Este es el primer comentario que hago antes de un capículo. La verdad es que no me he parado a hacerlo hasta ahora porque literalmente no tengo tiempo, ni tampoco para responder a vuestros mensajes, pero que conste que los leo todos. Estoy todo el día fuera de casa trabajando y sólo tengo dos horas antes de acostarme para escribir. Así que escribo el capítulo del tirón y lo subo sin repasar. Por eso si veis alguna cosa incongruente se debe a eso. Tenedlo en cuenta, por favor.


Capítulo 4

Bulma y Vegeta aparecieron en medio de una jungla. Los árboles eran tan altos y de hojas tan anchas que prácticamente no dejaban vislumbrar un cielo rojizo que parecía estar en perpetuo crepúsculo sin llegar nunca a anochecer.

La energía del Saiyajin todavía se resentía a consecuencia de crear la Luna artificial. Era un efecto secundario que compensaban con la transformación de Ozaru, pero en su caso había reprimido la transformación y era consciente de que en ese momento no podría realizar grandes ataques de energía ki.

–¿Habremos regresado a la Tierra? –Bulma observaba la jungla a su alrededor. Nunca se había internado en una en su planeta así que no podía estar del todo segura. Los sonidos de los animales llegan de todas partes y de vez en cuando notaban movimiento a su alrededor.

–Tenemos que buscar refugio. –Vegeta inició la marcha sin esperar a la mujer, en otra ocasión habría volado para realizar un primer reconocimiento del terreno, pero ahora su prioridad era recuperar su energía y para ello necesitaban ponerse a cubierto. Sus instintos estaban al máximo y no escapaba a su escrutinio ningún movimiento ni sonido a su alrededor. Durante la huída de B33 había perdido su dispositivo de rastreo, por lo tanto iba a ciegas respecto a la fuerza de combate de lo que quisiera que habitase allí.

–¡Eh, Dios Mono, espera! –Bulma no quería quedarse atrás en una jungla desconocida.

–Deja de llamarme así, mujer. ¡Soy un Saiyajin!

Bulma resopló a su lado tratando de seguir su ritmo. –¡Al menos podrías decirme tu nombre! ¡Después de todo ha sido gracias a mí que hemos escapado de morir en ese planeta!

El Sayajin la miró de reojo y llegó a la conclusión de que decirle su nombre le ahorraría tener que soportar sus gritos. Para él las cosas eran muy sencillas: sobrevivir o morir. Sin embargo esa maldita mujer estaba empeñada en cuestionárselo todo. ¿Qué clase de hombres había en la Tierra que consentían que una mujer cruzara sola un portal estelar sin ni siquiera saber qué demonios iba a pasar? Él jamás habría habría permitido un disparate como ese.

–Mi nombre es Vegeta, Príncipe de Vegitasei. ¡Y ahora deja de hablar y céntrate en lo que tienes delante!

–¿Príncipe, eres un Príncipe? –La científica le miró confundida y se tropezó con una rama. Habría caído al suelo pero Vegeta la agarró a tiempo enderezándola y arrastrándola a su paso al mismo tiempo.

–¡Te he dicho que mires por donde vas! ¿Es que tienes que estar cuestionando todo lo que digo? ¡Limítate a mantenerte callada y detrás de mí!

Bulma empezó a boquear cómo un pez. ¿Príncipe? ¡Y un cuerno! Con esa actitud parecía el hombre de las cavernas. Nada que ver con su exnovio Yamcha, que aunque tenía menos luces que un semáforo siempre se comportó como un auténtico caballero que se desvivió por complacerla. Lo cual estaba muy bien si no tenía en cuenta que los últimos años de relación se había convertido en un pendenciero mujeriego.

De pronto Vegeta se detuvo y ella chocó contra su espalda provocando un gruñido de reprobación por parte del guerrero. Estaba a punto de preguntar por qué se detenían cuando una manada de animales gigantescos aparecieron en tromba frente a ellos. Debían medir como quince metros y jamás había visto nada igual. Tenían un cuerno en el morro como los rinocerontes y la piel dura de color verde y su cola estaba llena de unas púas enormes. Sin mediar palabra, Vegeta cargó a Bulma sobre el hombro como ya se estaba empezando a convertir en costumbre, y corrió hacia adelante esquivando las colas de los animales mientras saltaba sobre ellos a toda velocidad. En otras circunstancias se habría limitado a cazar a uno mientras provocaba que el resto de la manda huyese y se lo habría comido para cenar. Pero aún necesitaba recuperar gran parte de su ki.

