Para mis lectores (los quieroooo!) :D el capítulo siguiente. H'm... Y como siempre, muuuchas gracias por leer y comentar :)


Increíblemente había pasado el tiempo y habías sobrevivido. Funcionaba eso de esquivar a Rin y pegarse a Rei si llegaba a aparecer. Le estabas tomando cariño, siempre te lograba calmar su actitud enérgica y su confianza. A tu alrededor siempre revoloteaba Nagisa y Mako alternaba entre ustedes y Haru. Así estabas a medias a salvo del chico competitivo de ojos rojos.

Tenías que guardar un secreto que buenas ganas te daba de restregárselo en la cara a Rin: su hermana estaba saliendo con Seijuro, el capitán del Samezuka, y él se iba a volver loco de saberlo. Ya te gustaría verlo.

Aquel día en el club, mientras escuchabas tu canción favorita, en el mundo de los buenos auriculares, estabas organizando tu carpeta después de barrer un poco, sobre una mesa. Estabas de pie, y cuando te sentaste en la silla, viste unas manos sobre el escritorio... y te caíste hacia atrás, con silla y todo, cuando viste la reluciente sonrisa de Rin frente a ti.

-¿Qué diablos...? –apagaste la música y te enfrentaste a él. De pronto, la valentía/enojo disminuyó y notaste (de nuevo) lo pequeña que te sentías al lado de Rin. ¿Adónde estabas tus reacciones bipolares cuando las necesitabas? -¿Qué quieres? ¿No deberías estar entrenando con los otros?

-No hoy. Decidí saltarme, no es que lo necesite, eh? Y como estabas sola, se me ocurrió visitarte...

¿Viste cuando te echan agua fría de golpe? Algo así sentiste. ¿Qué estaba tramando?

-Estoy ocupada. Así que me harías un enorme favor si me privas ahora mismo de tu incomparable presencia, Rin. –ironizaste, haciendo una reverencia-. "Rey de Tiburones".

El otro no hizo caso; con un pie levantó la silla caída y se sentó en el escritorio.

-¡Baja de ahí! Vas a estropear todo.

-Como quieras –se bajó, pero ni bien lo hizo te agarró por las caderas y te sentó en la mesa. Quedaste casi a su altura y con tus mejillas de un tono muy parecido a su cabello.

-Ahora lo estás estropeando tú. Ya no es mi culpa.

Indignada, quisiste bajar, pero puso las manos en tu cintura y se acercó tanto que podías contar las rayitas de sus iris.

-Sabes, ¿de verdad me odias o solo finges?

-P... por supuesto que te odio –nunca se lo habías dicho y cuando lo hiciste sentiste que algo en ti no estaba bien. Ah, ¿y por qué tanta cercanía?

La punta de su nariz rozó la tuya. Dejaste de respirar y se te puso la piel de gallina. Te latía la cabeza, no sabías si era miedo u otra cosa...

-Pues yo no te odio, pequeño pez de lata.

-¿Qué...? -¿y eso? ¡Sus labios estaban en los tuyos! ¿Ese era tu primer beso, con Rin? ¡¿Con Rin!? Estaba siendo tan suave que lamentaste cuando te echaste atrás. Él parecía algo dolido.

-¿Adónde vas? –te envolvió en sus brazos de nadador y te besó una vez más, pero ésta fue distinta. Sentiste algo afilado en tus labios y un sabor raro y caliente. Sangre. ¡Mierda! ¡Ah, dolía! Te había mordido. "Los tiburones huelen la sangre a cientos de kilómetros" pensaste inoportunamente. Trataste de quitártelo de encima, pero Rin te acorraló con su cuerpo, quedaste de espaldas sobre el escritorio y él sobre ti. Hubieras dado un respingo, de haber podido, cuando una mano tibia se filtró bajo tu camisa y se deslizó sobre tu abdomen. Era un toque extrañamente delicado; te hubiera gustado, sino fuera porque te estabas quedando sin aire. Giraste la cabeza, jadeando.

-¡Pa... para! ¡Basta!

Te callaste por los escalofríos que te causaron las manos de Rin en tu espalda. Después de mordisquearte la clavícula, te pasó la lengua a un costado del cuello; gemiste. Aquello había sido muy bueno. Ya no te movías más. Rin sonrió; te besaba suavemente la garganta. Cuando quisiste acordar, tenías la camisa abierta. A pesar de todo, entraste en pánico. Rin tenía una manera de ser un poco... enérgica y aleatoria. No sabías como iba a terminar eso y por el momento no querías averiguarlo. Le agarraste los hombros y gritaste:

-¡Para ahora! ¡Basta, Rin!

Increíble, se detuvo. Con una expresión indescifrable. Te estaba tomando de la cintura y sus largos dedos se movían suavemente. Tardó en soltarte. Él tenía una línea roja en un labio. Ok, ¿¡eso había sido una mordida tuya? ¡Vaya, vaya! Lo pensarías después, ahora solo querías estar sola. Jadeando, te bajaste de la mesa y te sentaste en el piso. Rin estaba silencioso.

-Quiero estar contigo, sabes? –se arrodilló a tu lado. Tú levantaste el puño, definitivamente querías estar sola y le borrarías la sonrisa si fuera necesario.

-¡Lárgate! –tu golpe quedó atrapado en la palma del chico, te dio un beso en la mejilla sospechosamente filoso y se levantó para irse.

Tardaste un rato en reaccionar. Buscaste un espejo en tu mochila. Eras un desastre. Camisa abierta, el pelo revuelto, la expresión exaltada; los labios mordidos, puntos morados en donde se te veía la piel al aire. Iban a pensar cualquier cosa si la veían así. De hecho, bueno, casi era verdad. Inquieta, ordenaste el lugar lo mejor que te lo permitían los nervios y decidiste que era hora de quedarte en tu casa, a salvo de los tiburones.


Pero qué rayos le pasó a Rin? Se volvió un poco loco, quién lo hubiera creído... O.o Creo que solo significa más problemas para ella... Y Haru? Qué pasará con él?