Capitulo 4
El día en la escuela sucedió rápido y sin ningún evento importante, como la mayoría de las veces solía pasar. Era un nuevo día y a pesar de que Ruki no durmió mucho la noche pasada se sentía realmente descansada, tal vez debido a lo exhausta que la depuso la batalla improvisada que tubo con ladydevimon oh a que su frecuente pesadilla no se presentó aquella noche. Fuera cual fuera la razón la verdad no importaba, ya tenia dos semanas que no se sentía tan bien.
Caminaba sin prisa por la calle, quería aprovechar cada segundo de aquella tranquilidad que parecía haberse esfumado de su vida. Era en aquellos momentos en los que echaba de menos esos días sencillos en los que nada tenia que ver con digimons y solo debía preocuparse por sus deberes escolares nada mas.
Siguió caminando hasta detenerse en la parada del autobús, que se encontraba totalmente desierta en aquel momento. Se sentó en la banca y se perdió en sus pensamientos mientras llegaba el autobús. "Una vida común y corriente como cualquier otra chica de su edad" pensó ella. Se inclino un poco recargando sus codos sobres sus rodillas y posando su barbilla sobre sus palmas. Una vida fácil, sencilla y sin Renamon estaría completamente vacía. Era cierto que las batallas la agotaban y era un desgastante tener que estar mintiendo a su abuela y ocultando a Renamon como si de una criminal se tratara. Pero jamás cambiaria a su compañera por nada del mundo, eso era un hecho.
Aunque no lo expresara, la chica tenia en gran estima a su digimon, era su amiga, su compañera, incluso podría catalogarla como lo mas cercano a una hermana. Se negaba rotundamente a perderla.
Ruki siguió divagando en su mente por largo rato, el día pasaba lento y calmado, al parecer tampoco llevaba mucha prisa. Levanto la mirada hacia el cielo de aquella tarde, protegiéndose con la mano los rayos del sol para poder ver mejor. Era temprano y no tenía deberes que resolver, tal vez podría tomarse la tarde libre. Ruki lo medito por un momento.
-¿Por qué no? Igual no tengo nada bueno que hacer en casa- la chica se incorporo lentamente y emprendió su camino dejando atrás la desolada banca.
Recorrió las calles durante un par de horas, mirando escaparates y tiendas pero sin buscar nada. Se habría paso surcando un mar de personas que iban y venían de un lado a otro. Finalmente, después de un rato decidió alejarse del bullicio y el ruido, estaba fastidiada de aquellas personas ajenas a su vida.
Vagó varias calles sin un rumbo fijo, o eso creía, pues sus pasos terminaron por llevarla al parque donde solía reunirse con Takato y Henry. Al darse cuenta de a donde había llegado decidió adentrarse por los pasillos del parque hasta dar con la improvisada habitación de Guilmon en un rincón semi-oculto o mejor dicho poco transitado de aquel lugar.
Al llegar, contempló la escalinata que daba hasta el pequeño cubículo, meditando. Solo el bailar de las hojas de los arboles rasgaban el silencio y la calma de aquella solitaria zona. Finalmente, como movida por una fuerza invisible, comenzó a ascender por la escalinata de concreto con la mirada siempre fija en la cima donde se encontraba la bodega.
Avanzó hasta quedar a unos pasos de la vieja bodega, haciendo crujir algunas hojas secas bajo sus pies.
La reja que guardaba el lugar estaba entreabierta. La chica reparo en que algunos de sus barrotes estaban doblados, probablemente cortesía del juguetón dinosaurio rojo que ahí moraba. Una leve sonrisa asomó en su rostro.
-¿Guilmon?- sus palabras hicieron eco al chocar con las abandonadas paredes. Nadie más que aquel eco de sus palabras le respondió. Probablemente Takato y Guilmon seguían de vacaciones, fuera de la ciudad.
Posó sus dedos sobre las barras de la reja, rosando aquellas que se encontraban dobladas. Guilmon era un desastre, no tenia disciplina alguna y que decir del otro pues tampoco se quedaba atrás. Ambos estaban demasiado mimados y eso era falta de sus tamers.
Se acercó un poco más a la reja hasta quedar a su altura. Aun había suficiente luz para vislumbrar dentro de la vieja bodega. Tardo un poco para que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad, por un momento le pareció ver al dinosaurio rojo escavando en el fondo de aquel solitario lugar. Fijo su mirada en el enorme agujero que el digimon se había empecinado en hacer sin motivo aparente. Escruto detenidamente en aquel oscuro abismo, algo en el parecía absorberla.
-¡RAAAR! ¡Te pille!- Ruki se volvió dando un respingo al tiempo que asió con fuerza uno de los barrotes de la reja -¿Cómo estas Ruki? ¿Qué te trae por aquí?
-¡Juri! No te escuche acercarte. Casi me matas de un susto, no lo vuelvas ah hacer eso.- apremio con la respiración acelerada.
-Hahaha ¡lo siento! Te vi tan concentrada que no pude resistirme a tomarte por sorpresa.- sonrió. Juri iba vestida de civil y llevaba cargando una enorme bolsa de mandado. Cierto, ella ya había dejado de atender a la escuela y se encontraba de vacaciones de verano igual que Takato, recordó.- ¿Tú también los extrañas? Takato y Guilmon. Este lugar esta muy triste desde su partida.
Juri dirigió su mirada hacia el interior de la bodega, mirando con nostalgia, parecía estar perdida entre algún recuerdo. Ruki la observaba sin decir nada.
-No te preocupes. Pronto volverán.- se volvió haciendo un guiño pícaro. La pelirroja captó la indirecta de su amiga y rauda se volvió un torrente de palabras con un rubor en sus mejillas.
-¿ahh? ¡No espera! No es lo que tú crees. Yo solo pasaba por aquí… y eso es todo. No es que extrañe a alguien. – había liberado la barra y hacia ademanes con sus manos negando efusivamente.
-vamos. Takato es un buen partido. Además hacen una bonita pareja. O es que…-Juri calló un segundo. Disfrutaba molestarla con esas cosas. Con una mirada traviesa miro a Ruki y continúo hablando.- ¿Sientes algo por el joven Wong?
Ruki se pusó roja al escuchar las palabras de su amiga.
-hahahaha ve como te pusiste. ¡Entonces es verdad! ¡Sientes algo por Henry! Tranquila prometo no decirle a nadie. "Wong Makino" que bien suena ¿no crees?
