Levantó la vista al oír un ruido proveniente desde el pasadizo y se puso en posición de ataque, nunca se era demasiado precavida.

Korra soltó un suspiro de relajación al ver a Raava pasando por él y se apresuró a ayudarla a cerrar y ocultar la entrada al túnel de huida. Todo sin hacer ningún ruido, a pesar de que quedara más de una hora para el amanecer y que las mujeres del harem fueran despertadas aún podría haber alguna sirvienta u otra concubina desvelada que pudiera descubrirlas.

Terminaron de colocar el último adorno sobre el mueble que tapiaba la entrada con todo eso y las cortinas nadie sospecharía que se encontraba allí.

-Descansa.-le recomendó Korra viendo las leves ojeras en su hermoso rostro una parte de ella deseaba que fueran por aquella noche pero esas marcas se habían convertido en algo habitual en el rostro de la concubina.-Y será mejor que intentes ocultar esa sonrisa, sospecharan.

Raava se llevó las manos al rostro con preocupación, obviamente no era consciente de la expresión de su rostro. Tendría que pensar en lo que podía pasar si los descubrían para poder evitarlo.

Sin nada más que decir Korra salió de la gran sala reservada para la favorita, era una suerte que Raava no quisiera tener a sus damas y sirvientas personales cerca por las noches que tenía libre, hubiera sido aún más peligroso. Sacudió la cabeza alejando aquellos pensamientos, había sido ella la que los había animado a correr ese riesgo así que era su principal responsabilidad protegerlos a costa de su propia vida.

Lástima que tuviera algo por lo que vivir aparte de su lealtad y amistad con la favorita.

-¿Korra?

Y allí estaba, con unos preciosos ojos verdes y tristes como la de la mayoría de las mujeres del harem que experimentaban la brutalidad del emperador que ni el lujo podía ocultar, llevando unas prendas de dormir de color violeta con las mangas vaporosas.

Y sola, era muy raro que la tercera no estuviera acompañada por alguna de sus damas.

-¿Ocurre algo Dama Asami?-dijo sonando formal mientras la miraba de frente, en aquellos momentos se alegraba de ser una mujer y de tener una posición tan privilegiada como para poder hacerlo.

-¿Habéis pasado la noche con la Dama Raava?-preguntó en un tono inquisitivo.

Mierda, se había olvidado que a pesar de todo entre esas paredes era común que las mujeres intimaran más de lo habitual. Y si una pasaba toda una noche en una habitación que no era la suya solo podía significar una cosa.

-La Dama Raava se levanta con pesadillas.-se limitó a decir.-Ayer me pido que me encargara de velarla en sus noches libres hasta que vuelva el emperador...

La culpa se extendió por el rostro de Asami, a pesar de los lujos que supondría ser la madre de un heredero tener que pasar tantas noches con el emperador para concebirlo eran un destino que muchas no anhelaban.

-Mis disculpas…-dijo mientras se giraba de vuelta a su habitación haciendo que su cabello diera un vuelo.

El perfume a lavanda de la tercera llenó los pulmones de Korra mientras se maldecía por lo que iba hacer.

-Dama Asami, si hay algo que la preocupa….-trago saliva.-Está claro que algo ha interrumpido su sueño, y es mi deb...

-Tu deber es proteger y escoltar a la favorita del emperador y enseñar a combatir a las sirvientas y damas de todas nosotras.-la cortó tajante.-No tenéis más deber para con mi persona que mi servicio esté en condiciones de protegerme.

Y sin más se fue hacia su sala, toda la segunda planta de aquel edificio se repartía entre los aposentos para las tres mujeres más preciadas del harem por el emperador, la baja era la entrada y con algunos dormitorios, tendría que ir con cuidado y más cuando pasase cerca de los aposentos de la segunda.

Si había un auténtico peligro era ella.

La Dama Azula.

Las sirvientas duraban muy poco bajo su cargo, siempre las despechaba al mínimo error o les pegaba y por lo que tenía entendido la situación era ahora peor con la posibilidad de que Raava se quedara en cinta; ni su amante, la Dama Ty Lee, se podía librar a juzgar cómo evitaba llevar prendas vaporosas los últimos días.

Tendría que estar atenta, a pesar de que las mujeres llegaran a ser amantes entre ellas fuera un secreto a voces entre esas paredes el dañar abiertamente a otra mujer era una falta bastante grave inclusive el caso de que la agresora fuera de estatus superior que la víctima.

Un momento… ¿Aquello eran risas?

