Hola, chicos! Hace tiempo que no actualizo porque no se me ocurría nada para llegar a la idea que tengo planteada principalmente, así que decidí volver a ver FMA Brotherhood para inspirarme y aquí estoy! Nuevamente inspirada!

Aquí habrán unas pequeñas revelaciones, sin mencionar que la relación entre Edward y Elizabeth se fortalecerá un poco en este capítulo!

Capítulo 4: No es tan tarde.

-A-ñ-o-s—A-t-r-á-s-

La abuela Pinako abrió los ojos más de la cuenta ante la sorpresa que, de vuelta del cementerio, se encontrara con los hermanos Elric junto con su nieta en el comedor.

Vaya…— Fue lo único que pudo decir.

¡Hola, abuela!— Exclamó Alphonse con una gran sonrisa. La anciana se limitó a sonreír levemente.

Bienvenidos a casa, mocosos. — Dijo antes de dirigirse a trabajar con un automail pendiente.

Gracias…— Murmuraron ambos en un semblante extrañado. Esperaban algo más… ¿Amable?

—… Winry, ¿qué le pasa?

No lo sé, hace unos días está un poco distanciada. — Mencionó honestamente la rubia.

Edward y Alphonse se miraron entre ellos.

Jueguen o visiten a los otros mientras preparo…— Calló al ver que los hermanos se miraron en silencio hasta sonreír. — ¿Qué?

Visitaremos la tumba de mamá.

Ah, que buena idea. — Les sonrió. — Cuando vuelvan, la tarta ya estará lista. — Aseguró.

Ambos asintieron y salieron de su nuevo hogar. Aunque al Elric mayor aún no se le trataba la pierna de automail, no le importó, pues su hermano estaba caminando con bastón y hacían el camino más largo y agradable.

Sin embargo no podía evitar pensar que algo faltaba.

¿Qué te pasa, hermano?

—… No lo sé. — Contestó honestamente. — Siento que… Es que… Algo falta aquí. O en nosotros, en casa…— Entraron al cementerio.

—… Pues, yo me estuve preguntando qué había pasado con papá. — Edward se giró a verlo con sorpresa. — El comandante Armstrong me dijo que se había ido primero… Me extrañó que no estuviera en casa.

—…— Algo no andaba bien. — "¿Tendrá que ver con la actitud de la abuela?" — No le extrañaría, pues Pinako fue muy buena amiga de Hohenheim. Quizás él se había ido de nuevo. Maldito estúpido…

¿Eh? Hermano, hay una tumba nueva al lado de la tumba de mamá. — La voz de su hermano lo sacó de sus pensamientos.

Alzando la vista, se escuchó a sí mismo y a Alphonse contener el aliento.

"Van Hohenheim"

—…

Ninguno podía decir algo, simplemente nada salía de ellos, ni siquiera el aliento que estaban guardando de la sorpresa.

Alphonse fue el primero en reaccionar y se sentó torpemente en frente de la tumba de sus padres. Edward no fue capaz de ver su expresión.

—… Al menos están juntos.

Esa frase logró que Edward se estremeciera levemente y se largara de allí, sin poder soportar esa vista, dejando a su hermano ahí.

Su padre estaba muerto.

-E-n-d-s-

Abrió los ojos bruscamente y se levantó del sillón. Se había quedado dormido. Se acarició las sienes, tratando de borrar el recuerdo, sin embargo le era imposible.

— ¿Edward? — El rubio se giró, sin embargo no pudo distinguir bien la silueta, se sentía realmente mareada.

— ¿Winry?

—…— Suspiró al cruzarse de brazos. — ¿Qué? ¿No reconoces a tu hija?

Parpadeó un par de veces más para notar que quien realmente estaba en el marco de la puerta era Elizabeth. La había confundido porque era la primera vez que la veía vestida de forma tan femenina. Traía una falda negra y una blusa blanca. No llevaba sus botas, sino unos zapatos simples.

