4 Cosas que Hacer en Una Silla Eléctrica
o como Aprendí a Quererte sin Necesariamente Amarte.
Capítulos de los Recuerdos:
La sonrisa del pasado.
- ¿Qué día es hoy?
- 3 de Junio. ¿Por qué? – Ukyo se quedó en silencio durante un rato, mientras hacía cuentas mentales. Akane la miraba.
- Creo que hoy me llega un paquete de ingredientes – contestó la chica mientras se desplomaba con un suspiro. Las dos estaba sentadas junto a una pared, en la guardilla de la casa de Ukyo. La luz del sol entraba por una pequeña ventana que daba al patio de los vecinos. Solamente gracias a eso podían verse aún. Aunque lo peor de todo, era el calor. Empezaba la temporada de lluvia y el ambiente húmedo no dejaba de atosigar a las chicas. Ukyo no aguantó más y se hizo una cola de caballo con el pelo. Se estaba asando.
- Podríamos intentar echar la puerta abajo… - Pensó en voz alta.
- Creía que yo era la bruta – Akane sonrió – Pero sería mejor buscar una solución antes de intentar salir por la fuerza.
Ukyo volvió a suspirar. La cara de tonta que tenía Akane no tampoco le gustaba. Desde que llegó, hace una hora a su restaurante, se comportaba de una manera extraña. Bueno, extraña no, más bien tranquila. Y la verdad es que nunca lo había sido de sobre manera. Y menos en las circunstancias que estaban.
- Supongo que Konatsu se acabará por dar cuenta, y nos encontrará – Akane, con esa extraña paciencia también se hizo una pequeña coleta. Era la primera vez que Ukyo la veía con una.
La tarde había empezado muy ligera para Ukyo. Las clases estaban a punto de acabar, y pronto serían las vacaciones de verano. Por lo que no tenía mucho que hacer. Además, el ambiente caluroso empezaba a tomar las calle de Nerima, y muy poca gente tenía la fuerza suficiente como para ir a comer fuera, y más comida caliente. No, lo que apetecía era un buen helado o una ensalada fría. Así que no era de extrañar que en esa tarde no hubiese nadie en el local. De hecho, con su experiencia en años pasados, era totalmente previsible. Era lo único previsible de esa tarde. Lo demás, desde el principio, estaba totalmente fuera de lugar.
Para cuando Akane llegó al local, Ukyo solamente se dedicaba a cambiar de canal en la televisión, en busca de algo interesante que ver. Konatsu se había marchado al médico, y tardaría lo suficiente como para poder relajarse.
- Buenas tardes, Ukyo – Le dijo Akane nada más entrar. Eso fue la primera cosa extraña. No escuchó el "Uchan" característico de Ranma. Y no tardó en darse cuenta de que la chica venía sola. Ni rastro del muchacho de la trenza.
- Hola Akane – le respondió ella, con la mejor sonrisa que podía. No es que fuese mal pensada, pero el único motivo que se le ocurría para que Akane se presentase ante ella sola, era para pedir un favor. Y tampoco es que le cayese mal, pero con el calor y la humedad, no tenía ganas de hacer nada ni de comprometerse a nada.
- ¿Qué tal te va?
- Bien, ¿y a ti?
- Bien también… - Saludo de cortesía. Akane tomó asiento junto a la barra. Ukyo soltó el mando y se preparó para lo que viniese, sea lo que sea.
Pero no paso nada.
Ese silencio, y la sonrisa de Akane, que no parecía tener prisa ni interés en nada más que mirarla, la rompió. ¿Qué el lo que quería?
- ¿Quieres que te prepare algo Akane? – Ukyo sacó sus espátulas y se las mostró, girando ligeramente sus muñecas.
- Oh, sí, claro. Lo que tu quieras. – contestó ella. Y no es que tuviese especial interés, pero Ukyo se sentía algo nerviosa por la situación. Akane era evidente que venía por algo, pero no tenía claro el qué. Nunca habían sido tan amigas como para que viniese solamente para hablar o pasar el rato.
- ¿Estabas viendo la película? – preguntó Akane, mientras Ukyo sacaba ingredientes y los ponía en la plancha. Esta miró la televisión un momento.
