Capítulo 4.- Regreso A Casa.
Puck se acomodó en su asiento, recargó su cabeza en la parte superior y cerró los ojos después de soltar un suspiro.
-¿Qué tienes?- le preguntó Mercedes a su amigo.
-Nada-
-No has abierto el pico desde que nos subimos en el taxi y llevas media hora del vuelo en silencio. Obviamente te pasa algo-
-Tengo hambre- mintió descaradamente. Mercedes entrecerró los ojos.
-Mira, si estás preocupado por la "reunión", no deberías. A ti jamás te interesó, no deberías estresarte por eso.-
Puck abrió sus ojos verdes, enfocándola.
-¿Sabes para qué nos vamos a reunir?-
Mercedes se quedó callada mientras le regresaba la mirada. Abrió sus labios cuando Puck, decepcionado, volvió a cabecear contra el asiento.
-Puck, no es lo que tú crees. Eso quedó en el pasado.-
-No, no es cierto- se angustió Puck. Él sabía que no. Jake le había comentado lo alarmante de las situaciones y no sólo de Marley… sino que también le estaban pasando a él. Como la vez que fue golpeado por un balón que salió de la nada durante el entrenamiento del equipo de Basquetbol. O la vez que se quedó a limpiar el salón del coro por la travesura que habían puesto ahí los contrarios y las voces que había escuchado, pidiéndole que corriera. O la vez que al salir de las duchas, había alcanzado a ver una sombra en la puerta que lo observaba.
-Puck…. ¿Sabes algo que yo no sé?- quiso saber Jones, tensa. Puck negó con la cabeza y cerró los ojos nuevamente.
Mercedes se quedó en silencio y entonces miró hacia la ventanita. Todavía les faltaba una hora para llegar a Ohio, pero estaba segura que eran buenas noticias. El grupo se había separado un poco tras la graduación; ella casi podía hablar con Kurt a través de correos electrónicos, pero en el momento en que Brittany había declarado código rojo por todo feisbuck, supo que algo no iba bien. Quiso verle el lado positivo… Vería a su familia. Vería a Kurt, Rachel, Quinn, Mike… Vería al señor Shue y a Emma y a Sue. Vería a Becky, a Blaine, a Tina, a Artie. Vería de nuevo a Sam.
Estaba emocionada. ¿Qué más podía pedir? Los vería a todos de nuevo.
Puck revisó por el rabillo del ojo a la azafata que pasaba con un carrito. Se detuvo en su lugar.
-¿Gustan beber algo?- preguntó con voz dulce.
-Una cerveza bien cargada, por favor-
-Lo siento; tenemos prohibido servir alcohol a los clientes-
Puck se destapó y miró directamente el rostro de la mujer. Se veía muy pálida ella. Casi como de color gris.
-Entonces nada. Adiós-
La azafata asintió y siguió con su recorrido. Mercedes se disculpó con una sonrisa y después lo golpeó en el brazo.
-Eso no se hace, grosero-
-Sí se puede tomar alcohol cuando eres mayor de…-
Una voz lo interrumpió. Era el piloto jefe.
-Se les comunica a los pasajeros que esperemos que este, su último viaje, esté resultando de lo más placentero- dijo una voz gruesa a través de un interfono. Mercedes sonrió pero después frunció los labios.
-Espera… ¿Dijo último?-
-Bueno… último para los pasajeros Mercedes Jones y Noah Puckerman. Feliz regreso al infierno- la voz cambió. Ahora era chillante, estridente. Más aguda.
Mercedes miró con pavor a Noah mientras este la tomaba de la mano.
-Es una trampa. El avión se caerá. El avión se caerá. ¡Es una jodida trampa!- rugió Noah cuando el avión comenzó a sentir la turbulación. De repente, la gravedad se hizo menos. Se fueron hacia adelante. El avión caía en picada. Mercedes miró por la ventanilla y vio cómo se iban acercando a la tierra. A una ciudad. Y las paredes del avión comenzaban a incendiarse y desprenderse.
La azafata de repente estaba otra vez en su lugar, pero ya no tenía el mismo rostro de mujer amable. Ahora sus rasgos pertenecían a un niño sin ojos y con colmillos en vez de dientes.
-Ahora les llegó su turno de pagar-
Una sacudida lo despertó.
-Vamos, Noah, despiértate. Ya estamos descendiendo- le dijo Mercedes con una mano en su hombro. Puck se volvió y la miró.
-¿Ya llegamos?-
-Vaya, Puck, no sabía que te afectaba tanto viajar en avión… Te ves horrible. Como si hubieras visto a un muerto-
Noah puso los ojos en blanco y después se secó el sudor frío que corría por su frente con la sudadera verde oscuro que llevaba en el regazo.
-Pude haberlo visto-murmuró.
Mike tenía esperando diez minutos en la estación de camiones. Tenía hambre, ya que no había desayunado para tomar el autobús temprano y ahora se lamentaba por haberse ofrecido a recoger a Quinn en la central.