—…— Ocultó su rostro con ambas manos. — Discúlpame, Elizabeth…

—…— Alzó una ceja, un poco extrañada. — ¿Por qué tan suave? ¿Una pesadilla?

Edward no dijo nada, solo se acomodó en el sillón para que su hija se sentara a su lado, quien simplemente obedeció un poco intrigada ante la repentina necesidad de su padre el querer estar acompañado por ella.

— Solo… Malas memorias.

La rubia apartó sus ojos del rostro oculto de su padre, para luego fijarlos en la extraña cicatriz que se veía en su camisa un poco abierta. Cerca de la clavícula, se veía una marca morada. Desde pequeña ella siempre quiso preguntarle, pero nunca tuvo el valor. Y ahora que había crecido, la poca relación que tenía con Edward le hacía entender que no tenía derecho a preguntar. Siempre se extrañó de por qué él nunca se quitaba la camisa cuando solía jugar con ellos en el río, ni siquiera sus pantalones, sabía que él utilizaba un automail, pero no sabía por qué. Además, parecía incómodo el mostrárselo a ella y a Edwin.

Estuvo dos días en la mansión de los Mustang, sinceramente estar cerca de James y de Selim la habían calmado un poco respecto a su desprecio por Edward. Sintió que lo había conocido un poco más pues Roy y Riza se habían animado en contarle un poco de su vida privada.

—… Conocí a los Mustang. — Mencionó.

El ex alquimista quitó sus manos de su rostro para mirarla. Se sorprendió un poco de la revelación, pero de algún modo lo esperaba, después de todo, James era el hijo, era obvio que algún día se animaría a invitar a su hija a su casa…-

Aunque el pensamiento no le agradó para nada.

¿Quién se creía ese mocoso para invitar a SU hija a dónde quisiese? Nunca tuvo nada en contra de él, pero… Por amor a la santa Verdad, desde que se había acercado a su hija, apenas podía tolerar su presencia.

Para Elizabeth era realmente difícil mantener una conversación pacífica con su padre. Joder, de hecho tuvo pensado ignorarlo una vez que volviese a casa, pero las palabras de Selim y de James la habían incitado a hablarle cuando ella había abierto la puerta y lo había visto despertar de un mal sueño.

"Fue un buen oponente, a pesar de que yo no fuese humano… Él supo derrotarme." Escuchó del homúnculo Pride.

"Sé que estás molesta, incluso agregaría que estás herida aunque no lo admitas. Pero… ¿Nunca has pensado que él tuvo razones para alejarse de ti? ¿Y si hubo circunstancias que lo llevaron a ser así contigo?"

Cerró los ojos con fuerza, tratando de borrar las palabras de ambos tontos que eran sus amigos.

Amigos.

—… Selim Bradley es un homúnculo. — Murmuró.

Notó a su padre tensarse de pies a cabeza y apartó sus ojos dorados de ella. La joven tragó saliva y decidió enfrentarlo.

—… Lo conocí cuando fui a Central. Es amigo de James.

—… ¿De James? — Repitió al volver a mirarla. Se calmó un poco cuando vio que su hija no parecía asustada, es más, parecía estar más nerviosa al estar cerca de él. No sabía si avergonzarse por ello y relajarse. —… ¿Cómo sabes que él es…?

— Él mismo lo dijo. Nos contó que hace unos días un hombre le había entregado una piedra filosofal para restaurar su naturaleza.

—…— Le intrigaba el hecho de que Selim volviese a su naturaleza, pero… También estaba sorprendido que su hija siguiera a salvo. Él la hubiese matado para vengarse…

— No parece ser malo. — Pareció leer sus pensamientos. — Estaba preocupado por su madre, está muy enferma. Por eso me quedé un par de días para ayudarlo con James a cuidar de ella. En ese período…— Frenó. ¿Debería?

-E-l—D-í-a—A-n-t-e-r-i-o-r-

Selim estaba arrodillado en frente de la cama de su madre, colocando otro pañuelo húmedo en su frente. Se apoyó pesadamente en el borde de la cama en un semblante miserable. Si no lograba salvar a su madre, ¿qué sería de él?

