Lo primero es disculparme por mi tardanza, la universidad me absorve como un imán y no puedo decirle que no. Sin embargo, les traigo de todos modos el nuevo capitulo de esta historia. En estos momentos estoy en períodos de examenes finales pero en dos semanas salgo de vacaciones de invierno y prometo terminar la historia en ese período... quízás no tanto como terminarla porque quedan muuuchas cosas aún por suceder y por descubrirse. Ya sin más preambulos les dejo con la historia.
Capítulo 4
¿ ANGEL O DEMONIO ?
Sesshomaru se quedó sentado en su mullido sofá de negro respaldo con la música de esas palabras destrozándole los tímpanos. "Rin". Esa muchachita malcriada no solo tenía los mismos ojos de su amada, también llevaba el mismo nombre. ¿sería posible acaso, que después de tantas lunas, ella hubiese llegado a él?. Habían pasado casi 500 años desde que su luz se había extinguido en un mudo suspiro. Si tan solo hubiera en ese entonces dejado a un lado su orgullo de demonio para permitirse amarla no tendría nada que lamentar ahora. Le dolía recordar esa vida con ella, esas tardes que parecían vivas e inmutables en su sonrisa, realmente la había amado siempre, desde que era una niña molesta. Adoraba los pequeños pasos que le seguían y quedó deslumbrado con la transformación que la llevo de ser una niña a ser una mujer. Quedó prendado de esos profundos ojos negros y no percibió que el tiempo se le acaba a su humana. Las tardes anidaron en su pelo y aquel grácil andar se volvió cansino y sereno. Recordó aquellas mejillas pálidas y curtidas por el paso de los años que se enfriaban lentamente bajo la pálida luna mientras la muerte finalmente la arrullaba en su seno. Largos años permaneció velando una tumba que ya ni los fríos huesos guardaba, mucho tiempo permaneció alejado del mundo hasta comprender que sin ella no tenía vida. El taiyoukai había caído víctima del amor, ese humano sentimiento que ha destruido imperios y derrotado al más valiente.
Tras las puertas de caoba podía escuchar la voz de la Rin que reía sin pesar alguno en su corazón. Sesshomaru estaba frustrado. No, no podía ser elle, no quería que fuera ella. Se acercó al mueble junto a la ventana y acudió a lo único que lo calmaba últimamente, tomó una botella de wisky y cerrando las persiana de un golpe quedó sumido en la mas triste penumbra mientras el dorado elixir recorría torpemente aquellos gélidos labios.
Felicidades Tanaka- Hishida le palmeo la espalda dulcemente sentada en el borde del escritorio- aunque no estoy muy segura si debo felicitarte o darte el pésame, jejeje-
¿En realidad ese hombre es tan terrible como todos dicen?-
Oh no, es mucho pero, si supieras las cosas que hemos visto desfilar en estos escritorios. Si me dieran un Yen por cada empresa que los hombres de esa familia han destruido ya sería millonaria – Sakamoto rió quedamente cubriendo el sonrosado de sus mejilla.
Y no es lo único que se sabe de él – la joven de cabello corto agregó- Dicen que varios grandes del gobierno han "desaparecido" después de visitar esa oficina –
¿Quieres decir que es un asesino?- Rin miró asustada al estudio que tenía a sus espaldas, mientras allí adentro el demonio comenzaba su segunda botella.
En realidad nunca le han relacionado con nada de eso...-
Hay una muerte ... – la señora Sakamoto dudó frente a la mirada de las dos jóvenes – Hace unos años escuche del vicepresidente de finanzas que el señor presidente estuvo casado una vez.
Casado??- Rin no cabía del asombro. Era cierto que aquel hombre era imponentemente atractivo, pero de allí a que alguna mujer aceptara pasar la vida con su frío carácter parecía imposible.
Sí, eso sucedió hace unos años. En el tiempo que la empresa estuvo a cargo del comité administrativo porque el señor Taisho padré dejó de venir. En ese tiempo sólo enviaba las instrucciones de que hacer y había más libertad para comentar cosas – la mujer añadió en un susurro apuntando la punta de su nariz a aquella oscura habitación que todos temían– no se si me entienden-
La joven de cabellos cortos y pendientes de estrella asintió con la cabeza. La mujer mayor continuó.
Un día cuando nadie lo esperaba el señor Sesshomaru apareció y ocupó su lugar, un hombre frío y devastado. Nadie dijo nada, era la viva imagen de su padre. Dicen que fue un vividor empedernido durante toda su juventud hasta que la catástrofe toco a su puerta. Regresaba de alguna de las tantas fiestas en la ciudad y el señor Taisho iba manejando, ebrio como de costumbre. No se sabe muy bien lo sucedido, sólo está claro que el auto quedó destrozado en el fondo de un barranco, la mujer murió y el resultó sin un solo rasguño. Dicen que planeó todo desde un comienzo para deshacerse de ella y que dirigió el auto hacia el despeñadero y escapó antes de que explotara.
