IV

Por la mañana, Bokuto se levantó muy temprano para planchar su camisa y pantalones. Tenía que ir a la entrevista con el rector de la universidad y debía hacerlo de forma impoluta. Dar una buena imagen era algo vital para que aceptaran su solicitud, y eso pensaba hacer.

Cantaba su propia versión en japonés del OppanGangnam style, directamente relacionado con a zona de del distrito rojo de Tokio.

— Onees super guapos tararaa — cantaba cuando notó la mirada de Yukie que parecía haberse despertado con su canción —. Cantar a primera hora del día...

— Bokuto, no — le cortó la chica abriendo la nevera y dirigiendo su siguiente mirada de tedio al sofá donde Kuroo seguía dormido con la boca abierta y roncaba —. Tengo que ir a trabajar y aguantar a la tediosa de Ame Nagasaki hablar sobre como consigue mejores tratos con los clientes.

Bokuto se calló por un instante y se centró en planchar. Yukie estaba agria desde que había roto con Yachi, y lo peor es que ella no era así en realidad. Terminó con su camisa y la dejó sobre la tabla, para luego acercarse a Yukie por la espalda y apoyar su cabeza en su hombro mientras la rodeaba con los brazos.

— Sé que estás muy triste, pero todo irá bien — dijo sacando de sí mismo un optimismo superior. Ella tomaba zumo de la nevera y todo le vino de un modo completamente desprevenido.

Yukie se apartó de un modo un tanto nervioso y miró a su amigo confusa. Aquel acercamiento no era propio de su amigo y asumió que tal vez él mismo estaba nervioso.

— Eso ha sido muy raro — dijo seca y algo distante, casi asustada.

— Tú eres quien está rara, normalmente te ries con mis canciones versionadas y se las cantas a... bueno se las cantabas a Hitoka — dijo apartando la mirada al darse cuenta de que había metido la pata.

La mano de su amiga se levantó y le dio un golpetazo en el brazo que picó bastante incluso después de que ella apartara su mano del lugar en concreto. Él se frotó el brazo para apaciguar el picor de aquel golpe y la miró algo apenado por la situación.

— Lo siento — dijo ella al darse cuenta de que estaba exagerando. Terminó su zumo y lo dejó sobre la mesa —. Me marcho a trabajar, suerte en tu entrevista.

Yukie se marchó, y después de areglarse y desayunar, Bokuto le dejó las llaves cerca de la puerta a Kuroo para que cerrara al marcharse.

La espera en la antesala al despacho del rector fue eterna. Se puso nervioso al cabo de cinco minutos, se dio cuenta de que tal vez no creían que con su sueldo fuera a poder pagar las mensualidades de la universidad y intentó pensar en qué cosas podría decir para que le admitieran.

Pensó en su proyecto y en qué le diría Akaashi para que se sintiera mejor. Nada funcionó completamente, solo logró calmarse superficialmente. Así que cuando entró en el despachó expresó todo muy rápido y seguro de que el rector le negaría la solicitud.

El rector era un hombre calvo, más bien bajo y con cara de examinarle al detalle. También podría parecer un trabajador cualquiera si se aflojaba la corbata y relajaba el rictus serio, pero no era un rector de universidad de esos que causan temor a cualquiera.

— ¿Tiene recomendaciones? — Preguntó finalmente aquel hombre. Y claro, había olvidado las recomendaciones, con lo cual estaba algo más agobiado después de aquella pregunta.

— Mi jefe me deja solo en la tienda sin ningún problema, y es el típico que no se fía de nadie — dijo a modo de broma para romper el hielo y sentirse menos agobiado —. La verdad es que no he pensado en ello, pero varios de mis amigos han estudiado en esta universidad, podría darle nombres de algunos de ellos. Le podrían decir que soy alguien confiable.

El rector le miró durante unos segundos totalmente serio como si fuera una estupidez lo que acababa de decir. Y es que lo era, y Bokuto lo sabía y temía no querer abrir la boca nunca más para no cagarla de aquel modo, porque había sido un inútil al no pensar en llevar recomendaciones escritas de "adultos" y personas que le respaldaran en aquel tema.

—Dígame los nombres de esas personas, les llamaremos y después hablaré con usted de nuevo sobre su solicitud en dos o tres días.

—¡Muchas gracias rector Hirokawa, no se arrepentirá! — espetó aliviado al darse cuenta de que su propuesta no eran vano. Apuntó los nombres y teléfonos de su jefe, Yukie, Akaashi, Tsukishima, incluso el del entrenador del Fukurodani. Todo para intentar conseguir recomendaciones. Estaba seguro de que esa gente no podía fallarle.

Caminó hasta el trabajo sin retener su euforia por poder continuar con su proyecto. Entró en la tienda cantando y bailando como si suu vida fuera un videoclip, se puso el delantal que le hacían ponerse y se intercambió el puesto con un compañero en la caja de la tienda.

Seguía metido de lleno en aquella sensación cuando todo pareció mejorar por momentos. Kozume Kenma entraba por la puerta jugando con su videoconsola portátil. La pregunta que todos se hacían era ¿cómo podía caminar sin chocarse contra nada? Y Bokuto se lo había preguntado más de una vez, pero su contestación era un encogimiento de hombros indiferente. Sí, en más de una ocasión Kenma llevaba un chichón por haberse chocado contra una farola.

— ¡Buenos días Kenma! — dijo el cajero casi gritando para que le oyera. Su respuesta fue que el otro levantara la cabeza y le mirara. Era un poco triste, pero sabía que si Kenma hablaba probablemente sería bajito y no le oiría.

Observó como el chico, que se había cortado el pelo, pero seguía decolorándolo cada cierto tiempo, caminó hasta las neveras. En aquel punto se pasó dos minutos fijo en la pantalla, hasta acabar el juego y después de pasarse otros dos minutos eligiendo qué iba a comprar, abrió la nevera para sacar un zumo de lychee. Caminó hasta la caja y colocó una bolsa de patatas y el zumo de lychee en la cinta.

— ¿Qué tal el día? ¿No vas a la universidad hoy? — preguntó Bokuto muy rápidamente al tomar sus productos y muy lentamente empezar por pasar el zumo en el lector de códigos de barras.

—Estoy con el proyecto — se limitó a decir —. Tengo mucho tiempo libre, hoy he quedado con Kuroo.

— ¿Vendrás el día del partido en la playa?

Kenma se encogió de hombros.

— Puede.

El chico pagó y después de despedirse pasivamente se marchó dejando a Bokuto mirando hacia la salida. Le gustaba mucho Kenma, y no sabía bien por qué.