-¡NO! ¡No suena bien! ¡Yo no tengo interés en ninguno de esos dos perdedores! ¡Solo se la pasan avergonzándome! Ya para de decir tonterías.-airada y algo malhumorada la pelirroja dio media vuelta haciendo ademan de irse, pero se detuvo sobre el borde de el escalón mas alto. Se sentó sobre este cruzando los brazos sobre sus piernas dándole la espalda Juri.
Juri se acercó y se sentó junto a ella haciendo a un lado la enorme bolsa demandado.
-Ya, no te enojes, solo bromeaba. – Argumento con una sonrisa- Por cierto ¿Cómo se encuentra Renamon?
Ruki miro confundida a Juri, la pregunta la pillo por sorpresa. No había visto a Renamon en todo el día. Por su mente cruzó el recuerdo de su compañera desapareciendo entre intervalos en aquel extraño edificio. Negó con la cabeza, apartando aquel mal recuerdo.
-¿Ruki? ¿Esta todo bien?
- Si, no pasa nada. Solo me perdí por un momento.- La voz preocupada de su amiga la había hecho volver a la realidad.- Renamon esta bien. Probablemente se esté paseando por algún lado de la ciudad.
-Ah, es curioso… siempre me eh preguntado ¿Porqué no pasas tanto tiempo con ella así como Takato y Henry lo hacen con Guilmon y Terriermon? Casi nunca las veo juntas
-No es que no pase tiempo con Renamon, es solo que no soy tan indiscreta como ese par de tontos. Además Renamon tiene un tamaño considerable, llamaría la atención fácilmente, no es tan pequeña como ese enano orejón.- Se justifico dando aquel argumento como si ya lo tuviese escrito.- no me pidas que sea tan indiscreta y descuidada como ellos.
-hahahaha que mala eres con ellos.- Juri calló y dirigió su mirada hacia abajo, ahí donde la escalinata empezaba.- si tal vez sean algo inmaduros o como quieras llamarles. Pero se comportan así por que los quieren demasiado y no soportan estar separados.- Ruki iba a protestar pero Juri se volvió para verla de frente y continuo hablando.- No es necesario que digas nada. Estoy segura que tu quieres a Renamon tanto como ellos quieren a sus digimons , aunque no lo demuestres abiertamente. Sé que si de ti dependiera optarías por estar con ella a cada momento sin necesidad de esconderla de nadie.
Ruki digirió poco a poco las palabras de Juri. En efecto aquello era lo que mas deseaba. Suspiro profunda y pausadamente. Disfrutaba mucho de la compañía de Juri, al igual que la de los otros, solo que ella llenaba un vacío que tanto había ignorado, un vacío que solo podía completarse con la compañía de una persona de su misma edad y sexo que quisiera estar con ella. En Juri encontraba una amiga, algo de lo que carecía.
Ruki jamas se había tomado el tiempo de tratar con las demás chicas de su clase o de otras clases y, estas a su vez no tenían interés en lidiar con alguien tan orgullosa y fría. Había un fuerte rechazo por ambas partes. Esto se debía a la fama que tenia entre las chicas de su clase y ella era consiente de ello. Pero la verdad era que no le importaba en lo absoluto lo que sus demás compañeras de clases pensaran sobre ella. "Sea, piensen lo que quieran que a mi eso no me quita el sueño" habría sido un gran argumento para acallar aquellos susurros sobre su persona que huían como molestas moscas cobardes cuando recorría los pasillos de aquel instituto lleno de personas hipócritas e interesadas. Pero no lo haría, callaría, pues no pensaba rebajarse a su nivel. Fue así que sus compañeras acumularon un rencor y unos celos injustificados hacia ella ya fuera por su orgullo o por su fría indiferencia.
Pero Juri no era como esas personas. Era amable, sencilla y siempre buscaba llevarse bien con todos. Por esas y muchas razones mas se sentía cómoda a su lado.
-Hey ¿no quieres comer un bocadillo que compré?- Preguntó Juri después de unos minutos de silencio. Ruki la observó hurgar en la enorme bolsa de mandado que tenia a su lado.- ¡Aquí tienes!
Yuri le ofreció un enorme pan de azúcar que había extraído de la bolsa, envuelto en una papel transparente.
-No es necesario Juri. Yo comeré llegando a casa. No quisiera meterte en problemas con tu familia…- Argumento, dudando en aceptar el ofrecimiento de su amiga. Sin embargo no podía retirar la mirada de aquel bocadillo. Una punzada aguijoneo su estomago, no quería admitirlo pero estaba algo hambrienta por tanto caminar.
-¡puff! Que va. No te preocupes y acepta. Estos panes los compro a escondidas con el dinero que a veces sobra de cada vez que voy ah hacer las compras. Un pequeño pago por mis servicios.- insistió, animando a la pelirroja a que aceptara al tiempo que extraía otro pan de la bolsa, dirigiéndole una mirada de complicidad.
Ruki exhalo y acepto ante la obstinada insistencia de Juri. Dejo su mochila a un lado para estar mas cómoda y se dispuso a comer.
-Muchas gracias, te lo retribuiré después- retiró con paciencia forzada la envoltura, combatiendo contra el hambre que le aguijoneaba el estomago. No quería mostrar cuan hambrienta estaba para así evitar que Juri le ofreciera mas comida por lo que, luchando contra las necesidades que su cuerpo le exigía saciar, procuro comer dando pequeñas mordidas, masticando lentamente pero saboreando cada bocado.
-Vienes de la escuela ¿cierto? ¿Aun no estas de vacaciones? – preguntó entre bocados, reparando en que su amiga aun llevaba el uniforme de la escuela.
-si, es un verdadero fastidio. Ya estoy cansada de tantas tonterías, tienes suerte de estar de vacaciones.
-No tengo nada de que presumir. Para mi es solo un pequeño suspiro pues sigo estando ocupada por las tardes, cuidando de mis hermanos y ayudando a mis padres en el negocio algunas noches.
Ruki dejo de comer y observó a Juri, quien, indiferente a los pensamientos de su amiga continuaba disfrutando su golosina. Al escucharla, no pudo evitar sentirse culpable por orillarla a compartir su comida.
-¿Quieres? No creo poder acabarlo…- Ruki le tendió lo que restaba del pan a su amiga al ver que esta ya había terminado con el suyo. Esta observó con los ojos bien abiertos, se limpio las migas de la cara y tomó el pedazo de pan.
