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III
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Una mañana nublada pintaba el cielo, nubes grises cargadas de agua que soltarían durante tarde. La castaña estaba haciendo sus maletas donde guardaba lo necesario; ropa, algunos libros, una caja con joyas valiosas que eran de su madre y las fotografías sin los marcos y sin álbumes. Para evitar hacer bulto la maleta.
Se vistió con unos jeans azul oscuro, una polera de manga corta color verde menta, un suéter con cierre de color azul marino con logo tipos de corazones y estrellas; se puso sus tenis blancos y se recogió su cabello largo haciéndose una coleta alta.
Dio una última mirada a su habitación donde había pasado su infancia y la mitad de su adolescencia, aquel cuarto suyo que había decorado las paredes con dibujos y estrellas fosforescentes que iluminaban su habitación de noche. En una caja coloco sus peluches favoritos, su colección de stickers y sus suéteres que había pasado cada día del año haciendo con diferentes colores y patrones de tejido. Su favorito era un suéter rosa con la imagen de una estrella fugaz, le gustaba llevarlo siempre cuando tenía doce años. También es uno de sus suéteres significativos.
Escucho el sonido del claxon de un taxi anunciando su llegada. Tomo su maleta y salió para recibirlo, le aviso que se trajera las cajas que estaban en su cuarto. Tomo su celular y en una bolsita que tenía dentro de su camisa, llevaba todo; dinero en efectivo un total de 120 dólares, su tarjeta de crédito que tenía guardado 2,000 dólares, pasaporte, dos identificaciones falsas y su credencial de estudiante. Era todo lo que tenía y portaba. Cuando vio al conductor del taxi salir con las cajas y ponerlas al maletero. Cerro la casa y se subió al asiento del copiloto, cuando el conductor le pregunto ¿a dónde ir?, la chica se quedó un poco pensativa ante la pregunta. Fue cuando respondió que la llevara a un hotel económico, por lo que el taxista no perdió tiempo y la llevo al hotel. Mabel abrió la ventana y vio su añorada casa por última vez. Eran alrededor de las 7 de la mañana cuando se iba de su casa, la casa de sus padres y de su hermano gemelo: Mason Dipper Pines.
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Llegando al hotel noto que no tenía una buena pinta, al ver que se caía el letrero y la fachada del edificio tenía la pintura descarapelada. El taxista le ayudo a llevar sus cosas a la recepción, deseándole "buena suerte" a la castaña antes de que recibiera el pago de 8,75 dólares. Mabel se encamino al recepcionista del hotel siendo un hombre de mayor edad, que se encontraba durmiendo en su labor pero ella toco la campanilla despertándolo de su letargo sueño.
- Buenos días… señor. – Fijándose en su membrete de empleado. - ¿Erick?
- ¡¿Eh?!… mmh… hola jovencita. – Poniéndose sus lentes para verla. – Ah ya, ¿Qué se te ofrece?
- Quisiera rentar un cuarto. – Menciono. – Solo por unos cuatro días.
- Y tus padres jovencita. – Pregunto el señor.
- Soy yo nada más. – Señalando sus maletas.
- Lo siento pero no puedo rentarle a una menor. – Dijo.
- Está bien. – Sacando su bolsita que tenía dentro de su camisa, para buscar su identificación. - Tenga.
- El señor tomo la identificación leyendo el nombre un poco alto. – Elena… Pines. – Haciendo cuentas con sus dedos. – ¿Tienes veinticuatro años? – Dijo asombrado.
- Sí. – Diciendo sonriente. – Muy conservada ¿no?
- Bastante, pareces de quince años. Bueno a mis ojos. – Dijo sonriente el señor.
- Eso me lo dicen todos jeje.
- Bien señorita Pines, así que solo ¿tres días?
- Sí. – Afirmo. – Es para arreglar unos asuntos mientras me mudo.
De acuerdo. – Dijo, entregándole un formulario para anotar su nombre y otros datos. – Ha… estos tiempos, recuerdo cuando era joven y fuerte. Me encantaba viajar por el mundo siendo un mochilero. Conocí muchos lugares. – Soltando un suspiro. – Ustedes deben ser los famosos Millenials. – Soltando una risa. – Amantes de la tecnología y gustosos de ir por el mundo llenos de éxitos.
- Eso sería bueno. – Dijo la castaña. – Pero lamentablemente soy solo una… viajera más.
- Ya veo. – Recibiendo la hoja para después entregarle la llave. – Bien disfruta tu estadio en el hotel. – Dándole una sonrisa. - ¡GERALD VEN ACA PEDAZO DE INUTIL! - Grito el señor.
- ¡Y-Ya voy! – Apareciendo un chico de pelo oscuro con el uniforme arrugado y más o menos acomodado.
- Lleva las cosas de la señorita… y arréglate esa camisa idiota. – Le regaño el señor.
- S-Sí lo hare.
El chico se apresuró a tomar las cosas de la chica y llevarlas a su habitación cargándolas todas con dificultad. Mabel quería ayudarlo, pero el chico se excusaba que podía hacerlo. Cuando llegaron a la habitación ingresaron dejando las cosas dentro. Mabel vio el lugar siendo una cama simple, un piso rayado y manchado de pintura, paredes de un color crema sucio, una televisión chica y un baño de regadera.
- No es la mejor habitación del lugar, pero es cómodo señorita. – Dijo el muchacho.
- Gracias. – Dijo la castaña entregándole una propina de 3 dólares. - ¿Tiene teléfono?
- Sí. – Dijo. – Pero hay veces que se le va la señal, en cuanto Wii-Fi tenemos lo último en velocidad de megas en internet. – Pegándole a un aparatito que está en la pared. Haciendo que este solo emitiera un sonido de corto y lanzara chispas. – Solo no hay que sobre esforzarlo. – Soltando una sonrisa nerviosa.
- Okey gracias… mmm
- Gerald a sus órdenes. – Estirando su mano para que la estrechara.
- Gracias Gerald. – Estrechando su mano.
- De acuerdo señorita Pines la dejo sola. – Cerrando la puerta.
Mabel se fue a sentarse en la cama siendo empujada atrás y escuchando un crujido fuerte.
- Creo que los resortes están viejos. – Dijo ella. Levantándose adolorida. – Bien Mabel, esto no será fácil. Nadie te dijo que sería fácil empezar una nueva vida.
