LA VERDAD DE LOS ÁRBOLES.
Selenia y sus amigas se miraron entre sí. No decían nada, sólo permanecían en silencio escuchando detenidamente lo que pasaba. Poco podían hacer si no había pruebas que los pudiera exculpar. Entonces Emi preguntó:
-¿Sólo han robado en nuestra habitación?
-Sí – respondieron los profesores.
-O al menos que sepamos – dijo el vicedirector.
-Pero si no tenemos nada de valor que a ellos les pueda interesar – comentó Aya.
-Esto es muy raro – opinó Sumiko poniendo la mano en la barbilla. - ¿Por qué sólo han robado en la nuestra?
-Porque buscaban "aquello" – respondió la chica que había señalado a los chicos de Kanagawa.
-¡Esperad un momento! – Intervino Mitsui. – ¡Nosotros no hemos robado nada!
-Es cierto, somos inocentes – habló Fujima.
-Ni si quiera sabemos que es "aquello" – dijo Hanagata.
-No nos acuséis sin tener pruebas – dijo Miyagi malhumorado.
-Entonces ¿por qué han robado en la habitación de las chicas del Consejo Estudiantil? – Preguntó una de las chicas que había en la entrada viendo la escena.
-Ocho de vosotros dormís en esa habitación. Sois los más sospechosos – respondió otra chica.
-No creo que si no saben lo que es "aquello" lo buscasen. Yo no buscaría algo que no sé qué es – dijo Marina.
Las chicas que observaban la escena comenzaron a cuchichear sin dejar de mirar a los chicos de Kanagawa. Selenia había sido la única que no había hablado ya que no le cuadraba aquella acusación. ¿Por qué robarían algo que no sabían lo que era? Chie miró a su amiga sin entender por qué no había dicho nada todavía pero sentía que pronto lo haría. De pronto, la chica de cabellos rubio platino se dirigió al salón, entró y se dirigió hacia un gran cuadro que había enfrente de la puerta. Bajó el cuadro y se vio una caja fuerte. Marcó el número y la puerta de acero se abrió. Ella cogió algo de dentro y volvió hacia ellos. Se lo dio al vicedirector.
-¿Lo habías escondido ahí Rukawa? – Le preguntó el hombre sorprendido.
-No, eso es lo que le debí haber dado hace unos días pero se me olvidó – respondió la chica.
Lo que Selenia le había dado a su profesor era un cuaderno con tapa blanda de color verde y después de eso, la ojigris miró a su hermano a los ojos. Al cabo de unos segundos, Sakuragi dijo arqueando una ceja malhumorado:
-¿Todo esto por un cuaderno?
-No es un simple cuaderno y además de que éste no es – respondió el profesor Sendoh serio.
-Yo confío en ellos. Si dicen que no han sido ellos, yo les creo – dijo Selenia tras minutos en silencio y girando la cabeza hacia los profesores.
Las alumnas, los profesores y los chicos de Kanagawa la miraron atónitos. La hermana de Rukawa sonreía débilmente pero en sus ojos se podían ver que estaba diciendo la verdad. ¿Por qué confía en ellos si no se conocían de nada? Lo que no sabían era que Selenia no era la única que confiaba en ellos.
-¡Pero Smuk-sama! ¡Son unos ladrones! – Los acusó alguien.
-No lo son. Quizás algunos tengan pinta de delincuentes pero sé que no ha sido ellos – los defendió ella.
-Además que ellos han estado con nosotras toda la mañana – agregó Chie.
-Si, como habéis dicho, son ellos y hay pruebas que lo demuestren, yo dejaré de ser Smuk-sama – dijo Selenia. – Y por supuesto, el Consejo Estudiantil.
Ese comentario hizo que el cuchicheo comenzara a escucharse nuevamente por la entrada de la Residencia del Mont Lyons. Las amigas de Selenia la miraron sorprendidas como el resto de las chicas. La chica de la cabellera platino dorado estaba serena y convencida de sus palabras. Miradas de desconfianza le fulminaban pero no le importaba. Por la actitud de las chicas cuando había dicho aquello, entendió que no le habían gustado. En ese momento se dio cuenta que estaba sola en contra a todas las alumnas.
-Yo dejaré el Consejo Estudiantil – habló Chie poniéndose al lado de su amiga.
-No hace falta que hagáis eso por nosotros – habló Jin sorprendido.
-No queremos que os castiguen por nosotros – habló Kogure apurado.
-Demasiado tarde chicos. Nos caéis bien y no queremos que os vayáis – le dijo Chie con una sonrisa.
