¡Saludos al lector!
Tardé en escribir, tardé en publicar, pero es que tardé en pensar. No podía escribir este capítulo, creo que la musa que me inspira no me ha visitado últimamente (en sentido figurado). En fin, que sea de su agrado, ruego. Y si son tan amables, coméntenme qué les parece.
Capítulo IV "mejor hubiera sido…"
Agente Libre Ada Wong
Espía de la Organización
21 febrero 2014
06:10 horas.
Nada pretende mejorar. Es como si en realidad se tratase de la decadencia misma, porque todo comienza a deteriorarse y a tornarse en mi contra. ¡¿Por qué es que acepté este encargo?!
No es nada nuevo el que decline mi decisión a estas alturas, es más creo que ya me estaba tardando en considerarla altamente estúpida.
Oigo que lo nombran sujetos que no tienen el derecho siquiera de poner en sus labios su nombre. No soy gran defensora de débiles, ni menos, aunque no se trate de un débil, pues me demuestra lo contrario cada vez. La supervivencia que acompaña su vida es titánica. Empiezo a creer que no existe lo que pueda con él.
— ¡Tráiganmelo ahora!
¡Malditos…!
No puedo perder los ánimos en este momento, se supone que soy profesional en esta área. El estoicismo no puede fallarme ahora, he visto y oído cosas peores. Quizás comience a perder la estabilidad que antaño había forjado con malas experiencias, o quizás se trate de otra de mis muchas máscaras, y no una cualidad que creí tener por fortuna. No, claramente ese no es el caso. No hay fortuna o suerte. Eso es cosa de ingenuos.
Observo nuevamente, por el orificio con el cual me permiten ver los sujetos delante de mí, al hombre que grita cual condenado en desgracia. No me sorprenden sus características, no luce como lo haría el dueño de todas estas bestias baratas. Es más, creo que se trata simplemente de otro infectado por esta subespecie del virus Las Plagas. Tal vez sea el único en hablar nuestro idioma.
Me cubro en vano nuevamente, dado que los tres sujetos frente mío no hacen más que permanecer frente a las ventanas. Creo que puse más énfasis del necesario en pasar desapercibida.
Compruebo lo recién contemplado al descender por las escaleras sin ningún inconveniente, los infectados permanecen igual que antes. Cuando llego al tercer piso, el cual es de menor tamaño que los de abajo, igual que el último, me veo apresada en una densa obscuridad, que me atrapa y me obliga a ser parte de ella. Por lo menos, y así, lograré pasar desapercibida.
Me gustaría encender mi linterna, pero si no me encuentro sola sería una muy mala idea.
Me detengo frente a una pared, la cual encontré palpando hacia un costado. Mi sentido de orientación sigue intacto, por lo menos podré seguir sin conseguir obstáculos, pero me detengo al escucharlos gritar de nuevo.
— ¡Tranquilícese, Señor! ¡Veremos qué podemos hacer! — Los oficiales insisten en molestar.
— ¡Váyanse de aquí! — Contestó otro.
Eso creo que fue todo, pues los disparos oídos al final claramente son de los infectados. Los han hecho huir. Los oficiales de policía siguen siendo algo torpes al querer resolver o involucrarse con trabajos que no les incumben.
Oigo la partida de los efectivos con rauda convicción de alejarse. Pareciese que juegan carreras al explotar sus motores vehiculares de esa forma. Es la mejor decisión que han tomado.
Comienzo a caminar en recto, pero me detengo al chocar mis pies con madera pesada. Enmudezco mi queja, y palpo el material desde la altura de mis pies. El tener guantes me dificulta reconocer lo que estoy tocando, pero de igual modo puedo comenzar a formar ideas. Llego hasta la altura de mi cintura, y al notar que se hace más pequeño al ascender, solo un poco más, veinte centímetros máximo, veo que su anchura continúa posterior a mí.
Me adentro al estirar mi brazo y alcanzar algo palpable nuevamente. No es lo más profesional que he hecho, pero esta vez no quiero que se sepa nada de mí, aunque no esté muy segura. Mis dedos cubiertos tocan algo un poco más duro y fino que la madera, pero al presionar un poco sobre él suena un tono extremadamente bajo. Sigo con mis dedos lo largo de este objeto, por más que tenga una idea de qué se trata, y al notar que nadie se acerca con violencia hacia mí por el sonido delatador, continúo con mi tarea. Al sentir filas de tablas pequeñas, una acompañada de la otra, junto con otras en menos proporción al comienzo de éstas, me queda claro qué es.
— Qué bonito, un… piano — Mascullo con cierto disgusto.
El ver este instrumento en casi todas las misiones encomendadas me parece un irritante cliché. Casi que me recuerda los años en los que habría pagado por aprender a usarlo.
Tal vez si hubiese tenido tiempo para estudiarlo lo hubiera hecho. No sé a quién pretendo engañar con mis pensamientos, pero nada cambiara mis decisiones. Por lo menos, no ahora. Ya cambió mucho hace tiempo.
