Ahora sí que disculpen la demora.
Sí, sé que fueron casi dos meses. Lo siento. Sí , lo admito soy una tortuga, pero espero que ojalá el capítulo compense la espera. T.T
PD: Gracias por las visitas, el fic ya sobrepasó los 1200 hit. Muchas gracias a todos los que leen y dejan reviews. n.n
PD2: Para ver los reviews que respondí bajen hasta el final. ;D
Disclaimer: Todo lo relacionado con Naruto pertenece a Kishimoto; MENOS los personajes nuevos que sean de mi invención
Capítulo 4: El Templo Shinto y el Diamante de Magma.
Habían ya pasado seis largas horas de caminata que no parecían terminar. Kindoku ya se había cansado de llevar a su compañera a cuestas por lo que Aori era el que llevaba a Atsumi en su espalda (para desgracia de la chica, aunque fue un alivio para el Kurosawa).
-¿Falta mucho?- preguntó de pronto la Uzumaki con una clara voz de cansancio a pesar de que no había caminado nada.
-Ya deberíamos estar por llegar- aseguró Aori y unos pasos después exclamó-. ¡Ya llegamos!
Los cinco viajeros admiraron entonces el lugar, no era un hotel cinco estrellas pero tampoco podían quejarse. Se encontraban frente a lo que alguna vez debió haber sido un Templo Shinto, pero sus paredes se hallaban quemadas y el tejado amenazaba con caerse a pedazos, mientras que el pasto que le rodeaba estaba completamente seco.
-¿Qué les parece?. ¿Lindo, no?- preguntó el castaño intentando buscar alguna muestra de aprobación entre los que le acompañaban. No obstante, tanto sus compañeros como el señor Mizuno y Chikara observaban con raras miradas el lugar, era obvio que no les agradaba.
-Pues… parece acogedor- dijo la sensei para no desanimar a su estudiante, aunque en el fondo estaba muy avergonzada.
-¿No hablará en serio, cierto?- preguntó el señor Mizuno.
-¿Acaso lo encuentran feo?- preguntó Aori a punto de largarse a llorar.
-Calma Aori, el señor Mizuno sólo lo decía en broma. ¿Verdad?- dijo esto último mirando amenazadoramente al anciano.
-Sí, era una broma. Jejeje- río falsamente para seguirle el juego a la pelirroja.
-En ese caso, no perdamos más tiempo. ¡Vamos!- exclamó el chico mientras se iba a toda velocidad, con Atsumi aún en su espalda, en dirección al templo.
-A veces encuentro tan raro a ese chico- susurró Kindoku por lo bajo.
-Mira quién lo dice- pensó Chikara para sus adentros.
-0-0-0-
Se acercaba el atardecer y ya se habían instalado en una habitación al interior del templo que se veía segura (o al menos donde las probabilidades de que el techo se cayera fueran mínimas). Habían puesto a descansar a Atsumi cerca de una chimenea que ahora se encontraba apagada, mientras Chikara se encargaba de darle los remedios.
-Menos mal que fuiste a comprar tus medicinas, sino lo más probable es que hubiéramos tenido que regresar- aprobaba la sensei mientras se dedicaba a llenar una cuchara con el jarabe para la varicela-. Bien, ahora debes tomártela.
-¡Huele horrible!- se quejó la niña-. No pienso tomarme esa cosa.
-Siempre tiene que ser por las malas. ¿No?- y dicho esto, Chikara le tapó la nariz a Atsumi con la mano que tenía libre y cuando la niña tuvo que abrir la boca para respirar aprovechó para introducirle la cuchara en la boca.
-¡GUÁCALA!. ¡ES LO PEOR QUE HE PROBADO EN MI VIDA!- se quejó la Uzumaki después de haberse tragado el jarabe.
-Pues aguántate, según la indicación del médico tienes que tomarte otra cucharada más cuando te vayas a dormir- le recordó Kakkazan.
-No es justo- se deprimió la niña.
Entretanto, Aori y Kindoku estaban preparando sus bolsas de dormir para la noche mientras que el señor Mizuno estaba sentado apoyado en la pared revisando sus cosas y ya había sacado al menos cinco tipos de joyas diferentes por las cuales Chikara Sensei estaba babeando.
-¡Pero miren esas joyas!. ¡Jamás había visto joyas como esas!- admiró la Jounin.
-Son sólo piezas sencillas que suelo hacer cada semana- decía el anciano con modestia.
-Disculpe señor Mizuno... ¿De casualidad no tendrá por ahí algún miembro de su familia que tenga más o menos mi edad?- preguntó una interesada Chikara como si nada, sus alumnos la miraron con vergüenza ajena.
-Lamento decepcionarla señorita, pero el familiar de mayor edad que tengo y que sigue soltero debe tener como la edad de sus pupilos.
-¿Y eso qué?. A mí la edad no me importa- dicho esto, los tres genins sintieron aún más vergüenza.
-Por cierto señor Mizuno... ¿No le robaron nada esos ladrones?- preguntó de pronto la Uzumaki para cambiar el tema.
-No eran ladrones, eran mercenarios- le corrigió Kindoku.
-¿Y cuál es la diferencia?- preguntó la rubia.
-Los ladrones roban, en cambio los mercenarios hacen trabajos que otros les piden a cambio de una valiosa recompensa- explicó Kakkazan-. Además, todo esto es muy extraño. ¿Quién contrataría a unos mercenarios para matar a un joyero?
