Muy buenos días lectores, muchas gracias por su apoyo de verdad, me animan muchísimo e intento contestarles desde que puedo, siento haber tardado tanto, para empezar mi ordenador se estropeó, para seguir el programa con el que escribo también y para seguir Shin-ah es un personaje tan complejo y que le tengo tanto cariño que he escrito, borrado, corregido y demás para poder hacerlo lo mejor posible y aun así no sé si lo he captado bien como quería.
Muchas gracias también a quienes han puesto mi fic en seguimiento, o favoritos o me han puesto a mí también, de verdad muchas gracias.
Ahora sí que les dejo con el nuevo capítulo, espero que les guste y se aceptan críticas constructivas.

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Chapter 4- Shin-ah.

-¿Puedo ser yo?- el grupo se dirigieron miradas sorprendidas entre ellos al comprobar que el dragón más tímido había dado un paso hacia adelante.
-Por supuesto Shin-ah acércate- el dragón azul dio un paso al frente sustituyendo a Yoon en su posición frente al espejo.

Ao saltó de su hombro para subirse encima del hombro de Kassandra como para darle espacio a su fiel compañero.

-Shin-ah- Yona llamó su atención con una gran sonrisa- mucha suerte.

Ella sabía con seguridad que su compañero necesitaba un final feliz y alegre después de su terrible infancia y su tristeza latente durante tantos años.

-No te preocupes- respondió la adivina- Shin-Ha disfrutará mucho.
-Gracias- contestó el, consiguiendo así una sonrisa por parte de sus compañeros, enternecidos por su compañero.

Kassandra le sonrió y le guiñó un ojo. Shin-ah se giró hacia el espejo donde veía ya como la niebla rodeaba su cuerpo, cambiando su imagen por otra de un frondoso bosque.
En el medio de los árboles se encontraba una mujer con las ropas desgarradas sujeta de piernas y brazos por 4 hombres mientras otro, que estaba desnudo de cintura para abajo, parecía dispuestos a violar a aquella pobre y menuda mujer que gritaba y lloraba desesperada.

-Nadie va a escucharte- el hombre medio desnudo empezó a subirle la falda- cállate y disfruta, deja de resistirte joder.
-¡No!- el grito de la mujer se vio acallado por el sonido cortante de la katana surcando el aire, acabando con su agresor.
-¿Quién eres tú?- Preguntaron el resto de hombres, viendo como su compañero caía dejando ver a un hombre de pelo corto y azul tras él.
-soltadla- el sonido de su voz sonaba lúgubre y maléfico, como si la voz no proviniera de su cuerpo.

El grupo le hizo caso... solo para ponerse en guardia con armas en mano preparados para dañar a ese tipo que había interrumpido la violación.
Lo que ellos no se esperaban era que su contrincante fuera Shin-ah quien no apartaba la vista de ellos en ningún momento, sentía la necesidad de hacer daño a quienes se habían atrevido a hacerle daño a esa pequeña mujer a la que habían atacado en grupo, como los cobardes que eran.

Esquivó y desgarró a sus oponentes sin ningún miramiento, acostumbrado a acabar rápido con quienes se le enfrentaba, ellos le atacaban en grupo, pensando que así tendrían alguna oportunidad pero lo cierto era que Shin-ah fue capaz de enfrentarse a todos ellos sin ningún problema.
Una vez acabado con ellos se giró lentamente hacia la mujer. Ella se había refugiado tras un árbol, intentando ocultar su desnudez debido a sus ropas desgarradas y temerosa tanto de esos hombres que la habían secuestrado de su casa como de aquel que la había salvado, teniendo la duda de si el él acabaría también con su vida o si tenía la misma intención que el resto de los hombres.
Sabía que si el decidía acabar con ella no tendría ni una sola oportunidad por su magistral manejo de la espada, había acabado con los hombres sin siquiera retener el aliento y ahora se acercaba a ella de manera sigilosa, como un tigre que se acerca a su presa evaluándola, ella cerró los ojos esperando el golpe final cuando ocurrió algo que no pensaba que sucedería... él hombre misterioso le pasó una especia de tela peluda y tremendamente abrigada por los hombros, como queriéndola confortarle y ayudarle a tapar su desnudez, la aceptó con mucho gusto ya que la prenda la tapaba todo el torso por lo que era ideal.

