Aparte del espisodio de ayer (que yo aun no he visto) Esta historia sigue por su lado, las respuestas a vuestras reviews al final. Tengo que deciros que a veces serán capítulos más largos y otras más cortos. Pero como ya dije en otra de mis historias. Puedo hacerlo más largo y tardar más en actualizar o más corto y subirlo antes. Vosotros me decis que preferís, pero yo por ahora hago la segunda, y salvo el tercero creo que no me han salido tan cortos. ¿Vosotros que opinais? Decidme lo que preferís. Y ahora, después de todo esto, el capítulo 4. Espero que os guste :) y espero vuestras nuevas reviews...

"Cuando te enfadas estás muy sexy". Muchas veces se había aprovechado de su aspecto para conseguir lo que quería, y siempre le había dado buenos resultados, sabía como era, sabía que su cuerpo solía gustar a los demás, pero el comentario de su amiga la sorprendió. No lo esperaba, desde luego nunca se había parado a pensar en que enfadada estuviera sexy, pero tampoco había pensado que Emma se fuera a a fijar en cosas como esa. Es cierto que ella tambien se fijaba y se había dado cuenta de que su reciente amiga era bastante guapa, pero desde luego, eso se debía a que era una persona objetiva y observadora y claramente no se lo iba diciendo descaradamente y después de interrumpir en su habitación de golpe y sin avisar.

Esta vez si llamó a la puerta, bueno, fueron dos golpes y después entró sin esperar respuesta, pero Regina cedió y no dijo nada, al menos había llamado, y algo era algo.

Se había cambiado de ropa, pero enseguida se dio cuenta de que esa ropa no era suya. Había aparecido en el bosque encantado con lo puesto, así que supuso que se lo había pedido prestado a un vestido de manga larga, con la falda roja y la parte de arriba color crema. Pero debía de pertenecer a una mujer más grande y robusta que Emma, ya que le quedaba bastante grande, y por que no decirlo, mal. Parecía que llevaba un disfraz.

-¿Ves lo que me haces poner?- se quejó la mujer.

Regina por un momento no pudo evitar reir, pero después respondió:

-Yo no te hecho poner nada, no sé a quien le habrás pedido ese vestido, pero con un saco estarías mejor.

Y siguió riéndose de una avergonzada Emma.

-¿Pero? ¿No vas a parar de reirte o que?

-Claro que no, es imposible, ¿pero tu te has visto?

-No, he preferido no mirar, pero ha sido lo único que he podido encontrar.

-Tanto no habrás buscado- Regina terminó de reir y fue entonces cuando se acercó a Emma para ayudarla- Anda, ven, vamos a ver que podemos hacer con esto.

Emma quedó en vuelta en una nube de humo morado por un momento, para después aparecer con ese mismo vestido adaptado a ella.

-No sé de que te sirve ser la persona más poderosa de todo el bosque encantado si ni si quiera sabes vestirte.

-Si me dieras unas clases...

-¿No tienes a Rumpel hablandote desde tu cabeza?

-Bueno, ahora mismo por suerte no está por aquí, pero tampoco es que me enseñe con animo de mejorarme, quiere que me convierta en una mala persona y no quiero repetir el numerito del otro día.

-Bueno, puedo enseñarte un par de cosas, pero también tenemos que ocuparnos de Merlín y de la bola.

-Ah, sí, la bola- interrumpió Emma- necesito que me ayudes. La tengo, pero necesito que me muestres como funiona.

-Está bien, ¿donde está?

Emma la guió hasta su habitación y la sacó de debajo de su cama.

-Tengo que devolverla antes de las 12 de está noche o me convertiré en piedra.

Regina la cogió y la apoyó sobre la mesa. La acarició con cuidado observandola. Durante un rato se quedó en silencio mirando lo que veía dentro de la bola de cristal y después asintió.

-Solo tú verás lo que la bola te muestre, y no deberías contarselo a nadie, lo que la bola te muestra a ti es por algo. Acariciala con cuidado, mírala fijamente, introducete dentro.

Emma hizo lo que le indicaba y entonces lo vio.

Lo primero que vio fue a Regina, hablaba con alguien, con ella. Pero con su ella malvada, le preguntaba sobre algo, le pedía algo. Pero ella se mantenía impasible. De pronto otra imagen ahora ella estaba normal, aunque vestida de fiesta. Abrazaba a Regina. Y le quitaba el puñal. Regina no se daba cuenta y cuando se separaban la miraba sonriente como si no hubiera pasado nada.Otra imagen se superpuso a la anterior, haciendolo todo un poco confuso en la imagen inferior Regina y ella hablaban después de haberle cogido el puñal, pero en la superior eran ella y su madre. Parecía enfadada, como si le gritara, Snow intentaba que Regina acusiese, para controlarla a ella con la daga, pero ella se la mostraba a Snow. Parecía asustada. La acorralaba. La levantaba en el aire y sonreía. Mientras Regina y ella seguían hablando en la otra escena. Y de pronto todo sucedió de pronto. Lo vio todo a la vez: como su madre caía inerte y como Regina la besaba.

Al apartarse de la bola de cristal sintió como si todo fuera irreal.

Regina la observaba extrañada. Pero Emma no tenía palabras, no podía decir nada. ¿Por que la Emma del futuro iba a matar a su madre? ¿Y por qué Regina la estaba besando? Nada tenía lógica.

Toda la información la estaba superando. Regina pareció notar su estado, así que se acercó a ella.

-Emma

Emma se apartó lo más posible. Acababa de ver como la besaba, eso no tenía sentido, no podía tenía sentido. Su cabeza se lo repetía una y otra vez.

-Emma- repitió la otra mujer- lo que has visto puede cambiar. Tú lo puedes cambiar.