Sobrepasó a la manada y continuó corriendo a gran velocidad hasta que llegó a un lago donde desembocaba una catarata. Detrás de la cortina de agua vio una cueva y decidió que se refugiarían allí. Ignorando los pataleos de Bulma reclamando que la bajara, gastó sus últimas reservas de Ki volando hacia el interior del refugio y soltó a la mujer en el suelo. Estaban completamente empapados.

Bulma se incorporó hecha un auténtico basilisco. –¡Bueno ya está bien! ¡Se acabó eso de cargarme como su fuera un saco de patatas! ¡Soy una señorita!

Vegeta la ignoró apoyándose en la pared, necesitaba descansar al menos un par de horas para recuperarse. Toda la noche para estar al 100%, pero ni tenía pinta de anochecer en ese planeta ni se podía permitir bajar la guardia. Sin su dispositivo no podía arriesgarse a caer en manos de algún ser o animal más peligroso. Se sentó en el suelo apoyando la espalda contra la pared y se cruzó de brazos son su característico ceño fruncido.

–Te juro que si no te callas te abandonaré con los animales que nos acabamos de encontrar.

Bulma apretó los dientes indignada, sin embargo, al observar mejor al saiyajin se dio cuenta de que estaba empezando a mostrar signos claros de agotamiento y algo en su interior se ablandó. Aquél guerrero, pese a ser un bruto y un descortés había cuidado de ella hasta ahora. Si no fuera por él ya habría muerto en B33 a manos de los nativos. Suspiró resignada y se acercó para sentarse a su lado, pese a que el saiyajin no se inmutó notó como se tensaban todos los músculos de su cuerpo. Ahora que se detenía a observarle en aquél extraño traje de combate azul que se adhería a su cuerpo como una segunda piel, pudo constatar que su físico era impresionante. Estaba casi segura de que no debía de existir un sólo músculo en aquel cuerpo que no estuviera desarrollado. Sin embargo, a diferencia de Goku que era un auténtico atolondrado, Vegeta parecía más reservado e inteligente. Sólo llevaban unas horas juntos pero notó que siempre que fruncía las cejas, cosa que hacía bastante a menudo, se debía en parte a que estaba analizando la situación.

–Bueno, una cosa está clara. No estamos en la Tierra.

Vegeta cerró los ojos y habló sin mirarla. –¿Tienes alguna idea de dónde podemos estar?

–No. Ni la más mínima. Quizás después de que hayamos descansado, podríamos volver a la puerta estelar. Es posible que con mi computadora logre descifrar los símbolos y me haga una idea de la posible ruta que hayamos podido tomar.

–¿Cuántos portales estelares hay?

–Este es el tercero que cruzo. No lo sé, pero tengo la teoría de que debe haber una inmensa red interconectada a través del universo. –Bulma se detuvo un instante y sopesó si debía contarle más, al final decidió que si había alguien que pudiera ayudarla a resolver ese gran misterio tenía que ser un saiyajin. –¿Nunca habías visto un portal antes o alguno de sus símbolos?
Vegeta abrió los ojos y frunció el ceño, lo que provocó que Bulma reprimiera una sonrisa. Definitivamente era un tic del guerrero cuando pensaba. Y para su sorpresa, le pareció gracioso y cautivador. De hecho, observando detenidamente sus facciones se dio cuenta de que era un hombre realmente atractivo, incluso con ese pelo suyo de punta que se empeñaba en desafiar la gravedad.

–Nunca he visto ningún portal… pero los símbolos que tiene, me recuerdan a algo antiguo.

–¿Algo antiguo de tu civilización? –Bulma le animó a continuar.