Bha, eso es mentira – la señorita Hishida la detuvo- si eso fuera cierto el señor debería ahora tener cincuenta años y no debe pasar de los treinta. Son sólo rumores de pasillos, además¿cómo es posible que hiciera tal maniobra si estaba completamente borracho? – Rin tuvo que aceptar que tenía un punto en eso.- lo que yo he oído es un tanto distinto. Según Yume, la recepcionista, el señor presidente estuvo acompañado por un tiempo por alguna mujer, no se si efectivamente se casó con ella pero dicen que le dio un hijo.
¿Tiene un hijo!!! – Eso era demasiado, cada vez creí menos en lo que oía.
En realidad no, y ese es el asunto. Dicen que una madrugada salió furioso de su mansión, pasó demasiado rápido por la entrada principal y lo arrolló. Parece que el niño murió o quedó en estado de coma de por vida, la mujer lo abandonó y él se transformó en el hijo de... bueno – Hishida se corrigió – en el que es hoy. El caso es que en el fondo tiene las manos manchadas después de todo...
Rin miró a la negra puerta como si pudiese ver algo a través de ella. Todas esas historias tejían una tela difusa y misteriosa sobre aquellos dorados ojos que todo lo absorbían en la mirada. Sólo despertaban su curiosidad y un extraño deseo de hurgar en aquél duro semblante. Algo en ese rostro impasible le parecía triste y solitario a la vez, al igual que su propio corazón. En el interior de aquella oficina un demonio retorcía sus garras furioso por los susurros de esas arpías que habían afuera. La mayoría del tiempo lo que esas escorias humanas hacían o dejaban de hacer le tenía sin cuidado, no eran dignas de ponerles atención, sin embargo, algo era distinto esa vez. Avanzó torpemente y trastabilló sin poder vadear la esquina del gran escritorio, tomó un nuevo sorbo del etiqueta negra y se recostó en un sofá cobijado en la oscuridad de la tarde que caía ya sobre la gran ciudad.
La noche silenció el edificio se fue silenciando poco a poco e incluso esos dos hombres estirados que se disputaban las vísceras de la compañía dejaron sus oficinas y se marcharon a casa. Las dos mujeres hacía mucho habían terminado su trabajo y la joven Rin aún hacía sus mejores esfuerzos para comprender el sistema que la señorita Utagawa usara para llevar registro de las actividades de presidencia.
-Aaaaa... es imposible, nunca voy a comprender esto. – Rin miró su reloj y asombrada descubrió que ya pasaban de las once.
Era hora de irse a casa, hecho una mirada a la oficina de su jefe. Llevaba horas adentro sin dar señales de vida, se dio valor a si misma y en puntillas de pies se acerco a la entrada, poso su oído junto a la abertura que dejaban las dos grandes puertas al juntarse. Trató de guardar la calma pero su corazón acelerado la delataba, repicaba desbocado dentro de su pecho. Aguardó unos minutos petrificada en la misma posición con la mejilla presionada en la calidez de la madera, nada pudo percibir del otro lado. ¿Acaso él había salido sin que ella lo notara? o ¿ es que acaso algo le había sucedido al gran hombre de cabellos platinados?. El solo pensarlo le removió el estómago y la mano se movió temblorosa hacia el pomo de la puerta. El aire se detuvo a medio camino a sus pulmones y el tiempo se congeló, el eterno momento en que tardó en abrirse aquella puerta sin saber que la aguardaría del otro lado. El interior estaba completaente oscuro sumido en la negra noche que todo lo consumía. Avanzó a tientas guiada por la luz que se colaba desde el recibidor circular hasta el escritorio, estaba vacío y todo en calma a su alrededor. Quizás realmente se había marchado sin que ella lo notara, removió con los dedos los desordenados papeles que había sobre el mesón y se topó con un vaso de grueso vidrio.
Eso ...es... mío...- el frío aliento de Sesshomaru le clavó en la nuca mientras le susurraba a sus espaldas.
Imperceptible como una bestia al acecho la había acorralado, estaba detrás de ella con su alto porte cortándole la huída. Notó que el demonio se acercaba un poco más y rodeando su cintura con el brazo cogió el baso de mano. El contacto con esa piel acerada la sobrecogió, podía sentir como sus pies se hacía aire y quedaba suspendida en aquél gélido contacto.
¿ Se te perdió algo? – Rin dio vuelta sobre sus talones asustada y sin saber que contestar.
