Capítulo IV
Ya tenía tres meses encinta, y ya no estaba tan cansada, ni dormía tanto como en las primeras semanas, pero aun así Kouga la hacía descansar un poco más de lo suficiente.
Él se había separado de su lado solo en tres ocasiones, y en ninguna se llego a ausentar por más de tres días. Le había dicho que no quería perderse ningún momento de aquella etapa, que quería estar al tanto de cada pormenor.
Le daba una grata emoción verlo tan ilusionado e impaciente, al igual que ella, por la llegada de su primer cachorro.
Ahora mismo estaban de regreso a su cueva luego de haber compartido la tarde con su abuelo. El pelinegro iba unos pasos delante de ella, estando alerta ante cualquier peligro que pudiese acontecer.
Ella había cambiado un poco su apariencia, debido a que sus senos habían aumentado de tamaño y su vientre ya comenzaba a hacerse más evidente, había optado por modificar la armadura que cubría su abdomen y pecho, por un lienzo de piel en color blanco que solo cubría su busto, pero que para según Kouga no era lo suficiente.
Se detiene llevando sus manos hacia su vientre levemente abultado. Su cachorro se estaba moviendo por primera vez.
- Kouga –lo llama. El pelinegro voltea rápidamente viéndola con cautela y atención-
- ¿Qué sucede? –pregunta con cierto tono de alarma al ver como ella mantenía sus manos sobre su vientre-
- Ven, rápido –le insta extendiendo una mano hacia él, mientras sonríe. Él se acerca a Ayame al instante, ella toma una de sus manos con la suya y la coloca en su vientre- Justo allí, ¿lo sientes? –le pregunta denotando un gran regocijo-
El ojiazul solo asiente, mientras sonreía levemente. Su cachorro estaba comenzando a manifestarse, dentro de aquel refugio que era su madre. Una muestra evidente de que todo marchaba en temples agraciadas.
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Ayame se encontraba a solas con su abuelo, ya que Kouga estaba ocupándose de las cosas de la tribu. Él ya había comenzado a tener un poco más de control con respecto a cómo liderar a aquella gran manada, y era algo que le resultaba bastante bien.
Solo unas pocas semanas faltaban para que tuviese a su cachorro con ella, y estaba cada vez mas ansiosa e inquieta. Debido a ello se había acercado a Yuma, la madre del cachorro que había salvado Kouga meses atrás, puesto a que ella también estaba encinta y ya era madre le resultaba de gran apoyo y la ayudaba a disipar sus dudas.
Yuma le había dicho que mientras más se acercase la fecha de alumbramiento, se iba a sentir vulnerable e insegura, pero que luego a medida que avanzase mas su estado de preñes se volvería instintivamente más cuidadosa y protectora.
- ¿Ya han pensado en que nombre le pondrán al cachorro? –le pregunta su abuelo de un momento a otro, haciéndola salir de sus pensamientos-
- No, aun no. Esperaremos a que nazca, ya que no sabemos que será –lo dice mientras llevaba una de sus manos hacia su bien abultado vientre-
- Es un macho –dice con certeza el anciano lobo-
- ¿Cómo puedes saberlo? –lo mira intrigada y curiosa-
- Simplemente lo sé –el anciano lobo dirige su vista hacia el infinito cielo. Ya comenzaba a presentarse el ocaso- El cachorro debería tener un nombre fuerte, quizás parecido al de Kouga.
Permanecieron unos minutos en silencio, ambos viendo aquel majestuoso atardecer, que lentamente se asomaba por el horizonte, tiñendo el cielo de color naranja y rojo compenetrándose ellos y difuminándose el azul celestial que antes se divisaba.
- ¿Estás seguro? –pregunta Ayame haciendo referencia hacia si su cachorro seria macho o no. Ella estaba sonriendo y aun mantenía su mano sobre su vientre, y ahora su retoño se encontraba moviéndose paulatinamente-
- No me equivoque contigo –responde su abuelo al volver su vista hacia ella, y de alguna manera ella percibió que le sonreía-
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Se había tardado un poco más de lo que había planeado, pero debía ocuparse se aquellos monstruos que habían estado atacando a las afueras de la aldea, no eran demonios fuertes pero sí que molestos, y los suficientes para causar daños en la tribu si se acercaban más de lo debido. Y ahora que era macho alfa, era su deber mantener a salvo a toda la manada, y más aun a su mujer y a su futuro cachorro.