Él por su parte no podía apartar la mirada de ella aunque tuviera que bajar la mirada puesto que la chica medía como unos 10 centímetro menos que él, por supuesto no dirigía su mirada a las zonas que pudiera provocarle vergüenza o enojo a la chica pero quedó cautivado por sus impresionantes ojos azules enmarcados en su pelo negro azabache rizado a media altura y su tez tostada por el sol que le incitaba a acariciarla, espera…
¿Desde cuándo sentía deseos de acariciar la piel de una mujer? es cierto que alguna vez sintió que quería tocar la piel de Yona para saber si era parecida a la suya pero este deseo era distinto, le atravesaba el cuerpo y le incitaba a querer fundirse en su piel hasta que se confundiera su embriagante olor con el suyo.

-Gracias, de verdad, gracias por ayudarme, ¿Te hicieron daño?- Lo miró a los ojos queriendo descifrar que decía su mirada pero no espero quedarse ensimismada y, sin darse cuenta se sintió atraída por sus ojos sin poder evitarlo. Esos ojos dorados parecían llamarla como un canto de sirena y ese hombre poseía la mirada más tierna y bonita que hubiera encontrado antes, como si solo reflejara inocencia y buenas intenciones.
-No me han dañado, no te preocupes ¿Estás bien?- Shin- ah no sabía de donde habían salido sus ganas de hablar, como si le saliera de manera natural, cuando normalmente no solía decir más d palabras seguidas, pero ella lo miraba a los ojos como si fuera precioso, como si no pudiera evitar mirarle, espera, ¿Mirando a los ojos? Su dragón dentro de él estaba tranquilo como si fuera domado por la mirada profunda de ella ¡No le estaba haciendo daño!
-Si, estoy bien, muchas grac...
Su voz se vio interrumpida por unos gritos que se acercaban a ellos.
-Lanie, ¡Lanie! ¿Dónde estás?- Cuatro hombres aparecieron ante ellos, todos armados y respiraban agitados como consecuencia de la carrera, al verlos pusieron una cara furiosa por lo que Shin-Ha se puso en posición con Katana en mano.

Lanie corrió para situarse entre Shin-ah y los otros hombres.

-Paren- se giró hacia Shin-ah- son mis hermanos por favor no les hagas daño.
-¿Que no nos haga daño?- El mayor habló- tú- señaló a Shin-ah- ¿Qué le has hecho a nuestra hermana?

Los hombres posaron su mirada en la única fémina, con las ropas desgarradas, resto de lágrimas en sus ojos y cubierta por una capa espesa y blanca cubriendo su torso. Ella se sonrojó hasta las orejas, sabiendo en lo que estaban pensando sus hermanos.

-No es lo que parece.
-No me digas que te escapaste para hacer cosas con este chico- el menor de ellos tomó la palabra recibiendo un capón por parte del resto de hermanos por tratar el tema con tan poco tacto.
-No es así- Shin-ah intentó calmar los ánimos entre esos hombres.
-¡Tú cállate!- el mayor dio un paso al frente, queriendo enfrentarse a él pero se contuvo- Lanie ¿Nos lo explicas?
-Primero bajen las armas- ella señaló los cuerpos de los otros oponentes- no creo que les sirva de mucho.

Lo hombres miraron a su alrededor asombrados por los cuerpos que se hallaban tras un árbol.

-¿Eso lo hizo él?- Ante el asentimiento de su hermana bajaron las armas siendo imitado por Shin-ah- Explícanos por qué estás así y quién es este hombre.
-¿Se acuerdan de que me dejaron sola en casa?- el resto asintió- pues esos hombres entraron en la casa para traerme a esta parte apartada del bosque para violarme- añadió señalando a los cuerpos y ganándose una mirada seria de sus hermanos acompañada de ojos desorbitados- comencé a gritar y resistirme pero eran 5 y no podía hacer nada, ellos fueron los que desgarraron mi ropa y estaban a punto de violarme cuando este hombre- señaló a Shin-ah me salvó de ellos y les dejó como están ahora, así que deberíamos estarle agradecidos, yo al menos lo estoy, si no fuera por él a saber que me habrían hecho- Las lágrimas amenazaban con salir pero las retuvo, Shin-ah puso una mano silenciosa sobre su hombro, como queriendo darle ánimo y fuerzas- él me salvó y me dio este manto que me cubre- se giró hacia él y se inclinó ligeramente- Muchísimas gracias.
-No tienes por qué darlas.

