Hey, aquí Swei. Primero, una disculpa por la ausencia. Tuve un problema familiar que tomó todo mi tiempo y no pude ni siquiera venir a dejar un anuncio. Lo lamento por eso. Por otra parte, debo de ponerme al día con la universidad, así que no prometo actualizar la siguiente semana, pero daré lo mejor de mí para arreglar el siguiente capítulo. Muchísimas gracias por los reviews, en serio. ;u; Los iré contestando poco a poco.
El capítulo hace referencia a algunos sucesos del Campamento de Entrenamiento y a los capítulos 84 y 85 del manga, si no me equivoco. Así que... eso podría resultar en spoiler.
IV
― ¡Yagi Toshinori!
Todo sucedió en apenas un segundo. El hombre salió de alguna parte, pero no supo de dónde. Pronto aparecieron dos más. No tardó en darse cuenta de que el enfrentamiento era inevitable. Estaba preparado para eso, se dijo. Para eso había estado entrenando arduamente durante tanto tiempo.
― Quédate atrás, Todoroki ―. Dijo Yagi, avanzando un paso en dirección a los hombres.
― ¿Qué diablos estás diciendo? ― Protestó ― No hay forma en la que…
― ¡Todoroki! ―Interrumpió con firmeza ―. …este no es tu asunto.
Enji parpadeó un par de veces y sus labios se torcieron con disgusto. Era la primera vez que lo trataba de esa manera y no pudo no sentir que algo dentro de sí comenzaba a hervir con las llamas de la furia.
―. ¿Qué es lo que quieren? ―. Prosiguió el rubio.
El más alto de todos, un sujeto enorme en todos los sentidos, soltó una risa sardónica y dejó entrever unos dientes húmedos y afilados, propios de una bestia. Con la poca iluminación de la luna, se veía bastante imponente. Movió el cuello y se produjo un crujido desagradable
― ¿Tienes que preguntarlo? Sabemos que lo tienes ―. Dijo.
El pelirrojo no entendía nada. Se había negado a retroceder así que era capaz de observar el perfil de su compañero, con una expresión endurecida y casi furiosa, listo para atacar. El azul de sus ojos de pronto parecía brillar de manera amenazante. Lo había visto pelear en la escuela y en algunos incidentes menores, pero su actitud no se parecía en nada a lo que estaba viendo.
― ¿De qué diablos está hablando, Yagi? ― Insistió, exigiendo una respuesta.
― Ya te dije que no es tu asunto, Todoroki ―. Siseó. Apretó los puños por pura frustración ―. …sólo quédate atrás. Me encargaré de esto…
La vena de la ira comenzó a palpitar con fuerza y su voz ya no quiso contenerse.
― ¡¿Cómo te atreves a decir eso?! ¡¿Qué hay de…?!
Antes de que pudiera terminar la frase, un puñetazo inesperado en el estómago lo dobló sobre sí mismo. El segundo sujeto estaba frente a sí, con una mirada casi desquiciada en los ojos. Las llamas salieron de su cuerpo inmediatamente, quemando la tela de su uniforme en el proceso.
― ¡TODOROKI! ― Gritó el rubio.
En un pestañeo, el hombre estaba en el sitio anterior. Teletransportación. Qué poder tan más nefasto para un villano.
― Estoy bien… ―. Escupió, levantando una mano para que no se acercara.
― ¿Ah? ¿Es ese tipo importante para ti? Deberíamos empezar con él ―. Mencionó el primero, ralentizando las cosas como si tuvieran el resto del día para pelear. Villanos de ese tipo no eran más que idiotas pretenciosos.
― ¡Es a mí a quien buscan! ―. Hizo notar Toshinori.
― Cierra la boca, Yagi… …no es como si pudieran vencerme tan fácilmente… ―. Gruñó por lo bajo. Lo habían golpeado peor en las prácticas, así que no pudo evitar sonreír un poco.
