Capitulo 4 Un día peculiar… ¿En serio?

Seika había llegado a su casa, cuarenta y cinco minutos después de haberse encontrado con Ikki, esta ya había terminado de bañarse y arreglarse, y cuando bajó a desayunar le sorprendió mucho que la patrulla de este pasara por el frente de su casa.

— ¿Qué está haciendo? —se dijo a si misma mientras miraba al coche alejarse con extrañeza.

Seika no pudo seguir indagando mucho en lo que estaba haciendo Ikki o no, pues el teléfono sonó con fuerza detrás de ella, por lo que se apresuró a atenderlo, para su gran alivio resulto ser su amiga June, quien siempre la llamaba a esas horas, sin importar que estuvieran trabajando o no.

— ¡Hola June! —saludó Seika alegremente—. Si, ya me dieron mis vacaciones y estoy libre… gracias, ¿Qué tal te va? —Preguntó la pelirroja con calma mientras se dirigía a la cocina con el teléfono—. Mmm… vaya… entonces Shun y tú pelearon anoche porque le comentaste lo mismo que a mí en el almuerzo de ayer ¿No?... entiendo… Aja… ¡OYE!... ¡No me des los detalles de la reconciliación! —gritó ella sonrojada y molesta—. Aja… ¿Yo?... estoy… bien —contestó ella con desgano al pensar en su encuentro con el fénix— ¿Qué?... ¿En serio?... ¿Segura?... no, para nada… está bien… muchas gracias… Adiós —se despidió Seika con amabilidad cuando colgó el teléfono.

Seika guardó el cereal que había sacado durante su conversación con June y se dirigió hacia la entrada para salir a la calle de nuevo, pues su amiga la había invitado a ella a desayunar, cosa que era una nueva experiencia para Seika, pues June no tenía mucho tiempo en el vecindario como para invitarla a desayunar, aunque después de un momento de pensarlo (durante la conversación, no le pareció tan mala idea, ya que al final compartiría un poco mas con su amiga y como extra, conseguiría olvidarse de su episodio con Ikki.

Si, definitivamente iría a desayunar a la casa de June, aparte de que sería mejor ir caminando, pues la casa de su amiga no quedaba tan lejos.

Mientras que en la casa de June…

June colgó el teléfono y se dispuso a terminar de preparar lo que quedaba de desayuno, el cual consistía en el típico desayuno americano de: huevos fritos con tocineta y panqueques. La rubia sonrió cuando terminaba de servir el último plato, pues si alguien pudiera verla ahora mismo, diría que ella parecía más un ama de casa americana, que una chica de Etiopia.

June observó el reloj de la pared y notó que dentro de una hora más o menos tendría que salir a trabajar, pero lo que también notó es que hasta esos momentos, no se había percatado de que Ikki no había pasado por su casa como de costumbre, ya que había tardado algo mas en regresar a su casa. Como siempre sabia que el hermano de Shun se auto invitaría a desayunar con ellos. Como cada mañana, June había preparado un plato de mas, pero lo que no estaba segura era de cómo reaccionaría el fénix con la llegada de su amiga.

— Como si me importara —se dijo a si misma June en voz alta y con el seño fruncido.

— ¿Qué cosa? —preguntó la voz de Shun detrás de su espalda.

June se sorprendió ante la inesperada llegada de su hombre, pero lo más impactante fue que ella no notó la presencia del chico cuando llego al comedor.

— ¿Eh? ¿Qué? —preguntó ella sin caer en cuenta.

Shun observó a June con una sonrisa mientras se acomodaba su corbata para el trabajo, supuso que debía estar un poco distraída, al igual que él, luego de su reconciliación.

— ¿Qué cosa no te importa? —dijo de nuevo Shun con calma.

— Este… nada, solo estaba pensando en voz alta, jeje —rió nerviosamente la rubia.

Y es que June quería evitar cualquier tipo de discusión con Shun, luego de que pelearan anoche, a causa de que ella se quejaba de que Ikki no les daba espacio suficiente en su relación.

— ¿Esperamos a alguien? —preguntó el chico señalando el plato extra en la mesa.

— Ya sabes que si —contestó ella con indiferencia.

— June —replicó Shun con tono de protesta—. Por favor.

— Esta bien, invité a Seika a que desayunara con nosotros —respondió June con más calma.

