¿Derechos de autor? No, los personajes no son míos... Tengo cierta tendencia a pensar que lo son, pero hasta ahora no se ha dado el caso... Los únicos derechos de autora que tengo son los de mi cabeza... ¿Alguien ha visto mi peinado? ¡Es único!
-Diálogo-
"Pensamiento"
Aviso: Fanfic que puede tomarse como una continuación de "¿Qué ocurre aquí con los enamorados?", cuyo título dista de ser ingenioso y solo coloqué por no destapar nada de la trama. Digo que puede tomarse como una continuación, ya que el que no lo haya leido va a entender igual la historia.
Parto de la premisa de que Ranma y Akane tienen 32 años, tuvieron a su hija con 16 y esta es la actual edad de la niña. (Y si alguien me rebate con un argumento tal como que la historia de los 38 tomos de Ranma 1/2 no puede ocurrir en tan corto espacio de tiempo, yo solo tengo que decir: Oye, que esto solo es un fic, pura invención. Y si la gente puede hacer fanfics de Ranma policíacos, de abogados, de sexo desaforado y sin control y de otra calaña, ¿Porqué no puedo yo inventar mis historias?)
LA IMPORTANCIA DE UN "TE QUIERO"
CAPITULO 4
Ranma ya se encontraba de un humor un poco... sensible. A la mínima, estaba seguro de que iba a estallar e iba a golpear a Shampoo y a todo el mundo allí presente. Cada vez que había intentado decir las dos palabras más esperadas de parte de su esposa, tenían que venir a interrumpirle. Pero el caso es que también le mantenía molesto el hecho de que a Akane no pareciese molestarle tanta interrupción.
Y Akane cada vez tenía menos buen humor. -Venga Ranma, ¿Qué quieres decirme?- preguntó en un tono forzadamente alegre.
Ranma miró a un lado... y luego al otro... y después de comprobar que, como él esperaba, esta vez no iban a ser interrumpidos, continuó diciendo -Mira Akane, esto es algo que he querido decirte desde hace mucho tiempo... Es solo que no sé porqué no lo he dicho antes...
El hombre, el orgulloso hombre, maestro de una escuela de artes marciales, había dulcificado su voz y cogido ambas manos de Akane. Y ambos sentían las pulsaciones de sus corazones, aceleradas, en una incesante carrera por ver cuál de los dos era el que podía correr más deprisa. El mundo a su alrededor dejó de importar para volverse oscuridad, alejada de la luz que existía entre ellos dos...
-Ranma...- susurró su nombre, dejando que su voz acariciase con la punta de sus dedos su mejilla.
-Akane...
-Y ahora, ¿no apetecerles un poco de dulce "especialidad de la casa"?- preguntó oportuna Shampoo. Ambos estaban tan perdidos en ellos que no se habían dado cuenta de que la chica se había acercado. Es más, aún no se habían dado cuenta.
Shampoo bufó con fastidio. "Así no estoy consiguiendo nada... ¡Ya sé lo que puedo hacer! ¡Y esto le molestará de por vida! Pero primero..."
Ranma y Akane, ahora mismo, se encontraban ajenos a lo que la otra chica se encontraba haciendo cuando de pronto, Ranma se asustó al sentir algo muy frío en su regazo, levantándose de un salto que asustó tanto a Akane como a la camarera. -¿Pero qué...?
-¡Ayia! ¡Shampoo lo siente, agua era para la otra mesa! ¡Se ha caido sin querer!
-¡No importa!- gruñó Ranma chica, ofuscada, mientras se dirigía al baño. Se maldijo por novena vez su falta de tiempo para escojer un lugar romántico donde cenar.La ocasión no era la mejor de su vida. Se maldijo otra vez. Notaba que no era el momento apropiado para decírselo, por más que quería. "Ojalá que, por lo menos, la noche no empeore..."
Akane contempló su espalda mientras se perdía, y un bufido de insatisfacción, que no un suspiro de alegría, fué lo que escapó de su boca. "¿Qué será lo que tiene que decirme? Porque si ahora me va a decir alguna sensiblería, no es precisamente el mejor momento..."
Ranma, saliendo del aseo de hombres con su cuerpo original, se cruzó con Shampoo. -¡Ranma es muy injusto! ¡Shampoo pudo hacerte mucho más feliz que esa fea!
Ranma, desde donde estaba, ojeó hacia donde estaba la mesa que compartía con Akane y luego miró a Shampoo. -Ponte gafas, Shampoo, que Mousse te ha contagiado su ceguera. ¿Cómo puedes decir que Akane es fea?