Elizabeth y James se llevaban las cubetas de agua que habían usado e iban a cambiar el agua una vez más. El pelinegro miró a la rubia que mientras se llenaban las cubetas, ella dibujaba un círculo de transmutación el suelo. Él solo se limitó a sonreír cuando el resultado de su transmutación fue un caballito.

Él se arrodilló a su lado, admirando la 'obra de arte'.

No esperaba algo tan 'tierno' viniendo de ti. — Se burló.

Como respuesta recibió un empujón que lo hizo caer al suelo. Se levantó al verla recoger su 'trabajo' con tristeza.

Sí, tristeza.

Le había sorprendido esa expresión de ella.

—… Cuando tenía 12 años… Mamá estuvo muy enferma.

¿Winry-san? — La rubia asintió.

—… Era una noche de tormenta, Edwin estaba en Rush Valley y no pudo regresar por el mal tiempo. El estúpido de Edward estaba fuera de casa. — Frunció notoriamente el ceño. —… Yo era la única en casa… No sabía qué hacer para que mamá se recuperara. — Admitió. Esa fue una de las veces que recordó estar muy asustada. — Mientras la cuidaba, me pidió que le transmutara esto.

¿Por qué?

—… Porque le recordaba a Edward… Que hizo lo mismo con su madre antes de morir. — Sonrió amargamente. — Cuando me dijo eso, me pareció como si se estuviese despidiendo de mí, así que comencé a llorar como una estúpida. Esa fue la última vez que lloré. — Suspiró. — Esa fue la noche en que decidí nunca parecerme a él.

—… Pues lamento decirte que ustedes son iguales, Liz.

Elizabeth le lanzó una mirada asesina. ¿Acaso la estaba provocando?

—… ¿Qué quieres decir?

Lo que oíste. Son iguales. — Sonrió con burla. — Puedes ser igual a Winry-san por fuera… Pero tú eres como Edward.

—… ¡Eso no es cierto! — Exclamó. No era cierto, ellos eran completamente diferentes. — Yo… No me parezco en nada a él. Yo no hago sufrir a mi madre como él lo hizo… Y…-

Detente, Liz. — La calló seriamente. — Tú eres una Elric Rockbell.

¿Y eso qué? — Apretó los puños. — Prefiero ser parte de los Rockbell, de los Elric no sé nada… Y tampoco desearía saber.

Oh, claro… No quieres saber que tu padre y tu tío fueron héroes de Amestris.

—…— Dejó de fruncir el ceño lentamente. —… ¿Qué?

Es cierto que tu madre sufrió, pero valió la pena. Ella estuvo a salvo de la batalla. Edward solo quiso mantenerla a salvo.

¿Cómo sabes todo eso?

Mi madre y la tuya son muy buenas amigas.

—…

Cuando una persona es importante para ti, prefieres que te odie a que te amase estando muerta, ¿no crees? — Elizabeth estuvo sosteniendo su mirada hasta que abrió los ojos sorprendida ante la posibilidad de los sentimientos de su padre. James pareció saber lo que pensaba. — Y con respecto a que sea frío contigo… Deberías considerar mis palabras. Sé que estás molesta, incluso agregaría que estás herida aunque no lo admitas. Pero… ¿Nunca has pensado que él tuvo razones para alejarse de ti? ¿Y si hubo circunstancias que lo llevaron a ser así contigo?

—…

Edward puede parecer alguien impenetrable. — Ambos dieron un respingo al oír a Selim. Ambos se giraron a verlo. — Sin embargo para aquellos que pueden ver más allá como tú, Elizabeth… Podrán descubrir la verdad.

—…

Dale una oportunidad, Liz…-

¡Cállate! ¡No eres nadie para meterte en mi vida!

James alzó una ceja con indiferencia y se encogió de hombros. De alguna forma, tanto Selim como Elizabeth notaron que esas palabras le habían dolido. Sin embargo la rubia no dijo nada.