-Es verdad, es entendible que quieran robarle, pero de ahí a matarle hay un gran paso- reflexionó el Kurosawa.
En eso, Chikara se acercó hasta el anciano.
-Disculpe, sería mucha molestia si me dejara revisar sus cosas- le preguntó al viejo.
-Emm, sí. Pero no sé qué hallará de interesante, sólo traje algunas joyas y mis implementos para tallar.
-De todas formas quiero ver- insistió.
Entonces la Jounin comenzó a registrar las cosas del señor Mizuno, tras cada cosa que sacaba sus estudiantes esperaban expectantes a que de pronto lograra encontrar lo que quería. A pesar de su edad, el señor Mizuno traía consigo tres bolsos: El primero que registró Chikara traía diferentes piedras preciosas sin tallar y algunas que ya estaban talladas; el segundo bolso era un poco más grande y traía las herramientas que seguramente usaba el anciano para trabajar; el último bolso era más pequeño que los anteriores parecía más una pequeña bolsa de cuero.
Cuando Kakkazan abrió este último encontró lo que parecía ser una pelota de tenis envuelta en papel periódico, quitó el papel y encontró una joya muy extraña: Era una esfera hecha de un cristal rojo finamente tallado.
-Pero… si esto es…- balbuceó anonadada-. ¡Es enorme!- exclamó-. ¿De dónde sacó esto?
-Esa es la joya que me mandó a tallar el Señor Feudal del País de la Cascada. Es la que iba a entregarle- explicó el señor Mizuno.
-¿ACASO USTED TIENE TENDENCIAS SUICIDAS, O QUÉ?- le gritó la Jounin.
-¿Pero qué le pasa, señorita?- preguntaba confundido el anciano.
-Cálmese Chikara Sensei- rogaba Aori mientras le hacía un masaje en los hombros-. Si se enoja mucho le saldrán arrugas.
-Ahora sí que parece un demonio- pensó Atsumi para sus adentros.
-Esto no es una gema cualquiera- habló en un susurro la pelirroja-. Es un diamante… un Diamante de Magma.
-¿Diamante de Magma?- repitió Atsumi-. ¿Y qué rayos es eso?
-Algo que nadie debería conocer- decía la Jounin al tiempo que se quitaba uno de los palillos que sujetaban su apretado peinado de tomate-. Un Diamante de Magma es algo así como una piedra que guarda mucha energía en su interior, que cuando sufre un fuerte golpe explota como si fuera una bomba.
En eso, los tres genins parecieron percatarse de algo que no notaron antes porque no habían tenido la necesidad, pero ahora se daban cuenta que en el extremo superior de cada uno de los tres palillos que sujetaban el peinado de Chikara había una especie de cristal rojo, exactamente del mismo material que el Diamante que traía el señor Mizuno pero con la diferencia de que las piedras de la Jounin eran mucho más pequeñas que una canica.
-Chikara Sensei…- balbuceó Atsumi-. Eso… eso es…
Y antes de que la niña pudiera decir otra palabra, la Jounin se acercó hasta la ventana, despegó la pequeña piedra que estaba en su palillo y la lanzó al exterior con todas sus fuerzas. La piedrecilla se perdió de vista al instante aunque segundos después se sintió un gran estallido y a lo lejos se podía ver una gran polvareda de humo mezclada con abrasantes llamas que desaparecieron instantes más tarde.
-¿Qué… Qué fue eso?- preguntaron a coro los sorprendidos presentes.
-Eso fue una muestra de lo que puede hacer un pequeño trozo de un Diamante de Magma- explicó Chikara-. Sólo bastan trozos tan pequeños como los que poseo para destruir cincuenta metros a la redonda- decía mientras volvía a colocar el palillo en su apretado tomate.
-¡I… Increíble!- exclamó Aori.
-Y eso es el poder de una piedrita, así que imaginen cuánto debe tener la gema que talló el señor Mizuno- decía la sensei, a lo que Atsumi y Aori reaccionaron escondiéndose en un rincón del cuarto a causa del miedo-. ¿Y ustedes dos por qué se esconden?- les preguntó.
-¡Es que esa cosa va a estallar!- temió Atsumi.
-¡Y NOS VAMOS A MORIR!- lloró Aori.
-¡YA CÁLMENSE LOS DOS!. ¡ESE DIAMANTE NO EXPLOTARÁ MIENTRAS NO SE LE ARROJE NI RECIBA UN GOLPE!- les gritó furiosa.
-Pero… ¿Por qué esos mercenarios querrían robarme una piedra como ésta?- se cuestionó el anciano-. Además dijeron que pertenecían al País de la Cascada que es el mismo lugar en el que debo dejar esta joya.
-Puede que esté equivocada, pero tengo una ligera idea de quién pudo haber mandado a esos mercenarios- dijo seriamente Kakkazan.
-¿Quién pudo haber sido?- se atrevió a preguntar Kindoku.
-Lo más probable es que los haya contratado el mismo Señor Feudal del País de la Cascada- explicó-. No hay otra justificación razonable.
-¿El Señor Feudal?- repitió el viejo-. Pero si él fue el que me mandó a hacerle esta joya. ¿Por qué él querría matarme?
-Para no tener testigos- explicó la pelirroja.
-¿Testigos?- repitió una vez más el anciano.
-El diamante que usted talló es como una bomba que podría destruir sin problemas una aldea- seguía explicando la Jounin-. Hace poco nos había llegado el rumor de que el País de la Cascada buscaba ampliar su territorio hacia los dominios del País de la Hierba, y qué mejor que destruir la aldea ninja de ese país para que se quedara sin fuerza para protegerle. Por lo que veo, ese rumor está resultando ser de verdad.
