Cuando despertó estaba en una habitación bastante más amplia y con paredes más sobrias y sombrías, había varios muebles (la mayoría de ellos con libros y pergaminos), un escritorio y varios objetos extraños de los cuales no sabía su utilidad (si es que la tenían), ella se encontraba en una cama con sábanas de terciopelo rojas, estaba perfectamente cubierta con ellas y tenía una almohada bastante blanda. No sabía cómo había llegado allí, pero agradecía estar viva después de lo del comedor.
Todo parecía estar en orden, se levantó y se dirigió a la primera puerta que vio en la habitación, giró el picaporte pero la puerta no se abrió, volvió a intentarlo con más fuerza, y otra vez, siguió así hasta tratar de empujar la puerta varias veces con desesperación.
-Si lo que intentáis es hacerte daño, lo estáis haciendo muy bien- Belle se volteó con sorpresa, allí estaba él, aunque ella no sabía cuando ni como había llegado, estaba segura de que no estaba allí antes.
Belle pudo ver al hombre con claridad, no, no era un hombre humano debía recordar que ya no lo era, era algunos centímetro más alto que ella y delgado, su cabello carmesí le caía sobre los hombros como sangre, su piel era completamente pálida haciendo resaltar sus ojos de color granate como pequeños fuegos infernales. Vestía completamente de negro, a excepción de una capa rojo oscuro que caía recta hasta casi tocar el lustrado suelo. Su aspecto era amenazante, Belle tragó saliva al verlo, de él irradiaba una energía maligna, contenida pero retorcida, como si fuese capaz de matarla en ese mismo instante a la menor oportunidad.
-Sombra… tu nombre es Durza ¿cierto?- preguntó Belle en un tono intimidado, claro que lo estaba ante aquella cosa, Durza asintió despreocupadamente- me has dado un susto- continuó tratando de sonar alegre a pesar del escalofrío que le recorría la columna, el Sombra le dirigió una mirada seria sin decir nada- ¿estas bien? Digo, por lo que pasó en el comedor, ¿te…-
-Solo venimos a ver si necesitabais algo, no para responder a vuestras preguntas infantiles- respondió en su tono serio, su voz le parecía bastante ordinaria como para ser el espectro que era.
Luego de eso, el Sombra tomó uno de los libros de la repisa, un volumen grueso pero pequeño con una cubierta verde opaco. Durza sujetó el libro con fuerza mientras se dirigía hacia un pequeño balcón que había al otro lado de la habitación, en el había una mesa, algunas sillas y varios bancos pequeños. A Belle se le hizo extraño ver al Sombra sentarse en una de las sillas y abrir el libro sobre sus piernas, leyendo a la luz de un ¿atardecer?.
-¿Cuánto tiempo a pasado desde el comedor?- preguntó Belle intrigada.
-Dos días, te dormí solo uno pero parece que decidiste descansar hasta hoy- respondió Durza desinteresadamente.
-vaya... Se que puede ser algo molesto en este momento, pero la verdad es que tengo hambre- dijo Belle tras oír los ruidos de su estómago que tenía dos días de ayuno.
-Aquí hay un poco de pan y leche, supusimos que la tendrías. – Belle se acercó, en efecto había una jarra de leche, una taza, un plato de pan caliente y un poco de miel. - ¿Qué? ¿Esperabas que no lo recordáramos? ¿O es qué esperabas pan duro y agua? Mientras el rey no me diga que te lastimemos, procuraremos no hacerlo.- dijo sin prisas, concentrado en el libro que tenía en manos.- o al menos eso juré hace un día.- completó en un tono de molestia.
Belle se sentó y comió en silencio, la leche ya estaba fría pero el pan seguía tibio y la miel deliciosa, trató de no preguntar nada, pero la curiosidad le carcomía.
-¿Qué libro es ese? Nunca lo había visto.- Durza la miró de reojo, y por un momento Belle pensó que no iba a contestar, pero después dijo con voz suave.
-Los Viajes del Rey Palancar.
-Ya veo, ¿y de que trata?- Durza le envió una mirada molesta, sus ojos de color sangre la hacían sentir bastante perturbada y eso sumado a los escalofríos que él le provocaba le hacían difícil hablar calmadamente.