–Tal vez pertenezcan a la antigua Vegitasei. –Vegeta sabía que la mujer a continuación le cuestionaría, así que para ahorrar tiempo decidió seguir con la explicación. –Mi extinto planeta no fue el primer planeta Vegitasei, el auténtico desapareció hace 20.000 años en el universo. Según me contó mi padre, aquella fue la época dorada Saiyajin. Habíamos conquistado gran parte del universo y nuestro Imperio hacía palidecer el de Freezer, aunque nuestros métodos eran completamente distintos a los de ese bastardo. –Bulma le observó en silencio mientras hablaba, siempre había sido una persona impulsiva, sin embargo lo último que quería en ese momento era interrumpirle. El tono de voz grave de Vegeta tenía algo que la mantenía embelesada. –Nunca exterminamos a ninguna raza. Conquistábamos planetas y les dotábamos con nuestras leyes.

Aquello no le sorprendió a la científica. Lo mismo había sucedido en la Tierra durante la historia. Grandes imperios como el Persa, Romano, Napoleónico, o el Español, se habían expandido y mantenido a través de su cultura y sus leyes. –¿Qué fue lo que ocurrió para que desapareciera?

–Nadie lo sabe con certeza, pero la leyenda dice que un Saiyajin alcanzó una nueva transformación. Una muy distinta a la del Ozaru. Un super saiyajin. Pero algo debió ocurrir durante esa transformación que provocó la desaparición del primer Vegetasei. Tan sólo sobrevivieron los sayajins que se encontraban desperdigados por el Imperio. La concentración más numerosa estaba establecida en el planeta vecino, Tsufuro, que fue rebautiado como el nuevo Vegitasei. Aquello fue el inicio de la caída del mayor Imperio que ha gobernado el universo. –El Príncipe apretó los puños frustrado. –Y ahora sólo quedo yo.

Bulma sintió su corazón encogerse. Había mucho sufrimiento y rencor en esas palabras. Y sentía que había mucho más que no le había contado, sobre todo quería saber más cosas sobre Freezer. Pero por ahora, pese a ir en contra de su propia naturaleza científica, no preguntaría más. Vegeta era un hombre reservado y el hecho de que le hubiese contado todo aquello ya suponía un auténtico hito.

–Creo que deberíamos descansar. –Bulma se levantó y sacó una cápsula de su mochila que al detonarse extrajo una especie de iglú con el símbolo de la Corporación Cápsula. Abrió la puerta y se giró hacia Vegeta sonriéndole. –¿Vienes? Aquí dentro estaremos mucho más cómodos.

Vegeta frunció aún más su ceño, si es que aquello era posible y siguió a Bulma al interior. Dentro había tres estancias pequeñas: un salón con un sofá y una mesa de comedor pequeña para cuatro personas, una cocina pequeña con un microondas y un fuego para cocinar; y un dormitorio con una cama grande. Aunque no quisiera reconocerlo, estaba muy interesado en aquella tecnología de las cápsulas. Le habría sido muy útil en sus muchas exploraciones cumpliendo misiones para Freezer por el espacio.

–¿Por qué no duermes un rato en la cama mientras preparo algo para comer? –Bulma le sonrió mientras le señalaba con la mano el dormitorio.

–No. Haré guardia.

La científica suspiró. –Vegeta, necesitas descansar. No sabemos lo que nos encontraremos en este planeta y tenemos que pensar qué vamos a hacer a partir de ahora. Ese tal Freezer cree que estás muerto y yo tengo que averiguar cómo salir de aquí reconfigurando el portal estelar.

El Príncipe abrió los ojos momentáneamente asombrado. No había caído en la cuenta hasta ese mismo instante de que el imbécil de Freezer daba por hecho que estaba muerto. Tampoco tenía ya su dispositivo, con lo cual no podían rastrearle. Era libre, pero con Freezer eso no duraría eternamente. La mujer tenía razón, debía pensar qué hacer de ahora en adelante.

Bulma al ver su reticencia se acercó a él y puso una mano sobre sus brazos cruzados. –Vamos, si algún animal peligroso se acerca aquí, cosa que dudo, seré la primera en avisarte. –Le guiñó un ojo e hizo ademán de empujarle hacia la habitación para que descansara en la cama, sin embargo habría tenido más éxito tratando de mover un dolmen.