-Yo no quiero que se vaya Uozumi… ¡Haz algo Selenia! – Dijo Aya con voz de niña pequeña y se puso al lado de sus amigas. – Yo también lo dejaré – dijo seria.
-Si no le damos una oportunidad para conocerlos, es normal que pensaremos mal de ellos – dijo Marina poniéndose al lado de sus amigas. – Y en el caso de Smuk-sama debe creer en su hermano.
-A veces son insoportables pero sólo a veces – comentó Sumiko. – Quiero que se queden – se puso al lado de ellas con los brazos cruzados.
-Además de que el instituto está animado desde que ellos están aquí – Emi se acercó a sus amigas.
-¿Cómo pretendéis demostrar que ellos no han sido? – Preguntó el profesor de Física.
-Muy fácil – sonrió Chie.
-Incluso sabremos quien entró en nuestra habitación – comentó Emi sonriendo y mirando Chie.
-Rukawa ¿estáis segura que queréis dejar de ser Smuk-sama? – Preguntó el vicedirector a la hermana del once del Shohoku.
-Si no quisiera dejarlo, no lo hubiera dicho – respondió la muchacha rubia con calma.
-No perdamos más tiempo. Vamos a ver quien entró en nuestra habitación – dijo Aya.
Las seis chicas, acompañadas por los chicos de Kanagawa y por los tres profesores, fueron a la habitación Azul la cual estaba patas arriba y con toda la ropa y todas sus cosas por el suelo. Cada una se acercó a su cama y Marina sacó un mando de su mesita de noche. Le dio a un botón y la pared que estaba al lado de puerta, salió una gran pantalla de televisión. Los que estaban ahí se sorprendieron al ver aquello. Marina le volvió a dar a otro botón y unas imágenes comenzaron a verse. Tres chicas salieron y de pronto, las tres empezaron a desordenar la habitación de las seis chicas del Consejo Estudiantil. Selenia cerró los ojos mientras que tenía los brazos cruzados. Sabía que, si alguna chica intentaba acusarlas o entraban en su habitación, podían demostrarlo. Las tres chicas que habían entrado, miraban hacia otro lado mordiéndose el labio. No pensaron que las descubrirían.
-¡Ja! Ya os hemos dicho que nosotros no hemos sido – dijo Sakuragi cruzándose de brazos.
-¿Qué pretendéis con decirnos eso? ¿Qué os pidamos perdón? – Preguntó una de las chicas.
-No estaría mal – respondió Mitsui.
-Antes preferimos limpiar los cuartos de baño – contestó otra con indiferencia.
Selenia estaba sentada de uno de los árboles mientras leía un libro pacíficamente. Había pasado unos días desde aquel incidente y ahora los chicos de Kanagawa se encontraban entrenando. Aya se sentó al lado de su amiga que no se dio cuenta ya que estaba sumergida en la lectura. La chica del cabello castaño miró a su amiga mientras cruzaba las piernas y una sonrisa pícara aparecía en el rostro.
-¿Qué es lo que quieres, Aya? – Preguntó Selenia sin levantar la vista del libro.
-Quiero hablarte de Uozumi – respondió su amiga.
-¿Uozumi? ¿Quién es ese?
-El chico que es muy alto, del que siempre me engancho cuando lo veo – contestó la joven castaña.
-Ah, creo que ya sé quién es. ¿Qué pasa con él? – Cuestionó mirándola.
-Sé que es pronto porque apenas los conocemos pero…
-Un mes, llevan ya un mes – le cortó Selenia.
-Eso, un mes pero… creo que me gusta. Uozumi es diferente a los demás – le dijo Aya.
-Sí, es diferente – la joven rubia volvió a mirar el libro.
-Tú no lo entiendes, Selenia. No es guapo pero eso a mí me da igual mientras que sea bueno, no me importa que las demás chicas digan que es feo.
-Tienes razón, Aya, no lo entiendo. Vosotras podéis ser felices con el chico que queráis pero yo no – entrecerró los ojos mirando al libro. – Pero no te preocupes por eso. Aun así os apoyaré en lo que decidáis, siempre que no sea hacer cosas ilegales claro.
-No creo que hagamos nada ilegal o al menos por ahora – ambas chicas se empezaron a reír. – Deberías intentar hacer tu vida. Sé cómo es tu situación familiar pero te mereces ser feliz. Todavía queda unos meses hasta la boda, así que todo puede pasar.
-Aunque mis padres vuelvan, eso no quiere decir que pueda salir con el chico que me gusta – se entristeció.
