Capítulo 4. But when you´re mad you´re still beautiful…

Los ojos marrones de Yuri Katsuki estaban llenos de rabia y de un enojo callado que no auguraba nada bueno. Al verlo así, con esa mirada asesina en los ojos Victor Nikiforov tuvo qué preguntarse si aquel hombre que parecía dispuesto a matarlo en aquel mismo instante y el dulce padre al que veía todas las mañanas eran la misma persona.

Yuri lo miraba como quien mira a la más asquerosa alimaña del universo y la presencia del otro muchacho, ese hombre rubio que lo miraba con desdén tampoco estaba ayudando mucho. Él sabía que había cometido un error garrafal al hacer la estúpida llamada que había hecho pero ya no había modo de remediarlo.

—Dime dónde está mi hija— dijo Yuri acercándose a él con la gracia de un felino que podría lanzarse a atacar en cualquier instante.

Victor ni siquiera tuvo tiempo de sentirse asustado o de saludar a los recién llegados. Todo parecía estar sucediendo a máxima velocidad y la cercanía de Yuri, que de cotidiano lo dejaba con ganas de sonreír la vida entera, ahora parecía electrificada y a punto de estallar.

—Yuri, me alegra que hayas venido porque…

— ¡Mi hija!— gritó el joven japonés haciendo que su voz sonará amplificada en medio de la recepción—. No quiero saber nada más, quiero que me entregues a mi hija porque me la llevaré de aquí y no acepto que me digas que no está…

—Yuri, creo que debes calmarte, creo que no estás entiendo lo que pasó…

— ¡No me digas que me calme!— dijo Yuri tomando a Victor por la solapa de su camisa de seda azul—. Me llamas a casa y me dices que mi hija no está ¿cómo demonios quieres que me calme? ¿En serio crees que me calmaré solo porque tú me lo pides? ¿Eres así de estúpido?

—Yuri…

—Mi hija, dame a mi hija si no quieres que empiece a golpearte ahora mismo porque lo haré ¿entiendes? Lo haré, así que deja de mirarme como idiota y dime dónde está Yua…

—Yua está bien, Yuri, lo que pasa es que…

—¡Dame a mi hija, maldita sea! ¡No quiero escucharte! ¡No quiero volver a verte en mi vida! ¿Dónde está mi Yua? ¡Dame a Yua!

—Yuri, por favor intenta respirar— dijo el chico rubio que lo acompañaba.

El chico en cuestión, tomó a Yuri entre sus brazos con fuerza y lo alejó de Victor quien simplemente no sabía cómo reaccionar. Porque aunque tenía mucha experiencia a la hora de enfrentar el enojo de los padres, la rabia de Yuri en aquel momento era cercana al odio y Victor comprendió que el joven pelinegro lo odiaba porque creía que le había hecho daño a su hija y que el señor K. no tenía piedad alguna con las personas que se atrevían a dañar a Yua aunque ese daño fuera inexistente.

—Kenji…— dijo el joven padre antes de echarse a llorar como un niño pequeño en los brazos de su acompañante—. Kenji, ya no puedo soportarlo ¿por qué no quiere darme a Yua? ¿Por qué no me dice dónde está?

—El señor Nikiforov debe tener un buen motivo, Yuri— dijo el hombre que al parecer era nada más y nada menos que el famoso señor Kenjirou Minami en persona—. Así que, Victor, lo escuchamos…

Los ojos color miel del chico que se había dirigido a él lo taladraba con la mirada y Victor pensó que si los ojos pudieran matar, aquellos dos chicos ya habrían logrado acabar con él desde el primer segundo en el que habían llegado al patio de juegos de Maccachin.

—Los agentes de protección civil me dijeron que no podía dejar salir a ninguno de los niños hasta que los médicos encargados los revisaran a todos…— dijo Victor de forma desorganizada, pero es que no podía pensar con claridad al ver a Yuri sufriendo de aquel modo por su culpa.

— ¿Por qué hay médicos revisando a los niños?— preguntó Minami sosteniendo con fuerza a Yuri quien palideció notablemente al escuchar la palabra "médico".

