Ha pasado tiempo (muucho tiempo) sin actualizarlo, simplemente lo dejé a un lado. Pero petición de un pequeño mensaje he decidido también continuarlo en conjunto con mi otra historia, ojalá sea del gusto de todos ustedes. ¡Las quiero!
En este Japón, dónde los lujos están presentes, dónde el prestigio familiar, el linaje de la misma es importante. Una educación recta y poderosa. Entonces ¿Dónde queda la diversión y distracción? Por supuesto, en el bello distrito rojo "Yoshiwara." Dónde si cruzas esta gran entrada roja, en este pequeño pueblo tus sueños y fantasías se harán realidad.
-Hemos llegado.- Susurra triunfador Shaoran, Sakura y Eriol sólo ven atentos el pequeño pueblo al que se adentrarán.
-Las mujeres más hermosas están en el burdel mayor de aquí. Estoy excitado.- El elegante y libidinoso Eriol ha hecho su entrada.- No puedo esperar más.
Sakura sigue observando esa gran entrada de color rojo, escuchando el pequeño bullicio de las personas que entran y salen, había escuchado antes sobre este lugar, por su mamá.
-0-
-Madre, tengo una pregunta.- Sakura quién está en su lección de caligrafía junto con Nadeshiko, la amable ama de ese templo.
-¿Qué pasa, querida?- Su madre le brinda una cálida sonrisa.
-¿Qué es "Yoshiwara."?
-¿Dónde lo has escuchado?- Su madre pone una expresión de sorpresa al escuchar la pregunta de su inocente y despistada hija.
-Hoy cuando íbamos al mercado del pueblo, unos señores platicaban y mencionaban ese lugar. Tengo duda ¿Es un manantial? Ellos lo llamaban un paraíso.
Nadeshiko no puede evitar reír un poco por aquella ingenuidad de su hija, a pesar de tener casi 18 años.
-Sakura, ese lugar es un distrito rojo. Donde hay burdeles.
Y su pequeño rostro se pone de mil colores al saber a qué se referían aquellos samuráis del pueblo.
-¡Oh! Madre, no quería ofenderla, sólo que, mi curiosidad yo…- Torpemente trata de justificar aquella pregunta.
-No, no te avergüences. Yoshiwara es un distrito dedicado al placer, a la diversión, a los sueños de noche. Es un paraíso, sí lo es, porque ahí el mayor burdel se llama así "Rakuen." Y por eso para ellos es el paraíso.
-Rakuen…- Sakura, atenta ante el relato que le entrega su madre, intrigada por aquellas cosas desconocidas para su contexto inmediato. El paraíso para los hombres.- ¿Dónde se cumplen los sueños?
-Sí. Hay un poema que trata de eso, de las oirán y Yoshiwara ¿No lo recuerdas?
-¿Poema?
-0-
- "En las noches de oscuridad, sólo en Yoshiwara, tienen noches iluminadas por la luna."- Comienza a susurrar Sakura, llamando la atención de sus dos acompañantes.
-¿Qué susurras, niña?- Shaoran se ha acercado curioso y Eriol también.
-Un poema, un poema dedicado a este lugar.- Ignorando a sus acompañantes, sin quitar su vista de la puerta roja.
-No sabía que se le dedicaban poemas a burdeles.- Sarcástico habla Shaoran.- Bueno ya no perdamos el tiempo, vamos.- Toma la mano de Sakura.- Sabes el plan ¿Verdad?- Observa a Sakura buscando la determinación en su mirada.
-Sí… Lo sé.- Su corazón late, sabe que significa al momento de entrar dejará de ser la Sakura que conoce.
-¿Y tú Eriol? ¡No debemos fallar!- Busca a su amigo que será parte de todo el plan que han ingeniado.
-Claro, cuenten conmigo.- Sonríe galante, él no puede ocultar su felicidad de estar cerca de bellas mujeres.
De estar en el paraíso.
-Bien dicho.- Y así todos dan el primer paso, siendo el centro de atención. Todos mirándolos fijamente, son caras nuevas, dos bellos hombres escoltando a la belleza que traen consigo, Sakura, que a pesar de no vestir el mejor Kimono, aquellos rastros de ropa hacen que su rostro luzca adorable, vistoso su largo cabello castaño y raros ojos verdes. Una belleza florida. Todos saben que ella será vendida a este lugar.