-Vete- fue lo único que alcanzó a decir.

Regina le hizo caso y sin decir nada más se marchó.

Emma se tumbó en su cama. La imagenes que había visto se mezclaban con lo que acababa de decir Regina:-Lo que has visto puede cambiar. Tu lo puedes cambiar.

La pregunta más imprtante era: ¿lo quería cambiar?. Se sorprendió pensando eso, claro que quería cambiarlo. Esa fue la respuesta inmediata. Obviamente no quería matar a su madre, y tampoco quería besar a Regina, arruinaría su amistad para siempre, y ella ya tenía al hombre más maravilloso del mundo.

Fue entonces cuando Rumpel hizo su aparición:

-Hola querida, ¿me echabas de menos?

-La verdad, no.

-Un rato sin mi y ya tienes la cabeza hecha un lío, no sé como llevas más de 30 años conviviendo contigo misma.

-¿Por qué lo dices? Cualquiera puede vivir conmigo. Es cierto que soy algo desordenada, pero por lo demás...

-Eso es por que no están en tu cabeza. Y bien, ¿que opinas sobre lo que has visto? Al final te transformarás en una persona malvada, y no me extraña. Ya viste lo que pasó ayer, te sentiste poderosa, lo quieras o no.

-No me siento orgullosa de lo que hice, y de ningun modo puede repetirse de nuevo. Mucho menos atacaré a mi madre de esa forma. Acabar con la vida de mi madre...

Aunque Emma hablaba con Rumpel, nadie más veía a este último, así que al entrar Garfio en la habitación la encontró hablando sola. Sin embargo decidió no mencionar esto.

-Hola, amor, ¿cómo estás? Henry me ha contado lo que pasó esta mañana, está asustado, y seguro que tú también. Debemos solucionar esto lo antes posible. Creo que deberíamos convocar una nueva reunión. ¿Qué te parece?

-Me parece que me gustaría dormir, y no puedo. Así que me conformaré con descansar. ¿Qué te parece si celebramos la reunión esta tarde?

Emma había descubierto que si se quedaba el tiempo suficiente intentando dormir entraba en un estado de somnoliencia donde existían los sueños, pero ella estaba completamente consciente. Por tanto es como si observara una pelicula echa con trazos inconexos pero que en ese momento tenía un gran sentido. Le permitia, por decirlo de otra manera, descubrir los sueños de una nueva forma, todos con un sentido complejo en su interior.

Garfio asintió:-¿Quieres que me quede contigo?

-No te preocupes. No hace falta que te quedes, además me vendrá bien estar sola. Pero gracias.- depositó un beso sobre la boca de su novio y este se marchó sin decir nada más.

La escena comenzó a mostrarse ante sus ojos, ella era una mera expectadora, su parte dormida era la que controlaba los sueños. Lo primero que observó fue a ella y snow una enfrente de la otra:

-¿Sabes qué? Me alegro que me abandonaseis, si no lo hubierais echo yo no sería así ahora- decía Emma.

-Igualmente debemos pedirte disculpas nuevamente- decía Snow. De pronto David estaba a su lado, aunque la Emma que observaba estaba segura de que antes no estaba.

-No os preocupeis por eso ahora. Lo importante es a quien quiero presentaros.

David y Snow sonreían.

-Eso quiere decir que al fin te has librado de ese pirata, ¿no es así?- su padre sonreía. Era una sonrisa maligna, siniestra. Extraña en la cara siempre afable de su progenitor.

La Emma del sueño no respondía.

A su lado estaba su yo malvada. Le rodeaba un áurea morada que parecía atraerla hacia ella. En ese momento, la Emma malvada era la persona más bella que había visto nunca. Ni si quiera se preocupo de que fuera ella misma, le parecía algo totalmente normal.

David y Snow habían desaparecido, ahora solo estaban ellas dos solas.

-Sé que quieres besarme- decía su yo malvado. Y era cierto que lo quería, era algo inevitable, ¿por qué le diría que no a ese ser tan bello, misterioso e influyente que tenía enfrente? Sentía que si decía que no la perdería para siempre, pero si decía que sí... Su corazón latía a mil por hora. De alguna manera supo que aquello era lo que siempre había deseado. Ese momento no iba a acabar nunca por que era simplemente infinito.

La Emma que observaba se sentia flotar, igual que la Emma del sueño.

Y entonces, cuando iba a probar esos labios, aquello que siempre había deseado...

-¿Qué haces, amor?- la voz que hablaba era la de Garfio, y sintió un odio infinito hacía aquel que le había interrumpido, pero cuando se giró quien la miraba era Regina. Y el odio se disipó.

-Sé que quieres besarme- repitió, pero esta vez era Regina. Y estaba completamente lúcida, no había nada que la confundiera. Sabía lo que quería. Quería besarla. Pero no por que ella lo dijese, si no por que lo sentía en lo más profundo de su ser. Lo quería, lo deseaba, lo necesitaba.

Y la besó. Sintió sus labios suaves sobre su boca, sentía su corazón latir cada vez más rápido, cada vez más...Y sentía una gran tranquilidad, una gran felicidad y una gran paz. Mientras los dedos de Regina recorrian su pelo, sus manos acariciaban la espalda de la otra mujer...

Y entonces aparecía su madre. La encerraba en un cuarto asfixiante, y le gritaba. Le preguntaba como le podía haber hecho eso a ella, su madre. Lloraba y decía que ahora no habría más remedio. Había una única solución: Matar a Regina

¿Qué os ha parecido? Sabed que me han encantado todas vuestras reviews, y que si no las respondo una por una es por que no tengo apenas tiempo y si no era esperar hasta mañana.

Como veis la relación Emma-Regina llegará más allá, pero ya ireis viendo. Espero con muchas ganas vuestros comentarios.