—Hubo un corto circuito en todo el edificio— respondió Victor con rapidez—. A raíz de ello tuvimos un incendio en el salón de danza. Afortunadamente, Yura pudo controlarlo por lo que no pasó a mayores. Todos los niños están bien, algunos están asustados aun pero Yuko, Phichit, la maestra Minako y Mila están con ellos en uno de los salones ahora. Yua está con ellos, Yuri, eso es todo…

—Pero tú dijiste que mi hija no estaba— dijo Yuri con voz débil—. Eso fue lo que dijiste ¿por qué mientes ahora?

—El maldito teléfono no debe estar funcionando bien— dijo Victor empezando a entender de dónde había resultado todo aquel embrollo—. Te llamé porque los médicos encargados se dieron cuenta de que Yua no está registrada bajo ningún seguro médico, sin él, yo no puedo brindarle la protección que necesita en ese sentido cuando eventos tan desafortunados como este suceden…

—Dejé en claro en la solicitud que mi hija sería atendida por el médico privado de la familia Minami— dijo Yuri sintiendo que la tierra volvía a moverse a un ritmo normal—. Mi Yua no puede figurar en ningún registro, te hablé de ello…

—Lo sé pero las leyes son así, todos los niños deben de contar con un numero de afiliación— dijo Victor intentando sonar conciliador—. Escucha, pensé que tendrías un número como ese pero si no es así, simplemente pondré el mío y listo…

— ¿Por qué tomaría una responsabilidad así, señor Nikiforov?— preguntó Minami con recelo.

—Bueno, porque el señor K. me pidió absoluta discreción en cuanto al origen de su pequeña hija y creo que podría ahorrarnos muchos problemas simplemente poner mi número, nadie hará preguntas, lo único que quieren es el registro, listo…

—Entonces conseguiré un número como ese para la niña y listo— dijo Minami con calma—. No debería de involucrarse con mi familia del modo en el que intenta hacerlo…

—¿Su familia?— inquirió Victor y dejó que sus ojos azules se clavaran en la mirada clara del otro hombre quien parecía sentir el mismo tipo de rechazo que éste le inspiraba a él.

—Sí, mi familia…— dijo Minami dándole énfasis a sus palabras mientras tomaba a Yuri con más fuerza entre sus brazos—. Yua y Yuri son mi familia y exijo que no se extralimite en sus obligaciones hacia con ellos. Debe saber también que la llamada alarmista que hizo antes estuvo a punto de causarle un daño terrible a Yuri, así que podríamos demandarlo. Pensé que Yura ya le había dejado en claro que en esta historia usted es el director del centro de cuidado de la pequeña y nada más pero seré generoso con usted y le revelaré un detalle más: la historia de esta familia ya ha sido demasiado dolorosa ¿entiende? Si usted le llama a Yuri y le dice que su hija no está, eso es como hundir una daga en su corazón, es como intentar matarlo.

—Yo lo siento, no sabía que…

—Hay muchas cosas que no sabe, muchas cosas que jamás sabrá…— sentenció Minami con brusquedad—. Así que una disculpa no basta. Vaya ahora mismo por Yua y si Yuri lo decide así, nos la llevaremos y no volveremos a molestarlo nunca más puesto que es evidente que usted y su centro no cumplen con las especificaciones que mi familia requiere para su bienestar…

— ¿De verdad vas a llevártela de aquí, Yuri?— preguntó Victor sin poder reprimirse—. Sé que me equivoqué pero a Yua le gusta estar aquí, todo el mundo la adora y está avanzando mucho en su terapia de lenguaje y…

— ¿De dónde viene tanta confianza para que usted se dirija a Yuri por su nombre? ¿Cómo un hombre sin hijos puede saber qué es lo que le conviene a una niña como Yua?

Yuri suspiró y se separó de Kenjirou al tiempo que se quitaba sus lentes y limpiaba sus ojos con calma. Ahora que el impacto había pasado, ahora que Victor le había explicado qué demonios había sucedido el hombre se sentía avergonzado pero también capaz de pensar con claridad.

—Victor…— dijo Yuri con voz cansada— ¿Puede Kenji recoger a Yua en mi nombre? Necesito hablar contigo a solas…

—Por supuesto que puede, pero…

—Kenji, ¿puedes ir a buscar a Yua?— pidió Yuri mirando a su amigo con suplica en la mirada mientras le daba la espalda a Victor—. De verdad es importante que hable con el señor Nikiforov antes de tomar cualquier decisión.