-Ahí está el paraíso…- Susurra Eriol, y todos se encuentran en frente de una casa adornada, con aire japonés, flores rodeándola, es de dos pisos. "Rakuen." Aquí dónde venderán a Sakura, brindándose ellos como sus súbditos, de su "Hermana menor." De ninguna forma tendrán que saber que ella es la hija Kinomoto que no fue asesinada. Y dos guardias los reciben, llaman a la dueña del lugar y sale para ver sus visitas.
Una señora con 40 años aproximadamente, vistiendo un kimono elegante, sonríe al ver aquellos jóvenes, pero más a la extraordinaria belleza que los acompaña.
-Adelante, bienvenidos y bienvenida sean.- Abre el paso hacia el interior del lugar. Es un templo grande japonés, hay chicas observando su llegada. Emocionadas al ver a Shaoran y Eriol entrar y curiosas al ver a Sakura. Empleados y niñas aprendices. Pasan a un cuarto donde esta otra señora de la misma edad y un señor de expresión amable que fuma opio de su pipa.
-Tomen asiento todos. ¿Desean algo de tomar?
-Té estaría bien, dueña.- Shaoran habla por todos y toman la postura en su asiento.
-Traigan té para nuestros invitados.- Manda a sus empleados.- Enseguida se los traerán. Pero antes de eso, cuéntenme ¿Qué los trae por aquí?
-Primeramente, nos presentaré. Yo soy Shaoran Li, él es Eriol Li y ella Sakura Li.
-El mismo apellido… ¿Son hermanos los tres?
-Sí y hemos venido, para pedir su ayuda.
-¿Ayuda? ¿Aquí?- La dueña del lugar esboza una divertida sonrisa ante tal petición.
-Sonará simpático, pero nosotros no tenemos lugar a donde ir, han asesinado a nuestra familia de Hong Kong que radicaba aquí, no tenemos otro lugar a donde ir…
-¿Y que me ofrecen a cambio de mi gratitud?
-A ella.- Shaoran señala a Sakura, que esta en medio de los dos chicos. La dueña la observa y ella se sonroja.
-Sakura, ¿Eras de padres ricos?
Todos se pertifican ante tal pregunta.
-Sí, mis… perdón, nuestros padres eran ricos. Somos samuráis.
-Me lo imaginé. No cualquier chiquilla tiene tu porte al estar sentada.
-Dueña… ¿Qué opina?- Shaoran está desesperado, tiene que hacer que su plan funcione. Sino todo estará perdido.
-¿Y ustedes que harán? Ella será una oirán pero ¿Ustedes?
-Nosotros queremos ayudar en este establecimiento. Queremos seguir cerca de nuestra hermana, pero respetaremos lo que eso implica, al igual que pedimos un hogar, de la manera más atenta.- Eriol ahora dirige su palabra a la dueña, determinante y conservador.
-Son encantadores. Me han convencido de manera esplendorosa.- El té ha llegado y le sirven su taza a cada quién en el trato que se ha realizado.
-Gracias, ¿Cuál es su nombre, dueña?- Shaoran sigue hablando por todos.
-Soy Yukki. Mucho gusto.
-El gusto es nuestro.- Los tres dan un saludo de reverencia. Todo ha salido de una manera perfecta.
-Bien primero, te presentaré a tus hermanas mayores pequeña Sakura.- Observa su sirviente.- Llámalas a todas y también a Tomoyo.
-Sí, señora.- Sale el sirviente de la habitación dispuesto a ir por ellas.
-No sabe cuánto se lo agradecemos señora Yuki.- Shaoran no para de adorarla, al fin y al cabo todo va bien. Muy bien.
-Está bien, pero primero quiero platicar con ella.- Ve a Sakura divertida mientras enciende su pipa.- Dime querida ¿Eres una virgen?
Sakura se sorprende, de nuevo, nadie había cuestionado directamente aquellos asuntos íntimos.
-Lo… soy.- Agacha la mirada y aprieta sus muslos. Si, si es virgen pero ¿Hasta cuándo lo será?
Shaoran y Eriol observan y se sorprenden al saber eso, pero es normal, ella era una doncella de casa.
