Capítulo IV: El viejo estilo Host Club, otra vez..
Era la vuelta de un viaje interno dentro de los Estados Unidos, y por algún motivo, el aeropuerto estallaba de gente. La cabeza de Kyouya retumbaba. No era uno de sus mejores días, por lo tanto, su humor rozaba lo insoportable.
Un gentío y su bullicio arremolinado en la misma fila que él, le estaba quitando la poca paciencia que tenía.
Por la molestia que eso le causaba, decidió intervenir. Sabía, desde siempre, que podía evitarse los trámites en los aeropuertos, debido al poder de su familia; pero nunca había echo caso de eso, Kyouya deseaba mantener una vida cotidiana común, que le permitiera tener los pies en la tierra y así poder disfrutar, aún más, cada victoria que lograra.
Pero en esta ocasión, decidió hacer uso de sus privilegios.
Se acercó hasta el epicentro, a donde la gente se organizaba como un círculo.
En perfecto inglés, preguntó sobre la causa del problema.
El despachante le explicó que la señorita de al costado no tenía todos los papeles necesarios para su estadía en Estados Unidos. "Además, no podemos entender lo que dice", continuó explicando el empleado del aeropuerto.
Kyouya volteó a ver a la persona en cuestión.
Por un momento, entonces, pensó que sus sentidos lo estaban engañando. Quizá estaba confundiendo la realidad con el deseo: tal vez deseaba tanto verla, que la inventaba entre medio de la gente.
Sin poder decir nada más, siguió la conversación con el despachante. Y dos minutos más tarde, el sello chocaba estrepitosamente sobre el papel.
Kyouya retiró el papel y se lo dirigió a ella, extendiendo la mano.
- Gracias, Kyouya.- respondió ella, sin poder ser capaz de sostenerle la mirada.
- De nada, Haruhi.- dijo sin inmutarse. Haruhi tomó como pudo, todas su maletas. Kyouya arrebató un par y se colgó en un hombro el bolso, mientras que con la otra mano, acarreaba otra maleta.
En estricto silencio, caminaron juntos hacia la salida del aeropuerto. Cruzaron juntos el portal vidriado de entrada. Una tranquilidad extraña los alumbraba.
- Aquí te dejo. Voy a tomar un taxi. – dijo ella sonriente y agradecida.
- ¿Necesitas que te alcance a algún lado?...- respondió mostrando siempre ese gesto de indiferencia.
- No, no. Ya me ayudaste demasiado, Kyouya. – acabó de decir y su sonrisa destelló de nuevo. Kyouya sintió en su pecho el batir de alas de todas las mariposas.
En un movimiento rápido, ella detuvo un taxi. Y, con una fuerza física sorprendente, logró meter todas sus valijas.
Detenida frente a la puerta del taxi, resopló.
- ¿Cómo has estado, Kyouya?- él se sintió sorprendido. Esa pregunta sonaba como un signo de preocupación. Sacudió su cabeza imperceptiblemente.
Bien.- cuando su respuesta se asomó, ella sonrió, y subió con velocidad al taxi.
El golpe de la puerta al cerrarse lo espabiló.
Ella lo saludaba desde el taxi en movimiento.
- ¿Y cómo has estado tú, Haruhi?- pensó.
Habían pasado algunos días de ese encuentro inesperado.
Pensarla habitando el mismo suelo, ataba en su cabeza muchas contradicciones. Por ello, Kyouya intentó conjugar la rutina de su vida como si aquel encuentro no hubiera sucedido.
Aquel lunes, se dispuso a ir a la facultad como todos los días, después del trabajo.
Salió de la oficina en su auto. Había dado la orden de que, al menos por hoy, sus guardaespaldas no lo siguieran. Es que, a pesar del disimulo con que éstos actuaban, habían levantado ya la sospecha frente a sus compañeros, que, si bien ellos mismos eran hijos ricos al igual que él, no quería sentirse así.
A pesar de la negativa de los guardaespaldas, Kyouya se mantuvo firme ante su pedido, por lo que, al final, debieron acceder.
La lluvia que acompañaba al día era pesada y abundante.
