Bien, auí por fin el cuarto y último capítulo, aunque algo me dice que el final no es lo mejor, pero bueno. Espero que les guste, que dejen su review n.n, que no se decepcionen y ¡Feliz Navidad!^^


Rompecabezas completo

Paso la mirada por los cuadros que cuelgan de las blancas paredes, por la gran pecera, el aún más grande librero y por los caros muebles de la lujosa sala, pero en ninguno de ellos encuentro la respuesta a por qué estoy aquí. No, no la encuentro. Miro al anfitrión, quien está sentado en un sillón rojo vivo enfrente de mí, y luego el interior de la (cara) tasa de porcelana que tengo entre mis manos.

Flash Back

-¡Akane!- sorprendida me volteo. No me imagino cómo es que este señor sabe quién soy, pues yo no lo conozco. ¿O sí?, un momento… Es… es… Es Atobe. Sin duda alguna.

-¡Atobe! Digo, ¿lo conozco?- eso último al parecer no le gustó…

-Ehh, deberías, quiero decir: ¿no te acuerdas de mí? Yo fui a visitarlos antes de navidad cuando tenías… creo que cuatro años- Oh, eso no lo recuerdo… Un momento, ¿¡qué!?

-Ehm, ¿y quién es usted?- bien que ya lo sé. Interiormente me estoy muriendo de la risa, no sé si es por nervios o porque estoy bien consciente de que sí se quien es él.

Se le nota que no le gusta que le hagan esa pregunta, pues suelta un pequeño bufido y luego añade:-Me llamo Atobe Keigo, aunque tú puedes decirme solo Keigo, pero solo por ser mi ahijada-

-¿¡Ahijada!?

-¿Cómo? ¿No lo sabías?- me mira sorprendido (se podría incluso decir estupefacto) y luego, aunque más para sí, agrega en un murmullo algo como Oshitari luego tendrá que oírme…

-Eh… Disculpe… ¿En serio es mi padrino?- pregunto un poco tímida.

-Claro, ¿cómo no lo voy a ser?- … -Pero ahora dime qué hace una niña como tú en un lugar así-

-¡Oiga! Para su información, ya tengo quince años, así que no me trate de niña- respondo ya en un tono más confiado. Si hay algo que no soporto, es que me traten como a una pequeñita.

-¿En serio? Vaya, el tiempo pasa volando, al menos para la gente mayor…-dice mientras me observa atentamente.

-Si usted lo dice…-lo miro de frente y un poco desconfiada-¿Por…por qué me mira así?-

-Mmm… Estaba pensando en invitarte a tomar algo en mi casa…-

-¿Ahora?-alzo una ceja mientras lo interrumpo incrédula.

-Sí, ¿por qué no?-contesta como si fuera lo más normal del mundo.

-Ehm… Es que… Mi mamá debe estar esperando en casa y…-

-Llámala-dice de forma resuelta.

-Pero…-

-Vamos- Vaya padrino…

Fin Flash Back

-¿Le dijiste a Kimiko que estás aquí?

-Eh… Sí.- Mentira, le dije que estoy en casa de Momo-chan. Vuelvo a mirar a mi padrino y de todas las preguntas que ahora ocupan mi cabeza trato de elegir una. En el fondo, atrás mío, oigo el constante tic-tac de un reloj.

-¿Por qué me invitó?-

-Ya deja de tratarme de usted, suficiente gente lo hace ya.- De alguna manera, la personalidad que ahora muestra ante mí, no es la que yo realmente me esperaba. Yo suponía que él es la clase de persona que tiene la suficiente vanidad como para llamarse Ore-sama. Aunque tengo que recordarme a mí misma, que la foto que yo vi ya tenía sus años. Tal vez Atobe cambió, aunque no como papá parece haberlo hecho.

-Entonces, no respondiste mi pregunta.-

-Tú no me dijiste qué hacías en el cementerio,- replica divertido.

-…-

-¿Y bien?-

-Pues… Yo…- ¿le digo? Seguro que se reirá. Ya, qué más da:-Quería hacerle una visita a Gakuto…-Silencio. Estoy comenzando a odiar los silencios.

-¿Atobe?-

-¿A… Gakuto? Pero tú no lo conocías…-su mirada se torna de relajada a desconfiada.

-No, pero… ¿No era el mejor amigo de mi padre?-

-…-

-¿Padrino?-

-Algo así-

-¿¡Cómo que algo así!?-pregunto un poco molesta. También odio las respuestas inciertas.