-Bien yo te ayudo.- continuo. Ruki sonrió sutilmente.
Caminarón entre los arboles, deteniéndose en alguna estatua o banca a descansar, charlando durante horas recorriendo el parque sin seguir un camino en específico. Distraídas, siguieron así hasta que el sol comenzó a esconderse y las primeras farolas de la noche se encendieron.
-¡AHH! ¡Ya es muy tarde! Debía estar en casa hace algunas horas. ¡Debo irme! Nos vemos luego Ruki. ¡cuídate mucho! ¡Bye!
-Nos vemos. ¡VE CON CUIDADO!- se despidió de su amiga contemplando como se perdía entre las sombras de la noche.
Una vez que la perdió de vista, Ruki decidió continuar su camino. Dirigió su mirada al cielo, tenia un color purpura que comenzaba a tornarse azul. Si se daba prisa llegaría a tiempo para la cena.
Las calles parecieron haberse vaciado solo para facilitarle el regreso a casa. El viaje en metro, que solía ser bullicioso a esa hora, transcurrió calmado y sin contratiempo alguno. Se abrió paso entre las solitarias calles. Al poco tiempo vislumbró su casa que lucia silenciosa y apagada.
Caminaba sin prisa, arropada por la oscuridad de la noche que se desgarraba de cuando en cuando al cruzarse con la luz de la luna o de alguna farola. No pudo evitar sentir algo extraño en el ambiente de la noche. No sabia como ponerlo en una palabra pero ese espectral silencio y aquella pesada calma comenzaban, de alguna forma, a inquietarla. Pareciera como si la misma noche estuviese guardando su silencio a propósito, esperando expectante lo que sea que fuese a ocurrir.
Se detuvo frente a la astillada puerta de su casa. Dudo un momento en atravesar aquel umbral. Lentamente abrió la puerta y se hizo camino hasta el recibidor.
-Ya llegue- se sentó sobre el desnivel que se encontraba en la entrada del recibidor para remover sus zapatos. Colocó sus calzados junto a los otros, mientras esperaba una respuesta.- ¿abuela?
Nadie respondió. Se incorporó lentamente y comenzó a andar por los pasillos de la casa. La casa estaba en penumbras que solo se perdían bajo la luz de la luna en las habitaciones que yacían sobre los pasillos quedaban al enorme jardín de la casa. Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad pero no pudo hacer lo mismo por aquel silencio que la había estado siguiendo.
Se dirigió a la cocina con la esperanza de encontrarse con su abuela Seiko. Tal vez estando atareada con la cena no se había dado cuenta de su llegada, pensó la pelirroja, si eso debía ser. Pero sus esperanzas se esfumaron al encontrar la cocina vacía y en penumbras. Se quedó parada en la entrada tratando de escrutar algo en la oscuridad, no alcanzaba a distinguir nada. Con su mano palpó la pared más próxima a ella buscando el interruptor de la habitación.
Encendió la luz. Alcanzó a vislumbrar unos trastos sucios en el lavadero y algunas cacerolas sobre la estufa. Se acercó a la estufa y destapó una enorme cacerola blanca dejando escapar algo de vapor. Observó a través de la cortina de humo que se había formado, la cacerola contenía arroz blanco que al parecer no tenia mucho de haberse cocido. Volvió a taparla para que la comida no se enfriara y salió de la cocina apagando la luz y cerrando la habitación tras de si.
-hmmn ¿Dónde estará?- suspiro. Era extraño que su abuela saliera a esas horas de la noche sin dejar recado. Mientras meditaba sobre el posible paradero de Seiko se dirigió al comedor.
Se detuvo frente a la puerta de este. Tenía el ceño fruncido y mordía su pulgar con ansia. Aun seguía preguntándose donde podría estar Seiko. El comedor se encontraba sobre el pasillo que daba al jardín por lo que Ruki podía observar gran parte de las habitaciones gracias a la luz de la luna.
Quizá su abuela se encontraba en su habitación, sentada frente al ordenador con los auriculares puestos. Podría ser. Buscó con la mirada la habitación de su abuela al otro lado del jardín. No la veía claramente. Decidió ir a echar un vistazo por si las dudas.
Se decepciono al ver que este se encontraba oscuro. Se disponía a volver cuando algo llamó su atención. La puerta estaba entreabierta.
-¿abuela estas ahí?- bajó su tono de voz, pues creyó que posiblemente se encontrara ya durmiendo. Acercó su cabeza a la puerta para escuchar mejor, posando suavemente su mano sobre la puerta corrediza. Escuchó atenta en busca del más mínimo sonido pero una vez más solo obtuvo silencio por respuesta.
Volvió sobre sus pasos en dirección al comedor, estaba comenzando a preocuparse. Había mirado por el pequeño espacio que dejaba ver la puerta entreabierta, sin abrirla un ápice más. No quería entrar en la habitación de su abuela sin su permiso, no le gustaba andar husmeando en las cosas de otras personas por respeto a su privacidad, y si alguien respetaba era a su abuela. Caminaba decepcionada pues solo había alcanzado a vislumbrar otra habitación vacía.
Una vez más se encontraba fuera del comedor solo que esta vez entró sin quedarse a pensar en nada. El comedor, al igual que las demás habitaciones se encontraba en penumbras. No tardo mucho en dar con el interruptor y encendió la luz.
La habitación se ilumino y, al instante reparo en la mesa que estaba puesta para cenar. Rodeo la mesa, se sentó sobre sus rodillas haciendo aun lado su pesada mochila que la había estado hostigando todo el día. Quedo sentada del lado opuesto a la entrada.
Observó que en la mesa estaban puestos cubiertos, platos y vasos limpios pero sin comida. Recargo sus brazos sobre la mesa, su mirada se perdió en el centro de esta, meditando una vez más. Todo aquello era muy inusual y por más vueltas que le daba a la cuestión, no encontraba una respuesta que encajara con todo aquello.
Era ridículo pero lo peor era que cada vez que buscaba una posible explicación, en su mente aparecía el recuerdo de aquella estúpida pesadilla sin sentido ofuscando sus pensamientos y perturbándola cada vez mas. Temía que aquel sueño tuviera algo que ver pero la misma idea le parecía absurda, una estupidez.
Ruki, aun arrodillada, se semi-incorporo apoyando con fuerza sus palmas sobre la mesa. Giro sobre si, alcanzo su mochila y comenzó a remover entre sus cosas. Pocos segundos después encontró lo que buscaba, su digivice.