Iba encerrado en sus pensamientos cuando de pronto, un trueno estrepitoso retumbó, una figura borrosa cruzó frente al paragolpe del auto, un golpe seco y al final la frenada y el chirrido de las ruedas. Todo en un segundo que le pareció eterno.
Asustado, se bajó rápidamente del auto. La lluvia no dejaba de ser incesante.
Y ahí estaba, el cuerpo frágil y delgado, podía ver la blancura de su piel a pesar del gris de la tarde.
Realmente atemorizado, se dispuso a su ayuda. Cuando pudo observar su rostro detenidamente, su gesto de preocupación se amplió.
- ¡Demonios!...No puede ser… ¡Haruhi!- gritó a la vez que la revisaba rápidamente. Ella no sangraba, respiró Kyouya entonces un poco más aliviado, aunque de inmediato pensó que podría ser algo interno. La subió a su auto. Y rápidamente, cambió su rumbo hacia el hospital más cercano, siempre mirando de reojo a Haruhi que todavía no reaccionaba.
El embotellamiento lo sorprendió. Tocó sin cesar su bocina, pero nadie se apartaba. Maldijo el tránsito y justo haber elegido el día de hoy para conducir.
- Dema…siado ruido.- habló una voz débil. Kyouya la miró preocupado, su rostro mostraba la desesperación que tenía, llevaba el cuerpo empapado, al igual que sus anteojos.
- ¿Estás bien?...
- No me siento tan bien…¿Qué pasó?...¿Kyouya?
- No te preocupes, estamos yendo al hospital…¡Maldito tráfico!- gritó a la vez que seguía tocando la bocina.
- Kyouya, deja de tocar la bocina, por Dios…La cabeza me estalla.
- Perdona, es que tenemos que llegar al hospital. Podrías tener algún golpe interno. – decía, mientras por fin se liberaba del tránsito pesado y aceleraba la velocidad hasta llegar al hospital.
La volvió a levantar entre sus brazos.
- Puedo caminar, no te preocupes.
- Entonces, déjame ayudarte.- dejó que apoyara sus pies en el piso, pero mantuvo su cuerpo pegado al de ella, ayudándola a caminar. Haruhi observó a Kyouya, su amabilidad resultaba hipnotizante.
Cuando lo vieron entrar, los enfermeros corrieron a ayudarlos.
Y apartaron a Haruhi de su vista para las atenciones necesarias. Kyouya se encargó personalmente que los mejores doctores del lugar la atendieran.
Realmente estaba preocupado, a pesar de que los médicos ya habían descartado un golpe interno y le había comunicado que, a pesar del golpe que él sintió en el auto, podían afirmar que no la había golpeado y que sólo presentaba algunos pequeños golpes por la caída sobre el asfalto. Caída que, sugirieron los médicos, fue consecuencia de un desmayo. La causa del desmayo todavía estaba por averiguarse.
Kyouya se acomodaba los anteojos hasta el puente de la nariz, mientras esperaba en un de los pasillos. Mantenía los brazos cruzados a la altura del pecho.
Se puso de pie entonces y se dirigió hasta la salida del hospital. Cruzó la puerta y una vez en la acera, tomó su teléfono celular y marcó:
- Kyouya.
- Tamaki, sucedió algo.- soltó sin contemplaciones Kyouya.- Haruhi tuvo un accidente.
- ¿Qué?
- No te preocupes, ella está bien. Los médicos la están atendiendo ahora. Yo, sin querer, la atropellé con mi auto.
- ¿Con tu auto?...¿Cómo es eso posible?
- ¿Eh?- Kyouya no entendió el tono de reproche de su amigo, el hecho había sido lamentable, pero le estaba diciendo la verdad, había sido un accidente- ¿Qué estás sugiriendo Tamaki?
- Si ella estaba contigo, ¿cómo es que la atropellaste con tu auto?...
- ¿Conmigo?...Ella no estaba conmigo Tamaki.
- ¿No estaba?.
- No, ¿eres tonto?, te estoy diciendo que no.