-Una bella doncella, pura, casta. Eso es lo que les encanta a los jóvenes samuraís.- Suelta el humo de opio por su boca.- Pero no te preocupes, pasará medio año hasta que tomes a tu primer cliente.
-¿Medio año?- Sakura pregunta asustada pero aliviada al mismo tiempo.- ¿No es eso mucho tiempo?
-Es el tiempo estimado para que ganes puntos hacia tu popularidad, dónde los hombres harán fila por estar entre tus brazos y así dejes dinero a tu nueva casa.
-Señora, aquí están todas.- El empleado a llegado y por atrás pasan alrededor de 10 mujeres, todas curiosas y sorprendidas.- Me retiro.
-Oh, mira.- Dirige su mano hacia la puerta donde comienzan a entrar todas.- Ellas serán tus hermanas mayores. Y ¿Tomoyo? ¿Dónde está?
-Me llamo Sakura Li.- Hace un reverencia al ponerse de pie.- Mucho gusto, hermanas.
-Ya viene señora.- Contesta una de las chicas. Inmediatamente, todas se presentan por sus nombres y con aire coqueto al ver a aquellos dos hombres.
-Nunca había visto tanta mujer.- Susurra Shaoran.
-Todas son tan bellas.- Mientras que para Eriol nada se le vuelve complicado y se acerca de forma rápida a saludarlas con un beso en su mano y todas están encantadas.
-Las relaciones entre inquilinos tanto amorosas como sexuales dentro de aquí están prohibidas, Joven Eriol.- Arremete la dueña al ver claramente las intenciones de Eriol.
-Lo sé, pero déjeme estar con ellas.- Y así él continua con su coqueteo con aquellas dulces oirán.
-Es un caso perdido.- Shaoran lo ve molesto, parece que para él no es un castigo el estar aquí.
-Al menos es feliz.- Sakura regala una media sonrisa al ver esa divertida escena. Shaoran la ve de reojo, se ve feliz, pero cansada. Quiera o no a ella la ha metido en esta situación. De repente recuerda aquello. "Virgen."
Virgen como ella.
No, Sakura no es ella.
-Oh, Tomoyo, pasa.- La señora Yuki, habla y todos dirigen su mirada a la entrada y los nuevos invitados se sorprenden al ver a la chica que viene acompañada de dos niñas.
Una mujer, de estatura promedio, con el cabello negro azabache suelto rizado y brillante. Piel pálida, con cuerpo de diosa, labios color carmesí, con su Kimono azul decorado con bordados a mano de flores y obi dorado que resalta su tonalidad. La belleza japonesa presente en aquellos ojos azules que posee. Sakura se ha impactado ante tal mujer y sus ojos se han encontrado y ella le sonríe. Su sonrisa es melancólica.
-Hola a todos.- Pasa al lugar y le entrega a las pequeñas niñas una peineta y broches ordenándoles que los pusieran en su habitación.- Soy Tomoyo, la estrella de este Yoshiwara.
-Yo me llamo Sakura Li. Un gusto.- Hace una reverencia.
-Shaoran Li, señorita.- Una reverencia de nuevo. De manera extraña se siente intimidado por la presencia de esta chica.
-Eriol Li, dulce dama.- Eriol, que no hizo reverencia se acercó a ella y la saludo de un beso en la mano, dejando a todos sorprendidos en la sala. Las otras chicas susurrando entre las mangas de sus Kimonos aquella hazaña. Algo bueno no se ha de acercar.
-¡Eriol!- Sus otros dos acompañantes mortificados por la imprudencia de su amigo.
Y de repente aquella mujer, Tomoyo, esboza una sonrisa a Eriol que aún se encuentra besando su mano, resuena en la habitación una bofetada de parte de ella, haciendo que diera tres pasos atrás. Sakura y Eriol están preocupados, pero no dicen nada.
-No me gustan los hombres indiscretos, joven Eriol.- Dirige su mirada a Sakura.- Yo soy tu hermana mayor, pequeña Sakura, llámame Tomoyo. De mi aprenderás y de ellas, de todas nosotras, ser mejor que todas. Bienvenida seas aquí, tu próximo paraíso.
-M-Muchas gracias señorita Tomoyo.- Sonríe nerviosa Sakura. Ella estará comenzando otro camino, otro destino de su vida.