Busco en su bolsillo de su suéter una libreta pequeña de color rosa, teniendo anotado lo que haría primero. Y eso era… darse de baja en su escuela.
- Justamente cuando empezare las clases. – Diciendo en un tono desanimado. – Entre más pronto, menos doloroso será.
Salió de su cuarto tomando su mochila con los papeles, y se dirigió a la preparatoria de Piedmont. Tardo unos 40 minutos en llegar al lugar, al tomar el autobús y caminar dos cuadras por las avenidas transitadas de las calles Bonita y Magnolia. Cuando llego al edificio saludo algunos de sus compañeros de salón, en especial dos amigas. Verónica y Missy. Quienes la saludaron preguntando por que no llego a inscribirse en el gimnasio.
- Hola chicas.
- Mabel llegas tarde, se llenó el salón y no te vimos en la inscripción. – Menciono Verónica, una chica de pelo marrón llena de chinos
- Cierto, chica quedamos que íbamos estar en el mismo salón de preparatoria. – Dijo Missy, la chica de cabello rubio cenizo. – Hicimos la pinky promise. – Mostrando su meñique.
- Chicas le tengo una mala noticia e inesperada. – Dijo con la cabeza agachada. – Yo… por motivos personales, tendré que darme de baja este año.
- ¿Por qué? – Dijo preocupada Veronica. – Mabel porque te vas.
- Mabel deja de bromas. – Dijo Missy. – No estamos jugando o… si es ¿cierto?
- Hay muchas cosas que no les conté… respecto a mi situación. Sé que merecen explicación y estoy dispuesta a decirle la verdad. Sí me esperan aquí. – Dijo antes de caminar a la oficina del director. – Entenderé si desean irse.
Mabel entro a la oficina del director viendo al señor robusto y con lentes que estaba acomodando su estante.
- Oh señorita Pines, ¿qué sorpresa? Viene a inscribirse al comité de bienvenida estudiantil. Me gusto su discurso el año pasado, y me gustaría que lo volviera a repetir. – Dijo contento el director.
- Señor Brown… yo vengo a darme de baja.
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Fue una discusión bastante acalorada y confusa pues en ciertos motivos, el director no sabía la situación de la chica. Mabel tuvo que omitir algunos detalles y mentir en algunos aspectos para poder darse de baja de la preparatoria. Pero el director no la iba dejar ir con las manos vacías, ya que la chica tenia potencial, no era una nerd pero tenía buenas notas en su promedio. Por ese motivo le entrego una carta, para evitar que perdiera su semestre y las materias que había cursado, en caso de que fuera inscribirse en otra escuela o regresar al instituto. Mabel agradeció y le dio un abrazo antes de salir de la oficina. Noto que afuera en una banca se encontraban sus amigas esperándola con el rostro triste.
- Queremos entender. – Respondieron las dos al mismo tiempo.
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Las chicas se encontraban sentadas en el parque "Dracena Quarry" a cinco cuadras lejos instituto, estaban comiendo unos helados para mitigar el calor y la tensión del momento.
- Chicas yo… - Dijo Mabel. – Es muy largo y confuso, que no sé por dónde comenzar.
- Bueno… - Menciono Veronica. – Que tal si comienzas por el principio… tú familia.
- Creo que sería un bueno punto para comenzar.
- Tienen razón. – Admitió la castaña. – Bueno para empezar yo tengo un gemelo… digamos mellizo porque es hombre. Su nombre es Manso Pines, pero en mi familia le decimos Dipper de cariño y porque tiene una marca de nacimiento en su frente, similar a la constelación de la Osa Mayor.
- Entonces tienes un hermano. – Dijo Missy. – Pero pensamos que eras hija única.
- Eso es porque siempre les hacía creer que era nada más yo. – Continuo. – Dipper y yo siempre estuvimos juntos… hasta antes de entrar a la secundaria. En ese tiempo solo teníamos doce años cuando empezó el problema.
( F )
Dipper y Mabel se encontraban en la sala de su casa viendo nevar por fuera de la ventana, estaban emocionados de la cantidad de nieve que se estaba juntando en su jardín. Los gemelos estaban felices de disfrutar sus vacaciones junto a sus padres. Pues casi la mayoría de sus vacaciones de invierno o verano estaban trabajando. Pero ahora ellos estaban ahí para pasarlos en familia. Su padre encendía la chimenea mientras llevaba un suéter decorado de verde y rojo con patrones navideños que había hecho Mabel. Su mama hacia galletas y chocolate caliente, llevando igual un suéter navideño que hacían juego con el de papa. Dipper también llevaba uno pero de color rojo con renos que combinaban igual con el de su hermana.
- Oye Dip-Dop ¿hacemos muñecos de nieve? – Dijo Mabel contenta.
- Mejor una fortaleza.
- Suena bien guerra de nieve.
- ¡Sí! – Asintieron los dos.
Ambos gemelos se levantaron para colocarse sus botines y abrigos. Pero fueron detenidos por sus padres.
- ¿A dónde van pequeños pillos? – Dijo su padre.
- Afuera hacer una guerra de nieve. – Exclamo Mabel con alegría
- Con que una guerra. – Levantando una ceja. - ¡Querida trae la artillería y los abrigos! – Mirando a los traviesos gemelos. – Vamos a eliminar al enemigo, a los misteriomelos.
- Corre Dipper que papa va enserio. – Salió la castaña de la casa junto con su hermano.
Dipper y Mabel construyeron el fuerte y crearon bolas de nieve para defenderse. Sus padres se habían unido al juego empezando a lanzar bolas de nieve de forma rápida. La familia disfrutaba jugar bajo la nieve creando muñecos, haciendo ángeles y tomándose fotos. Entrando a la casa se sentaron frente al calor de la chimenea y se abrigaron con mantas, mientras bebían chocolate caliente. Mientras contaban historias antes de medianoche, para cenar y abrir obsequios.
- Y si devoramos ese jugoso pavo. – Dijo Dipper.
- Cierto una piernita. – Dijo Mabel.
- Anda querida solo la pechuga de pavo y un poco de puré. – Dijo papa imitando a los gemelos.
- De acuerdo sírvanse. – Dándoles el permiso la señora Pines.
- ¡Sí, mama es la mejor! – Gritaron los tres.