-¿Pero entonces por qué el señor Mizuno sería un testigo?- se atrevió a preguntar Atsumi.
-Porque él fue quien talló esa gema. De por sí ya es muy difícil encontrar Diamantes de Magma del tamaño de una canica y el que tiene el señor Mizuno debe ser sin lugar a dudas el más grande que se haya encontrado- explicaba la pelirroja-. El señor Mizuno se transforma entonces en un testigo que afirma que le mandaron a tallar un Diamante de Magma a pedido del Señor Feudal del País de la Cascada, es así como encuentran al culpable. Pero si el señor Mizuno muere, nadie se enterará entonces de dónde salió esa bomba, ni quién la pidió y aún menos quién la hizo.
-¿Pero por qué tallarla?- se atrevió a preguntar Aori-. ¿Qué saca con eso?
-Se afina el potencial del diamante- explicó la Jounin-. Aunque sinceramente no sé qué técnica de tallado habrá usado el señor Mizuno, pues si hubiera usado un martillo y un sincel seguro no estaría con nosotros- terminó de decir esto con su infantil sonrisita.
-¡No puedo decirles mi método de tallado, es un secreto que se ha pasado en mi familia durante generaciones!- se enojó el anciano.
-Está bien, no tiene por qué decírnoslo- sonrió Kakkazan-. Ahora qué les parece si para relajarnos un poco pensamos en cenar. ¿Qué dicen?
-Por primera vez estoy de acuerdo contigo, Mujer Demonio- aprobó la Uzumaki-. Ya quería quitarme el amargo sabor que me dejó ese asqueroso jarabe.
Minutos más tarde, el pequeño grupo se encontraba comiendo la cena y, al igual que en el almuerzo, Atsumi tuvo que compartirle comida a Aori pues todo lo que él había traído era imposible de ser digerido por cualquier ser viviente.
-Es en serio: Nunca más vuelvas a cocinar Aori- le regañó la Uzumaki-. Para la próxima mejor exígele a tu madre que prepare tu comida o morirás intoxicado.
-Eso es imposible, ella siempre está ocupada- sonrió el chico.
-No es por nada, pero ahora que lo pienso no sé nada de tu familia- dijo de pronto la Uzumaki.
-Bueno, mi familia la conforman mi madre y mis hermanos- respondió el castaño.
-¿Tienes hermanos?- se sorprendió la rubia-. ¿Y cómo es que nunca he visto a ninguno?.
-Es que…- la chica aguardó atenta la respuesta de su compañero-. Es que ellos también están muy ocupados.
Atsumi sintió caer por detrás de su cabeza una gota.
-Parece que toda tu familia se la pasa ocupada- suspiró la rubia.
-Ni que lo digas- corroboró Chikara uniéndose a la conversación-. La familia de Aori siempre está ocupada. Recuerdo varias ocasiones en que mandé a llamar a su madre pero siempre me enviaban una nota aclarándome que estaba ocupada.
-¿En serio?- susurró Kindoku también uniéndose.
-Es la verdad- destacaba la sensei-. Además nunca he visto a la madre de Aori en persona, aunque creo que debe ser alguien muy importante ya que las notas que me llegaban siempre venían firmadas por el Hokage.
-¿Por mi padre?- se sorprendió la niña-. Pero, jamás le he escuchado hablar sobre la señora Okuribi o alguien de su familia.
-¡Vaya, eso es extraño!- exclamó la Jounin.
-Se me antojó manzana- dijo Aori de pronto-. Vi un manzano muy cerca de aquí antes de llegar, iré por algunas para comerlas de postre. ¡Ya vengo!- se despidió el chico para luego irse.
-¿Y ahora qué le pasa?- se extrañó la rubia.
Kindoku se quedó meditando un poco, dejó en el suelo la lonchera con su cena y se paró.
-Ya vuelvo- anunció con su inexpresividad.
-¿A dónde vas?- preguntó Atsumi.
-Al lugar al que se va "sin mujeres"- dijo sarcásticamente.
-¿No crees que estás un poco joven?- dijo la sensei con una mirada pícara.
-Me refería al "baño"- aclaró entre enojado y avergonzado.
-En ese caso te acompaño, a mí también me urge- dijo el viejo.
-Me gusta ir solo.
-Pero jovencito…
-¡DIJE SOLO!- habló tan fríamente que los presentes siguieron con escalofríos incluso cuando se fue.
-Ese muchacho da miedo- decía el señor Mizuno al tiempo que se sentaba para relajarse.
-Kindoku es así- suspiró Kakkazan.
-¡Vaya día!- suspiró Atsumi para luego mirar la luna a través de la ventana-. Me pregunto si esta misión terminará pronto- pensó.
Entretanto, Kindoku había salido del templo y se dispuso a caminar por los alrededores con claras intenciones de estar buscando algo. Entonces lo encontró. Se ocultó entre unos arbustos y a pocos metros más adelante se encontraba Aori arrodillado frente a lo que parecían ser unas tumbas.
-¿Está orando?- se dijo a sí mismo el Kurosawa.
Y así era, su compañero estaba orando frente a las tumbas.
-Ahora lo entiendo todo- habló en voz alta el pelinegro para que Aori se diera cuenta de su presencia-. Eres muy poco cuidadoso para ser un Genin.
-¿Kindoku?. No… no sabía que me habías seguido- habló nervioso el castaño.
