¡MUAHAHAHA! Hemos regresado, despedidas del Infierno por nuestro jefe de turno, o sea el Diablo… porque no le gustó que le dedicáramos esta historia a los lectores que escribieron review, aunque sólo haya sido uno XD En fin, hay una pobre alma desafortunada que escribió para nosotros, y la pobre es la siguiente:

Verdana Inc. (querida camarada, muchísimas gracias por acercarte a leer y nos llena de orgullo bizarro conocerte vía review y saber que te está gustando esto más allá de que Sam se ponga heavy… tenemos buenas razones para eso 9.9. Dean va a ser malo y suicida por un buen rato, no te preocupes, y esto poco a poco se va a tejer como una telaraña rompecabezas mortal que te dejará O,o totalmente jajaja ¡A ver si puedes adivinar qué sucede! Nos vemos prontito, cuídate)

Y como no hubo muchos valientes al tiro, Liindrey y RenaissanceLady-K les dan la "bienvenida" a esta demencia que continúa de la siguiente manera… ¡Y FELICES FIESTAS A TODOS! Si quieren, pueden pasar a saludar al final de esta misma página n.n ¡Los vemos abajo!

CAPÍTULO CUARTO

Sam abrió la amplia puerta de cristal y le cedió el paso a su hermano, vigilando que nadie notara la insólita presencia de dos desconocidos de traje que ingresaron sin permiso a las instalaciones del dormitorio número cuatro de la Universidad de Santa Mónica. Tan rápido como habían aparecido, los Winchester volvieron a desaparecer en el interior del edificio, sin ser advertidos por ninguno de los cientos de alumnos que transitaban por la vereda del edificio.

—… una vez más, Sammy, ¿Qué diablos hacemos aquí? —preguntó Dean, serio.

—Buscamos el despacho de Harrison. Si hay alguna evidencia de con qué estuvo tratando, tiene que estar en este lugar. No dejaría pistas así en su casa, donde su esposa pudiera verlo y hacerle alguna escena, o preocuparse. —explicó el menor, con ese tono de profesor que lo caracterizaba.

—Hn… su esposa. ¿La rubia que habló en la conferencia? Está muy buena. —

Su hermano lo miró torcido un instante, y puso los ojos en blanco.

— ¡La mujer es mayor que tú, por Dios! —le recriminó Sammy, molesto.

— ¿Y? No hay que hacerle asco a ninguna dama, Sammy. Si mal no viene ése es tu problema, que te preocupas demasiado por lo "adecuado" y "normal" de las cosas. —fue la respuesta inocente de Dean— No puedo creer que semejante idiota como Mark Harrison se haya casado con una diosa como ésa… —

— ¿Podemos dejar el tema? Trata de parecer Policía por una vez en tu vida. —

—Es tan irónico… henos aquí, tratando de parecer aquello de lo que pretendemos escaparnos. —gruñó Dean, con una sonrisita malvada— ¿Dónde es el mentado despacho de ese tipo? —

—… oficina 33-A, justo al final de este pasillo. —

El dilema era el mismo de siempre. Una Universidad tan importante como la de Santa Mónica tenía mucho prestigio y también mucha seguridad. Después de esa rueda de prensa de Phoenix Editions que no había esclarecido nada para ninguno de los dos, el hermano mayor estaba decidido a dejarlo todo y largarse. Pero Sammy insistió, diciéndole que aún tenían investigación qué hacer y que, además, él le había dado una semana para encontrar algo fehaciente. Al final, Dean tuvo que aceptar que ésa era la condición y que a Sam todavía le quedaban otros seis días para escarbar, llenarse la nariz de tierra y hallar una pista convincente. Mientras tanto, tendrían que andar juntos (y no lanzarse a hacer las locuras de siempre) y con cuidado.

Ése era el trato. Dean lo sentía como una trampa vil y cruel por parte de Sam, y el otro lo sentía como el mejor modo de tener a su hermano vigilado y a salvo, si fuera que al final confirmaba sus sospechas.

