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4.

― ¡Bajen a cenar! Tengo que llegar a esa fiesta y Charlie tiene turno de madrugada ―dijo Reneé gritando en las escaleras.

Bella y Edward salieron de sus respectivos cuartos, Bella bostezaba porque había tomado una siesta y Edward estaba recién bañado. Ambos se toparon en el pasillo y ella no pudo evitar sonrojarse, recordando lo que había pasado en la biblioteca.

Maldito… ¿Por qué se tiene que ver tan bien incluso después de un baño?, pensó mientras que Edward se sacudía sus cabellos con una toalla.

―¿Dormiste bien? ―preguntó con una sonrisa malintencionada en los labios.

Ella arrugo el ceño.

―Si ―dijo y se dirigió a las escaleras.

―¿A dónde vas…? ―Antes de que bajará, la tomó del brazo y la pegó a su torso―. Pero mira qué bonita te ves después de levantarte… ¿me preguntó si así te verás cuando despertemos juntos? ―susurró a su oído, mientras acariciaba sus caderas con suavidad.

―Edward… mamá esta abajo ―siseó viendo por la escalera, pero Reneé parecía cantar algo a todo pulmón dentro de la cocina.

―¿Y? No estamos haciendo nada… pero cuando mi tía se vaya, nos vamos a divertir ―le dio una nalgada antes de bajar y Bella se quedó ahí sobándose y con una cara enojada.

―Injusto… todo esto es injusto ―susurró ella antes de bajar por igual.

―Bueno queridos, los amo y no me esperen despiertos. ¡La noche es joven! ―gritó y salió de la casa dando un portazo.

Bella suspiró y volteó a ver a Edward quien comía su cena con un rostro tranquilo. Si el mundo supiera quien era su primo en realidad…

―Y… ¿quieres ver una película o algo? ―sugirió Bella mientras ambos cenaban.

Edward se encogió.

―Sí, me parece bien. ¿Con las luces apagadas? ―preguntó con una sonrisa.

Bella hizo un mohín con los labios.

―No.

―Que aburrida. Claro veamos una película ―sonrió.

Bella pudo respirar cuando vio aquella sonrisa ya que era la sonrisa que Edward le había dado antes de confesarle que él también gustaba de ella. Era una sonrisa cálida y no como las que le daba a hora, llenas de malas intenciones y sexo. Ahora Edward le sonreía con sinceridad.

Ella también le sonrió y terminaron sus comidas en paz y sin insinuaciones de parte de Edward.

―Yo limpio, tu ve y escoge algo bueno ―dijo él volteándose para empezar a recoger todo.

Bella se encogió y fue directo a la sala de juegos donde había una televisión, un sofá, y una mesa de billar. Bajo la pantalla de plasma, había un montón de películas, juegos, y varias consolas que habían pertenecido a Emmett y que se habían quedado ahí. Bella había descubierto a Edward jugando varios juegos de vez en cuando, cuando tenía un tiempo libre de la universidad. Era gracioso como podía ser un chico normal y después convertirse en un hombre que la pretendía y la tocaba descaradamente.

¿Cuándo había pasado todo eso? Parecía que no había pasado ni una semana pero ya casi se cumplían dos semanas en las que Bella tenía que escapar de Edward constantemente y no solo de él, sino de sus propios pensamientos y deseos, cosas indebidas que sabía no debía pensar de su propio primo. Ese pensamiento era lo que la mantenía cuerda, la relación sanguínea que ambos compartían. Sí, eso era importante, eran primos, sus madres eran hermanas… amaba mucho a su tía Esme como para salir con algo como: Hago cosas sucias con su hijo, tía. ¿Qué pensarían de ella? La gente hablaba y a ella no le agradaba ser el punto de partida para empezar una plática, la gente podía ser cruel y destruir a una sola persona con los puros comentarios. Ella no quería pasar por eso, lo que estaba pasando con Edward era algo que deseaba no pasara. No quería tener que pensar de esa forma de su primo y no quería que él pensara de esa forma de ella. Era…

― ¿Lista?

Bella lo vio sentarse a su lado, no pegado a ella y tampoco tan lejos, un espacio prudente que a ella le pareció justo.

―Si. He puesto algo que era de Emmett, creo que es de acción ―se encogió.

Edward hizo lo mismo.

―Está bien por mí. Me encontré esto, ¿quieres? ―preguntó con una bolsa repleta de dulces.

Bella sonrió como si Edward llevara algo muy preciado en las manos.

―Eso es mío, ¿Cómo lo encontraste? Lo escondí de papá… ―dijo viéndolo con suspicacia.

Edward sonrió y levantó una ceja coqueta.

―Ha sido fácil encontrarlo.

―Edward, estaba escondido entre cajas de avena y cosas saludables que papá odia ―rodó los ojos.

Él rio.

―Tienes razón, pero de verdad quería un dulce. Ya veo que ambos compartimos ese gusto ―le guiñó un ojo.

Ella suspiró.

