Bueno, ya está el capítulo 4! Gracias por los comentarios. Respecto al momento "árbol" jeje… ya sé que es un poco fantasioso de más, pero bueno, con Edward todo es posible! XD

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CAPITULO 4: LAS COSAS CAMBIAN TAN DEPRISA

No me esperaba la visita de Jacob. En parte porque nos habíamos enfadado, y además porque le había hecho prometer a mi padre que no dejaría que nadie me viera. Me daba pena a mi misma, no solo físicamente, ya que había perdido bastantes kilos y parecía que unas enormes y moradísimas ojeras habían decidido quedarse a vivir en mi cara, si no también moralmente. No podía sacarme a Edward de mi cabeza. Cuando dormía, soñaba con él. Y cuando estaba despierta, solo pensaba en él. Solo habían pasado dos semanas, pero parecían una eternidad desde la última vez que nos vimos. Y, como siempre, Edward tenía razón; no debimos habernos acostado juntos, porque sería mucho más difícil superarlo. Pero eso no quería decir que estuviera arrepentida. Había sido mucho más maravilloso de lo que había imaginado.

A pesar de ser verano, hacía frío y llovía a cántaros. Eran las 11 de la mañana, cuando me levanté de la cama y dispuse a darme una ducha caliente para entrar en calor. Estaba destemplada. Me lleve mi viejo radiocasete al baño, y puse un CD que yo misma había grabado con las canciones que me recordaban a Edward. Abrí el grifo, y deje que el vapor inundara el baño mientras me miraba en el espejo y me examinaba. Tenía el pelo alborotado y mi cara parecía la de un esqueleto. Mi piel era todavía más pálida que de costumbre y las ojeras parecía que no tenían remedio. Rápidamente, como escapando de mi propio reflejo, me metí debajo del chorro caliente y me relajé lo que pude. Comencé a tararear la canción que sonaba en ese momento, Lucky Man, de The Verve. No era muy fanática de este tipo de música, pero Edward la puso en su coche el día que fuimos hasta Seattle a pasar un fin de semana. Sonreí recordando ese momento, y recordé las últimas palabras de Edward; "cuando menos te lo esperes, me encontrarás". Sabía que eso no iba a suceder, solo en mis sueños, donde caminaba por una playa solitaria mientras llovía y de pronto alguien me agarraba la mano y me susurraba, "lo ves, tal y como te había prometido; cuando menos te lo esperases", y entonces en ese momento me subía a su espalda y me llevaba muy lejos de Forks, y éramos felices para siempre. Que divinos son los sueños, dónde todo es perfecto, hasta que te despiertas. Mi vida también había sido perfecta, junto a él, como en los mejores sueños. En ese momento volví a mi realidad, y me di cuenta de que lo que empapaba mi cuerpo no era lluvia, era el agua de la ducha, y pude comprobar que llevaba allí un buen rato, ya que tenía las yemas de los dedos totalmente arrugadas. Cerré el grifo y me envolví en la toalla. Esperé unos minutos para secarme, y volví a la habitación. Entré con la mirada perdida en el suelo, pensando en el sueño de la playa, cuando una figura me sobresaltó. Jacob:

"JACOB!!! Qué… qué.. oh mierda! Qué haces aquí?! Te ha dejado entrar Charlie?!" – le pregunté histérica. Me parece que estaba exagerando la situación, pero no era para menos; estaba envuelta en una toalla.

"Bella, tranquilízate" – dijo poniéndose la mano sobre los ojos, tapándolos, -"lo ves? Problema solucionado" .

La verdad es que ese detalle me hizo bastante gracia. Rápidamente, y sin decir una palabra, cogí del armario una camiseta gris vieja y un pantalón vaquero bastante desgastado. Volví al baño y me vestí. Cuando volví, Jacob seguía con los ojos tapados. Yo me reí. Era la primera vez que me reía en mucho tiempo.