La tarde anterior habían asistido (muy bien camuflados y con cuidado) a la enorme rueda de prensa que la editorial de los libros de Harrison había brindado para los medios. No hicieron preguntas al respecto y Dean casi no puso atención a nada; pero Sam sintió una extraña certeza de que ALGO iba mucho peor cuando Daniel Chester, el Presidente de la editorial, anunció que la empresa se haría cargo de finalizar y publicar la última de las novelas de Mark antes de fines de Octubre. Y presentó en sociedad a los autores, un puñado de chicos y chicas de todo el mundo que conocían mejor que nadie el Universo de la Saga del Viento y eran proclamados como los ídolos del momento por millones de fans. Phoenix había jugado sus cartas, y Mark Harrison no llevaba cuatro días muerto aún. Todo era demasiado sospechoso para el más joven de los hermanos Winchester.

No podía precisar exactamente POR QUÉ. Sólo lo sabía, así como supo muy dentro de su carne que la perversa contratista de los cruces de camino estaba metida en eso. Y le gustó menos aún enterarse de que esos jovencitos serían los próximos herederos de todo el imperio de la Saga del Viento. No era por dinero, no era por poder, no era por fama… un poder superior estaba involucrado, y extrañamente Sammy sintió que la espalda se le estremecía al pensar que quizá esos chicos podrían estar en problemas también. ¿Y si lo que estaba buscando tenía que ver con los libros, y no con Harrison por sí mismo? ¿Y si el plan del Demonio de Ojos Rojos era mucho más grande de lo que creía? ¿Había chance de detenerlo, de uno u otro modo? Reconocía que empezaba a volverse loco con el asunto, que estaba yendo demasiado lejos, ¡Pero no podía evitarlo!

No podía comer, ni dormir, ni respirar; de sólo pensar que esa zorra caminera no le dejaba rascar más que la punta del iceberg, mientras asesinaba a su hermano y única familia con el correr de los días.

Dean no había querido exponerse demasiado. Sam tendría que ser quien diera la cara en los eventos públicos de ahí en más.

"¡Por si no te acuerdas, soy yo el que está condenado a pudrirse en una celda hasta el fin de la Eternidad, Sammy! Tampoco es como si pudiera caminar por las calles de Los Ángeles como una estrella de cine, ¡Si nos descubren aquí, somos hombres muertos los dos! Hendricksen seguramente se reiría mucho de esto… tú, enloquecido por un suicidio que no termina de cerrarte, y yo aquí sentado sólo viéndote hacer." le había dicho Dean aquella tarde, cuando volvieron al hotel en medio de una refriega de las más leves.

Mientras intentaba encontrar la oficina 33-A en el edificio del dormitorio, Sam tenía la cabeza puesta en todas esas revolucionarias cuestiones. No había querido volver a pelear con Dean por idioteces, reconocía que algo estaba jodido no sólo con el caso sino con él mismo, pero no entendía la neurastenia del otro al respecto. Se comportaba como una menopáusica, ¿Sería efecto de la proximidad del fin de su existencia, o finalmente se daba cuenta de lo cerca que estaba de caer en el Infierno? Al final halló el mentado despacho, y procedió a usar la llave que habían robado en la conserjería para entrar sin dejar rastros de irrupción violenta.

Por su parte, Dean todavía intentaba por todos los medios encontrarle sentido a ese asunto. No habían tocado uno solo de los libros de Harrison, siquiera para constatar que el poder oculto de esos artefactos radicaba en lo que ponían en la mente de las personas, tal como Sammy insistía en decir. Pero sí empezaba a ver algunas cosas, además de que la paranoia de su hermano crecía: estaba comenzando a sospechar por dónde venía todo el asunto. Si era tan así, entonces era posible que Harrison hubiera sido víctima de su propia historia y se hubiera matado en medio de alguna alucinación salvaje y atroz. Suponer eso le llevaba a pensar, del mismo modo, que muchos otros cientos de fanáticos estaban en el mismo peligro que él. Quizá la respuesta no fuera encontrar al "asesino fantasma" del autor, sino destruir de una vez por todas el manuscrito del mentado libro e impedir que fuera publicado.