-¿Y se puede saber dónde están tus famosas manzanas?- le preguntó con sarcasmo.
-Bueno… pues…
-¿Acaso están… "enterradas"?- preguntó acentuando su voz en la última palabra.
-Está bien, me pillaste: No hay manzanas- sonrió avergonzado al tiempo que se rascaba por detrás de la cabeza.
-Pues claro que no. Además dónde encuentras manzanas en un lugar donde sólo hay cerezos quemados- dijo con ironía el Kurosawa-. Como mentiroso te mueres de hambre- agregó mientras se acercaba a las lápidas-. Midori- leyó en una de las tumbas-. Nori… Mori… Inori… Tayori…- seguía leyendo Kindoku hasta que sus ojos se posaron en una lápida sin nombre-. Y esta no tiene nada escrito- analizó-. Además, puede que suene loco, pero todos los nombres en las lápidas riman con el tuyo.
-Es porque…- empezó el castaño bajando su cabeza con tristeza- ellos son…
Pero no alcanzó a decir nada pues un hacha había pasado volando entre los dos genins y terminó enganchándose en una de las lápidas. Ambos chicos se sorprendieron por el ataque fortuito y no salieron de su asombro hasta que escucharon las carcajadas de una decena de hombre que acabaron con el silencio nocturno.
-Volvemos a encontrarnos- habló de pronto una voz ruda.
Los chicos se voltearon y pudieron observar de nuevo a…
-Pero, si es…- dijo Aori.
-El Mercenario Akutaro- completó Kindoku.
Pero no venía solo, ahora parecía venir acompañado de muchos más hombres de los que enfrentaron durante la tarde.
-Ahora sí que completaremos nuestra misión- habló Akutaro con seguridad.
-¡Prepárate Aori!- le ordenó el pelinegro mientras se colocaba en posición de combate-. ¿Aori?
-¡AHORA SÍ QUE ME VOY A MORIR!- lloró el Okuribi.
-A veces olvido que eres mi compañero- suspiró avergonzado.
-Así que decidieron pasar por este Templo- habló el líder de los mercenarios-. Este lugar me trae muchos recuerdos. Pero, no es hora de ponernos nostálgicos.
-¿No habías dicho que nos verías por la mañana?- preguntó Kindoku con seriedad.
-Creo que me malentendieron. Es al anciano al que recogeremos por la mañana, después de derrotarlos a ustedes- les explicó el hombre mientras envainaba una espada en cada mano.
-¡MAAAAAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!- lloraba el castaño a todo lo que daba.
-Me quiero morir algún día, pero no será a tu lado Aori- le regañó el pelinegro al tiempo que hacía sellos con sus manos-. Técnica Secreta: Piel de Veneno Ácido- invocó y pronto la piel de sus manos y de su cara comenzó a cubrirse de extraños moretones-. Ahora atrévanse a tocarme si es que tienen agallas.
-Veremos que tan valiente eres niño. ¡Ataquen!- ordenó Akutaro.
Unos cinco hombres se separaron del grupo para abalanzarse contra Kindoku quien comenzó a pelear siempre intentando golpear o tocar la cara de sus atacantes, cerca de un minuto más tarde todos los que fueron tocados por el pelinegro comenzaron a desmayarse en el suelo pues se sentían muy fatigados y pronto la piel de cada uno empezó a amoratarse.
-¿Pero qué demonios?- se sorprendió el líder al ver a cinco de sus hombres tirados en el suelo-. Ya veo, así que eres un muchachito al que no se le puede atacar a corta distancia. Esto se resolverá más fácil de lo creí- y apenas dicho esto comenzó a hacer un conjunto de sellos.
-¿Cómo?. ¿Sabe hacer ninjutsu?- se sorprendió el pelinegro.
-¡HAY QUE CORRER!- gritó Aori.
-Elemento Fuego: Técnica de fuego del Fénix- invocó Akutaro y pronto empezó a escupirles bolas de fuego a ambos chicos. Ninguno de los dos tuvo mucha suerte, Kindoku había sido alcanzado en una pierna por una de las bolas de fuego, Aori en cambio sufrió quemaduras en el brazo derecho.
-¡Me duele!- lloró Aori.
-No te rindas ahora. No podemos dejar que sigan adelante- intentó animarle su compañero.
-Pero, Kindoku…
-Anda por Atsumi y Chikara Sensei- ordenó.
-¡No voy a dejarte solo!
-De todas formas, no haces mucha diferencia- decía mientras se levantaba con dificultad pues le dolía la pierna por las quemaduras-. ¡No te quedes ahí parado como un tonto!. ¡Ve por Atsumi y nuestra Sensei!- volvió a ordenar.
-Ninguno de ustedes irá a ninguna parte. ¡Al ataque!- gritó Akutaro y junto a todos sus hombres, que de por sí eran al menos una centena, se abalanzaron contra los chicos.
Todo parecía perdido, pero…
-¡Técnica de Replicación de Sombras!- se escuchó a lo lejos y pronto se vieron aparecer en el lugar a Chikara Sensei en compañía de cinco Atsumis con varicela.
La Jounin acababa con algunos mercenarios a punta de bastonazos con su Palo Bô, mientras que las Atsumis hacían lo posible con los mercenarios que se acercaban a sus compañeros pero pronto fueron desapareciendo una por una hasta que sólo quedó una.
-¡Qué cansancio!- se quejó la niña-. Además esa crema no sirve para nada, aún tengo mucha picazón- decía al tiempo que se rascaba la cara.