Estaba enojado y nadie le estaba aclarando nada. Toshinori no parecía tener intención alguna de dejarlo pelear, pero no necesitaba su permiso. En esa situación, tampoco necesitaba conocer la causa. Con la parte superior del cuerpo encendida, volvió a erguirse. En un momento analizó la situación. Tres contra dos. Uno podía teletransportarse. Con muchas probabilidades, el que se encargaba de hablar tenía un quirk de aumento de fuerza. Del tercero no sabía nada. Estaban atrapados. ¿Pero qué hacía un héroe si no era salir de las situaciones sin salida? La adrenalina corría por sus venas, vibrando, latiendo. La ira que sentía alimentaba la excitación propia del combate. Debían abrir un camino y terminar con eso…
Antes de que pudiera decir algo, el cuerpo de Yagi se interpuso entre él y un ataque directo del hombre-bestia.
Lo que recordaba de la pelea no era mucho. Luego de un par de golpes, había notado que podía limitar el alcance del teletransportador si se colocaba en la unión entre ambos muros del callejón. Suponía que sólo podía moverse hacia zonas que alcanzaba a ver. De esa forma sólo podía atacar de frente, en diferentes ángulos. Por el rabillo del ojo había contemplado al tercer hombre, observando desde las escaleras contra incendios. Seguramente no era bueno peleando. A pesar de todo, era imposible hacer algo contra su enemigo cuando apenas estaba un segundo antes de desaparecer. Se estaba esforzando por mantener sus llamas al máximo, tratando que alcanzarlo apenas lo sentía acercarse. Ante tal velocidad, comenzó a memorizar el patrón de sus movimientos.
Esperó unos segundos para confirmar el patrón, defendiéndose de los ataques que llegaban sin dilación, uno detrás de otro. Pudo ver a Yagi Toshinori peleando por la vida de ambos o por cualquier cosa que necesitara proteger de esos hombres. Lo escuchó gritar cuando los dientes del hombre-bestia rasgaron su piel y supo que no podía esperar más; el sonido había perforado en sus oídos con fuerza descomunal. Mientras más rápido acabara, más pronto podría nivelar la balanza.
Derecha, derecha, izquierda, derecha, izquierda, izquierda….
Cuando extendió su mano, sus dedos alcanzaron la cabeza del hombre y las llamas se manifestaron en toda la palma. Fue apenas un instante antes de que le llegara a la nariz el olor a carne quemada, junto a un gemido de dolor que se extendió por un segundo antes de que su dueño se desplomara sobre el suelo, con el rostro en una mezcla de colores rojizos y negros. Una parte de sí le gritó que se uniera a Toshinori en su lucha, pero si hacía eso, susurró su consciencia, podrían quedar expuestos al poder desconocido del enemigo faltante.
Inmediatamente dirigió sus ataques al sujeto que estaba en las escaleras de incendio. Éste se movió de manera fluida, esquivando las bolas de fuego con demasiada naturalidad. Con un movimiento sutil por fin se atrevió a bajar. Los gruñidos del contrincante de Toshinori cruzaban el aire, así como los jadeos del rubio. Quería asistir en su ayuda, pero no podía hacer nada más que confiar en él; debía concentrarse en su propósito y no perder de vista a su objetivo. Ahora había uno menos. Mientras se acercaba al villano, éste cambió de dirección y quedó, como había estado él anteriormente, contra la unión de los muros. Un movimiento idiota a su parecer.
― Estás atrapado ―. Gruñó.
Hubo una concatenación de cosas en ese instante. Su mano encendida trató de cerrarse sobre un cuello que desapareció contra sus dedos. Ilusión. Maldijo en voz alta y se volteó con rapidez, pero la voz de Toshinori gritando ¡SMASH! le llegó un segundo antes que el dolor. Con el sonido del cuerpo del hombre-bestia colapsando sobre el suelo, apenas fue capaz de escuchar algo similar a "Debiste cuidarte las espaldas" de parte de una figura ennegrecida y quemada por partes, que había aparecido frente a él de la nada. Mierda.