—…

De cualquier forma, él sigue siendo tu padre. Si él fuera una mierda contigo, ya te hubiese abandonado, ¿no crees? — Le dijo antes de volver a dirigirse a la habitación en la que estaban.

Selim se quedó mirando el caballito que había quedado olvidado en el suelo. Lo recogió, llamando la atención de la rubia. El chico de ojos oscuros le sonrió.

¿Puedo quedármelo? — La pregunta le sorprendió, pero asintió. — Gracias, Liz. Eres muy linda. — Le agradeció.

La ojiazul quedó petrificada ante la palabra tan suave que había usado para describirla.

-E-n-d-s-

Había vuelto porque al parecer James se había resentido, pero no le importó mucho. Joder, él la había provocado. Fue culpa de él.

—… ¿En ese período? — Repitió confundido Edward. Pues, se había quedado un largo rato en silencio.

—…— Elizabeth reaccionó, borrando el recuerdo. —… Me contaron cosas… Sobre ti. — Ante el silencio que le dirigía el rubio de ojos dorados, decidió continuar. —… Me contaron que estuviste en una batalla. El Día Prometido. — Apartó sus ojos de él. — Salvaste a Amestris, según dijeron. No puedo imaginarte así. — Comentó honestamente.

Y se sorprendió aún más cuando Edward dejó soltar una risa cansada, pero sincera. Se giró a verlo sorprendida.

— Me parece ese día realmente lejano, como si hubiese sido hace siglos. — Dijo al aire. — Al casi muere por mi culpa. Quiso salvarme.

—… Pero el tío Alphonse…— Tragó saliva. Si había algo que le daba terror sobre Edward era saber la verdad de dónde provenían esas cicatrices tan horribles de su cuerpo y el por qué la ausencia de su pierna. — El tío Alphonse no tiene las cicatrices que tú tienes… Ni tiene automail.

Sabía que había tocado una parte sensible de su padre, pudo sentirlo cuando él evadió su mirada, alejándose de ella. Eso le dolió, y le enfureció. No importaba lo que hiciera…

Edward siempre rechazaba su confianza.

—…— Apretó los puños y se puso de pie. —… No volveré a preguntártelo. — Indirectamente se disculpó, aunque no lo pronunciaría. No le daría el gusto. — Me voy a mi habitación.

Ed se dio cuenta de su error, del gran silencio había logrado alejar a su muchachita. Se levantó rápidamente y la siguió. La encontró a punto de subir las escaleras.

— Elizabeth, espera.

La ojiazul se detuvo, pero no quiso encararlo.

—…— Diablos. Estúpido orgullo. —… Lo… Lamento. — Pronunció con dificultad.

— Un lo siento no es suficiente con los años, Edward. — Pronunció con resentimiento.

— Lo sé. — Frunció el ceño. Comprendía muy bien los sentimientos que rodeaban a su niña. — Por eso… Quiero contártelo… Cuando vuelva. — Elizabeth se giró abruptamente para mirarlo sorprendida. —… Tengo que ir a Xing para reunirme con Al, solo será un par de días.

—…

— Te prometo que cuando vuelva, te contaré todo. — Sus ojos no mentían, estaban determinados y decididos. Pero la duda seguía ahí, la menor no sabía qué hacer. ¿Le daría su palabra?

—… Yo… Tengo que pensarlo. — Contestó honestamente. —… De repente… Vienes y quieres volver a ser un padre… No puedo con esto. — Confesó.

— Estoy listo a afrontar mis consecuencias. — Admitió. —… Lo que hice hace años… No es suficiente justificativo, y…— Cerró los ojos con fuerza. — Sé que te perderé cuando lo sepas. — Murmuró, aunque Elizabeth no le escuchó.

—… ¿Qué?

— Solo… Confía en mí.

—…— Se dio la vuelta y siguió su camino hacia su habitación.