—Ya lo tengo. —observó Sam, cuando la puerta se abrió.

Quitó las fajas de seguridad que ponían "Departamento de Policía de Los Ángeles" en letras negras sobre un plástico amarillo y procedió a entrar. Pero tanto él como Dean se congelaron cuando otra puerta del mismo pasillo se abrió, y una mujer de unos treinta y cinco años salió al corredor con un montón de fólderes en las manos… ¡Y los vio, justo con las manos en la masa!

—… oigan, ¿Qué están haciendo ustedes dos ahí? —preguntó la mujer, alarmada.

Sam miró a su hermano de reojo, y el otro comprendió de inmediato. Con una de sus sonrisas marca "soy-irresistible-para-cualquier-chica-sin-importar-la-edad", Dean sacó del bolsillo interno de su gabardina una identificación de Policía (obviamente falsa, pero no la enseñó por más de medio segundo) y se puso justo en el campo de visión de la mujer, a fin de que ésta no viera lo que Sammy estaba haciendo.

—Buenos días, señora. Yo soy el Detective Mahoney y ése es mi compañero, el Detective Calahyde, del Departamento de Policía de Los Ángeles, división de Homicidios. Necesitamos registrar algunos documentos de la oficina del profesor Harrison, ya sabe… es papeleo y algunas investigaciones de rutina. —contestó él, buscando el modo de hacer que la profesora se concentrara sólo en su sonrisa, y no en que los nombres "Mahoney" y "Calahyde" los había sacado de la película "Loca Academia de Policía".

— ¿Homicidios? Harrison se quitó la vida en su casa, ¿Qué buscan en su oficina? —le increpó la mujer (una cuarentona, ahora que miraba más de cerca), con una mirada que no se dejaba intimidar— Quiero ver la orden de cateo, ¿Saben la cantidad de idiotas que se han hecho pasar por Policías en los últimos días, intentando entrar aquí? —

—No puedo revelarle esa información, señora. Pero si usted quiere comprobarlo, mi jefe ya habló con el decano de la Universidad y dejamos la orden en su escritorio, hace como una hora. Circule, por favor. —le pidió Dean, con una sonrisa amplia y lisonjera.

—… ¿Por qué la División de Homicidios está metida en esto? El hombre se suicidó, no hay nada más qué decir. —insistió la profesora, corajuda.

—Señora, ¿Quiere que la arreste por obstrucción de la Justicia…? —

Mientras Dean discutía con la mujer, el hermano menor aprovechó para entrar a la oficina y cerrar la puerta a sus espaldas. El interior del cuarto (enorme, enorme oficina) se veía oscuro y siniestro, pero no quiso correr las cortinas para no delatarse. Usando una de sus linternas, el muchacho se dio el lujo de recorrer rápidamente el despacho, hallando un montón de libros desperdigados sobre el escritorio, un librero enorme también lleno de un sinnúmero de volúmenes y muchos papeles amontonados. El primer sitio dónde buscar fue el cesto de la basura, pero ahí sólo había servilletas de papel y envoltorios de caramelos o algún que otro pastelillo. No contento con los resultados, Sam inspeccionó el resto de los recovecos de la habitación (quizá buscando una caja fuerte, algo escondido detrás de la pared o de un cuadro), pero tampoco halló nada convincente.

—Demonios… —susurró, preocupado— Si no encuentro algo que me dé la razón de todo esto, Dean no creerá una sola palabra… vamos, Mark, sé que andabas en algo raro, sé que no escondías esas cosas en tu casa. —

Lo siguiente que hizo, mientras aún escuchaba la voz de Dean en el pasillo en lo que éste conversaba con la profesora ésa, fue sentarse en la silla giratoria del escritorio de Harrison, a pensar un poco. Ahí se percató de que el enorme buró tenía varios cajones y se le dibujó una gran sonrisa en los labios…

—Lotería. —dijo, y abrió el primer cajón.