¿Cómo no se le había ocurrido antes? Llamaría a Renamon y le preguntaría si no sabía a donde había ido su abuela.
-Renamon ¿estas…?- guardo silencio al escuchar los pasos de alguien que se aproximaba por el pasillo.
-¿Ruki? ¿Eres tu hija?- llamó la voz de una mujer al otro lado del pasillo. Sin saber bien el porqué, la pelirroja no respondió. Se limitó a posar sus manos suavemente sobre la mesa dejando reposar el digivice bajo su palma. Se quedó paralizada, observando la puerta que había dejado abierta.
-¿madre?- volvió en si al ver recortarse la figura de su madre bajo la luz de la luna en la entrada de la puerta. Rumiko llevaba puesto un saco café que solía usar en las frías mañanas de invierno, pero ese día no hacia nada de frio, estaban a la mitad del verano. La chica reparo en que su madre se veía cansada, prueba de ello era la forma en la que sujetaba con desgana la correa de su bolso con su mano derecha dejando que este colgara casi hasta el suelo. En su mano izquierda llevaba el celular pero eso era típico de ella. – ¿y mi abuela?
Rumiko observo a su hija desde la entrada. Tenía una cara de preocupación y confusión. Ruki la miraba desde su lugar con el ceño fruncido. Por fin Rumiko entro en la habitación quedando a unos pasos de su hija del otro lado de la mesa.
-Tu abuela me llamó hace una hora preocupada por que no te habías presentado a comer y no habías contestado las llamadas a tu celular… y al ver que se hacia tarde y no llegabas hemos salido a buscarte -argumento Rumiko con un tono calmado, ocultando su preocupación y enfado detrás de sus palabras.
Ruki abrió los ojos de par en par. Ahora todo tenia sentido. Por estar con Juri había olvidado por completo avisar que llegaría tarde, pero su celular… en ningún momento lo había escuchado timbrar.
-Perdona, olvide por completo avisar que llegaría tarde.- respondió dubitativa. Era extraño, pero sentía miedo por la forma en que su madre la miraba.
-Y ¿el celular? ¿Por qué no le contestabas a tu abuela?- alzo su tono de voz. Ruki no pasó por alto el reproche implícito en aquellas preguntas.
-En ningún momento escuche timbrar mi celular por eso no conteste sus llamadas.- sabia que esa respuesta haría enfadar a su madre pero era la verdad.
-Pues claro que no lo hiciste por que apagaste el celular ¿acaso crees que soy tonta?- Ruki arrugo la frente confundida. No, no lo había apagado, lo mas probable es que la batería se haya agotado y no se había dado cuenta.
-No, no lo apague. Seguramente se descargo y no lo note pues no lo eh tocado en todo el día.- habló de forma lenta, con el tono mas calmado y serio que pudo, conteniendo su ira.
La pelirroja hurgo nuevamente en su mochila, manteniendo la calma y buscando con tiento. Extrajo el celular, que se encontraba en una pequeña bolsa de la mochila, lo coloco sobre la mesa con la pantalla mirando hacia arriba, para que ambas pudieran verlo. En efecto el celular se encontraba apagado, Rumiko enarco una ceja mirando a su hija, en señal de quien pide una explicación.
Ruki no se arredro ni mostro confusión en su rostro. Con calma presionó el botón de encendido con su dedo índice. El celular se encendió y la pantalla se ilumino con un color azul fosforescente. Rumiko hizo ademan de tomar el celular pero este hizo un ligero "bip", mostro la imagen de una batería vacía que rezaba "batería baja", parpadeo un par de veces y se apagó nuevamente.
Ambas observaron el celular. Ruki con indiferencia, reclinada desde su lugar con los brazos cruzados sobre la mesa y Rumiko de pie con el semblante serio apretando los labios.
Ruki dirigió su mirada a un rincón del comedor. Las cosas comenzaban a ponerse tediosas, seria mejor que se retirara antes de que se molestara por nada.
- Como no tenía deberes que hacer esta tarde decidí dar una vuelta para despejarme un poco de la escuela. De rato me tope con un amiga y perdí la noción del tiempo hablando con ella. Eso es todo. Sé que debí haber llamado y lamento haberos preocupado de esa forma, prometo que no se repetirá. Me retiro a mi habitación.-La pelirroja cogió su celular y su digivice con una sola mano, asió la correa de su mochila con la otra y se incorporo despacio mientras se explicaba.
-Espera quiero hablar contigo.-Ruki se detuvo en la entrada, ya había cruzado la habitación. No se volvió si no que solo se limito a escuchar.
-¿ahh? ¿Qué sucede? Ya te explique por qué llegue tarde y no presente a comer, incluso te pedí disculpas.- suspiró cerrando los ojos. Estaba perdiendo la paciencia.
-¿Quiero que me digas donde estuviste anoche? Y ¿Qué me expliques que hacia una de tus blusas del uniforme ensangrentada y hecha girones en la puerta de la entrada?- sentencio Rumiko acercándose silenciosa hasta quedar a la altura de su hija para verle la cara, pero solo la veía de perfil pues esta no se dignaba a mirarla a los ojos.- Tu abuela y yo estamos muy preocupadas por lo que haces en las noches. Le dije que hablaría contigo sobre esto, así que explícate.
Ruki abrió los ojos como platos y se volvió, encontrándose con la dura mirada de su madre a su lado.
-¡Respóndeme! ¿Por qué razón tu abuela encontró una de tus blusas de la escuela en tal estado?- sentencio apremiante.
Sus latidos y su respiración se aceleraron. Lo que tanto temía estaba apunto de volverse realidad, su abuela había descubierto lo que ella debió haber desaparecido. Ahora por ese pequeño desliz, se encontraba atrapada en un callejón sin salida, contra la espada y la pared y era su madre quien la blandía.
Buscaba una salida, una coartada, lo que sea que pudiera dar una explicación razonable. Pero por primera vez no tuvo idea de que argumentar, estaba demasiado nerviosa como para pensar en nada.
-yo…yo…- desvió la mirada hacia el rincón de la habitación que hace tan solo unos segundos había estado observando, como si ahí fuera a encontrar una salida. Se dio cuenta que ya había vacilado demasiado pero aun así se aventuro a continuar.- tuve un pequeño accidente en el parque con un animal.