—¿Estás seguro?— preguntó Minami haciendo que la sangre del hombre de los ojos azules hirviera cuando éste tomó la mano de Yuri entre la suya.

—Sí, por favor. Ve por Yua, dile a Yura y a Phichit que vengan contigo también. Necesito que todos estemos juntos ¿sí? Iremos a casa los cinco juntos. Si el medico sigue insistiendo con el asunto del número de seguro médico, haz como dijo el señor Nikiforov. Creo que de verdad eso nos causará menos problemas…

—Pero no podemos involucrarlo así….

—Ve por Yua, hablaré de eso con el señor Nikiforov, por favor trae a mi hija, Kenji…

Kenjirou asintió a las palabras de su amigo y Victor notó que al hombre no le hacía ni la menor pizca de gracia el hecho de tener que dejarlo a solas con Yuri. Sin embargo, era verdad que aquella conversación tenía que suceder solamente entre dos personas y Yuri parecía ahora más sereno que cuando había llegado y Victor se sintió realmente estúpido por haber causado aquel dolor que seguía clavado en la mirada marrón de su interlocutor quien no parecía capaz de mirarlo a los ojos en aquel justo instante.

Y como le venía sucediendo desde la primera vez en la que esos ojos se habían encontrado con los suyos, Victor sintió un profundo anhelo en el alma, y unas enormes ganas de reconfortar el dolor del hombre quien, de pie frente a él, se inclinó en una reverencia profunda que hizo que el desconcierto inundara la mente de Victor.

—Por favor discúlpame por todas las estupideces que te grité— dijo Yuri sin abandonar la formal postura en la que se encontraba—. Cuando se trata de Yua no puedo comportarme como el hombre adulto que soy, la sola idea de que alguien pueda dañarla me vuelve loco. Me siento avergonzado y lamento haber causado un espectáculo así…

—Yuri, por favor no…— pidió Victor—. Mira, tienes razón, yo soy el estúpido. Sí, soy un condenado imbécil, jamás debí alertarte así cuando la situación no lo ameritaba. Confiaste en mí, en el centro, es decir, y te he fallado. Eres tú el que debe disculparme, fui yo quien se equivocó y quien te ha dañado así. Mira, creo que aún no dimensiono del todo el tipo de historia que hay detrás de Yua y de ti porque vamos, de no ser por su falta de habla, esa niña y tú serían solamente una familia normal. Debes disculparme, hasta que tu novio lo mencionó yo no recordaba que es verdad que en tu historia y en la de Yua hay demasiado dolor…

— ¿Mi novio?— preguntó Yuri con las mejillas encendidas ante esa declaración.

—Bueno, el hombre parecía estar dispuesto a matarme y él dijo que es tu familia así que… ¿estoy suponiendo estupideces de nuevo, verdad?— preguntó Victor intentando que no se notara la esperanza de que Yuri le dijera que en efecto, solo estaba haciendo suposiciones absurdas acerca de su vida.

—Kenjirou es mi mejor amigo, es como un hermano para mí— respondió Yuri volviendo a mirar a Victor a los ojos—. Escucha Victor, la verdad es que sí cometiste un error, uno muy grande. Pero creo que yo también lo hice porque siempre doy por hecho que todo el mundo va a entender mi situación cuando lo cierto es que nadie puede entender algo que no le ha sido explicado. Era por eso que no quería que mi Yua tuviera contacto con el mundo real ¿entiendes? Exponer a Yua a los peligros del exterior es algo que me tomó mucho valor para decidir pero tampoco puedo quitarle a mi hija la oportunidad de ser una niña normal, una niña de su edad. Victor, creo que debo explicarte muchas cosas y creo que si lo hago tú me entenderás un poco mejor y podremos evitar malentendidos como este. Sin embargo, quiero que entiendas que esto es un riesgo para mí, y también lo será para ti no voy a negártelo. Sin embargo, tú dices que Yua está bien aquí y lo que acabas de hacer con el número del seguro médico me deja ver que eres una persona confiable y la verdad no sé si podré encontrar eso en algún otro lugar así que…

—No me importa el peligro, si puedo ayudarte lo haré, los ayudaré a ti y a Yua quiero decir…— dijo Victor un poco apasionadamente pero a sus palabras tampoco les faltaba convicción absoluta.

