Capitulo 4

La muerte de Hermione

Acamparon como pudieron, en un lugar del camino.

Laicapakay, cocinó algo típico del lugar, a lo cual ya se habían acostumbrado, aunque en realidad era sabroso.

- Debes comer, debes alimentarte, eres el que más lo necesita. – Le tendió un cacharro a Ron, quien de mala gana lo tomó y engulló la comida– Y debes dormir, hoy harán guardia tus amigos.

- No puedo, no quiero dormir.

- No tienes opción. – Le contestó el hombre e inmediatamente Ron comenzó a sentirse mareado.

-¿Qué pusiste en mi comida? – Arrojó el plato lejos y comenzó a escupir.

- Algo inofensivo, sólo te relajará.

Sus ojos se cerraban, se puso de pié pero Harry y Draco se lo impidieron manteniéndolo sentado en el piso.

- No te resistas a lo inevitable. – Pero igual luchó con todas sus fuerzas por no dormirse. Las técnicas aprendidas de relajación ya no le eran útiles, era muy cercana su presencia.

Ya lo había dicho el tulitaapaquita ella iba a intentar evitar su llegada, era su misión, y él la sentía dentro de su cuerpo, sentía arder su sangre, sentía explotar su cabeza.

Además él no podía dormir, no quería dormir, no debía dormir, cada vez que lo hacía lo único que sucedía era esa pesadilla, la que tenía todas las noches desde ese fatídico día; cuando pensó que la había perdido para siempre.

Cuando Hermione murió.

Había descubierto la verdad sobre el comportamiento de Hermione.

Ya no era una lucha contra un estado transitorio femenino, estaba luchando contra un ser peligrosísimo y letal.

Por supuesto Harry también estaba enterado, a pedido de Dumbledore concurrió al colegio y se enteró de todo.

Debió partir a una misión a pedido del ex director que él desconocía y de hecho nunca supo y luego de regresar le prestó todo su apoyó, en todo momento.

De hecho no dudó un segundo en ofrecerse en acompañarlo, sabía que su experiencia le iba a ser útil y además también acotó que tenía el perfecto compañero para completar el trío.

De alguna forma Harry se sintió necesitado de formar un grupo como el que se armó en la búsqueda de los horrocruxes, un grupo de tres, una cuestión de cábala ya que en esa primera oportunidad les había ido relativamente bien; muchos habían muerto pero habían derrotado a Voldemort.

Pensó que tal vez no tendría que estar pasando por esto si el señor tenebroso no hubiese sido derrotado, pero pronto sacó esos pensamientos de su mente, de no haber sido como fue, él no se hubiese casado con Hermione, Harry no lo hubiese hecho con Ginny.

Estaba padeciendo una tortura, su vida estaba destruida pero al menos tenía los recuerdos de haberla vivido felizmente, formando una maravillosa familia y rodeado de todos sus seres queridos.

A eso se iba a aferrar y si a Harry le hacía sentir más seguro formar una triada, no lo discutiría, aún no sabía quien era, y de haberlo sabido se hubiera negado rotundamente. Lejos de sus pensamientos estaba en vista Draco Malfoy. Pero en ese momento eso no importaba, lo que ahora le interesaba era saber si podría enfrentarla.

Lo más difícil era verla nuevamente, sabiendo que dentro de ella se estaba gestando una lucha sin precedentes, su cuerpo estaba siendo ultrajado, por el peor y más temible de los demonios que pugnaba por dominar su noble espíritu.

Pronto Hermione se convertiría en un ser contra el que siempre luchó.

Necesitaba enfrentarla a solas. Así que le rogó a Harry que aguardara fuera, que él lo llamaría si lo necesitaba. Su amigo y cuñado aceptó a regañadientes y le informó que sólo le iba a dar veinte minutos, luego entraría para apresar a ese demonio.

Sabía que él también sufría, Hermione era su mejor amiga, la que lo acompañó tanto como él durante toda su vida, era como su hermana, incluso recordó que en algún momento él pensó que la quería más que a una hermana. ¡Que idiota! Si Harry moría de amor por su hermanita y además sabía de sus sentimientos fraternales hacia su bella castaña, a la que ahora debía apresar.

Esa era la idea, atrapar a Lazupaywa, encerrarla por medios mágicos hasta encontrar las piezas y de esa forma restituir el espíritu de Hermione. Esa era la idea original, no sabían como hacerlo, por primera vez los eruditos no sabían como actuar, Lazupaywa al no tener sentimientos de ningún tipo era inexorable, a Voldemort lo pudieron eliminar porque mantenía su conexión humana a través de la emoción de la venganza; pero el demonio que poseía a Hermione no tenía ninguna de esas sensaciones.