-Pues no debería ser así, Selenia. Todas las personas debemos ser felices – le aconsejó seria.
-Eso lo sé muy bien…
-Si quieres que nosotras seamos felices, primero tienes que buscar tu propia felicidad – le dijo Aya con una linda sonrisa. – Y no me vale eso de tu familia es complicada.
Marina y Emi estaban en la puerta del gimnasio viendo el entrenamiento. Varios grupos de chicas animaban a varios chicos. En poco tiempo se había formado varios grupos de fans pero ninguno de ellos les hacía caso. Mitsui miró a aquella chica de cabello castaño oscuro y un leve rubor tiñeron sus mejillas. Se fijó que ambas chicas del Consejo hablaban de algo. El grupo de fans se calló de pronto y minutos después, aparecieron Smuk-sama junto a Aya. Ésta, al ver al ex capitán del Ryonan, lo saludó con la mano. El chico, avergonzado, apartó la vista de la puerta y se puso a tirar a canasta, dejando a una descolocada Aya. Eso hizo que las demás se empezasen a reír tapándose la boca con las manos. Sendoh miraba a la joven del cabello platino dorado con una pequeña sonrisa. Todos los días recordaba aquella respuesta que le dio en el baile. Vio una mano pasando por su vista, de arriba hacia abajo.
-Estás en la pompa Sendoh – comentó divertido Koshino.
-Yo creo que esa pompa se llama Selenia Rukawa o como la conocen aquí, Smuk-sama – bromeó Uekusa divertido.
-Dejad de decir tonterías – dijo el número siete del Ryonan mirando hacia sus amigos.
-Venga Sendoh. Si quieres la llamamos para que venga a ver si es verdad – le chinchó el shooting guard.
-Hagamos eso. Así aprovecho para poder mirarla sin que sepa se dé cuenta – dijo Uekusa riéndose.
-¿Es que te gusta Uekusa? – Preguntó Fukuda.
-Quien sabe – respondió el nombrado riendo.
-Oh, Sendoh. Tienes un rival – bromeó riendo Koshino.
Los chicos del Ryonan se comenzaron a reír mientras que su estrella permanecía callado. Sabía que lo decían para hacerle rabiar pero lo que no sabían es que lo conseguían. No les había contado lo que su tío le había pedido. La miró. Seguía hablando con sus amigas mientras que abraza un libro a la altura del pecho. Una de las chicas que había en uno de los grupos se acercó a Selenia y le dijo algo que hizo que, segundos después, las chicas comenzasen a gritar nuevamente. Aya y Marina parecían molestas mientras que Emi y Selenia se reían. Cuando notó una mirada sobre ella, giró la cabeza buscando de dónde provenía esa sensación. Se sorprendió al ver que se trataba de Sendoh. A pesar de eso, acabó sonriéndole. Ambas miradas mostraban que unos bonitos sentimientos estaban creciendo dentro de esos jóvenes pero los ojos de la joven del cabello plateado dorado transmitían tristeza. Apartó la mirada hacia sus amigas que no paraban de bromear entre ellas.
-¿Qué os parece si hacemos un viaje? Sé que no nos dejarán ir solas con ellos pero podemos decir que va alguien con nosotras para que no ocurra nada – propuso Aya.
-No es mala idea pero ¿a dónde? No es tiempo para ir a la playa y seguramente a las demás no le haga gracia ir a la montaña. Si fuese por mí, diría de ir a la playa pero todavía no es tiempo para ir – opinó Marina.
-Podemos hacer el viaje para el verano. Ellos jugarán el campeonato regional de la prefectura y para no molestarlos podemos ir después – dijo Aya moviendo el dedo índice hacia los lados.
-¿Tú qué opinas Selenia? – Le preguntó Emi a una distraída joven.
-Me parece buena idea lo del viaje y estoy con Aya en eso de hacerlo después del Regional. Al fin y al cabo, ellos son nuestros compañeros y debemos apoyarles – respondió la hermana de Rukawa.
-Aunque… - comenzó a decir Emi.
-…aunque es un poco precipitado. Supongo que debemos esperar un poco más antes de viajar con ellos – terminó la frase. – Lo digo más bien porque apenas los conocemos.
-Pero de aquí a que acabe el campeonato regional ya lo habremos conocido bastante. Venga, Selenia. Si tú no lo apruebas, no podremos ir y estoy segura de que nosotras tres no somos las únicas que queremos ir de viaje a la playa. Ni si quiera tenemos que salir de Miyazaki – insistió Aya.