Shun se sorprendió ante la respuesta de June, pues aparte de su hermano, nadie había desayunado con ellos desde que se mudaron, tan solo Saori y Seiya vinieron a cenar una vez, pero del resto nada.

— ¿Por qué? —preguntó Shun con curiosidad.

— No sé, quise tenerla aquí para hablar un poco entre mujeres y cambiar un poco la rutina, ya me conoces —dijo ella con alegría.

Shun decidió no seguir interrogando a June, pues al parecer ella estaba muy emocionada al tener otro invitado a parte de su hermano, comiendo con ellos, para variar.

DIN DON

El sonido del timbre hizo que ambos salieran de sus pensamientos, por lo que Shun se apresuro en abrir, mientras que June terminaba de poner la mesa.

— ¡Hola hermano! —escuchó decir June a Shun desde la entrada.

— Hola —dijo Ikki sin emoción alguna desde la entrada.

June gruñó por lo bajo y comenzó a comer sin mucho entusiasmo, el cual decayó aun más, cuando Ikki entró en el comedor.

— Hola —saludó June sin mucho ánimo.

— Hola —repitió el peliazul con indiferencia.

Shun se apresuró en calmar los ánimos antes de que la tensión aumentara más de lo debido.

— Ven Ikki siéntate —ofreció Shun con amabilidad.

Su hermano obedeció en silencio, mientras que June prosiguió con su desayuno en silencio, Shun estuvo a punto de sentarse pero el timbre volvió a sonar antes de que pudiera hacerlo.

— Enseguida vuelvo —dijo Shun mientras se retiraba rápidamente.

Ikki vio como June de repente sonreía y dejaba los cubiertos a un lado, por lo que se preguntó quien había llegado para que cambiara su humor tan rápidamente.

— ¿Por qué estas tan emocionada? —preguntó el fénix con extrañeza en su voz.

— Ya verás —fue lo último que dijo June antes de levantarse.

Ikki no entendía que pasaba por la mente de su cuñada hasta que oyó una voz extremadamente familiar detrás de él:

— ¡Hola June! —saludo Seika con una voz estridente y alegre.

Ikki sintió como se atragantaba con el jugo que estaba tomando cuando escuchó la voz de Seika, ¿Qué hacia aquí ella? ¿Por qué estaba tan nervioso con su presencia?, eran las preguntas que rodeaban al fénix en su cerebro, mientras terminaba de toser y limpiarse sus labios.

— ¿Cómo estas Seika? —preguntó June emocionada.

— Muy bien gracias, espero no ser mucha molestia Shun —comentó Seika dirigiéndose al peliverde.

— Por supuesto que no, eres bienvenida cuando quieras —respondió Shun con una sonrisa.

Seika ni siquiera notó los ruidos que hacia Ikki al comer, ya que el fénix tragaba cuanta comida le pasaba por su boca, con tal de irse lo más pronto posible, mientras que nuestra compañera estaba tan distraída que ni siquiera notó al fénix cuando se sentó a su lado.

— Me alegra que te hayas pasado por aquí, es bueno tener visitas en la casa de "vez en cuando" —recalcó June mirando inquisidoramente a Ikki.

— Gracias… yo… —Seika no pudo seguir hablando pues notó que Ikki estaba a su lado.

El silencio se hizo evidente tan de repente, que pareció que alguien se hubiese muerto o hubiera dicho algo inapropiado. June y Shun se miraron confusos ante el sonrojo en las mejillas de su amiga y del rostro de incomodidad de Ikki, quien abruptamente había dejado de comer. Shun decidió que lo mejor era romper la barrera que se había creado, por lo que prosiguió la conversación mientras comenzaba a comer.

— Entonces… ¿Cómo te va en el trabajo, Seika? —preguntó Shun mientras comía sus huevos.

Seika salió de su impresión y se apresuró a contestar antes de que alguien notara sus nervios (aunque eso era más que evidente).

— Eh… si… me dieron mis vacaciones hoy en realidad —contestó la chica mientras comenzaba a comer lentamente.

— ¿En serio? ¿Por qué? Si mis vacaciones no son hasta la semana que viene y yo pensaba que salíamos casi al mismo tiempo —inquirió June con extrañeza.

