Hola todos ¿Cómo están? Espero que bien. El 4to capítulo está aquí. Ahora desde aquí los capítulos van a ser más largos, no tanto pero un poco más. Espero que les guste este. Por favor déjenme sus comentarios, críticos, sugerencias. Astérix no me pertenece, pero si lo fuera tuviera muchas buenas ideas.
Disfruten su lectura.
‒ ¡Rena! El amo los quiere ver a ambos en el jardín ahora ‒ gritó un esclavo Numida que venía por el pasillo.
‒ te salvaste, pero a la próxima no tendrás suerte ‒ dijo Ella bajando el cuchillo y caminando por el pasillo.
‒ eso crees ‒
‒ veo que se llevan bien... ‒ pensó el esclavo sonriendo y dirigiéndose a la cocina.
Aten Opus los llevó a la ciudad, fue ahí que Rena empezó a adiestrar a Asterix sobre como quería el amo que lo trataran. El amo caminaría adelante, y ellos irían cinco pies por detrás, a menos que fuera por la noche, ahí en cambio sería que uno de ellos iría por delante y el otro cerraría el grupo. Solo lo llamarían amo en público dentro de casa era Aten. Si el amo necesitaba comprar algo, no se le ayudaría a menos que él lo pidiera. Astérix estaba confundido era un Romano muy extraño, los demás eran "normales" por así decirlo, ya que los otros Romanos se acostaban en la mesa y solo ordenaban, este en cambio hacía todo él solo, y disfrutaba de las compañías de sus esclavos.
Aunque fue una mañana apacible, Rena no le quitaba los ojos de encima a Astérix, y él en cambio no veía la forma de escabullirse pero sentía y tenía los ojos de la mujer a su lado clavadas en él. Y eso le complicaba realmente las cosas. Como la odiaba.
‒ ¡Oh Aten Opus! Cuanto tiempo sin verlo‒
‒ Buenos días, Oh Rafagus, veo que saliste a pasear con tu litera‒
‒ Sí, esta es último modelo, traída directamente desde Roma, el mismo César no podría tener una igual... sigues creyendo que este tipo de cosas son como lo dices... ‒
‒ Innecesarias, los dioses nos dieron piernas para caminar y manos para trabajar, solo debemos hacer lo correcto, y la abundancia vendrá... ‒
‒sí, sí lo que tú digas, sabes se hará una orgía en la próxima calenda por el nuevo centurión enviado personalmente por Julio César, ¿por qué no vienes? ‒
‒ No gracias, no voy a poder tengo otros planes para esa calenda, nos vemos después ‒
‒ Como digas, y ustedes a caminar ‒
La litera siguió adelante, mientras que el anciano se quedó parado allí. Hizo un gran suspiro, y luego siguió compró varias cosas, y las colocó en varios sacos, hasta que llegaron a la casa, Astérix no cargó ni hablo con el Romano en todo el viaje, ni siquiera dentro de la casa, el anciano no permitió que nadie lo ayudara y se dirigió a la cocina, le dio las sacos al cocinero, y salió. Se fue a su despacho y llamó a Astérix.
‒ ¿qué te pareció el paseo Astérix? ‒
‒ eres un Romano muy extraño, otros estarían echados todo el día, o ido a esa orgía a la que se te invito ‒
‒ jajaja... sí otro... pero no, yo no soy para eso, no desde que mi familia murió, todo por culpa de las banalidades, pero bueno eso no es lo que quería, ven acércate... ‒
Astérix se acercó, y Aten le extendió la mano y apretó con fuerza su mano, entregándolo unos cuantos bocadillos.
‒ Los compre, son dulces hispanos, exclusivamente para ti ¿ya los probaste? ‒
‒ no tuve la oportunidad ‒
‒ son muy deliciosos, amigo, ahora dime como es de dónde vienes, me han dicho que la Galia es muy hermosa ‒
‒ Lo es‒
Astérix describió de cabo a rabo su hermoso país, por épocas de año, hasta por días. Y el anciano lo veía admirado, cuando preguntó por la comida, Astérix le hizo tener tantos antojos que escribía los nombres de los platillos, y días después se los mandó traer. Rena en cambio estaba un poco molesta, antes era ella la favorita, que entraba al despacho, y comía los dulces que él compraba mientras hablaba sobre su tierra adorada, ella se sentía celosa. Pero sí su amo estaba bien no dejaría que ese galo se lo arruinara. De eso estaba completamente segura.
Astérix pasó toda la tarde con Aten en su despacho, y a la hora de cenar, Astérix se sorprendió al ver que todos los esclavos cenaban con su amo, en una mesa en la cocina.