-Verás, niña…- ¡No otra vez!

-Akane-lo interrumpí.

-Akane. No sé cómo explicártelo sin que lo tomes mal.- ¿Mal? ¿Por qué debería tomármelo mal? Pero por lo visto, Keigo tampoco quiere contar nada. ¿Es que nadie me quiere hablar sobre ese chico? Supongo que tendré que intentarlo de otra manera.

-Kasaya-sensei me dijo algo sobre ellos que no entendí completamente…-me mira interesado y en este instante me habría encantado tener el poder de leerle la mente, o al menos una idea de qué pasaba por ella.

-Suena como si hubieras estado investigando-

-…-¡Rayos!

-¿Y bien?-

-Eh, sí. Kasaya-sensei dijo que era bueno que mi padre y Gakuto fueran amigos-

-¿Kasaya-sensei sigue ensañando Química?-Asiento rápidamente. -Era una buena profesora…-impaciente le recuerdo mi pregunta.- Bueno, en cuanto a tu padre… Tengo que admitir que siempre era divertido verlos cuando discutían. Ya sabes, Yuushi siempre era el racional y Gakuto era pues bien caprichoso y sus reacciones a cuando algo no iba como él lo quería eran de lo más infantil- ¿caprichoso e infantil? Eso explica por qué estaba en la última fila de la foto grupal. Aunque no respondió mi pregunta. ¿Estará evadiendo algo? Y si así fuera, ¿qué?

Pensativa me levanto y me dirijo hacia la ventana. A través del cristal puedo ver que delante de la mansión (a la que Atobe había llamado casa) hay un enorme jardín e incluso tres piletas. Parece, más que un jardín, un parque. Delante de la puerta principal, está estacionada la limosina en la cual fui traída hasta aquí. Es negra. El cielo, si bien ya está oscureciéndose, sigue nublado. Deben de ser alrededor de las cinco y media. Puede que tal vez mamá ya esté esperando mi llegada…

-¿Por qué te interesa?-la voz de Atobe me saca de mis pensamientos.

-¿Cómo?-giro para volver a mirarlo.

-¿Por qué te interesa saber sobre Gakuto?-

-Curiosidad, nada más…-respondo, aunque bien en el fondo dudo que sea la verdad. No lo sé, pero siempre que respondo lo mismo, siento que estoy mintiendo, como si para esto tuviera otro motivo.

-Curiosidad… ¿Quieres más té?-

-Sí, gracias- me vuelvo a sentar y el mayordomo me sirve más de la caliente bebida. Espero un poco antes de llevarme el borde de la tasa a la boca y sorber un poco de su contenido. Está tibio, justo como me gusta. Vaya…

-Ya habías ido antes a la tumba de Gakuto, ¿cierto?- era un afirmación- ¿Te gustó la lápida?- ¿Y a qué venía esa pregunta?

-Sí- susurro mi respuesta, aún con la tasa cerca de mi boca.

-La eligió Yuushi-

-Y la pagaste tú,- digo sorprendiéndome a mí misma.

-Sí, ¿cómo lo sabes?-

-Lo deduje- …por lo cara que se veía.

-Igual que tu padre… ¿Sabes? Ahora que lo pienso, pareces haber heredado su carácter.- ¿Otra vez la misma afirmación? Puede que al final sea cierta, puede ser.

-Kasaya-sensei dijo… dijo que papá necesitaba a alguien a quien proteger. ¿Tiene eso algo que ver con que a Gakuto le gustase el peligro?- Ya no estoy muy segura de qué preguntar. El tema me interesa mucho, casi demasiado, pero a veces siento que no debería tocarlo.

-En parte, sí- me responde antes de tomar un sorbo de su propia tasa.

Sobre una mesita situada entre ambos, hay una pequeña caja de plata, abierta. Dentro de ella puedo ver, envueltos en papelitos de seda, bombones de chocolate fundidos en varias formas. Se ven ricos, aunque no estoy muy segura si puedo coger uno.

-Son para comer- Atobe me dedica una enorme sonrisa burlona. Siento mi cara calentándose, no me gusta que se burlen de mí. Tomo al azar uno de los dulces que se me ofrecen en la caja, uno con forma de hoja. Mientras lo tengo en mi boca, trato de descubrir si el chocolate tiene, a parte de cacao, otros ingredientes. Y sí, tiene coco. Extraña combinación. Cojo uno más. Hay todavía muchas preguntas que le quiero hacer a mi padrino, pero que no me atrevo a hacerlas. Supongo que será porque ya he hurgado suficiente en el tema del chico fallecido. Aún así, quiero saber más.