—Voy a romper mis propias reglas, Victor— dijo el hombre de los ojos marrones—. Pero no puedes decirme algo así sin saber cuáles son los riesgos a los que te enfrentas si eres parte de la vida de mi hija. A pesar del malentendido de hoy, mi corazón me dice que eres una persona en la que puedo confiar y dios sabe que necesito personas confiables que ayuden a Yua a desarrollarse mejor porque otro error que he cometido es pensar que podré sacarla adelante yo solo. Es verdad lo que dices, Yua está mejor ahora, es más feliz, la he escuchado tararear muchas de las canciones que canta contigo en la sala de música. Mi Yua es como un pajarito que empieza a comprender que hay música en su interior y creo que eso es obra de lo que todas las personas de tu centro que están trabajando con ella así que, Victor Nikiforov hay algo que quiero pedirte…

Victor asintió en silencio maravillándose por completo del modo ceremonioso en el que Yuri siempre hablaba con él. En aquel momento Victor comprendió que aunque Yuri parecía joven en el exterior, en realidad tenía un alma madura, un alma que había tenido que envejecer de golpe para poder estar a la altura de la enorme tarea de ser un padre. En ese instante, Yuri K. le pareció completamente hermoso a Victor, la belleza de aquel hombre era como una esencia que iba con él a donde fuera. Yuri era bello en aquel momento mientras lo miraba de aquel modo fijo y también le había parecido hermoso al verlo gritarle que era el mayor estúpido del planeta.

— ¿Puedes ir a cenar a mi casa mañana por la noche? Yua y yo prepararemos algo especial para ti, creo que te lo debemos desde hace mucho tiempo ¿sabes? Además, creo que de ese modo podré contarte más de nuestra historia. Necesito contarte y tú necesitas saberlo y no quiero que me digas que no importa hasta que lo escuches todo ¿está bien? — preguntó Yuri con algo de rubor en las mejillas y el corazón de Victor pareció llenarse de mariposas al escuchar aquella pregunta inesperada.

—Será un honor ir a tu casa…— dijo Victor sin entender cómo el fin del mundo que había estado viviendo en los minutos anteriores se hubiera transformado en ese esperanzador futuro que traería consigo una cena con Yuri, y Victor tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no pensar en aquella ocasión como en una cita porque no era eso definitivamente.

—Entonces te esperaré ahí…— dijo Yuri con calma y Victor se preguntó si acaso el corazón de su interlocutor no estaba latiendo de forma intensa como lo hacía el suyo—. Le pediré a Yura y a Phichit que te traigan a casa junto a Yua. Espero que no te moleste que sea yo quien cocine pero creo que debo hacerlo, mis padres siempre me dijeron que la mejor muestra de hospitalidad es preparar una comida deliciosa para tus invitados…

—Eres el mejor cocinero de Japón— mencionó Victor con una sonrisa ilusionada que hizo que las mejillas de Yuri se encendieran un poco más—. Creo recordar que Phichit Chulanont dijo que me enamoraría más de ti al probar la comida que preparas…

— ¡Oh!— dijo Yuri obviando las palabras de Victor, palabras que habían hecho que algo en su interior empezara a instarlo a dar saltos de alegría—. Phichit es un exagerado…

—Solo un poco, los niños aquí lo adoran— dijo Victor intentando reprimir las ganas de decir más idioteces—. Entonces, Yuri, los veré a Yua y a ti mañana…

— ¿Eso quiere decir que me perdonas por mi comportamiento de hace rato? De verdad estoy avergonzado…— preguntó Yuri de forma tímida.

