero faltaba algo; quizás era el brillo de sus ojos. Si, eso era, sus ojos aun eran de un rubí intenso, pero ya no despedían la vivacidad de antes y Xellos se había dado cuenta.
Lina no esperó mas y se lanzó al ataque.
Una bola de fuego fue arrojada directo al pecho de Xellos, este se limitó a bloquearla con su báculo.
- Lina, ¿hasta cuando atacaras siempre de la misma forma?- cuando el humo de la explosión se disipó, Xellos no vio a Lina.
Buscó en todas direcciones, pero no apareció. Entonces trato de sentir su aura, mas lo único que pudo sentir fue una lluvia de bolas de fuego a su alrededor, y de Lina, ni sus luces.
- ¿Es lo mejor que puedes hacer?
- No - la voz de la pelirroja vino desde arriba, Xellos no se lo esperaba. - También puedo hacer esto. - Lina sacó una daga y la puso en la garganta de Xellos.
- Bien, debo admitir que me tomaste por sorpresa. Sinceramente esperaba que te costara un poco mas.
- Entonces...
- Entonces, nada. Aun no me haz derrotado. - con estas palabras, Xellos desapareció para reaparecer a un par de metros de Lina. - te dije que o seria tan fácil.
- ¡¡Es suficiente!!
- Dynast - murmuraron ambos. Ante la voz de su amo, Lina se inclinó haciendo una reverencia a modo de saludo, Dynast sonrió para si mismo.
- "¡¡Diablos!! Ni siquiera lo pensé, es como si su sola presencia me obligara a obedecerlo"
- "Así es mi pequeña Lina, es una de las consecuencias. - Dynast pareció adivinar lo que pasaba por la mente de Lina. - Si fueses un demonio por naturaleza, no tendrías la obligación de seguir mis ordenes, pero ahora dependes totalmente de mi. Jejejeje" Es suficiente, no necesito ver mas. Ahora entiendo como pudiste vencer a Phibrizo. Pero no he venido a hablar de eso. He recibido un informe de que los dragones han rodeado Sailune, una de las ciudades mas importantes de los seres humanos, junto a Dolphin y Zelas hemos decidido aminorar sus fuerzas apoyando a los humanos que deseen luchar.
El horror se apoderó del rostro de Lina, en su mente estaba la imagen de Naga, que a pesar de sus diferencias eran amigas. Y en ese momento era la única que le quedaba. Dynast le miraba fijamente y como leyendo la expresión de su rostro dijo...
- Lina, quiero que tu y Xellos vayan y dirijan a quienes luchen en contra de los dioses.
- Si. - ambos asintieron y acto seguido desaparecieron.
- Mi querida Lina, solo es cuestión de tiempo para que mis objetivos se cumplan, y con tu ayuda será mucho mas fácil. - con estas palabras Dynast también abandonó el lugar.
Tanto Xellos como Lina aparecieron sobre la ciudad de Sailune y pudieron verificar de inmediato la información que les habían dado, ya que uno de las entradas a la ciudad estaba casi totalmente destruida. Ambos se encaminaron en esa dirección lo mas rápido que pudieron pensando que ya no habría mucha resistencia para los dragones, al llegar vieron su error.
El ejercito de Sailune compuesto tanto de hechiceros como de espadachines luchaban fervientemente, a ellos se les sumaba una gran cantidad de mercenarios e incluso algunos bandidos de la zona. Todos tenían un solo objetivo, destruir a los dragones.
Desafortunadamente, ninguno de ellos era lo suficientemente poderoso para enfrentarse solo a un dragón, como consecuencia de esto por cada dragón había mínimo unos veinte guerreros tratando de derrotarlo. Y para peor, dragones había por lo menos, unos cincuenta, y de los pobres humanos que luchaban con suerte doblaban su numero, eso incluyendo a todos los que estaban heridos de gravedad o muertos.