- ¡Ahh!...Mentirosa- la voz de Tamaki, aumentó la molestia- Esa tonta de Haruhi…Kyouya.- su voz retomó un poco de tranquilidad- Haruhi se ha ganado un beca para estudiar allí, pero antes de irse, los médicos le diagnosticaron una enfermedad llamada "enfermedad de Meniere", es un trastorno que afecta el equilibrio y la audición.
- Sí, lo conozco.
- Por eso, le pedí que se contactara contigo.
- ¿Eso por qué?
- Kyouya, necesito que la cuides.
- ¿De qué hablas?
- Habíamos acordado que ella se contactaría contigo. Le pedí que lo hiciera, pensé que tal vez, tú podrías alojarla en tu casa y así al menos tus empleados podrían vigilarla. Sus síntomas no son graves, pero a veces sufre pequeños ataques.
- Tamaki.- la voz de Kyouya sonó como una negativa.
- Por favor…Lo dejo en tus manos.- dijo Tamaki serio a la vez que colgaba la llamada.
- Por favor…Lo dejo en tus manos- dijo Tamaki serio a la vez que colgaba la llamada. "Ojalá me olvide así…Espero que tú puedas amarla bien, Kyouya", pensó Tamaki mientras miraba la ventana.
- Honey, who is calling?...Come to the bed, baby.- ella sonrió maliciosa. Tamaki volvió su rostro hasta verla, sonrió. Desde hacía tiempo, las cosas habían cambiado tanto, que, ciertamente, Tamaki no sabría decir desde cuándo. Katherine, o Kathy como él la llamaba tierna y ardorosamente a veces, llenaba, clandestinamente, de un tiempo a esta parte, todo su mundo.
Pero Haruhi seguía allí. Sonriente. Esperando su llegada después de cuatro años. Rozando siempre con la punta de sus dedos, el anillo que le circundaba en su mano, aquel que él le había regalado hacía dos años junto con el pedido de casarse con él.
Tamaki sacudía su cabeza frente al ventanal, sabía que ella no lo merecía, pero también sabía que no lo pudo evitar. En verdad, amaba a Kathy.
- Honey?- su voz dulce y demandante sonó de nuevo en la habitación. Tamaki la besó.
Kyouya cerró su celular.
Lo que Tamaki le había pedido lo había dejado confundido. Pero la voz de su amigo sonaba suplicante, pero un poco distante.
En verdad, pensó en arreglarlo sin la necesidad de tenerla en su casa.
Kyouya había vuelto al pasillo donde los médicos estaban atendiendo a Haruhi.
Acababa de sentarse cuando un doctor lo llamó. Y le invitó a pasar a la habitación.
Tenía un suero aplicado.
Kyouya se acercó a la cama. Ella lucía tan hermosa, tan hermosa mientras dormía. Habían pasado cuatro años de aquel último mensaje. Y ella podía generar tantas cosas en él todavía.
Estaba sola en la ciudad.
Se veía tan débil.
Corrió suavemente, con la punta de sus dedos, el cabello desordenado sobre la frente Haruhi.
Kyouya, sacudió su cabeza, y con ella, las ideas que venían a su mente. Se sentó en la silla que había en la habitación.
- Kyouya…- ella le habló muy bajito. Él asintió en silencio.
- ¿Necesitas algo?.
- No, gracias…Y gracias por traerme, realmente me estaba sintiendo mal.
- No me agradezcas, tú habrías echo lo mismo, ¿no?- respondió Kyouya con el mismo tono indiferente de siempre, a la vez que acomodaba sus anteojos hasta el puente de la nariz.
- Yo te lo compensaré.
- No lo dudo. Sabes que no hago beneficencia. – Haruhi levantó una ceja. Kyouya definitivamente mantenía sus mañas.
- ¿Cómo puedo…pagarte entonces?
- Será al viejo estilo del Host Club- Kyouya sonrió de lado, Haruhi podía ver su malicia en el brillo que las luces reflejaban sobre sus anteojos- Serás mi empleada hasta que puedas saldar la cuenta del hospital.
Acá les dejo un nuevo capítulo! No olviden de dejar sus comentarios!
Brisalunar
"La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante"
