23/10/2015

Nota de la autora: ¡Muchas gracias por sus comentarios! De verdad, me ayudan a continuar con esta historia, son los mejores. Este era originalmente dos capítulos, pero debido a que los pidieron más largos y dejaron una cantidad asombrosa de reviews, es mi manera de agradecerles:3

PD: Naruto solía llamar a Sasuke "teme" y Sasuke a Naruto "dobe" en este fic sus respectivos hijos se llamaran así a veces, es el equivalente a estúpido e imbécil.

Y estaba pensando que esta historia sea ligeramente AU, donde Sasuke haya vuelto a la aldea después de asesinar a Itachi (ya sabiendo la verdad) y no haya querido destruirla y todo eso, de lo contrario sería algo complicado introducirlo a la historia tanto como me gustaría. ¿Les parece bien?


Capítulo 4: Perfil bajo.

—Lo entiendo —dijo Tsunade después de lo que parecieron horas, asintiendo.

Los niños la vieron con sorpresa y alivio. Bien, por lo menos ahora…

—Espías.

Abrieron los ojos como platos ante esa acusación y, en una fracción de segundo, Tsunade apareció atrás de ellos, con un aura maligna rodeándola y una sonrisa desequilibrada.

Y a partir de ahí, todo fue un completo caos. Comenzaron a correr por toda la oficina, subiéndose al techo, las paredes, inclusive pasaron sobre Shizune varias veces. Tsunade estaba dando golpes a diestra y siniestra, tan fuertes que estos dejaban un agujero donde quiera que impactaban.

— ¡Espere!—gritó finalmente Sarada y, como si fuera una caricatura, todos se congelaron en su posición—. ¡Podemos probarlo!

Tsunade resopló.

— ¿Cómo podrían…?

Se calló. Esa chica… tenía el sharingan en sus ojos, a pesar de usar anteojos. Era, en definitiva, miembro del clan Uchiha. Tsunade maldijo en silencio, no le estaba gustando aquello.

— ¡Jutsu posesión de sombras!—se unió Shikadai, haciendo un sello manual antes de que su sombra saliera a fundirse con la de Tsunade, inmovilizándola.

Técnica secreta del clan Nara.

— ¡Rasengan!—dijo Boruto y la esfera azul se formó en su mano.

Técnica de Naruto Uzumaki.

— ¡Jutsu multi-tamaño!

La chica de piel oscura expandió su estómago, causando que su cuerpo pareciera una pelota. Técnica secreta del clan Akimichi.

— ¡Es suficiente!—gritó al ver que el miembro del clan Yamanaka apuntaba en su dirección. Lo último que necesitaba era que ese niño entrara en su cuerpo.

Los niños desactivaron sus jutsus y la miraron casi con suplica. Tsunade se dejó caer en la silla, que de milagro no se había roto como todo lo demás en la habitación durante la persecución.

— ¿De qué año, exactamente?

Los niños fruncieron el entrecejo antes de mirar a Shikadai, quien suspiró.

—A juzgar por las apariencias, casi quince años al futuro.

Tsunade apretó la mandíbula.

—Fuimos atacados —dijo Boruto—. Ninjas han salido de la nada cuando nuestros padres tenían una junta y han sacado un pergamino…

— "Invocación del vórtice del tiempo"—recordó Shikadai.

Abrió los ojos con desmesura. Había oído hablar de ese pergamino, pero siempre había sido un mero mito… no era posible que existiese. Sonrió. Casi había caído en su juego.

—Buen intento —los felicitó, poniéndose de pie para caminar a la salida—. Iré a avisar a los ANBU que son espías, por lo que les recomiendo que salgan de la aldea. Ahora.

Los chicos sintieron su corazón acelerarse. Estaban jodidos, si Tsunade no les ayudaba no tendrían posibilidades de volver a su época, mucho menos si eran exiliados de Konoha. Himawari comenzó a lagrimear y Boruto se apresuró a ir a su lado.

Swish.

Tsunade levantó su mano justo antes de que un objeto la golpeara de lleno en la mejilla.

Se giró a ver a quién se había atrevido a lanzárselo, viendo cómo la Uchiha le regresaba la mirada con determinación. Tsunade tenía que admitir… que era rápida y extraordinariamente fuerte, ya que la palma donde el objeto había impactado le escocía, dándole una clara señal de que de no haberlo atrapado quizá le hubiera roto algunos dientes.

