Hola!
Como dije que haría, aquí está la actualización. Pero antes, gracias por leer el fic y mandar reviews que, por cierto, contestaré con el botoncito ese del "reply" que tan amablemente han habilitado los de f algunos no he podido responder o simplemente agradecer porque no había el mail, así que siqueréis que responda ponedlo. Bueno, eso era todo, espero que disfrutéis de este capítulo.
Capítulo IV:
Negación
Las primeras luces del alba penetraron entre los resquicios de las cortinas. En ese momento abrió los ojos, muy lentamente y con la mente y sentidos aún adormecidos. Miró hacia donde se filtraba la luz. Esas no eran las cortinas de su habitación. Paseó la mirada por la estancia y al intentar moverse levemente su cuerpo reconoció al peso de los brazos que lo rodeaban. Una sensación de pánico lo abordó súbitamente. ¿Qué hacía en brazos de Soubi! Estuvo a punto de salir de la cama de un salto pero se lo pensó mejor y se quedó quieto; no quería despertarlo porque¿qué le diría entonces? Era plenamente consciente de que su actitud era la de un crío pero… no acababa de admitir sus sentimientos.
Con todo el cuidado que pudo, ya que no quería que despertara, Ritsuka se deshizo del abrazo de Soubi, se deslizó entre las sábanas y salió de la cama. En un principio le costó tenerse en pie, todo el cuerpo le dolía. Se quedó inmóvil abrazado a si mismo durante unos segundos, el tiempo que tardó su cuerpo en mitigar el dolor; después caminó con sigilo hacia la ventana. Entreabrió ligeramente las cortinas y observó el exterior.
El sol ascendía lentamente alzándose entre las estructuras que conformaban el paisaje urbano, inundándolo todo de luz, una cálida luz que confortó el alma del joven después de la tormentosa noche. Había llovido durante toda la madrugada. Ahora estaba el cielo despejado, como si nada hubiera ocurrido, pero las calles seguían empapadas y debido a ello y a la acción del renaciente sol, todo tenía un aspecto brillante.
-Un nuevo día –murmuró Ritsuka con un deje de melancolía y las orejas medio caídas (su estado de ánimo se reflejaba siempre en sus felinas orejitas y era algo que no podía evitar).
Dio la espalda a la ventana y quedó de brazos cruzados mirando al rubio durmiente. ¡Qué hermoso era! Allí estaba, tumbado boca abajo con las sábanas que le llegaban por debajo de las caderas, dejando al descubierto su torso desnudo y parte del pantalón del pijama ceñido a su esbelta cintura. "No debería dormir así, se va a resfriar" –pensó, avanzó hasta él y lo arropó.
Ritsuka dejó durmiendo a Soubi y se dirigió al baño pues sentía un hormigueo en su pecho y quería comprobar en qué estado había quedado su cuerpo. Se descubrió el torso y dejó que la tela cayera de sus hombros y se deslizara hasta caer a sus pies. Miró la imagen que se reflejaba en el espejo. No prestó mucha atención a los moretones que cubrían sus costillas y abdomen pero sí a la parte izquierda de su pecho que presentaba una irritación considerable. Se llevó la mano a la quemadura como para comprobar que era cierto lo que veía, apartó la vista del espejo y miró hacia abajo, hacia su pecho.
-Esto no puede seguir así –se dijo mirando otra vez su reflejo-. ¿Qué excusa voy a darles? –se tocó el labio inflamado-. Yayoi y Yuiko lo saben pero los demás…
Dejó la frase en el aire mientras se terminaba de desvestir y se metía en la ducha, ya se le ocurriría algo aunque también podía recurrir a la fácil excusa de que se había peleado con unos tipos o cualquier otra cosa; tampoco tenía mucha importancia ya que le traía sin cuidado lo que pensaran los demás. Sus preocupaciones eran otras, la más acuciante, una en concreto, Soubi.
Soubi… Siempre lo tenía presente en su mente, daba igual lo que sucediera a lo largo del día, siempre sus pensamientos acababan en el mismo lugar. Qué desesperante le parecía aquello.
-¿Acaso no hay nadie más en el mundo a parte de él? –se recriminó enfadado golpeando la pared de la ducha con ambas manos. Ya estaba volviendo a pensar en él.
