Twilight es propiedad de Stephanie Meyer, la trama es mia y prohibida la copia total o parcial de la historia.


Sentimientos revueltos


4. Pasado

Me quedé sin palabras, muda. Había estado tan concentrada en arreglar mi rostro lo mejor posible, que no había mirado el resto de mi cuerpo.

Reí con nerviosismo, mientras masajeaba esa parte de mi cuello bajo la expectante mirada de Alice.

-¿y?-me preguntó con saña, levantando las cejas sugestivamente. Enrojecí. Maldita Alice.

Edward seguía con la mirada en el suelo y no pude ver su expresión con claridad. Cuando levantó la vista me miró casi furioso. Di un paso hacia atrás al ver esa mirada tan amenazante.

El timbre sonó y Jasper arrastró a Alice hacía la puerta del instituto.

-¡no te escaparas a mis preguntas!-dijo mientras me daba la espalda Alice. Por el rabillo del ojo vi que Edward esta clavado al piso, no se había movido y tampoco parecía estar respirando.

Jasper me mando una mirada significativa y por un segundo creí que lo sabía todo. Empecé a hiperventilar.

La he cagado, suspiré presa del pánico. Jaspes desapareció con Alice en el interior del edificio.

Esperé a que Edward haga el primer movimiento, pero solo me observó con la misma expresión. Un dolor, mucho más fuerte que el anterior se me hecho encima.

Él no tenia derecho a enfadarse, no después de hacer dios sabe que con Jessica. Los ojos se me llagaron de lágrimas, rápidamente.

Edward vio algo en mi rostro que le hizo suavizar la expresión. No eran las lágrimas, estaba segura, porque Edward Cullen es inmune al llanto de una mujer.

Tragué en seco, dándole la espalda.

Él no me siguió, pero pude escuchar el grito a mis espaldas, aunque le ignoré.

-¿El que no hayas contestado mis llamadas tiene que ver con el chupetón?-preguntó burlón, mientras yo atravesaba las puertas del instituto.

...

Literatura era la única de las clases donde no estaba con ninguno de mis mejores amigos. Y por primera vez estuve agradecida de ello.

Luché contra los nervios y la impotencia. Él no tenía ningún derecho a reprocharme nada.

Edward ama tener el control de las cosas, el control sobre todos. Y de alguna forma siempre consigue lo que quiere. Como hizo conmigo.

Conocí a Edward y a su hermano Emmet cuando solo tenía 10 años.

Había ido a Forks después de la segunda boda de mi madre. Fue una decisión que yo misma tomé, como acto de rebeldía contra esa nueva familia que mi madre intentaba formar. En esa época tenía la libertad de ser así de egoísta. Me negué a comer a menos que me fuera a vivir con Charlie, mi "verdadero padre". Renne trató de razonar conmigo, pero siempre fui una cabezota. Recuerdo haber estada tan enojada y herida que ni siquiera me despedí de ella cuando Charlie llegó a recogerme para llevarme a Forks, una pequeña ciudad al norte del estado de Washington.

Los primeros días que pasé en la ciudad, me la pasé encerrada en un cuarto que Charlie había condicionado para mí. Charlie no estaba muy seguro de que hacer para dejar esa actitud tan ermitaña, por lo que lo único que vino a su mente fue el llevarme a un parque por la fuerza y tratara de hacer amigos, busco algo para motivarme a salir.

Forks no era el lugar ideal para buscar ese tipo de diversión al aire libre, pero recuerdo que dije que trataría de hacerle las cosas fáciles a Charlie, puesto que no estaba enojada con él.

Nunca fui muy buena haciendo amigos, por eso siempre le estaré agradecida a Edward por ser el primero en hablar.

El parque estaba lleno de niños revoltosos y eso me hacía aún más introvertida de lo que ya era. Me senté en un columpio mientras miraba a los niños ir y venir con insectos en las manos, hice una mueca de desagrado. Observé por sobre mi hombro como Charlie hablaba con algunos padres en el parque. Ser el sheriff es un trabajo duro, pensé en ese momento.

Me di vuelta justo a tiempo para ver como uno de esas niños corría había mí con una horrible lagartija entre sus dedos. Me paré de un salto y traté de huir, pero el niño era muy rápido. Debía de tener unos años más que yo.

-¡basta!-grité sin aliento, esperando que se cansara de perseguirme.

-¡cuidado!- escuche a otro niño gritar.

Volví mi vista al frente, pero era demasiado tarde para frenar el impacto.

-¡auch!-me quejé desde el suelo, ese árbol me había tomado por sorpresa. Cerré los ojos, esperando que el dolor de cabeza desapar4eciera

-te lo dije Em-se quejó la voz de un niño.
-no fue mi intención...-se escuchaba la voz de otro niño arrepentido.

-¿entonces porque la seguís con la lagartija?-se quejó el primero.

-¡tú fuiste el que encontró a la lagartija!-se quejó el otro.

-¡dejen de gritar!-le dije mientras trataba de sentarme sobre el pasto. Esta húmedo, me quejé. Odiaba lo húmedo y lo frío.