Disfrutaron del festín y la cena, Dipper y Mabel estaban felices de por fin convivir un día con sus padres sin llegar tanta presión por el trabajo. Pero de repente sonó el teléfono haciendo que su mama mirada a su papa con ojos llenos de preocupación. Se acercó su padre a levantar el auricular del teléfono y contestar.
- Buenas noches… Sí… Soy yo… Estamos celebrando navidad, lo ¿recuerda?... ¿el trabajo?... mi esposa y yo tuvimos día libre… ¡Por dios es navidad! – Dijo alterado y llevándose una mano a la frente. – Solo es dejarlo ¿cierto?... está bien iremos en 20 minutos… en el lugar de siempre… de acuerdo ahí estaremos.
Su esposa se acercó y él le conto todo en silencio, para que ellos no escucharan. Mabel miraba a sus padres con preocupación, grabándose la expresión de sus rostros. Dipper se acercó y limpio la boca de Mabel con una servilleta.
- Mabel estás sucia y llena de salsa de pavo. – Dijo entre risas su hermano.
- Dipper… mama y papa se irán. – Sonando triste.
- No lo sé. – Dijo el castaño comiendo de su cena. – Pero esperemos que no, quiero que abran mi obsequio.
- Sí, tienes razón.
En ese momento se acercaron sus padres hacia los gemelos con una media sonrisa en sus rostros.
- Chicos. – Dijo su padre. – Su madre y yo debemos salir por unos minutos afuera.
- Tenemos que ir a entregar un paquete al trabajo.
- Prometemos no tardarnos demasiado.
- Pueden comer pastel si gustan. – Dijo su madre limpiando la mejilla de ambos. – Siempre tienen salsa de pavo jeje.
- Mama… papa. – Dijo Mabel abrazándolos. – Regresen pronto, Dipper y yo los esperaremos para abrir nuestros regalos juntos.
- Cierto regresen bien. – Dijo Dipper. – Les tenemos una sorpresa.
- Sí es una sorpresa, entonces queremos verla cuanto antes. – Dijo su padre. – ¿Cuál de los paquetes es?
- No papa tienen que esperar a medianoche, es tradición. – Dijo Dipper.
- Oh rayos, al menos lo intente.
- Queridos llegaremos rápido. – Dándoles un beso en la frente. – Cierren la puerta y no le abran a nadie.
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Habían transcurrido dos horas desde que se fueron sus padres, ya había pasado medianoche y marcaba las dos de la mañana. Los gemelos insistían marcando al celular, para obtener una respuesta de sus padres. Pero nada.
- Oye Dipper… mama y papa han tardado. – Dijo la castaña acostada en el sofá. – Estoy preocupada por ellos, y si algo…
- ¡Mabel!
- Perdón. – Dije agachando la cabeza y evitando reprimir unas lágrimas.
- Solo… no pensemos en eso. – Dijo Dipper. – Ellos… regresaran, lo prometieron.
Unos golpes en la casa alertaron a la mañana siguiente a los gemelos levantándose del sofá. Corrieron hasta la puerta y al abrirla, se encontraron con dos oficiales de policía. Llevaban dentro de una bolsa de plástico el reloj de papa y los aretes favoritos de su madre.
PV Mabel
Ellos nos vieron y preguntaron por un mayor; el abuelo Shermy estaba muy lejos para venir a vernos. No teníamos a nadie cerca. Fuimos llevados a la estación de policía, esperamos alrededor de tres horas dentro de una oficina mientras contactaban unos familiares.
Dipper sostenía mi mano fuertemente mientras que yo no paraba de llorar, mi hermano aguanto sus lágrimas para ser fuerte ante la situación. En ese momento entro por la puerta de la oficina un hombre mayor de cabello levemente canoso, lentes y una vestimenta similar a un viajero. Nos miró a Dipper y a mí y nos recogió. Se presentó como nuestro tío abuelo Stanford Pines.
Recuerdo que hablaba con el oficial sobre la custodia de nosotros. Cuando termino de aclarar los asuntos, fuimos de regreso a casa, para encontrarnos a otra persona idéntica al que nos recogió. Ambos se acercaron a nosotros y se presentaron.
- Saludos niños. – Dijo el hombre que nos recogió. – Ehmm… todavía se dice saludos en este tiempo. – Dirigiéndose al otro hombre. – Bueno, ajehm… - Carraspeando su voz para después continuar. – Mi nombre es Stanford Pines y él es mi hermano gemelo Stanley Pines.
- Somos su tío abuelo. – Dijo Stan. – Pero pueden decirnos tíos, algo así en corto.
- Sabemos que ustedes no están informados de nosotros. – Dijo. – Pero nosotros sí sabemos de ustedes. Incluso nos tocó verlos en el hospital, cuando eran unos neonatos.
- Ford.
- Bueno bebes. – Admitió avergonzado. – El punto es que… sabemos lo que sucedió con sus padres… así que lo lamentamos mucho su perdida.
Mi hermano y yo no sabíamos que responder, estábamos muy cansados y tristes como para conocer familiares o hablar del tema. A lo que preguntaban nosotros solo asentíamos con la cabeza y en otras negábamos.
Se realizó el funeral al día siguiente, un 26 de diciembre. Algunos vecinos asistieron al velorio y de familiares solo llegaron mis abuelos.
Yo me encontraba parada viendo como enterraban los ataúdes donde se encontraban los cuerpos de mis padres. Lance las flores a mi mama y mi papa, las lagrimas recorrían mi rostro helado por el frío viento de invierno. Pensando que ya no volvería a recoger flores junto a mama en el campo, cuando íbamos con mis abuelos; o el ya no escucharía a mi padre cantarme canciones y escuchar cómo fue mi día antes de ir a dormir. No más abrazos, no más besos, no más sermones, ni deliciosas comidas calientes que preparaba mi madre.
Camine por los jardines del cementerio, viendo a mi hermano junto al señor que fue a recogernos aquella vez en las oficinas de la policía. Él estaba platicando con el muy animadamente y de repente… comenzó a romper a llorar en llanto siendo abrazado por mi tío abuelo.
Dos semanas después de la muerte de mis padres comenzó una fuerte discusión con mis tíos y mis abuelos. Discutían sobre el testamento, el cuidado de nosotros, la casa y los problemas que tenían mis padres.