—No hay nada que disculpar, el estúpido soy yo, ya te lo dije. En realidad, es usted quien debe perdonarme a mí, señor K., así que si quiere golpearme ahora, adelante…

—No creo poder hacerlo, jamás he sido un chico violento— dijo Yuri con algo de vergüenza—. Debo admitir que me dejé llevar por la rabia y jamás golpearía a alguien. Somos humanos ¿no es así? Los humanos hablan y resuelven sus problemas, se disculpan si han cometido un error y listo. Ya ha existido demasiada violencia en mi vida, Victor, no quiero ser como las personas que me hacen huir, no quiero dañar a nadie si puedo evitarlo pero… sin mi Yua yo moriría ¿entiendes? Sin mi Yua todo estaría mal…

—Ella también te ama así— dijo Victor recordando los dibujos que la pequeña siempre hacia en clase de arte: dos figuras tomadas de la mano, siempre dos figuras enfrentando al mundo el uno al lado del otro—. Dudo que en este mundo exista una persona incapaz de sentir amor por alguien como tú…

Yuri se quedó serio al escuchar aquella declaración de Victor. Los ojos azules del director del centro de cuidado de su hija estaban llenos de mil misterios, misterios a los que Yuri jamás había tenido que enfrentarse. Los ojos de Victor estaban invitándolo a descubrir mil universos nuevos y aquello daba miedo, daba terror y sin embargo, en vez de sentir ganas de salir corriendo, Yuri sintió la terrible urgencia de quedarse ahí, de perderse en esos ojos, de confiar en esos ojos como jamás había podido confiar en nadie.

Hay quien dice que en la mirada de dos seres que se encuentran existe la posibilidad de crear un universo entero y eso fue lo que Yuri sentía en aquel momento: que Victor Nikiforov era una fuerza creadora, que Victor Nikiforov y sus ojos azules eran como un enorme "hola" a miles de cosas que no sería capaz de descubrir con nadie más.

— ¡Papá! ¡Papá!— dijo una alegre voz infantil que rompió la paz de la mirada de los dos hombres y Yuri sintió que una oleada de emoción lo cubría de pies a cabeza porque aquella voz era la voz de su hija.

Y aquella era la primera vez que ella lo llamaba de aquel modo. Aquella era la primera vez que Yua lo llamaba papá.

Sin ponerse a pensar en nada más, Yuri corrió al llamado de la pequeña quien se lanzó a sus brazos mientras tres hombres caminaban detrás de ella con una sonrisa de total encanto en sus labios. Yua se abrazó al cuello de Yuri con fuerza y llenó las mejillas de su padre de besos cálidos que pronto se hicieron salados cuando un par de lágrimas rodaron por las mejillas de Yuri.

— ¿Papá?— dijo la niña mirando a Yuri con algo de confusión— ¡Vicchan! ¡Papá!

— ¿Quién es Vicchan?— logró decir Yuri cuando la emoción del momento dejó de ser un nudo en su garganta.

—Llama así al director Nikiforov desde hoy en la mañana— dijo Yurio mientras se reía alegremente de lo que él consideraba un apodo ridículo para su nuevo jefe.

— ¿Es así, Yua?— preguntó Yuri con un dejo de alegría que hizo que la niña se olvidara de las lágrimas que había en sus mejillas para sentir con orgullo mientras señalaba a Victor sin dejar de sonreír.

—No me habías informado de estos avances, director— dijo Yuri con una hermosa sonrisa agradecida que tuvo el supremo poder de hacer que Victor deseara arrodillarse ante él y regalarle el universo entero.

—La verdad es que con todo lo que pasó hoy no hubo tiempo de enviar mi informe diario. Debí enviarte un video pero esto ha sido una sorpresa linda para ti de este modo ¿no lo crees?

Los dos hombres se sonrieron de forma dulce una vez más y todos los ahí reunidos pensarían después que en ese momento todos habían sido testigos del inicio de algo enorme e inevitable, que todos habían visto en aquella sonrisa compartida la insinuación del nacimiento de un mundo nuevo.

Phichit y Yurio intercambiaron una mirada cómplice aunque el rubio muchacho de los ojos verdes también había compuesto una mueca de asco en sus labios. Y mientras Yuri y Victor seguían mirándose, perdidos en ese nuevo mundo que nacía en sus ojos, Kenjirou Minami supo que aunque no le hacía ni pizca de gracia, quizá Yuri había encontrado ya en los ojos azules de Victor Nikiforov esa oportunidad de ser feliz que no conocería de ningún otro modo, esa promesa que él mismo había jurado proteger para Yuri…