En teoría eso casi era la verdad pero de nada sirvió. Rumiko, como si de un libro se tratara, leyó y vio tras las palabras de su hija.
-¡Mientes! ¿Es que acaso crees que soy estúpida?- gritó, por fin había perdido los estribos.
-¡Escucha! Me descuide y tuve un pequeño accidente camino a casa ¡gran cosa! Es solo que no quería que se enteraran para evitar esta perdida de tiempo por eso intente ocultarlo de ustedes. Pero sin darme cuenta perdí la blusa en alguna parte del camino.- ella también había perdido la calma debido a las acusantes preguntas de su madre.
-¡Por Dios! Escucha lo que dices.- Rumiko desesperada se llevo la mano con la que sujetaba el bolso al tiempo que negaba incrédula por lo que argumentaba su hija.- eres todavía una niña de ¿11 12 años? Y quieres andar vagando sola de noche por las calles, haciendo no sé que cosas. Lo peor es que te das el lujo de volver a altas horas de la noche. Te comportas como si tuvieras suficiente edad para cuidarte sola ¡Pues no! Las cosas no deberían ser así, las niñas de tu edad deben obedecer a sus mayores.
-¡Estas exagerando demasiado las cosas y me acusas como si hiciera algo malo!
-No, no estoy exagerando nada. Digo las cosas como son. Las últimas noches las has pasado fuera de casa y llegas a la hora que se te da la gana, manteniendo a tu abuela en vela, esperando tu regreso cada noche. Varias veces me eh preguntado ¿Qué haces ahí afuera? ¿Qué es lo que tanto te ínsita a arriesgarte así?¿Es un chico acaso? ¡Por que si es así te prohíbo…!
-¡Ya basta! ¡Ya! Es suficiente. No quieras jugar el rol de madre preocupado conmigo por que no te lo permito. No salgo con nadie y tampoco hago nada malo en absoluto lo demás es asunto mio.- no lo soportaba mas, su cuerpo temblaba corroído por la rabia que la recorría como si fuese electricidad. Estaba harta de aquellas injustas acusaciones pero sobre todo estaba cansada de la interferencia de su madre. Oprimía con fuerza su digivice contra su celular, como si quisiera estrellarlos. Miro fijamente a su madre y continuo hablando-me retiro a mi habitación no quiero seguir escuchándote.
Dicho esto se llevo la mochila al hombro y se abrió paso por el pasillo ignorando los gritos de su madre.
-¿A dónde crees que vas? No hemos terminado ¡Ruki! ¡Ruki!- Rumiko siguió los pasos de su hija llamándola a gritos por el pasillo pero sin obtener respuesta. Iba hecha una fiera, furiosa por el trato de su hija. Su celular comenzó a sonar haciéndola enfurecer aun más. -¡AHH! ¡AHORA NO! ¡¿Qué? Maldición, era tu abuela y le colgué ¡Grrraaah! Pero ella tiene la culpa, por ser tan blanda contigo ¡Por su culpa eres una malcriada! ¡Ingrata! ¡Pero eso lo cambio ahora mismo!
Ruki se detuvo en seco y se volvió bruscamente regresando sobre sus pasos. Ya no pensaba con claridad, Rumiko había mordido fuerte con su comentario y ahora era ella a quien le correspondía el golpe.
La puerta de la entrada se abrió dejando pasar a Seiko quien regresaba de buscar a su nieta. Había llamado a su hija para comentarle que volvía a casa a ver si Ruki ya había regresado pero esta no le contestó la llamada. Caminó cabizbaja hasta el recibidor preguntándose si su nieta ya había vuelto oh si se encontraba con su madre en algún lugar de las oscuras calles. Pero sus dudas se aclararon al ver que los zapatos de ambas ya se encontraban ahí acomodados. Suspiró agradecida.
-Hija, Ruki ya estoy en casa. ¿Dónde están?- llamó mientras se retiraba los zapatos, pero nadie le respondió pues ninguna de las dos la escucharon hablar. Seiko confundida se encamino por el pasillo, no se imaginaba lo que estaba apunto de presenciar.- ¿hola…? Hija… Ruki…
-Mi abuela es la única en esta casa a la que debería llamar madre. En algo llevas razón, ella me a criado y asido muy a amble conmigo, cosa que tu no has hecho. Así que nunca vuelvas a hablar mal de ella en mi cara porque ella es lo que tú nunca serás.- todo lo había dicho de manera lenta, seria y clara sin levantar la voz mientras caminaba en dirección hacia Rumiko, siempre mirándola o a los ojos colérica por todo lo que había dicho esa noche, se había acercado hasta quedar un palmo de su rostro.
El bolso de Rumiko se deslizo de entre sus dedos y calló al suelo, pero ninguna le puso atención. Un golpe seco resonó en todos los rincones de la casa desgarrando el sepulcral silencio de aquella noche.
Todo sucedió demasiado rápido y Ruki no parecía poder asimilarlo. Rumiko había elevado su brazo derecho y lo había descargado con furia sobre el rostro de su hija.
Sintió un dolor ardiente sobre su rostro. Dio unos pasos hacia atrás pues la fuerza de la bofetada casi la hace perder el equilibrio. Por puro instinto se había llevado la mano a su mejilla izquierda, aun podía sentir la mano de su madre impactando contra su rostro. Tenia los ojos abiertos, fuera de sus orbitas, aquello era como haber recibido un baño con agua helada.
-¡Eres una estúpida! ¡Eso era lo que querías ¿cierto? ¡Que te cerrara la boca de un golpe!-estaba fuera de si, aun mantenía la mano en donde antes se encontraba el rostro de su hija. Había descargado la ira que llevaba acumulada.
-¡Rumiko! ¿Qué hiciste? ¡¿Por qué le has pegado?-Seiko, quien había presenciado toda la escena, se aproximaba desde el otro extremo del pasillo para detener a su hija.
-¡No sabes lo que estas diciendo! ¡Estas castigada! ¡No saldrás más! ¡Dame esa baratija!- Rumiko se abalanzó sobre su hija intentando arrebatarle el celular y el digivice. Ruki se quedó congelada sin saber que hacer, No reacciono hasta sentir la mano de su madre tratando de arrancarle el celular y lo más importante su digivice.
-¡Ya vasta las dos! ¡Por Dios! ¡Suéltala!-Seiko se había interpuesto entre ellas tratando de separarles pero esto era en vano.