Ese día me entere de dos cosas: Mis padres tenían deuda muy fuerte con un sujeto peligroso, que se las pasaba hostigándolos y molestándolos en las horas de su trabajo. Al parecer mis padres habían pedido un préstamo hace unos años para pagar ciertos gastos necesarios para el bienestar de nosotros y la casa, pero por el atraso de aquellos pagos fue aumentando la deuda. Y el segundo problema era que… Dipper y Yo éramos menores de edad todavía y no podíamos recibir herencia, y aun si la recibiéramos estaríamos heredando la deuda de nuestros padres.
La solución que proponía mi abuelo era quedarnos con él e irnos a vivir a los Ángeles, California. Con la condición de que el no quisiera que regresáramos a Piedmont. Eso sería no ver a sus padres cuando se ameritaba visitar su tumba. Pero mis tíos no querían eso por lo que sugirieron nosotros fuéramos con ellos.
Conclusión: al final terminamos yéndonos con nuestros tíos abuelos, aunque el plan de hacer una nueva vida lejos de nuestro hogar no iba nada bien, ya que después de cuatro meses llegaron los problemas personales.
- Venderemos la casa de sus padres. - Dijo Ford.
- ¡Estás loco! – dijo Stan. – Es la casa del hijo de Shermy. Sus padres.
- Stanley esos chicos tendrán una deuda si la heredan. – Menciono su gemelo angustiado. – No quiero que carguen un problema mayor más adelante.
- Solo escúchate un momento. Estamos hablando de la decisión de los chicos, mínimo le has consultado si desean eso.
- Sí. – Menciono. – Con Dipper.
- ¿Qué hay de Mabel?
- No he hablado con ella. – Dijo Ford. – Por eso te estoy diciendo a ti… para convencerla.
- ¿Convencerla? – Dijo Stan haciendo un gesto con su mano. – Mi calabaza comprenderá si tan siquiera tú hablas con ella.
- No puedo.
- ¿Por qué? Porque no es como Dipper. – Había dado en el punto de su relación con sus sobrinos nietos. –Sé que te llevas más con su hermano que con ella, lo has estado apartando de ella. Llevándolo a explorar por el bosque, ser tu mano derecha en sus investigaciones y su mejor amigo.
- Basta Stanley, Dipper es un gran chico tiene potencial.
- ¿Qué hay con Mabel? La ignoras cuando te dirige la palabra y no duran una conversación por menos de 2 minutos, sin que te excuses de ir al baño o atender algún trabajo. La chica se esfuerza por conocerte y tú solamente la haces un lado. – Stanley bufo cansado. – Mira Stanford los chicos ya van a entrar a secundaria necesitaran de nuestro apoyo, porque sabes cómo es eso. El monstruo de las hormonas y los problemas emocionales. Y lo menos que queremos es otro problema; como esto.
- Stanley… hay otra cosa que quiero decirte. – Dijo. – Dipper se convertirá en mi aprendiz.
( F )
- Poco tiempo después del accidente, vino mi tío abuelo Stanford Pines. – Dijo tristemente Mabel. – Se llevó a mi hermano. Y a mí me dejo. – Apretando los puños. – No le importo…
- Pero… tú ¿fuiste con tu abuelo?
- Yo… - Dije seria. – Me quede, no quería dejar la casa. – Dije. – Hice cosas que no debía hacer.
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Caminando por las calles de Piedmont, visito sus trabajos dejando su carta de renuncia a los establecimientos que prestaba sus servicios; el minisúper de 24 horas y la cafetería que trabajaba en la esquina a cinco cuadras de su escuela. Por un momento quiso dar un vistazo a su casa desde afuera, pero luego recordó la advertencia de aquel sujeto.
Llegando al hotel donde se hospedaba, camino con algo de dificultad por el transporte y por las largas horas de caminata. Había llovido poco, pero unos truenos amenazaban con llover fuerte esta noche. Entro a la habitación y se tumbó a la cama escuchando un horrible crujido del colchón.
- Vaya calidad. – Dijo Mabel riendo de forma hilarante de su situación.
Del bolsillo de su pantalón saco su celular y busco en sus contactos el nombre de Stanley Pines, era la única persona que le quedaba en su maldita desgracia. Y todo por una estúpida petición egoísta de conservar el único recuerdo de sus padres, sin olvidar sus conflictos emocionales.
Espero en la línea unos minutos y de pronto escucho que alguien levanto el auricular, para después escuchar una respiración y el sonido de una televisión al fondo.
[¿?]: Hola ¿Quién habla?
[Mabel]: Tío Stan.
[Stan]: Calabaza que gusto que llames, ¿Cómo estás? ¿Ya empezaste la escuela? ¿Hiciste amigos?
Mabel al escuchar las preguntas sintió un nudo en su garganta y la sensación de dolor en su pecho.
"¿Cómo le diría a su tío que perdió la casa? ¿Qué la obligaron abandonar el lugar? ¿Qué se dio de baja en la escuela? ¿Renuncio su empleo? Y ahora está alojada en un hotel. ¿Cómo lo tomaría?"
[Mabel]: Estoy bien… - Aguantando las lágrimas. – De hecho… pienso ir de regreso a Gravity Falls.
[Stan]: …¿Está todo bien? – Sonando preocupado.
[Mabel]: Yo voy a regresar dentro de tres días
[Stan]: De acuerdo calabaza, aquí te estaré esperando. Sabes que eres bienvenida mi pequeña Mabel.
[Mabel]: Gracias tío Stan.
[Stan]: Mabel cuídate mucho.
[Mabel]: Igualmente tío Stan.
Mabel colgó mientras se quedaba viendo el techo, se sentía abatida y desganada por la reciente situación. Vio sus cosas en las cajas de cartón, las abrió y sostuvo un momento sus peluches y juguetes. Sus ojos miraron con nostalgia y después una mirada decidida apareció.
"A donde iba, no podría llevarlos"
El resto de los dos días se dirigió a donar sus juguetes alguna lugar de caridad, para deshacerse rápido de la caja. La otra caja donde tenía sus suéteres y algunas cosas que ya no ocuparía, las vendió al mercado de pulgas. No obtuvo muchos billetes, siendo su ganancia de 50 dólares.
Cuando llego el momento de partir; se vistió unos jeans negros y una polera rosa con un suéter de color lila. Se recogió el pelo en un molote y tomo sus maletas, para después entregar la llave de la habitación.
Se dirigió a la estación de autobuses, encontrándose ahí a sus amigas que la acompañaron durante estos cuatro años.