—Usted es la Hokage y todos los habitantes de la aldea de la hoja son su responsabilidad —comenzó Sarada—. No importa de qué época venimos, somos aldeanos —finalizó, señalando la banda de su frente.

—No seremos echados de nuestro propio hogar, de verdad —siguió Boruto.

—La comida aquí es muy buena —agregó Chocho, encogiéndose de hombros.

—Esto es tan problemático.

Tsunade vio cada uno de sus rostros y, por un leve instante, fue como estar frente a sus respectivos padres. Sonrió torcidamente.

Estuvo a punto de responderles, sin embargo miró de refilón el objeto que Sarada le había arrojado y sintió como el aire se le iba de los pulmones y retrocedió.

—El… pergamino del vórtice del tiempo —susurró con incredulidad.

—Se lo he arrebatado al ninja, creí que sería importante —explicó Sarada ante la mirada inquisitiva que todos le echaron.

Boruto sonrió. Con que fue por eso que la hirieron.

— ¿Podrá ayudarnos?—preguntó Inojin al verla abrir el pergamino.

Tsunade no respondió. Estaba maravillada con aquel objeto ancestral que tenía en sus manos. Los sellos eran, sin duda alguna, los más complicados que había visto jamás, y eso era mucho decir para una Sannin.

Tocó la línea de sangre que se alargaba por este, frunciendo el entrecejo… quizá podría saber quién había convocado aquella aberración…

—Lo intentaré.

Los chicos sonrieron, incluso Sarada. Tsunade la observó detenidamente, ahora que lo pensaba, tenía cierto parecido a otra persona que conocía…

—Pero han noqueado a mi mano derecha, por lo que tardaré un poco —siguió, viendo a la inconsciente Shizune con una gota de sudor corriendo por su cabeza.

— ¡Oiga, espere!—gritó Boruto al verla salir—. ¿Qué se supone qué haremos?

—Y yo que sé —respondió—. Daré la alarma para hacer saber que tienen mi permiso de estar aquí.

— ¿Y qué hay de… nuestros padres?—preguntó Shikadai con recelo.

Tsunade se congeló. Bueno, si el hecho de alterar el futuro era lo que preocupaba al chico, ese barco ya había zarpado desde que ella supo la verdad… pero tener a la aldea sabiendo que había niños del futuro no le parecía un buen plan. ¡Y no quería ni imaginar cómo reaccionarían los demás países ante eso!

Aunque sabía que los padres de los chiquillos sí tendrían que enterarse… eventualmente. No podría descifrar cómo contrarrestar ese pergamino en un buen rato.

—Por ahora mantengan un perfil bajo —ordenó la Hokage—. Los mandaré llamar antes del anochecer.


Los mandaré llamar antes del anochecer —repitió Boruto con sorna minutos después—. ¿Y qué quiere que hagamos mientras tanto?—preguntó con molestia.

Los chicos ahora caminaban por las calles de la aldea sin rumbo fijo. La mayoría de las personas los miraban con recelo al tratarse de desconocidos.

—Quiero ir con mi mami —soltó de repente Himawari.

—Aun no podemos ir…

— ¿Y por qué no?—tajó Boruto, deteniéndose repentinamente.

Shikadai frunció el entrecejo. ¿Acaso era imbécil?

—Oh, vamos, ¿qué no tienen curiosidad?—preguntó—. Deberíamos aprovechar nuestro tiempo aquí. Sólo… no lo sé, ver cómo eran antes.

Los demás guardaron silencio, meditando la idea. Pensándolo bien, aquello no sería tan malo… es decir, había sido un día traído del infierno, ¿qué serían unas cuantas llamas más?

—Bien —dijo Boruto sonriendo, tomando el silencio como una afirmativa general y lanzó un kunai al suelo—. Nos veremos aquí en dos horas.

— ¿Quieres que nos separemos?—preguntó Chocho escéptica.

—No necesariamente —intervino Shikadai—. Ino-Shika-Cho, ellos estarán juntos, por lo que nosotros iríamos juntos.

—Y Saku-Sasu-Naru… —Boruto se calló al oír lo patético que se escuchaba esa formación—. En fin, Sarada, Himawari y yo también.

Todos asintieron antes de dispersarse. Sarada tomó la mano de Himawari, sorprendida internamente que esta luciera tan tranquila.

—Ne, Sarada —la llamó Boruto después de unos minutos—, fue muy listo eso del pergamino.

—Hmph.