El resto de los hermanos miraban la escena un tanto sub realista aún sin creer que su hermana estuviera expuesta a tal peligro y ese hombre la salvara sin siquiera conocerla.
De rente, de entre unos arbustos salieron 4 hombres muy altos, uno vestido de azul oscuro, otro de verde, otro de amarillo y otro de blanco, acompañados de un chico joven y una mujer menuda. Parecían correr justo en su dirección y se veían muy agitados.
-¡Shin-Ha!- la mujer se acercó a él agitada, parándose a coger aire antes de continuar- ¿Por qué saliste corriendo así de repente? Nos preocupaste.
-Lo siento.

El grupo dirigió la mirada a los hermanos y a la chica que aún se cubría con el manto de Shin-Ha.

-Buenos días, soy Yona- dio un paso hacia delante presentándose- estos son Yoon, Hak, Jae-Ha, Zeno, Kija y bueno, creo que a él ya lo conoces- añadió señalando a cada uno.
-Dragones- los hermanos se miraron entre ellos, habían escuchado la leyenda desde su niñez pero no habían escuchados rumores como tal hasta hace unos días puesto que habían ido al mercado a vender hierbas medicinales y alimentos, ahí los rumores no paraban de ir de un lugar a otro y al verlos todos juntos los reconocieron.

El grupo de felices hambrientos abrieron los ojos sorprendidos, tal parecía que los rumores sobre ellos se extendían a un nivel muy rápido.

-Lo sentimos- el mayor se inclinó hacia Shin-Ha- debes ser el dragón azul, ayudabas a nuestra hermana y no lo supimos ver.
-No tienen que disculparse, solo cuidaban a su hermana- el grupo miró extrañado a Shin-Ha por su alarde de vocabulario, normalmente no hablaba tanto y mucho menos a desconocidos.

Jae-ha se fijó en la pequeña mujer que tal parecía que no apartaba la mirada de su amigo y quiso comprobar si el repentino aumento de vocabulario de su compañero se debía a ella.

-Disculpe princesa- Jae-ha se acercó a ella galante, regalándole una sonrisa que solía derretir a la mayoría de las féminas a su alrededor- ¿Qué tal si...?

-Jae-ha- el aludido se giró hacia su compañero, siendo recibido por su mirada dorada y escalofriante fija en él, ya veía al dragón dentro de su compañero acercarse a él de manera aterradora como si estuviera a punto de abalanzarse sobre él, cerró los ojos pero no servía de nada, justo cuando el dragón se abalanzaba sobre él, la visión paró- déjala tranquila.

Jae-ha volvió rápidamente a su sitio escarmentado y temblando, había aprendido a no meterse entre lo que su compañero quería y este, más le valía no volver a acercarse con malas intenciones a la pequeña fémina si no quería exponerse a que su compañero le hiciera conocer de manera más profunda a su dragón.
Por otro lado parecía que la chica era la única que no se había dado cuenta de lo que acababa de ocurrir, miraba a su salvador ensimismada, aprovechando la distracción que produjo el dragón verde para fijarse más en el hombre, 10 centímetros más alto que ella, pero rebelde pero a la vez tenía un aspecto suave que te invitaba a acariciar hasta quedarte dormida, ojos dorados como el sol en el atardecer y atrayentes como el oro, brazos fuertes preparados para proteger y cuidar, que la invitaban a meterse entre ellos y algo flaco pero parecía tener el cuerpo muy fibroso, para ella era hermoso y la había cautivado tanto sus actos, como su voz y como no, su aspecto, así que deseaba poder verlo en más ocasiones en el futuro.
Por otra parte después del pequeño ¨malentendido¨ con Jae-ha se había formado una atmósfera tensa que nadie se atrevía a interrumpir... excepto Yona, ella se acercó a la otra mujer y le cogió de las manos.