No había nada importante ahí, ni tampoco en el segundo o en el tercero. En el fondo del cuarto cajón, Sam encontró nada más abrirlo, un libro grande de tapas gruesas que no tenía aspecto de ser nuevo. Con curiosidad, lo sacó y constató que una cinta roja colgaba de un extremo, marcando una página cerca del final. ¿Qué sería? El encuadernado era de gran calidad, no tenía título en ningún lado… al abrirlo justo en la página mencionada, el muchacho encontró un montón de anotaciones y dibujos de puño y letra hechos por el mismísimo Mark Harrison. SU DIARIO PERSONAL, APARENTEMENTE. El volumen era de un grosor increíble, y las hojas de papel de Biblia estaban llenas de notas, todas con su fecha correspondiente. Empezó a pasar una por una las hojas, desde el fin hacia delante, y notó de inmediato que las notas no eran regulares: algunas veces, Mark no escribía nada por meses… los años disminuían sucediéndose a gran velocidad, hasta que llegó a la hoja número uno y constató la primera fecha ahí anotada:

"26 de Diciembre de 1996"

—… esto es hace casi diez años. —observó el chico— ¡Esto es! ¡Aquí tiene que ser, no puede haber otro testimonio de lo que pasaba, que no fuera este libro! En alguna parte debe figurar alguna referencia a su encuentro con el Demonio, no puede haber dejado de anotar algo tan importante. —

Otra cosa que Sammy no notó a primera vista fue que, con el correr de los años, la caligrafía, los dibujos y las anotaciones de Harrison se volvían cada vez más descuidadas y torcidas; y que la última hoja estaba plagada de frases incoherentes que, si se hubiera detenido dos segundos a leer, le habrían sonado muy definitorias. Pero él no se fijó en eso al principio, no. Sam estaba más preocupado por descubrir CUÁNDO MARK HABÍA HECHO SU INCAUTO PACTO CON EL DEMONIO, Y QUÉ TÉRMINOS INCLUÍA ESE CONTRATO...

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De vuelta en el hotel, a eso del mediodía (y después de que Dean se hubiera librado de la profesora cascarrabias con tanto encanto y naturalidad), los hermanos Winchester se instalaron en sus respectivos lugares acostumbrados: el mayor frente a la tele, viendo si se presentaba algo nuevo; y Sammy muy concentrado en su investigación sin brújula.

Para variar, todo lo que los canales locales ¡Hasta la CNN! hacían, era repetir una y otra vez lo que el presidente de Phoenix había dicho el día anterior: que "Secreto en el Río Azul" finalmente sería terminada por un grupo de ignotos autores de fanfiction, y todos se empeñaban en exhibir la historia de vida de los chicos y chicas del nuevo staff, habían entrevistado a los amigos y familiares de los mismos y procuraban "inventar" rumores y cosas para mantener el interés de los televidentes. El mayor de los Winchester suspiró de cansancio y se aflojó el cuello de la camisa, muriéndose de hambre… observó por medio segundo a Sam: el otro parecía estar muy enfrascado leyendo un libro de tapas azules que había sacado a hurtadillas del despacho de Harrison. Durante la fuga de la Universidad y el posterior camino de vuelta a su hogar provisional, Dean se había preguntado mucho de qué se trataba ese volumen, qué rayos contenía. Al principio no quiso preguntar, prefirió esperar a que su hermano se lo dijera por sí mismo, cuando le presentara pruebas de que su obsesión estaba justificada.

Pero al cabo de media hora sentado viendo las mismas noticias, reventó:

—… ¿Qué estás leyendo? —se le dio por preguntar, desganado.

—El diario personal de Mark Harrison. —contestó Sammy, como si fuera nada.