Seika trató de recuperar su compostura, pues ya tenía la oportunidad de explicar cuál era su plan, el cual había "discutido" con Ikki hace no mucho.

— Bueno… en realidad quería comentarte algo respecto a eso June, veras… mi hermano se ha sentido algo deprimido, puesto que hace tiempo que no se reúnen todos sus amigos ¿Sabes? —comenzó a explicar Seika con calma.

Shun escucho con atención y comenzó a sentirse un poco nostálgico ante esa revelación, pues él también sentía lo mismo desde el fondo de sus pensamientos, por lo que siguió mirando a Seika.

— Entonces… pensé que… eh… —Seika le costaba seguir hablando con Ikki mirándola fijamente, a pesar de que esas palabras ya las había pronunciado frente a él antes—. Podríamos reunirnos todos en un solo sitio, y por eso tomé mis vacaciones anticipadamente, esperaba que tu también tomaras las tuyas June, considerando que no te falta mucho para que te las den, pensé que sería buena idea que lo hicieras, si es que acaso quieres venir claro está —aclaró Seika con tranquilidad.

June se limpió la boca luego de terminar de comer y escuchar a Seika, permaneció un momento en silencio antes de responder.

— Supongo que entenderás que no es tan fácil hacer esto ¿No? —comentó June con una mirada seria que impresionó a los presentes—. Primero debes hablar con Saori y el resto de los compañeros de Seiya para poder saber si están disponibles, pues como tú bien has dicho: Seiya no los ha visto desde hace tiempo, lo que hace difícil saber si ellos podrán reunirse con nosotros también.

Seika permaneció en silencio ante las palabras de June y por una extraña razón comenzó a sentirse muy estúpida al haber planeado todo de manera tan impulsiva. Ikki por su parte, estaba sorprendido ante la sagacidad de June, pues a decir verdad el tampoco había reparado en aquellos detalles tan evidentes, pero a la vez tan importantes.

— Entiendo —dijo Seika con la mirada triste—. Supongo que no tiene caso seguir con lo planeado —comentó ella de manera decaída.

— ¡¿Estás loca?! —soltó June sorprendida y haciendo saltar a todos en la mesa—: ¡Esa es la mejor idea que te he escuchado decir en años mujer! —exclamó June de manera entusiasta.

Luego de que todos se cayeran de espaldas y volvieran a sentarse, Seika miró con molestia a June y dijo:

— ¿En serio? ¿Y por qué no dijiste eso antes, eh? —preguntó Seika mirándola con seriedad.

— Sabes que me encanta jugar contigo —dijo June mientras le guiñaba un ojo.

— "Eres una…" —pensó Seika con una vena en la cabeza.

— Bueno… entiendo lo que quieres decir Seika, a decir verdad no suena tan mal reunirnos todos otra vez en realidad —comentó Shun rascándose la barbilla.

— Si pero June tiene razón en una cosa Shun —interrumpió el fénix—. Y es que debes comentarle a Saori de esto, pues yo creo que ella es la más indicada para organizar todo, si me lo preguntas.

— Creo que tienes razón —dijo Seika segundos después—. Hablaré con ella al mediodía, pero al menos es un alivio saber que cuento con su apoyo —añadió Seika mirando a todos.

— ¿Para qué son los amigos, no? —replicó Shun alegremente.

— Eso tendrías que preguntárselo a June ¿No? —contestó ella con una sonrisa sarcástica.

— Cállate —mencionó la chica molesta.

— Eso fue por mentirme —dijo Seika con una chispa en los ojos.

— ¿Quieres probar mis fuerzas niña? —preguntó June con malicia.

— Vamos chicas… no se peleen… —intentó interceder Shun con una gota en la cabeza.

— ¡NO TE METAS SHUN! —gritaron las chicas al pobre de Shun, quien casi se muere del susto.

Ikki observó la escena que tenía enfrente, Seika y June enfrascándose en una pelea de gatas como si fueran niñas y Shun tratando de calmarlas, todo eso le recordó a sus tiempos con Shun cuando era bebe, y pensó que había algo extraño en la atmosfera, ya que por alguna extraña razón sentía algo especial en su corazón, algo que no había sentido en mucho tiempo…

Mientras tanto en Bluegard…

— ¡Estas cometiendo una estupidez Alexer! —Gritó un hombre de cabellos oscuros y peinado corto—. ¡Estas dejando pasar una gran oportunidad! —repitió el hombre muy molesto.