Boruto la miró con irritación. ¿Qué no conocía otra palabra… o sonido? ¡Él sólo quería hacer algo de plática mientras buscaban a sus padres! Pero antes de que pudiera reclamarle, Sarada lo tomó de la chaqueta y lo obligó a agacharse.

—Ahí están.

Estaban sobre un tejado, por lo que los tres niños se pusieron a rastras para ver por el borde. Y ahí estaban, Naruto Uzumaki y Sakura Uchi… Haruno, caminando por la calle. Sakura usaba un atuendo diferente al de hacía horas en el hospital, este era mucho más parecido al rojo que usualmente usaba Sarada y tenía puestos sus guantes; Naruto por su parte tenía un traje naranja con negro en el cuello y las mangas.

— ¿Dónde está mi padre?—preguntó Sarada en voz baja.

—En alguna misión —aventuró Boruto.

—Ne, Sakura-chan, ¿cuándo dejaran de ponernos misiones de cuarta?—escucharon preguntar a Naruto con fastidio.

—Naruto —lo llamó con molestia—, las cosas están tranquilas, deberías estar agradecido.

—Lo sé, de veras, pero alguna misión clase A no estaría mal…

Comenzaban a alejarse, por lo que los niños se apresuraron a saltar por los tejados para seguirles el paso. Continuaron así unos cuantos metros hasta que sus padres entraron en una multitud de gente, donde los perdieron de vista.

Sarada y Boruto los buscaban por todas direcciones, y mira que era difícil perder a alguien con cabello rosa y otro que vestía prendas naranja fosforescente.

— ¿Dónde mierda se habrán metido?—preguntó Boruto con confusión.

—Aquí están —dijo Himawari con alegría.

Sarada y Boruto abrieron los ojos como platos e intercambiaron una mirada de pánico.

—Ne… Himawari, ¿no habrás querido decir "ahí están", en lugar de "aquí están"?—se aseguró Boruto con voz cargada de miedo, aun sin dignarse a voltear.

—No, porque estamos aquí —Sarada sintió un escalofrío recorrerla al escuchar la voz de su madre viniendo de sus espaldas.

—Y queremos saber por qué tres niñatos nos siguen, de veras —Boruto tragó saliva cuando fue su padre quien habló.

Ambos voltearon con suma lentitud. Y efectivamente, ahí estaban. Sakura tenía los brazos cruzados y una ceja arqueada en su dirección, haciendo la pose que a Sarada siempre la había aterrado, mientras Naruto tenía las manos sobre sus caderas y estaba inclinado en su dirección para verlos mejor.

Mierda.

— ¿Ustedes de nuevo?—dijo Sakura al reconocerlos.

— ¿Sabes quiénes son, Sakura-chan?—preguntó Naruto extrañado.

—Fueron al hospital hace rato, Kurenai-sensei tenía la orden de vigilarlos.

Sakura miró alrededor, seguramente buscando a los demás, antes de verlos con la mirada entrecerrada. De nuevo, los niños parecían impactados, como si les horrorizara estar en su presencia.

— ¿Y bien?—presionó Sakura al ver que los tres seguían congelados.

— ¡Los buscábamos a ustedes!

Antes de que alguien pudiera hacer algo, Himawari se lanzó a los brazos de Naruto. Este la atrapó por mero reflejo y, al intentar despegársela, la niña se aferró a él entre risas, haciendo que el shinobi fortificara sus intentos de quitársela, aunque todos fueron fútiles.

— ¿Qué…? ¿Qué le sucede?—preguntó con miedo al ver que la niña seguía escabulléndose.

—Ella… sólo es efusiva —inventó Sarada.

Ambos niños fueron a ayudarle, tomando a Himawari y comenzando a jalarla con fuerza hasta que finalmente lograron separarla. Naruto cayó de bruces contra el suelo debido a la fuerza.

"Ese… ¿ese es el séptimo?" se preguntó Sarada con incredulidad al ver como Naruto se quejaba en el suelo.

—Nos buscaban —repitió Sakura—. ¿Para qué?

—Mi… mi… ¡mi espada!

Todos vieron a Sarada con extrañeza.

—Tú la tomaste —le recordó, viendo acusadoramente a Sakura.

—Oh… ¡Es verdad! ¡Dale su espada!—siguió la corriente Boruto.

— ¿Por qué yo la tendría aquí?—inquirió Sakura, con el entrecejo fruncido—. Está en el hospital, junto con tu ropa.

No fue hasta entonces que recordaron que Sarada traía ropa del hospital en lugar de su habitual atuendo.

