Disclaimer:Bleach y todos sus peronajes son propiedad de Tite Kubo sensei y estoy aqui usandolos sin fines de lucro para entretenimiento mio y de mis lectores.*
LA LLEGADA DE HISAKI-CHAN CAP. 4
Una vez en la Soul Society caminaban juntos hacia la Mansión Kuchiki, no sin antes saludarse con cada amigo que se topaban en el camino; después de todo hacía tiempo que no se veían, y en su última visita Ichigo no tuvo tiempo de otra cosa que no fuese ver a su "cuñadito".
Se toparon con Rangiku, Momo y Yachiru, pues las dos primeras se hallaban sometidas, de alguna manera por la pequeña rosada y sus juegos y travesuras, y que no entendía cómo Ichigo metió un bebé en la panza de Rukia, mientras Rangiku y Momo reían y felicitaban a la morena.
Tambien se toparon al escuadron de Rukia; el capitán Ukitake y sus más confiables subordinados, y recibieron felicitaciones del capitán y adulaciones que terminaron en riña por parte de Kiyone y Sentaro.
EL capitán Hitsugaya que buscaba a Matsumoto para regañarla por no terminar sus deberes tambien les dio sus felicitaciones y al parecer una sonrisa. Encontraron a los principales de onceavo escuadrón, Kempachi que una vez más intentaba partir por mitad a Ichigo, mientras Ikkaku reía con una botella de sake en la mano, y Yumichika le pedía al capitán calmarse para no dejar uan viuda y un huérfano.
Por su paso arrivaron a la nueva casa del Clan Shiba, dónde casualmente se hallaba Yoruichi visitando a su amiga Kokkaku, quien pretendía hostilmente que Ichigo y Rukia se quedaran a cenar, cediendo al conocer la causa de la visita de la pareja a SS; también les felicitó Hanataro, que fue especialemente llamado por Ganju para curarle unas heridad de batalla (en realidad había explotado junto con algunas cajas de pirotécnicos que prendó accidentalmente).
Luego de un rato visitando viejos amigos y compañeros de batalla, finalmente tomaron rumbo a su destino real; Ichigo subió a Rukia a un coche, no quería que se esforzara demasiado caminado, pero durante el trayecto notó el intenso nerviosismo de la pelinegra, que se tronaba los dedos y se tallaba las manos minusciosamente, mirando hacia afuera con la mirada ausente.
El pelinaranjo le tomó con delicadeza la mano y la estrechó suavemente, acercó su rostro al de ella y plantó un suave beso en sus humedecidos labios, luego le susurró al oido:
-Oye, tranquila; estoy seguro de que todo saldrá muy bien, pero tienes que calmarte. -Ella lo miró a los ojos, y él le regaló una sonrisa dulde y condescendiente, gesto que ella respondió con similar dulzura, pero aún así no podía evitar sentir una extraña ansiendad ante su visita.
Llegaron a su destino. Rukia echó un vistazo a la fachada de la casona; hacía tiempo que no llegaba ahi y comenzaba a sentir un leve temblor en las piernas.
Ichigo la miró y la abrazó por la espalda, encaminándose con ella al interior.
-Oh, Rukia-sama, bienvenida, tanto tiempo sin verla- dijo con una reverencia la sirvienta.
-Sí, venimos a ver a...
-Nii-sama...- ella lo miró sorprendida, no se fijó en que momento apareció tras la joven mucama.
-¡Byakuya-sama!, lo lamento, yo...
-Descuida- dijo con esa seriedad habitual en su rostro - está bien, yo me encargaré. Retírate.
La joven lacaya hizo una reverencia a la pareja y una al pelinegro y se retiró al instante.
-Nii-sama, espero no ser inopor...
-Rukia, no te disculpes, él sabe a qué venimos.
-¡Ichigo!
-Él tiene razón- ella lo miró asombrada- pero como te había dicho- dirigiéndose al pelinaranjo- es un tema que sólo discutiré con Rukia.
La pelinegra los miró a ambos, fijando luego su vista en Ichigo algo confundida. El pelinaranjo le sonrió y luego soltó un suspiro.
-Ahhh!... bueno, ése fue el trato. Los dejaré solos. Pasaré por tí más tarde.- ella asintió.