Oír eso reactivó a Dean de inmediato. Se levantó del sofá y se acercó a la mesa con rapidez, de pronto interesado en el descubrimiento. Mas, cuando iba a fijar los ojos en ese libro, el hermano menor cerró el volumen y lo protegió bajo sus brazos cruzados, con aire indiferente y hasta apático.

— ¿En serio? ¿Cómo lo encontraste? —increpó Dean, con el ceño un poco fruncido por la reacción de Sam— ¿Y bien? ¿Me vas a dejar verlo? —

—Lo estoy leyendo todavía, intento descifrar qué sucedía. Si hay alguna pista de lo que lo llevó a suicidarse (o de lo que provocó su muerte), entonces tiene que estar en su diario. —contestó Sam, evadiéndolo— Y como dijiste que no moverías un dedo hasta que no te presentaras pruebas, puedes irte de parranda o ver una película de las que a ti te gustan, yo tengo trabajo qué hacer. —

—… Sammy, ¿Qué diablos pasa contigo? —recriminó Dean, molesto y haciéndose un gesto de locura con el dedo sobre la sien— Desde que supiste lo que le pasó a ese tipo, estás persiguiéndote por cualquier cosa, y me tratas a mí como si… —

—Tú decidiste que así sería esto, ¿No? —contrapuntó Sam, serio.

—Puede ser, pero no… —

—Entonces vete a dormir, o ponte a ver una película, o vete por ahí. Yo investigaré y te llenaré la boca con un bollo de calcetines si tengo razón, por lo pronto estoy ocupado y necesito concentrarme. Aunque sea mediodía apenas, ¿Por qué no sales a algún bar, te consigues alguna chica y dejas de preocuparte por mí? —concluyó el hermano menor, todavía algo frío.

Dean masticó un juramento que nunca salió de sus labios, y terminó por quitarse la corbata para arrojarla sobre el sillón con un gesto perturbado. Definitivamente, ese Mark Harrison estaba jodiendo la mente de Sammy con su maldita muerte. ESO SÍ QUE ERA SOBRENATURAL, no el suicidio del sujeto. ¡Bien, sí! ¡Podría largarse y vivir lo poco de su vida que le quedaba, disfrutarlo como nunca! Tenía un par de fantasías que cumplirse que tenían que ver con varias chicas en la misma habitación, y…

Lo malo era que no se sentía con ánimos para salir.

—No tengo ganas de hacer nada. Toda esta maldita tranquilidad me saca de quicio y no puedo concentrarme ni siquiera en comer. ¡Todo un asqueroso ejército de Demonios ahí afuera, camuflándose con las sombras y listo para atacar, y nosotros con letreros de colores fluorescentes en la espalda! —empezó Dean, primero con tono calmado pero de a poco elevando la voz, hasta que clavó su feroz mirada verde en Sam y continuó— ¡Esto de que no pasa nada, no sabes cómo me frustra! —

—Obviamente, no se quedarían sentados esperándonos, Dean. —observó Sam— Y por más que los busquemos, no daremos con ninguno. Más bien, somos NOSOTROS los que deberíamos quedarnos sentados esperando a que vengan a buscarnos. Esos carteles fluorescentes no serán tan malos a fin de cuentas.

—No me importa, sólo quiero dormir y olvidar todo esto. —decidió Dean.

El hermano mayor, todavía frustrado y hastiado de su propia debilidad, se quitó esa pesada gabardina oscura de los hombros y se lanzó sobre su cama con todo y zapatos, a enroscar una almohada en su brazo a fin de poder descansar otro poco. Trescientos cuarenta y un días más, y todo habría acabado: el miedo, la frustración, la desesperación, el dolor, los oscuros deseos de venganza… no entendía cómo un día podía verlo a todo tan claramente y decir "¡Al diablo con la cacería!" y al siguiente decidir "¡No puedo dejar esto, papá nunca lo perdonaría!". ERA TAN DEVASTADOR…

Sam sólo lo observó hasta que supo que estaba dormido, y abrió el libro otra vez en las páginas del principio, por culpa de Dean, se había perdido y debía retomar la lectura:

"26 de Diciembre de 1996"

"Visitando Atenas, ciudad capital de la cultura más ilustre de todos los tiempos. Los palacios, las acrópolis… las ruinas son impresionantes. Ahora que he decidido comenzar a documentar mi vida para la posteridad, creo que fue un excelente principio inaugurar este diario con el viaje a casa de Ellis. Esa hermana mía, ¡Siempre tan simpática…!"