El filo abriéndose paso por la piel de su abdomen y el golpe en el rostro que lo sucedió fueron suficientes para que todo se volviera negro.
― ¡ENJI! ― Fue todo lo que escuchó a la distancia.
De lo primero que fue consciente fue del peso de sus párpados, luego, del resto de todo su cuerpo. El espectro luminoso de donde fuera que se encontrara hacía que viera manchas brillantes y rojizas incluso con los ojos cerrados. Se removió un poco y el dolor en su abdomen se hizo presente. No era insoportable, pero era incómodo y ardía. Estaba bastante seguro de que debería haber sido peor. Al final, se esforzó por separar los párpados lentamente, encontrándose con la lámpara que pendía del techo de la enfermería y que conocía bastante bien. ¿Qué clase de héroe en entrenamiento no había pasado una buena parte de su vida académica reposando en las camillas? Arrugó el entrecejo por el destello y sólo entonces, al tomar más consciencia de sí mismo, sintió una mano sujetando la suya. Muy al fondo de su mente, se dijo que había más de una cosa fuera de lugar ahí, pero no estaba lo suficientemente en sí como para decir con certeza de qué se trataba.
― ¡¿Todoroki?! ¡¿Estás despierto?!
― ¿Hmn?
La voz de Yagi estaba llena de alivio. El agarre de su mano se volvió más fuerte. Volteó el rostro para poder verlo, pero ese rubio tenía algo en la cabeza que no lograba comprender y, al parecer, tampoco sabía qué era dejar descansar al paciente. Y es que incluso si hubieran tenido que pelear nuevamente en ese preciso instante se hubiera sorprendido menos y hubiera sabido mejor qué hacer. Casi como si lo hubieran vuelto a golpear, todo su cuerpo se tensó. Sus ojos se abrieron ampliamente y sintió que todo el aire abandonaba sus pulmones de inmediato. Sus dientes chocaron por el impacto tan repentino. En un segundo, Yagi estaba sentado en la silla de al lado y al otro, estaba apretando sus labios contra los suyos, con una mano en su rostro y la otra sujetando sus dedos como si no tuviera intenciones de soltarlo nuevamente.
Lo estaba besando.
Toshinori Yagi lo estaba besando.
No podía decir a ciencia cierta si eso estaba pasando en realidad. Se sentía como un sueño y, a decir verdad, no le hubiera sorprendido que fuese sólo el resultado del quirk de ilusión del villano. Su corazón se agitó inmediatamente y sintió cómo su cuerpo se calentaba en respuesta, tanto por la sorpresa como por la vergüenza que aquello le causaba. Pero no lo apartó. No había forma de que eso fuese a pasar incluso si su orgullo se veía comprometido de alguna manera. Luego de unos segundos de conflicto terminó por relajarse y ceder, destensándose sobre la camilla. Asumiendo que eso realmente estuviera pasando, los motivos continuaban siendo una incógnita; si lo hacía porque correspondía a sus sentimientos o simplemente porque se sentía liberado al verlo vivo, no tenía la menor idea, pero en ese entonces, con su mente joven y sumida en un estupor convaleciente, se permitió disfrutar del beso. Era el primero que daba, después de todo y era con la persona de la que se había enamorado.
Cerró los ojos; Toshinori sonrió contra su boca y se mantuvo así un rato más, realizando pequeños movimientos con los labios que mandaban cosquillas a todas sus terminales nerviosas. No sabía cómo describirlo; dentro de sí el fuego que corría por sus venas pareció avivarse, amenazando con salir en cualquier momento para envolverlos a ambos. Su estómago, aunque adolorido, se removía con fuerza, casi como cuando los llevaban al límite de sus capacidades y sentía que estaba a punto de vomitar. Su cabeza no estaba en mejores condiciones, había decidido irse lejos para no pensar en las implicaciones de todo aquello. Todo en lo que podía reparar era en lo suaves y cálidos que eran los labios de su compañero. Apretó más los dedos del contrario y el rubio por fin se apartó. La expresión que tenía lo dejó todavía más descolocado: estaba sonriendo, pero era esa clase de gesto que hacía que quisiera sonreír también; sus ojos azules brillaban con demasiada fuerza. Sus mejillas, ligeramente coloreadas por el sonrojo, lo dejaron embobado.
