Escuchó lo que le relataba Baelfire sobre su primer día de clase. Le habló de sus nuevos compañeros, las asignaturas, los profesores, de Henry, en definitiva, un poco de todo. Solo cuando Killian aparcó el coche en la puerta del Granny's, el chico se dio cuenta de que el policía había estado demasiado serio todo el camino y que, aunque le había prestado atención, lo conocía demasiado bien como para saber que había algo que le preocupaba.

-¿Qué tal tu día?-, preguntó sin bajarse del coche. -¿Has conocido a la madre de Henry?-.

Sonrió. –Las noticias vuelan…-, contestó.

-¿Vas a casarte con ella?-, lo miró y le guiñó un ojo. –La conocí ayer. Es… Genial-.

-Me alegra que la inspectora Swan te parezca "genial"-, suspiró. –Tenemos que hablar-.

Baelfire levantó una ceja. -¿Algún problema?-.

-Eh… No diría que sea un problema, pero nos incumbe a los dos y quiero saber tu opinión-.

-Killian, ¿qué pasa?-, insistió.

El hombre le revolvió el pelo con cariño. –Tranquilo, colega-, dijo. –La inspectora Swan me ha ofrecido un trabajo…-.

-¿Qué clase de trabajo?-.

-Esa es la historia… Me ha ofrecido infiltrarme en una red de narcotraficantes-, explicó.

Bae se quedó con la boca abierta. –¡Cómo en las películas!-, dijo entusiasmado.

Killian asintió. –Más o menos… Aunque tiene un inconveniente-.

-¿Cuál?-.

-Tendré que irme unas semanas. No podremos hablar y mucho menos vernos-, tragó saliva y continuó. –Lo bueno es que Emma cuidaría de ti mientras estoy fuera, así que estarás todo el día con Henry-.

El niño se quedó en silencio y se acomodó en el asiento del coche. -¿Es peligroso?-, preguntó mirando al frente.

-Infiltrarse en una red de narcotráfico tiene su riesgo, pero según lo que me ha contado la inspectora Swan por encima, puedo asegurarte que he tenido misiones secretas peores que esta-, contestó.

-¿Volverás?-.

-Bae, ¿qué pregunta es esa?-.

Frunció el ceño. –Me prometiste que nunca me abandonarías-.

-No te estoy abandonando, Baelfire-, contestó. –Sabes que nunca lo haría-.

-Ya lo hiciste una vez: Me dejaste con los servicios sociales-, dijo alzando la voz. -¿Por qué iba a ser diferente ahora?-.

-No sigas por ahí-, le amenazó. –No llevas razón-.

-Ah, ¿no? No quisiste quedarte conmigo-, gritó. –¡Me dejaste solo!-.

-Bae, eso no es justo…-.

–A la primera de cambio me dejaste con los servicios sociales y ahora, con Emma. Si no quieres cuidar de mí solo tienes que decírmelo. Ya soy grandecito-, dijo y salió del coche dando un portazo.


Entró en el Granny's y buscó a Henry. Lo encontró sentado con su madre en una mesa al fondo, charlando animadamente.

-¡Bae!-, lo llamó su amigo. –Ven aquí. ¿Y Killian?-.

-Fuera-, respondió de mala gana.

Emma observó al muchacho, por su cara supo que algo no iba bien y que el chico necesitaba desahogarse. –Henry, sal ir a buscar a Killian-, pidió y le hizo un gesto para que se fuera un rato. Solo cuando su hijo estaba lo suficientemente lejos, comenzó a hablar. –Pareces enfadado-.

-Lo estoy-.

-¿Y eso?-.

El chico la miró seriamente. –Por tu culpa-.

-¿Por mi culpa?-, esa respuesta sí que no se la esperaba.

-Killian trabajará para ti en una misión secreta. Se irá y me dejará solo. Otra vez-, contestó con tristeza.

-¿Y por qué tengo yo la culpa?-, insistió.

-Porque tú le has ofrecido el trabajo-, estaba casi a punto de echarse a llorar.

Emma sonrió. –No va a abandonarte-, dijo. –No creo que lo haya hecho nunca. Ni creo que lo haga-.

-¿Cómo sabes eso? ¡No lo conoces!-, se le saltaron las lágrimas.

La mujer, que había permanecido sentada en frente del muchacho, se levantó, se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros. –Es cierto, no lo conozco. Pero, sé mucho más de él de lo que te puedas imaginar. Soy policía-, sonrió.

-¿Los policías lo sabéis todo?-, preguntó incrédulo.

-Tenemos nuestros métodos para saberlo si no todo, casi todo-, volvió a sonreír. -Mira Bae, el trabajo que le he encargado a Killian es muy importante para mí. Y para Henry-, suspiró. –Y él ha estado a punto de rechazarlo por ti-, explicó. –Me ha costado toda una mañana de discusiones convencerlo. No va a abandonarte: Me ha hecho prometerle que mientras esté fuera tendré que cuidar de ti y protegerte. Otro hubiese pedido un aumento de sueldo…-.

Baelfire no contestó. Se limpió las lágrimas con las manos como pudo y agachó la cabeza.

-Sé que esto no será fácil para vosotros, pero sólo serán un par de semanas-, le dio un pañuelo de papel para que se sonara lo mocos. –Habéis venido aquí para cambiar de aires… Yo podré comenzar de nuevo cuando cierre el caso en el que Killian me va a ayudar-.

-¿Eso significa que os iréis de Storybrooke?-, preguntó.

-No lo sé…-, por el rabillo del ojo vio a Henry y a Killian acercarse. Les hizo un gesto para que se fueran a la barra. –Solo tengo claro es tu padre es el único que puede ayudarme-, se mordió el labio. Sabía que su compañero no era el padre biológico del niño, pero no tenía ni idea hasta qué punto había metido la pata nombrándolo como tal.

El chico asintió. –Has sabido elegir-, se sorbió los mocos. Ya se le había pasado el enfado y las ganas de llorar. –Es un buen poli, aunque él no quiera reconocerlo-, le devolvió la sonrisa a Emma. –Y también es un buen tipo. Ojalá fuera mi padre de verdad-.

-Te quiere como si lo fuera-, dijo Emma. -¿Sabes? Padre es aquel que te cría, que te cuida, que se preocupa por ti. Que no compartáis lazos de sangre no significa que no podáis ser padre e hijo-.

Bae asintió con la cabeza. –Tienes razón…-.

Emma se levantó, pero antes le dio un pequeño apretón en el hombro. –Gracias por entenderlo, Baelfire. Tú también formas parte de la misión: Si tú no aceptases, no se podría llevar a cabo-, le guiñó el ojo. –Voy a por algo a la barra. ¿Un chocolate caliente con canela?-.


Se dirigió a la barra dónde Henry y Killian charlaban animadamente. –Creo que alguien necesita un abrazo-, miró hacia donde estaba Bae.

El hombre asintió y se dirigió, sin decir nada, hacia la mesa donde estaba Baelfire sentado. El chico, cuando lo vio acercarse, se levantó de un salto y corrió hacia Killian. Ambos se fundieron en un abrazo.

-Vas a estar bien, colega-, dijo sin soltarlo. –No te dejaría con Emma si no confiara en ella-.

Bae lo miró fijamente. –No la conoces…-.

-No, no la conozco… En eso tienes razón, pero vamos a darle un oportunidad, ¿no?-, le guiñó un ojo y le dedicó una sonrisa.

El chico le devolvió la sonrisa. –De acuerdo... Además, es la madre de Henry, ¿qué puede salir mal?-.