Él dudó, acaso la lujuria no era un pecado, y ella la había demostrado, respondieron que no era cierto del todo, la actitud de Lazupaywa fue plasmada con toda la intención de alejarlo de su esposa.

Se sintió pésimo, un cobarde, en lugar de estar junto a ella, apoyándola, ayudándola, él huyó. Harry lo consoló confirmándole que él hubiese hecho exactamente lo mismo de haber estado en su posición.

Con la seguridad renovada entró en su casa. Recorrió la sala con la vista y la encontró, sentada en un sillón, con las piernas y brazos cruzados, como esperándolo, tan distinta y tan igual a la vez.

-¿Se te acabó la ropa limpia? – Fue lo único que preguntó levantándose – Sabía que un inútil como tú no podría sobrevivir solo más de un mes.

Se le fue acercando, lentamente.

Por su mente la única frase que cabía era "No es ella, no es ella, no es ella"

Pero era imposible no pensar que lo era, su cuerpo, su cabello, sus labios, sus ojos, era su esposa, su amada esposa.

Cuando estuvo a su lado, la miró directo a esos hermosos ojos. Y confirmó la cruel realidad, esa no era la mirada de su Hermione. Sin dudas había otra persona o cosa dentro.

Por un momento la notó descolocarse pero ella mantuvo la vista fija, casi desafiante, esperando una reacción violenta o tal vez deseando una acción brutal.

Pero Ron la tomó lentamente de la cintura y la besó, lo más dulce, y amorosamente posible.

Hermione al principio se resistió, pero luego se dejó besar, se dejó envolver en sus brazos. Plegó levemente su cuerpo al suyo, era imperiosa la necesidad de sentirla cerca. ¿Cómo iba a vivir sin ella? ¿Iba a vivir sin ella? Definitivamente no, en ese momento se daba cuenta que sus días estaban contados, el reloj del tiempo que tenemos en esta vida estaba en cuenta regresiva, si no lograba salvarla él tampoco se salvaría. Se apartó, y volvió a mirarla.

- No puedo luchar – La oyó diciéndole – Es mucho más fuerte que yo - y una lágrima surcó su mejilla, Ron la detuvo con su dedo, pero no pudo evitar que por sus pómulos también corrieran lágrimas, no podía siquiera imaginar por lo que estaba pasando.

Y él la había dejado sola a merced de esa bestia que debería torturarla constantemente.

Recordó cuando destruyó el relicario de Salazar Slytherin, como sintió tan real el tormento psicológico que Voldemort le impuso, como casi creyó cada una de las palabras que le decían, entonces comprendió que debía ser sumamente fuerte, que ahora más que nunca estaba obligado a salvarla de esa monstruosidad, se secó las lágrimas y le dijo.

- Nunca te olvides que te amo, de alguna forma guárdalo dentro de ti, no permitas que te robe eso, no permitas que te robe mi amor, ni el de tus hijos. Lucha desde allí.

Pero Hermione retrocedió. Lo empujó y rió, en forma malvada.

- Ya lo sabes – Afirmó con un tono de voz totalmente distinto. Él asintió, ya no estaba frente a su amada, era algo totalmente diferente. – Ella me pertenece, y nada de lo que hagas te la devolverá.

- Eso lo veremos – Se atrevió a retarla.

- No eres más que un patético, mortal; mago, pero mortal al fin, nunca podrás derrotarme.

- Tengo algo que tú no tienes.

- ¿La espada de Miguel, los objetos de resurrección? – Río más fuerte al ver la cara de sorpresa de Ron - ¿Qué pensabas? ¿Qué no sabría de su existencia? ¡Pobrecillo! Veo que no conoces a mi padre, él lo sabe todo. Nada se le puede ocultar. Por lo tanto, nada se me puede ocultar a mí.

Pero luego Ron se le volvió a acercar, quedando a milímetros de su rostro, sus narices rozando levemente.

- No te pienso destruir con eso. Ella no se dejará vencer, tiene algo muy fuerte por lo que luchar.

- ¿Tu lo crees? ¿Acaso estás pensando en el amor? ¿Crees que su amor es tan fuerte? ¿Crees que me baso en el amor para debilitarla? Déjame que te explique algo, mi niño. El amor está agotándose en este cuerpo ¿Sabes por qué? – Hizo una pausa en la cual ninguno retrocedió ni avanzo un milímetro – Porque hay maldad, hay culpa y hay remordimiento, mis mejores aliados. Tú piensas que luchas contra el odio, estás muy equivocado. Tú Hermione fue muy mala. Ya lo sabrás a su tiempo. Hizo cosas de las que por el momento se arrepiente, pero las hizo y hará aún más para luego no arrepentirse más, y sucumbir a mis designios.