Caminó hacia afuera. Confiaba ciegamente en que no le haría daño. Kurosaki salió de la casa y se dirigió de nuevo donde Ikkaku y los demás para tomar algo de sake, aún cuando él no era mucho de eso no se le ocurría qué mas hacer para matar el tiempo, topándose con la casualidad de que Renji acababa de regresar de Karakura. Bueno, al menos tendría a quien fastidiar. Sonrió sardónicamente.
Byakuya invitó a Rukia con un ademán a sentarse en la mesa de la sala de estar; ella obedeció sin dudarlo, acomodándose en uno de los cojines alrededor de ésta, quedando de frente al serio pelinegro, que la miraba inexpresivamente como de costumbre. Sintió un rubor correr por sus mejillas y desvió la mirada, dejándolo algo desconcertado.
Por primera vez él rompe el hielo, diciéndole unos cuántos comentarios irrelevantes sobre asuntos del Sereitei, de quiénes preguntan por ella, y algunas otras irrelevancias laborales.
Ella lo miraba fija y serenamente, le sorprendía que él fuese quien abriera la conversación, pero le inquietaba a la vez, ya que ambos sabían que eso no era lo que debían hablar.
De pronto ambos hermanos se encuentran con un incómodo silencio. Rukia mira el reloj, pronto Ichigo pasaría a recogerla. Es momento de ir al punto, y ya que el jefe Kuchiki se rehusa a comenzar era ella quien debía tomar la iniciativa.
"determinación Rukia, determinación..."
Miró a su Nii-sama, que tenía la vista hacia afuera. Tomó aire profundamente, cerró los ojos, apretándolos ligeramente, y comenzó a hablar.
-Ehh... Nii-sama, hace varios meses he venido a visitarte, y sé que quizá mis visitas son para tí inoportunas, conozco las obligaciones que tienes como capitán, pero... - se detuvo un momento, bajó la cabeza, tomó aire de nuevo y continuó- Ichigo me dijo que... estuviste evitándome... y... yo no soy quién para juzgarte nii-sama pero... él es mi esposo, y debo confiar en él.- de nuevo se detuvo al comprender lo que había dicho, hundiéndo su cabeza entre sus hombros aún más apenada.- ¡Lo siento Nii-sama!, no debí decir eso... sólo quiero saber... por qué...
El serio pelinegro la miraba inexpresivo aún, pero por dentro le sorprendía la determinación de las palabras de su hermana. Dió un leve, casi imperceptible suspiro y al fin le habló:
-Ven, vamos al jardín...
La joven levantó la mirada al instante con los ojos bien abiertos, soprendida aún por la repentina propuesta. Se levantó del cojín con un poco de dificultad, al parecer su creciente vientre comenzaba a complicarle ciertas cosas. Caminó detrás de él hacia el lugar citado; Byakuya sentía su prescencia detrás suyo, se sentía algo incómodo, ansioso y posiblemente nervioso, pero obviamente por fuera permanecía inmutable. Finalmente se detuvo bajo un bello y frondoso cerezo, se hallaban en la plenitud de la primavera, por lo que toda esa flora vivía el apogeo de esplendor y belleza.
Rukia disfrutaba tanto esa vista; estaba parada bajo su árbol favorito con su Nii-sama. Ojalá no fuera una situación tan incomoda.
Se quedaron parados ahi en silencio unos momentos. Byakuya no tenía ni idea de cómo empezar; eso de las platicas emotivas no era lo suyo en definitiva, y ése era un tema un poco complicado... más bien incómodo. Pensar en la causa de su actitud le parecía tonto, patético e inmaduro. No entendía como su orgullo le había permitido caer en eso.
Rukia despejó su mente, ese panorama le hacía relajarse, miraba hacia otro cerezo que había al otro extremo del jardín, que a diferencia del que les brindaba su sombra, estaba algo marchito, pero aún con eso era hermoso a su manera.
Byakuya la miró, en el rato que había estado ahí no se había dado el tiempo de contemplarla. En ese momento notó la finura del kimono que portaba, muy semejante a uno que le había regalado a Hisana cuando se casaron, y que además de ser uno de sus favoritos, la hacía lucir especialmente elegante, femenina y hermosa; y Rukia lucía justo así. Se parecía tanto a ella... Sintió nostalgia, bajó la mirada, pero la alzó para contemplarle de nuevo, ésta vez fijándose en el tamaño actual de su vientre; la última vez que la vió apenas y se notaba, y ahora era más que evidente la existencia del pequeño ser que habitaba en su interior. Lo cierto es que el embarazo le estaba serntando realmente bien, lucía bella y resplandeciente, su rostro mostraba una candidez y vitalidad que no recordaba alguna vez haber visto en ella; ¿realmente era Kurosaki Ichigo quien había logrado ese efecto en ella?, De ser así, entonces quizá no era tan malo. Se sintió realmente conforme con el hecho de haberle perdonado la vida aquella noche lluviosa... Al mirarla de nuevo recordó a su amada esposa, y rememoró cierto momento en que ella le expresó el deseo de ser madre, idea que el respondió complacido. Tambien recordó sus palabras...