- Ya te ibas sin despedirte de nosotras. – Protesto Missy. – Eres muy mala Mabel Pines.
- Cierto, muy mal chica. – Dijo Verónica.
- ¡Chicas! – Se acercó corriendo abrazar a sus amigas. – Las extrañare mucho.
- Hay Mabel, la preparatoria no será lo mismo sin ti. – Dijo Verónica. – A quien le contare mis jugosos chismes, o con quien tendré para shippear a cada chico lindo que pase.
- Ajemm… - Hizo un sonido fuerte su compañera de lado. – Y yo que soy.
- A también estas tu Missy. – Riendo nerviosamente.
- Mabel cuídate mucho allá. – Dijo la rubia ceniza. – Escuchado que pasan cosas muy raras en ese pueblo.
- ¿Así donde lo búscate? – Pregunto Verónica.
- Wikipedia. – Admitió con una sonrisa la chica.
- Chicas, chicas estaré bien. – Dándoles una sonrisa. – Aparte ya conozco un poco de ese lugar.
- Cierto.
Se escuchó la bocina de las paredes anunciar la llegada del autobús que llegaría a la estación en 5 minutos, con destino a Gravity Falls, Oregón. Mabel dio un abrazo a cada una y les prometió llamarlas cuando llegara al pueblo.
Corrió a comprar su pase de abordar, pidiendo su identificación y pagando la cantidad exacta del viaje. En cuanto llego el autobús subió buscando su asiento número 19, subió sus maletas y se dispuso a sentarse. Reviso su reloj que marcaban las 10:30 de la mañana. Cerró sus ojos y se durmió en su asiento, iba a ser un largo viaje de 8 horas de camino.
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"El viaje de Piedmont a Gravity Falls no fue nada agradable, más cuando olvidas comprar comida para el viaje"
El conductor aviso a los pasajeros de que en cinco minutos llegarían a la parada de Gravity Falls. Mabel se removió en su asiento, acomodando el respaldo y viendo por la ventanilla del autobús la tarde de verano que se ocultaba atrás de los árboles de Pino, se quedó embelesada por la belleza del paisaje en el camino de la carretera.
El autobús llego a la parada anunciando su llegada. Eran las siete de la tarde cuando arribaron al pueblo. La castaña no perdió tiempo y tomo sus cosas para bajar del transporte; tomo una breve inhalación aspirando el fresco aroma a bosque y naturaleza, para después exhalarlo y continuar con su ruta. Siguiendo al grupo de turistas que iban al pueblo, pero que primero tendrían que pasar por el sendero del bosque.
Mabel camino por el viejo camino teniendo cuidado de no tropezar con algunas piedras o no caer en trampas de tierra. Observo a su alrededor alguna criaturas curiosas que reconocía fácilmente entre gnomos y los liliputienses. Mucha gente tomaba fotos a cualquier animal extraño que se apareciera; entre Búho-vaca, el ojo-murciélago, el pato con cabeza de estómago y las aves con signo de interrogación. La castaña ya estaba acostumbrada a ver ese tipo de criaturas, ya que solo habito este lugar por siete meses, antes de irse a ser su vida en Piedmont, California.
En cuanto llegaron casi a la mitad del sendero vieron los letreros con apariencia misteriosa y mensajes atrapantes. La mayoría de los turistas se fueron siguiendo los letreros hasta toparse con flechas que los guiaban más dentro del bosque. Mabel soltó una pequeña sonrisa y comenzó a seguirlos viendo la expresión de cada uno. En cuanto llegaron a la cabaña de Mistery Shark fueron recibidos por un hombre mayor que hizo su entrada con una pantalla de humo, mostrándose con su traje oscuro, un parche en el ojo, su sombrero y su bastón.
- Muy buenas tarde-noches, últimos mortales del día. – Dijo Stan. – Mi nombre es el señor misterio y les daré un tour especial y escalofriante, solo por diez dólares, así que… ¿Quién se atreve a descubrir los grandes misterios de Gravity Falls? todo está aquí en esta cabaña llena de misterio. Así que acérquense, acérquense. – Haciendo un gesto con su mano para invitarlos dentro del museo del horror y el misterio.
La gente inmediatamente entrego su dinero entrando a la cabaña. Mabel por su parte fue directo a la tienda de regalos con sus maletas. Entrando al lugar fue recibida por una chica pelirroja de cabello largo y liso. Se encontraba atrás del mostrador leyendo una revista.
- Bienvenidos a la tienda de regalos… bueno ustedes saben. – Dijo sin apartar la lectura de su revista.
- Wendy ¿Qué clase de bienvenida a los clientes es esa? – Dijo Mabel colocando sus manos a la cadera.
- ¡¿Mabel?! – Se sorprendió la pelirroja apartando la vista de su lectura para ver a la castaña en frente. – Mabel eres tú… cielos ¿Cuánto tiempo ha pasado chica? – Dio un salto del mostrador para aterrizar frente a la chica y abrazarla. – Oh no sabes cuánto te extrañamos, chica loca amante de los suéteres.
- Hola Wendy… - Diciendo con dificultad para respirar por el abrazo apretado. - ¿Puedes…?
- Oh perdón es que ya sabes. – Riendo nerviosa. – No sabes lo preocupada que estuve, lo preocupado que estuvo Soos y las chicas, incluso el viejo gruñón de tú tío. – Dijo, para después cambiar su expresión a una molesta. - Ni un mensaje, carta o llamada. ¿Qué te sucedió? Lo único que sabía es que te habías ido. Sin despedirte. – Cruzándose de brazos. – No sabes lo preocupada que estaba, incluso discutí con el Sr. Pines y su hermano gemelo.
- Perdón por no avisar, pero tenía mis razones egoístas. – Dije cabizbaja al no caber que responder. – No fue fácil tomar esta decisión y tenía que hacerlo.
- Bueno… - Lanzando un sonoro suspiro para después ablandar su rostro. – Lo bueno es que estas bien, y estas a salvo.
La pelirroja lanzo una mirada a las dos maletas que llevaba la castaña.
- ¿Piensas quedarte? – Pregunto emocionada.
- Ese es la idea. – Sonriendo tímidamente. – Hay muchos planes, pero ninguno tan claro como el de quedarme a vivir en Gravity Falls.
- Me da gusto que hayas vuelto. – Dijo. – Hay tantas cosas que platicarte.
En ese momento entro Soos con su caja de herramientas y un poco sudoroso.