Tuvo que desviar la vista a otra parte, avergonzado por lo que había pasado ahora que la razón comenzaba a ocupar sitio en su cabeza nuevamente. Se limitó a bufar, pero sintió que el pulgar contrario acariciaba el dorso de su mano con paciencia; también era consciente de cómo tenía sus ojos encima. De todos modos, procedió a incorporarse hasta que se halló sentado.
―. …por un momento pensé que iba a perderte ―. Agregó Toshinori luego de un rato.
Un nudo incómodo se formó en su pecho.
― …como si fuera tan sencillo deshacerse de mí ―. Respondió.
― Lo sé. Pero estabas inconsciente y sangrabas… no sabía a dónde llevarte, así que te traje a la escuela. Terminaron llamando a Recovery Girl.
Entonces sí que se dignó a verlo a pesar de su vergüenza. Ese pensamiento tenía un montón de agujeros y cabos sueltos, pero calzaba a la perfección con la forma de actuar tan inconsciente de Yagi. En esa pelea había comprobado varias cosas: era diferente estar practicando en la escuela, simulando escenarios donde todo ocurría según el orden lógico de los acontecimientos, donde te podías equivocar y no pasarías más allá de la enfermería. Pero el mundo real era otra otro asunto; un segundo de duda que en clase costaría unos puntos en la calificación, afuera podía costarle la vida a cualquier persona. Bajo presión, el instinto parecía valer más que la lógica. Y aunque Toshinori era muy bueno en el rescate usualmente, había terminado haciendo un desastre, seguramente guiado por la desesperación.
― ¿Eres idiota? ¿No era más fácil llevarme a un hospital? ― Preguntó de todos modos.
El contrario se rascó la nuca con la mano libre.
― Sí, supongo. No estaba pensando claramente, no me molestes ―. Suspiró ―. Lo siento por ponerte en esa situación…
No se esforzó en aceptar su disculpa o en rechazarla. Los problemas que había causado llevándolo hasta ahí estaban hechos y se arreglarían de alguna manera. El verdadero meollo del asunto iba más allá de eso.
― ¿Vas a decirme qué sucedió? ― Increpó, con un poco más de seriedad ―. Parecía que sabías por qué aparecieron esos tipos. Y ellos conocían tu nombre. Te estaban buscando. ¿Por qué?
La incomodidad ajena se hizo patente con un silencio prolongado. El chico rehuyó su mirada, hizo un sonido de duda y cerró los ojos. Todoroki no necesitaba toda su capacidad de deducción para saber lo que significaba aquello. Había supuesto un par de cosas luego de verlo llegar en las mañanas con algunas heridas superficiales y lo había corroborado no sólo al ver su técnica de pelea en esa ocasión, sino por la forma en la que reaccionaba, como si estuviera preparado y acostumbrado a ello. Había pensado que, quizás, estaba teniendo algo de entrenamiento extra en alguna parte, pero parecía ser algo mucho más grande. Era molesto que no le aclarara nada y más todavía que le hubiera dicho que se mantuviera al margen al inicio de la pelea. Le resultaba frustrante en todo el sentido de la palabra.
― Yo… Todoroki, lo siento…
― ¿No puedes decirme o simplemente no quieres hacerlo? ― Gruñó. Como aquello lo irritaba, terminó por arrugar el entrecejo involuntariamente.
― …no puedo… ―. Susurró.