Ya iba camino de regreso a la cueva que compartía con Ayame. La pelirroja el día de ayer se había estado comportando un tanto extraña, estaba inquieta e intranquila, y no había querido salir de la cueva ni siquiera para ir a ver a su abuelo, y él había permanecido a su lado hasta esta mañana, poco después que amaneciera habían llegado Ginta y Hakkaku informándole lo que estaba sucediendo a las afueras de la aldea, y aunque no le agradaba la idea de alejarse de Ayame, tuvo que hacerlo.
Ella lo había mirado con cierto tono de inquietud al saber que debía marcharse, pero luego solo asintió, y le dijo que regresara lo más pronto que pudiese.
Al ya estar cerca de la cueva, no pudo percibir el claro aroma de Ayame, así que apresuro su paso, al llegar puedo notar que ella no estaba allí, incluso parecía que no había estado ahí desde hace horas. Al observar en el cielo como ya dentro de poco atardecería, y suponiendo que Ayame se había ido a ver a su abuelo, se dirigió hasta allá.
Al llegar con el anciano lobo, vio que estaba solo, no había rastro de la pelirroja.
- Veo que ya has regresado –dice el anciano al verlo-
- Si. ¿Ayame vino a verlo? –pregunta y ve como el colosal lobo lo mira extrañado-
- No, ella hoy tampoco vino ¿Por qué lo preguntas?
- No está en la cueva así que pensé que había venido con usted –vio como el anciano dirigía su vista hacia el horizonte-
- Quizás ella… -dijo después de unos instantes el silencio, y se interrumpió a él mismo- ¿Por qué no la buscas en la aldea? Pudo haber ido con Yuma.
Kouga no dijo nada mas, tan solo se retiro y se dirigió a la aldea. Ayame había estado pasando mucho tiempo como aquella loba, posiblemente estaría con ella, y puesto además que hace pocos días había nacido el cachorro que esperaba, quizás la pelirroja quería estar con ella.
Tardo unos minutos en encontrar a Yuma con su familia, el pequeño cachorro que él había rescatado corría de un lado a otro, mientras era vigilado cautelosamente por su padre. Yuma permanecía sentada bajo la sombra de un árbol con el cachorro recién nacido en brazos, una vez mas no había señales de Ayame. Se acerco a ella directamente.
- Oh, Líder Kouga –le saludo ella de forma amigable como siempre que se veían- ¿Sucede algo?
- ¿Has visto a Ayame? –pregunta sin miramientos, él no solía ser tan hostil, pero necesitaba saber dónde estaba su mujer, ya estaba comenzando a preocuparse-
- No, ella no ha venido por aquí… ¿No está en su cueva?
- No. Y tampoco está con su abuelo. No sé dónde diablos pueda estar –exclama frustrado finalmente-
Yuma permanece en silencio un par de segundos.
- El parto de Ayame estaba muy próximo, ella solo me llevaba unos días de diferencia –comienza a decir, Kouga la miro sin entender muy bien lo que decía- muchas lobas cuando van a tener a su primer cachorro se sienten inseguras, incluso puede que días antes del alumbramiento estén más inquietas e intranquilas. De seguro ella sentía que su cachorro estaba próximo a nacer. Si no está en su cueva, debe hacer ido a un lugar donde se sintiese a salvo, un lugar donde no fuese a ser atacada, ya que sabe que mientras este teniendo al cachorro estará completamente indefensa.
Kouga no sabía cómo reaccionar, Ayame estaba sola en algún lugar que le era incierto mientras que posiblemente estaba ya en labor de parto. Sin decir nada y sumergido en las palabras que la acababa de decir Yuma, se aleja.
Estuvo recorriendo el bosque y los alrededores de la aldea por casi una hora, y aun no encontraba a la pelirroja. Había capturado su aroma hace unos minutos pero aun no lograba definir donde estaba.
Escucha un grito a lo lejos, estremeciéndose, era ella, lo sabía. Cada uno de sus sentidos pudo reconocerlo, y sentía como su sangre ardía ante aquel sentimiento de quebranto. Corre en dirección de donde prevenía el grito pero aun no llegaba a ningún lado, a su alrededor solo había montañas y arboles, nada más.