Los dos mazokus se situaron sobre algunas ruinas de lo que fuera una de las murallas de la entrada principal al reino de Sailune. Al principio nadie notó su presencia, pero Xellos se encargó de ello invocando el mismo hechizo con el cual había destruido a cientos de dragones de una sola vez, aunque en esta ocasión solo se concentró en uno. El dragón hizo explosión esparciendo restos de sus entrañas sobre todos los que estaban cerca de él. Los soldados que se enfrentaban a ese dragón se giraron en dirección a los recién llegados y se pusieron en guardia al reconocer a Xellos como el sacerdote de Zelas Metallium, sin embargo cuando se fijaron en Lina se relajaron un poco. Si antes era conocida, ahora ya tenia fama mundial, y todo gracias a los sobrevivientes de la ciudad de Zefilia, que relataban con orgullo a todo el que pasaba por las ruinas de la ciudad; que estaban vivos gracias a la hechicera Lina Inverse y a la afortunada intervención de la nueva y legitima reina de Sailune, Naga, la Serpiente Blanca. A pesar que había aceptado su responsabilidad como sucesora del trono, no había querido cambiar su nombre.
- ¿ Eres Lina Inverse? - Lina asintió, aunque sabia que esa Lina ya había muerto, que ahora no era mas que una demonio al servicio del señor de los hielos. - Gracias a L-sama!! Por favor, venga con nosotros, nuestra reina desea hablar con usted.
- ¿Su reina? Se refieren a Naga? - el soldado asintió. - ¿Donde esta? ¿Por qué no esta luchando junto a ustedes?
- Fue herida hace un rato, nada grave, pero necesita descansar un momento antes de volver a la batalla.
- Bien, llévanos con ella. - el guardia miró con algo de desconfianza al demonio, pero se limitó a asentir.
- Síganme.
Cuando los demonios llegaron junto Naga, esta estaba terminando de alistarse para la batalla.
- ¡¡Lina!! que gusto que estés bien!
- Lo mismo digo - la pelirroja le brindó una sincera sonrisa.
- Al parecer no tuviste existo con lo que intentabas.
- Te equivocas. Todo lo contrario, ahora soy un mazoku, general de Dynast Grauscherra, para ser exacta.
- ¡¡¿QUÉ??!! Pero no pareces diferente.
- Aparentemente soy la misma, pero mi fuerza ha aumentado considerablemente.
- Al menos tu uniforme no esta tan mal.
- Que dices. Si me queda genial. - Lina se echó un vistazo. Objetivamente la vestimenta no era muy diferente a lo que ella vestía siempre: el color de la camisa y los pantalones había cambiado, la primera era azul oscuro, mientras que los segundos eran de un azul tan intenso que mas parecía negro. La capa, también azul, aunque de un tono bastante mas claro que la ropa, iba sujeta por un broche con las iniciales de su amo. El cambio mas notorio era que las enormes hombreras habían desaparecido completamente. Un cinturón sujetaba la única arma que portaba la hechicera, una daga, muy similar a la de antes, solo que ahora era un poco mas larga y además era mas fácil usar para guiar hechizos. Tanto las botas como los guantes seguían siendo blancos, como siempre.
- Mira, no importa que ropa lleves, yo siempre tendré mejor figura que.... - una explosión, seguida de la abrupta entrada de uno de los soldados.
- Su majestad, ha llegado el caballero de Ciphied!!!
- ¡¡¿¿Cómo??!! Pero ahora no podremos....
- Naga, escúchame, vinimos aquí para ofrecer nuestra ayuda. ¿Harías un pacto con los mazokus?
- Pero... ¿como confiar en ellos, como estar segura que no me traicionaran.?
- Yo me encargare de que se cumpla el trato que hagamos. No te preocupes por eso.
- Y que ganan ellos.
- Por ahora nuestro único interés es destruir a los dioses y dragones lo mas pronto posible.
- ¿Por ahora? Y después que.?
- Supongo que luego les tocara enfrentarse a nosotros, pero como ya te dije, el único objetivo ahora es destruir a los ryozokus. Puedes negarte si lo deseas, pero no podrán solos contra Luna. - Naga meditó un momento.