-Para mi ya es bastante tener que seguir las ordenes de Galbatorix todo el tiempo, estas son las únicas horas que me deja tranquilo, y me gustaría que…
-Por favor.- Durza por el momento no parecía tan intimidante que cuando lo vio por primera vez.
-¡Durza! ¡Durza!- dijo una voz a través de la puerta.
-maldición- masculló Durza. Se levantó de su asiento dejando caer el libro aún lado, no pareció importarle, se dirigió a la puerta y antes de estar a medio camino hizo un ademán y la puerta se abrió del todo.- Rager, más vale que tengáis una buena razón para molestarme.
-Durza, el rey solicita la presencia de todos, los altos rangos y tu. Tiene que ver con Drass-insenstar.- dijo el capitán, que se encontraba al otro lado de la puerta con un uniforme negro.
-Bien, vamos.
-Espera, él también quiere que vaya la chica- Durza asintió con la cabeza y luego se dirigió a Belle.
-Vendréis, pero no hables con nadie, si no es el rey, Rager, o nosotros.
Belle se levantó de la silla donde estaba y se acuclilló para recoger el libro, era bastante pesado y sus hojas estaban amarillas por su evidente antigüedad, colocó el libro en la mesa, las runas con las que estaba escrito eran puntiagudas e incomprensibles para ella. Se limpió con las manos el pantalón que aún llevaba puesto y se dirigió hacia ellos, saliendo de la habitación a paso firme, Durza la sostuvo del brazo como lo había hecho la vez anterior.
-No hagáis nada estúpido.- dicho esto salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. A Belle le pareció que el aire en sus pulmones se agotaba cuando todo alrededor de ella desapareció, todo menos Durza y el capitán que se mantenían calmados, ella no pudo evitar alarmarse.
En unos segundos, las cosas comenzaban a aparecer de nuevo ¿o ellos eran los que aparecían? Estaban en la sala del trono una vez más, pero el Rey no estaba en su trono y había varios hombres en la habitación, Belle contó nueve sin incluir a sus dos acompañantes; habían aparecido en medio de una nube de lo que parecía ceniza y los demás voltearon a ver pero después no parecieron interesarse en ellos. Estaba tan alterada que no se dio cuenta de que se había sujetado al brazo de Durza con fuerza, cuando lo notó se soltó de inmediato.
Belle se alejó de Durza, no soportaba estar cerca de él. Por primera vez se interesó en la decoración que tenía aquella habitación, las columnas estaban labradas y en las paredes colgaban diversos cuadros de un realismo tal que ella habría jurado que eran ventanas, de no ser por que se atrevió a tocar una no habría sabido diferenciarlas. Una en especial le llamó la atención, unas montañas que parecían unirse al cielo como grandes gigantes de tiempos pasados, dragones volando tanto arriba como abajo y de colores profundos, se quedó maravillada de la obra.
-Es un fairth de las Beor- dijo una voz muy ronca, ella dio un ligero respingo, era uno de los hombres que se hallaban allí, llevaba ropa oscura y parecía mayor de treinta. -Sabes, es mi cuadro favorito.
Belle no respondió, Durza le había dicho que no hablara con nadie y aunque no confiaba en él sabía que debió de habérselo dicho por un motivo; trató de darse la vuelta e irse, pero el hombre la sujetó por la muñeca y la puso frente a él.
Estaba a punto de hablar cuando una mano pálida sujetó el brazo del hombre. A Belle le dieron escalofríos por todo el cuerpo ante la cercanía del Sombra, de haber podido hubiese huido de allí por que la voz de Durza estaba tensa y parecía nuevamente dispuesto a matar a alguien.
-Suéltala- le dice Durza, serio como siempre. El otro hombre abrió la mano y liberó a Belle.
-Vamos Durza, déjame divertirme un rato con ella…-
-Sé cómo te diviertes, y no voy a dejar que acerques tu retorcida existencia a ella- le interrumpió el Sombra.
-mira quien habla, al menos yo no vendí mi alma, yo no termine como un espectro que lo único que puede hacer es seguir las ordenes que le dan…- Sus palabras se rasgaron en un grito ahogado, Durza apretaba aún más la muñeca del hombre, quien se hincó en el suelo por el dolor y se sujetó ese brazo destrozado con el que aún tenía libre.
