Nuestro amor estaba escrito
CAPITULO 4.
Por Scarleth
No era igual que la colina de Pony, ni los árboles se podrían comparar con el Padre árbol, pero el estar así en medio de la naturaleza leyendo algo escrito por él era como estar en su presencia misma.
Subió a una rama y con el frescor del viento y el trinar de las aves rasgó el sobre ansiosa por saber lo que su príncipe tenía que decirle.
Mi Hermosa princesa Candy,
Con la lectura de tu carta me hiciste desear muchas cosas. Antes que nada desear estar ahí contigo para abrazarte y decirte que todo estará bien, que el tiempo y la paciencia todo logran y que recuerdes siempre "princesa" que el momento más oscuro del amanecer es justo antes de que salga el sol.
Yo quiero únicamente luz en tu vida mi querida Candy, quiero ver siempre esa sonrisa tan luminosa que inunda mis recuerdos cada minuto, quiero que todo en tu vida sea perfecto y maravilloso pero lamentablemente la vida nos presenta situaciones que nos hacen más fuertes y valientes después de enfrentarlas.
¿Sabes que ahora estás frente a una? Annie es muy importante para tí y sufres por su lejanía, por no poder estar con ella pero ¿te has puesto a pensar en lo que ahora tienes? Ahí a tu lado están dos hermanos que te quieren, dos padres que te idolatran hasta el extremo y un príncipe que a pesar de la distancia estará presente siempre en tu vida para darte todo el ánimo y la fortaleza que necesites.
Mi niña Hermosa, siempre que te sientas triste escríbeme. Mi corazón llora y se une al tuyo cada vez que algo te hiere o te lastima, pero también mi fortaleza corre a tu lado para ayudar a sobreponerte.
Ahora es el momento de demostrarte y demostrarle a todos que eres una niña fuerte y valiente, que serás paciente hasta que puedas recobrar la amistad y la compañía de tu amiga porque eso pasará pequeña, no lo dudes. Nadie puede estar a tu lado y no desear permanecer ahí por siempre.
Ella comprenderá la suerte que tiene de tenerte ahí, una suerte que yo le envidio con toda el alma Candy.
Ojalá que cuando recibas esta carta tu mente ya esté más clara y tranquila y si no, que estas palabras te sirvan para tomar un respiro, levantar la frente en alto y enfrentar la vida con la valentía de tus 10 años.
Pequeña princesa guerrera, te extraño cada día más.
Tu príncipe
Albert Benett
-Albert – murmuró con un suspiro mientras una lágrima de emoción resbalaba por su mejilla.
-¿Ahora me dirás quién es ese que hasta te hace llorar? – preguntó con voz celosa el más joven de sus hermanos, recargado en el árbol donde ella estaba y con los brazos cruzados.
Candy se quedó sorprendida al escucharlo, limpió su cara con el dorso de la mano y miró hacia su hermano.
-¿Me estás espiando a caso? ¡Qué modales! – le dijo aparentando indignación.
-¡Hey! No te espiaba – le contestó dado un paso al frente y volteando a verla – sólo quería saber quién es ese que te escribe. ¿es de fiar? ¿desde cuándo lo conoces? ¿Por qué no nos habías dicho nada?.
-Oye, oye, tranquilo, que no es un monstruo.
-Lo siento mucho Candy, pero nosotros no podemos saberlo. No lo conocemos. ¿Quién es ese que te escribe?
-¿Y tú me dirás por qué Annie Britter te mira con tanta insistencia? – contestó con una pícara sonrisa.
El chico se puso rojo, pero no se dejaría de esa rubia pecosa.
-No estamos hablando de mí, si no de Albert Benett.
-No te preocupes tanto – dijo un tanto despreocupada - Albert es sólo "mi príncipe" – añadió como si fuera lo más normal sobre esta tierra.
La cara que puso Archie al escucharla fue en verdad cómica.
-¿Cómo que tu príncipe? ¿De qué hablas? – le preguntó sintiendo cosquillas de malestar en su estómago.
-Es una larga historia – contestó dando un suspiro y mirando hacia el horizonte.
-¿Y encima suspiras? – Estaba realmente celoso – ya sé que es una larga historia y lo que quiero es que me la cuentes, no que me repitas la misma frase cada vez que te pregunto.
-¿Quieres que te la cuente ahora? – preguntó meciendo sus piernas en la rama.
-Sí
-Entonces sube.
-¡Ah no! Tú baja.
-¿Quién quiere saber? – preguntó inquisitiva.
-Yo
-Entonces debes venir a donde me encuentro, sentarte a mi lado y escuchar lo que tengo que decirte.
-Candy, mi camisa es muy cara y mis zapatos se ensuciarán ... además mis pantalones ... – decía contrariado su hermano.
