Our Last Piece Of Sanity

Todo pertenece a Stephenie Meyer, yo solo juego con los personajes y la trama.

Capítulo III

—Isabella… — susurré queriendo decirle que no tenía que hablar si no quería, pero ella me cortó las palabras.

—Estoy en un hermoso prado lleno de rosas blancas— murmuró lentamente sin mirarme—. Mis pies están descalzos pero siento dolor en ellos y cuando los observo están sangrando.

Su voz sonaba trémula y sus uñas parecían clavarse en la pálida piel de sus manos.

Yo no decía nada, solo la escuchaba con atención. Quería saber cómo era el mundo que habitaba en su mente aunque me sintiera horrorizado ante lo que pudiera descubrir.

—Recuerdo que levanto la vista y a mi derecha veo un árbol repleto de hojas verdes. Siento que quiero quedarme para siempre en aquel lugar y esperar a que el tiempo siga su camino… Lo deseo con tanto anhelo, que por un momento la esperanza de que eso suceda está más cerca que nunca, pero luego… — su voz se cortó antes de que pudiera terminar la oración.

Yo la observé con el ceño fruncido levemente. Por primera vez Isabella se estaba abriendo, estaba contando cosas que jamás le había contado a nadie en éste lugar. No era ni una décima de la mujer que había conocido en este tiempo, parecía que alguien completamente diferente había poseído su cuerpo, mostrando una faceta que nunca pensé ver.

— ¿Qué sucede después?— inquirí en un tono de voz que solo ella podía escuchar.

Sus ojos relampaguearon y contemplé como sus labios se abrían y cerraban intentando hablar, mas ninguna palabra salía de su boca. Podía notar lo difícil que era para ella largar todo lo que tenía en su interior.

—De pronto siento mucho frío. Los pétalos de todas las rosas se encuentran en el pasto, completamente secos al igual que las hojas del árbol. Era un paisaje sin vida, escalofriante… — ella posó su mirada en mí y pude percibir su angustia— Pero a unos pocos metros se había formado un lago, no supe en qué momento pero allí estaba, y el agua era roja como la sangre. No pude controlar mi cuerpo y me dirigí hacia aquel lugar. Tenía miedo… No quería estar mas allí— musitó en un susurro lastimoso.

No se podía pasar desapercibido la angustia y el dolor que su pálido rostro mostraba. Sentía que quería detener su dolor, deseaba hacerlo pero no debía. Tenía que escuchar su relato sin doblegarme antes.

— ¿Luego de eso despiertas?— indagué otra vez, sintiendo repentinamente su angustia.

Isabella negó suavemente con la cabeza sin despegar sus ojos de los míos.

—No… No despierto— murmuró volviendo a apretar los puños— Quiero hacerlo pero no puedo y sigo caminando hasta llegar a la orilla del lago. El agua roja moja mis pies haciendo arder mucho más mis heridas pero por más que duela, mi cuerpo está paralizado. Bajo la mirada hacia el agua y la observo durante un largo rato hasta que mi cuerpo entero comienza a temblar descontroladamente y luego la veo…

Me sorprendió ver tanta desesperación junta en sus ojos y no pude soportarlo. Alcé mi mano y la llevé a su mejilla. Me estremecí al tocarla, estaba helada pero ella cerró sus ojos al sentir mi roce. Su piel era suave y tersa como ninguna otra, me encontraba maravillado. Podía estar toda la noche acariciando su rostro sin detenerme.

—Isabella… — susurré lentamente— ¿Quién está en tu sueño?— pregunté quitando mi mano de su mejilla.

Ella abrió sus ojos y en ellos pude ver miles de gotas saladas luchando por salir.

—Veo a una mujer— murmuró finalmente con desesperación—. En el agua hay una mujer. Huesos surcan su rostro… ella está muerta— Isabella se tomó la cabeza entre las manos como si no quisiera recordar—. Me sonríe y me tiende la mano. Quiere llevarme con ella pero yo no quiero ir… No quiero, y es en ese momento en donde ya no diferencio entre el sueño y la realidad— termina susurrando desesperadamente.

No podía creer todo lo que acababa de escuchar, era un relato tan exacto que traspasaba cualquier emoción. Ella estaba sufriendo más de lo que alguna vez pude imaginar y lo peor de todo era que aquel sufrimiento no se podía curar como a un dolor de cabeza. Todo el dolor estaba dentro de su mente.

Me arriesgué nuevamente y tomé su rostro con delicadeza. Su océano de chocolate estaba a punto de rebosar de lágrimas pero ella las detenía.

— ¿Quién es la mujer?— interrogué chocando nuestras miradas.

Isabella negó repetidamente con la cabeza.

—Necesito saber quién es— susurré otra vez.

Ella volvió a negar pero ahora con desesperación y entendí que no me lo diría.

—Escúchame, voy a hacer todo lo posible para ayudarte. No dejaré que sufras más— prometí con convicción y aún con su rostro entre mis manos.

—No lo entiendes… — murmuró corriendo su mirada de mí persona.

—Entonces explícame…quiero que lo hagas— musité moviendo su cabeza para que sus ojos me observaran.

—No hay solución, nunca la habrá. Me quedaré aquí por siempre y las pesadillas continuarán…una y otra vez, sin detenerse— dijo con una seguridad que me descolocó.

—Voy a ayudarte sin importar nada… confía en mí.

Isabella me observó intentando encontrar rastros de mentira en mis ojos pero al no hallar nada sonrío, fría y estremecedoramente. Era una sonrisa que me detuvo la circulación y los latidos del corazón.