Lo invadieron unas ganas tremendas de exigir más respuestas, pero algo en la expresión ajena le decía que, sin importar cuánto insistiera, el rubio no iba a soltar ni una sola palabra.
―Da igual ―. Resolvió ―. No necesito que me lo aclares. Ya lo averiguaré por mí mismo me lo digas o no, pero respóndeme esto: ¿tu voluntad todavía está del lado de los héroes?
Era una sola pregunta, pero era la única que importaba por el momento. Dudar de su compañero, de su amigo, de la persona a la que quería era difícil, era casi doloroso. Pero no había forma de saber el resto de las cosas si Toshinori no pensaba hablar. A falta del panorama completo, necesitaba reafirmar los puntos seguros y creer en ellos. Yagi no pareció ofenderse por la interrogante y lo miró con determinación.
― Por supuesto.
― Entonces no necesito saber nada más por ahora ―. Sentenció, sintiendo que el aire entraba con más facilidad en sus pulmones por más que la molestia siguiera alojada en su pecho ―. Pero no puedes seguir metiéndote en problemas todo el tiempo, Yagi. Deja de ser tan idiota un momento y date cuenta de la situación en la que te encuentras y de la forma en la que tus acciones podrían afectar a los demás o a la escuela misma. Ser un héroe no se trata de correr hacia donde está el peligro para tirarte de cabeza y sin pensar. ¿Qué clase de sacrificio absurdo es ése? Además, ¿qué hay con eso de hacer a un lado a las otras personas? Si piensas que puedes cargar el peso del mundo sobre tus hombros, entonces eres más estúpido de lo que pensé. Sea lo que sea en lo estés metido, más te vale detenerlo ahora.
Lo vio bajar la mirada. Sus manos seguían juntas, sin permitirles olvidar el beso que habían compartido momentos antes, aquél era un asunto secundario. Esta tensión era diferente. Todoroki sabía que esa clase de sermón seguramente era algo dura para el contrario, tomando en cuenta la situación en la que se encontraban, pero ser suave no era su estilo y él no pensaba aplaudir sus descuidos sin importar la situación en la que se encontrasen. Quizás le había salvado la vida, pero las cosas eran como eran. Eso era todo.
― ¿Qué hora es? ― Preguntó, dando por terminado el asunto.
― Como las cuatro de la madrugada, quizás.
― Debería llamar a mis padres.
― Ya lo hizo el director ―. Dijo el rubio ―. Estuvieron de acuerdo con que te quedaras en la enfermería hasta mañana, por lo menos.
― ¿Y dónde está Recovery Girl?
― No estoy seguro. Se fue hace un rato, dijo que volvería después a revisar tu recuperación. Pero tenía razón ―. Mencionó con una sonrisa, recobrando parte de su ánimo usual ―. Tienes mucha fuerza. Eso ayudó bastante a que los daños fueran menores y a que reaccionaras pronto. Sólo estuviste inconsciente por… siete horas, tal vez.
― Hmn.
No trató de decir más. Lo cierto era que le hubiera gustado salir ileso y victorioso, para demostrarse a sí mismo que estaba tan preparado como creía. Pero era frustrante darse de cara con sus deficiencias; muchas de ellas en aspectos básicos. Había perdido la concentración y se había olvidado, por un instante, del objetivo. La insolencia le había jugado una mala pasada…Estaba decidido a continuar con esa línea de pensamiento, pero las caricias del pulgar contrario se reiniciaron, sacándolo de su ensoñación. Se tensó ligeramente, ahora sí, preguntándose qué demonios había pasado entre ambos momentos atrás, recordando el suceso con una claridad excesiva.
― Todoroki... ¿podemos hablar de… lo otro? ― Preguntó el rubio.
Apretó los dientes.
― ¿Realmente… es necesario?