Mientras tanto, Winry y Edwin miraban sorprendidos la escena. Estuvieron escuchando toda la conversación, pues era la primera vez que habían notado tanta cercanía entre Edward y Elizabeth.

—… Muy bien, eso fue…

— Inesperado. — Winry sonrió y salió de su escondite, llamando la atención de su marido.

— ¿Estuvieron aquí? Pudieron haberme ayudado a que el ambiente fuera menos tenso. — Se quejó algo avergonzado.

La mecánica solo se limitó a abrazarlo, sorprendiendo tanto a Edward como a su hijo.

— Estoy orgullosa, Ed. — Se rió cuando se separó de él. — Tal vez no sea muy tarde.

Edwin miró a sus padres con sorpresa.

—… ¿Estás segura, mamá?

—…— Le sonrió a su hijo. — Dije tal vez… La única forma de averiguarlo será que hable con ella. — Pausó un poco. — Pero esperaré a que ella me busque para hablar, no la presionaré. Ella tiene mucho que pensar ahora.

El trío dirigió su vista las escaleras donde había desaparecido la menor de los Elric.

—… ¿Le dijiste que te vas de viaje? — Le recordó su hijo.

— Sí.

— Perfecto. — Sonrió. — Oye, mañana no puedo acompañarte a la estación, tengo que partir en la noche. — Se disculpó el menor. Aunque como respuesta recibió un golpe en la cabeza. — ¡Ah, lo siento! ¡Fue muy imprevisto! No es mi culpa que seamos tan famosos en la reparación de automail. — Sonrió con orgullo.

— Puedes estar seguro. — Winry acarició con cariño la cabeza de su hijo mayor. — ¿Estarás bien con esas entregas? ¿No quieres que te acompañe?

— Estaré bien, además… No queremos que Lizy se quede sola en casa.

Edward sonrió con tristeza. Lizy. Así solía llamarla él cuando era una niña, antes nadie la llamaba así, solo él. Ahora que algunos le dicen así, esta respondía molesta que no le dijeran así. No sabía si sentirse triste por ello, o sentirse feliz de que ella quisiera oír ese sobrenombre solamente viniendo de él.

De las escaleras salió volando la llave inglesa de Winry que se estrelló contra la cara de Edwin, haciéndolo caer al suelo. Y desde arriba se escuchó claramente.

— ¡NO ME LLAMES LIZY, PEDAZO DE MIERDA!

— ¡¿QUÉ DEMONIOS TE PASA, MOCOSA MALCRIADA?! — Explotó el mayor para salir corriendo escaleras arriba para comenzar la guerra entre hermanos.

Sus padres solo suspiraron.

o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-o-

Riza abrió con cuidado la habitación maltratada de su hijo. No pudo evitar pensar que tendrían que pagar de nuevo por una reparación. Estaba bien entrenarlo, pero sería mejor buscar un mejor lugar. Su habitación estaba lleno de hoyos de balas, las paredes chamuscadas, incluso su propia cama estaba como basura. Aunque James estaba recostada en ella sin importarle. La rubia inclinó la cabeza, sabía que al pelinegro le pasaba algo. Sonrió cuando hizo el sonido de cargar su arma, logrando asustar a su hijo, quien agarró la almohada para defenderse.

— ¡¿Mamá?! ¡Diablos, me asustaste! — Soltó todo el aire contenido y devolvió la almohada a su lugar. — ¿La cena está lista?

— Casi. Pero vine aquí con otra intención. — Se sentó a su lado. Posó una mano en su hombro. — ¿Qué te sucede, James? No eres el mismo de antes.

—…— Alzó una ceja. — ¿Quieres que me vaya a acostar con otras chicas de nuevo?

Como respuesta recibió una mirada severa mientras apuntaba su fiel arma a la frente de su hijo.

— No quería saber que tenías 'ese tipo de relaciones' con tus antiguas novias…— retiró el arma. — Pero no me refiero a eso. — Lo miró a los ojos. — Tú antes solías ser más abierto, desde que Elizabeth se fue, te has encerrado aquí. Ni siquiera te despediste de ella. — Pausó. — Tuvieron una pelea. — Afirmó.