-¡No te metas en esto madre! ¡Esta niña necesita que la corrijan pues no parece entender nada! Y solo dice estupideces.- Espetó asiendo con fuerza la muñeca de su hija para que soltara el celular y el digivice.- ¡Estoy cansada de sus altanerías y sus insultos! ¡Le voy a enseñar que ella no es la que manda aquí!
El silencio de la noche había quedado opacado por los gritos de la familia que ahí moraba.
-¡Nhhhh! ¡Ahhhh!- Ruki gemia y forcejeaba con desesperación para librarse del yugo de su madre. Estaba tan afanada en liberarse que no escuchaba con claridad lo que sucedía a su alrededor.
Con la desesperación y el miedo que embargan a un animal herido, Ruki se lanzó contra su madre empujándola con su cuerpo. Rumiko se sobresaltó lo que provoco que retrocedieran unos pasos y aflojara la mano con la que trababa a su hija. La pelirroja aprovecho la confusión y tiró con fuerza para librarse, aunque quizás había tirado con demasiado fuerza. Se zafó bruscamente dio dos grandes pasos hacia atrás para mantener el equilibrio pero lo perdió al tropezarse con sus propios pies en el tercero. Cayó de espaldas dando un ronco golpe contra el suelo. Al desplomarse cerró con fuerza los ojos interponiendo instintivamente las manos para detener la caída, pero terminó por amortiguarla con los codos.
Sujeto con tiento su codo derecho reclinándose un poco hacia el mismo lado, tratando de apaciguar un poco el dolor que le atenazaba la articulación. Cerrando lo ojos con fuerza lamento no poder ocultar una mueca de dolor. El daño la estaba doblegando. Estaba asustada, tal vez se había roto algún hueso al momento de caer.
Fueron los gritos de su madre los que la hicieron volver en si.
-¡Mama! ¡Mama! ¿¡Estas bien!- Ruki abrió levemente los ojos, lo suficiente para observar que ocurría. Al contemplar la escena le dio un vuelco el corazón y abrió bien los ojos. Seiko yacía boca abajo sobre la arena del jardín. Su abuela había caído por el ligero desnivel que había entre el pasillo y el jardín. Rumiko se encontraba a su lado, tratando de auxiliarla pero sin saber muy bien como pues temía lastimarla.- ¡Todo esto ah sido tu culpa! ¡Ve lo que has provocado!
-No… yo eh…tropezado… no la regañes… no fue… no fue su culpa…- Intercedió Seiko entre jadeos, tratando de incorporarse. No quería reconocerlo para evitar más conflictos, pero el dolor casi no le permitía moverse. Se sobrepuso al sufrimiento y poco a poco fue incorporándose.
-Ya deja de defenderla, es por tu amabilidad que se ah vuelto tan mimada y malcriada. ¡Eres demasiado buena con ella y ve como te lo paga! No madre, esta vez no te dejare interceder por ella.-Rumiko le rodeo por la cadera y le tendió su mano libre para que se apoyara y no fuera a caer de nuevo.
Seiko apoyo su mano sobre la de su hija y con su ayuda logro ponerse de pie. No parecía haberse lastimado seriamente, era solo el susto y un poco de dolor por la caída. Había terminado toda aterrada y empolvada. Supuso que lo más grave era un hilillo de sangre que brotaba de su labio inferior pues se había partido al caer, nada grave, pensó. Gracias a Dios no había pasado nada que se pudiera lamentar aunque Rumiko no estaba muy segura de eso.- mañana mismo iremos a ver a un medico para que te revise.
-Hija yo me encuentro bien tranquilízate- Argumento, haciéndose a un lado y camino hacia el pasillo. Dirigió la mirada hacia su nieta para ver como se encontraba pues ella también se había llevado un buen golpe. Al verla se encontró con una niña asustada, semi-incorporada sobre sus rodillas, sobando su herida, buscando apagar el dolor. La chica observaba aterrada con los ojos bien abiertos y la boca entornada, sin saber que decir.- ¿estas bien hija? ¿Te has lastimado?
-Ya vasta mama. Te dije que no la defendieras— Rumiko se adelanto hasta quedar al lado de su madre después viro y se dirigió a su hija con ira sin importarle que se encontrara en el suelo.-y Tu. Estas castigada. No saldrás mas, ni por las noches ni por las tardes. Atenderás a clases y volverás inmediatamente a casa. No veras para nada a tus "amigos" y "amigas" que dices tener.
Rumiko calló, dio un paso más hacia su hija, se inclino un poco y con un tono serio y menos fuerte dijo.
-Y para asegurarme de que cumplas. Me quedare con esto. No lo volverás a ver hasta nuevo aviso.-Se agacho y cogió el celular y el digivice de Ruki que rodaron por el suelo, lejos de ella después de que los soltara accidentalmente al caer.
La pelirroja, sentada sobre sus rodillas, abrazando su miembro herido, observo con impotencia como su madre se llevaba sus pertenencias y las guardaba en las bolsas de su saco. Ruki no protesto, no pudo hacerlo. Su respiración se aceleró. Había engullido, su orgullo, su rabia y su dolor en un trago amargo tratando de contener lo peor.
-Rumiko no puedes castigarla de esa manera, estas siendo demasiado injusta. Tu no…
-Eh dicho. Yo soy su madre aquí. Yo sabré como educarla.
Seiko iba a protestar pero guardo silencio al ver que su nieta intentaba incorporarse. Se tambaleo un poco, casi volvía a perder el equilibrio. Seiko hizo ademan de atraparla con las manos pero se detuvo cuando esta recupero el equilibrio.
Una vez de pie, sin decir nada le dirigió una última mirada desafiante a su madre. Esta no se inmuto, le sostuvo la mirada tratando de doblegar el poco orgullo que le quedaba. Ella no se dejo vencer por su madre, hizo un gesto de indiferencia y se giro hacia su abuela para enfrentar la parte difícil. Había dejado de sujetar su brazo herido para sentirse más fuerte y segura, no quería verse débil. Miró a los ojos a su abuela y comenzó a hablar.
-Abuela, perdóname yo de verdad… lo…lo…-la voz se le quebró al ver el rostro empolvado de Seiko. Ya no podía soportarlo más. Sintió una gran opresión en el pecho al ver el hilillo de sangre brillando en la oscuridad sobre el labio de su abuela. Apretó fuerte los labios hasta que se volvieron finas líneas blancas, un nudo se había formado en su garganta impidiéndole emitir sonido alguno. Se sentía avergonzada ante la mirada preocupada y triste de su abuela que para sus ojos solo reflejaban decepción.
