Capítulo 4
Habían pasado dos días y todo lo que John podía hacer era preguntar por él; Harry llegaba de la universidad en las tardes y él estaba ansioso por saber más sobre Sherlock Holmes. Pero no era suficiente, detestaba que ella pudiera verlo y hablar con Sherlock y él tuviera que conformarse con quedarse en casa o salir a buscar un lugar para trabajar intentando quitárselo de la cabeza, pero nada de aquello funcionaba. Y es que, por más que quisiera volver a la universidad, estaba de acuerdo con su hermana que repetir aquella experiencia era una mala idea. Sin embargo, tener que esperar una semana para que él regresara a la casa a ayudar a Harry a estudiar se estaba convirtiendo en una espera insoportable.
-Ya te dije, tienes que ser paciente con él -le recordó Harry, mientras preparaba té.
John se sacudió el cabello, frustrado.
-Lo sé, lo sé, pero es muy difícil -respondió. Y lo era; Harry no tenía idea de cuánto. El hecho de haber reconocido a Sherlock como su pareja, sólo hacía que sus ganas de estar con él aumentaran. Estaba dispuesto a esperar a que él lo quisiera también, pero era muy difícil resistirse a buscarlo y confesarle lo que sentía.
Se preguntó si podría encontrarlo en aquellos momentos. Observó el reloj, eran las nueve de la noche, no tenía idea dónde se encontraba, ni siquiera sabía dónde vivía, pero tal vez su olfato podría guiarlo hasta él.
No pasaría nada, simplemente iba a averiguar que tan efectivas eran sus capacidades de rastreo y si lo encontraba, tendría la oportunidad de verlo otra vez.
¿John? Escuchó la voz de su hermana en su cabeza. La vio acercarse a él, con cautela, como si tratara de no asustarlo.
¿Qué?
Conozco esa mirada, ¿qué estás tramando? Ella lo miró con recelo mientras colocaba las tazas de té en la mesa de la sala.
Nada. Respondió bruscamente, antes de cerrar la conexión entre ellos y dirigirse a su habitación para transformarse.
Sherlock no se había sentido tan feliz en días. Rápidamente tomó el primer taxi que pasó sin dejar de sostener el teléfono móvil en el que había leído el mensaje de Lestrade. Al parecer él y su equipo encontraron un cadáver en el parque que se encontraba en el centro de la ciudad.
Homicidio. La sola palabra lograba animarlo inmediatamente, porque aquello significaba, en el mejor de los casos, un enigma que se presentaba ante él.
-Ya casi llegamos -indició Sherlock, minutos después-, sólo tiene que dar vuelta a la derecha y...
Pero se interrumpió cuando escuchó al taxista soltar una exclamación y pisar el freno.
-¿Qué demonios le sucede a ese perro? -lo escuchó refunfuñar- Casi lo mato... Por cierto, ¿a dónde fue?
Sin embargo, Sherlock lo comprobó pocos segundos después, cuando vio a un lobo apoyarse en la ventanilla de su puerta. Con cuidado salió del taxi, demasiado sorprendido como para reaccionar ante las protestas del conductor. Finalmente, se giró y le pagó al hombre. Y se giró inmediatamente, observando al lobo que agitaba la cola de felicidad, frente a él.
-¿John? -Sherlock se agachó y permitió que el animal le lamiera la cara. Parecía muy contento de haberlo encontrado. El joven se preguntó qué estaría haciendo ahí la mascota de Harry.
Probablemente tendría que regresarlo a casa, pero eso podría esperar un poco. Sonrió y le acarició las orejas.
-Hoy vas a acompañarme a resolver un crimen, John -le dijo, antes de levantarse y comenzar a internarse en el parque. No tenía idea de por qué, pero estaba seguro que el lobo lo seguiría sin necesidad de llamarlo.
-¡Sherlock, por fin llegaste! -exclamó Lestrade, acercándose a él. A lo lejos, el joven pudo ver el listón amarillo que acordonaba la zona en la que se halló el cadáver, además podía ver al equipo de trabajo del policía, muchos de los cuales no sentían ninguna simpatía por él.