Shampoo miró a Ranma con los ojos llenos de lágrimas, lo que, más que asustar a Ranma, lo enfadó aún más. Él ya conocía las artimañas de esa... esa bruja. Cualquier emoción siempre podía ser fingida. -Al menos... ¿Shampoo tiene un último abrazo de consuelo?- y sin esperar respuesta, se lanzó a abrazarle con tanta fuerza que él, por más que intentaba apartarla, solo parecía que estaba metiéndole mano a la chica.
Y fué ese preciso momento el que escogió Akane para ver qué le mantenía tan ocupado. Veía la espalda de Ranma abrazando a Shampoo.
Se frotó los ojos. Quería creer que era una visión. Es más, ¡Quería confiar en que ese hombre era otro! Y sin embargo, lo mirase por donde lo mirase, era Ranma, con su inconfundible trenza y aquel elegante traje que había vestido esa noche.
Apretó el vaso con tanta fuerza que se rompió en su mano, haciéndose cortes en la fina piel. ¿A ella qué le importaba?
Sora, contradiciendo a su padre, salió de allí. Decidió ir con Tetsuo a dar una vuelta.
-Como el otro día me seguían tan de cerca, tuve que saltar el muro y colarme aquí mismo. No sabía quién vivía allí, sólo esperaba que al menos no me delatase.
Le contó que al encontrar la casa vacía, se extrañó y fué a comprobar si era una vivienda abandonada donde pudiese escapar cuando las monjas se enfadaban con él. Él le iba explicando un montón de cosas que ella no había preguntado, pero tampoco tenía inconveniente en decirle que no quería saber.
-...Y el caso es que la madre superiora me dió un broncazo de campeonato, y me prohibió salir de allí hasta que tuviese la mayoría de edad. ¡Es injusto! ¡Ni siquiera lo hice yo!
-Oye, si no puedes volver, ¿dónde duermes?
Él la miró, sonriendo. -¿Quién ha dicho que no puedo volver? Lo que se supone que no puedo es salir, pero si no me ven salir, se supone que estoy encerrado en mi cuarto. Desde que puedo saltar por la ventana y después encontrar el hueco en la valla, no tengo problema en salir a la hora que quiera.
Hablando de hora, Sora cayó en la cuenta de que ya era bastante tarde. -Oye Tetsuo, vuelvo ya para mi casa. Es tarde.
Tetsuo miró el reloj y exclamó -¡Anda ya, pero si no son ni las diez!
-Lo sé, pero es que tengo que ir al instituto y todo eso...- "No pienso ir... ¿Para que estén mis amigas molestándome? No, lo siento. Me escaparé a algún otro lugar..."
-¡Pero si el instituto es un rollo! Mira, mañana voy a ir a colarme a un edificio en construcción. Tengo que despertarme temprano para no encontrar a ningún obrero trabajando... ¿Te vienes?
Sora lo pensó. Era de noche y las estrellas relucían en lo alto. O eso pensó, ahora que las estaba mirando a ellas y no a ese inconsciente. Las obras eran peligrosas para alguien tan... atontado.
Lo raro es que no tenía ganas de discutir. Era un plan mejor que lo que pensaba hacer. -OK, te veo mañana a las seis, en la puerta de mi casa.
Tras despedirse, cada uno tiró para un lado diferente. Sora volvía ya a casa. Era de noche, y las estrellas relucían. Por eso no se explicaba como es que la noche cada vez se estaba volviendo más oscura.
Dos plumas. En medio de la carretera yacían dos plumas. Sora miró al cielo, donde las nubes estaban comenzando a taparlo todo muy deprisa. ¿De qué pájaro serían?
La inmediatez de la oscuridad total fué algo increíble. Ya comenzaba a llover. Sora se llevó las manos a la cabeza, cubriéndose como podía, pero al final acabó transformándose. A medida que se alejaba por la calle, en aquella esquina dos hombres observaban al muchacho. La situación les impedía cumplir con las órdenes mandadas.
Ranma pronto volvió del baño, tras haberse librado de Shampoo, llamándola zorra y otras cosas nada apropiadas. Si la momia viviese para verlo...
Se sentó en la silla. -Buff... Qué pesadilla... Siento haber tardado tanto. ¿Akane?
Akane alzó la mirada. Las miradas fácilmente se llenan de emociones aunque el resto del cuerpo no quiera acompasarlas. -¿Cuánto tiempo hace?