Belle puso una mano rápidamente sobre el hombro de Durza por detrás de él, y le habló en una súplica. El contacto con él era frío y al momento de tocarlo pudo "sentir" el odio que emanaba él en ese momento, era mucho más tangible que hace unos día, juraría que eran los espíritus arrastrándose por debajo de su piel; una sensación que no le agradaba en lo absoluto.
-Por favor suéltelo, no me a hecho nada- el Sombra le miró por encima del hombro e hizo una mueca, luego simplemente soltó al hombre que comenzó a jadear y apretó su mano rota contra su cuerpo.
-¡Me has roto la mano!- dijo el hombre entre sus jadeos,
-Te romperé algo más si no te callas- le dijo Durza amenazante mientras se quitaba de encima la mano de Belle, que sintió que era más bien a ella a quien le quitaban un peso de encima. El Sombra ya se iba cuando el hombre volvió a hablar.
-¡Maldito Sombra!- Durza se dio media vuelta y golpeó al hombre en la cara sin ningún aviso. Belle soltó un respingo.
-¡Durza!- se oyó una voz a espaldas de Belle, Durza volteó y su cabello rojo se agitó con el movimiento; Belle no volteó, pero estaba segura de que era el rey. - cura su brazo- le ordenó el Rey, pero levantó una mano para hacer énfasis- Exactamente como estaba.
-Waíse heill- dijo Durza, escupiendo las palabras como una maldición. En unos momentos, la mano roto del hombre comenzó a contorsionarse provocando que este soltara un alarido, los huesos rotos volvieron a su lugar rápidamente. Una vez Durza hubo terminado, el hombre se levantó y se fue aún sosteniendo su mano.
-Belle, ve con el capitán- le dijo el Rey, ella obedeció, dejando a Durza allí, no parecía que fuese a seguirla, tenía la mirada rabiosa y los puños apretados, caminaba en círculos susurrando cosas que Belle no alcanzaba a comprender.
-¿estas bien?- preguntó el capitán. Belle asintió.
-¿Él no va a venir?- preguntó, haciendo un ademán hacia Durza. Rager le respondió en voz baja
-Supongo que vendrá pronto.
-¿qué no el Rey también lo llamó a él?
-Mira, no creo que este de buenas como para hablar ahora mismo, en estas cosas es mejor darle tiempo, no tiene mucha paciencia: ha matado a varias personas que le hicieron perderla. Claro que ya no es tan frecuente.- aclaró esto último tras ver el rostro de espanto de Belle.
Galbatorix alzó la voz, que se escuchaba por toda la habitación sin hacer eco. Habló durante varios minutos sobre política, economía, etc. mientras los demás le entregaban informes de estos temas. Belle no sabía muy bien que estaba haciendo ella allí, no le servía de nada a Galbatorix.
-La situación se está poniendo tensa en mi imperio, incluso nuestras ciudades más cercanas planean levantarse en armas contra nosotros.- dijo el Rey después de oír uno de los informes.- Desde que Surda se independizó, muchos han querido seguir sus pasos, una de esas ciudades traidoras es Drass-insenstar.- continuó el rey en un tono casi despreocupado.
-Ese lugar es muy pequeño como para causarnos problemas- se oyó decir a alguien.
-Sí, pero colinda con Gil'ead, y Marna- dijo otra persona.
-También esta lo suficiente cerca de Yazuac, y Daret. Y no olvidemos que esta a orillas del Bosque Guardián.- el aire de la habitación se tensó un instante.
-Esa es la razón por la que hay que aplastar su patética resistencia, ahora mientras inicia.- concluyó el Rey- no hay que pensarlo mucho, enviaremos a tres de nosotros a acabar con ellos, también ira Durza- dijo esto último alzando aún más la voz para que el Sombra pudiera oírle. Cuando dijo el nombre del Sombra, varios de los presentes se pusieron más tensos de lo que ya estaban.
-¿Qué planea tu Rey?- dijo Belle en voz baja.
-Una de las ciudades planea levantarse en armas, probablemente apoyada por sus vecinos, Galbatorix no tolera la deslealtad.- le contestó el capitán sin mirarla.