-Tu expresión me dice que aún no estás satisfecha y que todavía me quieres preguntar algo- ¿Este tipo acaso me está leyendo la mente?

-¿No importa si sigo preguntando? Digo, no quiero molestar con mis preguntas- ¿Quién dijo que yo no sabía ser una chica educada?

-Claro que no- responde Keigo, aunque algo me dice que no es verdad. Pero bueno…

-¿Cómo… Cómo es que murió Gakuto?- Me siento incómoda preguntando algo así, aunque de todas maneras quiero saberlo. El resto de té que queda sobrante dentro de mi tasa ahora ya está frío.

-¿Cómo murió?-su mirada se queda fija en la pecera, en el vaivén de los peces en el agua. ¿Qué estará pensando?

-Bueno, pues… Él, la cosa fue así: Durante nuestro primer año en la preparatoria, se había formado un pequeño grupo de unos cuatro o cinco estudiantes de tercer año y uno de sus hobbies favoritos y más frecuentes era atacar a otros alumnos, ya sean de Hyotei o de otra escuela. Sorprendían a uno o dos cuando estaban solos y desprevenidos y los molían a golpes. Una de esas veces fue cuando se las agarraron con Jiroh…-en este punto su voz se quiebra y él hace una corta pausa antes de continuar: -Solo que, en aquella ocasión, justo pasamos por ahí cerca Yuushi, Gakuto, Shishido, Kabaji y yo y fuimos a ayudarlo. Se armó una pelea, la cual obviamente íbamos a ganar ya que éramos más (y porque teníamos a Kabaji), pero de la nada apareció por en medio un cuchillo. Sin duda alguna que era de alguno de ellos… Para serte sincero, todo sucedió tan rápido que… De pronto había todo un charco de sangre donde estaba Gakuto tirado y los bravucones ya habían desaparecido. De un momento al otro, el pasillo en el que nos encontrábamos se llenó de gente, llamaron a una ambulancia y todo, pero aún así ni siquiera llegó al hospital…- no me mira, la verdad es que yo no me esperaba todo un relato, ahora me siento mal.

-¿Y por qué lo enterraron cerca del colegio?-

-Yuushi lo quiso así- Yuushi lo quiso así… ¿Por qué? La mirada seria de mi padrino, fija en algún punto dentro de la pecera, tiene un dejo de pesadez. Siento un nudo en la garganta, inexplicablemente me dan ganas de llorar. Si yo ya estoy así, ¿cómo habrá sido para papá?

-¿Puedo hacerte yo una pregunta?- dice Atobe repentinamente, aún con la mirada perdida.

-Claro- ¿Qué querrá saber?

-Todo esto, sobre Gakuto, es por tu padre- eso no es una pregunta, es una afirmación. Pero…

-¿Cómo?-

-Él no es muy cálido o afable, lo sé muy bien, ni tampoco habla mucho de sí mismo. Investigar sobre Gakuto, para ti es como descubrir su pasado. No me extrañaría si en una ocasión lo perseguiste, no sé a dónde, pero lo habrás hecho… Lo que quieres es llamar la atención de tu padre, ¿o me equivoco?- Ahora es cuando caigo en la cuenta de que, tal vez o quizá, él tenga razón… Pero, ¿cómo es posible que yo haga algo sin saber la causa mientras que un señor, a quien apenas conocí, sí la sepa? No sé si me explico, pero, a pesar de que lo que acaba de decir él, hay algo que no cuadra: ¿Cómo no sé yo la causa de mis acciones? Debería sugerirle a mamá mandarme con un sicólogo, solo por si acaso.

-¿No me vas a responder?- ¿Entonces sí era una pregunta? ¿Es realmente verdad lo que él dijo, hice esto para llamar la atención de mi padre? Pero yo…

-Creo… yo… puede ser-

El silencio se vuelve a apoderar del salón, hasta que el reloj da las ocho. ¿Las ocho? El tiempo pasa rápido, al menos hoy. La gran araña del techo ya está prendida, sus pequeñas lamparitas reflejan su luz en los miles (un poco exagerado…) de cristales que cuelgan alrededor de ellas. Afuera de la habitación oigo pasos apresurados.