Con ambas manos apoyadas en los azulejos y con la cabeza gacha, al igual que sus orejitas, intentó por unos instantes dejar la mente en blanco mientras el agua le caía sobre la cabeza y se escurría por el resto de su cuerpo. ¡Qué difícil era pensar en otra cosa!
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Se movió ligeramente y no sintió el tacto cálido que proporcionaba su piel. Entonces abrió los ojos para comprobar que el hermoso joven de ojos violeta no yacía junto a él. Deslizó la mano por el colchón como muestra de añoranza. Entonces escuchó el ruido de la ducha, lo cual lo desperezó por completo e iluminó una sonrisa en su rostro. Salió de la cama y se estiró para desentumecer los músculos. Miró el reloj, apenas eran las 7:00 AM, faltaban pocos minutos para que sonara el despertador así que lo apagó.
Soubi quedó unos segundos parado en mitad de la habitación mirando la puerta del cuarto de baño, no estaba seguro de lo que se proponía hacer pero al oír que el agua dejaba de correr se decidió a entrar.
Al abrir la puerta lo embistió una cálida oleada de vapor pero enseguida el ambiente comenzó a despejarse. Allí estaba Ritsuka, que acababa de salir de la ducha, con la toalla envuelta en la cintura y lo miraba con expresión de sorpresa y desconcierto. Sus apéndices auditivos se alzaron poniéndose en guardia y en uno de ellos apareció un ligero tic debido a la incertidumbre y nerviosismo por lo inusual de la situación.
-¿Se puede saber qué haces! –inquirió el chico mientras el otro avanzaba hacia él.
Soubi iba sin sus gafas (poca falta le hacían) y su mirada repasó el cuerpo del muchacho de arriba abajo, captando por descontado el leve tic, para después clavar su penetrante mirada color zafiro en los ojos de Ritsuka, dejándolo completamente desarmado. Éste quedó paralizado, por fin su mente había quedado en blanco, un momento muy poco propicio a criterio del chico.
-Vengo a darte los buenos días –le contestó Soubi con su característica sonrisa- "… aunque tengo algo mejor en mente" –terminó la frase en su pensamiento al tiempo que lo agarraba por el mentón.
-Y… ¿y no podías esperar a que saliera…? -dijo visiblemente nervioso ante el acercamiento del rubio.
-No, para esto no puedo esperar –le susurró al oído.
El chico hizo amago de apartarse pero Soubi le siguió el movimiento y con su mano, que aún aguantaba la barbilla, impidió que apartara la cara. Lo besó con suavidad en los labios, casi en la comisura. Hizo que inclinara levemente la cabeza hacia un lado para poder saborear –no sin resistencia- el perfil de su mandíbula y su cuello; se acercó más a él con la intención de que sus cuerpos entraran en contacto pero Ritsuka retrocedió, salvó el pequeño escalón del plato de la ducha y después no puedo avanzar más. Quedó acorralado, entre la espada y la pared; nunca mejor dicho porque en ese momento sintió cómo el miembro de Soubi se apretaba contra él.
Ritsuka comenzó a ceder. Se sentía tan bien en brazos de Soubi… con sus besos y aliento acariciando su rostro y sus manos recorriendo su cuerpo, buscando encender el fuego que aletargaba en su interior y que anhelaba tanto probar. Cuánto deseaba ese tierno y hermoso cuerpo; la sola idea lo enloquecía. Cuántas habían sido las veces que había tenido que reprimirse para no asaltar y forzar al chico. Todas las veces que había deseado tenerlo como ahora lo tenía… no podía escapar.
Una mano se deslizó lenta pero con decisión por el costado del aún empapado cuerpo. Al llegar a la cintura se topó con la toalla que cubría la intimidad del joven de pelo azabache, la respiración del cual se alteró notoriamente al sentir cómo los dedos del otro se abrían paso furtivamente bajo la tela haciendo que ésta comenzara a soltarse. Fue en ese momento, en el que notó que la prenda iba a ceder, cuando su cuerpo acabó de despertar a la excitación y su miembro reaccionó al ardor que le provocaba el contacto de aquellas manos.
Soubi sonrió complacido al notar la erección de Ritsuka y eso lo excitó aún más. Los pantalones del pijama comenzaban a estorbar pero antes de deshacerse de ellos quería hacer otra cosa.