"Ya puedes mirar" – le dije mientras le apartaba la mano de la cara. – "y ahora, vas a decirme qué haces aquí? Vienes a decirme que me lo advertiste todo acerca de Edward y a restregarme por la cara que tenias razón?" – le pregunté. Jacob borró la sonrisa de su cara y miro por la ventana. – "erm.. lo siento Jacob, no quería.."

"Bella, mi padre está enfermo" – dijo fríamente y volviendo la cabeza para mirarme. Me subió algo por el estómago.

"Charlie no me ha dicho nada" – le respondí. No sabía muy bien cómo actuar. Siempre se me ha dado mal este tipo de situaciones. Y más aun cuando es alguien tan cercano como Billy.

"Lo sé. Yo le pedí que no te dijera nada. Sabía que lo estabas pasando mal y no quería cargarte con más pena" – me dijo él. Seguía sin saber que decir. Me senté junto a él y le pase el brazo por los hombros. Llevábamos más de 4 meses sin hablarnos, pero en ese momento estaba todo olvidado. Le pregunté que le pasaba a Billy; leucemia, me contestó. Una respuesta escueta pero que no necesita más explicación. Jacob comenzó a llorar y lo abracé muy fuerte. Yo también lloré. Billy estaba muy metido en mi vida, lo conocía desde que había nacido y era el mejor amigo de mi padre, desde que eran casi niños. Estuvimos así un buen rato, hasta que finalmente, Jacob habló:

"Oye, quieres que hablemos de lo de Edward?" – me preguntó. La verdad es que no había hablado de eso con nadie, y estaba deseando desahogarme con alguien, pero no sabía si era el momento adecuado, -"no te preocupes por mí, necesito hablar de otra cosa".

"No creo que haya mucho que decir al respecto. Edward me ha dejado por otra. Ahora puedes decir de él lo que te plazca" – le dije yo. Jacob no sabía la verdad, y tampoco quería contársela. Pero él negó con la cabeza; Alice se lo había contado todo. Cogí aire fuertemente y lo eché despacio. Me contó lo apenada que estaba Alice y toda su familia, incluso Rosalie. También me dijo que Edward se había ido a vivir a Port Angeles, con Lucy. Noté como me ardía la sangre, y Jacob me agarró la mano. Decidí que no quería saber más. Le pedí que no volviera a sacar el tema, y él asintió.

Pasaron los meses, y Jacob y yo comenzamos a salir. No podría explicar cómo sucedió, pero a mí me gustaba considerarlo como un apoyo mutuo. Billy había fallecido hacía poco, y no quería separarse de mí. Y yo… bueno, yo seguía pensando en mi vampiro. Quería a Jacob, pero de otra manera. Me gustaba, sí, pero cada pequeño detalle, cada roce o beso o caricia, lo comparaba con Edward. No podía evitarlo. Aún así, yo tampoco quería separarme de él. Reconozco que era una situación un tanto extraña. Ahora Jacob vivía con nosotros en Forks, y yo comencé a ir al instituto otra vez. No me costó mucho ponerme al día. La gente me miraba con una mezcla de pena y alegría. Es difícil definirlo, pero me daba la impresión de que en el fondo se alegraban de que el perfecto Edward Cullen por fin se diera cuenta de que podía aspirar a algo más adecuado a su nivel que la sosa de Bella Swan. A pesar de volver a clases, seguía con cero ganas de hablar con nadie, excepto con los Cullen. Me sentaba con ellos a la hora del comedor. La verdad es que me lo había pedido Alice, y yo había accedido con la única condición de no hablar de Edward. Y he de decir que todos lo cumplieron a rajatabla. Me resultaba gracioso como Emmet se metía conmigo por estar saliendo con Jacob, o como Alice ojeaba revistas de moda y se entusiasmaba ella sola con todos los modelitos que veía. Jasper me contó que ya iba llevando mejor eso de mezclarse entre los humanos, que cada vez dominaba mucho mejor su sed, algo por lo que me alegre mucho, pues sabía lo que sufría por dentro.