Alexer observó al sujeto con una mueca seria e hizo una seña en silencio para que se retirara desde su trono, el hombre observó que los guardias que lo acompañaron hasta allí, se ponían en posición, por lo que no le quedó de otra que retirarse del salón real. El rubio pidió al resto de sus guardias que se retiraran luego de que el sujeto saliera, poco después de que estos lo hicieran, Alexer aprovechó para soltar un suspiro de desahogo, que hubiera sido mal visto por su hermana, si ella hubiera estado allí claro.

— ¿Te encuentras bien? —preguntó una voz desde la puerta.

Alexer alzó la vista y resopló con fastidió al ver de quien se trataba. Hyoga se encontraba apoyado del marco de la puerta con una expresión neutral en el rostro, que en el fondo de su mirada, daba a entender que estaba preocupado por el bienestar del hermano de su esposa, aunque esto nunca lo diría en voz alta.

— En realidad no, siento que esta situación me supera ¿Tu no? —preguntó Alexer con una mueca en el rostro.

Hyoga se acercó con lentitud hacia el trono de Alexer y mientras más se acercaba este a él, Alexer podía notar como el rubio detallaba sus ojeras y las expresiones de su rostro.

— No has dormido bien ¿Verdad? —aseveró Hyoga con un poco de pena ajena en su voz.

Alexer se frotó los ojos con su mano derecha, en un intento vano de querer borrar aquellas marcas de cansancio, pero al final lo pensó mejor y decidió ser sincero con su cuñado.

— En realidad no he dormido en dos días pensando en cómo solucionaremos este problema, nunca creí que llegaría el día en que el reino de Bluegard se viera amenazado por algo tan trivial como una constructora —confesó Alexer muy apesadumbrado y con miedo en su voz, mientras agarraba su cabeza con sus manos.

Hyoga sintió como el ambiente se volvía más deprimente ante el estado del rey de Bluegard, puesto que no era muy común ver a Alexer en ese estado y más que todo, su cañado se había sincerado con él de manera profunda y sincera, por lo que algo en su interior le impidió quedarse callado también.

— Alexer no te pongas así —dijo Hyoga con calma y colocando su mano en el hombro de Alexer—. ¿Cómo crees que me siento yo? —preguntó el rubio con tristeza.

Alexer miro con extrañeza al ruso, ¿Qué cómo se sentía él? ¡¿Y eso que rayos tenía que ver?!

— ¿A qué te refieres? —preguntó Alexer algo molesto y confundido ante semejante revelación.

Hyoga miró a su cuñado con el ceño fruncido y señaló su corazón con su dedo pulgar, gesto muy extraño para Alexer, quien no alcanzaba a entender que estaba haciendo el rubio.

— Alexer, yo soy el príncipe ¿No entiendes? —preguntó sarcásticamente Hyoga.

Alexer lo miró con extrañeza y seguramente si hubiera sido un poco más joven, hubiera soltado un: ¿Eh?

— Eso significa… —explicó Hyoga con calma—. Que puesto que tu hermana es la princesa, eso me hace príncipe a mí ¿De acuerdo? —dijo de manera retorica—. Lo que quiere decir que también tengo responsabilidades con este reino tanto como tu hermana y tú.

Alexer se sorprendió bastante, ¡Claro! ¡Qué tonto había sido! Era evidente lo que le que tenía que soportar Hyoga. Nuestro amigo se empezó a sentir mal por su cuñado, pero Hyoga aun no había terminado:

— Lo que quiere decir que también me veo divido entre mi pueblo y mis responsabilidades como príncipe —admitió él en voz baja—. La verdad es que a veces siento que esta situación está más allá de mí —confesó Hyoga viendo el suelo apenado.

Alexer se sintió mal al ver la expresión de tristeza de Hyoga, al final él tenía que admitir que él estaba llevando el peso de ambas partes en sus hombros, por lo que entendía perfectamente cómo debía sentirse.

— Lo siento —se disculpó Alexer en voz baja.

— No tienes porque —musitó Hyoga con pesar.

En silenció se hizo presente de nuevo, haciendo incomoda la estancia en aquella gran habitación, pero Hyoga se armó de valor y decidió confesar el motivo por el cual había decidido hablar con su cuñado.