Galbatorix nombró a tres personas para ir a aquella extraña ciudad, Belle no reconoció ningún nombre, después despidió a todos y ellos salieron de la Sala del Trono. luego dijo:
-En cuanto a ti, Belle, te habría mandado a llamar antes de esta junta pero me temo que he tenido a Durza ocupado todo el día y no me fío mucho de los demás. Por el momento no hay nada político en lo que me seas útil, y no me gustaría tenerte en calidad de prisionera, puedes recorrer la fortaleza, siempre y cuando no salgas y estés a la vista de Durza.
Belle preferiría estar encerrada en una mazmorra que estar todo el día con el Sombra, y no tardó en decírselo al Rey, quien simplemente hizo un ademán con la mano y le dijo:
-Estés donde estés, él ira contigo a menos claro que yo le ordene que no lo haga. Le he hecho jurar eso en el Idioma Antiguo. Así que si decides pasar el día en la mazmorra él vigilara que no te hagas daño allí.
-¿Así que pone a un monstruo como él a protegerme?
-No, pongo a ese monstruo a custodiarte, vigilarte más que nada.- le respondió el Rey despreocupadamente.
Belle sintió un escalofrío y supo que Durza estaba detrás de ella, sus pisadas no hacían ruido alguno pero su presencia era indudable.
-¿A qué me manda ahora mi Rey?- dijo Durza, su voz era demasiado tranquila como para haberle roto la mano alguien hace unos minutos.
-Belle recorrerá el castillo si lo desea, así que cumple tu juramento para con ella. Aclaro que partirás con los otros tres a Drass-insenstar pasado mañana, al mediodía. Trae al duque de Drass-insenstar- ordenó el Rey en un tono serio, luego de una pausa recalcó- Con Vida.
Dicho esto, Durza hizo una ligera reverencia hacia el Rey y luego se dirigió a Belle.
-¿Adonde?- le dijo secamente.
Se dio cuenta de que el sombra la miraba ahora que estaba a su lado, el pelo de su nuca se erizó y sin querer contuvo el aliento.
-Yo… yo… -el aire le faltaba en sus pulmones- solo quisiera tomar aire.
Durza asintió y la sujetó justo como lo había hecho Rumpelstiltskin el día que lo conoció. La llevó por una salida diferente esta vez, un pasillo recto que no se desviaba ni un centímetro y que pasaba infinidad de puertas y otros corredores. Pasó un minuto antes de que Durza hablara.
-Te llevaré a los jardines del palacio, después tu decidirás a donde quisieras ir.
Belle no detectó ninguna emoción en sus palabras; lo que si notó por primera vez eran las cicatrices que tenía Durza en el rostro, ella diría que eran autoinflingidas, pues tenía un diseño elaborado sobre sus pómulos y a ambos lados de la frente, y por algún motivo el rostro pálido de Durza le resultó un tanto familiar.
-¿Por qué no me dejas sola?- preguntó algo perturbada por la cercanía de Durza.
-El rey no me ha ordenado eso y…
-¿Siempre haces lo que él te ordene?
-Sí- La respuesta la tomó por sorpresa, esperaba herirle el orgullo o algo similar, pero no parecía haberle afectado o si lo hizo no lo demostró. – Hemos llegado
El jardín era hermoso, no tenía techo, y contenía una vegetación variada y colorida, como si el Rey se dedicase a recolectar cada variación de flor y planta, las flores eran hermosas y las hierbas verdes. Todo hubiese sido perfecto si tan solo Durza no hubiese estado allí, su presencia era como una nube negra que se cerniese sobre aquel paraje.
-Puedes quedarte el tiempo que quieras, te vigilare pero no quiero interrumpirte.
-¿Puedo preguntarte algo?
-¿Qué quieres?- le respondió exasperado.
-Sólo quería saber quién eres, además de un Sombra.
-Esos asuntos no te conciernen. Solo quédate aquí y no hagas más preguntas.
Se quedó en el jardín lo más que pudo, evitando la cercanía de Durza, hasta que el sueño vino a ella y se comenzaba a dormir en medio de este, lo último que sintió fue una pesada capa que la arropó y luego se sintió levantada y llevaba adentro, a un lugar más cálido.
Nuevamente en la misma cama, esa cálida y suave cama. Belle se despertó y se estiró aún acostada; se sentía desanimada por su aprisionamiento, analizó su situación que por si sola ya era mala, pero esperaba encontrarle el lado positivo a una situación como esa. No lo hallaba.