"-Byakuya-sama, ¿has pensado en querer ser padre?- él la miró sorprendido, por lo que ella sonrió dulcemente, y él de la misma manera contestó el gesto.
-Nada me haría más feliz que tener un hijo contigo.
-Gracias... sé que, cuando encuentre a mi pequeña hermana, ella junto con nosotros y nuestro hijo seremos una familia...
El pelinegro la miró condescendiente y la atrajo hacia sí para besarla gentilmente, sosteniendo su cabeza abrazada contra su pecho.
-Te prometo que pronto lo seremos... Hisana..."
Rukia aún admiraba el jardín, y él aún estaba contemplándola a ella, el kimono, su rostro níveo y cándido, su vientre, y el recuerdo de Hisana, todo llenando su corazón de nostalgia y varios sentimientos encontrados; por fuera ya no estaba tan sereno, mostraba algo de esa nostalgia en su pálido rostro.
Ella postró su mirada azul profundo en él, contempló extrañada la melancolía de su rostro, y casi como un incontenible reflejo le sonrió con dulzura, casi no solía mirarlo directo al rostro, sonreirle de esa manera era inusual, pues le era intimidante su mirada, pero en ése instante sintió que necesitaba la reciprocidad de la suya.
Él miró el resplandor y la belleza de su rostro, sin dejar de notar una chispa de tristeza en sus ojos, éso realmente lo hizo sentir muy mal, pues entendía bien a qué se debía. Lo cierto es que fue hasta ése momento que comprendió la gravedad de lo que había estado haciendo. Se sintió como un gran tonto. Inhaló muy hondo y finalmente decidió responder su pregunta:
-Rukia... - ella levantó la mirada y la fijó en su hermano; muy sorprendida observó cómo sus facciones se suavizaban, perdía la seriedad inexpresiva y comenzaba a notársele un gesto de nostalgia y vergüenza- Primero que nada, te ofresco una disculpa. - Rukia abrió sobremanera sus enormes ojos, ¿Byakuya de verdad le estaba pidiendo disculpas? No lo creía.
-Por qué...- espetó apenas.
-Por que me he portado de manera deshonrosa... Kurosaki tenía razón... - ella lo miraba atónita- Yo si estuve evitando tus visitas... y lo lamento...- El pelinegro por primera vez dejó de lado su altivez y bajó la mirada. Ella no podía creer lo que estaba presenciando.-... ¿Sabes?- adoptó un tono un tanto dulce o gentil muy raro en su voz- De verdad te pareces tanto a Hisana, nunca lo dije pero, ella también amaba éstos cerezos... y con ése kimono eres igual de hermosa que ella en ésta época, justo bajo éste árbol...
-Nii-sama...- dijo apenas, totalmente anonadada y sonrojada
-Verás, Rukia. No me molesta tu matrimonio con Kurosaki, y tampoco lo de tu... embarazo...-ella lo miraba expectante- ... eres aún mi hermana menor, parte del Clan Kuchiki, la hermana pequeña de la mujer que amé, y es por eso que me inquieta todo ésto. Hisana... antes de irse, me pidió encontrar y cuidar de su hermana pequeña como si fuera mía, y éso he hecho; lo reconozco, no soy muy expresivo, o demostrativo... pero eso no implica que no seas importnte para mí. Te adopté como mi hermana por que fué la promesa que le hice a ella, pero a pesar de parecer lo opuesto, mucho tiempo te obsevé, ví tus capacidades como shinigami, además de aspectos de tu persona que me han hecho tomarte como parte de mi vida. Anónimamente me he encargado de mantenerte a salvo de los peligros e la guerra, de ahi mi disgusto hacia tu marido... gracias a él constantemente te viste envuelta en situaciones que casi te arrebatan la vida, y eso hubiera sido imperdonable, por Hisana, y por mí... ésas situaciones de las que yo me ocupaba de mantenerte alejada... finalmente elegiste tu camino, y estoy seguro que a ella le complacería grandemente ver que hoy eres felíz... Veniste aquí para saber por qué fue tal mi reaccion ante la noticia, y lo cierto es Rukia, que... Hisana me pidió buscar y proteger a su hermana pequeña, una niña; y éso fue lo que encontré. Te encontré a tí, una niña de aproximados quince años, pequeña y frágil en apariencia, y con el aura de un alma fuerte y orgullosa, pero al final, una niña aún. Me acostumbré a verte como tal, protegerte como tal, y así lo logré hasta que apareció él. Yo cedí y te deje ir por tu destino, por el mismo hilo que una vez nos unió a Hisana y a mí y que hoy te une a ésa persona, para después tener que hacerme a la idea de no protegerte, aun en mi anonimato, no verte seguido, y toparme con la noticia de que la niña que me fue encargada va a ser madre, ¿Cuándo una niña se convierte en madre?, no lo hace... resulta que sólo me costó entender que finalmente, aquella niña, dejó de ser niña... para convertirse en mujer...