-Bueno, lo pensaré – claudicó la joven del cabello plateado.
-Ya verás como no te arrepentirás si aceptas – le dijo Aya feliz. – Así podrás acercarte un poco más a él.
-¿Acercarte a quién? – Preguntaron Emi y Marina curiosas.
-A nadie – se apresuró a decir Selenia.
Las cuatro amigas se marcharon de ese lugar. Marina y Emi no paraban de intentar de sonsacar a su amiga quien era el chico a quien su amiga se quería acercar pero la ojigris no les contestaba. Se callaron cuando vieron que un grupo de chicos estaban enfrente de ella mirándolas. Por sus uniformes pudieron saber que era del equipo con el cual iban a jugar el primer partido. Las cuatros chicas se intimidaron por las miradas serias que aquellos chicos les lanzaban.
-¿Quiénes son? – Preguntó Aya a sus amigas mientras se ponía de medio lado.
-No lo sé pero… sus miradas no me gustan para nada – contestó Marina.
-Vamos chicas. Es mejor largarse de aquí – dijo Selenia sin quitar la vista de esos chicos.
-¿Los conoces? – Preguntó Aya.
-No, por eso creo que es mejor alejarse de aquí. Sus miradas me dicen que no es conveniente estar aquí – respondió la joven del cabello plateado.
Chie se encontraba en la sala del Consejo Estudiantil organizando el lugar donde iría cada puesto. Quedaba sólo pocos días para el festival del Mont Lyons y todavía no sabía cómo se distribuiría los puestos de cada clase. Por ese día, aunque fuese un día al año, los alumnos de otros institutos, e incluso los padres de los alumnos, podían visitar y entrar en aquel lugar. Para las seis chicas del Consejo Estudiantil no era un día bueno y por eso, las seis, desaparecían durante todo el día. No sabían que iban a hacer ese año pero era seguro que, como todos los años, se marcharían. Al escribir el nombre de Soichiro Jin, mostró una sonrisa. Sin duda, ese chico se había convertido en su mejor amigo en tan poco tiempo. La puerta de la habitación se abrió dando paso a cuatro de sus cinco mejores amigas y compañeras. Cada una se sentó donde la correspondía: Selenia presidía la mesa, Aya y Emi se sentaron en lado derecho de la mesa y Marina y Chie en el lado izquierdo.
-¿Dónde está Sumiko? – Preguntó Aya cuando se dio cuenta.
-Había quedado con el capitán del club de beisbol del Lyons Graven – explicó Selenia abriendo una carpeta que había encima de la mesa. – Así que hoy no vendrá.
-¿Qué…? ¿Por qué con el capitán del beisbol? Yo pensaba que le gustaba ese chico alto, el de las gafas… leñes, el que duerme en nuestro cuarto – dijo Aya.
-No todas como como tú Aya. A nosotras no nos gustan los chicos que han venido – dijo Marina con una risa.
-Bueno… no generalices Marina. Fujima, el chico bajito castaño, es muy guapo y estoy segura de que ya tiene muchas chicas detrás de él – aseguró Chie. – A parte de él, hay unos chicos que también son bastante guapos, incluyendo al hermano de Selenia.
-Pues que sepas, aunque no podemos incluir a Uozumi entre los más deseados, a mí me gusta. He soñado con un chico alto toda mi vida y no me importa que sea feo – dijo Aya cruzándose de brazos.
-Chicas, el festiva es dentro de unos días y si queréis ir a ver el partido de mañana, tendremos que dejar esto organizado – intervino Selenia.
-¿Tú no piensas ir a ver el partido Selenia? – Le preguntó Emi.
-No, yo no iré – respondió Smuk-sama.
-¿Por qué no? – Gritaron todas sorprendidas.
-Porque… creo que es mejor que no nos veamos tan seguido. Además, tengo la extraña sensación de que si voy, lo que veré no me va a gustar – cerró los ojos y agachó la cabeza.
-No debería preocuparte por eso. Ellos juegan muy bien – le dijo Marina.
-Vosotras visteis las miradas que nos echaron esos chicos. Estoy segura que no juegan limpio – le dijo Selenia.
-No pasará nada. ¡Vamos a ganar a esos chicos! – Aseguró Aya enérgicamente.
Las demás chicas comenzaron a reírse por el comentario de Aya. En el interior de la muchacha plateada le decía que era mejor que no fuera al partido. Abrió la carpeta y miró los papeles que había dentro. Chie le dio los papeles con los que había estado