Ranma no comprendía. Y menos al ver la mirada furiosa de su esposa. -¿Cuánto tiempo hace qué cosa?
-No, Ranma. Aquí las preguntas las estoy haciendo yo.- sentenció firme, confundiendo aún más a su esposo. -Y quiero saberlo. No me tomes por estúpida, porque todas las mañanas me despierto sola en la cama. ¿Cuánto tiempo hace?
Ranma no resistió más aquella mirada. "Oh, mierda. Ya lo ha descubierto... ¡Sabía que se iba a enfadar cuando lo supiese!" -Erm... unos cuantos meses.
-Entiendo...
Akane se abrazó a sí misma, sintiendose peor de lo que nunca pudo haberse sentido. Ni siquiera la sensación de estar muerta, que sólo ella entre los vivos conocía, era tan desagradable. La llevaba engañando todo ese tiempo... Y ella como una estúpida, decidió confiar en él.
Ranma tragó una profunda bocanada de aire. -¿Qué te ha pasado?- preguntó preocupado, levantándose de la silla, alcanzando su brazo donde estaba comenzando a ver sangre.
-No me toques.- Ella le impidió acercarse de un manotazo, y Ranma pudo ver los cortes de su mano.
-Te has hecho eso con esto que hay roto aquí, ¿no?- preguntó, levantándo uno de los fragmentos del vaso. Llamó a Shampoo, que ya que estaba molestando toda la noche, se molestaría al menos en retirar los afilazos pedazos. -¡Shampoo!
Y la chica, mientras se acercaba, miraba la escena, atenta por si había surtido efecto su estratagema. Viendo la cara deprimida de la chica en la mesa, que de repente la estaba asesinando con la mirada, interiormente sonrió y decidió continuar con su plan. -¿Sí, cariño?
Ranma se extrañó de verla sonreir. ¡La acababa de mandar a paseo hace un minuto! -¿Cómo que cariño? ¡Recoge estos cristales! ¡Akane, la que por si no lo recuerdas es mi esposa, se ha cortado!
Akane limpió un par de lágrimas que se le habían escapado. Ese "es mi esposa" no había sonado más hipócrita en toda su vida. -No te preocupes, Ranma. Si la quieres más a ella que a mí, al menos, podías habérmelo dicho.
Ranma parpadeó, confuso ante las miradas que estaba recibiendo de las dos mujeres. -¿De qué estás hablando?
Akane ya no se encontraba tan triste. Más bien, colérica, se levantó de la mesa haciendo un ruido tremendo con la silla. Todo el mundo en el Nekohanten puso su atención en ellos tres. -¡No hace falta que disimules, Ranma! ¡Hace un momento tú mismo me has dicho que llevas meses viéndote con ella!
Ranma al fin, sintió que sabía de lo que estaban hablando, y que ella por algún motivo había distorsionado sus palabras. Respondió con seguridad -¡Yo no me refería a eso! ¡Si todas las mañanas te levantas sola es porque tengo que ir a trabajar, ya que con el dojo no nos basta!
La mirada que Akane le estaba dedicando no era de las mejores. Shampoo no sabía de qué estaban hablando, pero podía serle de provecho y había deslizado sus brazos alrededor del pecho de Ranma, y se estaba restregando lo más cariñosa que podía contra su espalda, diciendo -Ranma no necesita ser mentir... No me importa ser la segunda mujer...
PhOW
El puñetazo había sido seco, pero resonaba más que cualquier bofetón. Un bofetón se da cuando una está dolida. Sin embargo, si eres Akane Saotome, una bofetada no es una opción. Tenía que ser un puñetazo que resonara en toda la estancia y en la cara de Ranma.
-Quiero el divorcio.- dijo Akane, sientiendo como el corazón se le iba en ese mismo golpe.
Ella no se marchó, con la indignidad de la mujer dolida que ha sido traicionada. Akane mantuvo su mirada, observando cómo Ranma desfruncía el ceño y perdía el color de la cara. Le vió abrir los ojos, sorprendido, y preguntar en el silencio -¿Qué?
Akane se acercó a él. Iba a llorar, estaba segura. Pero no antes de aclarárselo. A veces, la tristeza es escondida con la mayor ira y odio del mundo -Quiero divorciarme. Quiero irme. Ranma, por mí puedes irte al infierno.
Y con eso dicho, ya podía darse la vuelta y marcharse a casa. Sentía la mirada de todo el mundo clavada sobre ella, riéndose de ella por haber sido tan estúpida, tan crédula.