Si Enji hubiera tenido un movimiento especial, ése hubiera sido, sin lugar a dudas, desviar la mirada y poner gesto de enfado. Estaba nervioso y recriminándose a sí mismo sus acciones, evocando una y otra vez las sensaciones que lo habían embargado durante los segundos que duró el beso. Lo había tomado con la guardia baja y él no se había molestado en subir sus defensas. Ahora, afrontando los hechos, tenía que decir que era un desastre por completo.
― ¿Te gusto, Todoroki? Quiero decir… como pareja.
― ¡…!
Y ahí estaba esa forma de ser tan directa y desconsiderada de Yagi, soltando cosas sólo porque aparecían en su cabeza. Detestaba que hiciera eso y lo tomara desprevenido. No tenía ningún derecho a descolocarlo así.
― Porque tú sí me gustas ―. Continuó con tranquilidad, como si no estuviera hablando de sus sentimientos―. Antes de la pelea, estaba pensando en pedirte que salieras conmigo mientras íbamos a la parada de autobús. Y realmente quería besarte, quería tenerte cerca… quería hacerlo desde que me metí en tu futón… ―. Confesó. Aunque se veía apenado, nada se comparaba a la vergüenza que él estaba experimentando. Quería decirle que se callara, pero no podía ―. No, desde antes ―. Dijo―. …y hace un momento, cuando despertaste, mi cuerpo reaccionó solo. He estado pensando en qué debería hacer, porque realmente, realmente me gustas y no sé cómo puedo evitarlo ―. Tomó aire ―. ¡Decidí que quiero estar contigo!
Eso era demasiado para él. Se sentía como si hubiera abierto una llave en alguna parte de su interior y ésta se hubiera roto inmediatamente después, dejando que el agua fluyera sin ningún impedimento, sin que él fuera capaz de hacer algo para detenerla. Y ese caudal que iba creciendo rápidamente y sin obstáculo alguno, inundaba su ser hasta hacerlo sentir que se asfixiaba. Percibía el retumbar de su corazón en las orejas; la temperatura de su piel era elevada; toda su concentración se iba en no dejar salir el fuego que luchaba para liberarse. Se sentía mareado.
― ¿Qué es lo que estás diciendo, idiota? ― Murmuró.
― Te estoy diciendo que salgas conmigo, porque estoy enamorado de ti ―. Hizo una pausa y soltó una risa ―. Además, creo que tú también estás enamorado de mí.
― ¿Cómo demonios llegaste a esa conclusión?
― Pude ver cómo me mirabas en los baños cuando fui a tu casa. Me dejaste abrazarte esa noche y no intentaste apartarme a pesar de que podías hacerlo. Y hoy… hoy me respondiste el beso. Tú también lo estabas deseando, ¿verdad? Mírame, Todoroki. Sé que no permitirías que nadie más hiciera esa clase de cosas… ¿Me equivoco?
Para probarse a sí mismo, terminó volteando. No tenía la menor idea de dónde sacaba toda esa confianza arrolladora, pero su mirada era firme, como si pudiera ver a través de él sin importar cuántas barreras le pusiera. Sin importar cuánto lo negara, estaba seguro de que el rubio ya lo sabía y él no podía huir. Tenía razón. Era capaz de quemar a alguien solamente por tocarlo un segundo más de lo necesario, pero había permitido que Toshinori pasara toda la noche pegado a su cuerpo, acariciando su abdomen, respirando contra su oreja, enredando sus piernas con las suyas e incluso había deseado más; había cedido ante sus labios sin impedírselo tras decidir que era eso lo que quería. Todavía estaba sujetando su mano y lo había hecho durante varios minutos. Tantos hechos no podían ser omitidos y lo sabía. Le hubiera gustado ser menos consciente del calor de su rostro, de su propia vulnerabilidad ante ese tornado llamado Yagi, que se echó a reír unos instantes después.
― ¡Lo entiendo! ― Una vez más, sintió la palma contraria en su mejilla. No se apartó ―. No tienes que decir nada, estás siendo muy claro ahora mismo.