- No, realmente no.
- ¿No te gusta el cine?
- No bueno, solamente estaba cambiando canales para… - Ukyo dio una vuelta a la masa – Quiero decir, nunca he visto muchas películas en mi vida.
- Bueno, creo que Ranma tampoco. Los que viajáis mucho supongo que no tenéis tiempo para eso.
- Ya…
- Pero ahora que estás establecida aquí, salir más a divertirte ¿no? - Ukyo se quedó callada ante la pregunta. ¿Realmente era tan simpática Akane? Cuando la veía con Ranma, siempre estaban discutiendo, pero al realidad es que nunca le dio la sensación de que fuese una chica especialmente rabiosa. Quizás simplemente fuese, que nunca la veía en sus buenos momentos. Quizás por su "rivalidad" con ella, la hubiese juzgado mal. O más bien, se hubiese llevado una falsa impresión.
- Yo, bueno… - Ukyo metió la mano en una jarrón, en busca de condimentos – No es que tenga mucho tiempo libre…
- Aún así deberías…
- Vaya… - Ukyo tomó el tarro y le echó un vistazo. – Me he quedado sin ingredientes.
No era normal que le pasase, pero la verdad es que no espera mucho trabajo hoy, y se le olvidó incluso revisar las cantidades antes de abrir.
- ¿Te ayudo en algo? – preguntó Akane.
- No, bueno. Solo tengo que subir un momento – Ukyo bajó el fuego de la parrilla y se quitó el delantal – Estaré aquí en un minuto.
Mientras dejaba a Akane con cualquier intención de detenerla, Ukyo subió rápidamente las escaleras. Solía guardar las especias e ingredientes en el ático, donde la temperatura ambiente no cambiaba mucho y era la más idónea. No la mejor, pero lo más parecido que podía encontrar a un almacén bien aclimatado. La puerta llevaba meses atascada y no se podía abrir desde dentro una vez cerrada, así que la rutina marcaba que debía dejar un trozo de madera en el suelo, haciendo fuerza para que no ce cerrara sola. En eso, tampoco fue diferente hoy. Ukyo comprobó que la puerta no se movía y se adentró en la guardilla.
Aparte de ingredientes, la cocinera guardaba muchas cosas ahí. La ropa de invierno (y la de verano cuando tocase), algunos muebles que no utilizaba, incluso la carretilla de okonomiyakis desmontada para cuando tuviera que ir de "viaje de negocios". Y bueno, también guardaba recuerdos. Sus primeras espátulas, regalo de su padre. Sus trajes de las escuelas en donde había estado. Y algún juguete también. Pero lo que con más ilusión guardaba, era aquella foto que se hizo de pequeña con Ranma. Salían los dos juntos, Ranma comiendo un okonomiyaki suyo, y ella totalmente cabreada recriminándolo. Ese era su día a día en aquella época. ¿Quién pensaría que todo iba a acabar así?
- ¿Ukyo…? – La chica pegó un pequeño brinco al oír una voz femenina a su espalda. Era Akane.
- ¿Qu-qué es lo que pasa? – Preguntó tartamudeando a la vez que ocultaba la foto lo más rápidamente posible en la caja en que había estado oculta hasta ahora. Pero poco tardó en darse cuenta que Akane había movido el pie de madera, y la puerta se cerraba lentamente.
- ¡La puerta! – El sonido ligero del picaporte de metal encajando en su ranura y el movimiento de Akane girándose se mezclaron, dando lugar a la situación actual. Encerradas.
- ¿Estas segura de qué sacaste el okonomiyaki de la parrilla? – preguntó Ukyo. Akane, que en ese entonces miraba toda la habitación con curiosidad, lentamente dirigió la mirada hacia ella.
- Que sí. También cerré la tienda. – Volvió a aclarar – No iba a subir dejando todo eso así.
- Ya, bueno… - Ukyó bajó la cabeza. Era lógico. Pero con el disgusto que tenía, lo que más ganas tenía era gritarle a Akane: "¡¿No te dije que no subieras?". Aunque claro, eso no solucionaría nada.
- Nunca había estado aquí. ¿Es la despensa? – Akane, seguía curoseando todo lo que podía con la poca luz que había.