El resto de la nota del día hablaba de las actividades que el autor había tenido en el plazo de su visita por Atenas. Sam pasó algunas hojas, sabiendo que nada importante habría ahí. No le interesaba encontrar los detalles sobre el Partenón ni los mágicos y mitológicos lugares que Mark había recorrido, ni tampoco prestó gran atención a sus primeros esbozos de personajes e ideas implícitas: su objetivo era toparse de una vez por todas con la anotación del momento exacto en que había hecho el pacto con el Demonio de Ojos Rojos. Entró finalmente en las notas de 1997, y empezó a prestar más atención a la lectura…

"6 de Enero de 1997, Atenas – Grecia"

"Hoy conocí a una mujer maravillosa. Nos cruzamos de casualidad, en una calle, en lo que yo volvía de la tienda con los víveres que Ellis me pidió que le consiguiera. Mi griego no es muy bueno, pero pude esbozar un 'disculpe usted' y ella me ayudó a levantar todo lo que habíamos tirado. ¿Mencioné que chocamos al doblar la esquina? Jah, así fue. Mis bolsas se mezclaron con las de esa chica, y luego me di cuenta de que tenía cosas que no me pertenecían, así que prácticamente la seguí de vuelta a su casa tratando de alcanzarla para devolvérselas… ella entró en un callejón algo oscuro y por fin escuchó mi llamado, y regresó."

"Conversamos un rato, pero no me dijo su nombre. Agradeció mi gesto y por lo poco que pude entender al principio, dijo que yo era un hombre muy amable y generoso, y que me daría suerte ser así de cálido con las personas. Luego, la conversación continuó en inglés (seguro ella notó que soy norteamericano) y me invitó a tomar un poco de té en su departamento… olvidé por completo que traía los víveres para Ellis. Me quedé tildado con su belleza, ALGO en ella era increíblemente seductor y no podía decirle que no…"

Sam frunció el ceño. ¿Finalmente? ¿Era ése el día exacto? Prefirió continuar con su lectura, cada vez más ajeno a lo que sucedía a su alrededor. Se salteó varios párrafos en los que Harrison se explayaba en la conversación con la chica, y se detuvo en cuanto vio de reojo que mencionaba algo sobre "mirada rojiza y seductora, casi traviesa."

"…no puedo escribir tranquilo. Esa mujer tenía ALGO, estoy seguro. Y más lo estuve en el momento en que, de la nada, me dijo que podía ofrecerme todo lo que yo quisiera y aún más, porque era Ama del Destino y tenía en sus manos el poder de hacer que mi vida mediocre cambiara para siempre. No le creí, al principio, pero entonces la habitación casi se hizo más pequeña y asfixiante, y sentí que mi cabeza estallaría en cualquier momento, que un éxtasis maravilloso estaba siendo descargado en mi mente… fue lo primero que sentí cuando ella me besó, apasionada, ¡Y me sorprendí con lo desinhibidas que son las mujeres griegas!".

