Capitulo 4: Los gemelos de la profecía
Andrea miraba a su padre anonadada. "¿Me estás diciendo que esto ya pasó una vez¿A que esperabas para decírnoslo?" Él no salía de su asombro por lo que acababa de pasar. Andrea le cogió por el cuello de la camisa y lo zarandeó con furia "¡Papa¡Explícame que está pasando!" Antonio se derrumbó y con voz débil y triste comenzó a explicarse.
"Es algo que esperaba no tuviese que deciros… pero es inevitable, me temo." Andrea se sentó delante de él con los brazos cruzados y el ceño fruncido. "Te escucho." El empezó su historia. "Esto ocurrió antes de que nacierais, hace 15 años. Tu madre y yo estábamos en una feria pasándolo bien, cuando a tu madre se le ocurrió la idea de entrar a la tienda de una adivina de esas que leen la mano. Yo nunca me tragué esas cosas, pero tu madre si lo hacía… igual que tú. Je! Tienes su carácter al igual que su cara. La adivina le dijo que nuestros hijos gemelos tenían un destino de lucha y sangre para defender este mundo y proteger a una Diosa." Ella dejó escapar un jadeo. La Diosa Atenea… Su padre no se fijó y siguió con su relato.
"Pensábamos que era una completa embustera porque hacía poco que tu madre había descubierto que no podía tener hijos debido a una lesión en el abdomen. Sin embargo poco después salió una nueva tecnología médica que usamos y se produjo un milagro, mejor dicho dos. Andrés y tú. Tu madre recordó la profecía de la adivina. Yo no le hice caso. Al poco nos salió una excavación en Grecia muy bien pagada para dirigirla. No podíamos rechazarla ni dejaros con nadie así que os llevamos con nosotros. Descubrimos que ese fue un gran error." No pudo continuar. Le faltaba el aire. Andrea comprendió lo difícil que era para el contar esto a alguien.
"Una noche nos despertó una luz que procedía de vuestra cuna. Una luz os envolvía y elevaba. Tu madre os agarró antes de que estuvieseis demasiado altos. Gritaba "¡No os los llevéis¡No quiero un futuro de violencia para ellos! Quiero que tengan una infancia normal." Entendí que se refería a la profecía, pero antes de que yo dijese algo añadió "Llevadme a mi en vez de a ellos" Quizás esa fuerza que quería llevaros de nuestro lado la entendió, no lo se. Lo único que sé es que un instante después vuestra luz pasó a ella y así envuelta, desapareció, dejándome solo con vosotros."
Al terminar su historia Andrea se lanzó a sus brazos, llorando "¿Por qué no nos lo habías dicho antes?"
El lloraba también "Lo siento. Pero de todas formas no sirve de nada que te lo haya contado."
Ella sonrió guiñándole un ojo. "En eso te equivocas, papi… se muy bien de donde vino esa luz. Y allí encontraremos a Andrés y a…mama."
"No."
"¿Que?" Su padre se puso serio.
"Ahora mismo volvemos a casa"
"Pero…"
"¿De verdad crees que voy a perderte a ti también? No se como sabes donde es, pero si vas te cogerán también. No lo prmitiré."
"¡No voy a quedarme de brazos cruzados¡Si es necesario iré yo sola!"
Andrés despertó desorientado. Unos brazos le ayudaron a incorporarse. A su alrededor había 9 hombres vistiendo armaduras doradas. Lo más asombroso era que… ¡El también llevaba una! "¿Que narices es esto!" Entonces recordó lo que había pasado. Y como había sido testigo de una venganza sin poder hacer nada mientras algo controlaba su cuerpo. "Esas visiones eran de verdad… Pero ya está ¿No? Si ya acabó todo ¿Por qué sigo llevando esta… cosa?" Dijo señalando la armadura que lo cubría. Un hombre rubio con los ojos cerrados y un punto en la frente le contestó. "Me temo que no. Para ti acaba de empezar, pues has sido escogido para ser el nuevo Caballero de oro de Sagitario." Andrés abrió enormemente los ojos y retrocedió unos pasos. "No. De eso nada. Quiero irme a casa con mi padre y mi hermana. No se de que me estáis hablando." El que no tenía cejas con el pelo lila se le acercó. "Tu hermana y tú ¿Sois gemelos por casualidad?" Aquello le extrañó mucho "Si¿Y que pasa?" Pero el hombre no le contestó. Sino que miró al gigantón de los cuernos y los pinchos y asintió.
Fue el gigante de más de dos metros el que le contestó. "Pues pasa que eso os convierte en los gemelos de la profecía. Dos niños nacidos el mismo día, elegidos por sendas armaduras, cuya ascensión a caballeros indicaría el verdadero regreso de la diosa Atenea y el comienzo de una nueva guerra santa, la definitiva."
"No-no se de que profecía habla, pero no quiero tener nada que ver con una guerra. ¡Detesto la violencia!" El hombre con el casco en forma de patas de araña puso los ojos en blanco "¡Lo que nos faltaba! Un caballero pacifista." A su lado una mujer de pelo verde claro, muy hermosa, aunque un poco plana de pecho, con una rosa en la boca le sonrió. "Al menos nos a tocado uno guapo…"
¿Esa señora me está tirando los tejos? "No se de que vais, pero yo me largo a mi casa." Intentó quitarse la armadura, pero no salía. Estaba como adherida al cuerpo, aunque no le pesaba. "¿Cómo narices me quito esto?" El que llevaba una cola larga acabada en pincho sobre la cabeza le intentó explicar. "Solo un caballero puede desprenderse de su propia armadura. Y hasta que no aceptes serlo, ahí se queda."
"¡Eso no vale¡No es justo!"
Mientras salía del coche y miraba a la estructura llamada Santuario, Antonio no podía creer que se hubiese dejado convencer tan fácilmente. Andrea se lanzó decidida hacia delante con su padre detrás. Tras sentir la "cascada fría" siguió adelante hasta que su padre la llamó. Le respondió sin volverse a mirarle. "Estoy decidida, papa. ¡Voy a ir!"
"Lo se pero es que no puedo pasar." Andrea se giro en redondo agitando su rubia cabellera con extrañeza. "¿Qué?" Su padre estaba cerca de la "cascada" haciendo gestos come de mimo con una pared imaginaria. "No lo entiendo… Es como un muro invisible."
"Yo no he tenido problema." El la miró fríamente. "Evidentemente a ti si te dejarían pasar. Yo no les intereso." Ella se acercó y le abrazó con mucha fuerza. "Esto no es un adiós¿de acuerdo? Traeré a mamá y a Andrés, te lo prometo."
"Claro, hija. Hasta luego" Mientras la veía marchar se echó a llorar preguntándose cuando la volvería a ver.