-¡Atobe!- la puerta se abre de golpe y por ella entra un hombre de cabellos castaños claros, a quien de inmediato reconozco como el chico de la sonrisa tierna, a quien había visto junto a Gakuto en la foto de la primaria. Está muy agitado y parecía haber corrido, aunque aún así tiene claras marcas de sueño en la cara.

-¡Atobe!- vuelve a gritar sin percatarse si quiera de mi presencia.

-¿Jiroh?- Oh, él es Jiroh…- ¿Qué sucede?- pregunta mi padrino.

-Ha-Ha llamado Yuushi y… ¿Y ella?- Y por fin me ve.

-Dijiste que Yuushi llamó-dice Atobe haciendo caso omiso de la pregunta del recién llegado.

-Oh, sí, está muy preocupado. Pregunto si sabes dónde está su hija. No sé por qué deberías saberlo, pero él parece creer que sí. Dijo algo como que Kimiko-san llamó a casa de la amiga de la chica, pero le dijeron que ella nunca estuvo ahí, al menos no hoy, ni tampoco responde su teléfono- automáticamente saco mi celular y ciertamente tengo más de diez llamadas perdidas. Supongo que no debí dejarlo en perfil de silencio…

-Atobe, ¿esta niña quién es?- suelto un gruñido al oír la pregunta del hombre.

-¿Ella? Ella se llama Akane, es la hija de Yuushi-el recién llegado abre sus ojos como platos y me mira así. Primero su expresión es de sorpresa, si o hasta un poco recelosa, pero luego se transforma en alegre.

-¡Akane! Vaya, ya entiendo. ¡Tenemos que llamarle a Yuushi ahora mis…-

-Yo haré eso-lo interrumpe el peligris y sale de con grandes pasos de la habitación. Ahora es cuando me doy cuanta de que en este cuarto no hay teléfono. Jiroh se me acerca y toma asiento enfrente mío, en el sillón en el que estaba antes sentado Atobe. Se ve bien joven, más joven que Keigo o papá.

-Vaya que has crecido, la última vez que te vi aún llevabas pañales- me sonríe y no sé muy bien qué pensar sobre ese comentario…

-Eh… Gracias, supongo- …aunque su sonrisa es tan linda! Ya sé, sueno como esas locas que andan cada día tras otro chico lindo (y además él podría ser mi padre…), ¿pero qué vas a hacer si su sonrisa es encantadora?

-¿Sabes?, te pareces a tu mamá. Digo las mismas facciones y el mismo tono de la piel. Y tu cabello es igual de ondulado como el de ella…- Que decir, me siento alagada.

-Gracias- me sigue mirando analítico y algo pensativo.

-Aunque tu cabello tiene el mismo color que el de tu padre… y tienes los ismo ojos que él- me sigue sonriendo.

-Gracias- vuelvo a repetir, esta vez casi susurrando- A mí me gustan los ojos de papá-agrego sin estarme muy segura del por qué.

-¿Enserio? Sabes, tu padre tal vez nunca te lo dijo, pero al chico que era su mejor amigo en la secu también le gustaban los ojos de Yuushi- eso me sorprende.

-¿Gakuto?-

-Sí, ¿cómo lo…-

-Simplemente lo sé- le corte, no se me apetece responder preguntas. Otra vez siento su mirada recelosa sobre mí.

-Aunque, personalmente, me gustaban más los de Gakuto- Decido que es mejor no decirle que a mí también.

-¿Eres amigo de papá?-

-Sí, creo…- Qué respuesta…

-Y… ¿lo eras de Gakuto?-

-Sí, era mi mejor amigo- su sonrisa desaparece.

-¿Cómo? Pero acabas de decir que él era el mejor amigo de papá-

-…- Supongo que no sabe qué responder, yo tampoco sabría.

-¿Jiroh?-

-Eh…- suelta una risita nerviosa- es que, bueno, la relación que esos dos tenían, bueno, era ehm.. especial.- ¿Qué?

-¿Cómo especial?-Creo que mis preguntas no le agradan mucho, pues no hace más que desviar la mirada.

-Bueno- ¿Qué tanto se puede repetir la palabra bueno?- Quiero decir, era pues, bueno, ehm… especial- Ok, así como lo veo, él tampoco me va a decir qué tenía de especial la amistad de papá y el pelicereza. Aunque, por otro lado, yo ya tengo mi sospecha.