Dio uno, dos, tres pasos hacia atrás sin apartar la mirada. Antes de que fuera tarde, con la culpa carcomiéndole las entrañas, dio media vuelta y corrió atravesando las sombras del pasillo en dirección a su alcoba, sin volver la mirada y sin decir nada más.
-No. ¡Ruki, Hija! No te vayas, regresa.- Seiko extendió su brazo haciendo ademan de detenerla. Estaba conmovida por lo que había visto en el rostro de su nieta. Dolor, tristeza, impotencia, todo eso adornaba su rostro junto con la marca teñida en rojo que había dejado su madre sobre su piel blanca. Pero lo que mas había tocado su corazón, casi haciéndolo sangrar del dolor, eran las lágrimas que su nieta se esforzaba tanto en esconder.
Conocía muy bien a su nieta, sabia que era una chica fuerte que no le gustaba mostrar debilidad o tristeza. Sabia que Ruki se había tragado su orgullo mientras la rabia la consumía por dentro, que se sentía impotente ante las injustas demandas de su madre, pero nada de aquello era la causa de sus lamentos. La culpa era el verdadero detonante, culpa que sentía por "haberla hecho caer", y aunque en cierta forma sido había participe, no era cien porciento su responsabilidad, pero aun así ella había decidido cargar con todo para castigarse y eso había sido demasiado, mas de lo que podía soportar.
-Con eso entenderá. Espero que no interfieras en mis decisiones.- sentencio Rumiko mientras se agachaba para recoger su bolso.
-Escucha Rumiko. Ruki será tu hija, pero la única autoridad en esta casa soy yo y mientras vivas bajo mi techo no te permitiré tratar de esa forma a mi nieta.
-Cuida bien tus palabras madre, por que si ese es el problema, en este instante me marcho y me llevo a mi hija conmigo aunque tenga que arrastrarla del cabello ¿Es eso lo que necesito?¿Irme lejos de aquí para poder criar a mi hija como creo que es correcto? O ¿Tengo que mandarla a un internado para que alguien más la corrija? Pues al parecer dudas de mi capacidad para hacerlo ¿Eh? ¿Qué debo hacer? ¡Respóndeme!- A Seiko se le encogió el corazón al escuchar las amenazas de su hija. No pudo evitar hacer una mueca de dolor al pensar que se llevarían lejos a su nieta. Rumiko la miraba impaciente esperando una respuesta.
-Esta noche me confirmaste varias veces que aun te falta mucho por entender. Me mostraste que una pequeña niña es capaz de sacarte de quicio, que la única respuesta a la que recurres es la violencia, que careces de paciencia. Lo peor es que veo con tristeza que no conoces a tu propia hija pues no sabes escucharla. No, no digas nada tu misma la has alejado de ti- Seiko habló con tono serio y aprensivo.
-¿Sabes que? Diviértete mimándola y malcriándola por que pronto nos iremos y te mostrare que puedo criarla sin tu ayuda.- Soltó colérica.
-Rumiko vuelves a cometer el mismo error, dejándote dominar por tus emociones y actuando de forma impulsiva, después terminas arrepintiéndote de tus acciones. Mientras viva, yo siempre estaré a tu lado para guiarte, aunque tú no lo quieras. Reflexiona tus acciones hija por favor. Recuerda que yo nunca te levante la mano para reñirte, nunca.- Seiko guardo silencio un momento dejando que su hija digiriera el mensaje. Miró sobre el hombro de Rumiko y vio con tristeza la mesa puesta para cenar a través de la entrada del comedor "Que lastima" pensó.- iré a ver como se encuentra Ruki.
Dicho esto Seiko dio media vuelta y comenzó a andar por el pasillo siguiendo los pasos de su nieta. No había avanzado mucho cuando recibió la amarga respuesta de su hija.
-Tienes razón, pensare las cosas antes de actuar para no cometer más estúpidos errores. Pues uno de mis estúpidos errores es lo que nos tiene aquí peleando todo por que es una engreída orgullosa- Rumiko dijo cada una de esas palabras con amargura e ironía elevando y dejando caer los brazos en un gesto de resignación. Seiko detuvo su marcha y se volvió bruscamente dirigiendo una mirada iracunda e incrédula a su hija. Jamás había escuchado semejante tontería. Iba a contestarle, incluso había contemplado abofetearla como había hecho ella con Ruki hace solo unos momentos, pero Rumiko se le adelanto y continuo hablando al tiempo que daba pasos hacia atrás.-Va enserio, no vayas a interferir. Pienso llevarme a mi hija lejos si es necesario.
Rumiko apartó la mirada y se perdió entre las sombras de la noche en dirección contraria. Seiko estaba decepcionada de la forma tan irracional con la que su hija pensaba. Se quedo sopesando la amenaza un segundo, temía por el desenlace de aquel problema. Se llevo la el puño al pecho, sentía como si una pinza le atenazara el corazón.
Seiko se paró fuera de la habitación de su nieta meditando la mejor forma de abordarla. Trato de escuchar algún movimiento o ruido dentro, como ya haría su nieta con anterioridad, pero no escucho nada, ni un murmullo.
Después de un momento se decidió por llamar.
-Ruki. Soy yo ¿Se puede?- Seiko poso la mano suavemente sobre la puerta.
-¡NO!- se sobresalto por la agresiva respuesta pero no se arredro y espero con calma. Se había percatado de que su nieta se encontraba recargada de espaldas del otro lado de la puerta corrediza atrancándola con su peso.-No… lo siento abuela… perdona quisiera estar sola.
La voz de su nieta sonó ahora casi como un murmullo.
-solo quiero hablar contigo. Quiero saber si no te has lastimado al caer- hablo con ternura y calma tratando de apaciguar la ira de su nieta.
El silencio reino durante unos segundos que parecieron alargarse como si fueran minutos. Se aventuro a hablar una vez más pero la voz de su nieta la interrumpió.
-Perdóname…- susurro casi en una suplica.-No quería lastimarte ni preocuparte abuela ¡Lo lamento tanto!