"Es fantástica, una especie de diosa de increíble sensualidad. Me quedé en su casa esa noche, y olvidé absolutamente todo. Estoy seguro de que no tuve consciencia de nada, excepto de que mi vida sí cambió: había pasado una noche fenomenal con esa chica, y ella había desaparecido a la mañana siguiente como un fantasma, pero aún podía sentirla en mi cuerpo. Todavía percibía en mis labios el sabor del primer beso, el mejor y el más profundo de todos…"

Samuel Winchester cerró el diario, de pronto. Tenía el ceño ferozmente fruncido, y el sonido de los leves ronquidos de su hermano sólo sirvió para que la sangre le hirviera aún más. NO HABÍA DUDA ALGUNA:

—Estuviste ahí, maldita perra. Lo hiciste, ¡Sellaste un trato con Mark, sin que él se diera cuenta! —concluyó, con un susurro asesino— ¡Lo hiciste aún contra su voluntad! —

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Era muy tarde por la noche. El horario de trabajo era largo y pesado, y cualquiera que estuviera acostumbrado a la doble vida de ser estudiante y escritor lo sabía de sobra. Lo que Jonathan Shore no comprendía aún, era cómo los ejecutivos de Phoenix Editions les podían dar tan poco tiempo a él y a SU equipo, para trabajar en el maravilloso capítulo final de la mejor de las novelas que jamás se hubieran escrito. El joven de veinticinco años caminaba por un largo pasillo entre cubículos de oficinas, llevando en la mano el producto de toda una tarde de trabajo después de haberse leído TODO el manuscrito de "Secreto en el Río Azul", y haber constatado que sería casi imposible equiparar ese enorme talento literario. SÓLO UNA PÁGINA era lo que había podido pasar en limpio de los pobres argumentos expuestos por sus compañeros.

Al ser el mayor del grupo, Jonathan se había autoproclamado jefe del equipo y no se tardó nada en tener sus primeros roces con Judith Milgren, una engreída que se creía lo más grande del mundo sólo por haber sido alumna de Mark. Ella y Lillian Blackthorne, las dos únicas chicas del equipo, se habían puesto de acuerdo en defender su propia idea del secreto final del último capítulo, algo que a él y a Demian les parecía ridículo y demasiado "rosa", mientras que Donald sólo se quedaba callado y escribía, como era su costumbre. Pero el trato con Phoenix era ponerse de acuerdo y escribir un final impactante, para que les pagaran a todos los millones prometidos y tuvieran al fin el éxito que merecían. Con el humor bastante quemado, Jonathan accedió finalmente a llevar el único segmento válido de argumento que tenían pasado en limpio para mostrárselo al señor Sherman, el editor que los supervisaría.

—… esto es basura, pura basura. —murmuró Jonathan, y levantó la hoja.

Se concentró en caminar por el extenso pasillo y leer en voz baja, tontamente.

— "…la Princesa Raik-al-Nahum, señora de los Sarracenos Olvidados, deslizó fuera de la vaina su espada y oscureció el cielo con su poder, dirigiendo hacia el Caballero de la Fuente de las Musas una mirada pétrea y exánime desde las recónditas órbitas siniestras de su máscara blanca. Era el momento de decidir el Destino de todo, el Río Azul lavaría la sangre del caído y los fluidos que mancharan la espada vencedora, y todos lo sabían con claridad. Ella no vaciló; el cielo súbitamente gris relampagueó sobre su furia, y…"

Jonathan se interrumpió de pronto en su lectura y en su caminar, cuando las luces del pasillo bruscamente parpadearon. Frunció el ceño, y miró hacia arriba con confusión, al tubo fluorescente que chispeó y titiló varias veces. Pero no fue el único: todos los tubos del pasillo hicieron lo mismo.

—… una caída de tensión, posiblemente. —susurró el muchacho, y regresó a la lectura con tranquilidad— "...el sudor corrió por la frente del Caballero, y la Princesa bajó el acero de su espada hasta que el filo rozó las piedras del río, para que el agua se volviera negra y aciaga. El aire se volvió pesado, húmedo, dificultaba la respiración, mientras que los relámpagos seguían iluminando el cielo desde mil puntos diferentes…"