Ella alzó sus manos y las colocó en mis mejillas, quedando los dos en la misma pose. Sus fríos dedos recorrieron mi barbilla con suavidad y delicadeza mientras que su rostro se encontraba a escasos centímetros de mío y podía sentir su dulce respiración chocar en mis labios.

—Mi vida ya tiene fecha de expiración y lo sabes— dijo sin borrar su sonrisa—. La locura me está consumiendo, Edward, ya me cuesta distinguir la realidad de mi propia mente, ya no se qué es real y qué no… las rosas ya no funcionan como en un principio.

Mis ojos se abrieron.

—Las rosas— murmuré—. Por eso tu siempre querías rosas aquí…— susurré para mi mismo al comprender que aquellas flores no eran solo para decorar el ambiente.

—Así es, necesitaba algo… un objeto que fuera mi punto de encuentro con la realidad, pero eso ya no sirve— explicó sin quitar su mirada de la mía.

—Yo te ayudaré. Por favor…déjame ayudarte— pedí casi rogando, no podía dejarla sola.

— ¿No lo entiendes? No hay nada para hacer, lo presiento y sé que muy pronto no podré salir de mi propia cabeza— musitó y se recostó nuevamente contra la pared.

Yo no sabía qué decir ni qué hacer. Me sentía completamente perdido, como si estuviera vagando en la nada misma, sin orientación alguna.

—Debes salir de aquí.

Su voz recorrió la habitación.

—No lo haré— aseguré acercándome nuevamente a ella.

Una sombra de tristeza cruzó por sus ojos pero desapareció con rapidez. Su rostro cada vez se encontraba más cerca del mío, y en un instante podía sentir sus rosados labios rozar mi boca. Ella me observó aturdida y se alejó de mí bruscamente colocando, otra vez, esa línea invisible entre nosotros.

—Isabella— dije sin entender qué acababa de suceder.

Ella negó con la cabeza repetidas veces, para luego esconderla entre sus brazos. Su cuerpo comenzó a temblar descontroladamente haciendo que una sensación horrible empezara a llenarme por dentro.

—Isabella…. ¡Isabella, mírame!— exclamé con desesperación, tomándola por lo hombros.

Ella continuó temblando y sentí que todo a mí alrededor se derrumbaba lentamente.

— ¡Maldita sea!— grité con impotencia al ver que ella con cada minuto que pasaba empeoraba.

Por un momento, todo en mi cabeza se nubló, dejándome sin saber qué hacer para ayudarla. Jamás me había sentido tan aterrado en mi vida.

¿Por qué, maldita sea ella no podía ser como el resto de mis pacientes? ¿Por qué tuvo que haber cavado tan profundo en mi interior para hacer que, la sola idea de perderla, me volviera loco?

La tomé en brazos, aprensándola contra mi cuerpo para detener sus temblores, pero nada parecía poder contenerla. Quité con angustia algunos mechones de su rostro y me encontré con la expresión de dolor que jamás en mi vida había imaginado. Sus ojos se encontraban cerrados con fuerza, como si ella se obligara a sí misma a no abrirlos. Una fina línea de sangre comenzó a caer de su labio inferior por la espantosa fuerza en que se lo mordía.

La comencé a mecer en mis brazos, como si de una niña se tratara. Esa era la única opción que me quedaba para calmarla. Sus manos se aferraron violentamente a mi camisa, y yo sólo pude estrecharla aún más contra mí.

—Tienes que calmarte— susurré en su oído con toda la calma que pude encontrar para luego sentir como sus temblores empezaban a debilitarse.

Su rostro lo mantenía escondido en mi cuello y sus puños comenzaron a suavizar su presión.

—Tranquila… ya todo pasó.

No sé cuánto tiempo estuve susurrando aquello, y, realmente, no me importaba continuar haciéndolo. Solo quería que ella dejara de sumirse en la angustia.

—Vete.

Bajé la mirada y me topé con la de Isabella. Sus ojos estaban surcados por gruesas ojeras y parecían estar más opacos que antes… sin vida.

—No voy a hacerlo— respondí con seguridad.

Ella no agregó mas nada, pero podía ver el disgusto que la llenaba.

No iba a hacerlo, no la iba a dejar sola en éste lugar. La ayudaría como pudiera, sin importar que tuviera que quedarme todos los días a su lado. Isabella tenía la oportunidad de volver a ser alguien y yo se la iba a dar.

—Estar aquí te lastimará… yo lo haré— murmuró cerrando los ojos.

—No me importa— dije sintiendo la frialdad que su cuerpo desprendía.

Ella volvió a callar y yo la igualé. El silencio retomó su lugar entre nosotros.

— ¿Tengo que tomarlas?— preguntó en un fino susurro.

Inmediatamente, supe que se refería a las pastillas para dormir que se encontraban en aquel vaso de plástico.

—No… no por hoy— contesté finalmente.

Ella asintió y se acomodó en mi abrazo. Ya no me importaba nada, ni siquiera que alguien nos descubriera en esa posición.

—Edward.

— ¿Qué?— pregunté sin observarla.

—La mujer del agua, la que quiere llevarme con ella… soy yo— murmuró y se dejó llevar por el sueño.

En ese instante, sentí que mi mundo había sido sacado de su órbita y que todo se destruía rápidamente.

Necesitaba aceptar que todo era mucho peor de lo que parecía y que Isabella quizás tenía razón.

Ella no escaparía jamás de su locura.

¿Críticas?

Muchísimas gracias por sus reviews, fav, alertas, etc. Si quieren saber qué pasará next, en mi blog estoy un capítulo adelantada con la historia, aunque todavía no subí el cap que le sigue a éste, pero en cualquier momento lo haré.

Hasta algún día.