—… Sí… No… Algo así. — Se encogió de hombros. — La conozco hace unos meses solamente, y su carácter es peligroso, sé que a veces no debo meterme en sus asuntos, pero me intriga mucho… El hecho de que… No lo sé… No me gusta que reprima sus emociones.

—…— Sonrió. — Cuando Edward-kun formó parte de la milicia como Alquimista Estatal, también era así. Aunque con el tiempo comenzó a tenernos más confianza.

—… Entonces de verdad se parecen.

— Claro que se parecen. De tal padre, tal hija. La pasión que tiene Elizabeth por la alquimia…— Cerró los ojos sin borrar su sonrisa. — Pero… ¿A qué viene Elizabeth con tu actitud?

—…— La miró a los ojos para volver a apartarlos de su querida madre. Se encogió de hombros. — No lo sé.

— ¿Llena el vacío del que me hablabas cada vez que terminabas con una de tus chicas? — Alzó una ceja con astucia.

James pestañeó una, dos veces. Luego dirigió sus ojos, que eran iguales a los de su madre, hacia esta misma para buscar alguna respuesta.

—… Elizabeth es… Hermosa, es lista, fuerte y orgullosa. — Susurró. — Ella llegó muy rápido a mí… Pero yo no puedo llegar a ella… No me permite acercarme. — Riza acarició la espalda de su hijo. Puede que no lo pareciera, pero James siempre fue muy profundo de sentimientos, por esa misma razón, no podía alejarse de alguien como la rubia. — Aunque en parte es mi culpa. — Admitió, pues sus métodos de seducción parecían ser veneno para la rubia.

— ¿Estás enamorado de ella?

—…— Más silencio. Riza suspiró.

— Elizabeth está pasando por un momento difícil, ni siquiera ella sabe lo que está cargando en sus hombros. De alguna forma sabe qué algo sucede, pero nadie le ayuda a tener pistas. ¿Comprendes? — Él asintió. — No tiene tiempo para buscarse un novio, ella necesita refutaciones de lo ocurrido hace años.

Ambos miraron la puerta de la habitación al oír una risa tras esta. Apareció Roy Mustang conteniendo una risotada.

— James Mustang Hawkeye… ¡Enamorado! — No lo soportó más y soltó una sonora carcajada. Aunque esta no duró mucho cuando dos disparos pasaron en frente de sus narices. Miró a James a Riza apuntándole con una mirada asesina. — De acuerdo… Lo siento. — Se calmó. — Es… Inusual, James. — Admitió.

—… Es inusual que te hayas quitado ese bigote. — Sonrió cuando vio a su padre afeitado.

—… Pues…-

— Lo hizo porque Elizabeth se burló de él, así que no quiso imaginar cómo lo haría Edward-kun. — Riza le sonrió a James.

— ¡Riza!

— Es la verdad. — Se rio suavemente. — ¿A qué venías, Roy?

—… Ah…— Su rostro se tornó serio. — Pues…

James frunció el ceño.

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— ¡Hora de cenar!

Elizabeth bajó las escaleras tranquilamente, seguida de su hermano mayor que estaba todo con unos parches en el rostro. Joder, nunca lograba ganarle a su hermana en una pelea. Edward estaba leyendo un libro de alquimia hasta que decidió cerrarlo. De lo contrario, terminaría igual o peor que Edwin.

Cuando la familia Elric se sentó a comer, como de costumbre, el silencio se hizo presente. Winry miró de reojo a Edward que estaba a su lado y a Elizabeth que estaba en frente de ella. Al parecer no interactuarían más por hoy. No pudo evitar sentir tristeza, creía que habían hecho un gran avance. Miró una vez más a su esposo y notó que había dejado de comer y miraba su plato indeciso. Alzó una ceja. ¿Qué le pasaba?

— ¡Diablos, Elizabeth! Me golpeaste como una salvaje. — Edwin suspiró, acariciándose la mejilla derecha. La rubia sonrió con burla, pero con cierto orgullo.