-De nada ¿Son hermanos los tres, no?- Ve ahora a los dos hombres.- Ella no necesitará de su cuidado, pero la casa sí, así que no molesten a las demás chicas, en especial usted.- Ve a Eriol ahora con desdén y supremacía.
-Oh, Tomoyo, no te molestes, ellos ya saben que harán aquí.- Habla la dueña del lugar.
-Es para recordarles, Yuki.
-Sí, señorita Tomoyo, nosotros ya sabemos muy bien nuestro lugar. Aún así podemos darnos la tarea no sólo de cuidar a nuestra hermana, sino a todas aquí.- Shaoran ahora la desafía con la mirada, exactamente no sentía confianza hacia ella, y menos con lo que ha pasado con Eriol, que aunque lo merecía no fue justo.
-Su hermana pronto tendrá más hombres que la cuidarán y darán lujos que se ganará por sí misma, joven Shaoran. Y de enseñarle las prácticas, de eso no se encargarán ustedes ¿Verdad?- Sonríe altanera y eso enfurece a Shaoran ¿Qué diablos se cree está mujer?
-Sakura, luego vienes con Yuki, para que te de nueva ropa, que ese trapo de Kimono oculta tu encanto.- En ese instante Sakura observa su ropa, que esta rota, llena de lodo y aún de pequeñas manchas de sangre que le recuerdan a lo que no paso hace menos de tres días.
-Sí, señorita Tomoyo.- Sakura sigue sorprendida por la actitud de aquella cortesana. Habla de manera cortes y altanera a los hombres.
-Tomoyo, para ti.- Sonríe de nuevo y esos ojos azules muestran aquella melancolía del principio.
-Bien, ya has conocido a tus hermanas mayores, ya sabes que tratará todo esto. Ustedes saben que trabajos harán. Es perfecto todo.
-Todo está bien, señora Yuki.- Shaoran se dirige a ella, cerrando el trato de manera formal.
-Bien chicas, vámonos, ya se acerca la noche, se ha oscurecido, ¡Hoy trabajamos!- Las chicas comienzan a salir del cubículo. Muestran felicidad y Tomoyo es la última en salir. Sin antes dirigirse a Sakura.
-Bienvenida al lugar de los sueños.- Sonríe y se percibe de nuevo la tristeza y melancolía, Sakura solo la ve y le devuelve una sonrisa. Yuki se va junto con ella a prepararla.
-Él les mostrará sus habitaciones. Bienvenidos.- Sonríe la dueña Yuki y desaparece con todas.
-No siento mi mejilla.- Dice divertido Eriol.- Es difícil, me encanta.
-Eso te pasa por estúpido.- Shaoran arremete contra él.- Esa mujer no se me hace de fiar.
-Jóvenes, los guiaré a sus lugares de descanso, síganme.- El empleado los lleva hacia el camino del pasillo del segundo piso, que da vista hacia el bullicio de la gente, la luna está asomándose al lugar. Brilla mucho, y las chicas comienzan a estar afuera, en aquel espacio de madera, donde parece una reja, dónde le sonríen a los hombres que pasan, esperando ser elegidas. Y ve caminando a Tomoyo, siendo la que llama más la atención, la mejor vestida. La mejor pagada, con su largo cabello recogido, acompañado de broches y peinetas. Sakura tiene la sensación de que sus ojos se han vuelto a encontrar, está en lo correcto, ella vuelve a sonreír inmediatamente todos los hombres gimen de expectativas cuando la ven entrar junto con sus dos niñas acompañantes.
- "Aún si la luna está brillando magníficamente, el sufrimiento de una prostituta aquí, es cómo una noche oscura en el Yoshiwara."- Susurra Sakura caminando en el pasillo, viendo el reflejo de la luz de la luna a sus pies.- Eso decía el poema, mamá.
-¿Qué haz dicho niña?- Shaoran se detiene al escuchar su voz.
-Nada.- Levanta su mirada y se encuentra con aquellos ojos cafés. La sensación de llorar sigue presente.
-Demasiado extraña.- Shaoran se gira y va platicando con Eriol. Sus voces parecen distantes a pesar de estar a centímetros. De nuevo observa la luna. Brilla demasiado, pareciese un consuelo, una luz en la penumbra.
Brilla así todas las noches que este aquí, que mi sufrimiento se confunda con tu luz resplandeciente.
Por favor.