Luego de correr unos minutos más llega al desemboque de una catarata. El aroma de Ayame era más fuerte en aquel lugar, al igual que otro aroma que aun no reconocía por completo.
De un salto atraviesa la catarata, para entrar en la pequeña cueva que estaba detrás de ella. Y allí estaba su mujer, sentada en un rincón de aquella cueva, pudo notar como ella mantenía entre sus brazos a su cachorro mientras este se alimentaba de su seno. Ella lo miro por unos segundos y luego sonrió. Él se acerco a ella y no pudo evitar abrazarla, teniendo cuidado con la pequeña cría.
- Mi abuelo tenía razón, es un macho –le informa Ayame minutos después, él no pudo evitar esbozar una sonrisa de presunción- ¿Qué te parece el nombre de Kouta? –termina preguntando con un pequeño bostezo-
- Es perfecto –responde mientras que acaricia la pequeña cabeza del cachorro- Ahora debes descansar un poco –vio como ella planeaba responder y le dedico una mirada reprobatoria, finalmente ella accedió-
Como ya había comenzado a anochecer y sabiendo que se quedarían allí hasta la mañana siguiente, fue a buscar un par de ramas para encender una pequeña fogata que les brindara calor durante la noche. Luego de encenderla se dirige hacia donde estaba ya la somnolienta Ayame y con cuidado la envuelve entre sus brazos, a ella y al cachorro, brindándoles un poco mas de calor.
Muy posiblemente aquella noche no dormiría, pero estaría satisfecho, por primera vez estaba con su familia y quería disfrutar plenamente aquel momento, aunque bien sabía que aquello duraría por mucho tiempo.
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Ayame se había disculpado con Kouga y lo había dejado con el pequeño Kouta, de ya cuatro meses de edad, en la cueva. Se marcho con la excusa de ir a hacer algunas cosas en la aldea con las lobatas, pero la verdad era que había identificado un aroma familiar y que hace mucho se había esfumado.
Era el aroma de un antiguo miembro de la tribu. Takeshi. Él se había ido de la aldea mucho antes de que Kouga llegara, luego de que ella rechazara su oferta de tomarla como su mujer, aunque bien en aquel tiempo no tenía la certeza de que Kouga sintiera algo por ella guardaba la esperanza de que fuera por ella, además de ello no podía unirse a alguien a quien no amaba.
Si, es cierto que guardaba aprecio hacia aquel castaño joven lobo, con color de ojos de un verde oliva profundo, era un chico amable y muy apuesto, no podía negarlo, pero no lo amaba. Aunque bien sabia que él si guardaba aquella clase de sentimientos para con ella.
- Oh, ¿Pero que tenemos aquí? ¿La misma Ayame ha venido a recibirme personalmente de vuelta a la tribu? –escucha aquello a sus espaldas, se voltea con rapidez y allí estaba él, con sus ojos entornados y una media sonrisa en su rostro- ¿O quizás ahora deba llamarte de otra manera, ya que te has convertido en la hembra líder?
- Ayame esta bien, Takeshi –dice simplemente- Dime ¿Por qué has regresado a la aldea? –al terminar con la pregunta lo ve sonreír un poco más, aquella sonrisa atraía a muchas de las lobatas de la tribu pero no a ella-
- Nunca planee irme para siempre, Ayame. Además esta aldea es mi hogar –dice con suficiencia-
- Takeshi, quiero dejarte en claro que lo que sea que haya sucedido entre nosotros, quede en el pasado ¿de acuerdo?
- Pero… si entre nosotros no sucedió nada, tú te ocupaste de rechazarme ¿recuerdas? En aquel momento me sentí herido, y en parte fue por eso que decidí marcharme por un tiempo.
- Aun así. Te agradecería que no se mencionara nada de esto.