¿Qué sucedía con esa forma de mirarlo o con esa felicidad que desprendía? Pasó saliva cuando lo sintió acercarse y se tensó un poco, bastante seguro de lo que iba a pasar. Entrecerró los ojos cuando sus narices se tocaron, preparándose para el contacto, esperando a que los centímetros desaparecieran para no tener que pensar en el agobio de sentirse repentinamente expuesto, en ver delatada su inexperiencia y su nulo talento en las situaciones sentimentales, pero el contrario se detuvo.
― …voy a besarte ―. Anunció ―. Si no me rechazas, voy a entender que aceptas salir conmigo…
Entonces sus labios volvieron a encontrarse. La misma corriente eléctrica de la primera vez recorrió su cuerpo en menos de un segundo, pero en esta ocasión no había ninguna confusión que le hiciera creer que no estaba pasando. No podía escudarse con la inconsciencia y, sabiendo eso, terminó de cerrar los ojos y lo dejó hacer lo que quería. Sus inquietudes de apagaron en la calidez ajena, mientras intentaba regresar el beso con movimientos torpes y desconocidos de sus propios labios. En un arranque de nervios o lo que fuera que estaba experimentando, tomo al rubio de la nuca y lo acercó más a sí, pidiendo, silenciosamente, un contacto más profundo.
Luego lo sintió sonreír.
― Entonces… están saliendo ―. Dijo Tsukauchi.
Enji sólo atinó a mirarlo de mala manera.
― ¿Puedes no decirlo en voz alta? Es molesto.
― Pero es verdad, ¿no es así?
― Sí, así es ―. Repuso Toshinori con el pecho lleno de orgullo y una sonrisa en el rostro.
― Sólo era cuestión de tiempo. Yagi habla de ti siempre. ― Insistió Naomasa.
― ¡Oye, no tienes que contarle eso!
El pelirrojo volteó a ver al rubio con una ceja arriba y bufó, sonriendo de manera ligeramente burlona.
― Tiene problemas para contener su lengua ―. Soltó.
― ¿Seguimos hablando de conversaciones, Todoroki-kun?
― ¿Qué diablos estás insinuando, Tsukauchi?
Antes de que Enji pudiera incendiarlo, Toshinori lo tomó del brazo y le planto un beso, sin importarle que pudieran verlos. Por supuesto, quien tuvo que correr para huir de sus llamas fue él.
No recordaba la última vez en la que se había sentido sobrepasado por la situación y eso era decir mucho. Cuando se había anunciado el regreso a la ciudad de All Might, supo que las cosas se agitarían para él, pero tener que encontrárselo en el festival deportivo y en el Departamento de Policía o en cualquier maldito lugar incluso durante su tiempo libre era algo que comenzaba a irritarlo más de lo usual. Debería de ser capaz de mantenerse sereno, pero era imposible. Tarde o temprano los recuerdos volvían a abrirse sitio en su mente y el pasado salía a borbotones como un camino de combustible que ardía con la más pequeña chispa. Claramente, apagar el fuego no era su especialidad.
Así que, desde ese atropellado encuentro en U.A., que también le había conducido a un enfrentamiento con el menor de sus hijos, se había esforzado por concentrarse en el trabajo tanto como fuera posible. Pero, sin importar qué tan grandes fueran los problemas, cuando se encontraba solo, el asunto volvía a ser el mismo. Era una tontería pensar que simplemente podía evitar a Toshinori, pues sus posiciones como el primer y segundo héroe no se lo permitirían de ninguna manera, pero intentaba retrasar el encuentro tanto como le fuera posible. No se trataba solamente de evitar su historia de juventud, sino de lidiar con el presente. Cada vez que lo veía, su voluntad terminaba flaqueando y comenzaba a hacer cosas que no haría de ninguna otra forma. Un claro ejemplo había sido cinco años antes, cuando Midnight y Erasedhead habían tenido que detenerlo antes de ocasionar un percance con Suicide Bomber. Cuando se trataba de Yagi, simplemente no podía pensar con claridad.