Un día que llegaba tarde a clase, y corría como una loca por el pasillo, ya vacío, me encontré con Rosalie. Para variar, me miró con cara de pocos amigos y me miró de arriba abajo. No sabía muy bien si saludarla y pasar, o simplemente pasar de ella sin ni siquiera saludarla. Pero fue ella la que habló primero:

"Quería hablar contigo, si no te importa" – aun por la amabilidad de sus palabras, su cara seguía teniendo esa expresión de mala leche.

"Erm.. Sí, claro" – le dije, y me hizo ademán para que la siguiera. Nos metimos en el baño, y cerró la puerta. Yo empecé a estar molesta; con el odio que me tenía, quién sabe si quería matarme o torturarme. Se sentó en la encimera del lavabo, y se miró las uñas, -"bueno, que me querías decir?".

"Te alegrará saber que el matrimonio de mi hermano no va nada bien" – me dijo sin más. Un calambre me sacudió el estómago.

"No me alegro, Rosalie" – le respondí. En cierta parte, era cierto. No quería que Edward sufriera, ni que lo pasara mal. Por lo que es Lucy, como si la partía un rayo.

"Venga, Bella. No tienes que hacerte la tonta conmigo. Sé que todavía piensas en él, aunque ahora te gusten más los perros" – quise pegarle un puñetazo en su perfecta cara, pero me rompería la mano y puede que el brazo también, -"quiero ayudarte. Quiero que vuelvas con Edward"

Se me encogió el corazón. Miré incrédula a Rosalie, quién me miraba con una sonrisa entre diabólica y pícara. Por qué me ayudaba? Ella, precisamente?

"Por qué, Rosalie?" – le pregunté desesperada.

"Pues por diversas razones; la primera es ese lobito que vive contigo. No soporto ese olor a chucho que traes al colegio desde que estáis juntos. La segunda es Lucy. Está haciendo de Edward un pelele, y no puedo aceptarlo. Digamos que tiene la sartén agarrada por el mango, y hace con él lo que le place. Sé que se fue de Forks para evitar verte o encontrarse contigo, porque si lo hiciera, necesitaría la fuerza de mil titanes para no volver contigo. " – me dijo poniéndose de pie. Su brillante melena rubia relucía como nunca. Me entregó un sobre blanco, -"ábrelo en casa, y luego llama a Alice. Nos vemos"

Me quedé en el baño un buen rato, pensando. Claro que quería volver con Edward, pero hasta ese momento no me había planteado "buscarlo", si no que esperaba que pasara el tiempo y que él me "encontrara", tal y como había prometido. Y si estaba dispuesta a salir a buscarlo y recuperarlo, lo hacía porque Rosalie me lo pedía, o por propia voluntad?

….

"Qué diablos, cuando de Edward se trata no hay nada que pensarse"

Salí del baño, y me escabullí como pude del instituto. Me metí en la caravana y conduje rápidamente a casa. Llegué a casa y subí corriendo las escaleras hacía mi habitación. Tanto que tropecé con un escalón y me di en la rodilla. Me quité el abrigo y abrí el sobre; un billete de avión con destino a París. Era una broma? Francia? Por un momento pensé que Rosalie se había reído de mí. Cogí el móvil para llamar a Alice, pero no hizo falta marcar el número. Ella ya me estaba llamando:

"Bella, Edward está en París. Y está solo. Ha ido hasta allí para comprarse un piano nuevo, una pieza de colección por la que llevaba mucho tiempo esperando. Escúchame, no le digas a nadie a lo que vas. Esto es cosa mía y de Rose, ni siquiera Carlisle lo sabe. Quiero que cojas ese vuelo, y hagas todo lo posible para traerlo de vuelta. Y contigo. Y cuando eso pase, yo me encargaré de esa Lucy Walsh…" – pude escuchar la risa de Rosalie por detrás. Y dicho eso, colgó el teléfono. Me quedé con la boca abierta, no me dio tiempo a decirle nada.