-¿Percibo acaso miedo Archibald Cornwell? – preguntó con una cara sumamente simpática y sujetando con ambas manos su cintura.
-¿Miedo yo? – exclamó el chico – ¡por supuesto que no!
-¿Será acaso que nunca has subido a un árbol en tu vida?
Punto para la pecas ... justo en el blanco.
El muchacho bajó el rostro sintiéndose en parte humillado.
-Nunca he subido a un árbol – confesó – las alturas no son mi fuerte.
La niña comenzó a descender y de un salto estuvo frente a él.
-No te aflijas Archie, yo puedo enseñarte.
-¿En verdad?
-¡Claro!, pero tendrá que ser un día en que te vistas sin tanta elegancia – contestó en tono de burla.
-No tengo otra ropa gatita.
-Entonces le robamos algo a Stear, no te preocupes.
La sonrisa en su carita llena de pecas lo hizo divertirse también por sus ocurrencias.
Le pasó un brazo por los hombros de manera protectora y retomó el tema inicial.
-¿Me dirás quien es Albert "príncipe" Benett?
-Sí – contestó – pero busquemos a Stear, porque no me gustaría repetir la historia dos veces ¿de acuerdo?. Así los dos la conocerán y no desconfiarán tanto de él.
-De acuerdo.
Chocaron las manos a manera de pacto y corrieron a buscar al hermano mayor.
Una charla en el hermoso cuarto de la jovencita fue de gran interés para ambos, que hicieron una petición a su pequeña hermana, misma que no pudo rechazar. Ellos tenían todo el derecho a hacerlo, aunque se sentía un poco rara por eso.
Varios días después llegó correspondencia para un guapo adolescente en el colegio San Pablo.
Mi querido príncipe de la Colina,
¿Puedes imaginar el bien que me hizo leer tu carta? ... quizá sí, quizá no, pero quiero que sepas que a partir de hoy Candy será una niña fuerte e independiente. Me armaré de paciencia y le pediré a Diosito que me ayude con lo que tú ya sabes que yo te conté.
-¿Cómo? – pensó el muchacho - ¿por qué no dice las cosas claras?
Bueno, pues ese día, mi hermano Archie me siguió para preguntarme quién eras y no tuve más opción que contarle sobre ti (también a mi otro hermano). Son como guardaespaldas, me cuidan demasiado y se siente algunas veces raro pero la mayor parte del tiempo me siento feliz de saber que les importo tanto.
Mamá y papá también ya saben sobre ti y no han hecho mayor comentario que sonreír porque me ven contenta, pero mis hermanos ... ellos son más cabezas duras, por lo que aquí te los dejo. Como no pueden hablar contigo, pues te van a escribir.
Espero tener noticias pronto tuyas mi querido príncipe y no les hagas mucho caso a este par, que a veces están muy loquitos.
Te extraña demasiado
Tu princesa Candy.
Había otra hoja que tomó para comenzar la lectura.
Albert "príncipe" Benett.
-Ya lo saben – murmuró a penado y con el rostro encendido. Seguramente Candy les había contado que lo llamaba "príncipe".
Nos suponemos que eres buena persona porque a Candy le agradas mucho y lee con emoción tus cartas, pero sabrás que esa no es una razón suficiente como para confiar a ciegas en alguien que no conocemos y que nos acabamos de enterar que existe. (Esperamos no ser rudos, pero tenemos algunas dudas al respecto). ¿Cuándo la conociste? ¿Tienes más amigos? ¿te gusta inventar cosas? ¿Hablas francés? (Candy ya está aprendiendo y tiene que practicar ... batalla bastante, pero no le digas que te dijimos) ¿cuándo vendrás a conocernos?
Supongo que estás de acuerdo en que no podemos permitir una amistad que no esté aprobada por nosotros. Somos los responsables de ella y como caballeros la protegeremos.
Quedaremos esperando tu carta de respuesta para evaluar si es conveniente que nuestra hermana tenga nuestro permiso para ser tu amiga y escribirte.
Los hermanos Archie y Stear Cornwell,
Caballeros andantes de la Princesa Candy.
Ahora comprendía por qué Candy no había sido tan específica en su carta: sus hermanos también escribirían y no quería correr riesgos innecesarios. Sonrió y le dio gusto saber que había dos paladines dispuestos a proteger a su bella princesa mientras él estaba ausente. ¿Habrá cambiado mucho en estos tres años? Suponía que sí y estaba seguro que se convertiría en una elegante y bellísima dama.
-Si pudiera dirigir y elegir mi futuro en este instante … elegiría crecer contigo "mi dulce princesa ausente".
Guardó la carta una vez más. Se sentía reconfortado e inmensamente tranquilo al saberla en tan buenas manos.
-Vamos Puppé, hay una carta que quiero escribir … mejor dicho … DOS.
Continuará ...