ESA VEZ, HASTA EL AIRE PESÓ EN SUS PULMONES. Jonathan volvió a detener sus pasos y levantó despacio la mirada de la hoja. Cada vez, los tubos fluorescentes se ponían a parpadear con más intensidad, recordando a relámpagos. Se le hizo difícil hablar o respirar, hasta que sintió que unas gotas de sudor bajaban de su frente hacia el puente de sus anteojos… acabó por quedarse muy quieto, en medio de una vorágine opresiva que no tenía precedentes. Tragó saliva, y desvió la vista hasta el fondo del pasillo oscuro, y al fin fue capaz de VERLA:

Una figura alta y delgada, que traía el rostro cubierto con una máscara blanca que le imitaba un rostro humano. Con el cuerpo envuelto en túnicas, y muchas joyas de oro sobre el pecho, la cadera y los brazos; estaba de pie cerrándole el paso, a unos cinco metros de distancia y rodeada por un halo de oscuridad. Jonathan supo que era una mujer, eso era claramente evidente. Su cabeza adornada con velos blancos y dorados no se movió ni un centímetro, pero el brazo enguantado desenvainó una larga espada Claymore de acero brillante, y la mirada muerta en los ojillos negros de la máscara lo paralizó por completo.

—… la Princesa Raik-al-Nahum… —susurró el chico, aterrorizado de pronto.

Con terror, Jonathan observó impávido cómo la Princesa fantasma se arrojaba en su dirección, caminando con pasos largos y seguros, con esa espada en alto.

— ¡NO! —gritó el chico, y soltó la hoja de papel— ¡No eres real, no eres real! —

El joven escritor dio media vuelta y echó a correr entre los cubículos, desesperado. Se volvió varias veces, entre parpadeos de las luces, y cada vez parecía que el espectro se acercaba más y más a él. En determinado momento en una encrucijada que terminaba en cierto ventanal inmenso, Jonathan se detuvo en seco y notó que la Princesa no estaba por ningún lado… soltó un suspiro aliviado, y se agarró el pecho con una mano, como si lo único que quisiera fuera recuperar el aliento. Se quitó los anteojos y los limpió con ambas manos temblorosas usando un pañuelo, buscando afanosamente que su corazón dejara de latir tan rápido.

—Sólo es el sueño, Johnny, sólo el sueño… estás cansado, y esos idiotas te sacan de quicio; no pasa nada, ¡No existe la Princesa de los Sarracenos! —trató de decirse, con la voz temblorosa.

Volvió a colocarse los lentes, y su visión borrosa se estabilizó de pronto, A MENOS DE UNA MILÉSIMA DE SEGUNDO DE QUE UN ROSTRO BLANCO INEXPRESIVO SE ESCABULLERA DE LAS SOMBRAS PARA ATRAVESARLO DE LADO A LADO CON SU PODEROSA ESPADA…

El grito en la oscuridad casi sacudió a todo el edificio.

-:-»CONTINUARÁ«-:-

O.O ¡¡¡NO!!! Se quieren matar, se quieren tirar de un sexto piso porque parece que esto se ha vuelto sobrenatural muy de pronto, ¿No? ¡MUAHAHHA! Sabían que algo no andaba bien, pero no podían decir exactamente qué era… ahora, vamos a hacer los interrogantes tontos de siempre: ¿Qué fue lo que pasó con Jonathan? ¿Qué es esa extraña criatura que lo persigue? ¿Por qué los libros parecen ser tan peligrosos? ¿Dean ha visto todas las películas viejas y malas habidas y por haber? ¿Sam realmente está enloqueciendo con todo este asunto? ¿Seremos capaces de subir otro capítulo de esta tontería en los próximos días? Eso dependerá de lo que los lectores digan, la respuesta que nos den y el apoyo que nos brinden, claro… ¡Es lo menos que podemos hacer en agradecimiento! XD

¡LOS VEREMOS PRONTO!

PD: Vamos, vamos… saben que quieren dejar el review, ¡Háganlo ahora antes que se termine el mundo! XD

Atte: Infernalis Adversarii

A.K.A: "Las Desgraciadas sin Nombre"