Había perdido a su familia, su libertad y a su amado, y sentía que todo aquello era su culpa; si no se hubiese ido con Rumpel no se hubiese enamorado de él, si no se hubiese enamorado de él no lo habría besado, y si no lo hubiese besado no la habría echado… Todo parecía su culpa.
Las lágrimas acudieron a sus ojos y comenzaron a bajar por sus mejillas, comenzó a llorar y sollozar cada vez más fuerte hasta que se escuchó gritando en medio de su mar de lágrimas, se sentía tan triste que no se dio cuenta de cuando Durza entró en la habitación.
-¿Crees poder bajar el sonido de tu llanto? Tus sollozos se escuchan hasta más allá del pasillo- su voz era fría y sin emociones, Belle se dio la vuelta tratando de ignorarlo.- ocupa la almohada para callar tus gritos, para que pueda volver a mis cosas- le dijo esta vez más impaciente, Rumpelstiltskin le había dicho algo muy parecido en su castillo, la coincidencia la hizo sentir más triste y lloró con más fuerza- ¡¿Qué es que intentas hastiarnos?! Vaya lío en que me metió el Rey.
Sintió las cobijas rojas hundirse bajo el peso del Sombra, la sujetó de un hombro y la jaló con cuidado hacia él, ella se sentó sobre la cama acercándose a su pecho, se apretujó contra Durza aún en pleno llanto y él la abrazo, Belle necesitaba un consuelo aunque fuese de una criatura tan inhumana como él.
-Ayer tu me trajiste aquí ¿cierto?-dijo mientras se enjugaba las lágrimas con la mano.
-sí.
-¿porqué? No era parte de tus ordenes.
-no quisiésemos que te congelaras en medio de la hierba ¿o sí?.
Belle recordó la vez en que había llorado en la mazmorra de Rumpel, se le hizo tan extraño que él la tuviese en una mazmorra y solo le diese una almohada como consuelo; y que este Sombra qué parecía no tener sentimientos la había llevado en plena noche hasta una habitación y ahora la abrazara.
-Durza, ¿porqué esto me pasa a mí?- dijo ella mientras se apretaba más contra el pecho frío de el Sombra y el llanto le provocaba un nudo en la garganta.
-Por que eres buena: la mayoría de las desgracias caen sobre las personas buenas.
-¿Alguna vez cayó sobre ti?- preguntó tratando de olvidar sus penas.
-Niña, yo no soy una buena persona.
-Alguna vez debiste serlo. Galbatorix dijo que tomaste las decisiones equivocadas por las razones correctas
-Lo que él dijo, lo dijo por una persona que ya no somos nosotros. No preguntes por eso. -Respondió calmadamente, pero pronto su voz se volvió fría- Te hemos traído algo para desayunar, deja de llorar y come.- Dijo mientras se levantaba y se alejaba, dejando a Belle sentada en la cama, 《¿pero qué pasará por su cabeza?》
El llanto le había pasado pero seguía sintiendo un vacío en el interior. Aunque no estaba muy hambrienta comió un plato de sopa y un trozo de carne asada. Durante todo el rato Durza estuvo parado al lado del balcón, de frente a ellla, pero en realidad no parecía que él le pusiese mucha atención.
-¿por qué le rompiste la mano al hombre?- le preguntó en voz baja después de terminar su comida.
-Me harte, simplemente.- dijo el Sombra sin mirarle.
-¿Qué significa eso?-
-Estuve todo el día de un lado a otro, estaba ya molesto y él fue lo primero que tuve al alcance.
-aparte de mi.- concluyó Belle.
-Aparte de ti, pero como ya sabes me han ordenado que no te haga daño... mucho.- el tono de molestia que usó le hizo pensar que quizá él si desease lastimarla de verdad, bueno después de todo ella lo había apuñalado.
-oye, y tu… ¿Cuál es tu historia?- le dijo después de un silencio prolongado.
-mi pasado solo me concierne a mí, y no respondo las preguntas de cualquiera que me cuestione sobre el.- le respondió el Sombra en su tono serio.
-Creo que eres un amargado- dijo Belle sonriendo, Durza la miró de reojo y su mirada la perforo como si fuese un contacto físico.- vamos, por favor, y yo te cuento la mía.