El inspector no tardó mucho en darse cuenta de que venía acompañado; John no era precisamente un lobo pequeño y difícilmente pasaba desapercibido. A Lestrade no pareció agradarle mucho la idea, a juzgar por el ceño fruncido que se dibujó en su rostro al ver al animal.
-¿Trajiste a una mascota a la escena del crimen?
-No te preocupes, yo me encargo de él, no va a hacer nada, simplemente me está acompañando -dijo Sherlock rápidamente, como si le quitara importancia al asunto. Lestrade no estaba muy conforme, pero no tenía otra opción; en verdad necesitaba la ayuda de aquel joven.
-¡Así que llegó el fenómeno! -exclamó Anderson despectivamente, al ver a Sherlock acercarse- No quiero que contamines mi...
Pero se interrumpió cuando vio al enorme lobo mostrarle los dientes y se detuvo. A Sherlock le divirtió bastante aquella situación.
-No contaminaré nada, sólo voy a observar. Espero que no hayas movido el cuerpo mientras yo no estaba, Anderson.
El hombre quiso replicar algo más, pero prefirió permanecer en silencio, al observar nuevamente al lobo que seguía a Sherlock de cerca.
El cuerpo que yacía cerca de la fuente era el de una mujer joven. Probablemente 24 o 25 años, según calculaba Sherlock por su rostro y su piel. Estaba recostada como si estuviera pacíficamente dormida, lo cual significaba que alguien había tenido la intención de colocarla de aquella manera.
-A juzgar por el estado de sus zapatos, creo que acababa de salir del trabajo; probablemente haya salido de algún restaurante de comida rápida y se internó en el parque porque era la forma más rápida para llegar a su casa. Sin embargo, alguien, que ya conocía su rutina la interceptó. intentó hablar, pero la joven gritó o por lo menos intentó hacerlo y por ello el atacante entró en pánico y la apuñaló.
-¿Cómo puedes saber eso? -Lo interrumpió Anderson, lanzando una mirada incrédula hacia Sherlock.
-Porque su cuerpo fue tratado con adoración después de la muerte. La intención no era matarla, sino llevársela de aquí. Él tenía semanas siguiéndola, tenía planes, incluso se llevó uno de los mechones de su... -sin embargo, el joven se interrumpió en ese momento y se giró hacia Lestrade- ¿Hace cuánto tiempo calculas que murió?
-Una hora, estoy seguro -intervino Anderson.
-¿Por qué no me dijeron antes? -Soltó Sherlock, antes de salir corriendo del lugar. John lo siguió sin dudar.
Primer asesinato. El hombre había pasado gran parte de su tiempo vigilándola, observando cada uno de sus movimientos, fantaseando con lo que iba a hacer una vez que la tuviera. Y un mal cálculo arruinó todo en el último momento. Debía sentirse frustrado, estaría confundido e incluso temeroso de que alguien pudiera encontrarlo, pero estaría mucho más tentado a quedarse a observar si trataban bien el cuerpo con el que tanto tiempo había soñado.
Así que probablemente debía seguir ahí.
Los gritos de Lestrade junto con las luces de los carros de policía se fueron extinguiendo, Sherlock se fue internando en caminos más solitarios, había zonas en las que no llegaba nada de luz, salvo la de la luna.
Sherlock sacó su teléfono para iluminarse un poco más, justo para ver cómo una sombra se lanzaba sobre él. Cayó al suelo e hizo una mueca al sentir la palma de su mano arder. Levantó la cabeza y se dio cuenta que el hombre lo había atacado con un cuchillo.
En ese momento, cuando el hombre se disponía a dar otro paso hacia Sherlock, un enorme lobo cayó sobre él, inmovilizándolo completamente, sus dientes habían presionado la muñeca del hombre lo suficiente como para que soltara el arma que traía consigo y para que comenzara a brotar la sangre. Pero el lobo parecía fuera de control, rugía furioso, manteniendo el hocico cerca de la garganta de su presa, como si quisiera enterrar los dientes en su cuello.