-¡Atsumi, eres tú!- se alegró Aori.
-Parece que tu brazo está mejor- analizó Kindoku.
-No lo creas, todavía me duele mucho el hombro- se quejó la chica.
-¿Están todos bien?- preguntó Chikara acercándose a sus pupilos.
-Sí- respondieron al unísono.
-¡Qué alivio!- suspiró la pelirroja y luego se volteó a Akutaro-. No pensé que los veríamos tan pronto.
-Pero así lo es, señorita- habló el líder.
-De todas formas, dígale a su señor feudal que no pensamos entregarle el diamante- dijo de forma amenazante Kakkazan.
-De modo que ya lo saben- se le escuchó suspirar al líder-. Bueno, no creí que esto llegaría a pasar. Ahora no voy a ser nada de compasivo con ustedes- dicho esto volvió a hacer un conjunto de sellos.
-Eso es…- susurró Aori.
-¿Sucede algo?- preguntó Atsumi.
Apenas Akutaro terminó sus sellos sus mejillas comenzaron a hincharse y a ponerse muy rojas, instantes después escupía unas extrañas e incandescentes masas hacia el grupo de ninjas.
-¡CUIDADO!- alcanzó a gritar Chikara y todos reaccionaron en huir de aquellas cosas.
Sin embargo, el suelo comenzó a quemarse en cuanto las masas tocaron el seco pastizal en el que estaban parados los cuatro ninjas.
-¡Ya no hay nada más que hacer!. ¡ARRASEN CON TODO!- ordenó el líder y se abalanzó al ataque con el resto de sus hombres.
Los mercenarios se abalanzaron hacia los ninjas, no obstante sólo algunos eran detenidos por Chikara y sus Genins, los demás se dirigían hacia lo que era el templo siendo dirigidos por Akutaro quién se encargaba de quemar los alrededores con técnicas básicas de fuego.
-¡Chicos!. ¡El señor Mizuno todavía sigue en el Templo!- avisó la Jounin-. ¡Vayan a protegerle!
-¿Pero, y usted?- preguntó Atsumi.
-Yo distraeré a los mercenarios que intenten pasar, ustedes protejan al anciano- les ordenó.
-Sí- dijeron al unísono los Genins y pronto se fueron en dirección al Templo.
Entretanto, al interior del Templo, se encontraba el señor Mizuno oculto en una oscura habitación, esperando a que todo terminara. Tenía todas sus cosas abrazadas sobre su regazo mientras miraba de vez en cuando por una ventana la batalla que se desataba afuera.
-Conque aquí estaba- habló una ruda voz, era Akutaro que había entrado a la habitación junto a dos de sus mejores hombres. El señor Mizuno tembló de pies a cabeza cuando le vio entrar-. Ni siquiera se le ocurra escapar, si lo intenta lo mataremos de inmediato.
-¿Y… Y quién les dijo que me iba a escapar?- les desafió el anciano con voz nerviosa.
-¿Te quieres hacer el valiente, estúpido viejo?- habló burlonamente mientras tomaba al señor Mizuno del cuello ahorcándole y obligándole a ponerse en pie-. Escucha anciano, si no quieres tener una muerte lenta y dolorosa será mejor que nos entregues el diamante ahora mismo.
-¡JA… MÁS!- logró gritar apenas el viejo.
-¿Está entre sus cosas, cierto?- dijo el líder mientras le quitaba el bolso con la mano que tenía libre.
-¡Suél… teme!- rogaba el anciano ya casi sin aire.
-Espero no le importe que mis hombres revisen sus pertenencias- se burló al tiempo que hacía un ademán y los dos mercenarios que le acompañaban se pusieron a buscar entre las cosas.
-¡Jefe, aquí no hay nada!- exclamó uno de los mercenarios.
-¿Cómo?- se sorprendió el líder.
-Está vacío- intentó excusarse al tiempo que mostraba el desocupado interior del bolso.
-¡No es posible!- se sorprendía Akutaro.
-¡OIGAN!- les gritó de pronto una voz femenina, se voltearon y pudieron ver a Atsumi en la puerta de la habitación sosteniendo una esfera de cristal rojo-. ¿Acaso buscaban esto?
-¡LO TIENE ELLA!- exclamaron los hombres de Akutaro al tiempo que corrían hacia la niña.
-¡AHORA KINDOKU!- exclamó la chica y de un salto entró Kindoku con su piel amoratada, tocó las caras de ambos tipos con sus manos envenenadas y pronto los mercenarios comenzaron a sentirse mareados. Después, para rematar, entró Aori y de un buen golpe en el estómago derribó a uno, mientras que Atsumi derribaba al otro con una patada en la cara-. Ahora sólo quedas tú.
-No se acerquen- les advirtió Akutaro ahora sacando un kunai que guardaba y lo apuntó al pecho del señor Mizuno-. La vida de este anciano no me importa en lo absoluto. Si lo quieren vivo, tendrán que entregarme el diamante.
-¡Nunca!- gritó entonces Kindoku-. Somos Genins de Konoha… jamás, dejaríamos…- el pelinegro comenzó a jadear, parecía muy cansado por alguna razón.
-¿Kindoku?- preguntó la rubia.
Entonces, la pálida piel de Kindoku comenzó a amoratarse cada vez más. Le costaba respirar y pronto calló de rodillas por el cansancio.
-¿Kindoku, estás bien?- se preocupó Aori.