Abrí lentamente los ojos, esperando que la cabeza no me doliera más de lo que ya lo hacía.

-¿estas bien?-preguntó unos de los niños. Me volteé hacía él enojada. Claro que no lo estaba, me dolía la cabeza y tenia comezón por todo el cuerpo.

Jamás había visto en mi vida un personaje como él. Me froté los ojos. Miré bien. Y vi a un niño que me miraba con preocupación en sus facciones. Sus cabellos eran dorados y brillaban aún en ese día nublado. Tenía unos hipnotizantes ojos color esmeralda, justo clavado sobre los míos. Su piel era blanca como la nieve y sus mejillas estaban coloradas. Él era un poco más alto que yo, pero debía de tener mi misma edad.

Sentí mi corazón martillar fuerte en mi pecho y mis mejillas se volvieron carmín.

Los labios del niño se curvaron en una sonrisa arrebatadora.

-¿Cómo te llamas?-me preguntó mientras extendía su mano para ayudarme a ponerme de pie.

-Bella-contesté en voz tan baja que no creí que me escuchara. Tomé su cálida mano y me puse de pie.

Su sonrisa se ensanchó:-Soy Edward-contestó brevemente, sin soltar mi mano.

No estoy segura de cuanto tiempo estuvimos allí. Creo que incluso en esa época ya estaba enamorada de él.

Sentí a Edward suspirar, mientras miraba al otro niño, uno mucho más alto que él. Tenía el cabello todo despeinado y las mejillas encendidas por la corrida. Los ojos eran de color de las avellanas, pero tenían la misma forma que los de Edward.

Un carraspeo de Edward, dirigido al otro niño, me sacó del trance y éste me miró arrepentido.

-lo siento, Bella-se disculpó, mientras ocultaba a la lagartija tras su espalda.

Lo escuché aclararse la garganta de forma muy graciosa.-Soy Emmet, hermano de Ed-dijo en tono muy formal.

Me reí de su expresión y unos ojos color verde viajaron a mi rostro con sorpresa y también algo de alivio.

-no importa-dije entre risas.

Unas suaves carcajadas me distrajeron un poco. Edward reí conmigo aún tomado de mi mano. Emmet no tardó en unirse a nosotros.

Edward siempre había sido así. Encantador. Tenía un magnetismo increíble, era imposible negarle nada.

A medida que fue creciendo, era cada vez más difícil resistírsele. Más que nada para la población femenina.

Solo 5 años después de conocerle, Edward esta irreconocible. Sus cabellos se habían oscurecido ligeramente, otorgándole un hermoso color bronce, y sus ojos verdes ahora mostraban una expresión madura y sensual. Sus rasgos aniñados habían desaparecido, dando paso a un rostro increíblemente simétrico, equilibrado y varonil. Su cuerpo de niño había quedado en el olvido, reemplazado por un cuerpo...no musculoso, pero sí tonificado.

Emmet también había cambiado, ya no era ese chiquillo, en ese entonces, tenía los músculos increíblemente marcados. Recordaba las bromas que le gastábamos con Edward sobre esteroides. Lo cierto, era que Emmet no había cambiado en nada, además de los músculos, claro está. Seguía teniendo ese rostro de niño, con sus ojuelos. Incluso su personalidad no había cambiado. Al igual que Edward tenia mucho carisma, aunque a mi ver, nadie se le comparaba a Edward es eso.

El año de mi quinceavo cumpleaños, los Hale y los Brandom llegaron al pueblo. Con una comunidad tan pequeña no es de extrañarse la cantidad de chismes que corrieron las primeras semanas de su llegada.

Los hale tenían dos hijos. Eran gemelos y ambos parecían modelos. Rosalie y Jasper. Con sus rizos rubios y sus ojos verdes era el centro de las miradas, pero creo que la que más levanto revuelo fue Alice.

Los Brandom habían sido amigos de los Hale desde siempre. Ambas familias dueños de una gran cantidad de dinero y conexiones. Alice era hija única y por lo tanto extremadamente consentida. Si bien era bajita, tenía un bonito cuerpo y unos ojos grises soñadores. Hacía un año que era novia del hijo mayor de los Hale, Jasper, obviamente.

Recuerdo las miradas de asombro de todo el instituto en su primer día. Rosalie caminaba junto a su hermano ignorando a todos los chicos que se quedaron babeando el piso por donde ellos caminaban. Jasper abrazaba a Alice protectoramente por la cintura, dando a entender que ella le pertenecía.

-que horror-dije en voz baja mientas veía las caras sorprendidas de los demás sobre los bellos rostro de los nuevos estudiantes.

-¿Qué es un horror?-me preguntó Edward a mi izquierda. Me sobresalté y enrojecí antes de poder siquiera voltear a verle. Mi corazón parecía querer salir de mi pecho.

Carraspeé, tomando nuevamente el control de la situación. Levanté la vista y vi a Edward mirarme divertido. La garganta se me secó. ¡Es que era tan jodidamente apuesto!

