Eres tan especial, Gerard…- dijo entrelazando su mano izquierda con la mía.
Tú eres especial. Me has hecho sentir cosas que hace mucho, demasiado tiempo no sentía. Es extraño sentirme tan atraído por una persona que conozco hace apenas dos días…- sonreí.
Es como si nos conociéramos de antes, cierto?
Si, exacto. Como si tú hubieras estado desde siempre en mi vida y yo no lo podía percibir. Como si siempre hubieras existido…
Yo siempre he estado aquí, Gerard. Sólo que tu no lo querías ver.
¿Eres un ángel, o qué? – Reí.
No creo que sea tan inocente como para entrar en la categoría de ¨ ángel ¨. – risas- Te haré mucho daño Gerard, mucho. No intentes comprenderme, tarde o temprano lo entenderás.
Espero hacerlo algún día, desvendar tus misterios, intentar entenderte.
No intentes entenderme, déjate llevar.
Hice caso a Frank y me dejé llevar. Nuevamente nos encontrábamos intercambiando miradas y besos cómplices que iban complementándose por suaves caricias. Recosté a Frank sobre el césped y me coloqué sobre él. Besaba sus labios como si fuera la última vez que lo iba a hacer, mezclando razones y emociones a la vez, saboreando sus labios que me dejaban atónito por su exquisito sabor, inspeccionando cada sector de su boca, haciendo de su lengua un lugar en el cual donde sólo yo era el dueño. Deslicé mi mano por su torso pasándola levemente por debajo de la polera. Lamí su cuello, disfrutando de cada centímetro de su ser. Entre besos y jadeos iba dejando ver el pequeño pero hermoso cuerpo de Frank. Parecía un ángel, que me venía a rescatar de las tinieblas para llevarme hasta el cielo y no dejarme volver atrás. Quién lo diría, me estaba enamorando de Frank. Era prácticamente imposible que un alma hubiera podido adueñarse de mi negro y malgastado corazón, pero él lo logró, Frank era lo más grandioso que se me presentaba en mi corta vida, algo que no esperaba pero que llegó a salvarme.
[NARRA FRANK}
Sus manos recorrían mi espalda, a la vez que besaba mi torso. Saqué toda su ropa y lo besé, como nunca antes lo había hecho. Esto ya no era un simple juego erótico de el momento, que después olvidaríamos rápidamente. No era eso, no era simplemente sexo… Era hacer el amor.
[NARRA GERARD]
Desperté con Frank a mi lado quién me abrazaba muy tiernamente, como si fuera su oso de peluche. Aún era de noche, pero debía llegar a mi casa antes de que Mikey se preocupara. Me pareció extraño que no me llamara en todo el tiempo en que estuve desaparecido, así que le mandé un mensaje de texto informándole que ya llegaba. No quería despertar a Frank, así que me desprendí de él cuidadosamente y me vestí rápidamente. Todavía no creía lo que había pasado hace apenas unas horas, había estado con él y fue la experiencia más maravillosa del mundo.
Cuando estaba por irme de aquél lugar, sentí unas frías manos que tocaban mi pecho en forma de abrazo. Giré y me encontré con la cara de mi amor, con rasgos de haber despertado recién y su pelo desordenado, pero hermoso.
¿Te pensabas ir sin darme mi beso de despedida? – dijo haciendo puchero. Me enterneció tanto observar sus actos de niño pequeño…
No quería despertarte. Parecías un angelito durmiendo.- respondí.
¿Y antes no parecía un angelito?- dijo, a la vez que colocaba sus manos encima de su cabeza simulando un aura. Solté una carcajada.
Anoche no fuiste precisamente un ángel.(Hice un gesto chistoso que dejó ver la hermosa sonrisa de Frank.) – Enserio, gracias por darme ese regalo, por dejarme hacerte mío y hacerme tuyo a la vez, no pensé que fuera a pasar esto pero…(me sonrojé) Te amo Frank, te amo más que a nada. Eres como mi alma gemela, como si nos conociéramos incluso antes de nacer, es tan lindo estar contigo, sentir tu respiración en mi pecho, tus dulces caricias que me vuelven loco, tus manos recorrer mi cuerpo, todo tu ser. No me imaginaba que alguien pudiera hacerme sentir estas cosas. Awwww Frank (suspiré) Te amo, te amo te amo!
Me acerqué a él, que me miraba con cara muy tierna y lo abracé.
Yo también te amo, Gerard. Mucho, demasiado, más de lo que me convendría hacerlo. No sé cómo lograste despertar estos sentimientos tan grandiosos en mi.
Quisiéramos habernos quedado escuchando lo cuánto nos amábamos, pero ya se hacía tarde y cada uno debía tomar su rumbo. El mío precisamente era la fastidiosa escuela. Efectivamente, llegué tarde a clases. Después de una breve charla de justificación en secretaría, pasé al salón de clases. Me senté en donde mismo, esperando que como todos los días, nadie se ubicara en el puesto de al lado. Pero me equivoqué. Me sorprendí mucho al ver a Ami, un tipo muy desagradable, que siempre era el mayor involucrado en las peleas del colegio, incluidas las que yo era la víctima principal. Ami era una persona muy grande, maciza y con una mirada que podía estremecer a cualquier persona. Lo observé muy confundido, ¿Qué estaba tramando, por qué se había sentado a mi lado?. No quería parecer un cobarde, pero presentía que lo que se venía no era muy bueno que digamos. Al verme tan confundido, soltó una carcajada que me hizo estremecer. ¿Qué iba a hacerme?