Vegeta sonrió de medio lado ante la absoluta falta de fuerza de la mujer. ¡Por dios, era el ser más débil que había visto en su vida! Y sin embargo, una parte de él quería volver a acercarse a ella y aspirar su olor. Tal vez incluso pasar los dedos por su cabello sin guante y descubrir si era tan suave como parecía. Sorprendiéndose del camino que estaban tomando sus pensamientos, decidió que había llegado la hora de poner tierra de por medio y alejarse de la humana. Lo que más detestaba de este mundo era perder el control. Todo tenía que estar bajo su mando, esa era la única forma que había conocido para sobrevivir, pero esa mujer conseguía, sin darse cuenta, que los instintos le arrastraran a actuar sin pensar.

–Descansaré un par de horas y después comeremos. –Se alejó de le observó hasta desaparecer en el interior del dormitorio y cerrar la puerta.

Llevándose las manos a las caderas Bulma se dirigió a la cocina. No era muy buena cocinera, aunque si ese bruto era como Goku, cualquier cosa serviría siempre y cuando fuera en grandes cantidades. ¡Era increíble lo que comían esos sayajins!

Lo cierto es que ella también estaba cansada, pero si querían sobrevivir claramente el descanso de Vegeta era prioritario. Crear la Luna artificial le había agotado al extremo. Sin duda era una técnica peligrosa.

Sacó de la nevera un montón de verduras y empezó a picarlas. Aquél guerrero la intrigaba ¿Cómo se sentiría ser el último sobreviviente de tu raza y encima el Príncipe? Aunque ahora que lo pensaba Vegeta no era el único, también estaba Goku. ¿Debería hablarle de él? Algo en su interior le advirtió que fuera prudente con ese tema. Aún tenía muchas cosas que preguntarle hasta tener claro cuáles iban a ser sus intenciones hasta ahora. No podía obviar que había trabajado para Freezer, un ser que por lo visto dominaba parte del espacio y que era un auténtico genocida.

Vertió todas las verduras picadas en una sartén y las rehogó en aceite mientras preparaba ingentes cantidades de carne poco a poco en otra sartén. ¡Por dios, si su madre la viera! Soltó una carcajada imaginándose su cara si la pillara en esta situación. ¡Bulma Briefs cocinando!

Cuando acabó de prepararlo todo colocó la comida sobre la mesa y miró hacia la puerta cerrada de la habitación. Vegeta dijo que dormiría un par de horas y calculaba que ese era el tiempo que habría transcurrido. ¿Debía despertarle? Le incomodaba frustrar su descanso, era evidente que había permanecido hasta el límite, pero la comida se iba a enfriar. Al final se decidió por despertarle, podría volver a acostarse después de comer, aunque dudaba que consiguiera convencerle.

Abrió despacio la puerta de la habitación y se acercó a él con cuidado. Carraspeó indecisa y fue a tocarle con la mano en el pecho. –Vegeta, despierta. –En cuanto hizo contacto los ojos del guerrero se abrieron de golpe, la agarró del brazo arrastrándola sobre la cama y se tumbó sobre ella inmovilizándola como un experto asesino. Ella chilló asustada –¡Vegeta, soy yo, Bulma!

El saiyajin se relajó y aflojó su agarre aunque no se quitó de encima suyo. –¡No vuelvas a acercarte así mientras duermo, mujer! ¡Podría haberte matado!

Bulma estaba a punto de soltarle un par de improperios, pero decidió que dadas las circunstancias lo mejor sería morderse la lengua. ¡Ella reprimiéndose hablar, los viajes estelares debieron trastornarle el cerebro!

Vegeta se quedó observándola intensamente de su posición y el tiempo pareció detenerse entre ellos. Un deseo loco cruzó la mente de Bulma, uno tan descabellado como que en ese momento le apetecía pegarse a él y descubrir qué se sentiría al estar atrapada entre aquellos músculos. Entreabrió los sabios y se los humedeció inconscientemente. El gesto no pasó desapercibido para el Sayajin que la observó hipnotizado. El ceño fruncido había desaparecido de su frente y temía que su autocontrol también.

El Príncipe decidió que no había motivos para reprimirse de volver a inhalar aquél intoxicante ahora. ¿Por qué no iba a hacerlo? Sólo aspiraría una vez y con eso ya se quedaría tranquilo. Sin embargo, cuando acercó su nariz al cuello de la mujer sus pensamientos se fueron disolviendo como una bruma hasta quedarle la mente en blanco. Nunca antes había estado con una hembra, su pubertad la pasó en una nave llena de razas incompatibles y tras superar esa dura etapa frustrado, ya pensaba que nada le afectaría en ese sentido. Sin embargo, con aquella mujer aprisionada bajo su cuerpo, se dio cuenta de lo terriblemente equivocado que estaba.