- Listo, ya está cambiado el foco del patio trasero y fijado los anuncios. – Se quedó parado de forma estática, cuando vio a la castaña parada junto a Wendy. Las lágrimas se formaron en sus ojos al ver a la chica Pines sana y salva. - ¿Mabel? Eres tú…
- Hola Soos ¿Cuánto tiempo sin verte? – Sonriendo.
- ¡MABEL! – La abrazo con fuerza sacándole el aire de sus pulmones. – DIOS ERES TÚ.
- S-Sí… S-oos – Dijo con dificultad la chica. – No… res-piro…
- Perdón, perdón. – Soltando a la chica. – Solo que me alegra verte bien. Le rezaba a dios de que siempre estuvieras bien, no importa en qué lugar te encontraras. También para que regresaras.
- Pues parece que funcionaron tus oraciones. – Lanzando una risa cantarina.
- También has crecido bastante.
- Sí Soos, Mabel ya no es nuestra pequeña niña enamoradiza y amante de suéteres. – Dijo Wendy. – Casi me rebasas.
- Por tres centímetros. – Dijo con orgullo la castaña.
- Pero yo sigo siendo el más alto que ustedes dos. – Dijo Soos.
- Eso ni se diga. – Menciono Wendy.
- Cielos Mabel, se alegrara tanto el señor Pines de tenerte de vuelta.
- Sí, sobre eso… - Fue interrumpida cuando escucho a la horda de turistas llegar a la tienda de regalos y a su Tío terminando de dar el recorrido del museo.
- Pasen, pasen aquí encontraran todo los artículos y recuerdos que les interese. – Dijo Stan.
Stan vio a sus empleados parados cuando vio que enseguida de ellos estaba su sobrina, aquella pequeña que siempre estuvo al pendiente por los últimos cuatro años.
- ¿M-Mabel? – Acercándose a la chica. – Mabel al fin volviste calabaza. – Abrazándola para después llorar. – Mi calabaza regreso a casa. – Dando un beso a su mejilla. – No sabes lo preocupado que estuve. Después de esa llamada comencé a preocuparme que te había pasado algo malo.
- Estoy bien tío… yo he vuelto. – Devolviendo el abrazo para derramar lágrimas. – Te extrañe tío Stan.
Pasaron unos minutos antes de que ellos se separaran, no pasaron ni menos de un minuto para que Stan anunciara a los clientes que ya iban a cerrar. Estoy hizo que los clientes tomaran rápidamente las cosas y pagaran. En cuanto no quedo ni un cliente, Wendy coloco el letrero de cerrado y los demás se encaminaron a la sala a descansar un rato del agotador día de trabajo y también para que Mabel pudiera descansar de su viaje de 8 horas.
- Soos hazme el favor de ordenar unas pizzas. – Dijo Stan. – Te nos unes Wendy.
- Claro, quiero platicar con esta chica. – Abrazando a Mabel.
En cuanto Soos fue a pedir las pizzas, Mabel se sentó en el viejo sillón. Aunque fijo su vista en algunos muebles nuevos.
- Ese es un sofá nuevo. – Señalando el sillón rojo.
- Sí, lo compramos hace dos años. – Dijo Stan. – Es muy cómodo. Pero no tanto como mi sillón.
Soos llego a la habitación sentándose en el sofá junto a los demás.
- Mabel ¿Dónde estuviste todo este tiempo? sí se puede saber. – Pregunto Wendy.
- Bueno Wendy mereces saber la verdad, ya que eres mi amiga más preciada. – Comento la castaña. – Estuve viviendo en Piedmont, California durante estos cuatro años. En mi casa donde vivía con mi hermano y mis padres.
- Esperen la casa… de tus padres. – Dijo Wendy extrañada. – Pero ellos están…
- Muertos lo sé, pero igual no quería irme y dejarla sola. – Dijo. – Wendy lo que te diré a ti y Soos no debe saberlo nadie más, ni las chicas, ni Dipper ni Ford.
- De acuerdo/Entendido. – Dijeron Soos y Wendy.
- Yo… para poder vivir en la casa. El tío Stan y yo falsificamos registros y credenciales de identificación oficial. – Sacando de su bolsita que tenía dentro de su polera. – Solo para que yo tuviera mayoría de edad y pudiera tener la casa, bajo el nombre de Elena Pines. – Dijo. – No sabes cuantos problemas nos llevó cambiar el testamento y… tenerla bajo mi nombre y todo. Después de eso mi tío me ayudo a comprar el boleto y me dio dinero que tenía ahorrado, para empezar mi vida. – Menciono un poco dolida al recordar la discusión del tío Ford. – Entre a la escuela de Piedmont y también comencé a trabajar. Todo iba bien hasta que… tuve la necesidad de regresar. – Tratando de aguantar las lágrimas. – Los extrañaba… aparte quería volver.
- Pero ya estás aquí mabel – Dijo Stan
- ¡¿Qué?! – Dijo Wendy. – Mabel por dios solo tenías en ese momento… ¿doce? – Mirando feo a Stan. – Sabia que algo malo ocurría cuando nos mentiste de que se fue con su abuelo.
- Señor Pines ¿Por qué la dejo? Era una niña. – Dijo Soos. – Doce años, ¿viviendo sola? Qué tal si le pasaba algo malo.
- Soos, Wendy no culpen a mi tío. Fue mi decisión. – Dijo Mabel tratando de calmar a sus amigos. – Yo necesitaba volver a casa, pensé que hacia lo correcto. Pero solo no me sentía a gusto estar lejos de mi familia. – Mirando a su tío. – Estuve lo bastante ciega para no mirar a la familia que tenía enfrente. – Viendo a sus amigos. – Por eso decidí regresar.
- Lo bueno que estas aquí de regreso Mabel. – Dijo Soos. – Pero no vuelvas hacer eso.
- Cierto, no queremos que seas más una fugitiva. – Acariciando el cabello de la chica.
- Descuiden calabaza ya no lo será más. – Tomando las credenciales falsas. – Eso significa que ya podemos eliminar esto.
- ¡NOO! – Se las quito Mabel. – Es que tengo dinero ahí tío Stan. – Dijo con las mejillas infladas la chica. – Ibas a tirar a la basura lo que gane estos cuatro años.
- Debiste decirlo niña. – Dijo Stan.
- Adolescente. – Se defendió Mabel. – Tengo dieciséis años.