-emm…pensaba que debe de ser horrible ser le centro de atención-dije con algo de dificultad.

Edward se lo pensó un momento mientras miraba a los recién llegados atravesar las puertas del instituto.

-depende de que lado lo mires, Bella-dijo con una sonrisa-a diferencia tuya, hay otras personas que disfrutan de la atención-dijo encogiéndose de hombros.

-¿Cómo tú?-pregunte con suspicacia y incluso celos.

Todas las chicas de la escuela habían empezado a notar el atractivo de Edward y éste parecía llevarse muy bien con todas ellas. Demasiado bien.

No es que Emmet no tuviera sus admiradoras, pero…con Edward era diferente. Siempre fue diferente.

Edward me dirigió una sonrisa culpable, mientras tomaba mi mano para guiarme hacia el aula de biología.

...

Suspiré, mientras sentía comezón en la mano, junto con una sensación de vació. ¿Cuántas cosas había robado Edward de mí en ese tiempo? ¿Cuántas cosas había perdido por acostarme con Emmet?

El sonido de la campana me sacó de mi ensoñación. Tomé mis cosas y me dirigí a la salida del salón de clases, cuando vi a Alice, agitada y con una sonrisa maligna en su rostro.

Mierda.

Me quedé ahí plantada, mientras las personas pedían que me moviera para cederles el paso. Alice fue mucho más rápida y efectiva.

Me jaló con una fuerza descomunal mientras me llevaba al baño que estaba al final del pasillo. Suspiré derrotada.

-canta-me dijo mientras cerraba la puerta del baño, atrancándola para que nadie entrase.

-¿Qué cante?-fingí inocencia, pero Alice no estaba para juegos.

-sabes de que hablo-me miró furibunda y incluso dolida.

Suspiré mientras movía mis manos con nerviosismo.

-no lo se, Al-le dije tratando de controlar el tono de mi voz. Alice me miro expectante.

-¿quién te hizo el cupón?-preguntó directamente.

-no lo se-dije con la voz temblando.

Alice rodó los ojos.

-estaba muy borracha, Al.- le expliqué, mientras miraba un punto entre sus ojos, para no echar a perder la actuación.-no recuerdo muy bien que sucedió-tragué saliva antes de continuar.-de hecho, olvidé todo después que me tomé el tercer vaso de vodka-

Ella pensó en mis palabras mientras me atravesaba con sus ojos grises. Puse cara de póquer. La escuche suspirar. Gracias al cielo.

-de acuerdo-dijo mientras suavizaba el rostro. Mi miró divertida mientras yo enrojecía.-debe ser alguien del instituto-agregó pensativa.

-había mucha gente, no si todos eran del instituto-dije y al ver su mirada perspicaz agregué- pero es posible-

Alice se rió de mí.

-¿entonces no recuerdas quien te llevó a casa?-preguntó, volteándose al espejo, para arreglar su cabello.

-creo que fue Emmet-dije dudando creíblemente.

Alice se quedó quieta frente al espejo meditando.

Me puse nerviosa al ver su expresión.

-¿sabes por que no vino Emmet ni Rose al instituto?-preguntó con algo de preocupación.

Negué, con sorpresa, tratando de ocultar mi interés. Mi estómago se retorció.

-traté de llamar a Rose al móvil, pero…no me ha contestado-dijo mordiéndose el labio.-Jasper me dijo que no tenía idea de que pasaba con ella. Rose no quiso abrirle la puerta.-

-todo estará bien, Al-le dije mientras trataba de creer yo misma en esas palabras.

Asintió no muy convencida.

-será mejor que vayamos a clase-dijo cabizbaja.

Estuve de acuerdo con ella.

-esta tarde le haremos una visita a Rose-me dijo sonriendo, mientras salía disparada del baño.

¿Una visita a Rose? Quise vomitar, aunque no hubiera nada en mi estómago. Me acerqué al lavabo.

Era hora de enfrentarlo. No podía, no podía presentarme en la casa de Rose. Si ella no estaba aquí era por una razón muy buena, posiblemente esté destrozada. Eso era algo que definitivamente no iba soportar ver. No podría luchar contra la culpa después de ver a Rosalie desecha en lágrimas. ¡Rosalie Hale! Hablo de la chica más fuerte y con autoestima más alta que conozco… destrozada, por Emmet. Y aunque estaba segura de que yo no tenía la culpa de su rompimiento, no tenía valor para mirarla a la cara.

Horrible.

Casi tan horrible como eso, era que yo no amaba a Emmet, por lo que no tenía esa excusa para lo que había hecho. Eso, en lugar de hacer las cosas más simples, lo dificultaba todo, porque... yo siempre le pertenecería a su hermano.

Sollozos profundos inundaron el baño, mientras me sostenía contra el espejo, deseando desaparecer.

Mirando mi reflejo, borroso por las lágrimas, supe que había dos cosas certeras en todo este drama: la primera era que aún amaba a Edward y la segunda era que si él no había logrado matarme, la culpa lo haría.


Cuarto capítulo, cortesía de ChicaLobo