Dejándose llevar comenzó a inhalar la fragancia de la hembra y decidió que aquello no era suficiente, necesitaba probarla. Lamió parte de su cuello y un sabor salado impregnó su boca. –¡Ve- Vegeta…! –Apartó su cara de la clavícula para observarla. Sus pupilas se habían dilatado y su respiración se había vuelto irregular. Verla así sólo le incitó a querer morderla en ese instante y marcarla para siempre.

De pronto la mujer tomó su rostro con las dos manos y pegó sus labios contra los suyos. Su primer instinto fue apartarse, sin embargo al cabo de unos segundos cerró los ojos y disfrutó de la sensación. Nunca había hecho algo así antes. La mujer le mordió suavemente el labio inferior y al abrir un poco la boca en señal de protesta aprovechó para introducir su lengua dentro. Allí acabó todo, cualquier mínimo signo de cordura que hubiera podido mantener hasta ese momento claudicó y sus instintos más primitivos tomaron el control de su cuerpo.

Profundizó el beso hasta convertirlo en algo casi salvaje. Sólo se separó unos instantes apoyando su frente en la de ella para que pudieran recuperar el aliento. Sin embargo cuando iba a recuperar de nuevo sus labios ella se apartó y comenzó a recorrer su cuello besándolo y arañando su piel con los dientes, hasta que llego a su oreja y la mordió juguetonamente. –Mujer… –Su voz sonó profunda y gutural.

Bulma sonrió al escuchar su voz ronca. Sentía que en ese instante sería capaz de someter bajo su seducción a un hombre del calibre de Vegeta. Un hombre que podría matarla solo con la mirada. Y aquello en cierto modo la hizo sentirse poderosa. Continuó lamiendo su oreja y se incorporó hasta sentarse a horcajadas sobre el Saiyajin y comenzar a besarle de nuevo. Notaba perfectamente lo duro que se encontraba ya debajo de ella y eso la excitó aún más. Pero se apretó contra él y creía que lo tenía bajo las cuerdas, Vegeta volvió a tumbarla sobre la cama y en dos segundos le había arrancado la ropa. Yamcha jamás la habría tratado con esa rudeza, pero no podía engañarse así misma, la brusquedad del saiyajin la excitaba como ningún hombre lo había hecho en su vida.

Vegeta sujetó a la mujer de la cintura y sin pensar la envistió hasta el fondo. Oyó el grito de Bulma llamándole por su nombre retumbar por toda habitación mientras le suplicaba que no parase. ¿Parar? ¡Ni el maldito Freezer le podría detener en ese momento!

Jamás en su vida había sentido algo semejante ni creía que volvería a experimentarlo. Vegeta la penetraba sin compasión, sin embargo, aunque era un poco brusco en ningún momento la hizo daño. Era como si el guerrero instintivamente reprimiera todo su poder conociendo la enorme diferencia de fuerza entre ellos. No supo cuánto tiempo pasó, si fueron minutos, días u horas, pero no recordaba que Yamcha hubiese aguantado tanto nunca cuando hacían el amor. Finalmente no pudo soportarlo más y grito cuando alcanzó el orgasmo, fue en ese instante cuando Vegeta ya tomó de los hombros y la mordió en el cuello mientras eyaculaba en su interior. Cuando acabó los dos cayeron desplomados sobre la cama y durante unos instantes se limitaron a recuperar el resuello. Entonces, sin poder evitarlo, Bulma sonrió y apoyó su cabeza sobre el hombro de Vegeta. –Creo que se te ha enfriado la cena.

Media sonrisa apareció en el rostro del Príncipe. Después de lo que acababa de experimentar, le preocupaba más bien poco que su comida estuviera fría. ¿Era esto lo que se sentía cuando te vinculabas a alguien? Nappa una vez le dijo que los saiyajins cuando alcanzaban la pubertad necesitaban vincularse con una hembra, ya que su unión descargaba al macho y mantenía su mente clara. En aquél entonces Vegeta no lo entendió, pero ahora cuando la lucidez conquistaba su mente lo comprendió.

–Pues entonces será mejor que vayamos a comer ahora.