-¿has terminado de comer?- la paciencia se le estaba agotando
-¿No me vas a responder?
-No.
-Vamos, al fin de cuentas serás la única persona que tendré de compañía aquí.
-Eso no es garantía- le dijo exasperado.
-Al menos dime como fue tu infancia, debiste tener una- el Sombra sujeto con fuerza el libro abierto.
-¡No! ¡Ahora cierra la boca!-
El silencio se hizo y se alargó durante varios minutos, ninguno de los dos se movía. Pasaron más de quince minutos en silencio hasta que Durza le habló a Belle.
-Llevas solo cinco días aquí y me has hecho perder la paciencia dos veces. Aún así hay un favor bastante insignificante que te haré, así que ven.- Le dijo Durza casi entre dientes, luego la tomó del brazo a Belle, quien se retorció un poco por el frío contacto.
-Creo que puedo caminar sola.- le dijo suavemente a Durza.
-Como quieras, pero solo si me sigues.
El camino fue bastante corto, pero nuevamente Belle se sorprendió de lo decorada que estaba la fortaleza. Los pasillos a sus lados pasaban a un ritmo constante mientras avanzaban, Belle siguió al Sombra sin desviarse para no molestarlo.
El lugar al que el Sombra la había llevado era una pequeña habitación que tenía una cúpula invertida en el suelo lustrado, dentro tenía agua.
-Ten, yo esperare afuera. -le dijo el Sombra mientras le entregaba el bulto que había llevado consigo.
Belle asintió y esperó a que el Sombra saliera de la habitación, y desenrolló el bultito, era una toalla de baño, unas botas de cuero, una falda y otras prendas.
《Así que sí piensa en mí》 pensó, divertida.
Se desvistió y entró a la pequeña bañera que estaba a ras de suelo y se bañó a fondo, quería quitarse toda la suciedad que le hubiera quedado del viaje en carreta y de su estancia en la fortaleza. Cuando terminó se secó con la toalla y comenzó a ponerse la ropa.
La falda era de un azul intenso y le llegaba poco más arriba de los tobillos siendo bastante cómoda, también se puso una blusa blanca de manga larga, y un chaleco azul más claro que la falda, la ropa le pareció bastante cómoda y linda y se preguntó si Durza la habría escogido para ella, aunque cuando se paró a pensarlo le pareció que eso sería demasiado raro, lo único que sintió que no quedaba con su vestido fueron las botas de cuero negro que estaban altas.
《Después de todo, ¿qué podría saber él de esto?》 Se dijo a si misma en tono divertido.
Tomó sus cosas y salió de la habitación, las botas sonaban cada vez que ella daba un paso.
《Seguro que quiere mantenerme vigilada》 pensó después de notar el ruido, le gustaba ese sonido rítmico de su propio andar resonando por la estancia.
Abrió la puerta, encontró a Durza leyendo de pie apoyado en la pared del pasillo, cuando ella salió él la volteo a ver, pero sin ningún interés aparente.
-Te queda bien- le dijo, y luego volvió a su lectura.
-Gracias, ¿lo escogiste tu?
-No en realidad. Era de la consorte de Morzan, pero nunca lo uso.
-Ya veo; Siempre cargas ese libro ¿Te gusta leer? ¿Has leído todos los libros de tu habitación?- Belle esperaba no haber tocado algún tema incómodo para Durza, pero él solo cerró su libro y le dijo tranquilamente:
-Sí, nos gusta. Pero no es nuestra habitación, veras era de Morzan.
-¿Quién era Morzan?
-El primer apóstata, se unió a Galbatorix después que yo, para derrocar a los Jinetes (que en ese momento presumían más de lo que ayudaban), a mi parecer era el más prudente de los otros doce que se nos unieron, y el único con buen gusto en la lectura.
-''Derrocar" que forma más poética de decir asesinar.
-Gracias.
Su respuesta era simple y desinteresada, pero quizá eso significaba que a él no le importaba haber asesinado gente. Decidió cambiar el tema.
-¿Crees que haya algo que yo pueda leer? no comprendo la escritura de este mundo.
-Tenemos una biblioteca, puedes ir a ver, pero no estoy seguro; no se que escritura utilicen en tu mundo.
-¿me podrías llevar?