‒ el comedor es solo para cuando vienen esas estúpidas visitas que nunca he tenido el agrado de querer‒ explicó el anciano.
‒ ¿visitas? ‒
‒ al amo no le gusta a hablar de eso Galo ‒ respondió Rena algo molesta.
‒ Te lo contaré otro día, pero ahora que tengan todos un buen provecho‒
Todos comieron y se fueron a sus respectivas habitaciones.
Ya entrada la noche cuando solo se escuchaban ratones en los pasillos, la puerta de la habitación de Astérix se abrió, y el galo muy sigilosamente salió, con lo que le quedaba de pertenencias. Pasó sigilosamente por la cocina, y tomó unos cuantos víveres, rápidamente iba a salir por la puerta principal pero de pronto una flecha silbó por su costado izquierdo casi volándole la oreja. Era Rena la que disparó, y continúo haciéndolo hasta que Astérix buscó refugio tras una estatua en el jardín.
‒ sabía que eres un mal agradecido‒
‒ créeme que lo agradezco, el anciano no es tan malo, pero debo volver a la aldea cueste lo que cueste, además tengo mucha prisa‒
‒ ja, prisa tendrá el sepulturero para cuando acabe contigo no quedará nada ‒
‒ mira, sé que obviamente mi presencia es una molestia para ti, así que para que gastarnos disgustos si me puedes dejar ir y tendrías a Aten solo para ti ‒
‒ no veo al anciano de esa forma, lo que veo ahora es a un galo cobarde que se esconde tras una estatua y no quiere pelear ‒
Hay no, eso Astérix no se lo permitiría y mucho menos si venía de esa mujer. ‒ pues en ese caso, aunque no tengas la experiencia permíteme mostrarte como peleamos los Galos‒
‒ no esperaba más. ‒
Ambos desenvainaron las espadas, y se batieron en duelo, Astérix debía admitir que ella era buena, muy buena, ya varias veces se había salvado por pura suerte de las tremendas estocadas de la chica, pero si él tenía dificultades ella tenía problemas, era lenta, y la velocidad que traía el hombre rubio era alta, demasiado para su gusto.
Sin darse cuenta su batalla se encaminó por toda la casa haciendo escándalo de todas las formas posibles, y obviamente despertando a todos los habitantes de esta. Pero en cuanto el amo y señor vio lo que estaba pasando sonrió y se deleitó al ver la batalla. Sus dos guardias no solo eran fuertes sino impresionantes; las espadas echaban chispas cuando chocaban, los movimientos parecían coreografiados, era como si se complementaran el uno al otro.
Astérix y Rena estaban tan absortos en batalla que no se dieron cuenta que no solo habían destrozado casi todo sino que estaban dando un excelente espectáculo, que deleitaba a los habitantes de la casa. De pronto ambas espadas volvieron a chocar y esta vez ambos guerreros se debatían cuál de ellos sedería primero pero al parecer no sabrían la respuesta porque ambas espadas fueron enviadas al otro lado de la habitación, clavándose en una estatua de marfil.
‒ ¡Bravo!‒ gritó Aten
‒ ¡señor! ‒ gritó Rena dándose cuenta de que todo el mundo los estaba observando
‒ jajaja... ahora sé que no me equivoque en contratar a Astérix, ambos son excelentes, ahora a la próxima no entrenen en la noche ¿estamos? ‒
‒ Sí señor ‒ dijo la chica y golpeo el codo del galo para que respondiera lo mismo
‒ Sí, señor‒
‒ Bien, ahora mañana limpian esto, ahora todo el mundo a descansar‒
Todos se fueron a sus habitaciones y en cuanto se acostaron, amanecía. Astérix oyó el toqueteo de la puerta y era el viejo que estaba tras ella.
‒ buenos días, espero que hayas descansado, Rena ya inicio será mejor que tú también vayas ‒ dijo extendiéndole una escoba y un cubo de agua.
Astérix no tuvo opción y se dirigió al jardín donde vio a la bretona cabecear mientras barría, pero su expresión cambió al verlo.
‒ todo es tu culpa ‒
‒ ¿perdón? ¿Mi culpa? Si no me hubieras disparado nada estaría roto‒
‒ Y dejar que traiciones a Aten, estás loco ‒
‒ no le he jurado lealtad para haberlo traicionado‒
‒ te salvo la vida, y para mí eso es una deuda que se lleva hasta que tú le pagues, o hasta que el muera ‒
‒ tienes un alto grado de honor, sorprendente; muy bien si queremos acabar pronto sugiero que nos dividamos yo recojo los escombros y tu limpias el resto‒
‒ De acuerdo, pero te vigilo ‒
‒ Sí, sí, has lo que quieras ‒