Volví a mirar el billete; "salida desde Seattle con destino al aeropuerto Charles de Gaulle de Paris. Salida Miércoles 21 de Octubre a las 15:35". Eso era dentro de dos días… Qué les iba a decir a Charlie y a Jacob? Sólo tenía dos días para buscar la excusa perfecta. Podía decirles que me tocó en un concurso, algo bastante increíble gracias a mi mala suerte para todo. Un regalo de los Cullen? Sí, claro… porqué iban a regalarme nada? No me servía. Tampoco tenía familia o amigos en Francia. Vaya, que difícil. Decidí que Alice debía cubrirme las espaldas, así que la llamé:

"Alice, por favor, ayúdame. Tienes que ayudarme con una coartada para Charlie y Jacob. " – soné muy desesperada. Era lo que quería.

"Está bien, Bella. Hoy por la tarde iré hasta tu casa y hablaré con tu padre. Les diremos que nos vamos de viaje de chicas. El típico viaje de chicas, ya sabes, para comprar ropa, mirar escaparates y esas cosas"- me dijo ella divertida. Le encantaban este tipo de cosas.

"Sí, muy "típico" – le respondí irónicamente, -"vale, te espero a eso de las 6. Gracias"

Jacob llegó del instituto sobre las 4 de la tarde. Le había preparado una suculenta comida, pues siempre llegaba hambriento, y además, tenía que hacerle un poco la pelota. Mientras comía, me preguntó por el día que había tenido, y fui metiéndolo en situación. Le dije que Alice tenía algo que decirme y que iba a venir hasta casa para contarlo. Frunció el ceño, pues aunque Alice no le caía del todo mal, no dejaba de ser alguien del clan enemigo de su familia.

Al poco rato de llegar Charlie, Alice llamó a la puerta. Jacob seguía sentado en el sofá y se limitó a saludarla con la mano, mientras tenía la mirada fija en la televisión. Mi padre se alegró mucho de verla, y ambos se dieron un abrazo. A veces pensaba que mi padre estaba enamorado de ella… Los tres nos sentamos en el salón, y yo me preparé para mi mejor actuación; tenía que sorprenderme por el viaje. Y así fue. Jacob me miró fijamente y chasqueó la lengua. Mi padre simplemente dijo que era una buenísima idea, y me dio su permiso. "Prueba superada" , me susurró Alice cuando fui a despedirla a la puerta. Le dí las gracias nuevamente, y subí a la habitación. Allí me esperaba Jacob, ya metido en la cama y dándome la espalda. Me lavé los dientes y me puse el pijama. Con mucho cuidado me metí yo también en la cama y acaricié la ardiente espalda de Jacob, pero él seguía mudo.

"Jacob… estás enfadado?" – le pregunté finalmente. Sabía que lo estaba, pero quería que me dijera los motivos. Aunque me los podía imaginar.

"No, pero no me gusta que te vayas de viaje con una chupasangre. No me fío de ellos" – me dijo dándose la vuelta y mirándome. Puso su mano en mi cintura y con la otra mano me paso el dedo por encima de mi nariz. Sonreí levemente.

"Jake, no tienes porque preocuparte y lo sabes. Sabes de sobra que ellos nunca me harían daño" – le respondí. Y diciendo esto, apagué la pequeña lámpara de la mesilla de noche. Jacob enseguida se pegó más a mí y me besó. Yo le seguía la corriente. Cerré los ojos, y pensé en Edward, y estuvo en mi cabeza todo el rato.

Y hasta aquí el capitulo 4. No desesperéis porque Edward no aparezca en este. Tendréis Edward para rato en el siguiente. A mí no me gusta mucho Jacob, pero creo que debía aparecer en este capítulo para poner un poco en situación ;)