— ¿No la tienes?—preguntó y Sakura negó—. Oh, bueno, qué se le va a hacer. Adiós.

Sarada tomó a Himawari antes de salir corriendo, sin darles oportunidad de reaccionar. Boruto las alcanzó rápidamente.

— ¡Oigan, esperen!

Al escuchar el grito al unísono de sus padres, quienes de seguro no les habían creído ni una sola palabra, corrieron con más ganas. Joder, ¿era que en algún momento del día podrían dejar de correr como si su vida dependiera de ello?

— ¡Ay!—se quejó Bolt al chocar contra algo.

Sarada se detuvo en seco al escuchar un aullido, girando a ver con pánico como Boruto no había chocado contra una persona. Akamaru soltó un gruñido amenazante, causando que Boruto se pusiera de pie rápidamente.

—Tú —comenzó Kiba, mirándolo con desprecio—, has pisado la patita de Akamaru.

— ¿Su… su patita?—repitió Boruto con miedo.

—Su patita.

Antes de que Kiba hiciera algo más, hubo un alboroto que distrajo su atención. Miraron con terror como Sakura y Naruto iban corriendo a toda velocidad en su dirección.

— ¡Eh, Kiba, detenlos!—gritó Naruto a la distancia.

Boruto tomó la mano de Sarada antes de salir disparados. Kiba miró con confusión la escena antes de comprender y una sonrisa maliciosa apareció en sus labios. Se montó sobre su enorme perro sin desperdiciar un segundo.

— ¡Esto luce como un trabajo para nosotros, Akamaru!—el perro ladró como respuesta antes de salir tras los niños, con Naruto y Sakura pisándole los talones.

— ¡Sarada, ahí vienen!—gritó Boruto con terror, mirando la anarquía que había tras sus espaldas.

— ¡Tenías que pisar su patita, dobe!—respondió Sarada con molestia.

— ¡Y yo cómo iba a saber que se lo tomaría tan personal, teme!

Habían corrido lo que parecían kilómetros cuando vieron que frente a ellos también había un caos. Shikadai, Chocho e Inojin corrían como despavoridos en su dirección, y, para que Shikadai luciera tan aterrorizado y Chocho corriera tan rápido, debían estar metidos en un problema igual o más grande que el de ellos.

Levantaban la tierra a sus espaldas por su velocidad, pero aun así era visible una nube negra que se ceñía sobre sus cabezas.

— ¿Esos…? ¿¡Esos son insectos!?—preguntó Sarada con incredulidad.

— ¡Corran!—les gritó Inojin, haciéndoles señas desesperadas con los brazos.

— ¡Ustedes corran!—respondió Boruto, imitándolo.

Parecía que iban a chocar de lleno pero, cuando faltaban unos cuantos metros para la colisión, lograron irse por una calle aledaña, derrapando sobre la tierra y comenzando a correr todos juntos en la misma dirección.

A sus espaldas se escuchó un tremendo choque, seguramente porque no todos pudieron cambiar la dirección tan rápido como ellos.

Al estar juntos, Sarada pudo notar que, en efecto, aquellos eran insectos y, a juzgar por las apariencias de sus amigos, les habían picado varias veces.

— ¡Pero qué carajo hicieron!—preguntó Boruto con molestia.

— ¡Chocho se comió un insecto de Shino que estaba en sus frituras!—respondió Shikadai, sin desacelerar su paso—. ¡Y luego esquivamos un ataque de insectos de Shino que cayó en la mesa de comida de nuestros padres y Choji ha perdido la razón!

Sarada tragó en seco. Perfecto, tenían a Ino-Shika-Cho; Shino; Kiba; Naruto y a su madre tras ellos… y vaya a saber cuántos más. Estaban jodidos. Jodidos.

— ¿Y ustedes?—preguntó sin aliento Chocho.

— ¡Boruto piso la patita de Akamaru!—respondió Sarada.

— ¿¡Su patita!?—repitieron mientras lo miraban como si fuera un criminal.

— ¡Fue un accidente!—se defendió.

Siguieron corriendo, sintiendo como las plantas de sus pies comenzaban a arderles. Antes de que pudieran pensar en algún plan, vieron a una persona a la lejanía, caminando tranquilamente sin notar la anarquía que se desencadenaba a sus espaldas.

— ¡Es mi mamá!—dijo Boruto con alegría—. Vamos, ella nos protegerá.