El hombre comenzó a temer por su vida. Incluso la llegada de la policía supuso un alivio para él. Lestrade intentó acercarse, sosteniendo una pistola entre sus manos, sin embargo, no parecía muy convencido, al ver al lobo completamente furioso.
-Sherlock, será mejor que lo detengas...
-John, ven aquí -soltó el joven, quien aún se encontraba en el suelo. Había pensando que su débil llamado no resultaría, pero el lobo se tranquilizó al escuchar su voz y se giró para acercarse a él, con las orejas hacia abajo. Sherlock casi podía jurar que aquel lobo estaba profundamente preocupado por él.
Lo acarició en la cabeza. El lobo acercó su nariz a la frente de Sherlock, provocando una sonrisa en el joven.
-Estoy bien.
A lo lejos, escuchó que Lestrade ordenaba a sus hombres que arrestaran al hombre y que llamaran a los paramédicos.
Lentamente se acercó al lugar donde se encontraba Sherlock. Sin embargo, el lobo se giró y se colocó frente a él, mostrándole los dientes amenazadoramente, como si creyera que el inspector quisiera lastimar a Sherlock.
-Tranquilo, John -dijo Sherlock, acariciando al lobo. Se apoyó en él con cuidado para levantarse. John pareció calmarse un poco.
-¿Estás bien? En un momento llegarán los...
-No será necesario -dijo Sherlock, tratando de presionar la herida en su mano para contener la sangre-. Estaré bien.
-Te llevaré a tu casa, entonces -ofreció Lestrade.
Sherlock estaba a punto de rechazar su oferta, cuando su mirada se detuvo en el lobo que se encontraba a su lado.
-En realidad, prefiero que me lleves a otro lugar.
-¿Estás seguro de que esta es la dirección correcta? -Preguntó Lestrade, observando la casa.
-Sí -respondió Sherlock, exasperado. Había logrado amarrarse la bufanda a la herida, pero no parecía estar funcionando bien. John parecía mantenerse muy calmado, a pesar de que de vez en cuando acercara el hocico al cuello del joven, como si quisiera reconfortarlo.
-Pero...
-Es la casa de una amiga -lo interrumpió Sherlock, adivinando lo que iba a decir Lestrade.
Desde el asiento del piloto, el inspector arqueó las cejas.
-¿Tienes novia?
El lobo gruñó hacia Lestrade, provocando que él saltara en su asiento.
-Parece que no le agrado a tu mascota.
Sherlock puso los ojos en blanco y salió del carro, seguido de John. Escuchó, detrás de él, que Lestrade se despedía y que el motor del automóvil volvía a encenderse.
Vio al lobo correr hacia la puerta principal y arañar la puerta. Sherlock corrió tras él.
-Espera, John, tranquilo.
Pero era tarde, Harry no se demoró mucho en abrir la puerta.
-¿Qué sucede? -Parecía asustada.
Sherlock trató de explicarse, pero ella notó la bufanda manchada de sangre alrededor de su mano.
-¡Estás herido! -Exclamó, mientras lo obligaba a entrar. Lo guió hasta la sala y Sherlock vio como el lobo corría hacia las escaleras, hasta que desaparecía de la vista.
-¿Qué le sucede? ¿A dónde va? -Preguntó, un poco confundido, mientras Harry lo hacía sentarse en un sillón.
-Probablemente va a despertar a mi hermano -respondió ella-. El estudió medicina, el puede curarte.
Fingir. Cuando John bajó las escaleras, después de haberse transformado y puesto algo de ropa encima, supo lo que tenía que hacer. Sabía que debía fingir no haber estado con Sherlock durante toda la noche y que no sabía lo que había ocurrido y que no había sido él quien había visto como aquel hombre había herido a Sherlock. Tendría que fingir que él no había sentido una rabia insoportable y que había tenido deseos de matarlo en ese momento.
Nadie podía hacerle daño a Sherlock Holmes, nadie.
-¿Qué sucede? -Preguntó, acercándose a su hermana, quien se encontraba de pie, frente al joven que lo estaba volviendo loco.
-Sherlock está herido -dijo ella.