- Sí. Algo así. Tampoco es que sea el lugar más interesante de mi casa.
- ¿Por qué dices eso? Las despensas son siempre los mejores lugares. – La chica del pelo azul, que hasta ese entonces estaba sentada apaciblemente, empezó a gatear mirando las cosas más de cerca.
- ¿Los mejores lugares?
- ¡Claro! Son esos lugares donde guardas cosas de las que jamás te podrás deshacer. – Akane abrió un baúl, donde había algo de ropa – Porque si no, ya estarían en la basura.
Ukyo se quedó pensando un poco en las palabras de Akane. ¿Tendría ella también, un lugar donde guarda sus recuerdos? ¿Y Ranma?
- ¡Tienes una colección de uniformes! ¡Que envidia! – Akane empezó a sacar camisas y faldas. – Tienes montones…
- No… intenta dejarlo luego como estaban… - De acuerdo con que se estaban aburriendo, pero a ese ritmo, Akane le desordenaría todo.
- ¿Antes usabas uniforme de chica?
- Bueno, a un niña no es que le dejaran ir con lo que quisiese. Empecé a usar el de chico a los 15 años – Ukyo se acercó un poco a ella, para asegurarse de que no rompiera nada.
- Debiste estar monísima con esto puesto – Akane miró fijamente lo detalles del bordado y costuras de una de las prendas. La palpó con sus manos mientras poco a poco se giraba ante Ukyo. Está última, que no prestaba mucha atención a los comentarios de Akane, entendió perfectamente lo que estaba pensando.
- ¡No me lo pienso poner!
- Vamos, ¿qué más te da…?
- ¡Que no quiero! – Gritó Ukyo finalmente mientras agarraba toda la ropa y la volvía a meter en el baúl.
- Solo es para entretenernos un rato…
- Si no hubieses subido no tendríamos que entretenernos con nada. - Akane se calló unos segundos ante la declaración de Ukyo. No es que quisiese hacerle daño, pero Ukyo sentía que si no se lo decía, eso se le iría pudriendo por dentro. Al fin y al cabo era un calentón por el momento.
- Lo siento… - Escuchó a su espalda. Un suspiro es lo que primero le salió.
- Da igual. Es culpa mía por no arreglar la puerta en su momento. Mañana mismo llamo a un cerrajero. – finalizó Ukyo. Akane estaba cabizbaja sumida en sus pensamientos, aunque se podía entrever su semblante triste. Ukyo suspiró profundamente. Este repentino cercamiento por parte de Akane o no presagiaba nada bueno, o simplemente ella no podía llegar a entenderlo. Y en cualquiera de los dos caso era ella la que estaba quedando mal. ¿Y si simplemente quería empezar una amistad que nunca habían tenido?
Eran cerca de las cinco de la tarde del 3 de Julio. Habitualmente debería estar detrás de la parrilla, vendiendo su comida. Pero en lugar de eso, estaba de pie, encerrada en el desván de su casa, vistiendo el traje de colegiala que usaba con trece años. La verdad es que pensándolo un poco, era para avergonzarse.
- Pues aún te queda bien – Dijo Akane sonriente delante de ella. Se dedicaba a limpiar un espejo que hace meses que Ukyo guardó en ese lugar. Ukyo pensó que al menos podría haberse disfrazado ella también.
- La verdad es que mientras subes de curso, los diseños son cada vez más feos. El de la Furikan no me gustaba nada. – Añadió mientras dejaba ver su reflejo a Ukyo. Era impresionante.
La falda le quedaba un poco más corta, pero aparte de eso le venía perfecto. Y junto a la coleta que se había hecho debido al calor, le daba un aire mas juvenil si cabía. Incluso con la barrera del escepticismo, Ukyo no podía negar que le sentaba bien.
- ¿Sorprendida? – Le preguntó Akane. Ukyo no tenía palabras.
- Bueno… un poco….
- Yo creo que deberías empezar a vestir como una chica otra vez. Seguro que tendrías éxito. – Ukyo se rascó la cabeza. Así daba un rasgo de feminidad que ya no recordaba. Era bastante extraño, porque ella, aún con su indumentaria, nunca dejó de sentirse femenina en cierto modo. Incluso llegó a odiarlo en su momento.