Ranma la veía marcharse. Sabía que su relación estaba en un punto malo, pero no hasta qué punto. Akane le estaba pidiendo que la dejara ir... Y su corazón se comprimió. Se contraía dolorosamente.
-Te quiero...
Akane se detuvo. Sabía lo que había oído. Se dió la vuelta, para mirar a su esposo con los ojos llenos de lágrimas. -Te quiero, Akane...
Ranma no sabía qué ser se había apoderado de él. Había dicho esas palabras con la entereza que no tenía en su interior, porque estaba temblando. No había tenido más miedo en toda su vida.
Ella se acercó a él, diciéndole algo que se le clavó en el alma. -Es demasiado tarde, Ranma. Has tenido dieciséis años para demostrármelo. Esta vez no, Ranma. No voy a perdonarte.
Akane salió del restaurante. Ranma lo había hecho... al fin había dicho que la quería... Y la chica sintió que solo lo había hecho para mantener su fachada orgullosa de semental.
Ranma la siguió, con la mitad de su consciencia evadida de aquel lugar, deseando realmente no haber escuchado aquellas palabras y con la secreta esperanza de poder arreglarlo todo. Estaba lloviendo y Akane se había empapado completamente. Ranma la cogió del brazo -Akane, estás equivocada... Yo no...
-¡Suéltame! No voy a escucharte, ya he oído bastante.
-Pero...
-¡He dicho que no!
Fué un gruñido. Ranma mantuvo unos metros de distancia con Akane mientras llegaban a casa. Ella no le dejaba ni acercarse. "Esta vez, Ranma...", él suspiró mientras pensaba con el corazón completamente encogido "...la has perdido para siempre."
Sora estaba acostado, intentando conciliar el sueño. No, definitivamente no le diría que podía convertirse en un hombre. Todas las personas que lo habían descubierto habían huido corriendo, como si tuviese la peste o algo así, y le habían retirado el habla. No iba a permitir que la única compañía agradable que tenía ahora también la mirase con aquella cara de asco.
Sintió a alguien entrando por la ventana. Al ver que era su mad... padre, pensó riendose para sí mismo, se rió. Siempre sonreía al pensar en su padre como en una madre al transformarse.
-¡Me estoy calando aquí afuera, y hace un frío que pela! ¿Tienes una toalla?
Sora supo instantáneamente que la cena había sido un desastre. Cogió una del armario y se la pasó a Ranma, -¿Por qué has venido a mi cuarto? ¿Otra discursión?
Ranma asintió, desenrollando un futón al lado de la cama de su hijo, esquivando la ropa sucia y reconociendo el cuarto desde la última vez que estuvo ahí dentro. Akane le había cerrado la puerta de casa en las narices, y al entrar en su cuarto, ella le había echado a patadas. -Algo así... Buenas noches hijo.
Ambos se acostaron a dormir, y solo Sora consiguió que la somnolencia la apoderase. Ranma estaba bien despierta, con los ojos clavados en la pared.
-Sora...
-¿Mhnnn...?
-Oye... Si... Si tu madre y yo nos separamos...- le costó, mira que le costó, y aún se estaba preguntando cuál era la manera más adecuada de preguntarle eso a un hijo. -¿Tú que harías?
Sora abrió los ojos, no entendiendo muy bien la pregunta ni la supuesta respuesta que su padre debería estar esperando. -No sé... ¿No se supone que eso es cosa vuestra?
Y bajo el mismo techo, tres personas eran incapaces de conciliar el sueño. Akane ni siquiera estaba intentando dormir, sino que estaba rompiendo todas las fotos que tenían juntos. Tenía unas ojeras enormes.
"¡Eres un maldito traidor desconsiderado!" pensaba continuamente, y en traiciones, y venganzas. "¡¡Voy a adoptar un gato de mascota!!" pensó rabiosa. "¡¡Y QUE SEA BIEN MACHO, QUE NO QUIERO VOLVER A ACORDARME DE ESA ZORRA NI DE ESE CERDO!!"
Iba a romper otra foto más pero se detuvo. En esa había otra persona además de ellos dos. Una niñita pequeña, que sonreía con los ojos cerrados. Esa sí que era una cara de felicidad.
Akane suspiró. Esto le iba a doler a su hija más que a ella. Los más afectados por estas cosas siempre eran los hijos. "¿Cómo voy a decírtelo, Sora? ¿Cómo te lo vas a tomar...?"
Continuará...