Él recién había llegado y a pesar del paquete de cinco donas y una malteada que había comprado, el hambre no se iba. Estaba sentado entre una pareja que se besaba escandalosamente y un hombre bastante grande que leía el periódico y gruñía para sí mismo. Era incómodo.
Suspiró por ves tercera y comenzó a pensar en lo que había querido evitar: Tina. Su ex novia. Él pensaba y casi se había jurado a sí mismo que él y Tina llegarían a la distancia. Tendrían una relación memorable… pero que había llegado a su fin. Y ahora se encontraría con ella de nuevo. Por lo menos una semana, eso estaba claro.
Tina había hecho mucho por él, pero ahora, hasta cierto punto, sentía pura incomodidad en sólo pensar en ella. Él creía que en su mente, en algún punto, Tina se había dejado de parecer a una musa y ahora parecía un vago y hasta vergonzoso recuerdo de la preparatoria. Meneó su cabeza. Pensar en ella no estaba bien. Mike le estaría por siempre agradecido y siempre la querría por todo lo bueno que había hecho… pero pareciera ser que el amor se había esfumado entre ellos. Tampoco Tina parecía muy interesada en seguir viéndolo o siquiera regresarle los mensajes por feisbuck.
Por fin el camión de New Hampshire llegó. Él se levantó, cargó su mochila y esperó junto a la entrada. Mucha gente (jóvenes adultos) salía del camión. Se desesperó al no ver a Quinn salir, así que entró a la estación. Justo cuando le iba a preguntar al hombre que recogía y pasaba las maletas, una rubia bajó.
-Señor, ¿sería tan amable de pasarme la valija rosa…? ¡Mike! ¡Estás aquí!- se emocionó al verlo junto a ella. Mike no pudo evitar sonreír con alegría. Definitivamente tenía mucho tiempo sin verla y a pesar de que jamás habían sido muy cercanos, habían pasado buenos momentos.
Se abrazaron.
-Sí, estoy aquí-
-Por favor, no me digas que tenías mucho esperándome- le dijo la rubia cuando se separaron.
-No… diez minutos, pero recién también había llegado. De hecho, aquí traigo mi maleta-
Quinn asintió con aprobación y después esbozó una sonrisa aún más grande.
-Me da mucho gusto ver una cara conocida-
Mike le regresó el gesto y se ofreció en llevar su maleta. Caminaron hacia la entrada.
-¿Y cómo estuvo el viaje?- quiso saber Mike, curioso. Ella sonrió pero soltó un quejido.
-Bastante pesado. Viajar con adolescentes ebrios y con las hormonas a todo lo que dan durante poco más de una hora no fue divertido. A veces odio vivir en las lejanas ciudades universitarias, pero así es la vida. ¿Y el tuyo?-
-Bastante tranquilo- asintió. Quinn lo miró, insegura, una vez que salieron de la central y se encontraban en la zona de los taxis.
-Mike… yo no sé qué podemos hacer aquí, si te soy sincera. No es como si hubiésemos podido hacer mucho antes-
-Yo tampoco sé, la verdad-
Quinn suspiró, bastante desesperada.
-Bueno- soltó un gruñido- Al menos me da gusto que los volveré a ver… -
-Aunque las razones no sean las correctas- la miró a los ojos. Quinn pudo ver miedo reflejado en sus ojos cafés oscuros, pero sonrió para infundirle valor.
-Vamos; todo estará bien-
-No lo creo- dijo una voz, grutural. Quinn y Mike se volvieron. Frente a ellos, había un taxi detenido. El conductor tenía cuerpo de un hombre obeso de cuarenta años, pero su rostro no denotaba tal edad. Era un niño. De cuencas vacías y sonrisa mostrando los colmillos.
-No lo estará-
¿Qué tal, amigos? Me retrasé, ya lo sé :c Lo que sucede es que se me borró lo que tenía escrito y tuve que volver a hacerlo. (Pero me quedó mejor, sin duda alguna, así que valió la pena) En fin.
¿Qué les pareció? Ya regresan Mercedes y Puck en un lujoso avión (Bueno, porque recordemos que Puck y Mercedes vivían en LA antes de que Puck se regresara a Ohio, pero como sea) y Mike en camión al igual que Quinn (La verdad no sé qué tan lejos quedan entre estados, pero pretendamos que no están muy distantes)
Las cosas se ponen feas para los Puckerman... Y por una parte Quinn tiene razón: La última vez no hicieron mucho, pero para algo Brittany los reunió a través de la famosa red social *Yo así escribo feisbuck, no me juzguen*
No será bonito, se los puedo prometer. Y ése niño, a la hora de escribirlo, créanme que hasta me asusto yo, así que espero que a ustedes también. Ya no hago mucho choro. Espero estén bien y sigan leyendo. ¡Comentarios por favor! Me caerían de pelos. Tuiter, Feisbuck y Ask están en mi perfil, por cualquier cosa. Gracias.
¡Nos leemos la próxima semana! :B