- ¿Por qué? ¿Tienes miedo de tu pareja se entere de algo que…? –se vio interrumpido por una tercera voz a unos cuantos metros-
- ¿Enterarme de qué? –se escucho la voz de Kouga, y este a su vez avanzo hasta llegar a un lado de Ayame-
- Kouga… -susurro su nombre perturbada, ella no había hecho nada, pero aun así se sentía culpable, seguramente por la exigencia de fidelidad que existía en su raza-
- Vaya, veo que después de todo si viniste a cumplir con tu promesa –menciona Takeshi tras haberle dirigido una mirada al pelinegro-
- ¿Quién demonios eres? –pregunta molesto, aquel sujeto parecía conocerlo, pero él no tenía ni idea de quién podría ser, y al parecer tenía un misterio con Ayame, estaba comenzando a irritarlo-
- Mi nombre es Takeshi, y soy miembro de la tribu, tiempo atrás me retire a tener una especie de exilio, pero ya es hora de regresar a casa –responde tranquilamente el castaño- A menos que… usted no me permita quedarme… -termina por decir con cierto tono desafiante-
- ¿Por qué razón no te permitiría permanecer en la aldea? ¿Acaso entre tú y mi mujer existió algo?
- ¡Por Kami! ¡No! –grita alterada Ayame-
- ¿Entonces de que tienes miedo de que me entere? –le pregunta a la pelirroja, viéndola fijamente-
- No tienes porque ocultarlo, Ayame –dice Takeshi luego de que esta permaneciera unos segundos sin decir nada, y al ver como esta solo le ofrecía una mirada reprobatoria, sonrió, y decidió continuar- Lo que ella no quiere que sepas es que se ocupo de rechazarme hace ya… ¿tres años? Si no me equivoco. Así como también se ocupo de rechazar a otros cuantos lobos que vinieron a proponerle maridaje. Y todo por… -fue interrumpido nuevamente, esta vez por Ayame-
- ¡Cállate! –grita exasperada, por alguna razón no quería que el pelinegro se enterase de aquello, de ser así se enteraría de que ella siempre estuvo esperándolo, y aunque si bien es cierto, al admitirlo se sentiría como una niña que se mantenía atada a las esperanzas-
Kouga permaneció en silencio. Aquello ya lo sabía. Lo había escuchado del mayor de los lobos de la pequeña manada que había llevado a la aldea. Él había mencionado lo mismo, que Ayame había estado rechazando a todos los jóvenes lobos que llegaban con la intención de tomarla como su mujer.
En su momento, claro que le molestaba imaginar a un sinfín de pretendientes que iban con la intención de reclamarla, aquello era algo inaceptable. Pero por otro lado se sentía satisfecho y jactancioso al saber que nadie más que él mismo había logrado reclamarla, porque aunque si bien es cierto que un principio ella también lo intento rechazar le explico sus motivos, y finalmente había sido suya. Suya para siempre.
- Kouga ¿Dónde está Kouta? –pregunta la pelirroja intentando disuadir aquella discrepancia-
- Lo deje con tu abuelo –dice simplemente. Formando nuevamente un silencio incomodo-
Ayame suelta un suspiro resignado.
- Iré a verlo –informa para luego retirarse, quería evitar englobarse en una conversación con Kouga, explicándole los motivos por el cual ella había rechazado a todos los lobos que iban a proponérsele-
Kouga no menciono nada luego de que Ayame informaba que se iba, tan solo se mantuvo observándola hasta que desapareció de su vista.
- Espero que la estés haciendo feliz –escucha que se lo dice Takeshi haciéndole volver su vista hacia él- Después de todo espero mucho tiempo para estar contigo
- ¿Espero por mi?
- Lo he esperado desde hace mucho –es la respuesta de ella, para luego colocarse de puntillas y unir sus labios con los de él-
Recuerda aquellas palabras que le había dicho la pelirroja la primera vez que estuvieron juntos.
- Tú fuiste el motivo por el cual rechazo a quien viniera a pedirle emparejarse con ella ¿acaso no lo sabías? –inquiere al castaño levantando una ceja-
Realmente no, no lo sabía. Ella lo había estado esperando desde aquella noche del Arcoíris lunar, e incluso luego de que ella fue a buscarlo y él se había negado en recordarla y le había dicho que no se iría con ella, Ayame lo espero.
Pero ¿Por qué? ¿Por qué se mantuvo esperándolo durante tanto tiempo, habiendo tenido varios pretendientes capaces de ofrecer lo que se necesitaba? Incluso aquel lobo castaño parado frente a él, parecía querer realmente a la pelirroja.
Claro que el hecho de que ella los rechazase, no resultaba ahora de gran problemática, puesto que él estaba con ella, y habían formado una pequeña familia. Justo ahora no podía imaginar a Ayame emparejada con otro lobo, pues que ella se había convertido en su existencia.