En ese momento entra de nuevo Atobe, con una ¿pícara sonrisa? Me lo estaré imaginando… Se sienta en un tercer sillón y de informa de que ya habló con mi padre.

-No le dijiste a Kimiko que estás aquí, ¿verdad?- asiento un poco avergonzada- ¿Por qué?-

-No lo sé-

-Claro…- no me creyó. –A propósito, él es Akutagawa Jiroh.

-Sí, ya lo sabe- le corta el presentado. ¿Habló con papá? ¿Qué le dijo?

-Este, perdón pero, ¿qué le dijo mi pa…- antes de que pudiese terminar de formular mi pregunta, esta es respondida de manera repentina. Sin que ninguno de nosotros lo esperara, al menos no Jiroh y yo, se abre de golpe la puerta.

-¡Atobe, déjate ahora mismo de juegos que… ¿Akane?-

-¡Papa!- de un salto me pongo de pie, aunque luego me quedo congelado y no me muevo de mi lugar. No sé qué decir, mi mirada está clavada en el suelo.

-¡Pero por Kami-sama, Akane! Tu madre está preocupadísima desde que llamó a casa de los Fukuda y se enteró que nunca estuviste allí y…-

-Yuushi, ya está bien. Ella estuvo toda la tarde aquí conmigo- silencio (otra vez). La mirada de Jiroh parce impaciente o tal vez incluso ansiosa, se pasa de Atobe a papá y de papá a Atobe, y luego se detiene en mí.

-Bueno, Akane, será mejor que ya nos vayamos. Mándale un mensaje a tu madre para decirle que ya estás conmigo y dónde estás. Ve yendo hacia abajo, yo te alcanzo.- obedientemente y avergonzada me dirijo hacia la puerta.

-Jiroh, deberías acompañarla para que no se pierda en el camino a la salida-sugiere (ordena) Atobe.

-Pero…-

-Ve- ¿Perderme yo? Claro, bien que quiere hablar a solas con mi padre. Pero que los adultos tengan que ser así…

Ya estamos saliendo por la puerta, cuando me vuelvo una vez más y me dirijo con la mirada hacia mi padrino.

-Una última pregunta. ¿Por qué me invitaste tan repentinamente?-Papá no se esperaba un pregunta así, supongo, pues su rostro refleja sorpresa.

-Porque soy tu padrino- me sonríe de manera cómplice. Ya veo…

-Pues, gracias- sonrío ampliamente. -Por todo- y junto con dos pares de ojos extrañados persiguiéndome, salgo por fin de la habitación y me dirijo hacia las anchas escaleras de mármol que llevan al primer piso.

Mientras Jiroh y yo esperamos abajo en la estancia (o recibidor), comenzamos a conversar de cualquier cosa. La verdad es que me está cayendo bastante bien, y yo que decía que con adultos no se puede hablar. Y la verdad es que uno se entera de muchas cosas. Por ejemplo, yo jamás me habría imaginado que a papá le gustaran las novelas románticas y mucho menos de que él era el genio de Hyotei, aunque bueno, al fin y al cabo, de alguna parte debía heredar mi capacidad de deducción. Sin embargo, hay cosas que no me explico, como por ejemplo el por qué Jiroh vive con Atobe. Pero bueno, cosas de adultos, como dice el castaño. Cuando por fin baja papá, justo me está contando lo divertido que le puede parecer a él (aunque al parecer también a Atobe) vivir en esta mansión.

Sin muchos miramientos papá se despide de Jiroh y yo, luego de también despedirme, lo sigo. Afuera, me meto al carro azul marino que está donde horas atrás había estado estacionada la limosina negra. ¿Dónde estará ahora? Papá se subo por el lado del conductor y luego de menos de un minuto ya estamos fuera del patio de la mansión. Por la ventana veo todavía como pasan a nuestro lado las manchas verdes que suponen los jardines de Atobe. Pienso en que me gustaría volver y algo me dice que eso será pronto.

A esta hora, Tokio ya es todo un espectáculo de luces. Sucede que varias veces me he preguntado si Osaka, de noche, se ve igual de bella. Digo, porque mi padre es de ahí. También muchas veces me he preguntado por qué no vivimos en Osaka. Mamá dice que a mi padre le gusta Tokio. ¿O será por Gakuto? No, no lo creo. Mi padre no es esa clase de persona. ¿O es que no lo conozco realmente? Desde mi lugar trato de verlo de reojo sin que se de cuenta. ¿Qué le habrá dicho Atobe?