No debía hacerlo, pero de todas maneras se acercó a la puerta de los aposentos de la segunda. Era bastante extraño que un sonido así saliera de aquellos aposentos. Pero pronto se arrepintió cuando la puerta se abrió de golpe mostrando la Dama Ty Lee acompañada por la Dama Azula, la cual estaba desnuda; Korra se apresuró a apartar la mirada de la hermana del general.

-Vaya, vaya.-murmuró la morena.-Parece que es cierto lo que dicen que los sureños no saben respetar nada

-Perdón por mi intromisión, Dama Azula.-se mordió la lengua para no mandarla a paseo.-Simplemente me extrañó que estuviera usted o alguna de sus sirvientas despiertas.

-Dijo la que se pasa las noches en vela cuidando a la hija de unos granjeros.-le espetó y luego miró a Ty Lee.-Te veo después.

-Por supuesto, Dama Azula.-respondió con una reverencia y terminó por cruzar el umbral el cual se cerró inmediatamente.

Menuda noche, Raava cada vez tardando más en volver, la Dama Asami sin poder dormir y tenía a la Dama Azula haciendo vete a saber que a la Dama Ty Lee justo al lado y sin saberlo. Todo aquel trabajo empezaba a serle demasiado agotador, ser la única mujer capacitada para salvaguardar el harem era agotador. Y los eunucos apenas ayudaban.

Con un suspiro se apresuró a seguir a la Dama Ty Lee hasta los aposentos compartidos por las mujeres del harem que eran de alto rango pero no podían considerarse favoritas. Bajaron las escaleras y recorrieron los pasillos sin mediar palabras, Korra se mordió el labio nerviosa quería preguntar pero sabía que no podía hacer nada. Era cosa de Ty Lee arriesgarse de acusar a una de las favoritas del harem por abuso y malos tratos.

-Bueno aquí nos separamos.-dijo la cortesana cuando llegaron a la puerta.-Muchas gracias por acompañarme.

-No ha sido nada.-respondió haciendo una reverencia.

-Eres buena persona, para ser una sureña.-le dijo parada aun sin abrir la puerta.-Tu aura es muy pura siempre ha tenido un precioso tono azul con tonos dorados pero últimamente se ve algo opacada como si algo te preocupara.

Korra parpadeo sorprendida, había olvidado que la Dama Ty Lee tenía fama de adivina entre las mujeres y el servicio del harem. Una fama bien merecida al ver cómo había acertado de lleno con su situación.

-Permíteme darte un consejo.-continuó con una sonrisa para darle ánimo.-No te lo guardes todo y enfréntate a ello.

-Gracias por su interés y preocupación.-Korra se llevó y se agarró sus manos tensas a la espalda.-Pero me temo que todo ese estrés se debe más a mi trabajo de salva guardaros.

-Al menos habla con alguien; sé que te llevas muy bien con uno de los hombres que suele guardar al emperador.-dijo en un tono juguetón.-Una noche de descanso en buena compañía puede ayudar mucho.

Y sin más se despidió con un guiño y entro en sus aposentos sin que a Korra le diera tiempo a decir nada. Parecía que ya no solo los otros guardas y algunos sirvientes murmuraban sobre su relación con Wan, el tema había llegado a oídos de las cortesanas de palacio; ya solo era cuestión de tiempo de que se vieran obligados a contraer matrimonio como habían acordado.

A la mañana siguiente, entró en las cocinas de los guardas donde las mujeres se encontraban limpiando los restos del desayuno de estos. El único varón allí era uno de los nietos de la anciana Yin, el arquero de cejas extrañas.

-Buenos días.-saludo Mako sin prestarle mucha atención mientras pelaba algunas uvas que había tomado para ayudar a su abuela con las tareas.

-Buenas.-respondió mientras se sentaba enfrente.- ¿Has visto a Wan? Llevo toda la mañana buscándolo.

-Después de desayunar se volvió a dormir.-Korra se aguantó las ganas de soltar un gruñido ya que no podía ir a buscarlo a los barracones.-No sé qué le pasa que se pasa últimamente el día dormido. Al general Zuko no le hará mucha gracia.

Al terminar de decir eso levanto la vista lanzándole una mirada interrogativa, esperando que ella le diera la respuesta de la falta de sueño de su amigo. Como si fuera ella la causante. Lo cual en cierto sentido era cierto. Fue ella la que propuso a ambas partes los encuentros furtivos en los pasadizos subterráneos. Y ella moriría por mantener esa información en secreto.