-Estoy… en mi límite- logró jadear el pelinegro-. No puedo detener… mi propia técnica… sobrepasé mi tiempo… ¡Argh!- entonces comenzó a escupir saliva negra.
Akutaro aprovechó el momento, soltó al Señor Mizuno, luego sacó lo que parecían ser unas tres bombas de pólvora y las encendió con fuego que hizo aparecer de su propia mano.
-Lo siento, pero ya tengo que irme- se despidió al tiempo que se subía al marco de la ventana-. ¡AHORAN MUERAN MALDITOS!- les gritó mientras les arrojaba las bombas.
Akutaro logró escapar y alejarse lo suficiente antes de que el templo estallara por completo en abrasadoras llamas.
-El fin- susurró para sí mismo y después estallar en una maléfica carcajada.
-¡Señor!- gritó uno de sus hombres quien junto a otros más traían a Chikara atada como prisionera-. Logramos capturar a su maestra.
-Excelente- declaró el líder.
-¡Maldito!- gruñía Kakkazan-. ¿Qué hiciste con mis estudiantes y el señor Mizuno?
-Tranquila, preciosa- le hablaba con arrogancia-. No te preocupes, porque pronto te unirás a ellos en la muerte- decía mientras envainaba una espada.
-Pues entonces… ¿No crees que primero deberías esperar a que se mueran?- le sonrió la pelirroja.
-¿Qué?- se sorprendió Akutaro, entonces volteó.
Detrás suyo todavía quedaban llamas y una gran polvareda en lo que había sido el Templo, pero cuando el humo comenzó a disiparse pudo ver que tanto los Genins como el señor Mizuno estaban a salvo en lo que parecía ser una cúpula hecha de chackra.
-¿Pero qué…?- se sorprendió Akutaro-. No… ¡No es posible!- exclamó mientras miraba que quien hacía el escudo era Aori, luego recordó a la sacerdotisa a la que había visto antes hacer la misma técnica-. Ese chico… puede...
-¡AKUTARO!- gritó entonces Aori con una decisión que Atsumi jamás había visto en él-. Esas bombas… ¡ERES UN CANALLA!- le gritó a todo pulmón al tiempo que sacaba decenas y decenas de figuritas origami que traía guardadas en donde supuestamente debería guardar los shurikens y kunais-. ¡TÉCNICA DE CORAZÓN Y ALMA!- invocó el chico y pronto las figuras cobraron vida dirigiéndose hacia donde estaban Akutaro y sus hombres.
-Yo mejor me viro- dijo de pronto Chikara devolviéndole a Akutaro las cuerdas con las que antes estaba atada, los hombres que la tenían prisionera estaban desmayados en el suelo-. Nunca me ha gustado el origami de Aori. Adiós- y diciendo esto desapareció en una nube de humo dejando un tronco en su lugar.
-¿La técnica de reemplazo?- fue lo último que alcanzó a decir Akutaro antes de ser bombardeado por figuritas de papel que comenzaron a estallarle a él y a sus mercenarios.
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Faltaba poco para que amaneciera en lo que quedaba de los restos del Templo, Akutaro y sus hombre yacían inconscientes y atados de pies y manos en el suelo, además de tener restos de quemaduras leves. El Señor Mizuno se encontraba dormido en su bolsa de dormir, Aori y Chikara se habían alejado para enviar un halcón mensajero, mientras que a Atsumi le tocó el papel de cuidar de Kindoku, su piel ya casi estaba libre de moretones y regresaba a la normalidad gracias a que la chica le estaba dando una mezcla viscosa de color amarillo verdoso.
-Eso es, ahora la tercera cucharada- anunciaba la Uzumaki.
-Siento que si bebo una más voy a vomitar- declaraba el Kurosawa con cara de asco.
-Vamos, esto no sabe tan mal- decía mientras se bebía ella misma el contenido de la cuchara, pero tuvo que contenerse para no poner mala cara por el horrible sabor-. Bueno, al menos sabe mejor que mi medicina- dijo avergonzada.
-¿Ves que es asqueroso?
-Será asqueroso y todo lo que quieras, pero tú mismo me dijiste que así se preparaba el antídoto para evitar que te envenenaras con tu propio veneno- le regañó Atsumi-. Fue tu culpa sobrepasar los diez minutos que puedes mantenerte de esa forma. Así que ya deja de quejarte y ve abriendo la boca- ordenó.
-Está bien- gruñó el pelinegro mientras no le quedaba nada mejor que obedecer a su compañera.
-¿Sabes?- soltó de pronto la rubia-. A pesar de que fue una misión difícil, me la pasé muy bien- declaró la chica-. Y esa técnica que hizo Aori, era como un escudo gigante. Jamás había visto algo así. Parece que ese chico oculta muchas cualidades.
-Ahora que lo pienso…- habló Kindoku- las técnicas de Aori son muy especiales- decía al tiempo que alzaba un poco la vista para observar los restos del Templo Shinto que aún despedían hilos de humo.
-¿Qué quieres decir?- le preguntó su compañera.
-Una vez leí un libro acerca de las tradiciones en los Templos Shinto- contaba el pelinegro-. Recuerdo que una de sus tradiciones era colgar figuras hechas con papel en cerezos. Además, también decía que podían alejar los malos espíritus con escudos que hacían a través de oraciones.
-Lo que me dices… suena como si estuvieras hablando de las técnicas de Aori- susurró Atsumi.
-No estoy seguro del todo, pero…- Kindoku se detuvo unos segundos antes de seguir-… pero creo que la familia de Aori era la encargada de cuidar este Templo.