- Bueno en parte tiene razón Stan. – Dijo Wendy.
Tocaron el timbre y Soos fue por las pizzas, mientras que Wendy iba por unos refrescos de la tienda de regalos. Se dispusieron a cenar la pizza y seguir hablando de lo que había pasado en el pueblo. Mabel estaba atenta escuchando sobre todo lo que ocurrió. Desde el problema que falleció el alcalde de Gravity Falls hasta la dominación de un triángulo volador sobre el pueblo que duro su tiranía por una semana. La castaña escuchaba la historia tal como se lo describía Wendy, siendo Stan el héroe del pueblo aunque tuvo pérdida de memoria por una semana.
- Dicen que un dorito loco domino el pueblo. – Dijo Mabel incrédula. – Por eso ahí figuritas del tío Stan pisando un dorito.
- Exacto. – Dijo Wendy. – Suena más creíble cuando lo ves.
- ¿Y cómo se llamaba? – Pregunto Mabel.
- Ya casi no recuerdo su nombre… solo sé que lo llamamos "triángulo malévolo" – Dijo Soos.
- Ford nos borró la memoria al pueblo. – Dijo Wendy con desgano. – Dijo que no era necesario recordar a un ser tan vil y cruel. Pero oye, tu tío Stan lo recordó e hizo una grandiosa historia. No sé si fue todo así el "Raromagedón" pero tan siquiera es un poquito de recordatorio. Y atrae a los turistas.
- Me gusta la versión de tú tío. – Dijo Soos. – Hay veces que recuerdo también como era ese tiempo.
- ¿Y algo reciente que haya ocurrido? – Pregunto Mabel.
- Soos tiene novia desde hace cuatro años y estamos esperando cuando le dará el anillo. – Dijo Wendy con una sonrisa. – Yo sigo trabajando aquí pero pronto me iré a la universidad dentro de dos semanas, y con mi queridísimo novio.
- ¿Tienes novio? ¡Woaw! Felicidades Wendy. – Dijo la castaña.
- Gracias Mabel tenemos cuatro meses juntos. – Dijo contenta la pelirroja.
- El chico tiene un aire de vanidoso. – Dijo Stan. – No para de enviarle flores cada semana y pagarme para llevársela de salida.
- Razón de porque Candy me releva en mi turno.
- Tan siquiera esa niña no tiene un novio que la secuestre.
- Vaya, hace tiempo que no se dé Candy o Grenda, ni mucho menos de aquella niña riquilla… como se llamaba.
- Pacifica Northwest. – Dijo Wendy. – Solo te diré que no es riquilla, ya no más.
- Su estatus bajo cuando su padre intento unirse a los jinetes del apocalipsis.
- Cierto, ahí se fue la mitad de su fortuna. – Menciono Wendy.
- Bueno eso fue una sorpresa para mí.
Terminando de cenar Wendy y Soos se despidieron y prometieron venir a trabajar mañana. Mientras que Mabel y Stan se quedaron solos en casa.
- Muy bien Mabel, ¿Qué sucedió?
- Tío Stan… perdí la casa. – Dijo tristemente. – No pude pagar la deuda y me dijeron que mejor la abandonara. Más bien me amenazaron de no volver ni que pusiera un pie en la propiedad. – Acercándose a su maleta para abrirla y mostrar las cosas que se trajo. – Esto es lo único que traje de allá. – Agachando la mirada. – Lo intente, pero cada mes y año se volvía más difícil y tedioso. Durante mis vacaciones tuve que trabajar el triple. Teniendo más de dos empleos y diferentes horarios.
- Oh pequeña. – Abrazando a su sobrina. – Todo está bien, también fue mi culpa por no ayudarte más.
- Tío Stan… aún no sé qué le diré a Dipper cuando lo vea.
- Él comprenderá.
- Por cierto ¿dónde está él y… el tío Ford?
- Mm… bueno. Se fueron de viaje hace un año y medio. – Dijo Stan. – La verdad no supe a donde, pero bueno… nuestra última charla no fue muy buena.
- Entiendo.
- Mabel ve a descansar.
- Gracias.
- El cuarto que tú y Dipper ocupaban está arriba.
- Sí.
Cuando llego a su vieja habitación en el ático, vio que su cama ya no estaba siendo reemplazada por un escritorio y un tablero de recortes.
Se sentó en la cama de su hermano gemelo, se recostó y miro el techo. Estaba agotada de su viaje y por alguna extraña razón no se sentía bienvenida completamente a la cabaña, se sentía incomoda. A pesar de que su tío Stan no estaba molesto, aún faltaba la reacción de su tío Ford y la más importante la de su gemelo.
Necesitaba un plan no podía permitir que su tío volviera a tener más gastos en otro miembro de la familia. Estaba agradecida que la acompañaría a inscribirse a la preparatorio la siguiente semana. Pero necesita rehacer su vida, sin problemas.
- Mabel tu pudiste hacerlo sola, todavía puedes. – Se dijo decidida.
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Al día siguiente Mabel se despertó y se arregló poniéndose lo más formal que podía ser. Tomo su bolsa y una carpeta con papeles, paso de rápido y saludo a su tío y sus amigos. Fue al pueblo a buscar empleo. Intentando encontrar para su edad, sin tener que usar la identificación falsa. Pero todos la rechazaban por ser menor; busco en lavandería, papelería, ayudante de estética, camarera, boutiques, ayudante de limpieza. Pero ninguno le daba empleo a una chica de dieciséis años.
Estaba desanimada necesitaba dinero si es que quería empezar una nueva vida sin ayuda de su tío Stan para pagar sus gastos. Aun si hubiera lugar en la cabaña, sin la presencia de su tío o su gemelo. Se sentía incomoda estando ahí.
Estaba por rendirse cuando vio un letrero en un café escondido y más o menos elegante. Vio un letrero con caligrafía cursiva que decía "Anteiku" entro y un aroma fuerte a café le inundo las fosas nasales. Un sujeto de mediana edad con el cabello un poco largo a los lados y poca barba, alto y fornido. Se acercó a Mabel.
- Bienvenida al café Anteiku en ¿Qué le podemos servir?
- Ahmm… buenos días. – Extendiendo mi mano. – Mi nombre es Mabel Pines y yo… quisiera preguntar por el puesto de trabajo que anuncian.