-¿Estás bien?- giró su cabeza hacia los cuerpos- creo que no has pasado una buena experiencia, ha sido toda una suerte que él te encontrara- Lanie se acordó de la mirada prodigiosa de la leyenda del dragón azul, de esa forma fue como sabía que le estaban haciendo daño y había venido a ayudarla, por eso supo lo que le hacían.
-Sí, gracias a él estoy bien- le dedicó su mayor sonrisa a su salvador provocando un ligero sonrojo en este- se lo agradezco muchísimo.

Yona observaba perpleja la escena, aún sin creerse el sonrojo del dragón azul pero queriendo ayudar a su compañero.

-¿Dónde vives? ¿Necesitas que te acompañemos a casa?- ella sabía que estaría segura con los otros hombre que, adivinó, serían familia de ella puesto que se parecían muchísimo, pero pretendía averiguar donde vivía para su compañero, por suerte Lanie lo entendió.
-Vivo a las afueras del pueblo, una cabaña donde vivo con mis hermanos, con el tejado de tejas rojas y ventanas azules, hay un camino que lleva a la casa- Shin-ah aprovechó su vista para localizar la casa de manera disimilada, ganándose una mirada traviesa por parte de los compañeros que se habían dado cuenta (Hak, Jae-ha y Zeno).
-Creo que podremos escoltar a nuestra hermanita nosotros- él pequeño tomó la palabra con una traviesa sonrisa para fastidiar a su hermana, sabía que luego se las cobraría pero solo por ver su cara fastidiada valía la pena.

Ahora tocaba separarse, ella no quería por supuesto pero empezaba a anochecer y aún estaba medio desnuda bajo el manto que le había dado, con dolor debía separarse de ese hombre que la había cautivado.
Sin querer empezó a temblar bajo el manto debido a que, aunque este le calentaba, al estar casi sin ropa estaba débil al frio.

-Creo que deberías volver a tu casa- tras una pausa Shin-ah añadió- parece que está empezando a refrescar el ambiente, enfermarás si no consigues abrigarte más- ella hizo el amago de devolverle su manto pero él negó- quédatelo, de verdad.

Lanie lo miró con ojos, contenta de al menos poder quedarse con el manto como recuerdo. Shin-ah dio media vuelta decidido a volver junto con sus compañeros cuando la voz de la chica lo detuvo.

-¿Cómo te llamas?- parecía que quería acercarse a él pero se quedó a una distancia prudencial.
-Mi nombre es Shin-ah.
-Muchas gracias Shin-ah, de verdad- se inclinó de manera respetuosa- tenemos que volver a vernos- al darse cuenta de lo que había dicho y sobre todo de las miradas de su entorno se puso nerviosa y se sonrojó hasta las orejas- quiero decir, para agradecerte el favor- Jae-ha le dedicó una mirada pícara- no, perdona me refiero a devolverte el manto, pero agradecerte el favor también, pero ¡No como él lo insinúa! quiero decir...

Shin-ha se acercó a ella rápidamente como queriendo sacarla de la bochornosa situación e hizo lo más increíble del día, se inclinó ante ella, sujetó su mano y... le dedicó un casto beso en la palma de su mano, por fin podía comprobar la suavidad de su piel y su cautivante sabor.

El resto del feliz grupo de hambrientos cambiaron su cara a completo asombro y sus ojos amenazaron con salirse de sus órbitas, mientras que los hermanos de Lanie se miraban entre ellos divertidos por la cara de su hermana y la pareja, como no, sonrojada hasta la punta del pelo.

-Se lo que querías decir y... me encantaría volver a verte, nos volveremos a ver- con reticencia soltó su cálida mano y se giró hacia sus compañeros, incapaz de mirarle a la cara de nuevo de la vergüenza que sentía.
-¡Eh!- el mayor dio un paso y Shin-ah lo escuchó de espaldas- si quieren volver a verse vienes a buscarla a nuestra casa y siempre habrá uno de nosotros delante, que te quede claro.
-Totalmente claro- Shin-ah no pudo evitar sonreír notando cómo su corazón se calentaba con la imagen de ella... casi tanto como el de ella se calentaba con su imagen.