— La verdad es que la razón por la que vine aquí no fue precisamente para contarte esto —admitió Hyoga con una mueca en el rostro.

Alexer se sorprendió a escuchar eso, pues a decir verdad a él también se le había olvidado preguntarle a Hyoga, acerca del porque estaba allí, definitivamente estaba muy mal de sus sentidos.

— Oh, ¿Qué era entonces lo que ibas a contarme? —preguntó él con curiosidad.

Hyoga se preparo para lo que venía ya que su cuñado pagaría el grito en el cielo cuando se enterara de lo que había hecho, incluso aunque lo hubiera hecho por el bienestar de ambos.

Así que lo primero fue tratar de suavizar el terreno antes de contarle:

— Primero que nada… tienes que tomarte lo que te voy a decir con calma ¿De acuerdo? —dijo Hyoga con precaución.

— ¿Eh? —replicó Alexer sin entender.

— Debes tomarte esta situación con calma y pase lo que pase no te pongas nervioso —continuó Hyoga sudando frio.

— … —.

— Yo… este… pensé mucho acerca de lo que está sucediendo y… pues… —tartamudeó Hyoga—. …yo… pedí… ayuda a mis amigos. —terminó de decir el rubio con algo de pena.

— … —.

El silencio se hizo presente en la habitación de forma tan repentina, que Hyoga sintió como si hubiera si la esta hubiera sido sometida al cero absoluto, pues aparte de que su cuñado se mantuvo como una estatua de piedra durante los cinco minutos en el que su cerebro analizaba la información recibida, Hyoga sintió que sus piernas no le respondían ante la mirada glacial de este.

— Alexer… —dijo Hyoga con un hilo de voz.

— ¡¿QUE HICISTE QUE?! —gritó el rubio con todas sus fuerzas.

En la Casa de Shun y June, 6:00 PM de ese mismo día…

— ¡ALEJENSE DE LA MALDITA LIMOSINA! ¡NADIE SE MURIÓ! ¡ASI QUE NO ESPEREN A QUE LA CASA ESTE EN VENTA! —gritó June desde la ventana—. Verdaderamente… la gente puede ser muy fastidiosa a veces ¿Tienes que venir en ese auto todo el tiempo Saori? Esta es la tercera vez en la semana que pasa esto —dijo la chica cuando se sentó de nuevo.

— Eh… si, lo que pasa es que es el auto de la compañía, y ellos me lo otorgaron para mi uso personal —declaró la chica con una gota en la cabeza.

— Ay que ver… Seiya deberías comprarte un auto diferente tu también, entiendo lo de Saori… pero que te aparezcas todos los días en ese cacharro, en el trabajo, ya es mucho ¿No crees? —comentó la rubia mientras tomaba agua de un vaso.

— ¡Oye! No es mi culpa que la compañía de Saori decidiera entregarle un auto a su pareja también ¿No? —musitó Seiya con orgullo.

— Pero igualmente te fascina presumirlo ¿Eh? —dijo Seika con sarcasmo.

— Cállate —soltó Seiya molesto y sonrojado, haciendo reír a los demás.

— Oye Saori —interrumpió Ikki—. ¿Qué opinas entonces de lo que dijo Seika?

Todos quedaron de repente en silencio para escuchar la opinión de la chica, quien a pesar de ser su amiga y un miembro más de la familia de los chicos, imponía el mismo respeto y admiración cuando hablaba y se presentaba en cualquier sitio.

— Bueno, en mi opinión, es muy interesante lo que propones Seika —comentó Saori con calma—. No me parece mala idea reunirnos todos de nuevo, pero si ese es el caso, tendríamos que también establecer una fecha que sea conveniente para todos nosotros, pues Ikki, Shun y yo todavía no recibiremos nuestras vacaciones y por lo tanto debemos pedirlas por adelantado —dijo ella con una sonrisa amable.

Un minuto de silencio.

— Que les parece dentro de una semana, eso me daría tiempo de poner todo en orden en mi trabajo antes de irnos —propuso Shun con entusiasmo.

— Mmm, creo que no está mal, en realidad a mi me debían unas vacaciones que no tome el año pasado, así que no tengo problema —mencionó Ikki.

— Bien por los de tu trabajo —bromeó Seika.