Atsumi bajó la mirada a modo de reflexión.
-Ahora entiendo todo- susurró la chica-. Ahora entiendo por qué Aori sabía de este lugar en especial. Pero, aquí no había absolutamente nadie cuando llegamos, además el sitio ya estaba en ruinas antes de nuestra llegada- entonces Atsumi cayó en la cuenta-. ¡No puede ser!. O sea que… la razón por la cuál Aori se excusa conque su familia está ocupada…
-Ayer seguí a Aori cuando salió en la noche- interrumpió el pelinegro-. Él estaba orando frente a unas tumbas.
Atsumi intentó contener unas lágrimas.
-Entonces…- balbuceaba la Uzumaki-… la familia de Aori… está…
El Kurosawa sólo bajó la cabeza en señal de afirmación.
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Alejados de Atsumi y Kindoku, se encontraban Chikara y Aori enviando un halcón mensajero.
-¡Listo!- anunció la sensei-. Ahora en unas horas más recibiremos noticias de Konoha, y lo más probable es que vengan por los mercenarios poco después del mediodía.
-Eso me alegra- susurró el chico por lo bajo.
-Aori- le llamó entonces la Jounin con seriedad-, serías tan amable de decirme cuál era tu conexión con Akutaro y este templo.
-¿Qué?- se sorprendió el chico.
-Es más que obvio que para conocer el camino a este lugar tuviste que haber estado fuera de Konoha más de una vez. ¿Me equivoco?- Aori se puso nervioso cuando escuchó a su sensei-. No soy tonta, Aori. Además, ayer atacaste a los mercenarios de una forma que jamás había visto en ti.
-Sensei… yo… - empezó el chico-… a decir verdad, este Templo fue una vez mi hogar.
-¿Tu hogar?- repitió la Jounin con seriedad.
-La sacerdotisa Midori era quien cuidaba este lugar- contaba el chico-. Ella recogía a todos los niños huérfanos que llegaban a este templo y los entrenaba en las técnicas shinto para que fueran sacerdotes. Yo llegué a este lugar cuando aún era un bebé y me crié junto a otros chicos a los que quería como si fueran mis hermanos.
-¿Y qué le pasó a este lugar?- le interrogó Chikara-. ¿Acaso Akutaro tiene algo que ver en eso?
-Al principio, no podía recordar bien de dónde lo había visto- reveló el chico-. Fue entonces cuando vi sus bombas. ¡Eso y sus asquerosas técnicas de fuego fueron las que mataron a la sacerdotisa Midori y a mis cuatro hermanos!- gritó por la frustración de recordar aquello-. Cuando me acordé de eso perdí el control y sólo…
-Bueno, ya pasó- le interrumpió la pelirroja intentando animarlo-. Además no les hiciste tanto daño, tus técnicas de pergamino son muy útiles pero aún son muy débiles como para matar a alguien.
-Chikara Sensei…- susurró el chico.
-Siempre te consideré un chico muy infantil, Aori- le confesó la Jounin-. Pero ahora que te oí, me doy cuenta que eres mucho más maduro de lo que yo pensaba.
-Ni siquiera sé por qué me comporto así- declaró Aori con tristeza-. Desde que llegué a Konoha hace cinco años no paro de acordarme de la sacerdotisa Midori y de mis hermanos, me siento muy triste y no se siente nada bien. Es por eso que cada vez que veo una cara triste empiezo a hacer bromas para que las personas cambien su expresión, pero lo único que consigo es que se enojen conmigo- susurró triste.
-Bueno, quizás no eres el mejor bromista del mundo, pero tiene que admitir que Atsumi se ve más graciosa cuando está enfadada- sonrió Chikara.
-Sí, es verdad- dijo el chico ya más sonriente.
Minutos más tarde, cerca de los resto del templo, el señor Mizuno aún se encontraba durmiendo y Atsumi ya había terminado de hacer que Kindoku se tragara todo el antídoto. Fue entonces cuando vieron a Chikara Sensei y a Aori acercándose a ellos.
-Hola chicos- le saludó la Jounin.
-¡Ya regresamos!- exclamó Aori con alegría.
Atsumi le miraba algo triste y Kindoku simplemente miraba lo que quedaba de pasto seco.
-¿Nos perdimos de algo?- preguntó el Okuribi aún sonriente.
-No, no es nada- habló entonces la Uzumaki intentando esbozar una sonrisa.
-Si tú lo dices, entonces está bien- le dijo el castaño con una sonrisa.
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Cerca de las tres de la tarde llegaron un grupo de Chunins que se llevaron lo que quedaba de los mercenarios, se habían enterado que ofrecían numerosas recompensas en los países cercanos sólo por encarcelarlos.
A partir de entonces, el señor Mizuno dejaría a Chikara y sus Genins para irse y unos Chunins le acompañarían en el camino de regreso a su hogar, no sin antes enterrar primero a más de treinta metros el Diamante de Magma que le habían mandado a tallar cosa que fue posible gracias a un Chunin especializado en Técnicas del Elemento Tierra; y antes de partir, le entregó tanto a la Jounin como a sus pupilos unas gemas del tamaño de una canica pero que relucían mostrando lo valiosas que eran.
Atsumi y los demás se despidieron del señor Mizuno y entonces empezaron a emprender el camino de regreso a Konoha. Pero, antes de alejarse e internarse en el bosque, Atsumi encontró un madero bastante desgastado en el suelo. Se agachó para tomarlo, lo limpió un poco y pudo ver unas letras que decían…
-Templo Okuribi- leyó en voz baja-. Aori…- susurró.