Todos dudaban aquello, sin embargo no tenían otra salida, dado que sus demás padres eran precisamente los que querían asesinarlos, por lo que se apresuraron en ir al encuentro de Hinata. Esta los miró extrañada cuando llegaron a su posición, inclusive estuvo a punto de activar su Byakugan, sin embargo al ver que los chiquillos sólo se escondían tras su espalda, desistió.

La turba furiosa, que poco les faltaba para llevar antorchas y garrotes mientras coreaban sus nombres antes de asesinarlos, se detuvo justo antes de arrasar con Hinata, quien se quedó congelada.

Himawari se apresuró a subirse a los brazos de su madre, quizá por miedo o añoranza, y los demás, al ver cómo comenzaban a rodearlos, se pegaron más contra ella.

—Ayúdennos —musitó Inojin.

— ¡Shino, detén esos insectos!—ordenó Hinata con su instinto maternal encendido.

El aludido le hizo caso.

— ¿Qué está pasando?—preguntó.

Es decir, no era cotidiano que los aldeanos hicieran motines contra niños.

—Se comieron mi insecto —comenzó Shino con su usual seriedad.

—Arruinaron nuestra comida —siguieron al unísono Ino y Shikamaru.

— ¡Era barra libre!—agregó Choji con lágrimas en los ojos.

—Nos acosaron, de veras —siguió Naruto y Sakura asintió.

—Pisaron la patita de Akamaru —finalizó Kiba.

Ante eso último hubo un silencio sepulcral y Hinata abrió los ojos como platos.

— ¿Su… su patita?—repitió con impresión.

Acto seguido todos se giraron a ver a Boruto con desdén.

— ¡FUE UN ACCIDENTE!—gritó.

— ¿Quiénes son ellos, por cierto?—preguntó Shikamaru, analizándolos.

—Son mi responsabilidad.

De la nada, apareció la quinta Hokage, Tsunade, justo entre ellos y la turba furiosa, con una pose imponente y haciendo una perfecta entrada triunfal. Quizá porque era la persona en la que más confiaban en esos momentos, y mira que eso era patético, pero todos se apresuraron a salir de las faldas de Hinata y treparse sobre la Hokage, quien suspiro con fastidio.

De verdad, odiaba a los niños.

—Pero, abuela… —comenzó Naruto.

—Sus padres han elegido la aldea de la hoja para cuidarlos porque ellos están… indispuestos en estos momentos —explicó, aquello no era del todo mentira—. Y yo he aceptado.

—Pero ellos…

—No he dicho que sean brillantes —cortó, ganándose una mirada de despecho de los niños—, pero quiero que los acojan. Esto es todo, dispérsense.

Después de echarles una última mirada envenenada, la multitud comenzó a irse. Los niños bajaron lentamente de los brazos de Tsunade.

—Vaya manera de mantener un perfil bajo —se burló la Hokage y los niños agacharon las cabezas.

Acto seguido hubo un tenso silencio donde la Sannin se limitó a examinarlos. Lucían… demacrados, y no sólo por sus ropas rasgadas y cuerpos magullados, sino que detonaban cierta tristeza. Debía ser difícil, por no decir horroroso, ser arrebatados de esa manera de su hogar, de sus padres, y llegar hasta ahí donde nadie los conocía… sin mencionar que la mitad del pueblo quería asesinarlos ya, entre ellos sus propios padres.

Tsunade sabía que si los chiquillos no habían roto en llanto era porque, al menos, estaban juntos.

Pero no sabía cómo reaccionarían a la noticia que venía a continuación.

—He estado viendo el pergamino —comenzó y la vieron con esperanza—… llevará tiempo.

— ¿Tiempo?—repitió Boruto—. ¿Cuánto?

"Días, meses, años. No lo sé" pensó Tsunade "Quizá ni siquiera pueda revertirlo" pero ella no podía decirles eso.

—Tiempo.

Podía verlo, estaban a punto de romperse. Apretó los puños… no podía dejarlos así.

Conocía a sus padres, quizá no los del futuro pero vaya que sí a los del presente, y sabía que ellos querrían estar al tanto de la situación. Por lo que agregó:

—Mientras tanto, les informaré a sus padres quiénes son, creo que se merecen saberlo.

"Así no será tan duro" agregó para sus adentros. Tal como pensó, sus caras se iluminaron, aunque todos se apresuraron a ocultarlo a excepción de Himawari.

—Vamos —dijo, comenzando a caminar.

Escuchó varios pequeños pasos a sus espaldas, siguiéndola ciegamente.

Una pequeña sonrisa apareció en sus labios.

Quizá… quizá no odiaba a todos los niños.