―No pierdes una oportunidad para hacer todo acerca de nosotros.

―Claro que no, ahora que sabes lo que siento por ti...

― ¿Sientes? Hemos tenido esta plática antes, ¿recuerdas? Es una calentura.

―Me gustas.

―Sí, también me gustas, Edward. Eres guapo y me hablas bonito al oído, pero es todo. Estoy segura que es lo mismo contigo.

Edward se quedó callado y la vio con algo que a ella no le gustó.

― ¿Lo crees de esa forma? ―no la dejó contestar―. Bien, que sea de esa forma, Isabella. Y no, no solo me gustas, creo que puedo llegar a quererte, pero si no quieres que esto suceda… entonces está bien.

Ella apretó la mandíbula, llena de impotencia y de coraje por eso que su primo había dicho. ¿Qué esperaba? ¿Qué saltara a sus brazos así como si nada? ¿Qué le dijera que sí y que hicieran cosas de locos? No, las cosas no eran tan fáciles. Aun así… Bella odió cada palabra que él había dicho y también el rostro con el que lo había dicho. ¿Llegar a querer?

― ¿Querer? ―susurró lo que estaba pensando―. ¿Querer? ―repitió.

Edward no la veía, estaba enojado por todo eso, Bella lo estaba descartando como si nada.

―Sí, Isabella, querer… ya sabes, lo que las parejas enamoradas sienten.

― ¿Parejas? ―repitió, esta vez conmocionada por eso.

Edward se restregó el cabello.

―Piensa lo que quieras, maldita sea ―exclamó aventando la bolsa con dulces en el sofá y parándose de ahí para irse.

―Edward… ―lo llamó ella pero Edward ya avanzaba rápidamente hasta las escaleras.

Bella se quedó quieta sin saber qué hacer. Nunca había lidiado con algo así, por lo general ningún tipo iba por ahí diciéndole que le gustaba, era raro que a Edward le gustara recordárselo a cada momento. Suspiró, sabiendo que la noche de películas se había acabado y regresó la película a su cajita. ¿Por qué tenían que pasar las cosas de esa forma?

Edward se paseó enojado por su habitación. No podía creer que esa niña pensara que él solo la quisiera para un rato, para una calentura, tal vez había sido así al principio, pero ahora… carajo, no estaba seguro de nada. No sabía qué lugar ocupaba Bella en su vida, si, era su prima, pero… Isabella era… era Isabella. Siempre se había cargado un caprichito con ella, un capricho que no había decidido poner en acción hasta que notó que ella también sentía lo mismo. Cuando ella le confesó que gustaba de él, las puertas de todo se abrieron para Edward. Pensó que por fin podría poner en marcha las fantasías que solo él se cargaba y poder ponerlas en marcha junto a ella.

Era obvio que no se había esperado obtener esa reacción por parte de ella. ¿Por qué ella no podía creerle? Todo se había venido abajo ese día de la fiesta; Tanya se había colgado a él como una víbora y ahora Bella tenía ideas estúpidas en la cabeza. Y para terminar de fastidiar todo, Alice le había contado historias sin sentido, cosas que no eran verdaderas. Tenía que arreglar todo, no sabía si en realidad algo pudiera pasar entre ellos pero si las cosas no estaban en orden, jamás podría saberlo.

Abrió su puerta para ir por Bella y chocó contra ella.

― ¿Bella?

Bella se mordía los labios, algo que él encontraba malditamente sexy.

―No te muerdas la boca ―ordenó apretando la mandíbula―. Tengo que hablar contigo.

Ella suspiró.

―También yo. Escucha… lo siento, ¿de acuerdo? No quise hacerte sentir de esa forma, es solo que todo esto…

―Pasa ―la tomó del brazo y la obligó a entrar a su habitación.

Bella se quitó del agarre con una maldición.

―No soy una muñeca de trapo, Edward… siempre estás haciéndome cosas sin mi permiso, tocándome, haciéndome débil cuando lo haces… me haces perder el control ―le reclamó con un rostro enojado.

Edward vio esos ojos color té que había aprendido a descifrar.

―Lo siento, cariño. No es mi intención… tú me provocas este tipo de cosas ―se despeinó el cabello―. Eres… ―suspiró―. Me provocas cosas.

Bella se paró incomoda, frotándose un brazo y viendo hacia otra parte.

―Todas esas cosas que me dices… no las creo, Edward. Por eso tampoco creo que me quieras.

Edward se restregó el rostro y la vio a los ojos.

―Alice te ha contado acerca de cómo soy un casanova y tengo muchas novias, ¿no es así?

Bella vio hacia otra parte.

―Sí, algo así.

―Es mentira, Isabella. Esa noche en la fiesta… Tanya es una amiga, no sé cómo decirle que no me gusta.

―Pues es obvio que a ella si le gustas ―dijo, tratando de esconder sus celos.

―Lo sé, hablaré con ella y le dejaré las cosas en claro. ¿De acuerdo? No significa nada para mí, en realidad es así con todos sus amigos hombres.