— Y por los vecinos, de seguro que ya no se preocuparan de que haya alguien vigilándolos ¿Verdad? —dijo June chocando las manos con Seika.

— Muy graciosas —soltó Ikki molesto ante las risas de las chicas.

— Bueno, bueno, ya basta —intervino Saori—. Yo estoy de acuerdo con lo de una semana ¿Y qué opinan de Kiki y Elene? ¿Los llevamos también? —propuso la peli morada con interés.

— Bueno… a mi no me parece mala idea… pero… ¿Dónde vive Kiki de todas formas? Tengo entendido que Elene se queda en donde Miho, pero nunca he sabido nada de la casa del chico —dijo Seika extrañada.

— Pues yo tampoco he sabido nunca en donde se encuentra el pequeño enano —añadió Seiya rascándose la cabeza.

— Pues Kiki vive solo —soltó Ikki como si nada y haciendo que todos se cayeran de espaldas.

— ¡¿QUE?! —gritaron todos.

— ¿Qué no sabían? —preguntó Ikki con confusión.

— ¡Pues claro que no! —mencionó June exaltada.

— ¿Desde cuándo sabes esto hermano? Nunca me lo dijiste —dijo Shun impresionado.

— Pues en los registros policiales aparece viviendo cerca del centro de la ciudad, en un apartamento de una habitación —explicó el ojiazul.

— ¡Pero eso es muy peligroso! ¡Podría pasarle algo muy grave viviendo solo! —dijo Seika preocupada.

— No creo Seika, nosotros maduramos y aprendimos a defendernos solos cuando teníamos su edad, por lo que estoy seguro de que no tiene ningún problema —contestó Ikki despreocupado.

— Aun así no es justo que este solo —replicó Seika molesta—. ¡No puedo creer que no me haya preocupado por preguntarle algo tan importante a Kiki! Cuando regresemos del viaje le propondré que se quede a vivir conmigo —decidió Seika con seriedad.

A todos le sorprendió mucho la decisión que tomo Seika, pues a pesar de que era con una buena intención, estaba más decir que era una decisión muy apresurada.

— Oye Seika ¿No crees que te estás apresurando un poco? Entiendo que es algo sorprendente pero…

— No me importa Seiya, Kiki me protegió cuando estuve en peligro y por lo que se le debo más del lo que te imaginas, así que no voy a cambiar de opinión —terció Seika decidida.

Todos se conmovieron por las sabias palabras de su amiga, pues a decir verdad, si no hubiera sido por Kiki, quizás Seika no estaría con ellos en estos momentos.

— Bueno… viéndolo así, en realidad creo que tienes razón —dijo Saori con una sonrisa cándida.

— Si, lo mejor será que vallemos a cenar, ya tengo hambre —musitó Seiya con cara de niño hambriento.

— Tu siempre tienes hambre ¿Recuerdas la vez que te peleaste por una pierna de pollo en aquella fiesta? —soltó Seika sonriendo.

— Oye fue una vez, aparte de que yo la vi primero, solo que me tome más tiempo en tomarla que aquel viejo —se excusó el chico.

— Como sea ¿Qué les parece si comemos todos aquí, ah? —propuso June con entusiasmo.

— Pero June, no tenemos suficiente comida —susurró Shun al oído de su novia.

— Nah, descuida, no te preocupes por eso Shun —respondió la chica.

— No quisiera causar molestias June —se excusó Saori con pena.

— A mí tampoco me gustaría abusar mas de tu confianza, creó que ya fue mucho con lo de esta mañana —dijo Seika levantándose.

— No se preocupen, somos familia ¿O no? —dijo June a todos—. Además luego de tener que soportar a Ikki todas las mañana, sabrás lo que es ser molestia —susurró la rubia al oído de la pelirroja.

— ¿Qué dijiste June? —preguntó Ikki con curiosidad.

— ¡Nada! —exclamó la chica con una sonrisa nerviosa.

— Pero June… ¿Cómo vas a preparar comida para seis personas sin suficiente comida? —preguntó Shun suavemente.

— Fácil, recurriré al as de la manga de toda ama de casa bien preparada debe conocer ¿Hola servicio a domicilio? Quisiera hacer una orden por favor —dijo June al teléfono y haciendo que todos se cayeran de espaldas otra vez.