-¡ATSUMI!- le gritó la voz de Aori a lo lejos-. ¿Qué haces ahí parada?. ¡Si no te apresuras te dejaremos aquí!
-¡Ya voy!. ¡Y ya déjame en paz, Aori!- le gritó la chica mientras tiraba el madero al suelo y corría para alcanzar a su equipo.
-0-0-0-
Atardecía en Konoha cuando los integrantes del Equipo 5 llegaban a la oficina del Hokage para dar el informe de la misión. No obstante, se sorprendieron cuando vieron que el Hokage no estaba en su puesto, sino que en su lugar lo reemplazaba una mujer adulta de cabello rosa.
-¡Vaya, llegaron más pronto de lo que pensaba!- les saludó la mujer-. ¿Y qué tal estuvo la misión?
-¿Y usted quién es?- preguntó Chikara aún sorprendida.
-Chikara Sensei, es la madre de Ichigo y Daisuke- le recordó Atsumi por lo bajo.
-¡Ah sí, ya me acordé!. ¡Es la Doctora Sakura Uchiha!. ¿Cierto?- dijo esbozando su infantil sonrisita.
-En persona- le saludaba Sakura-. Hacía mucho que no la veía, Chikara Sensei.
-Sí, tanto que ya ni me acordaba de usted- le reveló avergonzada-. ¿Pero qué hace usted aquí?. ¿Acaso el Hokage no pudo venir?
-El Hokage se enfermó y cayó en cama apenas esta mañana- les reveló la pelirrosada.
-¿Enfermó?- repitieron a coro el Equipo 5.
-Así es, tiene un severo caso de varicela- declaró la Señora Uchiha.
-¿Varicela?- volvieron a repetir a coro y luego fijaron la vista en Atsumi.
-No fue mi culpa, lo juro- decía rápidamente la niña.
-Tienes mucha suerte, Atsumi- le dijo entonces Sakura-. Es mejor que la varicela te dé mientras eres joven, porque es aún peor en los adultos y sobretodo en los hombres. Deberías ver como está tu padre.
-No sé por qué, pero presiento que habrá un pañuelo rojo esperándome en la puerta de mi casa- lloró la Uzumaki.
Mientras tanto, en la casa del Hokage, Hinata hacía todo lo posible por bajar la fiebre de su marido a punta de paños empapados en agua fría que le colocaba por el cuerpo, pero era casi imposible mantenerlos en su lugar porque Naruto no paraba de rascarse como un loco.
-¡Naruto!- le regañaba Hinata-. ¡Deja de rascarte, por favor!. ¡Sakura te dijo que eso sólo empeora la enfermedad!
-Sólo espero que Atsumi llegue… ¡Y ME DÉ UNA EXPLICACIÓN!- gritó a todo pulmón mientras no paraba de rascarse.
Y en la oficina del Hokage…
-¿POR QUÉ A MÍ ME TIENEN QUE PASAR LAS COSAS MÁS ABSURDAS?- lloraba Atsumi mientras el resto de su Equipo y la Señora Uchiha le miraban sin entender nada.
Sí, rétenme, me demoré más de un mes en subir este capítulo. T.T
Pero entiéndame: Escribo lento y, además de eso, son vacaciones acá… VA-CA-CIO-NES. Estuve de aquí para allá, de allá para acá y casi no me alcanzaba el tiempo para escribir. Así que disculpen el retraso y ojalá igual no me demore tanto en el siguiente episodio. n-nU
Y ahora… ¡A responder Reviews se ha dicho!.
Esme-chan TS-DN: Que bueno que te haya encantado el tercer capítulo, pero cuidado con la varicela mira que sino te da joven te viene peor como nos informa Sakura XDDD. Tu inner no está tan mal, de hecho me agrada. Y por Ichigo no te preocupes, ahora está muy ocupada porque le toca salir en el episodio que sigue. Te doy las gracias por seguir mi fic y ojalá te guste también este capítulo nuevo y los que seguirán.
Umy Echizen: Gracias por las felicitaciones, en serio. ¿A que la idea de que Naruto tenga hija es divertido?. Yo más que nada lo hice porque en los otros fics que vi sólo veía hijos, pero también me gustó la posibilidad de que fuera una chica y que mejor una hija igual de terca como tú dices. ;D
De Kindoku aquí lo verás un poco más y el capítulo 5 espero poner más de él y quizás hacer aparecer a su familia (y te aseguro que serán iguales o hasta más lúgubres que el mismo Kindoku UXD).
Eso y que bueno que también te guste algo la Demonio de Chikara. ;D
Baldur Prime: También gracias por las felicitaciones, aunque te aclaro una cosa: Kiba y Shino tienen H-I-J-O-S. UXD
De todas formas gracias por el review, en el capítulo 5 podrán conocer más a fondo a todos los amigos de Atsumi (o también dicho, la nueva generación ;D)
always mssb: Créeme, todavía no me canso de hacer sufrir a Chikara. En este capítulo le di un respiro pero ya verás que en el próximo no le tendré piedad. Ñaca ñaca. XD
Chikara: ¿Pero qué clase de autora me tocó? (T.T)
Shikami: Ya deja de quejarte y vuelve al fic, que tenemos que empezar con el capítulo 5. (òó)
Gracias por seguir esta historia y ya nos veremos en otro fic. ;D