La niebla volvió a descender para dejar que Shin-ah volviera a la realidad, rodeado de sus compañeros y de Kassandra, no sabía que decir o qué hacer, aún seguía en shock por todo lo que había visto ¿Realmente hacía todo eso? Luchar y defender a una chica a la que están violando no le extrañaba pero no sabía que fuera capaz de hablar tanto y mucho menos el beso, ¿De dónde había salido esa necesidad? Le parecía increíble, casi no parecía él.

-¿Qué te parece Shin-ah?

-Increíble- era lo único que se le ocurría decir para expresar lo que sentía, no podía evitar que una ligera sonrisa saliera de sus labios- lo siento Jae-ha- se giró hacia su compañero pero él solo le guiñó el ojo y lo dejó pasar.
-No pareces el mismo, ¿Verdad?
-Para nada.
-Puede mirarte a los ojos sin que le ocurra nada malo- Shin-ah abrió de manera desmesurada sus ojos, no había caído en ese detalle, realmente la había mirado a los ojos de manera intensa y no le había hecho daño en ningún momento.
-Muchas gracias señorita Kassandra- le dedicó una pequeña reverencia.
-No tienes que darlas Shin-ah, es lo mínimo que te mereces después de todo lo que has vivido.

Así es, tal parecía que Kassandra realmente conocía el pasado de Shin-ah, ¿Había sido capaz de verlo?

-¿Te gustaría ver algo más?- él giró su rostro hacia ella rápidamente.
-¿Podría?- ella le sonrió.
-Si el espejo realmente quiere no habrá ningún problema, vamos a intentarlo.
-Muchas gracias.

Shin-ah le dedicó un saludo amigable y volvió a situarse frente al espejo, sonriendo al sentir como la niebla lo envolvía de nuevo y una imagen de él lo recibía de espaldas.
Parecía que estaba en una especie de cabaña de madera bien cuidada, algo oscura pero pulcramente limpia y colocada, dando una sensación de calidez.
Ante él había una mesa donde lo acompañaban una serie de hombres sentados en torno a ella mientras él aún permanecía de pie.
Fijándose mejor se dio cuenta de que estaba rodeado de los hermanos de Lanie. El mayor tomó la palabra en nombre de sus hermanos.

-Vamos a ver si nos aclaramos, has venido aquí sin contarle nada a nuestra hermana para pedirnos que te dejemos pedirle matrimonio aún sin saber si ella te aceptará.

Shin-ah asintió.

-Bien, y si te dijéramos ahora mismo que no, ¿Qué harías? Si te dijéramos que no queremos que le pidas matrimonio a nuestra hermana… ¿Desistirás?- los hermanos no pensaban oponerse pero querían colocar en una situación incómoda al dragón azul.
-Bien- hizo una pausa antes de continuar- si dijeran que no estarían intentando arruinar la oportunidad de su hermana de ser feliz con un hombre que la adora y que daría cualquier cosa por conseguir hacerla feliz, que la cuidaría como nadie más haría y que le daría la mejor vida posible pero… para responder a tu pregunta no, no desistiré, le pediré matrimonio a su hermana estén de acuerdo o no, no vine a pedirles permiso, simplemente consideré que, siendo la única mujer de la familia y querida por todos ustedes querrían saber de antemano mis intenciones para con ella. No desistiré a no ser que sea ella quien me diga que no quiere casarse conmigo.
-¿Y por qué iba a hacer eso?

Shin-ah dio la vuelta sorprendido, en ningún momento pensó que Lanie se encontrara tras él con su bello rostro sonrojado y sus ojos brillantes dedicándole la mayor y más bella de las sonrisas posibles que le calentó el corazón. La abrazó con delicadeza y con su corazón latiendo desbocado, hizo una pausa y cogió aire antes de hablar.