- Tampoco es que quiera tener "éxito". –
- Pero no sé. Siempre que te veía en clases, pensaba que es lo que se te pasaba por al cabeza. Si tienes interés en ti misma o…
- Bueno, tampoco eres la más indicada para decírmelo, ¿no?.
- Puede que tengas razón. – Contestó Akane sentándose de nuevo. – Pero lo he pensado últimamente. ¿Tan raros somos que hemos perdido el interés en lo que lo suelen tener la chicas de nuestra edad?
Ukyo seguía mirándose detenidamente en el espejo. Sin gestos ni movimientos, solamente se recorría con la mirada.
- Creo que simplemente son otras circunstancias. Puede que en lo superficial no seamos tan coherentes. Pero tampoco es que seamos raras. Puede que no sea de la manera ortodoxa, pero también luchamos por lo que queremos, tenemos nuestros hobbys, nos arreglamos, tenemos citas, nos enamoramos…
- Sí. Nos enamoramos. – Akane suspiró profundamente. Y las dos se quedaron en silencio. Ukyo, aunque seguía observándose a si misma en el espejo, retrocedía mentalmente a muchos momentos, al igual que Akane. La verdad es que nunca habían hablado de ese tema con una seriedad palpable. Todas conocían sus intenciones con respecto a las demás y a Ranma, y puede que ello no les dejara acercarse tanto como deberían. Tanto como amigas como rivales.
- ¿No tienes algo de maquillaje? – Preguntó Akane. Cambio de tema radical. Fue esta vez Ukyo la que suspiró. La verdad es que fue un momento algo incómodo.
- ¿Pretendes ahora maquillarme o …? - Preguntó mientras se giraba, a la vez que abría los ojos sorprendida. Akane sostenía la caja donde Ukyo guardaba sus recuerdos, seguramente en busca de algo para aderezar al cara. Tuvo, durante un segundo, las ganas de gritarle e intentar que soltara lo que tenía en las manos. Pero por alguna razón no lo hizo. Y mientras Akane, en silencio, sacada con cuidado esa foto añeja del pasado, no pudo hacer otra cosa que mirar.
- ¿Este es Ranma? – Akane tomó la foto con sus dos manos, después de dejar la pequeña caja a un lado de ella.
- Así es…
- ¿Y esta eres tu?
- Sí. – No es que pudiese decir nada más. Y tampoco es que Akane no supiera que ella y Ranma se conocían desde pequeños. Pero sentía que eso le hacía más daño de lo que debía hacerle. Era solo una fotografía.
Mientras Akane recorría con la mirada esa fotografía, Ukyo y su traje de marinerita tomaron la caja roja donde la guardaba. De acuerdo que la había abierto, pero no quería que siguiera hurgando en ella. Eran cosas muy personales. Y cuando se cansara de ver al foto, se la devolvería, la guardaría, y se terminaría el asunto. Eso era, al menos, la idea inicial. Pero al tomar nuevamente el cofre, no pudo evitar mirarlo un momento, simplemente para darle tiempo a Akane que saliera de sus pensamiento. Y vio la orquilla que una vez le regalaron por su cumpleaños. Era grande, lila y con una pequeña flor en una punta. Pero lo importante es que era lo suficientemente sólida como para forzar una puerta.
- Esto puede servir – Dijo en voz alta, mientra la sacaba y la sostenía en su mano derecha. No escuchó respuesta y la verdad es que tampoco la buscaba. Se acercó a la puerta, dejó la caja a un lado suyo y miró el ojo de la cerradura de la puerta. Y empezó a intentar forzarla.
- Siempre ha sido algo que te he envidiado… - Escuchó a su espalda, mientras el sonido del roce del metal ya se empezaba a producir. – La verdad es que Ranma no es un chico misterioso ni nada por el estilo. Es una persona muy natural y es una de las cosas más atrayentes de él. Pero… pero aún así, siento que hay cosas que nunca podré tener de él. Y una de ellas la tienes tú.
Aunque no pronunciaba palabra y seguía concentrada en intentar abrir la puerta, Ukyo no podía dejar de escuchar.