- Tú las hiciste – la corrigió.

- No, ella me permitió hacerlas, con su debilidad. Definitivamente esta es la parte que más me gusta. El juego del gato y del ratón. Dos espíritus luchando por la posesión de un cuerpo. ¿Sabes por qué me gusta? - Ron negó con la cabeza – Porque siempre gano.

Y lo besó furiosamente. Ron la rechazó, empujándola contra la pared, el cuerpo cayó al suelo.

- ¡Ron! ¡Me lastimas! – Esta vez la voz de Hermione lo desestabilizó, corrió a levantarla y al tomar su mano, la aparente frágil chica lo arrojó hacia la otra pared con una fuerza descomunal, totalmente contraria a su apariencia.

-¡Demonios! – No pudo evitar gritar Ron debido al dolor que le produjo la caída.

- Gracias, pero aún no. – Reía la maldita Lazupaywa.

- ¡Sal de ella ahora mismo! ¡Tómame a mí! – Le gritaba levantándose - ¡Soy más fuerte! ¡Puedo ser más despiadado! ¡Te lo prometo! ¡No me resistiré!

La mujer lo miró sorprendida.

- Realmente eso es algo que nunca nadie antes me pidió. De verdad la amas. Y eso es muy bueno para mí, porque sólo significa una cosa, que no podrás destruirme. Él amor no me afecta, ni lo hará, si piensas eso te dieron las pistas equivocadas.

Ron parecía no entender, le habían dicho que el amor mataba a eso demonio. ¿Estaría mintiendo? Pero si las personas con las cuales habló, no tenían una idea cierta de la leyenda y el ritual, no tenían idea de nada, y además ahora su rival directo le decía que de lo único que estaba seguro no debía estarlo tanto. Aún así intentó no demostrar debilidad y contestó rotundo

- Si yo no lo hago otro lo hará.

- Pero si… - Y la dama hizo silencio, sonriendo nuevamente – No te han contado bien toda la historia. ¿Verdad? ¿Estás seguro que lo que harás salvara su alma? – Y ante la cara de incredulidad del pelirrojo acotó - Veo que no tienes idea a lo que te enfrentas, sólo puedo decirte que no va a ser bonito. – Se restregó las manos en señal de estar disfrutando ese momento de incertidumbre en el hombre. – Te permitiré algunas ventajas – le decía acercándose de forma felina – Que puedo decirte, me caes bien – Río – Aún recuerdo nuestro encuentro en la mesa que está allí – le señaló el mueble detrás de él – a escasos metros, sólo unos pasos deberías retroceder para estar incluso en la misma posición – cerró los ojos y subió el rostro en señal de éxtasis para luego mirarlo intensamente - ¿Deseas repetirlo?

- ¡Vete al infierno! – La mujer comenzó a reír.

- ¡Pero si es allí donde me encanta estar! E intentaré traerlo a la tierra. Pero te advierto, una vez cumplida mi misión, no seré tan agradable, no te preguntaré, deberás obedecerme, deberás hacer todo lo que te pida, porque acabo de decidir que tú serás mi juguete cuando domine el mundo, hasta que encuentre otro mejor. Debes sentirte elogiado, mira que puedo tener a cualquier ser no sólo de este mundo sino de cualquier otro y te elijo a ti. – Pasó por detrás y se ubicó sobre la mesa, abriendo las piernas. - Te pregunto nuevamente ¿Deseas repetirlo? – Le tendió la mano, pero Ron continuó mirándola con odio.

- No te confíes aún que vas a vencer. Se muy bien lo que debo hacer, donde buscar y a quien enfrentarme. – Mintió intentando sonar confiado y sereno.

- Mientes. Puedo sentirlo. Eso es bueno, me dará más tiempo y ventaja. Dudo mucho que aquellos a quien consultases supieran asesorarte correctamente. Es muy feo cuando quien debe darte información importante, apoyo y confianza oculta cosas o las desconoce - En ese momento Ron odio a Dumbledore. – Odio – Inspiró la mujer– Puedo olerlo a distancia también.

- ¡A ti te odio! – Le gritó.

-¡Me odias Ron! – Otra vez la voz de Hermione y un llanto - ¿Qué te he hecho? – Y nuevamente fue presa de sus sentimientos, se acercó a inmediatamente salió volando hacia la pared opuesta.