Rukia estaba al borde de las lágrimas, con todo el rostro matizado en rojo por cuanto acababa de escuchar, con los ojos abiertos como platos, sin dejar de mirarlo casi sin aliento.
-Quiero que entiendas...- concluyó el hombre- que no me disgusta tu relación, y menos tu embrazo, es más, podría decirme ansioso en la espera de un nuevo eslabón en la cadena de nuestra familia, y si te evité, y te herí, lo lamento. simplemente no sabía cómo expresarte lo que me acongojaba, no podía admitir cómo me afectaba que mi hermana pequeña se había convertido en éste ser igual de hermoso y maduro que mi amada Hisana...
Con éso no pudo contenerse, además que el embarazo la ponía sensible no creyó que llegaría el día en que escucharía a Byakuya hablar de esa manera. Soltó en llanto al instante, y lo que en tantos años no se atrevió a hacer lo hizo en ese instante, abrazó, como nunca a ese frío y serio hombre, que al final tampoco resistió y devolvió el gesto, dejando de lado su frialdad y orgullo de noble para por primera vez, en tantísimos años corresponder los sentimientos fraternales de la pelinegra. Sentía que en algún lugar Hisana los vería y se sentiría feliz de verlos de esa manera...
Rukia no tenía palabras, odiaría arruinar el momento, así que todo se limitó a un:
-Gracias, Nii-sama...
En ése instante apareció Ichigo, se sentía relajado y satisfecho de haber incomodado a Renji con el asunto de la nueva teniente del 13vo escuadrón, que parecía sentir bastante simpatía por él.
Llegó a la mansión Kuchiki a recoger a su esposa, buscándola por la casa, cuando se topa con la escena del cerezo, como cuadro de fotografía y sus ojos no asimilaban lo que veían, Rukia y Byakuya abrazados. No dijo nada, Rukia lo golpearía si estropeaba el momento. Sólo se limitó a mirar.
Luego de que la emotividad se calmara, procedieron a despedirse, dada la reconcilicación y éste nuevo grado de profundidad en la relacion de los hermanos. Se sentía una nueva atmósfera, buena vibra y un satisfactorio ambiente.
Rukia sabía que lo que pasó no significaba que ahora Byakuya sería cariñoso o emotivo con ella, simplemente que logró entender un poco más la mente y los sentimientos detrás de ese serio y pálido rostro, y las cosas desde su punto de vista, comprendiendo que muchas veces lo que hizo, lo hizo por protegerla, con un afecto anónimo pero verdadero.
El jefe de lo Kuchiki prometió visitarlos pronto, y no raro en él basado en sus principios de honor, no falló ni una vez. De ahi en adelante fué de los que más atentos estuvo a los avances de la morena; siempre llevaba presentes a su hermana y a su próximo sobrino, sólo las mejores cosas.
Aún era inexpresivo y serio, pero podía verse un reflejo distinto en su mirar, mucho más feliz y armonioso. Ichigo se sentía satisfecho y feliz del cambio en Byakuya, pues eso hacía feliz a Rukia, quién recuperó su salud y aquel destello de tristeza se esfumó de sus profundos orbes azules, siendo reemplazado por un brillo de alegría y paz, convencida de que ahora podría disfrutar plenamente del proceso de espera de ése bebé, pues ahora estaba segura de que llegaría al mundo rodeado de amor y aceptación de todos sus amigos, y su familia.