Ve durante unos segundos a Takeshi, para luego dar media vuelta y antes de retirarse dijo:
- Puedes permanecer en la aldea –y sin decir más se marcho para ir con su mujer-
En solo unos minutos ya estaba en el refugio del gran anciano lobo. Ayame se mantenía hablando con su abuelo mientras sostenía al pequeño cachorro en brazos, supuso que ya se había dormido.
Se dispuso a acercarse a ellos pero no menciono palabra alguna. Sabía que no era buena idea hablar delante del ex patriarca y abuelo de la chica, y menos de algo que la pelirroja no quería conversar.
Se mantuvo observando a su mujer y a su descendiente. Kouta crecía con rapidez, su cabello era de color negro como el suyo, y tenía los ojos verdes de su madre.
Al notar como pronto comenzaría a caer la noche, le dijo a Ayame para que se marchasen a su cueva, esta a su vez asintió y luego de despedirse de su abuelo, los tres marcharon a casa.
Cuando ya dejaron al pequeño Kouta durmiendo plácidamente, después de haber sido alimentado por su madre. Él se acerco su mujer y le insto que salieran de la cueva, ella accedió y al ya estar fuera, le dijo:
- Estuviste esperándome –afirma vacilante. Ella lo escudriña con la mirada y él continuo- A pesar de que pudiste comprometerte con otro lobo, esperaste por mí, sin tener la seguridad de que vendría. No te lo cuestiono, pero… quiero saber el motivo.
Ayame permaneció en silencio solo un par de segundos, mientras alzaba su vista hacia el gran firmamento nocturno colmado por miles de estrellas.
- Cuando era niña –comienza a decir por fin- mi madre me dijo: "Luego de que una pareja de lobos se une, nada podría separarlos, puesto que ellos estarán unidos para siempre" –recuerda aquello con una leve sonrisa en su rostro, aquellas palabras jamás las olvidaría. Al instante continuo hablando- es cierto que llegaron a la aldea muchos lobos buscando ser mis pretendientes, y si todos fueron rechazados fue por una razón, no me imaginaba con ellos por el resto de mi vida, y por mucho que lo necesitase la tribu no me forzaría a estar con alguien a quien no amase o que no me amase a mi… -termina por decir y voltea su vista hacia el pelinegro-
- Lo siento Kouga, pero no puedo unirme contigo. No puedes ver esto como un simple compromiso de algo que se prometió hace mucho. Debes sentirlo y quererlo de verdad…
Aquellas palabras regresan a su cabeza como un pequeño rayo. Es cierto que ella lo había estado esperando, pero también es cierto que no solo esperaba a alguien que se hiciera cargo de liderar la tribu, ella esperaba por sobre todo aquello que él regresara para amarla. Y lo hizo. Él la amaba más que a nada.
Kouga se acerco a ella y acaricio su mejilla suavemente.
- ¿Crees en lo que dijo tu madre? –le pregunto manteniendo su vista fija en la de ella-
- ¿Lo crees tú? –le responde con aquella pregunta, dudosa-
- Podría comenzar a creerlo –manifiesta sinceramente con una sonrisa en sus labios-
- Para siempre es mucho tiempo, ¿no te parece?
- No si ese tiempo lo comparto contigo -dice mientras estrechaba a la pelirroja entre sus brazos-
Y aquello era cierto. Una vida no sería suficiente para amarla y demostrarle que lo que existía entre ellos, era algo que estaba sentenciado desde hace años atrás. Ella era su mujer, su familia, la madre de su cachorro, y no podría ser de otra manera. Porque sin duda alguna no podría imaginarse compartiendo su vida con alguien más que no fuese Ayame. Y mucho menos podía imaginársela a ella con otro lobo.
Ellos estaban destinados a estar juntos, lo sabía. Aquel pacto había sido estipulado desde que ambos vieron juntos el arcoíris lunar, y había sido sellado en el momento mismo de su unión. Una unión que duraría por la eternidad.
FIN
Bueno, bueno, aquí está el capítulo final de este pequeño fic =) Me alegra que les haya gustado. Muchas gracias por sus reviews!
Como se pudieron dar cuenta esta basada luego de "Kanketsu Hen" y la historia continua en "Mi mayor anhelo ¿No es el tuyo?" un fic de Inu y Kag, donde se muestra la pareja unos tres años más adelante =)
Me despido gratificantemente! C=