- De acuerdo. - la neo reina le tendió la mano a Lina para sellar el pacto. La pelirroja la estrechó con fuerza y luego se giró hacia Xellos.
- No hay mas que hablar. Naga reúne a tus tropas, nos encargaremos de distribuirlos para obtener mejores resultados. Xellos trae a cuanto demonio menor encuentres y organízalos junto a los soldados de Naga. Yo me haré cargo de Luna.
La mirada de la pelirroja mostraba ahora su nueva naturaleza. Sus ojos se habían tornado rojo grisáceo y reducido hasta tal punto que no había lugar para el brillo. Puños y dientes apretados a mas no poder. Una especie de aura rojiza la envolvió y antes que Xellos o Naga pudiesen decir algo, se desvaneció en el aire.
Luna se deshacía de los sus oponentes sin blandir mas que su lanza. Realmente no era rivales para ella. Se giró para ver el montón de cuerpos que yacían a sus espaldas.
Lina apareció detrás de Luna, a unos cuantos metros de distancia. El caballero de Ciphied no había notado su presencia, pero lo solucionó ordenándole a los soldados que aun quedaban en condiciones que fueran a recibir las nuevas ordenes.
Luna al escuchar la voz de su hermana se sorprendió y al mismo tiempo le dio gusto que aun siguiera con vida, pero ese ultimo sentimiento se transformó en dolor, un dolor tan puro como el agua que baja por las montañas.
- ¿Qué haces aquí? - su voz estaba llena de tristeza.
- Lo que haga o deje de ser ya no es de tu incumbencia, Luna.
- Aun soy tu hermana, y tienes mi sangre, Lina Inverse.
- Nunca haz estado mas equivocada, "Hermanita" ya no soy ni tu hermana, ni Lina Inverse.
- No comprendo. - el rostro de Luna reflejó temor e incredulidad - ¿acaso tu....? - Lina no respondió, se limitó a mirarla fijamente con rabia, con ira en sus ojos.
- Déjame presentarme formalmente ante ti, caballero de Ciphied. - a Lina no le hacia gracia estar gritando a los cuatro vientos lo que era ahora, un sucio demonio. Pero si con eso podía destruir a la traidora de su hermana, su orgullo y los sentimiento que pudiese tener acerca de su nueva condición, poco importaban. - Mi nombre es Lina Grauscherra, general de Dynast Grauscherra, señor de los hielos eternos. - Luna no lo podía creer, su hermana ahora era un demonio. Pero una parte de Luna se alegraba, ahora ya no tenia que luchar en su contra, ya no era un humano.
- No puedo creer que hayas cometido un error tan grande. ¡¡¿¿Por qué lo hiciste???!!! ¿¿Por qué??!! - los ojos de Luna estaban humedecidos por las lagrimas que se negaban a caer.
- ¿Y todavía preguntas? - la vos de Lina era cansada, resignada; aunque su mirada llena de odio aun no había desaparecido.
- No peleare contra ti.
- ¿Qué? ¿ahora te remuerde la conciencia el haber matado a mis amigos? Es un poco tarde para eso.
- No es eso. Ya no eres un ser humano, así que ya no tengo por que acabar contigo.
- Ah, que bueno escuchar eso. Tal vez a si me sea mas fácil destruirte. - el rostro de Lina se desquició, lo único que había en su mente era vengar a Gourry y a los demás. Y el poco amor, cariño y respeto hacia Luna que pudiesen haber quedado estaban siendo comprimidos fácilmente por su parte mazoku, eso al igual que el remordimiento de lastimar a la persona que le había enseñado lo que sabia.
Nota de mi para ustedes: les gusta?? Vamos, díganme que les parece el fic, va quedando bien? no? Plis!!
Sugerencias, criticas constructivas, reservas mentales, etc a Rinita_Inverse@yahoo.com
PD: También pueden dejarme un review, o las dos cosas, no me molestaria ^______^.