— Bueno, eso demuestra dos cosas. No todas las mujeres somos débiles. Y no siempre los hermanos mayores son los más fuertes.

Edwin sonrió. Sí, eso era cierto… No pudo evitarlo y se rió.

— ¿De qué te ríes, idiota? — Le lanzó una mirada asesina.

—… Nada. Me gusta que estemos todos juntos para cenar.

El resto miró al mecánico con sorpresa en sus rostros. Después, Edward apartó la mirada, Winry sonrió y Elizabeth solo cerró los ojos y siguió comiendo.

— Qué dulce, Edwin.

— ¡Pero es verdad! Nunca estamos juntos, así que es muy agradable para mí. — Comentó.

Edwin se rió suavemente cuando notó una imperceptible sonrisa en el rostro de su hermana menor.

Una vez terminada la comida, Elizabeth se ofreció a lavar los platos. Winry tenía que trabajar en el automail de Edward y terminaría más rápido. Edwin se había despedido, pues tenía un encargo y se fue. La rubia mayor se encerró en su cuarto de trabajo, mientras que Elizabeth secaba los platos. Edward siguió leyendo su libro y de todos modos no se podía levantar de la mesa, pues su esposa estaba a cargo del automail y lo había dejado sin una pierna de repuesto, aunque de cierto modo no le molestó. Miró de reojo a su hija, que seguía secando y guardando cada cosa en su lugar. Quería decir algo para aliviar el ambiente, pero no sabía qué.

—… ¿Sigues estudiando? — Imbécil. ¡Claro que seguía estudiando alquimia! ¡Ella adoraba la alquimia tanto como él lo hizo a su edad!

—… La alquimia es la ciencia del entendimiento, descomposición y recomposición de la materia. Sin embargo, no es omnipotente. No se puede producir algo de la nada. La naturaleza de la alquimia menciona, que si uno desea obtener algo, se requerirá que pague un precio del mismo valor. Es la base de la alquimia, conocida como el intercambio equivalente. — Pausó un momento. — También está ligada por un tabú, el cual es la transmutación humana. Nadie debe romper este tabú. — Concluyó.

—… Perfecto.

— Lo sé, es fácil para mí.

—… Elizabeth. — La llamó. La rubia detuvo sus acciones para mirarlo con una ceja alzada. —… Yo parto mañana por la mañana… Ya que tú siempre despiertas temprano… ¿Me acompañarías a la estación?

— Muy bien, hoy estás muy raro…— Se cruzó de brazos.

— Puedo decir lo mismo. — Se rascó la cabeza, nervioso. — No has sido muy 'violenta' conmigo desde que llegaste. Supongo que te despejaste un poco en Central.

—…— Resopló. — Bien. — Aceptó. — Te acompañaré a la estación, supongo que debes aprovechar el hecho de que esté un poco más anestesiada con tu presencia. — Frunció el ceño al apartar sus ojos de su padre.

Si hubiese seguido observando a Edward, hubiera notado la sonrisa que se había formado en su rostro.

Estaba recuperando a su niña.

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.

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Se colocó unos vaqueros junto con una blusa blanca con mangas largas. La mañana estaba fría, se frotó los brazos con las manos para luego colocarse sus botas. Bajó las escaleras al ver a su padre colocarse su abrigo marrón. No querían despertar a Winry, después de todo, siguió perfeccionando el automail de Ed y no querían que se agotara más la pobre mecánica. Salieron silenciosamente de casa y caminaron en silencio.

Elizabeth notó que Edward miraba el cementerio en un aire ausente y melancólico.

—… Mamá dice que ahí está la abuela que nunca pude conocer. — Habló al aire.

—…— Asintió. — Por eso te pusimos su nombre.

—… Querrás decir 'segundo' nombre. — Aclaró. — Trisha, ¿eh? Me gusta. — A pesar de que seguían caminando, el mayor parecía estar aún en las nubes. — Mamá dice que murió muchísimo antes de que Edwin naciera.