Aventurándome, enciendo mi linterna al no escuchar rastros de vida cerca de mí. ¿A quién pertenecían estas mansiones? Realmente tiene gustos más que extravagantes. Efectivamente, debe de tratarse de un loco. No he visto tanta locura por la *taxidermia desde el jefe de Departamento de Policía del difunto Raccoon City. Menudo trauma.
Los cadáveres de animales rodean la sala. Tal vez, si hubiese estado despistada, me hubiese visto atrapada en una jauría de lobos que, para mi fortuna ciega, estarían muertos todos.
Camino evadiendo con cuidado los animales muertos, pero me detengo al ver un cuadro de tamaño enorme echado chueco sobre una pared. Lamentablemente ha sido quemado y solo quedan a la vista los torsos de los que en un momento fueron los protagonistas de la belleza de lo que se expresa.
— Encontré a los dueños… — Musito inaudiblemente.
Veo las escaleras que dan abajo en una de las esquinas del piso, al dirigirme allí oigo que los sujetos que dejé en el piso anterior descienden presurosos hacia donde estoy. Sin pensarlo, lamentablemente, me dejo llevar por el temor, no por mí, sino por las muertes provocadoras, y bajo por los peldaños que dan al anterior piso. Ahora ya no importa, si me encuentran tendré que matarlos.
Sin desearlo, mi pensamiento se vuelve realidad, pues me descubre descendiendo uno de los hombres. Pero, antes de que articule algo o levante su arma, salto con violencia a su cuello, y con las piernas logro romperlo al girar. Cae al suelo en silencio, pero los que están en el piso de arriba corren hacia mí, quiero creer.
Me coloco al costado de una columna que se levanta posterior a mí, me escondo mientras espero a que arribe el resto. Apago la linterna y, mientras agradezco haber traído el silenciador de mi Nine-Oh-Nine, lo coloco. Observo el arma con satisfacción, a pesar de la obscuridad. Me ha encandilado desde que la vi. "Wesker Junior" tiene muy buenos gustos.
Los tres bajan con velocidad, pero antes de que pudiese apuntar, siguen su camino, sin reparar en mí o en el cadáver echado junto a la pared.
Bien… ya me he confundido.
Los sigo cautelosamente, siendo natural, pero no logro encontrarlos, descendieron hasta el último piso. Con lo que me ha costado llegar al anterior. Abren la puerta principal y salen de la mansión, dejándome completamente sola. Oigo que gritan desaforadamente afuera. Casi todo el grupo. Pero entre ellos, se da a escuchar un grito muy agudo, claramente una mujer. ¡Maldición, Leon!
Corro hacia la ventana que está cerrada, y con cuidado comienzo a abrirla. Queda un espacio muy pequeño para ver, pero lo suficiente para dar un ojo. Veo que afuera hay mucho más hombres de los que creía que había. Todos infectados, demasiado obvio es eso. Pero por una de las ventanas de la primera mansión arrastran, un grupo de tres, a una muchacha con equipamiento de agencia. No me digas que estos son tus hombres…
Al recordar que está a cargo de ellos, algo más viene a mi mente. Espero nerviosa a ver qué más sacan de la primera. Dos hombres más, uno inconsciente. Sangre chorrea por la cabeza del despierto.
— ¡Señor Kennedy, sabemos que está aquí! — Desmedidamente gritan hacia el cielo. ¿Acaso se están burlando?
No me gusta cómo pinta esto. Creí que serían más profesionales quienes están a cargo al darle hombres de verdad. Pero resulta ser que los aficionados siempre serán sus amigos.
— Leon… si estás en la segunda mansión, ocúltate y no salgas.
Nunca ha sido bueno acatando mis órdenes, creo que si le dijera que saliera cuanto antes permanecería oculto. Pero quiero creer que se trata de su supuesta diversión. Lo he visto sonreír cuando me enfado, y eso es lo más ridículo que le he visto hacer. Y lo peor de todo es que me gusta. Tal vez, no sea la única.
Recuerdo que la primera vez que le pedí que huya permaneció hasta verme morir. Todo esto comienza a deteriorarnos. He fruncido el ceño tantas veces por su culpa que creo ver surcos en mi entrecejo por más que esté relajada. Mejor hubiera sido haberte esquivado la primera vez…
— O la segunda y la tercera — Murmuró para mis adentros.
Que esta sea la única vez en la que no intentas ser el héroe. Por favor, simplemente no seas tonto, y preocúpate por tu vida.
— No salgas de dónde estás, por favor…
*taxidermia: Arte y técnica de disecar animales para conservarlos con apariencia de vivos.
Notas: Espero que lo hayan disfrutado. Para mi lamento, esta historia es la que ha sufrido con los capítulos más cortos que he escrito, pero espero que sea suficiente. Aunque mi preferencia sean capítulos largos. Pero, bueno… Saludos, éxitos y nos leemos. ¡Chau!