Los dorados ojos la atravesaban como si estuviese hecha de cristal y el olor a alcohol golpeó sus sentidos. Estaba tan cerca que el distinguía el vaho de su respiración, las púrpuras marcas en sus mejillas endurecían aún más aquel nacarado semblante. Sesshomaru acortó la distancia que aún se sostenía entre los dos y ella sintió como aquella platinada cabellera le acariciaba su piel.
¿Vienes a averiguar si soy el demonio que todos dicen que soy? –
No ... no es eso ... no – Rin negó temerosa, aquel triste reflejo que antes le causaba ternura se desfiguraba bajo la cruda rudeza de esas palabras. Trató de alejarse de allí pero el firme agarre de aquella mano en su brazo se lo impidió.
Te dije que no te convenía hacerme enfadar – sin notarlo Sesshomaru cerró aún mas las garras en torno de aquella delicada extremidad.
Haaaa... ya basta... me está doliendo... – instantáneamente el demonio abandonó y dio un paso atrás bruscamente. La luz iluminó unas temerosas lágrimas que rodaban por sus cándidas mejillas.
Corrió sin detenerse y cruzó la recepción de presidencia hasta abrir de par en par las grandes puertas de vidrio. Todo estaba desolado y nadie pudo ver como el miedo se desbordaba por borbotones de sus ojos. El hombre de porte impresionante, el de los tristes ojos dorados, era también un monstruo oculto bajo piel de príncipe. Bajó las escaleras y cruzó un bosque de cubículos abandonados sin detenerse hasta llegar al ascensor, sólo quería abandonar aquel lugar. Se arrulló contra la esquina del ascensor abrazandose a si misma para calmar sus nervios, aquel trayecto era eterno y le pareció que nunca acabaría. Por fin las puertas se abrieron y frente a ella se extendía la salida, necesitaba salir de ese edificio porque sentía que se iba a asfixiar si no lo hacía. Corrió desbocada hasta la calle y no se detuvo ni siquiera al cruzar la calle, lo único que le importaba era alejarse lo mas pronto posible.
El ruido de la bocina de un microbús la devolvió a la realidad, Rin quedó petrificada parada en mitad de la calle mientras el vehículo se le venía encima. Todo pasaba lentamente pero sus músculos no reaccionaban a ponerla a salvo, lo último vio fue una gran mancha blanca cubrirlo todo y luego la calma. No sentía dolor sólo una inmensa calma y unos fuertes brazos que la sostenían de la cintura. Su rostro permanecía hundido en una cálida oscuridad que olía a pinos.
Tienes fascinación por lanzarte frente a los vehículos, es la segunda vez el día de hoy que te pones en esta situación – La voz que venía de aquel hombre que la sostenía era el mismo grave susurro que minutos antes le había espantado.
Tomó fuerza y levantó lentamente el rostro para encontrarse frente a frente con Sesshomaru. Aquellos dorados ojos inexpresivos tenían ahora un brillo profundo que antes había visto, lo conocía muy bien porque cada noche la vehía acercarse a ella y perderse luego. Se arrebujó nuevamente en ese abrazo y ocultó el rostro en aquellos platinados cabellos. De alguna manera que no podía explicarse Sesshomaru había bajado desde el ultimo piso y la había puesto a salvo en la hacer de enfrente.
Sesshomaru sintió la cálida respiración de la muchacha en su pecho y aquellas pequeñs manos tiritar contra su torso. Aguardó sin decir una palabra hasta que sintió que el corazón de Rin se hubo tranquilizado. La bajó lentamente hasta que sus pies tocaron nuevamente el suelo y se apartó de ella, el frío de la noche la sacó de aquel ensimismamiento y la devolvió a la realidad. Frente a ella tenía la portentosa espalda del Señor Taisho que se disponía a volver a su oficina.
Mañana la llegada es a las 8:00 en punto...- Dio dos pasos y volvió el rostro de perfil para clavarle la nuevamente gélida mirada - y recuerda que está prohibido entrar a mi oficina- Rin lo observó alejase hasta que su figura se perdió tras las puertas del edificio.
Aquella noche el demonio estaba sentado en el patio frente al cerezo, nuevamente acompañado de una botella vacía pero esta vez la lucidez de su mente vagaba por otros lados. Por primera vez en mucho tiempo era otra mujer la que le quitaba el sueño, de alguna forma esa jovencita. Un impulso le había llevado a salvarle la vida cuando notó que sus latido se detenía, la gran dignidad de su raza había desaparecido y por un instante el gran vacío que anidaba en su pecho se sintió más ligero. Tomó el envase vacío dispuesto a arrojarlo y se enfrentó a una visión sobrecogedora, de alguna manera estaba traicionando su recuerdo al no sentir aquel vació eterno y profunda angustia que su ausencia provocaban. Aspiró el aire cálido de la tarde y su olor a fruta fresca cruzó el muro de los días.
