—Señorita Granger —dijo Moody con su rasposa voz— ¿Desea algo?
Hermione no sabía por dónde empezar; las ideas le iban de un lado a otro de la cabeza, sin ningún orden aparente y se empezó a encontrar algo mareada.
—Siéntese por favor- pidió Moody al verla tambalearse y acercándole un taburete— ¿Se encuentra bien?
—Sí… profesor— esta última palabra le salió algo forzada—. Sólo quería, ehm, bueno…
De repente, Hermione se levantó del asiento; miraba a Moody desafiante y cuando habló lo hizo con voz firme y decidida.
—Le he descubierto, ¿sabe?— dijo con una sonrisa en los labios—. No sé quién es usted, ni qué pretende, pero sé que no es el auténtico Moody.
—¿Cómo?— Moody pareció palidecer.
—Bueno, simplemente lo sé… no he visto su verdadero rostro claro está, pero el otro día vi cómo se transformaba en Moody. Reconozco la poción multijugos cuando la veo.
—Vaya, vaya…— dijo Moody, sorprendido por la audacia de Hermione— Bueno, al menos me alegro de que si alguien tuviera que descubrirme seas tú.
—¿Y por qué yo?— Hermione se sorprendió por aquello.
—Creo que eres una muchacha muy inteligente, por todos es sabido claro está. Sabía que era cuestión de tiempo que terminaras enterándote de esto.
—Perdone, pero no lo entiendo. ¿De qué se supone que debería enterarme?— dijo Hermione con un tono un tanto suspicaz.
—Bueno… eso no sé si contártelo. No creo que estés preparada para oírlo
Esto último lo dijo en un tono grave, y Hermione temió que fuera algo malo… más bien estaba casi convencida de que era algo malo.
—Bueno pero… ¿no va a decirme siquiera su nombre?— Hermione no creía lo que estaba haciendo, hablando con un desconocido que seguramente no fuera trigo limpio.
—Creo que lo que menos importa es mi nombre— dijo él tristemente; se le veía afectado por algo—. Importan más otras cosas que escapan a tu entendimiento.
La miró y ella se estremeció.
—Está bien —suspiró ella—. Pero tendrá que contarme muchas cosas, o Dumbledore se enterará de esto.
—Muy bien —dijo Moody asintiendo con la cabeza— si es lo que quieres… me arriesgo a hacerlo aun cuando las consecuencias que me esperan serán terribles. Te ruego discreción.
—De acuerdo— dudó Hermione.
Se disponía a salir, pero Moody le dijo de repente: "Ah, y no te olvides de devolver a Potter su capa, tal vez la necesite".
—¿Cómo sabe…?— empezó a decir Hermione, pero se quedó sin palabras— "Su ojo mágico, el dichoso ojo"
Moody sonrió, dejando a la vista una dentadura un tanto desigual. Ella aturdida, salió del despacho, se puso la capa y se fue a la Sala Común. ¿Quién se escondía realmente bajo la identidad de Moody? Debería averiguarlo como fuera.
Llegó a la sala común, y por suerte Neville entraba en ese momento, por lo que la muchacha pudo introducirse a través del retrato. Subió al cuarto de Harry, pendiente de qué hacía Neville, pero no parecía que este fuera a la habitación; dobló la capa y la colocó en su sitio. Luego fue a su cuarto, y volvió a bajar, para que la gente no sospechara.
—¡Hermione!—dijo Harry— ¿Por qué no has ido a Transformaciones? Me tuve que inventar que estabas enferma.
—Y es que lo estoy… —mintió Hermione, poniendo una voz que procurara sonar enferma.
—¿Y qué tal te encuentras? Te traigo los deberes.
—Genial —sonrió Hermione. Le alivió poder dejar de pensar en Moody por un momento.
Bajaron a cenar al Gran Comedor; Ron estaba allí con los gemelos, cuando se sentaron los miró de reojo. Harry hablaba como si no existiera.
—La clase de Transformaciones no estuvo mal, la verdad. Aunque Seamus volvió a prenderle fuego a su erizo… creo que este curso no va a ser el mejor para él.
Rieron.
Terminada la cena, fueron a la Sala Común y comenzaron a hacer sus deberes. Tanto Harry como Hermione estaban sumidos en sus propios pensamientos, y su nivel de concentración era mínimo; Harry estaba nervioso por su prueba en el torneo, y cada vez más irritable, cosa que Hermione comprendía perfectamente y por ello no se lo reprochaba.
Ella en cambio, estaba nerviosa por lo ocurrido en el despacho de Moody. "Ya basta —se dijo— basta ya de pensar en esto, ¡como siga así no voy a aprobar nada este curso!" Se enfrascó en sus libros y logró estudiar, al menos un poco.
Ya pasaban las doce; cansados, decidieron irse a sus respectivos cuartos. Se dieron las buenas noches y subieron. Ella lo hizo despacio, abrumada por todo lo que estaba pasando; llegó a la habitación pero cuando iba a cerrar la puerta vio que Harry bajaba a la sala común a toda prisa, con la capa bajo el brazo.
"¿Adónde irá a estas horas? —se extrañó Hermione— Buff, tú eres la menos indicada para hablar, Hermione".
Cansada, se sentó sobre su cama, se puso el pijama y se quedó un instante mirando la lluvia golpeando la ventana, y escuchando el repiqueteo del agua en el cristal, pensando en todo y en nada. ¿Estaría ella confabulando con el enemigo? Esa pregunta la hizo temblar; se metió en la cama.
Era de noche. La oscuridad era total, no había luna. Caminaba por un camino de tierra, dejando sus pisadas a su paso, y lo hacía sin rumbo, desorientada… no sabía donde se hallaba. De repente una luz surgió detrás de ella, y se giró instintivamente; era una luz potente y cegadora, lo que obligó a Hermione a entrecerrar los ojos, pues se habían acostumbrado ya a la oscuridad. Miró durante unos instantes, pero no parecía haber nadie detrás de aquella luz…
Cuando iba a retomar su camino, salió de aquel resplandor una figura: Hermione llegó a distinguirla apenas, pero parecía la de un hombre, era alto y esbelto. A medida que se iba acercando más Hermione estaba más ansiosa… y cuando llegó a su altura vio que era un joven realmente atractivo.
Se acercaron. Juntaron sus caras y se miraron profundamente a los ojos… y de repente, el chico la besó. Lo hizo durante largo rato, y pudo sentir sus labios húmedos sobre los suyos…
Hermione se despertó de repente. Eran las cuatro de la mañana; se sentó en la cama, reflexionando sobre el sueño que acababa de tener. Había sido tan real… pero, ¿quién era ese joven? ¿Era acaso la persona que se escondía bajo la apariencia de Moody?