- Ukyo, tú… Tú has conocido una parte de Ranma, que ninguna de las demás conoceremos nunca. Algo que, seguramente tu tampoco le darás tanta importancia, pero es algo que envidio de lo más profundo de mi corazón. Tú conoces una sonrisa de Ranma que yo nunca veré. Una mirada que nunca podré observar… y una inocencia de la que nunca podré disfrutar. – Ukyo sabía que Akane hace rato que no miraba la foto. Podía sentir su mirada en la espalda. – Tú tienes algo de Ranma que yo nunca podré tener. Y tu quisiste a Ranma antes de que ninguna otra persona lo quisiera. Por eso, yo… Ukyo, Ranma y yo nos vamos a casar.
Un pequeño "tic" sonó, levemente en la atmósfera. La puerta se había abierto, pero eso no era lo importante, porque Ukyo parecía no haberse enterado de ello. Seguía sentada en el mismo sitio, y en la misma posición. Y su mano aún giraba ligeramente, como si su trabajo no hubiese terminado.
- Nos casaremos dentro de seis meses. Es… es la decisión final. Yo, bueno, Ranma y yo hemos dado el consentimiento para… - Akane suspiró. – Sé que no debería estar aquí. Se que era Ranma el que quería decírtelo personalmente. Pero… sentía la necesidad de decírtelo yo. Yo, siempre te he respetado, porque eres la mejor amiga de Ranma. Por todo lo que te he dicho y, porque me pareces una persona fantástica.
Ukyo ya había dejado caer su mano derecha, pero su mirada seguía perdida en algún surco de la puerta de madera. Akane se levantó con la foto y guardó al foto en su sitio, para después darle esa caja a Ukyo en las manos. Ukyo despertó del pequeño trance. Y la miró a los ojos.
- Yo… Lo siento. Se que esto que me hace feliz a mi, te hace muchísimo daño… - Ukyo se levantó lentamente, pero Akane no dejó de intentar expresarse – Me gustaría… que no fuese así. Me gustaría que todos fuésemos felices, pero…
Akane se detuvo en seco al sentir como los brazos de Ukyo la envolvían por los hombros. Era la primera vez que sentía la calidez humana de una persona, que hasta hace unos minutos, no era más que una conocida. Y sin entender porqué, se le empaparon los ojos.
- Está bien. – Dijo Ukyo, como un susurró. – La verdad, es que sabría que algún día nos abrazaríamos, pasara lo que pasara.
Ukyo no dijo mucho más. Ni Akane tampoco, pero se podría decir que la primera llevó mejor la situación que la segunda. Akane no podía dejar de derramar ciertas lágrimas de vez en cuando, mientras se despedían. Mientras le concretaba las fechas y bueno, el ritual de invitaciones y esas cosas. A la chica de pelo azul le costaba dar cada dato como si estuviera apuñalando a la otra, pero Ukyo solo sonreía y aceptaba con la cabeza. Finalmente, ya hecha un mar de sollozos, Akane se despidió intentando dar su mejor sonrisa. Ukyo hizo lo propio. Se despidió de ella, volvió abrir el local, dejó los ingredientes que hace una hora fue a buscar al desván, tomó el control remoto de la televisión y la encendió.
- Pero, ¿Qué estás haciendo vestida de colegiala, Ukyo? – Preguntó Konatsu nada más entrar por al puerta. Ukyo cambiaba de canal detrás de la barra. Pero nunca contestó a la pregunta. Solamente rompió a llorar.
[Terminado a las 2:16, horario de Greenwich]
[Cigarros en el cenicero: 5]
[Tazas de Café servidos: 1]
[¡Alirón, Alirón, el Atletí es campeón!: Es increíble que cuando escribí el segundo capítulo, lo único que esperaba del Atlético es que no descendiera de categoría, y a día de hoy, somos campeones de Europa.]
Hola, este capítulo ha costado menos de lo que me pareció en un principio. Lo que me costó fue ponerme a escribirlo XD. Ha salido algo corto y puede que con poca sustancia, pero me doy por satisfecho. Era el más complicado de todos (en un principio), y siento que me quito una gran carga de encima, por decirlo de alguna manera XD.
Queda un pequeño Epílogo y la despedida, así que nos vemos en unos día.