-¿No habíamos quedado en el bosque?
-Sí, pero llegabas tarde y me preocupe, tú no sueles llegar tarde a nuestras citas, así que volví a casa para ver si te encontraba por el camino y parece que me he llevado una agradable sorpresa.
-yo…
-Shin-ah, te agradezco el gesto que has tenido con mis hermanos pero… no hacía falta, solo tenías que preguntármelo a mí.
-Lo sé, solo quería hacerlo bien- Shin-ah se acercó a ella y la abrazó un momento para luego soltarla y agacharse ante ella, sacó una pequeña cajita y la colocó en su mano, la ayudó a abrirla y sonrió al ver como ella quedaba deslumbrada con el sencillo anillo que se encontraba dentro. Le había pedido ayuda a los chicos, a los dragones y a la pequeña Yona, para elegir el anillo y se habían entusiasmado muchísimo con que el dragón azul se casara. Y ahora, a la hora de la verdad, necesitaba tragar duro para que no se le atolondraran las palabras- Lanie, ¿Quieres casarte conmigo?

La mujer frente a él empezó a temblar, colocó la mano que no sostenía la caja sobre sus labios, como temerosa de dejar salir la respuesta de estos, se agachó a la altura de su acompañante y, delante de toda su familia dio su firme respuesta.

-Por supuesto que quiero casarme contigo Shin-ah.

El dragón azul no se lo creía, después de tanto tiempo solo al fin tenía a alguien (aparte del grupo) que lo conocía y elegía unirse a él para toda la vida, para no volver a estar solo.
Sin darse cuenta como, una solitaria lágrima rodó por su rostro, solo él se dio cuenta de esto.
La primera lágrima en toda su vida que había soltada debido a la felicidad y, en este punto, no pudo evitar pensar que esa solitaria lágrima lo había representado durante toda su vida, nacía sola y seguía toda su vida por un terreno desconocido sin más ayuda que la de la gravedad, al menos hasta que conoció al feliz grupo de hambrientos y a su ahora futura esposa, Lanie.

Abrazó por segunda vez a su prometida y le dio un casto beso en los labios que la hizo derretirse contra su piel caliente. Al separase se sonrieron y Shin-ah le colocó el anillo en el dedo.
De repente se vieron envueltos en un mar de abrazos protagonizado por los numerosos hermanos de Lanie que, sonriendo, empezaban a llamarlo hermano, aumentando el número de personas que llegaban, de forma directa o indirecta, a la vida de nuestro querido y amado dragón azul.

La niebla volvió a bajar y Shin-ah volvió a la realidad, sus compañeros lo miraban emocionados mientras que Kassandra lo miraba con una sonrisa en su rostro.
Yona se acercó a él y lo abrazó con fuerza.

-¡Felicidades! Shin-ah.
-Gracias- su rostro se volvió rojo y Ao saltó del hombro de Kassandra hacia el de él.
-Shin-ah, antes de que le toque al siguiente quiero adelantarte algunas cosas.
-¿Cómo qué?- preguntó extrañado
-Cómo que 3 años después de eso serás padre- Shin-ah, abrió los ojos de manera desmesurada, Kassandra se lo había soltado de una forma tan directa y rápida que le costó hacerse a la idea- una niña.

Giró el rostro hacia sus compañeros, que lo miraban divertido y felices por él que sonreía como no había hecho antes, sonriendo tanto como podía.

-Muchas gracias por esto Kassandra- parecía que no podía controlar su lengua y sus ganas de saltar, algo que no le había pasado antes, pero esa noticia era increíble.
-No hace falta que me las des Shin-ah, ¡ah! ¡Por cierto!- se golpeó la frente- casi se me olvida, 2 años después del nacimiento de tu pequeña vendrá el siguiente- shin-ah la miró extrañado- ¿Qué quieres que te diga? Lo pasan muy bien juntos, normal que tengan varios hijos- le guiñó el ojo pícara, provocando un sonrojo hasta las puntas de las orejas en el dragón azul.

Shin-ah le agradeció de manera apresurada colocándose al lado de sus compañeros, con la duda en su cabeza de si Kassandra había podido ver también como de ¨bien¨ se lo pasaban Lanie y él.

-Bien, ¿Quién quiere ser el siguiente?

El grupo se miraron entre sí, aún quedaban Kija, Yona, Hak y Zeno. ¿Quién daría el siguiente paso al frente y se atrevería a conocer su futuro?

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Espero que les guste, muchas gracias, espero verlos pronto ;) .

He coincidido con el día de San Valentín, espero que a todos les vaya genial y este es mi regalo para ustedes (fue una coincidencia, no lo alargué a propósito jajajajaj).