I had an impulse to clear it all away,
Oh I used the tactics, make everybody pay,
Just something that I knew I had to do,
But through it all I kept my eyes on you.
4.-
Ha aprendido a cambiar sus cejas de color, ha conseguido que salga agua de su varita, ha aprendido a preparar pociones cicatrizantes y se ha aprendido el horario de ella de memoria.
Sabe a qué hora va a comer, qué cosas desayuna y qué comida prefiere a la hora de la cena. Sabe que sus única posibilidad de verla en clases es en pociones y en esas clases ha aprendido lo más importante para él: lo grande y hermosos que son los ojos de Andromeda Black.
Pero no sabe qué más hacer para que ella note su existencia, o mejor dicho, para que le considere.
Y es en aquel atardecer cuando Ted decide que algo tiene qué planear para poder hablar con ella, quiere escuchar el musical sonido de su voz dirigida hacia él, quiere que le mire con sus pupilas de diecinueve tonos de café.
Y su búsqueda parte por el equipo de Gobstones, nunca antes ha jugado a ese estúpido juego de magos y su intentó le causa dos disgustos porque Eileen Prince le han llenado la cara de un líquido apestoso y porque Andromeda no participa en ese equipo.
Por supuesto, muy poco glamoroso para ella.
Quiere pegarse con un ladrillo en los dientes, porque es un imbécil, en qué estaba pensando para irse a meter en un club como ese, un grupo de chicos donde todos le han mirado mal porque no es común que un joven de último año se interese tan tardíamente en el Gobstones.
Su segundo intento es el Club de Runas Antiguas, sabe que cursa esa asignatura como optativo y piensa que quizás ese sea su hobbie, pero tan pronto entra en el aula donde está la profesora Bathsheba Babbling dibujando extrañas figuras con su varita, se desengaña porque no está ella ocupando silla alguna. Todos le miran y él se ruboriza, la profesora le pregunta si necesita algo.
Sí, dos litros de felix felicis, por favor.
- No, sólo me perdí, disculpe.
Y mientras camina de vuelta a su sala común piensa qué le dirá finalmente cuando la encuentre. Quizás le diga lo mucho que le gustan sus ojos, o lo bonito que tiene el cabello. Tal vez le diga que le gusta, que le gusta mucho y que le encantaría ir a Hogsmeade con ella, rozarle la mano mientras caminan abriéndose paso a través de la nieve, ir al salón de Madame Pudipié y tomar con ella chocolate caliente (o mejor probarlo de su boca) Pero pronto se da cuenta que esa no es la puerta de acceso que le llevará directo a Andromeda, ese no es el tipo de conversación que a ella le interesará.
Y Ted piensa que quizás si él le dijera las ultimas ideas que han dado vuelta en su cabeza, si él le contara que no ha podido dormir porque se ha dado cuenta que por Andromeda es capaz de vagar de
por Hogwarts buscando algún grupo de estudiantes donde ella participe. Que es capaz de entrar en aulas donde todos le miran mal, y de tragarse clases de ajedrez mágico que le importan menos que el pepino musical que ha plantado la profesora Sprout. Que es capaz de dejar de lado a sus compañeros y amigos para seguirle a ella, no al "¿Señor? Que-no-debe-ser-nombrado", es a ella a quien seguirá si Andromeda quiere ser una mortífaga. Que aprenderá a hacer maldiciones imperdonables, que se olvidará de sus padres y que promete besarle todos los días el brazo donde brille ese tatuaje (si resultan ser ciertos los rumores) sólo para tener una oportunidad con ella, sólo por ella.
Y que se la ha imaginado como una Julieta, pero sabe que él no es Romeo. Porque Romeo era igual a ella en poder y orgullo, y su caso es más bien como si el sirviente número uno pretendiese raptarse a la protagonista de la tumba.
Soberana estupidez.
Y cuando dobla en el pasillo del cuarto piso se la encuentra de frente, casi chocan, pero ella ha cambiado el curso de sus pies antes de que los cuerpos se encuentren, se miran unos segundos y ella sin decir quítate, cuidado, lo siento o cualquier otra cosa, simplemente sigue con su camino.
Ted se ha fijado que lleva afirmado fuertemente contra su pecho el libro de Transformaciones Avanzadas.