La figura femenina reía, se contorsionaba, por un instante le recordó a Bellatrix.

- Ella no era apta, además estaba ya muerta cuando me liberé – Le decía la mujer aparentemente había estado leyendo sus pensamientos.

¿Cómo no se le ocurrió que eso sería posible? Ahora no habría factor sorpresa, aunque siempre dudó que lo hubiera.

– No había remordimiento- Continuaba hablando la dama - no había forma de entrar en ella, porque a mi me gusta luchar, si se me ofrecen abiertamente no es lo mismo. Para que te quedes tranquilo, tu mujer lucha ferozmente. Es una de las que más pelea me está dando. Pero te repito, siempre gano. - Ron sacó su varita apuntándola- ¿Qué harás? ¡Matarme! ¡Oh! Lo olvidé vienes a apresarme. – Se dirigió al sillón donde estaba sentada y tomó unas cuerdas que reposaban en el respaldo, comenzó a extenderlas – No sabía que tenías esos apetitos, al final eres más cruel que yo, de haberlo sabido también traía un azote – Río.

Ron no sabía que contestar, evidentemente eso iba a ser más difícil de lo que pensó.

- Atraparme es imposible, más aún mantenerme prisionera, tu magia no me afecta cuando domino este cuerpo, sólo cuando ella interfiere y su espíritu vuelve a él – Soltó las sogas y sacó su vara – Sin embargo yo sí puedo hacerlo.

- ¡Expelliamus! – Ron la desarmó.

- Eres rápido – Apenas terminar la palabra, la mujer ya estaba a su lado, había atravesado la habitación en un segundo – Pero yo también lo soy – Y lo tomó de la camisa lanzándolo por el aire hacia el lado opuesto.

A pesar del duro impacto Ron no soltó su varita y lanzó otro hechizo desde el suelo.

-¡Petrificus totales! – Hermione se paralizó y cayó al suelo. Ron se le acercó corriendo, se arrodilló junto a ella - ¡Déjala! – Ordenaba. La mano de la mujer se levantó bruscamente y apresó el cuello de Ron, comenzó a levantarse y sin soltar el agarre estiró el brazo hacia arriba dejándolo colgando del aire.

En vano intentaba desprenderse, de alguna manera estaba él inmovilizado.

- Tus hechizos no me afectan. Pareces no entender, mientras yo esté en el cuerpo de ella lo dominaré y tendré todos mis poderes demoníacos, sólo le haces daño al cuerpo de ella cuando lo invade, aún así nunca derrotarás a mi espíritu. Pensé que eras más inteligente, tal vez no te tenga como diversión, conozco muchas otras.

Ron sentía que el aire le faltaba, estaba a punto de perder el conocimiento, sabía que tenía los segundos contados, sólo un pensamiento llenó su mente y, con el último suspiro exclamó

- Te amo Hermione, siempre lo haré.

Sintió recuperar el aire, la opresión desaparecer, sus pies tocaron el piso. Se alejó tomándose el cuello, respirando grandes bocanadas de aire.

Miró a su oponente, ella estaba arrodillada en el piso, llorando desconsoladamente. Lo miró y ordenó

-¡Hazlo ahora, dame fin! Antes que sea demasiado tarde.

- ¡No! – Él también comenzó a llorar.

- Te lo ruego, no puedo vivir así, sabiendo lo que haré, lo que hice. ¡Mátame!

- ¡No! – En ese momento era la única palabra que podía articular.

- ¡Si realmente me amas lo harás!

- ¡Avada Kedavra! – Y la maldición impactó en Hermione, sus ojos fijos se quedaron viendo a Ron y su cuerpo cayó sin vida.

- ¡No! ¡Mi amor! ¡No! ¿Por qué? ¿Qué he hecho? ¿Qué he hecho? – repetía frenéticamente acercándose y arrodillándose junto a ella, llorando ahogadamente, nunca se perdonaría lo que había hecho, se aferró al cuerpo inerte de su esposa, la acunó, como alguna vez lo hizo, confortándola en sus momentos de dolor, la besó en los labios aún tibios, deseando ser correspondido, pero no, ya no había vida en ese cuerpo, sucedió lo que temió desde que se enteró de la leyenda, había perdido a Hermione, lo había perdido todo.

Ya sabía lo que debía hacer, debía ir con ella, acompañarla para que sus penurias sean más leves, compartir la carga de haber entregado al mundo a los demonios, de haber permitido que el infierno reine sobre la tierra, la soltó delicadamente y se apuntó con la varita

-Avada…

-¡Expelliamus! – El letal instrumento voló de sus manos. Giró la cabeza hacia donde partió la voz.