Miro al arquero pensando mentalmente si debía de pedirle que lo buscara o le diera un mensaje de su parte. Pero no quería demasiados líos y rumores así que tomo un racimo sin pelar y empezó a imitarlo mientras rumiaba su suerte. No tenía mucho tiempo para poder hablar, en una hora tenía planeada una visita de una anciana conocida suya que estaría supervisada por otros guardas ya que era una reunión entre sureñas.

-¿Es cierto?-soltó Mako de golpe sin prestarle atención.

-¿Si es cierto que?-lo miró de soslayo en alerta.

-Se dice que la sureña que te va a visitar hoy es una bruja.-río ante la idea.-Aunque personalmente no creo mucho en esas tonterías, y aunque fuera cierto. ¿Cómo lograría una bruja que la permitiera vivir en un lugar sagrado?

Korra se mordió la lengua y las ganas de propinarle un puñetazo que podría dejarlo sin dientes. "Que la permitieran vivir" todos y cada uno de los sureños de la capital eran esclavos de las familias importantes; en su caso ella pertenecía a la familia real y se había decidido que sería la guardiana del harem, pero si al emperador o a cualquiera de los dirigentes decidían cambiarlo no podría hacer nada para evitarlo; y en el caso de Katara había sido regalada los catorce al templo de monjes que había fuera de la ciudad.

Y a pesar de que la anciana viviera casi en libertad cualquier persona podría despreciarla y pisotearla como si fueran un animal de granja. Korra tenía suerte en ese sentido en su calidad de protectora del harem nadie intentaba dañarla ya que debía de estar en perfectas condiciones de salud aunque eso no acallaba las crueles palabras que podía oír incluso de los sirvientes con un peor estilo de vida que ella.

-No, no es bruja.-respondió.-Solo es una curandera que me trae ungüentos y relajantes para los músculos.

-Sí, supongo que todos esos entrenamientos con Wan te deben dejar agotada.-comentó como quien no quería la cosa.

Korra volvió a morderse la lengua, era mejor así se repetía una y otra vez. Que medio palacio creyera que tenía algo con uno de los guardas, así nadie sospecharía que este tenía algo con una de las concubinas y que ella misma también sentía lo mismo por otra. Era más seguro así.

-Si fuerais la mitad de inteligentes que él, muchos de vosotros tendríais unas nociones de lucha envidiables.-dijo tajante pelando la última uva y levantándose.-Pero como parece que no es así, me sorprende que muchos lleguéis tan lejos sabiendo tan poco.

Y sin más que decir le dio la espalda para salir y prepararse para su visita, aquella "charla" la había dejado de muy mal humor.

-¿Estas bien?-pregunto la anciana preocupada mientras conversadas sentadas en una sala con un par de guardas apostados en la puerta abierta.

-Sí, Katara es solo que…-solo un suspiro agotada.-Hoy tuve una conversación poco agradable.

Vio cómo la anciana fruncía el ceño imaginándose con acierto que tipo de conversación la podía dejar en ese estado.

-No les escuches, Korra.-la consoló poniéndole una mano en el hombro.-La gran mayoría de ellos darían lo que fuera por tus habilidades, da gracias por ellas.

Korra no pudo evitar sonreír y abrazarla, Katara siempre sabía que decir y cuando, deseaba con todas sus fuerzas poder vivir con ella como en sus primeros años como esclava. Antes de que Zaheer la "enviara" a palacio ya que la vida en el templo no era para ella.

Era una guerrera.

Una luchadora.

Cuyas habilidades en combate era mejor que muchos guardias con tan solo trece años.

-Ya va siendo hora de que vuelva.-murmuró separándose y dándole el paquete que traía consigo.-Ya sabes cómo usarlas.

Sonrió cuando el olor a verde que venía del paquete llego a su nariz. Dentro había ungüentos y hierbas para hacer infusiones y tés que ella conocía bastante bien.

-Gracias.

-No es nada niña.-tomó sus manos mirándolas con cariño y preocupación.-Pero ya sabes que me gustaría que no las necesitases tanto…

Dejo las palabras en el aire, Korra asintió sabiendo a lo que se refería. Dentro del paquete había unas hierbas que podían provocar aborto, pero si eran usadas con demasiada frecuencia podían causar esterilidad en la mujer que las tomaba en el mejor de los casos. Era justo lo que Raava necesitaba para evitar darle un heredero al emperador.

-No te preocupes.-intentó aliviarla.-Con suerte no las necesitaré en unos meses.

"Ojala." pensó mientras Katara sonreía de nuevo.