-Gale- le llame-. Déjame entrar andando en mi casa y... haz como si no hubiera pasado nada. Tu también
Haymitch.
-¿Por que lo has hecho?-me pregunta-. Hace meses que ni os habláis y ahora te sacrificas por el.
-Porque estaba ahí arriba por mi culpa.
-Se perfectamente que no hay ninguna complicidad de robo, es lo que suelen decir cuando quieren enviar un mensaje, ¿hacia quien iba el mensaje?
-Hacia mi.
-Entra ahí dentro chico, o vete con tu familia- dijo hacia Gale. Me miro interrogante y yo asentí.
-Me quedaré dentro de tu casa, no me iré hasta que te curen lo de la espalda.
-Gale no hace falta.
Me ignoro y entro en la casa.
-¿Que ha cambiado?
-No lo se.
-¿Por que han cogido a Peeta en vez de a ese chico?
-No lo se, y no quiero a ninguno de ellos ahí arriba.
-Esta bien, cual era el mensaje.
-Que haga lo que ellos quieren o harán daño a los que quiero.
-¿Como esta tu espalda?
-Que yo sepa dolorida. ¿Como esta?
-Tienes dos heridas, una mas profunda que la otra
-¿Se nota que me los han dado?
-tienes sangre en la camiseta, pero podría pasar si dices que es de el. Pero mejor que te cubras con algo la espalda.
-Vale- camine hacia casa comprobando que la espalda me dolía a cada paso que daba. Cuando abrí la puerta cogí mi abrigo de verano y me lo puse.
-Esta arriba- me dijo uno de sus hermanos. Yo asentí y subí las apolle en el umbral de la puerta para recuperar fuerzas mientras veía a mi madre y a mi hermana iendo de un lado a otro y embadurnadole la espalda a Peeta con mil y un mejunjes de los que ella usaban.
-Katniss. Yo no... yo no he hecho nada.
-Lo sé.
-Todo lo que han dicho es mentira.
-La verdad es que no he prestado mucha atención a lo que han dicho. Solo se lo que "cómplice de robo".
-Te han hecho algo.
-No, estoy bien. Solo un pequeño golpe en la cara- le dije ya que eso era algo que no podía ocultar. Mi madre me mira preocupada.
-¿Y toda esa sangre?- por un momento el pánico me inunda pensando que se había dado cuenta de lo de los latigazos, pero en seguida me doy cuenta de que tengo toda la camiseta llena de sangre y que la mayoría no es mía, sino de Peeta.
-Es suya, me he manchado al sacarle de allí.
La mirada que me manda mi madre me hace saber que no me ha creído, así que niego con la cabeza esperando que entienda el "te lo cuento después y me doy la vuelta. Mala idea. El grito que da mi hermana me llega hasta los huesos