Harry estaba en la entrada de la sala, no tenía idea de cuanto había visto u oído y francamente no le importaba.

- ¡Déjame morir! Ya nada tiene sentido – Por un instante por su mente cruzaron los rostros de sus hijos, pero él no podría vivir sabiendo que había matado a su madre. ¿Cómo los miraría a la cara? – Yo la maté. – Y nuevamente las lágrimas comenzaron a salir.

Harry lo abrazó, levantó a su amigo y lo llevó a la habitación. Él se dejaba llevar como si fuera un ente sin vida, Harry le dio de beber una pócima, él no tenía fuerzas para resistirse y cayó dormido en un profundo sueño.

De repente sintió una alegre música en el ambiente, todo se iluminaba y Hermione lo miraba sonriente, vestida con su traje de novia, bailaban, ella tomándolo de su mano y hombro, él aferrándola de la cintura y correspondiendo el agarre de la mano femenina.

- Nunca sabrás lo que significa para mí tu esfuerzo por aprender a bailar – Le decía.

- Nada que haga por ti será un esfuerzo, es un placer. – Se desplazaban por la pista, abarcándola en su totalidad, siendo observados por sus seres queridos, que aplaudían y vitoreaban y que, poco a poco comenzaron a desaparecer hasta dejarlos solos, la música comenzó a menguar y a convertirse en una tétrica interpretación.

Lentamente comenzó a oscurecer, una luz verde llenó el ambiente y Hermione cayó en sus brazos al tiempo de decirle.

-¿Por qué, Ron? ¿Por qué me mataste? Yo te amaba.

Y despertó. Siempre era igual desde ese día. No tenía paz desde ese día.

Un dolor agudo surcaba su pecho, estaba sudado y agitado. Se tomó la cabeza con las manos y no pudo evitar por más que pudo que unas lágrimas surcaran sus mejillas, pero las alejó rápidamente mirando adelante donde Harry y Draco lo miraban apenados. Les lanzó una mirada reprobatoria y ambos bajaron los rostros.

Se levantó, mirando duramente a Laicapakay.

- No lo vuelva a hacer – Lo amenazó al indígena, y se acercó al fuego para beber una taza de café.

Por su mente se agolparon las imágenes posteriores a la muerte de Hermione.

Harry y Ginny junto a él, todo oscuro y negro. Tristeza y dolor.

El rostro de sus hijos surcados de lágrimas.

Todos sus familiares y amigos apoyándolo, a él, el asesino.

Un cura oficiaba el funeral en un cementerio muggle, los padres de Hermione le rogaron permitieran ese deseo personal y él no era nadie para negarles nada.

Él había matado a la única hija de ambos, a su esposa, a la madre de sus hijos.

El cielo comenzó a nublarse y caía una tenue llovizna, el cajón bajaba, asistido por un elemento mecánico, era la primera vez que no veía a su padre interesado en un artefacto muggle.

Los padres de Hermione tomaron de un cúmulo de tierra un manojo y lo arrojaron al féretro, junto con unas flores.

Y todos los imitaron, sin entender el porqué pero respetando el dolor y voluntad de la pareja.

Allí quedaron sus hijos, Harry, Ginny y él. Su hermana se llevó a los chicos a la salida.

Su amigo y él se quedaron varios minutos sin hablar, el morocho le pasó un brazo por los hombros, ambos mantenían la mirada fija en el agujero, donde reposaba el cuerpo de su esposa.

La lluvia se hizo más copiosa y unos rayos rajaron el cielo.

Una explosión salió desde el poso obligándolo a cubrirse con los brazos y retroceder y lentamente, levitando y con los brazos extendidos en cruz, el cuerpo de Hermione surgió, pero no llevaba el vestido blanco con el cual la había vestido, un ropaje negro y brillante de cuero, unas largas botas y una capa de igual color y material cubrían el cuerpo de su amada.

Pero al ésta abrir los ojos notó que lejos se hallaba de estar frente a la mujer que alguna vez amó.

Sus ojos no reflejaban nada, ni amor, ni odio, ni tristeza ni alegría. Nada. Vacíos.

Los miró de tal forma que se sintieron pequeños, desprotegidos y sin más salió volando con una rapidez tal que en cuestión de segundos ya no podían divisarla.

El cielo se despejó, tan rápido como se había cubierto y el sol salió.

- Dumbledore me lo había advertido. – Declaró Harry – Este no es el fin, es el principio.