— Murió cuando éramos unos niños.

—…— Decidió no comentar nada. Perder a una madre le parecía realmente extraño.

Como habían pasado el cementerio, Elizabeth se fijó en la colina más alta. Ese lugar abandonado con restos de madera quemada y una piedra enterrada. Hubo gente que vivía allí, había visto en antiguas fotografías que esa casa antes existía, aunque se viera en el último plano, pudo notar perfectamente que la ausencia de esa casa significaba algo.

Se sentaron en la banca para esperar el tren. La rubia soltó un sonoro bostezo.

— Tal vez no debiste acompañarme, te ves cansada.

— Estoy acostumbrada a dormir poco, así que no importa. — Recorrió la estación con la mirada.

—… Antes estuviste observando la colina. — La rubia lo miró sorprendida. ¿Lo había notado? — Ese lugar… Solía ser mi casa y la de Al.

Elizabeth apartó rápidamente sus ojos de él, sabiendo que él trataba de decirle algo, pero le era difícil. Joder, detestaba el ambiente tenso… Necesitaba pensar… Pero al notar una vez más, que se encontraban en la estación recordó algo. Luego volvió a mirar a Edward, sonriendo con malicia. Su padre alzó una ceja, un poco aterrado de la macabra expresión de Elizabeth.

—… ¿Aquí te le declaraste a mamá?

—…— ¡¿Winry le había contado?! Se sonrojó furiosamente y se avergonzó aún más al ver a su hija soltar una risotada al ver su expresión.

— ¡Pareces un nene enamorado! — Se abrazó el estómago. Nunca creyó que Edward fuera tan tímido a mostrar su afecto hacia la gente que amaba. — ¡Además… ¿qué es eso de intercambio equivalente?! — Se siguió riendo. — ¡Eres realmente original!

Muy bien, no sabía si enfurecerse o reírse. Por un lado estaba horriblemente avergonzado, y por otro… Estaba… Conmovido y feliz de que por primera vez en mucho tiempo escuchara reír a su hija de esa forma.

El momento se rompió cuando escucharon el tren.

Ambos se pusieron de pie y esperaron a que se detuviese. Una vez que lo hizo, Edward le dirigió una última mirada a su hija.

—… ¿Qué? — Alzó una ceja. — ¿Esperas que te diga 'buen viaje'? — Se cruzó de brazos.

—…— Sonrió mientras posaba su mano en la cabeza de su hija, acariciándola suavemente. — Cuídate, Elizabeth.

Una vez dicho esto, Edward se adentró en el vagón, dejando a Elizabeth sorprendida. Era la primera vez en años que le mostraba esa clase de afecto. Siguió con la mirada como el tren se iba en un semblante pensativo. Aunque no duró mucho tiempo cuando dio un respingo al sentir una mano posarse en su hombro. Se giró para ver a cierto pelinegro con ojeras.

— ¿Qué haces aquí, James? — Murmuró sorprendida. Genial, era la segunda vez que la sorprendían hoy. Edward extrañamente amable con ella y ahora la aparición inesperada de James.

— Vengo a contarte algo que será de tu interés. Agradece que hubiese venido, no dormí en toda la noche por pensar en eso. — Comentó.

—… Bien… Vamos a mi casa y hablamos allí.

— ¿Estás sola? — Ella negó. —… Necesito que hablemos en privado.

—… ¿Tan serio es?

Al ver los ojos castaños del joven de cabellos negros brillar con seriedad, supo que algo andaba mal.

Continuará…

Qué largo los capítulos de este fic! XD Bueno, Ed y su hija se están llevando mejor justo cuando se vienen las cosas malas DX

Respecto a Elizabeth y James… Tengo planeado cómo abrir el corazón de la hija de Ed en el próximo capítulo! James hará de las suyas! No, nunca tanto xD

Espero que les haya gustado!

Fighting!

Rossana's Mind cambio y fuera!

Reviews?