Se levantó y siguió el camino que dictaba su propia tristeza, descorrió aquella puerta y entro a la que antaño fuera su habitación. Cruzar el umbral era como volver el tiempo atrás a un momento detenido en que había conocido el reflejo de la felicidad. Los doseles de seda que enmarcaban aquel futón en el suelo estaban viejos y raídos por los siglos, sin embargo, parecía que el devastador devenir de los días no tuviese cabida en aquel lugar. Todo estaba intacto, de la misma manera como ella lo dejara, los peines y la ropa aguardando por una dueña que no regresaría. Avanzó unos pasos y pudo sentir ese dulce aroma en la habitación, parecía que de un momento a otro fuese a escuchar aquella dulce vocecilla que tanto extrañaba. La veía dormir plácida como si nada hubiese ocurrido, el negro cabellos desbordándose en cascadas sobre la almohada y su pausada respiración se oía venir desde lejos. Salió furioso de aquel lugar¿qué estaba esperando? Ese era simplemente un monumento al pasado, no sacaba nada alimentando la esperanza que un día pudiera simplemente despertar y que todo fuera como antes de aquel largo y mal sueño. Ella se había ido y lo único que quedaba en ese cuarto para él eran recuerdos que minaban la poca alma que le quedaba. Alzó la mirada y vio una luna llena burlándose de su desolación.
En otro lado de la ciudad una muchacha dormía bajo la misma luna y se encaminaba a una cita muy especial. Estaba parada con los pies descalzos sobre una tierra húmeda y fría, la redondez de la luna asomaba tras las copas de los árboles y el caminante sombrío se acercaba vistiendo sus albas vestiduras. Acunaba algo en sus brazos con infinita ternura y absoluta devoción. Su tristeza era implacable y desbordaba desesperanza en cada paso que daba. Aguardó con ansias el momento en que el cruzara frente a ella, sabía que de alguna manera él comprendía como ella se sentía. Su andar lo acerco a Rin y ella pudo ver como el bulto tomaba forma. Una mujer tendía todo su peso en aquel regazo y a diferencia de todas las veces anteriores su rostro mostraba muchas menos lunas vividas. El cabello ahora negro se mecía con la brisa y se entretejía con las hebras blancas de su compañero. Siguió con la mirada absorta en la sorprendente transformación que había sufrido la anciana, la observó hasta que estuvo a unos pasos de ellas y ya no pudo aguantar más una punzante sensación en el pecho. Alzó la vista y se encontró con unos dorados cristales que la perforaban, una bocanada de aire se atoró en su garganta mientras el corazón le retumbaba en sus oído. El hombre siguió su camino como si no hubiese visto nada en ella, como si fuese transparente, continuó avanzando y se perdió como siempre en los lindes del bosque.
Rin se despertó sobresaltada cubierta de sudor, eran recién las dos de la mañana y no podía comprender lo sucedido. ¿Porqué?,¿porqué después de tantos años el ahora la había mirado?...su respiración aún agitada y la sangre que le subía a la cabeza le hacia dar vueltas en un sin fin de preguntas a las cuales no podía responder.
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Les ha gustado? espero que si, yo estaba suspirando cuando él la rodea con sus brazos y le arrebata el vaso de sus manos, uuuuf, ya quisiera yo estar en su lugar. Snif snif... penita snif... el pobre Sesshi vivió toda una vida con su amada Rin y nunca le dijo lo que sentía por ella ni se permitió amarla... pero eso ocurrió la priemera vez.
Hay muchos detalles importantes en este episodio y les adelanto que en el proximo vendrá la revelación ... que sucederá? ... Entenderá Sesshomaru que Rin es Rin¿Porqué el sueño de Rin ha cambiado¿¿será cierto alguno de los rumores que rondan en torno del bello sesshomaru¿¿Porqué Sesshomaru concerva esa habitación si le trae tantos recuerdos??? muchas preguntas que se resolveran en el proximo episodios... estará bueno (mejor que este al menos) solo pido un poco de paciencia.
Lo ultimo pero no por eso lo menos importante, muuuuuuuuuuuuuuuuuuchas gracias... muuchas muchas gracias por los post que me han dejado... me alegra mucho saber que a alguien le ha gustado esta historia. Me dan mucha alegría cuando ya estoy chata de las pruebas y los trabajos encontrarme con esas sorpresas... en verdad un millón.
nos leemos en el prox episodio... byeeeeee