-¿Tienes hambre?-

-¿Cómo?-

-No cenaste y, tal como me lo dijo tu padrino, solo comiste unos cuantos chocolates-

-Y tomé té- Ahora que lo pienso…- Sí, sí tengo hambre. Un poco-

-Algún deseo concreto-sin dejar de mirar al frente.

-No, me basta con algo rápido-

-McDonald's-

-Ok-No parece tan molesto, por lo que ahora quiero saber sí o sí lo que le dijo el peligris.

Las luces se ven borrosas al pasar nosotros a toda velocidad. Suerte que apenas hay tráfico, o debería decir milagro del cielo. Luego de comprar la comida, la cual engullo con ganas pues me doy cuenta de que verdaderamente tengo hambre, papá sigue conduciendo, pero al llegar a nuestro barrio, pasa de largo nuestra casa. ¿A dónde va?

Entonces se detiene ante un parque. Estaciona y sale sin decirme palabra alguna. Salgo yo también y corro para alcanzarlo. Ahora es cuando me doy cuenta de que se trata de un parque que queda bien cerca de Hyotei y al que suelo venir mucho en verano, cuando más necesito la sombra de los árboles. Sí que estoy distraída hoy, tanto como para no darme cuenta del lugar en el que estoy… Siguiendo a papá, pasamos por delante de una pileta y luego nos metemos por entre los árboles, hasta llegar a un árbol específico. Ante nosotros está un gran cerezo, más grande lo común, cosa por la cual es un árbol del cual todo el mundo está enterado de su existencia. Aunque yo, para ser sincera, nunca me animé mucho que ponerme bajo él. Sonará estúpido o ridículo, pero siempre siento como si este cerezo le perteneciera a alguien particular. Sin hablar, papá se sienta bajo él y se apoya contra el tronco. Lo imito, aunque un poco dudosa. Lo miro exigiendo una explicación, a lo que finalmente él dice:

-aquí conocí a tu madre-

-Oh…- ¿Eh?

-Solo creí que te gustaría…- me mira y luego añade: -Y antes solía venir aquí junto con Gakuto, e especial de noche- De noche, ¿para qué? De un segundo al otro mi mente se vuelve a llenar de preguntas, preguntas las cuales ya no estoy segura si pronunciarlas o no.

-Mentiste-digo casi inconscientemente.

-¿Cómo?-

-¡Dijiste que no te acuerdas quién era tu mejor amigo y aún así vas a dejarle flores a Gakuto!-oigo como alguien comienza gritar y me doy cuenta de que soy yo. Fuera de mí, ¿por qué? ¿Me molesta tanto saber que mi padre no me dijo quién era su mejor amigo? ¿O es que Atobe tenía razón después de todo? ¿Llamar la atención de papá? Papá.

Me mira tranquilo, serio. Siento un torbellino y lo siento dentro de mi cabeza, revoleteando mis pensamientos y agrandando mis dudas. ¿Qué pensará? Él.

-Gakuto no era mi mejor amigo- contesta calmado, sin alzar la voz como yo había hecho. ¿Sí, entonces qué era? Esa es la pregunta que nadie me quiere responder. Nadie, ¿o él lo hará? Me vuelvo a tranquilizar, él tiene la mirada fija en el cielo. ¿Soy la única que tiene la mente hecha un caos? Lo sigo observando, él no me presta atención. ¿Atención? No estoy segura si debería decirle cual es mi teoría sobre su relación con Mukahi. ¿Debería? ¿No se… molestaría? Yo también miro hacia el cielo, hay unas pocas estrellas que se dejan ver a pesar de la luz de la ciudad.

-Te gustaba- sale di mi boca casi contra mi propia voluntad. Lo dije. Papá me mira, sorprendido, alterado, receloso. Todo. ¿Me responderá? Su expresión inquieta se vuelve calmada, cierra los ojos como si tratase de recordar algo importante y luego me sonríe. Es una sonrisa como pocas he visto en mi (corta) vida, como solo la he visto dos veces, en una foto grupal de segundo de secundaria y junto al chico pelicereza al borde de las canchas de tenis. Es una sonrisa verdadera.

-Nadie te lo quería decir- su sonrisa no desaparece, cosa que me alegra. -¿Cómo sabías?

Sonrío.

-Lo deduje- es mi única respuesta.