"Esto no está bien –se dijo Ritsuka mientras se dejaba devorar por los insaciables labios y las excitantes caricias de Soubi-. No…"
La toalla cayó y la mano de Soubi halló lo que buscaba. Sintió el brusco estremecimiento que recorrió la totalidad del inexperto joven que luchó por evitar emitir sonido alguno pero sin conseguirlo.
"Esto no está bien -volvió a repetirse intentando mantener el control de su cuerpo, cosa que le resultaba en extremo difícil debido a la habilidosa mano de aquél que tenía la intención de convertirlo en su amante-. No está bien…no está bien… no lo está… ¿Por qué siento esto? Por favor, que pare o no lo aguantaré" –suplicó en silencio.
-Ritsuka… no te resistas –susurró mientras su otra mano vagaban en dirección descendente por su espalda.
El corazón de Ritsuka estaba completamente desbocado y en su beligerante mente se debatía entre negarse a aceptar todo aquello o sucumbir al ardiente deseo que se desataba en su ser. ¿Por qué demonios no debía dejarse llevar¿Por qué tenía que resistirse y no aceptar la verdad? O quizás fuera esa la cuestión, no se fiaba ni de sus propios sentimientos. Él era Loveless. ¿No significaba eso que el amor le estaba vedado?
-No sigas –pidió con voz lastimera.
-No me pidas eso.
-Déjame, Soubi –exigió con voz más segura e intentando apartarlo de él.
-Ritsuka… -no tenía intención de dejarle ir.
El joven de ojos violeta perdió la paciencia.
-¡Joder, Soubi, apártate! –gritó y con todas sus fuerzas lo empujó haciendo que tropezara y cayera quedando sentado.
Jamás había visto una expresión así en la cara de su luchador. Se lo veía enojado pero sobre todo estaba dolido y no precisamente por la caída; de su boca surgió un suspiro de fastidio.
-¿Se puede saber qué te pasa? –exigió el rubio.
-Eso mismo te pregunto yo –dijo cubriéndose con la toalla que había recogido del suelo. Caminó hacia la puerta para salir del cuarto de baño. Su mente era un tormentoso cúmulo de confusión.
-¡Joder, Ritsuka, deja de jugar conmigo!
El chico se paró y lo miró incrédulo. ¿De qué le hablaba? Era Soubi el que estaba jugando con él y no al revés. Algo más de confusión se añadió a su ya torturado pensamiento. Decidió no hacer caso y cambiar de tema.
-Tengo que ir a clase, necesito que me dejes ropa.
-Ja… ("ya me cambia de tema"), elije lo que quieras –respondió resignado.
Antes de que Ritsuka atravesara el umbral de la puerta, Soubi añadió:
-Al parecer aún eres un crío… pero harías bien de solventar esas contradicciones que parece te tienen confundido.
La puerta se cerró y Soubi se quedó solo y con las ganas. Le convenía darse una ducha fría, mejor si era helada. Al levantarse se miró en el espejo y centró su visión en las marcas de su cuello. "Beloved". Con su dedo índice repasó la letra del centro. Suspiró al recordar a quién pertenecía el nombre… a quién había pertenecido él.
-Sois mi perdición –le dijo a la imagen reflejada con un deje de melancolía.
Y con ese pensamiento en lacabeza se metió en la ducha y abrió la llave del agua fría. Se apoyó en la pared con las manos mientras el gélido líquido empapaba sus largos cabellos y recorría su excitado cuerpo apaciguándolo. Era doloroso, harto cruel tener que acabar bajo el manto de agua fría.
-Ritsuka… –murmuró-. "Seimei podía llegar a ser muy cruel y manipulador pero tú… el sufrimiento que me inflinges es más difícil de sobrellevar" –suspiró desanimado.
Continuará...
Ay, me estoy volviendo loca con los signos de interrogación y exclamación. Cada vez me peleo con ellos pero no hay manera de que el sistema me los acepte como yo quiero...¬¬ Es frustrante.
Bueno, pues hasta aquí por el momento. Intentaré no tardar mucho en actualizar, pero mejor no prometo nada, a saber si las musas cooperarán sin ofrecer resistencia.
Hasta el próximo capítulo ;)