John se acercó y se arrodilló frente a él para poder observar su mano mejor. Sherlock parecía un poco incómodo.
-No, en realidad no es necesario que...
Pero John lo ignoró y tomó su mano suavemente. Con mucho cuidado removió la bufanda y respiró con mayor tranquilidad al darse cuenta que la herida no era profunda.
-Harry, ¿podrías...? -pero se interrumpió al darse cuenta que ella ya le había traído el maletín negro. Le sonrió, le alegraba tener aquella conexión con su hermana; ella lo conocía muy bien.
Con mucho cuidado, comenzó a limpiar la herida de Sherlock. Aprovechando la situación, observó atentamente la piel de sus manos; le gustaba la palidez y la elegancia de sus dedos, sin embargo, eso sólo lo hacía odiar más a quien se había atrevido a lastimar esa piel perfecta.
-¿Cómo fue que te lastimaste? -Escuchó que Harry preguntaba, detrás de él.
Sherlock dudó; John pudo ver en sus hermosos ojos la lucha que se debatía en su interior, estaba decidiendo si podía confiar en ellos o no. John no necesitaba que él se lo dijera; lo sabía, había estado ahí. Sin embargo, deseaba que Sherlock comenzara a confiar, porque ello significaba que sus esperanzas aumentaban.
Levantó la vista mientras preparaba el vendaje que iba a ponerle. Sus ojos se encontraron y John sintió nuevamente ese ataque posesivo; quería tenerlo solo para él. Quería inclinarse y darle un beso en los labios, pero se contuvo.
-Soy detective consultor -soltó, después de un rato-, la policía acude a mí cuando no pueden resolver un caso. Por ello, esta noche, el inspector Lestrade me llamó; un homicidio, bastante sencillo en mi opinión, se trataba de un acosador obsesivo que no controló sus impulsos y terminó matando a la mujer. Sin embargo, su plan frustrado lo hizo cometer muchos errores, uno de ellos fue permanecer en el lugar de los hechos; yo lo supe, por eso fui a buscarlo, pero él me encontró primero a mí e intentó atacarme. Pero John logró salvarme.
De pronto Harry pareció alarmada.
¿Qué hiciste, John?
Nada. Respondió él inmediatamente, al notar su preocupación. Pero quise hacerlo; quería matarlo, Harry. Todavía quiero, se lo merecía. ¿Cómo pudo hacerle daño?
¿Qué te detuvo?
La voz de Sherlock, llamándome. Dijo, levantando la cabeza nuevamente y ofreciéndole una amplia sonrisa al joven de cabello oscuro, quien, afortunadamente, no podía escuchar aquella conversación.
-Suena interesante lo que haces, pero arriesgado -comentó Harry.
-No puedo dejarlo -confesó Sherlock, después de un rato. John terminó de vendar su mano, pero no dejó de sostenerla; sonrió. Y, para su alegría, él le correspondió.
No eres muy discreto, hermano. En tus ojos se puede ver lo mucho que lo adoras.
John se ruborizó y desvió la mirada. Sintió que Sherlock retiraba su mano. Mientras el joven de cabello oscuro observaba su mano y se ponía de pie, John miró a su hermana, frunciendo el ceño. La vio sonreír, divertida.
-Gracias -dijo Sherlock, antes de despedirse. John lo tomó del brazo.
-No tienes que irte, puedes dormir aquí, en mi habitación -se dio cuenta de lo que había dicho y se mordió la lengua, sintiendo que su rostro volvía a encenderse.
Sherlock arqueó las cejas hacia él.
-Lo que mi hermano quiso decir es que no tienes que irte ahora, ya es muy tarde, puedes quedarte aquí. Tenemos dos habitaciones extra -dijo ella.
John se dio cuenta, mientras Sherlock dudaba sobre la respuesta que iba a dar, que no había soltado el brazo del joven. No quería hacerlo, no quería que se marchara. Sus dedos se desprendieron lentamente, como si se resistieran.
Sus ojos se encontraron con los de Sherlock y su corazón dio una sacudida.
-De acuerdo, me quedaré esta noche -dijo él y John no pudo evitar sonreír.