- Mucho gusto Mabel. – Estrechando su mano. – Bueno pasa a mi oficina. – Llevándola hasta un cuarto al fondo del pasillo. - Es algo pequeño pero es lo ideal para cumplir sus funciones. – Sacando sus lentes de lectura y una carpeta. – Bien Mabel, nosotros estamos buscando una chica activa y enérgica que le guste trabajar en un ambiente de equipo. – Dijo.- Pero antes… ¿cuántos años tienes?
- Tengo… dieciséis.
- Vaya algo joven. – Dijo el gerente. – Dime cumplirás diecisiete…
- No yo apenas acabo de cumplir hace una semana.
- Entiendo. – Dijo. – Por reglas no me dejan recibir un menor, más por el horario que manejamos. Eso nos causaría muchos problemas en el café. – Menciono un poco pensativo.
- Se hacer un buen café y atender bien a los clientes. – Menciono entusiasmada. – También limpio bien.
- De acuerdo chica, calmada. – Viendo la carpeta que traía. – Me das eso. – Dijo el gerente revisando el formulario de empleo. – Eres una adolescente y apuesto que comenzaras la escuela y tendrás algunos problemas con el horario.
- Lo sé. – Dijo Mabel.
- Pero eso no impide que los chicos puedan trabajar, para tener sus gastos necesarios. – Sonriendo.
- Eso significa…
– Que estas dentro Mabel. Bienvenida al café Anteiku. – Sacando un uniforme. – Nos agradara tener otra cara bonita en nuestro café.
- Muchas gracias, prometo trabajar duro. – Enfundando un puño lleno de energía.
- Bueno ahora veamos lo de la paga. – Sacando su libreta. – Tus turnos de trabajo serán lunes, miércoles, viernes y sábados. De… que turno te gustaría en la mañana o la tarde.
- Si es posible en la tarde.
- Bien entonces será tu hora de las 14:00 a 21:00 horas. De acuerdo son 8 horas de trabajo. – Dijo el gerente. – Por favor en caso de no poder acudir a trabajar se me reporta unas dos horas antes, de acuerdo Mabel.
- Sí.
- Bien chica, bienvenida al equipo. – Dijo. – La señorita Tambry te dará una vuelta por el café y empezarías a trabajar el viernes.
- Sí.
- Cualquier duda mi oficina siempre estará abierta.
- Gracias señor…
- Yomo. – Dijo.
PV Mabel
Salimos de su oficina para ser recibidos por una morena de ojos cafés y el cabello rosado con violeta. Portando piercing y maquillaje cargado en sus ojos.
- Tambry Jiménez, ella es Mabel Pines. – Presentándola. – Se unirá al equipo desde el viernes. Podrías darle un recorrido del lugar.
- Okey, no hay problema Señor Yomo, Mabel y yo nos conocemos perfectamente. – Dando una sonrisa. – Que hay chica. – Extendiendo un puño para chocarlo con el suyo. – Bienvenida Anteiku.
- Gracias Tambry.
- Te mostrare lo que hacemos. – Tomando su mano para guiarla a un pequeño tour.
Durante ese rato Tambry me mostraba lo que hacían; el tipo de servicio que se le brindaba al cliente, donde se encontraba la mercancía, los precios de las bebidas y los alimentos y el reglamento del uniforme. Cuando termino de enseñarme me entrego un broche, que hacia juego al uniforme que me entrego el jefe Yomo. Me despedí del lugar y salí con el rostro sonriente.
Ahora solo me faltaba encontrar un apartamento donde vivir sin llegar a molestar a mi tío Stan o evitar ver al tío Ford.
Recorrí una vez más las calles del pueblo en busca de un apartamento económico, cerca y sin problemas con respecto a mi persona.
PV Normal
Mabel caminaba con su libreta anotando las cosas completadas. Iba distraída que término chocando con un chico de cabello azul oscuro y con una mirada grisácea, haciendo que cayera de trasero al piso.
- ¡Ouch! – Exclamo de dolor la castaña. – Disculpe yo no vi por donde iba.
- ¿Estas bien? – Extendiendo su mano para ayudarle a levantarse.
- Gracias, si estoy bien. – Mostrando una sonrisa mientras sacudía el polvo de su ropa.
- Eso es bueno. – Rejuntando sus cosas. – Una hermosa señorita debe prestar atención a su camino, por un momento.
- ¡Kriptos! – Grito un rubio molesto tomándolo del cuello. – Pequeño canalla, me dejaste en la maldita dimensión.
El sujeto se quedó mirando a la chica que lo miraba de forma confundida y temerosa, pero que aun así defendió al chico con el que había tropezado.
- Oiga yo tuve la culpa de tropezar con él, no debería tratarlo de esa manera. – Dijo con voz firme. – El solo me ayudaba.
- Mira pequeña mocosa no te entrometas, vete a salir con tus amiguitas a ir al cine o ver esas podridas revistas de moda. – Tomando al sujeto para llevársela a arrastras. – Y tú inútil te vienes conmigo.
- No soy una mocosa… tú… rubio oxigenado. – Dijo furiosa.
- ¿Rubio oxigenado? – Soltando a Kriptos. – Que poco insulto tan original. Saco de carne inmadura e infantil. – Escupiendo con odio la palabra. – Solo eres una niñata que juega a ser adulta. – Había leído su mente. – Esa ropa no te queda. Vuelve a tus vestidos de niña.
- Eres un tonto, tonto con T. – Inflando levemente sus mejillas.
- Vamos Cipher, no molestes a la señorita.
- Señorita Ja ¿Dónde que no veo a ninguna? – Burlándose de la castaña. – Aquí solo veo a una cría.
- Eres una horrible persona. – Sacándole la lengua, antes de retirarse lejos de esos sujetos.
- Ves es una cobarde. – Dijo el rubio burlándose.
- Eres lo peor con las mujeres Cipher. – Dijo Kriptos.
- Aunque debo admitir que la chica tiene agallas para regresarme las palabras. – Dijo mirando a la castaña irse.
Mabel caminaba nuevamente sin rumbo por culpa de su reciente discusión con un completo extraño.
- Es lindo y guapo, pero es un imbécil. – Dijo la castaña hasta toparse con una zona apartamentos, siendo solo ocho apartamentos, cuatro arriba y cuatro abajo con el letrero de renta. – Creo que ya encontré lo que buscaba. – Dijo sonriente.
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Continuara…
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