Por eso, cuando llamaron para solicitar su colaboración y mencionaron a los héroes que estarían participando en la misión, maldijo en voz baja y gruñó largamente.
Es decir, ya sabía que las cosas estaban mal, pero en un inicio no podía saber cuánto. Shouto, por supuesto, no le contaba prácticamente nada. Lo que sabía o no acerca de los percances sucedidos en U.A. eran, en su mayor parte, por sus relaciones con el Departamento de Policía, las noticias, los comunicados oficiales y lo que Fuyumi le decía cuando se encontraban en casa. Primero fue el ataque en USJ, luego el problema con Stain, después el ataque en el Campamento de Entrenamiento que había terminado en el secuestro de un estudiante… Si le hubieran ofrecido resolver el caso por sí mismo, no se lo hubiera pensado dos veces antes de tomarlo; pero como era de esperarse (maldita sea si no), la vanguardia de toda esa misión era All Might y aunque no podía negarse, tampoco se sentía cómodo con el asunto. No era porque no confiara en su fuerza, pues a pesar de lo que sintiera o no por él como persona, tenía cierta confianza y admiración por su figura como héroe. Era simplemente que no le gustaba sentir que no tenía el control de sí mismo.
― ¿Por qué tengo yo que venir a limpiar este desastre? Estoy bastante ocupado, ¿saben? ―. Dijo claramente cuando llegó al Departamento de Policía. La mayoría de los héroes estaban reunidos ya.
Poco le importaron las miradas que le dieron. Si quería quejarse, iba a hacerlo. Cualquiera que quisiera enfrentarlo tendría que hacer algo más que soltar palabras.
― Bueno, somos alumnos de U.A., después de todo ―. Respondió Best Jeanist. No era de su total agrado, pero tampoco tenían una mala relación. Era un hombre de personalidad complicada también, así que sólo se cruzó de brazos, dándole la razón con un bufido malhumorado ―. La propia U.A. no puede reunir a los héroes en este momento. Ve el panorama completo, Endeavor.
Estaba por responderle cuando la figura de All Might se posicionó frente a él, dándole la espalda y liderando el cuerpo de elementos. Cuando estaba así, tan serio y determinado, cuando estaba cumpliendo su labor, se detestaba a sí mismo por no poder evitar esa sensación que le causaba. El rubio no era el Símbolo de la Paz de la boca para afuera. Su actitud, a diferencia de él, era capaz de inspirar a las personas, de dar esperanza. Se había convertido en todo lo que alguna vez había enunciado frente a su padre y él no podía evitar salir afectado por ello, así que sólo se maldijo en su fuero interno.
― Este incidente puede provocar el fin de la sociedad de héroes como la conocemos si no aplicamos nuestro esfuerzo en resolverlo ―. Sentenció el héroe número uno.
Con esa frase, los preparativos para desmantelar los planes del Liga de los Villanos y salvar a Bakugou Katsuki comenzaron.
Ambos estaban frente al edificio, de la misma forma en la que se habían encontrado durante su primer ejercicio en conjunto, cuando apenas si sabían el nombre del otro. Antes, por supuesto, de que sus caminos tomaran rumbos diferentes. Esos ejercicios habían quedado enterrados debajo de varias décadas, convertidos en polvo con el pasar de los años. Ya no eran más unos adolescentes. Ya no tenían permitido distraerse. Ya no tenían permitido fallar. Ya no tenían permitido equivocarse.
― ¡Hora de voltear la balanza, héroes!
El grito de All Might hizo eco en la noche.
De verdad, gracias por leer. ;u; Cualquier cosa, no duden en decirme. Uh... lo siento por mis peleas fails, estoy tratando de mejorar eso. Y nada... gracias también por seguir la historia.