-Ruki, no tienes por qué disculparte, lo que pasó no fue tu culpa fue un accidente. Deja de castigarte de esa manera. Mejor sal, ven conmigo y te calentare la cena no has comido nada en todo el día.- Esperó en silencio por la respuesta de su nieta. Sintió como la puerta corrediza perdía peso. Suspiro, Ruki se había retirado de ahí y ya no trababa la puerta. Creía que su nieta aceptaría acompañarla a cenar algo, pero la puerta nunca se apartó y Seiko no hizo por abrirla pues respetaba el silencio de su nieta. No podía verla, gracias a Dios que no, se encontraba arrodilla aun en uniforme sobre sus colchas sujetando con fuerza sus codos tratando de ahogar el dolor pues ahora eran ambos los que arremetían contra ella.
-No abuela quiero estar sola…
-Ruki no te excedas de esa manera, vas terminar haciéndote daño…
-No tengo hambre comí un bocadillo con una amiga antes de llegar a casa… no te preocupes si tengo comida en el estomago…- Calló un segundo para tomar aire, no quería sonar grosera con su abuela por lo que agrego otro comentario.- Mañana… te prometo que mañana hablaremos… prometo explicarte por qué no me presente a comer y porque llegue tarde… pero en este momento quisiera estar sola… te lo pido por favor…
Su voz se quebró al pronunciar las últimas palabras debido al dolor que la estaba doblegando. Aquel detalle no le pasó inadvertido a Seiko. Ruki esperó en silencio la respuesta de su abuela.
-Esta bien hija, te dejare descansar. Pero, mañana antes de que partas a la escuela curare tus heridas y no aceptare una negativa por respuesta. Sé que eres una chica fuerte pero te estas forzando mucho al tratar de soportar tanto dolor. Procura descansar esta noche y si necesitas algo no dudes en acudir a mi habitación.
Ruki no respondió, al final no había podido evitarle otra preocupación y disgusto a su abuela.
-Bien me retiro, nos vemos mañana.- empezó a andar camino a su habitación, se detuvo un segundo al escuchar la voz de su nieta, "gracias abuela", sonrió levemente y continuo su camino.
Una vez que su abuela se fue. Ruki se encorvó sobre su vientre tratando de ahogar un gemido, cerró con fuerza los ojos pues el dolor era casi insoportable, le recorría desde los codos hasta la punta de sus dedos.
La pelirroja se enderezo, poniendo el semblante serio y abriendo un poco los ojos.
-¿Qué es lo que quieres? Sé que estuviste observándolo todo desde aquel rincón… Sabes lo que pasó no necesito darte explicaciones así que retírate por favor que deseo estar sola.
La figura de Renamon apareció erguida e imponente detrás de su tamer.
- No seas terca ve con tu abuela, no puedes siquiera hablar por el dolor que te esta atormentando.
-No te preocupes por pequeñeces, puedo soportarlo…nhh… mejor ponte a pensar en la forma de que esto no interfiera en nuestras batallas pues e perdido el digivice. Tendremos que encontrar la manera, una nueva estrategia de pelea…
-¿Batallas? ¿Qué tonterías dices? No me digas que piensas escabullirte y desobedecer a tu madre.
-No me queda de otra.- Sentencio la pelirroja asiendo con fuerza sus brazos para reprimir el dolor.- hallaremos la manera.
-No. Tú ya no me puedes acompañar, te quedaras aquí y yo me encargare del resto.
Ruki miro a Renamon furiosa, no estaba para esas tonterías.
-¡No me puedes dejar atrás, soy tu tamer! ¡Tú tampoco decidirás por mí!
Renamon negó con la cabeza. Ambas se miraban de frente.
-Hay algo que debes saber.- Renamon le advirtió a Ruki de la discusión que tuvieron su abuela y su madre. Tuvo mucho cuidado con las palabras que utilizo, no se anduvo con rodeos y procuro omitir el cruel comentario de Rumiko pues era mejor callarlo. Ruki escuchó con atención las palabras de Renamon, guardando silencio y observando con el semblante cada vez mas serio.
-Es por eso que debes quedarte y esperar a que se te levante el castigo-
Ruki negó con la cabeza dándole la espalda a su compañera.
-¡Mierda esto no puede estar pasando! Encontraremos la forma Renamon, recuperare mi digivice y me las arreglare para salir. No dejare que mi madre me chantajee de esa forma.
Renamon comenzaba a enfadarse, pareciera que la chica no hubiese puesto atención a sus palabras.
-¿Qué no escuchaste lo que te acabo de decir? Si haces enfadar mas a tu madre te tomara lejos de tu abuela ¿Es eso lo que quieres Ruki?
-Te escucho claramente. Sé que me arriesgo a perder a mi abuela pero, si no te ayudo también me arriesgo a perderte a ti.- Renamon no esperaba aquella respuesta.- ¡Somos un equipo y si no estoy ahí para auxiliarte…! Ahh ¡No! Me niego siquiera a pensar en lo que pudiese pasarte.
Renamon observó con afecto a su tamer que se escondía dándole la espalda. Después de unos momentos fue ella quien rompió el silencio.
-No permitiré que cometas un error y te separen de tu abuela. No me acompañaras mas hasta que las cosas entre tu madre y tu se calmen y te regrese tu digivice.- Ruki se volvió para protestar y decirle a Renamon que no la dejaría ir sola, pero esta continuo hablando al tiempo que avanzaba en dirección a la puerta dándole la espalda.- te pido que tengas paciencia. Yo me encargare de los digimons que aparezcan, no te preocupes por eso ni por mí. Se fuerte… confió en que podrás soportarlo.
La digimon no espero por respuesta alguna, dio un paso mas al tiempo que se desvanecía entre las sombras dejando sola a su tamer quien observaba la partida de su compañera con preocupación.
No podía creer que las cosas fueran a tornarse de esa forma y todo por su estúpido descuido. Estaba preocupada por la amenaza de su madre y por Renamon quien había decidido luchar sola. Ya no pensaba mas en aquella pesadilla pues en aquel momento era una cosa insignificante.
-¿Por qué? Maldición ¿Por qué? Esto no es justo… NHH!- Ruki reprimió otro gemido encorvándose nuevamente sobre su vientre. El dolor era fuerte pero comenzaba a apagarse. Con tantas preocupaciones y con tanto sufrimiento, al cual empezaba a unirse el hambre, le iba ah ser difícil conciliar el sueño.
"No…No importa… yo puedo… yo debo resistir…" con este pensamiento se perdió entre sus problemas y poco a poco el sueño y el cansancio la fueron venciendo.