Bella se sentó en su cama y vio hacia otra parte.

―No sé cómo reaccionar a esto.

― ¿A qué?

―A esto, Edward, a ti y a tu mundo de chicas bonitas… yo solo soy…

―Hermosa, por favor no hables de esa forma acerca de ti.

―No estoy hablando de ninguna forma ―se encogió―. Es solo que… yo no soy una de ellas. ¿Sabes? ―Se mordió los labios―. Solo soy Bella.

―Yo no soy parte de ningún mundo, solo soy Edward ―repitió, encogiéndose de hombros.

Bella sonrió y lo vio con burla en los ojos.

―Malo.

Edward rio y se sentó a lado suyo.

―Tienes que creerme, no soy un casanova o un tipo que anda de chica en chica… nunca he tenido una novia… ha habido chicas que me han gustado pero es todo.

― ¿Y esa chica… Jessica? ―preguntó.

Edward chasqueó la lengua.

―No duramos mucho, fue en prepa y fue algo tonto. Créeme, no soy ese tipo de hombre.

Bella asintió.

―Te creo. Solo que…

Edward observó el rostro de Isabella; sabía que todavía no estaba segura de todo lo que estaba pasando. No estaba segura de tener algo con él, tampoco él estaba seguro de nada.

―Escucha… sé que lo que hacemos… nos gusta a ambos, ¿no es así? ―preguntó seriamente. Bella se mordió los labios y asintió, con un leve rubor en las mejillas―. Sé que esto será muy egoísta de mi parte y tal vez pienses que estoy loco pero quisiera continuar haciéndolo contigo ―le dijo con un rostro serio.

Bella lo vio con los ojos abiertos y no supo que responder.

―Pero…

―Isabella, me gustas y te gusto, vivir juntos en esta casa no nos hace bien, no si evitamos lo que pasa entre nosotros. No puedo prometer no querer tocarte cada vez que te vea ―ella revolvió sus manos en su regazo al escuchar eso―, no puedo prometer que no pensaré en ti y en hacer cosas suc―

― ¡Basta! ―gruñó ella―. De acuerdo, lo entiendo. Quieres hacer cosas conmigo.

―Tú también las quieres hacer conmigo ―dijo como si nada.

Ella arrugó el ceño, odiándolo en esos instantes, no quería sentirse de esa forma.

―Ugh, eres insoportable, Edward Cullen. No me puedes decir estas cosas solo así como así…

―Lo he hecho, me gusta ser directo y lo sabes. No sé qué es lo que pueda llegar a haber entre nosotros dadas las circunstancias per―

― ¿Circunstancias? ―Preguntó con ironía―. Somos primos, Edward, no puede haber nada.

―A eso me refiero, Isabella ―gruñó.

Bella se paró de la cama pero Edward la tomó rápidamente entre brazos y la sentó sobre su regazo.

―Edward...

―Me gustas, Isabella ―le habló al oído―, y te gusto también. Sé que esta situación no es la ideal pero te pido una oportunidad para intentarlo aunque sea de esta manera.

― ¿Haciendo cosas?

―Haciendo cosas ―afirmó mientras acariciaba lentamente sus muslos.

―Edward, yo…

―Cede, Bella. Solo hazlo.

―No lo sé, Edward ―dijo sintiendo cosquilleos en todo su cuerpo por las caricias de su primo―. Eres familia.

―Lo seguiré siendo, no permitiremos que las cosas se arruinen. Lo prometo ―le besó el cuello lentamente.

―No sé, por favor… júralo, no quiero que nuestra relación familiar se vaya por el caño por algo de lo que ni siquiera estamos seguros.

Edward terminó por abrazarla y voltear su rostro.

―Lo prometo, nena.

Bella rodó los ojos pero Edward le quitó esa expresión plantándole un beso en los labios. Isabella no tenía experiencia y Edward lo sabía, así que fue lento y le enseñó a abrir la boca apropiadamente, también a ladear la cabeza en la dirección correcta y al final, a usar la lengua, haciendo que ella ahogara un gemido.

―De acuerdo ―dijo ella, recuperando su aliento y poniendo ambas manos en sus brazos que se aferraban a ella―. Intentémoslo.


Gracias a todos los reviews! Llegamos a 30. No había continuado la historia porque en realidad pensé en dejar la historia hasta ahí, pero recibí muchos mensajes por PM y también reviews, alertas y favoritos de parte de ustedes para que continuara. Agradezco, por medio de este pequeño mensaje, a todas esas personas que se comunicaron conmigo y se tomaron unos minutos de su tiempo para escribirme unas palabritas. Muchas gracias de todo corazón. La historia seguirá y aquí nos quedamos :).

Sé que no hubo nada smut en este capítulo pero prometo hacerlo en el próximo si es que si quieren que continúe la historia. Dejen sus opiniones en el capítulo y también si quieren que la historia continúe o no. Besos desde Texas, los amo!